La historia es una adaptación del libro Amando al mentiroso blanco de Kate Steward y los personajes afectados a Stephanie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.


Dieciocho

—¿Estás bien? —Alcé la mirada para ver a Jasper cerniéndose, mientras yo desenvainaba maíz en la mesa de picnic del patio de su madre.

—Sí, ¿hay algo en lo que pueda ayudarte, guardián?

—Guard… Oye, eso no es amable. No estoy vigilándote. —Incluso mientras lo decía, estaba observándome realizar mi trabajo cuidadosamente.

—¿Es difícil para ti observar? —pregunté, curiosa.

—No soy tan malo —se defendió, escogiendo de encima un trozo de maíz, en el que ya había trabajado, sacándole un hilo de cabello.

Levanté una ceja cuando lo devolvió rápidamente.

—Iré a buscarte algo de té.

Me reí mientras se alejaba, admirando su perfecto trasero. Su camiseta lisa-blanca que se aferraba a él en todos los lugares correctos, acentuando los intensos colores de su brazo. Miré alrededor del patio trasero de la casa familiar de su madre y me imaginé a un joven Jasper colgando de las ramas de los árboles.

—¿Cómo vas? —Alcé la mirada cuando la madre de Jasper, Mallory, se me unió.

—Bien, casi termino. —Me había sorprendido cuando la conocí por primera vez.

Jasper no se parecía en absoluto a ella. Era baja de estatura, con un cabello rubio claro y ojos marrones oscuros. Jasper definitivamente debía de parecerse a su ausente padre. Encontré triste que, probablemente, había tenido un recordatorio diario frente a ella del hombre que la dejó.

—Así que ustedes dos parecen ir bastante en serio —comentó, guiñándome un ojo—. No espero que quieras hablar de eso con su madre, pero estoy esperando algo desde pequeñito. El chico solo ha traído una chica a casa y eso fue en séptimo grado.

La guiñé el ojo de regreso.

—Me siento halagada. Gracias por decirme eso. Él es tan guapo. Estoy sorprendida de que no hayas tenido que espantarlas con un palo.

Me miró alarmada.

—Lo hice. Oh, Dios, como hice eso. Él simplemente jamás correspondió el afecto.

—Bueno, cuando me cuentes esa clase de cosas, te contaré todo lo que quieras saber. —Me sonrió con la misma sonrisa de Jasper y estuve agradecida de que al menos tuviera eso de ella.

—¿Cómo se conocieron?

—En la piscina de nuestro apartamento. Se quedó dormido en nuestra primera cita. —Ambas nos reímos y ella sacudió la cabeza.

—Siempre ha sido difícil y algo más —dijo ausente—. Está enamorado de ti y no hay ninguna duda de eso.

Jasper salió, con quien asumí era su tío Caius y mi té helado en su mano.

—Hola —Caius se dirigió a su hermana con un apretón en su hombro antes de girar su atención hacia mí—. Tú debes ser Isabella. Mi chico no deja de hablar de ti en el trabajo, pero puedo ver por qué. —Me puse de pie, limpiándome los cabellos del maíz de mis shorts antes de estrechar su mano—. Nada como el amor de una mujer pelirroja, ¿eh, Jazz? —dijo lanzándome un coqueto guiño.

—Me temo que soy más hielo que fuego —admití.

—Eso es incluso mejor. Tienes suficiente con qué lidiar justo aquí. —Jasper lo miró de reojo antes de pasarme mi té.

—Gracias, cariño. —Tomé un sorbo, mientras Mallory se excusaba.

—Invitar a la gente a comer y luego pasar el día cocinando es la forma más estúpida de tratar de conocer a alguien. Tengo que ir a vigilar el horno, pero regresaré y quiero todos los chismes escabrosos —dijo, caminando hacia el porche.

Jasper abrió sus ojos hacia mí y me encogí de hombros.

Caius se giró hacia Jasper, quien estaba mirándome con cautela, y se rió.

—Dale un descanso a tu madre, chico. Si trajiste a casa a una de las cientos de mujeres con las que has salido, estará acosándola con preguntas.

—¿Cientos? —pregunté sin pensarlo.

Jasper tragó y caminó hacia la casa.

—Mamá está llamando.

—No la escuché. —Caius se rió mientras Jasper se apresuraba a ir dentro de la casa, pero no sin antes gritarme—. No lo escuches, cariño. Él asume que cualquier hombre menor de los treinta es Hugh Hefner.

—¿Es por eso que estás huyendo? —dije, pero no recibí respuesta.

—Le gustas —dijo Caius, sacudiendo su cabeza con diversión. Observé al tío Caius mientras se acomodaba en el banco al otro lado de mí. Era muy alto y súper delgado. Estaba claro que él y la madre de Jasper estaban emparentados. Los rasgos de Caius eran simples… más grandes: nariz más grande, ojos más grandes, labios más grandes. Tenía los rasgos de un gigante, y una barba espesa, pero bien recortada que no era para nada acorde con el verano.

—También me gusta —contesté.

Parecía que Jasper, o había tenido una charla con su familia sobre qué decirme primero o estaban verdaderamente sorprendidos por su afecto por mí. De cualquier forma, estaba feliz.

—Lo que sea que estés haciendo, está funcionando. Nunca he visto a ese chico tan decidido. —Sacudí mi cabeza en un tímido "no", negando el crédito con la boca llena de té.

—Creo que tiene más que ver con él que quiera asociarse contigo —dije con entusiasmo.

—¿Asociarse? —Me lanzó una mirada de "en serio"—. ¿Con Jasper? Eso es gracioso.

Me paralicé. Había comenzado la conversación y claramente no me correspondía mencionarlo. Me retracté rápidamente.

—Lo siento, debo haberlo malinterpretado.

Caius me miró sospechosamente.

—No, sé muy bien de qué estás hablando. El hecho es, que el chico casi me llevó a la quiebra dos veces en reclamación de compensaciones del trabajador.

—Lo siento, no lo entiendo. —Incómoda no era una palabra suficiente para explicar lo que estaba sintiendo.

Nuestra conversación había pasado de agradable a muy mal en cuestión de segundos. Vi el desprecio en sus ojos cuando habló a continuación.

—Ese chico me ha costado más de lo que ha hecho con sus errores por descuido. Con lo mucho que se ha lastimado a sí mismo en los últimos años, es un milagro que mi negocio esté abierto.

—Pero a él le encanta…

Caius me interrumpió con su mano.

—Oh, es asombroso en lo que hace. Y no me malinterpretes, quiero a ese chico como si fuera mío. Pero se lastima a sí mismo demasiado seguido como para asumir el liderazgo.

—No debí haber mencionado esto. Fue mi error. —Rezando porque tomara la indirecta, me puse de pie y agarré el maíz para llevárselo a su madre.

—No sé cómo espera que lo tome en serio, cuando por mucho que se esfuerce en su trabajo, todo se ve destruido por sus cagadas.

—Por favor no hable mal de Jasper delante de mí —dije agudamente—. Ama demasiado su trabajo y no siente nada más que respeto por usted. Hablé sin pensarlo, lo siento, pero no me voy a quedar aquí de pie para escucharlo decir lo que él no puede hacer.

Agarré el maíz de la mesa y caminé hacia la puerta cuando Jasper asomó su cabeza. Su madre pasó a su lado, agarrando la bandeja de mis manos en las escaleras del porche. Jasper me hizo subir hasta la escalera de arriba. Sentí la intranquilidad de mi confrontación con su tío disiparse cuando acunó mi rostro justo delante de su madre y se dirigió a su tío.

—Tío, ¿alguna vez habías visto a una mujer tan hermosa en toda tu vida? Porque yo no. —Buscó en mis ojos y encontró lo que estaba buscando, antes de inclinarse y depositar el más suave de los besos en mis labios.

—Creo que has encontrado a la correcta para ti, hijo —respondió.

No me importaba si el halago era genuino o no. Lo único que me importaba eran los ojos azules del hombre que poseía mi corazón. Jasper me abrazó y por encima de su hombro vi a su madre limpiarse los ojos antes de entrar en la casa.

Después de una comida sureña de pollo a la parrilla y maíz «el maíz a la parrilla es mi nueva obsesión», macarrones con queso hechos en casa y ensalada de patatas, los chicos se sentaron en la sala de Mallory mientras nosotras estábamos sentadas en la mesa de la cocina intercambiando recetas.

—Aquí está la de macarrones con queso —dijo, y me entregó la tarjeta directamente de su caja de recetas.

La tomé con manos codiciosas mientras curioseaba en la caja, sacando tarjetas. Su casa era pequeña, pero cálida y acogedora. Sus decoraciones eran anticuadas, pero no hicieron nada para quitarle su dulce atractivo. Era un ambiente agradable y se notaba mucho. Podía imaginar dónde cada año ponían su árbol de Navidad. También pude ver el desgaste y los arañazos de la escalera de años de Jasper pisando arriba y hacia abajo. Vi una serie de gestos de Jasper en su madre mientras hablaba. Me hizo reír completamente que fuera tan contundente como él. Absorbiendo todo esto a mi alrededor, tuve que pedirle que repitiera la pregunta.

—Lo siento —me disculpé mientras miraba la pared de fotos detrás de su mesa de la cocina.

El primer cumpleaños de Jasper, el primer trofeo de béisbol de Jasper, el baile de graduación de Jasper. Todo estaba ahí, toda su vida representada en una pared.

—Te pregunté si tienes familia aquí en Carolina del Sur.

Arrugando la nariz, le respondí.

—Demasiada familia, si me preguntas. Tengo tres hermanas y un hermano. Todos los días doy gracias al Señor por estar tan lejos. Nos reunimos una o dos veces al mes para el almuerzo.

—Familia grande, eso es refrescante.

Dejé mi inspección de la pared para mirarla.

—Es muy bueno, de verdad. Los adoro. Somos disfuncionalmente funcional. Mi padre era el más cuerdo de nosotros, pero murió el pasado otoño. Odio que mi madre esté sola.

—Siento lo de tu padre —comentó con sinceridad, buscando una nueva receta y entregándomela.

—También yo —le dije con tristeza. Empujando hacia atrás el tirón en mi pecho, continué—: Será mejor que empiece a escribir estas —añadí, agarrando la pila que estaba construyéndose.

Tomó mi mano y me quedé helada.

—No, nena, tengo la mayor parte de ellas aquí —dijo, apuntando a su sien—, pero eso me va a dar una buena excusa para llamarte.

—Ah —dije con una sonrisa—. Bueno, honestamente, puedes hacerlo cada vez que desees, pero voy a tomar estas por si acaso. —Nos dimos una sonrisa de complicidad.

—Jazz-bird*, querido, ésta me gusta mucho. No la hagas enojar —dijo Mallory mientras manteníamos nuestras sonrisas.

—Sí, no me hagas enojar —Estuve de acuerdo mientras soltaba mi mano.

—Él puede ser serio, difícil de manejar, pero vale la pena, Bella.

—Lo sé—dije en voz baja, de repente sintiendo como si hablar de él estuviera mal.

—Si necesitas hablar, me puedes llamar.

Me quedé en silencio. No quería condenarme a mí misma, pero al mismo tiempo tenía tantas preguntas. Pareció tomar mi silencio con cautela mientras continuó:

—Tenía casi ocho años antes de darme cuenta que estaba teniendo dificultades. Siempre estaba trabajando. Siempre... trabajando. —Pude ver la profunda tristeza grabada en su rostro y se diría que vi su edad al otro lado de la mesa—. No podía controlarlo cuando él era más joven. El consejero de la escuela me culpó por sus problemas. Amenazaron con llevárselo. Estaba muy preocupada acerca de cómo mantenerlo vestido, alimentado y tan agotada en el momento en que llegaba con él que no me había dado cuenta...

Bajó la mirada y luego directamente a mis ojos:

»Lo hecho, hecho está. Dios sabe que he pagado el precio por mi torpeza y mi pequeño tuvo que hacerlo, también. Ahora que dejó sus medicinas, me preocupa.

Lo miró en el sofá mientras reía con su tío.

—Pero no puedo hacerlo para siempre. Le está yendo tan bien, y tú... —se detuvo con una sonrisa—, Dios, nunca lo he visto así con nadie.

Empecé a buscar una fregona porque estaba segura de que mi corazón simplemente explotó.

—Habrá momentos en que vas a querer renunciar... pero no lo hagas.

—No lo haré y le prometí lo mismo a él. No veo nada malo en él. Tiene sus peculiaridades, pero son inofensivas.

—Eres joven, estás enamorada —advirtió.

—Muchísimo —dije, justo cuando Jasper miró en nuestra dirección, pareciendo darse cuenta que estábamos hablando en de algo serio. Miré hacia abajo a una receta, sintiéndome culpable.

—¿Por qué no se medica?

—Oh, cariño, esa es una lata de gusanos que no deseas abrir. Digamos que si estaba disponible, lo hemos probado. —Me miró durante un segundo antes de sacar el arma grande.

—Cazuela de pollo.

Me enderecé en mi asiento.

—¡SÍ! —Fui a tomar la tarjeta y la apartó.

Cuando alcé una ceja, respondió a mi pregunta.

—Quiero tres nietos —ordenó, empezando la subasta.

—Uno, y lo puedes ver cuando así lo desees —repliqué.

—Dos, un niño y una niña —respondió, el premio a mi alcance.

—Uno, y si es una niña le pondremos tu nombre —le dije, desesperada por la receta.

—¡Mi cazuela de pollo vale eso! —Se rió, exasperada.

—¡Sólo salía con él para conseguir la receta! —dije, riendo con ella—, ¡y ahora la tengo! —Dejé escapar una risa malvada, mientras ella se unió a mí, a medida que Jasper entraba en la cocina con una sonrisa boba.

—¿Qué diablos, mujeres? ¡Mamá, budín de banana!

—¡Sí, señor! —respondió, levantándose para agarrar el plato de la nevera.

Me maravillé de la receta y luego la agité en el aire frente a Jasper mientras me daba una sonrisa de complicidad.

—¿Qué le diste por eso?

—Nada de nada. Simplemente me la dio —mentí.

Se inclinó y me susurró con dulzura:

—Mentirosa.

—Es una mentira piadosa. Son inofensivas —me defendí.

—Te la hubiera dado yo por mucho menos.


Jazz-bird: Es un juego de palabras, en inglés Jazz significa arrendajo/urraca que son pájaros y bird también es pájaro. Es algo así como decirle pajarraco ten cuidado.