La historia es una adaptación del libro Loving the White Liar de Kate Steward y los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.
Diecisiete
Dos días después, todavía no había recibido una llamada telefónica. Había dejado de enviarle mensajes el día anterior. La novia comprensiva estaba amargamente enojada ahora. Había contestado a dos de mis mensajes, pero todavía había insistido en que me llamaría más tarde. Decidí que, cuando realmente lo hiciera íbamos a tener una conversación seria, lo dejé en paz. Mi preocupación por mi relación todavía se estaba gestando en el fondo, mientras mi orgullo y amor propio tomaba la vanguardia. No iba a pedir verlo. Eso era caer bajo. Pero el hecho de que no me quería cerca me hacía más daño.
Me ocupé con trabajo y pasé mis noches cocinando, algo que me había perdido durante todo mi tiempo con Jasper. Me gustaría dejarle saber que quería hacerlo más a menudo. Entré en mi apartamento, decidida a preparar el mejor risotto de setas en la historia del mundo, seguido por un tiramisú casero y vino de chocolate. Escuché la música que salía del baño y salude a Allie.
—¡Hola, chica! Compré una tonelada de buena comida para hacer esta noche. El idiota de mi novio todavía no ha llamado, así que parece que usaré mi vibrador por primera vez en casi cuatro meses... —Mi frase fue interrumpida cuando llegué a la cocina.
Aún sostenía las bolsas de las compras, me deslicé a medio camino a través del suelo antes de aterrizar de espaldas. Parpadeé y me di cuenta que estaba mirando hacia el techo cuando el dolor se disparó por mis caderas y explotó en una onda justo debajo de mi trasero. El ardor por quedarme sin aliento me recordó que seguía viva mientras comenzaba a quejarme por el dolor:
»¡Ay! ¡AY! ¡AY! ¡AY! ¡AY! ¡AY! —En un momento estaba viendo el techo y al siguiente vi la cara de Jazz saltar a la vista.
—Oh Dios mío, pequeña, ¿estás bien? ¡Mierda, estaba tratando de atraparte por sorpresa antes que entrarás aquí!
Evaluando mentalmente el daño a mi cuerpo gritando y totalmente confusa, me di cuenta que había líquido entre mis piernas.
—¿Estoy sangrando?
—No, es tu vino.
Recogió la botella rota, la dejó a un lado, así como una de las bolsas que todavía estaba abrazando y se cernió sobre mí. Traté de levantarme, pero me detuvo.
—Quédate quieta. ¿Te golpeaste la cabeza? —Asimilé el azul violeta de sus ojos mirándome, sus perfectos labios, la dulce hendidura en su barbilla y tuve que recordarme a mí misma que estaba enojada con él.
—No, no lo creo.
—Está bien, vamos a hacer esto lentamente. —Llegó detrás de mí, tirando de la parte superior de mi cuerpo para que descansara en su regazo. Parpadeé por el dolor e imitó mi mueca de dolor—. Cariño, lo siento. Quería sorprenderte.
—¡Así que decidiste romperme el trasero!
—Acabo de limpiar. Estaba en el baño cuando te escuché llegar
—¡Genial, entonces sabes que eres un idiota! —Estaba enfadada por la caída, pero más furiosa porque todo lo quería hacer, después que me excluyera por días, era arrojar mis brazos alrededor de él y decirle que nunca lo hiciera otra vez. Sabía que estaba perdiendo la cabeza, pero la dependencia nunca fue mi estilo.
—Lo sé —dijo, frotando mi cara suavemente con su mano que apestaba a Pine-Sol*. Tal vez era yo, o tal vez mi trasero lo hizo. Sentí que el frío se filtraba a través de mi espalda y me estremecí.
—Ayúdeme a ponerme de pie, estoy bien.
Me ayudó a ponerme de pie y resbalamos momentáneamente. Me recogió y me puso sobre la alfombra antes que comenzara a limpiar mi lío de comestibles mientras lo contemplaba.
—¿Qué haces aquí?
—Allie me dejó entrar —dijo, evitando mi cara de perra y mi pregunta.
—Bien, márchate. —Entre en mi habitación y cerré la puerta, quitándome la ropa y lanzándolas en un montón en el suelo antes de congelarme cuando me di cuenta de todas las velas encendidas alrededor de mi habitación. Su iPod estaba en mi dock, mientras The Beatles me daban una serenata con If I Fell me sentí culpable al instante, pero tuve que recordarme que estaba enojada y que tenía derecho a estarlo.
Me dirigí a mi cuarto de baño y me quedé sin aliento. Estaba iluminado con más velas aún y a un lado de la bañera había dos botes, uno lleno de pétalos de rosas blancas y el otro con un perfume de baño de lavanda. Iba a prepararme un baño. Abrí el agua y acaté sus deseos, llenando mi nariz con lo que resultó ser un tónico de vainilla y lavanda, un aroma al que le había mencionado que era adicta en una de nuestras primeras conversaciones. Sentada en el asiento del inodoro había una bata de seda nueva, larga, blanca y esponjosa.
—Pensé que sería práctica una bata. Quería que estuvieras cómoda.
Me volví para mirarlo y vi que estaba de pie en la puerta con los brazos cruzados intentando averiguar mi estado de ánimo, que había cambiado continuamente en los últimos diez minutos.
—Siento que me estoy volviendo loca —dije con lágrimas en los ojos—. No puedo decidir si amarte u odiarte de un momento a otro.
—Te dije que amarme no era fácil, Bell —dijo con voz ronca, pidiendo perdón con sus ojos.
—Es tan fácil amarte, Jasper. Demasiado fácil. Solo es difícil cuando no me lo permites.
En dos zancadas estaba frente a mí, ahuecando mi cara.
—Eres para mí. Necesitas saberlo. No seré el hombre perfecto, nunca. Ni siquiera estaré cerca de serlo, pero por ti, lucharé duro por serlo. Tengo toda esta mierda pasando en mi cabeza las veinticuatro horas. Nunca termina. Es incesante y se puede convertir en una bomba de relojería y no voy a convertirte en una víctima.
—No necesito nada más de lo que ya me has dado, Jasper. No tienes que ser nada más que ser tú mismo. Nunca me he sentido así, nunca. Es muy fuerte lo que siento por ti. No puedes dejarme afuera así. Duele mucho. —Me limpió las lágrimas de mis mejillas—. Por favor no me dejes fuera otra vez.
—Lo intentaré, pequeña. Lo haré, te lo juro. Es sólo que no soy yo cuando me pongo así. No quiero hacerte daño.
Se agachó y cerró el agua.
—Entra en la bañera. Hueles como una piña. Iré a limpiar y luego entraré contigo.
Asentí.
—Está bien —dijo, volviéndose a mí—. ¿Tienes dolor?
—Más o menos —dije la verdad—. Siento como si mi trasero estuviera roto.
—Te traeré un Tylenol.
Asentí, y me hundí en el baño caliente.
Minutos más tarde, regresó, me entregó dos aspirinas y un poco de agua. Me sentí más relajada de lo que me había sentido en días, mientras se quitaba su ropa y me miraba, sin vergüenza. Se veía tan condenadamente hermoso desnudo delante de mí. Aprecié cada centímetro de su trasero desnudo mientras apagaba la luz del baño por lo que sólo las velas iluminaban la habitación. Se unió a mí, deslizándose en el lado opuesto de la bañera, luego puso mis pies en su regazo. Hice una mueca de nuevo y él la vio.
—¿Deberíamos llevarte a urgencias, para que te vean?
—No es tan malo —dije tranquilamente, apoyadome más en la parte posterior de la bañera para quitar la presión de mi trasero.
—Iré a buscar otra botella de ese vino —dijo en tono de disculpa.
—No importa. No lo necesito.
Jasper tomó un solo pétalo blanco con la punta del dedo y lo hizo girar alrededor en el agua. Tenía que admitirlo, la atmósfera que había creado era completamente embriagadora. Estar rodeada de baño perfumado con pétalos de rosas blancas en una habitación llena de la luz de las velas era surrealista.
Después de unos minutos de silencio, levantó la vista hacia mí.
—No sé qué decir.
—Dime qué pasó —supliqué, con la esperanza de tener una idea de lo que le había provocado que me alejara.
—Es difícil de explicar —dijo, ahuecando un poco de agua en sus manos y enjuagándose la cara—. Hombre, esto huele increíble. Entiendo por qué te gusta.
—Jasper —dije como advertencia.
—Está bien. —Dejó escapar un largo suspiro—. Es como un tsunami que es imposible de detener. Sólo me siento un poco triste y asustado. No es clínico, pero es desagradable. Siento como si todo estuviera mal. Nada va a mejorar. Sabes, sin esperanza.
Asentí mientras sentía la incomodidad que estaba sintiendo mientras me lo explicaba.
»No sucede mucho, una o dos veces al año y no dura mucho tiempo. Ni siquiera es realmente un síntoma de TDAH. No lo sé. Creo que mi cerebro acelerado simplemente se cansa y se desconecta. Todo se trata de las sustancias químicas de mi cerebro. Sabes qué es el TDAH, ¿verdad?
—Estoy empezando a pensar que no —le dije con sinceridad—. Empecé a buscar la otra noche y entonces tu madre llamó.
—¿Mamá llamó?
—Sí, iremos a una barbacoa el sábado.
—No jodas —dijo sonriendo—. ¿Qué dijo?
—Nada en realidad. Fui yo la que hizo la mayor parte de la charla. Estaba nerviosa.
Jasper agarró una esponja desde el lado de la bañera y vertió un poco de jabón líquido en ella para hacer espuma, luego empezó a frotar mi pierna.
—Le vas a encantar, Bella.
—Oh, sí, ¿cómo lo sabes?
—La conozco. —Sonrió, frotando la esponja en mi otra pierna.
—Gracias por todo esto. Es agradable. No tenías que hacerlo.
—Iba a hacer que fuera mucho mejor. No pensé que regresarías tan pronto.
—Nuestro último cliente fue a las cuatro, así que Marcy me dejó salir antes de tiempo —le explique mientras Jasper flotaba la esponja por encima de mi estómago mientras se acercaba a mí.
Siguió con la esponja, se las arregló para levantarme por mis brazos, tirando de mí hasta sentarme en su regazo. Sentí su creciente dureza mientras envolvía mis piernas alrededor de él. Sus brazos musculosos estaban firmemente alrededor de mí, utilizaba la esponja en mi espalda mientras me miraba fijamente a los ojos.
—Te extrañé.
—No tenías que hacerlo —protesté, mirando hacia otro lado. No quería volver a llorar. No quería que pensara en mí como débil. Quería que fuera capaz de confiar en que podía manejarlo.
—Mírame —ordenó suavemente, agarrándome con más fuerza mientras continuaba bañándome—. Yo no estaba allí.
Asentí.
—Sobreviviré. Yo...no me dijiste nada acerca de esa parte.
—¿Tiene alguna idea de lo difícil que es explicarle, a la persona que amas, que tal vez no quiera corresponder su afecto, porque a veces puedes tener alguna rabieta explosiva incontrolable? ¿O que podrías estallar con comentarios inapropiados en cualquier momento que podrían excluirte? Ah, y no olvidemos el control, las tendencias obsesivas compulsivas de corta duración, junto a una pequeña parte, de ansiedad y depresión. O mejor aún, ¿cómo explicar que no estaba escuchando algo importante que estaban tratando de transmitir, porque estabas demasiado ocupado en averiguar la diferencia entre la jalea y mermelada?
—Justo así —contesté, sabiendo que no era tan simple.
—¿Qué probabilidades habría tenido de que devolvieras mis llamadas?
—No creo que nada pudiera separarnos —dije rápidamente—. Y no me importa si bebes sangre una vez al mes de una puta pierna. Te amo.
Se echó a reír mientras dejaba caer la esponja y luego me llevó hasta sus labios, besándome profundamente. De repente era muy consciente de la dureza entre nosotros.
—¿Mis setas lo hicieron? —pregunté entre besos.
—Sí y todo lo demás. Gracias a Dios que la botella no se rompió —dijo, mordiendo mi labio.
—Bueno, entonces esta noche prepararé yo la cena.
Se apartó y me dio una mirada de perplejidad.
—No tengo ninguna objeción a eso.
—Nunca me dejas cocinar —me quejé, asegurándome de plantear todas las cuestiones que quería formular antes de dejarlo arrasar conmigo.
—Nunca lo pediste —susurró antes de capturar mi pezón en su boca. Gemí y retorcí mis caderas mientras lamía y chupaba, rodeando mi clítoris una y otra vez. Mi sexo latía mientras se movía hasta mi pecho, hasta mi cuello—. Maldición, te ves tan sexy a la luz de las velas.
Acarició mi cuello mientras agarré sus brazos, moviéndome a lo largo de su dureza.
»¿Qué fue eso de reemplazarme con un vibrador?
Me quedé inmóvil mientras se rió entre dientes y luego se apartó para atrapar el dulce calor en mi rostro.
—Te lo merecías —respondí con timidez.
—Tal vez —susurró, mientras su mano bajaba entre ambos y comenzó a provocarme con sus dedos—. O tal vez sólo necesito recordarte de quién es esto.
—Jasper —me quedé sin aliento cuando empujó sus dedos dentro de mí, deslizándose a lo largo de mi cresta.
—Voy a hacer que te corras toda la noche para que no se te olvide de nuevo.
—¡Bella! —Oí la voz de Allie, llena de emoción, mientras caminaba por la puerta principal—. Bell, ¿estás en casa? —Jasper gimió cuando le contesté antes que ella entrará por la puerta de mi dormitorio.
—¡Estoy en mi cuarto de baño Allie y no estoy sola!
La oí dudar justo fuera de mi puerta.
—Está bien, realmente necesito hablar contigo. —Su voz se quebró de nuevo y mi corazón se encogió físicamente. Me necesitaba.
—Voy para allá, espera.
Jasper se puso de pie, agarrando una toalla y secándose brevemente antes de alcanzarme. Cerró la puerta de mi cuarto de baño y se tomó su tiempo sacándome, antes de ponerme la bata y envolverme en ella, dejándola desatada.
—Esto se siente increíble, gracias —dije antes de besarlo—. Lo siento, pero esto no suena nada bien. Puede que tenga una situación que tratar.
Esparció besos por mi barbilla hasta mi cuello, sus manos vagaron por mi bata, tirándola hacia arriba, por encima de mi trasero, mientras se inclinaba y colocaba besos de forma esporádica sobre mi estómago, deteniéndose justo por encima de mi sexo con un beso con lengua.
—Maldición, te necesito tanto —dijo, lamiendo mis pliegues brevemente antes que su beso se arrastrará de nuevo hasta mi boca.
Me quedé paralizada y más excitada, de lo que se pueda imaginar, cuando finalmente cerró la bata, atándola con fuerza.
—Volveré a casa. De todos modos tengo que pasear a Trip. —Deslizó su lengua por mi labio inferior y abrí la boca para él, besándolo febril.
Cuando se apartó e hizo clic en la luz, era como si la realidad se impusiera, estallando nuestra burbuja. Suspiré y le di las gracias.
—Ve, apagaré todas éstas —instó, refiriéndose a las velas antes de mirarme con deseo—. Te amo.
—Te enviaré un mensaje —dije, abriendo la puerta.
Aferró mi muñeca, deteniéndome.
—No te atreves a usar ese vibrador. —Levanté una ceja—. Los digo en serio, mujer. —Frunció el ceño, me incliné y besé su barbilla.
Como sospechaba, Allie era un desastre histérico. Mike había roto con ella, afirmando que eran demasiado diferentes. Descubrió, por un amigo en el bar, que regresó con su ex.
—Fui tan estúpida para empezar.
—¿Por qué? Viste un chico que querías llegar a conocer e hiciste todo lo posible por ello. No hay nada malo con eso.
Asintió, con su rostro hecho un desastre cuando la atraje hacia mí.
—Te tengo, chica.
Lloró sobre mi nueva bata y cuando se apartó comentó sobre ella:
—Es tan suave. ¿Es nueva?
—Sí, mi gilipollas lo compró para mí
—Escuché eso —gritó Jasper desde el pasillo.
—Lo siento, cariño —dije, guiñándole un ojo a Allie.
Sin querer perderme ver salir a Jasper, me puse de pie, abrí la puerta y la cerré a medias detrás de mí, mientras Jasper estaba volviéndose para cerrar la puerta principal. Desde el pasillo me atrapó espiando e hizo un puchero en protesta por nuestra noche estropeada. Le sonreí, y con un pensamiento rápido, abrí mi bata y mostré rápidamente mi picardías mientras se quedó aturdido. Al igual que mi vecino detrás de él quien llegaba a su puerta a través de la sala.
—Dios. ¡Hola, vecino!
Bueno, mierda.
La cara de Jasper se oscureció en una fracción de segundo mientras aspiraba aire a través de mis dientes. Jasper se dio la vuelta para ver a Donald, el vaquero borracho de cincuenta años que sólo había visto el contorno húmedo perfecto de mis partes privadas, y se escondió en su apartamento. Me miró nuevamente y me encogí de hombros. Jasper movió lentamente la cabeza con decepción antes de cerrar la puerta.
Bueno, ya había roto mi trasero hoy, ¿qué más podría hacer?
Volví para atender a Allie.
—Este día ha sido un desastre para ambas. Deja que me ponga el pijama para estar más cómoda y podemos ir a lo nuestro.
Asintió con entusiasmo, pero lloró mientras preparaba el risotto de setas y continuó llorando a la mitad del tiramisú antes de desmayarse a medianoche. Revisé mi teléfono por mensajes y vi que Jasper había enviado uno.
Jasper: Así que voy a marcar tu trasero por eso.
Ignoré su comentario sobre mi gran flash porque todavía estaba envuelta en el dolor de Allie.
Yo: Dios, eso fue horrible. Por favor, no rompas mi corazón. No quiero pasar por esto de nuevo.
Jasper: Eso apesta. Me gusta Allie. Ese tipo es un idiota.
Yo: Creo que ella sabía que no estaban bien juntos. Es tarde, cariño. Tengo trabajo. ¿Vas volver mañana?
Jasper: Sí. Y aunque eres realmente buena cambiando de tema IRÉ a enrojecer tu trasero por esa broma.
Yo: Tendrás que atraparme primero. Está claro.
Jasper: Buenas noches. Te amo.
Yo: Más te vale. Eres la razón para el dolor literal en mi trasero en este momento.
*Pine-Sol: Es un limpiador para múltiples superficies.
