La historia es una adaptación del libro Loving the White Liar de Kate Steward y los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.
Dieciseis
Después del almuerzo ese domingo, Jasper y Brady hablaban de deportes en la mesa de la cocina ahora vacía. Jane y Bree no pudieron hacerlo esta mañana, para mi tranquilidad y alivio de Jasper en nuestra tribu loca. Rosalie se había marchado poco después de comer, alegando que tenía que prepararse para un caso, dejándonos a Brady, mamá y a mí solos. Rosalie había mencionado que ella y Emmett tenían una cita más tarde esa semana y agradeció a Jasper de una manera no tan sutil por sus planes y conspiraciones.
—Es estupendo —comentó mi madre sobre Jasper, quien me miraba en ese momento desde la mesa y me dio una pequeña sonrisa antes de volver a Brad—. Así que es dueño de su propia empresa, ¿eh? es guapo, hogareño, un buen partido.
—No, ¿quién te dijo eso? —pregunté, pensando que se había confundido con Rosalie.
—Él lo dijo, en la mesa. Dijo que era copropietario con su tío.
—Ah, sí, está trabajando en eso. —Una sensación de malestar se apoderó de mí, mientras hacía una pausa para estudiar a Jasper—. ¿Dijo que era propietario?
—Sí —contestó, mirándome con preocupación—. ¿Qué pasa?
—Nada —dije rápidamente—. Es increíble.
—¿Estás emocionada por tu viaje?
—¿Viaje?
—Dijo que los dos, ¿estaban planeando un viaje a la costa? —Me miró perpleja mientras tomaba el plato de su mano para secarlo.
—Sí, necesitamos tomarnos un descanso. —Ahora, completamente confundida mientras apilaba los platos, le lancé otra mirada a Jasper, a quien vi que no estaba contento. Se detuvo a media frase, observándome con atención y luego se volvió a Brad.
—Tenemos que irnos pronto, mamá. ¿Me perdonas si vengo a principios de la semana que viene?
—Por supuesto, chicos tienen una vida por vivir —dijo con aire ausente—. Tengo que comenzar a salir más.
Miré a mi madre, quien incluso a sus cincuenta años, lucía joven y todavía era hermosa.
—¿Citas de nuevo?
Sus ojos se ampliaron mientras me corregía.
—No, todavía no. No.
—Bueno, cuando estés lista todos te apoyaremos —dije, ni siquiera yo me creía mis palabras de aliento. Estaba demasiado preocupada por las mentiras que Jasper le había dicho a mi madre.
Después de otra hora o algo así, de una conversación informal, nos despedimos. Cuando Brad se inclinó para abrazarme, me susurró:
—Haber si puedes conservar este.
—Gracias. —Le regresé la sonrisa con poco entusiasmo mientras Jasper y yo nos dirigíamos hacia el auto.
Le quité las llaves, proclamando que conduciría yo y me miró de manera extraña. A los pocos minutos de nuestro viaje, todavía estaba hablando de lo mucho que le gustaba Brad cuando lo corté.
—¿Qué pasa con eso de decirle a mi madre que eras propietario del taller de carpintería? —Miré hacia él, tomándolo por sorpresa.
Se quedó mirándome durante un rato antes de hablar.
—Quise decir, que tan pronto como hable con Caius al respecto, será un asunto resuelto.
—Así que mentiste —dije, mirándole.
—Va a ser verdad, de todos modos. Quería darle una buena impresión.
Aceleré mientras me unía a la carretera.
—¿Y nuestro viaje?
—¿Qué? —Parecía sinceramente confundido.
—Le dijiste que estábamos planeando un viaje.
—Sí, también —dijo, mirando por la ventana, indignado.
—¿Por qué mentir, Jasper? A ella le importa un comino lo que hagas, siempre y cuando mantengas feliz a su hija. Y mentir sobre viajes a los que estás planeando llevarme simplemente descortés. Quería que empezara a conocerte. No tienes que utilizar cuentos con mi madre.
Siguió mirando por la ventana, permaneciendo en silencio el resto del camino a casa. No entendía sus motivos en absoluto, incluso si estaba tratando de impresionarla, estaba haciéndolo todo mal. La sensación de desazón no me dejó cuando salió de mi auto sin decir una palabra y se dirigió hacia su apartamento. Miré detrás de él y decidí que iba a darle algo de espacio mientras me dirigía a mi casa. Ambos necesitábamos refrescarnos y yo necesitaba un poco de tiempo con Allie, cuyo auto vi antes de estacionar.
—¡Qué tal, mujer! —le dije, dirigiéndome a ella en la cocina.
Ella estaba sacudiendo sus caderas hacia adelante y hacia atrás a lo Amy Winehouse mientras cortaba los tomates.
—¡Hola, señora! —dijo, dejando caer su cuchillo para darme un abrazo—. Dios, luces bien. El sexo constante te sienta bien.
—Gracias. A ti también. —Tiré de su cabello—. ¿Te lo estás dejando crecer?
—Sí, no puedo esperar para superar esta incómoda y fea etapa —dijo, deslizando sus manos a través de él—. Pensamos que hoy estarías con Jazz.
—Hemos tenido un desacuerdo —dije, introduciendo un trozo de tomate en mi boca—. No es gran cosa. Simplemente lo atrapé en una mentira blanca y le recriminé. Creo que le molestó.
—Oh, bueno, lo superará. —Me dio una amplia sonrisa—. Estoy haciendo esta fenomenal ensalada de tacos que Joe me enseñó a hacer. ¿Quieres un poco?
—Claro —le dije, todavía sintiéndome molesta. Jazz y yo en realidad nunca peleamos y no estaba segura de qué es lo que estábamos haciendo ahora. No me gustaba no saberlo, por lo que rápidamente le envié un mensaje.
Yo: Te amo.
Tal vez había sido demasiado dura con él. Tal vez había mentido por nerviosismo para impresionarla. Aun así, no me gustaba tener que cubrirlo.
Después de una larga cena con Allie, quien no tenía nada especial que contar, me acosté en mi propia cama, mirando My Three Sons y Mel's Diner. Miré mi teléfono a cada rato, decepcionada de que todavía no tuviera respuesta.
A la mañana siguiente fui a nadar, luego me detuve en casa Jasper antes de ir a trabajar. Me abrió la puerta y luego se alejó, dejándola abierta.
—Hola —dije, cerrando la puerta.
Tenía su edredón envuelto alrededor de él y volvió a entrar en el dormitorio, acostándose sobre su estómago.
—Lo siento, fui una perra anoche —dije, tomando asiento junto a él—. Sé que estabas tratando de esmerarte para causar la mejor impresión, pero Jazz, te amo como eres.
—Lo entiendo y te escuché la primera vez —dijo, con voz monótona.
Echando un vistazo al reloj de la mesita de noche, le pregunté:
—¿No trabajas hoy?
—Estoy enfermo —dijo en el mismo tono.
Alargando el brazo, coloqué mi palma sobre su frente y se apartó de mi toque. El dolor de su rechazo se disparó a través de mi pecho, pero seguí.
—No tienes calor. Te traeré algo de Tylenol. —Me levanté de su cabecera y saqué algunas cápsulas fuera de su botiquín y luego agarré su taza de café favorita del fregadero. La miré por hábito y olí el vodka de inmediato. Miré por encima del hombro para ver a Jazz presionar su mano contra su cabeza. No estaba enfermo, tenía resaca, y se me ocurrió que en el tiempo que llevábamos juntos nunca lo había visto borracho.
Enjuagué la taza y la llené de agua, notando que sus bóxer estaban empapados en el suelo. ¿Qué demonios había pasado anoche? Le llevé el Tylenol y levantándose sólo lo suficiente para tomarlo antes de tumbarse hacia abajo.
—¿Llamaste?
—¿Qué eres, mi madre?
Claramente esto no iría bien. Ignorando la punzada en ese momento me levanté para marcharme.
—Voy a prepararme para ir a trabajar. ¿Te veré más tarde?
No dijo una palabra mientras estuve allí, muriendo por alguna señal de mi hombre.
—Te amo.
Silencio. Sentí la quemadura en mi garganta y comencé a salir de su apartamento, cuando me di cuenta que Trip paseaba de un lado a otro con impaciencia. Agarré su correa y lo llevé a dar un paseo rápido, en el que se alivió rápidamente a sí mismo. Era completamente impropio de Jasper descuidar a Trip. Dejé a Trip de regreso dentro del apartamento y luego me dirigí a casa.
Aguanté hasta el medio día antes de desmoronarme y llamarlo.
—Hola —saludó con el mismo tono, sin vida.
—¿Te sientes mejor?
—No, estoy enfermo. Te llamaré en unos días cuando me sienta mejor. Probablemente es un virus.
—Es resaca, Jasper. No soy estúpida —dije en voz alta.
—Entonces voy a estar con resaca durante unos días. Te llamo luego —gritó de regreso.
—¿En serio, Jasper, esta es así como quieres que vayan las cosas? —Mi voz temblaba de emoción como siempre lo hacía cuando se trataba de él.
—Te llamaré. —Colgó, mientras me derrumbé hacia atrás en mi silla por la sorpresa.
Dolor ardía a través de mi pecho mientras miraba a mi alrededor, preguntándome si alguien más sentía lo que estaba sintiendo. Charlotte, siendo el ángel que era, podía sentir algo mal y me mantuvo ocupada el resto del día, dándome tareas sin sentido y manteniendo la charla al mínimo.
Me metí en la cama esa noche después de hacer más vueltas en la piscina de lo que nunca había hecho. Bueno, entonces el idiota me advirtió que había llegado. Y había que decir que no estaba feliz de reunirme con él, pero lo amaba y entonces me negué a dejar que el idiota ganara. No tenía un trastorno de doble personalidad; tenía TDAH. Así que, le escribí un mensaje al idiota que todavía era Jasper.
Yo: Te amo.
Pensé en los últimos tres meses de mi vida y en cómo había cambiado a causa de él. Pensé en su amistad y cómo ahora dependía de ello. Pensé en la forma en que me miraba, la manera en que me tocaba. Dejé caer una lastimosa lágrima y rápidamente la limpié. A pesar que la evidencia del último día me dijo lo contrario, sabía que ese hombre me amaba. Hizo su misión para probármelo y aunque ahora parecíamos frágiles, sabía que estábamos tan unidos como dos personas podían estar.
Eso no excusaba su comportamiento, pero le había hecho una promesa y tenía la intención de mantenerla. Cuando volviera a mí, lo recibiría con los brazos abiertos.
Abriendo mi ordenador portátil, escribí TDAH. Mi pantalla se llenó de información cuando sonó mi teléfono. Arrojé mi portátil a un lado, sacando mi teléfono fuera de mi bolso.
—¿Hola?
—¿Isabella?
—Sí, soy yo.
—Hola cariño. Soy Mallory, la madre de Jasper.
—¡Oh hola! Vaya, me estaba preguntando cuando tendría la oportunidad de hablar con usted.
—Tuve que obligar a mi hijo por tu número de teléfono, pero lo logré —dijo, y luego se echó a reír suavemente—. Hablé con él la semana pasada y le dije que te invitara a una barbacoa este sábado.
Insegura de dónde estábamos, acepté la invitación, sin querer decirle que no estaba segura de sí su hijo estaría hablando conmigo para entonces.
—Me encantaría ir. ¿Qué puedo llevar? Y tengo que mencionar que una de las razones por las que amo a Jasper es por su pollo a la cacerola.
Hubo un poco de silencio en la línea antes que respondiera.
—¿Lo amas?
Avergonzada por mi declaración, pero apoyándome detrás de ella, le contesté:
—Muchísimo. Es un hombre maravilloso.
—Es genial oír eso, Isabella. Él está tan encariñado contigo, también. Después que lo obligara a hablarme de ti, no paró de hablar. Sinceramente, nunca lo he escuchado tan enamorado. Me emociona conocerte.
—Estaremos allí —dije nerviosamente.
—Puedes llevar un postre si gustas, pero realmente no necesitamos nada. Su tío Stephen también estará allí. Está deseando conocerte, también. Si Jasper está contigo, ¿puedo hablar con él brevemente?
MALDICIÓN. MIERDA. NO JODAS. DIABLOS. MALDICIÓN.
—En realidad, estoy en casa. Él no se siente bien. Está en la cama, me dijo.
—¿Dijo que estaba en la cama?
—Sí, señora.
Su voz se alarmó cuando dijo:
—¿Lo has visto hoy?
—Esta mañana. Estaba durmiendo. —Ahora, ¿quién le está mintiendo a sus padres?
—Está bien, gracias por avisarme —dijo, su voz ahora desigual.
—¿Hay algún problema? —pregunté, cada vez más nerviosa.
—No, cariño, está bien. Es... solo... que es mi niñito.
Me reí ante eso.
—Honestamente, creo que está con resaca, pero por favor no le diga que se lo conté si se pone en contacto con él.
—Por supuesto que no lo haré. Voy a salir, pero espero con impaciencia reunirme contigo el sábado.
—Yo también. Adiós.
Genial, en una llamada telefónica de dos minutos le había confesado mi amor con respecto a su hijo, mentido y luego delatado.
¡Así se hace, Bell!
Algo en la manera en que vaciló no me terminaba de encajar. Quería ir con él, pero en cambio, decidí enviarle un mensaje.
Yo: Hazme saber que estás vivo o iré para tener una larga y tortuosa conversación sobre nuestra relación. Tienes dos minutos para responderme.
Un minuto más tarde, recibí una respuesta.
Jasper: Yo también te amo.
Las lágrimas brotaron de mis ojos mientras suspiraba de alivio.
Yo: Te extraño.
Jasper: Te llamaré.
Yo: Déjame estar allí para ti. Puedo manejarlo.
No respondió. Me resigné a darle el espacio que pidió. Sabía que era para que evitar mostrarme su lado feo.
En la cama, me envolví en mi manta, sumergiendo rosquillas en crema de cacahuetes y mirando La tribu Brady hasta que el sueño me reclamó.
