Abrió lentamente los ojos y observó la habitación en la que dormía. Los rayos el sol traslucían a través de las ventanas, lo cual indicaba que sería un lindo día soleado. Los pajaritos cantaban anunciando la llegada de la primavera. Se puso de lado y miró a su esposo dormir, quien lo hacía de una manera incómoda. Cumpliendo recientemente los ocho meses de embarazo, a Tony le complicaba encontrar posiciones que le fueran cómodas para poder dormir. El bebé había adquirido un gran tamaño, lo cual hacía que el omega tuviera recurrentes dolores de espalda y de pies. Los niños lo escuchaban gran parte del día quejándose de los cotidianos malestares. Los varones de la casa aguantan con mucha paciencia al omega, mientras que María solo se limitaba a ignorar el tema y jugar. Steve sonrió con ternura al ver a su esposo con el ceño fruncido. Lo admiraba, ya que, cargar con un bebé no era sencillo. Es por eso que siempre trataba de mimarlo la mayor parte del tiempo. Entre su nuevo trabajo y el permiso prenatal del castaño, le era mas complicado pasar tiempo con él.
Se acercó a su esposo para besarlo dulcemente en la mejilla. Luego, se levantó vigoroso. Hoy había despertado con mucho animo y energía. Abrió las cortinas dejando que el sol ingresara iluminando toda la habitación. Se deleitó con el paisaje que le entregaba su balcón.
Sí, definitivamente hoy sería un buen día.
Salió de la habitación y se dio una ducha rápida para refrescarse. Cuando ya estaba perfumado y listo para preparar el desayuno, se encontró con una inesperada sorpresa al entrar en la cocina.
-¿Y ustedes? -preguntó Steve mirando a sus hijos -¿no deberían seguir durmiendo?
Peter, Harley y María se habían apoderado por completo de la cocina. María se encontraba sentada en la mesa sirviendo la leche, mientras que Peter tenía las manos en el sartén. El padre de familia se acercó para husmear un poco y se sorprendió que el mayor de sus hijos estuviera haciendo panqueques.
-¿Desde cuando sabes hacer panqueques? -preguntó asombrado.
-Gwen me enseñó a hacerlos.
-Queríamos darte una sorpresa, Pops-dijo María dejando la leche a un lado para ir a abrazar a su padre- ¡hoy es tu día especial, feliz cumpleaños!
-Ohh, se acordaron- dijo el alfa mientras abrazaba fuertemente a su hija.
-¿Cómo podríamos hacerlo? -preguntó irónicamente Harley- sera mejor que comas antes de que se enfríe.
-Muchas gracias, chicos- dijo Steve abrazando a cada uno de sus hijos- de verdad, lo valoro muchísimo. Iré a despertar a su padre, para que comamos todos juntos ¿si?
Los niños asintieron mientras que Steve realizó nuevamente el viaje por las escaleras. Se sentía feliz, sus hijos habían preparado un desayuno para él. Aunque debía admitir que no estaba sorprendido, los niños siempre se las ingeniaban para hacer algo especial para el día de su cumpleaños y este año no fue la excepción.
-Tony-llamó el alfa ingresando a la habitación- el desayuno está listo.
Sin embargo, en cuanto llegó su esposo no se encontraba en la habitación. Aún así, su desaparición no duró bastante. Se abrió la puerta del baño, y Tony salió fastidiado de ahí. Usaba una bata gris que le quedaba larga de mangas. Entonces dijo:
-Todo es tu jodida culpa.
-¿Disculpa? -preguntó Steve sin entender de lo que hablaba el omega.
-Que todo esto es tu culpa- reiteró el omega.
-¿Ahora que hice?- preguntó Steve resignado.
-Ochenta y cinco.
El alfa se sentó en la cama y esperó a que el omega le explicara con mayor detalle, este al ver que su esposo no entendía del todo, prosiguió:
-La semana pasada pesaba ochenta y cinco kilos.
-Eso no es tan malo.
-Si, pero eso fue la semana pasado- recalcó el omega- ¿sabes cuanto estoy pesando ahora?
-ehmmmm, no lo sé-respondió inseguro.
-Ochenta y ocho- dijo el omega sujetándose la cabeza- ¡ochenta y ocho kilos, Steve!
-Pero, amor…
-¡Casi noventa kilos! -dijo el omega paseándose por la habitación, luego se detuvo en seco- oh por Dios, casi cien kilos.
-No te desesperes, por favor.
-¿Cómo quieres que no lo haga, Steve? me falta un mes para que este niño nazca y no me hace mas que ganar peso. ¡mira como estoy vestido! mis pijamas ya no me quedan, y ahora tengo que estar usando tu ropa para sentirme cómodo.
-Y te queda bastante bien- agregó el rubio con una sonrisa. Sin embargo, al ver que su cumplido no hizo efecto en el castaño giró lo ojos- si tan solo no comieras donas en la...
Al sentir la mirada fulminante su esposo, prefirió que callar antes de que esposo hiciera explotar la casa.
-Me da miedo quedarme con todo este peso. He subido más de quince kilos con este bebé- dijo Tony apoyándose en la pared de la habitación- que de seguro no pesará mas de cuatro kilos. No se porque he engordado tanto con este bebé. Con los demás no fue así.
-Todos los embarazos son diferentes, Tony.
-Exacto-dijo el castaño concordando por primera vez en el día con su alfa- es porque en los demás embarazos siempre he estado trabajando, manteniéndose activo y de pie. Ahora, me quedo gran parte del tiempo sentado en el sofá mirando series en Netflix. Te apuesto que ya deje mi marca en el cuero.
-Cariño-dijo Steve intentando consolar a su marido- no dejes que esto te afecte. Siempre quedas algo rechoncho después del parto y luego adelgazaras como siempre.
-Claro, para ti es fácil decirlo ¿no? -dijo Tony con muy poca paciencia- tú no eres el que carga a un bebé, ni siquiera a los otros tres. No eres el que sufre porque la ropa no te quede, o te duela la espalda, o los pies. Mira si hasta mis pies engordaron, ya no entran en ninguno de mis zapatos.
Steve intentó abrazarlo para dejar que el omega se desahogara con él. Sin embargo, como si se tratara de un corrosivo, Tony se alejó de los brazos de su esposo.
-No me toques- dijo el castaño de manera repulsiva- no quiero tus manos cerca de mi.
-Tony…
-Estoy cansado, Steve-dijo el omega con fiasco. En su voz se notaba de lo que se refería- es frustrante ¿no? Acabo de despertar y ya me siento agotado.
Tony se sentó en el borde de la cama y se tomó de la cabeza con las manos.
-Es normal en tu estado.
-Subo tres escalones y ya me siento agitado. Lo peor es que tengo que pedirle a los niños que me ayuden a pararme cuando estoy sentado. Y ya ni siquiera puedo ver mis pies.
-Amor…
-Desde semanas que no los veo- dijo mientras se sentaba en la cama mientras se cambiaba ropa- me he vuelto un estorbo que ni siquiera…
Iba a seguir replicando pero se encontraba en una lucha incesante por alcanzar sus pies para abrocharse los zapatos. Lo intentaba, de verdad que lo hacía pero su pancita en crecimiento se lo impedía. Steve se acercó para socorrerlo.
-Déjame ayudarte.
-¡No!-dijo el omega quitándose los zapatos con los pies para reemplazarlos por las pantuflas que últimamente había acostumbrado a usar- solo déjame tranquilo. Me sofocas.
Tony salió contoneando su cuerpo abultado mientras que Steve dio un suspiro para seguirlo por detrás. A pasos lentos, Tony llegó a la cocina en donde se encontraban sus hijos tomando desayuno. Sin siquiera preguntar, el omega tomó el huevo con tocino de su alfa y se lo comió.
-Papá, nosotros te hicimos otro desayuno para ti.
-De hecho, la leche con avena te está esperando allí- dijo María apuntando hacia el tazón.
-Solo déjenme comer por favor- dijo Tony con la boca llena- ¿o acaso me van a negar la comida también?
-Pero papá, ese desayuno es para Pops.
-Genial, ahora lo que me falta es que me digan que es lo que debo comer ¿no? no sé en qué momento toda mi familia se puso contra mía.
El omega salió la cocina incordiado por los demás integrantes de la familia. Entonces Harley dijo:
-Parece que alguien se despertó de malas.
-Solo ha tenido una mala mañana, niños- dijo Steve tomando un poco de café para irse de la cocina- solo no lo hagan rabiar ¿si?
En cuanto el alfa desapareció, los hijos se miraron entre ellos y prosiguieron a terminarse el desayuno. Entonces María dijo:
-¿Ustedes creen que…?
-Sip- dijo Harley dando un mordisco a su pan tostado- definitivamente papá olvidó el cumpleaños de Pops.
En eso, el ameno desayuno se vió interrumpido por la voz del monarca de la familia, cuya voz se escuchaba desde la habitación matrimonial.
-¿Por qué sigues aquí? no deberías irte a tu trabajo- exclamó ruidosamente. Peter no hizo más que suspirar ante la actitud berrinchuda de su padre.
-Pero Tony…
-Solo déjame en paz ¿quieres?-rogó el castaño- no te quiero ver por ahora. Así que fuchi, fuchila, ve para tu trabajo.
Los niños expectantes esperaron a que el alfa de la familia se defendiera para iniciar una clásica pelea en el hogar. Sin embargo, eso no pasó. En vez de eso, el rubio sin ninguna pizca de enojo dijo:
-Esta bien, haré lo que tu digas.
Escucharon los pasos de su papá y luego el sonido del cerrar de la puerta de entrada. Los menores se miraron entre ellos y Harley dijo:
-Vaya, sí que tiene paciencia. Si fuera él, ya hubiera mandado a papá a la mierda.
-No digas eso, Harley.
Nuevamente escucharon pasos dirigiéndose a hacia la cocina, solo que estos eran un poco más pausados y pesados. Tony apareció ante los ojos de sus hijos y se sentó junto a ellos. Tomó del huevo que sobraba del desayuno de Steve y se lo metió la boca. Sus hijos no hicieron más que mirarlo con reproche. Fastidiado del incómodo silencio y de la mirada penetrante de ellos, el castaño dijo:
-¿Qué? ¿por qué me miran de esa forma?
-Entendemos que estés con las emociones al límite, pero creo que esta vez te excediste.
-Especialmente hoy.
-¿Hoy? -preguntó Tony mientras comía- ¿qué sucede hoy?
Sus hijos mayores ladearon los ojos y se levantaron de la mesa ignorando las preguntas del omega. Antes de irse, Harley dijo:
-Eres el peor, papá.
Los hombres se retiraron, y María junto con Tony se quedaron mirándose. La pequeña solo miraba el suelo y tomó un poco de la leche que tenía servida.
-No entiendo, María- dijo Tony confundido- ¿qué fue lo que hice? ¿qué día es hoy?
María se terminó de tomar el vaso de leche. Luego dijo:
-Pops te tiene mucha paciencia, pero a veces te pasas papá.
Y así como sus hermanos, María se retiró de la cocina dejando a su padre solo y sin entender a lo que se refieren sus hijos.
. . .
Un poco apesadumbrado, Steve tomó el ascensor para dirigirse hacia su oficina. Lo que menos quería era que Tony estuviera de malas con él, pero no le quedaba de otra mas que aguantar a su querido y preñado esposo. Además, siempre su mal humor duraba poco. O al menos la mayoría de las veces.
En cuanto descendió el ascensor fue recibido con serpentines y globos por todas partes. Sintiendo como el corazón le latía mil por la inesperada sorpresa, Steve observó cómo sus amigos y compañeros de trabajo se encontraban todos agrupados y con sonrisas en sus caras.
-¡Feliz cumpleaños! -se escuchó al unísono.
Steve no hizo más que sonreír y recibir las felicidades y buenos deseos de los demás.
-¿Lo grabaste Barton?
-Tengo todo registrado- dijo el rubio dándole el visto bueno-también tengo registrado cuando llegó Sam y pensamos que era Steve.
-¡Oye! -replicó Sam desde el fondo.
-Si, que gran desperdicio de serpentín.
-Muchas gracias chicos- dijo Steve un poco deslumbrado- pero no era necesario que hicieran todos esto.
-Ni hablar-dijo Bucky rodeando los hombros de su mejor amigo- no se cumplen cuarenta años todos los días. Además, teníamos que conmemorar el hecho de que eres el más viejo de todos nosotros.
-Pero si solo soy mayor que ustedes por unos cuantos meses.
-Lo sabemos, pero eso no te hace menos viejo- recalcó Clint.
Steve ladeó los ojos ante la terquedad de sus compañeros. En eso, su celular comenzó vibrar por debajo de su pantalón. Con todo el deseo de que fuera Tony, sacó el celular de su bolsillo pero la decepción fue grande cuando vio que el remitente no era su esposo.
-¿Aló?
-¡Feliz cumpleaños!-escuchó desde el otro lado del teléfono. Podría haber jurado que con un poco más hubiera quedado sordo- ¡que cumplas muchos muchos mas!
-Gracias, Nat- dijo Steve alejándose un poco de sus amigos.
-¿Funcionó la sorpresa que planearon los chicos?
-Si.
-Pues me alegro, Clint llevaba toda la semana hablando únicamente de eso, me tenía bastante mareada.
-Lo siento por las molestias- dijo el alfa.
-Oye ¿qué sucede? -preguntó Natasha intrigada- es tu cumpleaños, siempre acostumbras a estar feliz en esta fecha.
- Lo sé- dijo Steve intentando de que la alfa no se diera cuenta de la razón de su poca energía- es solo que…
-¿Te peleaste con Tony?
Maldición, pensó Steve para sus adentros.
-No todo tiene que girar entorno a Tony ¿sabes?
-¿En serio, Steve?- preguntó Natasha de manera irónica- porque hasta donde yo sé tu vida y mundo gira entorno a él. Siempre ha sido así.
-Te odio.
-Y yo más- agregó la pelirroja- ahora dime, ¿qué hizo tu esposo esta vez?
El rubio suspiró rememorando los sucesos que habían pasado durante la mañana. Entonces habló:
-Se olvido de mi cumpleaños.
. . .
El sonido del teléfono sonó por quinta vez en la casa. Refunfuñando por las insistentes llamadas, Tony levantó la bocina y contestó:
-¡Aló!
-Tony, cariño -escuchó la voz de su simpática suegra- ¿cómo estas, querido? ¿mi nieto se esta portando bien?
Suspiró cansadamente y respondió las preguntas de la tierna mujer.
-Si, me encuentro perfectamente. Y bueno aquí estoy, me siento como un saco de boxeo con tantas patadas y golpes que me da.
-Entiendo, pero tranquilo, ya veras que pronto lo tendrás en tus brazos. por cierto ¿está mi hijo por ahí?
Y otra vez con eso. ¿por qué hoy todos se habían tomado la molestia en llamar a su marido? Sentía que era una especie de plan malévolo en su contra.
-No, no está- dijo el omega respondiendo la llamada- pero en cuanto llegue le diré que llamó ¿si?
-Gracias, querido. Llamaré más tarde de todas maneras. Nos vemos.
El omega colgó dando así finalizada la llamada. Miró el aparato de manera sospechosa y se fue de ahí. En eso sintió como su estomago sonó exigiendo un poco de comida.
-Vamos, hace una hora que tomamos desayuno- dijo el omega dándole unas palmaditas suaves a su vientre- pues te aguantas hasta el almuerzo, porque gracias a ti, a papá ya no le quedan sus pantalones.
El hombre, quien usaba solamente el pijama de Steve y una bata, caminó para hacerle un poco de compañía a sus hijos, los cuales encontraban viendo un documental de National Geographic en el sofá. Ojala dentro de este lapsus de tiempo, los niños se les haya pasado el mal humor.
-¿Qué ven?-preguntó Tony intentando entablar un tema de conversación con los menores.
-Un programa- contestó secamente Harley.
-¡Oh, por favor!- dijo Tony poniéndose frente el televisor- no pueden hacerme la ley del hielo.
Sus tres hijos despegaron la vista del televisor y miraron a su padre.
-¿Subestimas nuestro poder?-preguntó Harley de manera desafiante.
Y nuevamente, los ojos de los niños ignoraron completamente la presencial del omega, quien al ver que sus hijos seguían en la misma parada, se fue a sentar justo en medio de los tres. Miró de reojo a María, quien se encontraba mirando fijamente el programa, su niñita no podía ser tan cruel ¿verdad?
-Maria ¿cómo….
-¿Les parece si vamos a comprar helado? -se levantó la niña sin prestar atención a su padre.
-Apoyo la moción- dijo Peter levantándose al igual que ella- vamos, yo los invito.
-Me gustaría uno de chocolate.
-A mi uno de fresa.
Así como llegó, los niños abandonaron el hogar dejándolo completamente solo.
-Haber, haber ¿que pasó? -se preguntó Tony asimismo- mocosos mal agradecidos.
Indignado, se quedó en el sillón mirando el programa que trasladaban en el sillón. Lo peor es que lo que estaban transmitiendo era sumamente aburrido para él. Tenía todas las ganas de cambiarlo. Sin embargo, por más que buscaba el control remoto no se encontraba a la vista.
-Pequeños monstruos.
. . .
-Feliz cumpleaños, Steve.
El rubio se volteó para encontrarse con el rostro sonriente de Sharon, la cual tenía entre sus manos un pequeño regalo.
-Oh, Sharon no debiste molestarte.
-No es para tanto- dijo la rubia haciéndole entrega del presente- solo es un pequeño detallito.
-Muchas gracias.
Con cuidado, Steve desenvolvió el regalo sin romper el papel de regalo. Sam, Bucky y Clint miraban con expectación el regalo que le había dado Sharon. Era una polera de color blanca que tenía un tierno estampado de un biberón y la frase "papá cool". A Steve le encantó el detalle.
-Me enteré que serás papá de nuevo. Y pensé que sería un bonito regalo- agregó la omega sonriendo- y también felicidades por eso.
-Gracias Sharon, de verdad me gustó mucho.
La rubia se fue dejando a los hombres con Steve. Entonces Clint agregó:
-Ya quiero ver que dirá tu esposo en cuanto vea esa polera.
-Vamos, no es para tanto.
-Tú sabes como le cae Sharon.
-Es solo una polera, Clint- dijo Steve doblándola cuidadosamente y guardándola en su maletín- además, Tony no es tan dramático.
-¿Ah no? -preguntó Sam cruzándose de brazos- a mi me da miedo tu esposo.
-Es porque no lo conocen completamente- dijo Steve ignorando los comentarios de sus amigos respecto al omega- será mejor que vayamos a trabajar.
-¿Cómo que a trabajar? -dijo Bucky deteniéndolo- se supone que es tu cumpleaños.
-Pero el día sigue, Bucky.
-Es cierto, pero prometemos que saldrás con nosotros a la salida.
-Tal vez para otro día- dijo el alfa saliendo del lugar.
Ignoró por completo las ideas de sus amigos y se encerró a su oficina a terminar el trabajo pendiente que había acumulado la semana pasada. Tomó su celular esperando encontrar una llamada perdida, un mensaje, buzón de voz, cualquier cosa. Sin embargo, la pantalla estaba limpia. Suspiró decepcionado y dejó el aparato en el escritorio.
-Demonios-dijo Bucky mientras miraba al rubio a través de los vidrios- es increíble como se desmotiva con cualquier cosa que hace su esposo.
-Tony lo tiene comiendo prácticamente de sus pies.
-No sean así con el- dijo Clint defendiendo la postura de su amigo- si Laura se olvidara de mi cumpleaños, lo mas seguro es que también estaría en las mismas.
-Solo esperemos que Stark se acuerde rápido.
. . .
Para no gastar tantas energías, la futura madre se encontraba acostada sin hacer mucho. Estaba en la parte final del embarazo y lo único que puede estar haciendo en estos momentos es descansar. Su vientre abultado no la ayuda a moverse plenamente, de hecho cualquier movimiento o acción la cansa. Sus grandes deberes en el día son comer y dormir.
Recostado y con unas palomitas puestas en su barriga, Tony miraba con aburrimiento el documental. A pesar de ello, le estaba comenzando a gustar. Se sentía identificado con la gorila de la televisión.
-Ya verán, cuando lleguen los obligare a encontrar el control remoto- dijo Tony mientras extendía su lengua para sacar una palomita.
Postrada, no hacia mas que quejarse. Sus crías le hacen compañía en esta ardua parte del embarazo. La gorila se siente más plena con la compañía de su manada.
-Y aquí, uno mas solo que una ostra- agregó Tony un poco melancólico.
De pronto, timbre sonó. Esperanzado por tener alguien con quien hablar, Tony se levantó con gran esfuerzo del sofá. Hacerlo era prácticamente una tarea titánica a medida que el bebé dentro suyo crecía. Su caminar como pingüino lo llevó hacia la puerta principal de la casa. En cuanto la abrió, no se encontró con el rostro de sus hijos, más bien de su doctor favorito. Completamente feliz, Tony se abalanzó hacia el beta.
-Bruceee- dijo el omega abrazándolo.
-Vaya, de saber que me recibirías de esta manera vendría más seguido- dijo el beta siendo abrazado por su amigo.
-Me alegra tanto verte, Brucie. Ven pasa.
El hombre de mechones canos ingresó hacia la instancia en lo que respondía las preguntas del castaño.
-¿Cómo esta Nat? ¿por qué la ingrata no ha venido a visitarme?
-Desde que Steve se fue ha tenido que encargarse de buscar un reemplazo. No ha tenido mucho tiempo la verdad.
-Entiendo- dijo el omega pensando en la alfa- solo dile que un día de estos se acuerde de mi ¿si?
-Claro que lo haré- dijo el beta sacando un regalo que llevaba en una bolsa- por cierto, ¿donde esta Steve?
-Pues trabajando.
-¿No se tomó el día libre?
-¿Por qué lo haría?-preguntó Tony mirando curiosamente a Bruce-¿sabes algo que yo no sé?
-Bueno, es que…
-¿Y ese regalo?-preguntó Tony tomando el obsequio entre sus manos- oh Bruce, no tenias porque molestarte.
-Tony…
-No me digas- dijo el omega tratando de adivinar lo que el doctor trataba de decir- me van a celebrar un babyshower sorpresa.
-No es lo que tú crees…
-Tú y Steve saben que odio ese tipo de cosas. Es horrible aguantar como todos los invitados toquetean tu vientre. Es acosador.
-Detente por favor, Tony- dijo el beta tratando de que el omega parara de parlotear. Al ver que este le hizo caso, continuó- esto no es para ti ni para el bebé. Sino para Steve.
-¿Para Steve? pero, ¿por qué seria para…
Como si un balde de agua fría le cayera por la cabeza, la mente de Tony puso todas las piezas de rompecabezas en su lugar. La radiante sonrisa de Steve en la mañana, el desayuno elaborado de los niños, las llamadas frecuentes que había tenido, la indiferencia y enojo repentino de sus hijos, el regalo de Bruce. Todo eso fue suficiente para que Tony se diera cuenta que día era hoy. Tarde pero se dio cuenta al fin y al cabo.
Corrió lo más rápido que su cuerpo se lo permitía hacia la cocina. Asustado, Bruce fue tras él.
-¿Tony, qué pasa?
-Por favor, solo espero estar equivocado.
Sin embargo en cuanto vio el día marcado con rojo y estrellas evidenciando una fecha importante en su vida. Tony se pasó las manos por su rostro y se sentó en la primera silla que encontró. Lo peor es que el mismo había marcado la fecha en el calendario.
-No me digas-dijo Bruce-se te olvidó el cumpleaños de Steve.
Tony asintió sin quitarse la manos de su cara.
. . .
-Agradecemos mucho que hayas querido venir a almorzar con nosotros, Steve- dijo Wanda tomando un poco del vino que le había servido el mesero.
-Pensamos que tendrías una larga lista de personas que querían pasar el día contigo- comentó Visión.
-No es como si fuera un hombre muy cotizado- dijo Steve tratando de no ser el centro de atención en el almuerzo- además, hace bastante tiempo que no los veía.
-Si, creo que la última vez fue cuando Stark nos cerró la puerta en la cara.
-Wanda…-reprochó el beta.
-Lo siento- dijo la omega
-Me disculpo por él en su nombre- dijo Steve rememorando lo que había ocurrido ese día- estábamos pasando por una difícil situación, y no actuó de la mejor forma.
-No te preocupes- dijo Visión- ademas, es normal que Tony este un poco alterado con este embarazo.
-Y eso que tiene que lidiar con los niños. Además, fuimos inoportunos.
-Fue solo por el mal momento que estábamos pasando. Ademas, Tony suele ser una persona muy considerada la gran mayoría del tiempo.
. . .
-Soy la persona menos considerada en la faz de la tierra.
Tony se encontraba recostado en el sofá analizando todo lo que había hecho durante el día. Torturándose por las cosas que sí hizo y las que no.
-Soy un pésimo esposo ¿cómo es posible que haya olvidado el cumpleaños de mi propio esposo?
En un rincón, sus tres hijos miraban a escondidas como su padre se lamentaba. Harley tenía una gran sonrisa en la boca, mientras que María sentía lastima por Tony.
-Aquí podemos observar como Tony Stark se arrepiente de haber olvidado el cumpleaños de pops-dijo Harley grabando el momento para mantenerlo intacto para el futuro.
-Los estoy escuchando- agregó Tony desde el sofá.
Volviendo al omega, este seguía lamentando sus pesares.
-Y más encima hoy lo trate tan mal ¿quién en su sano juicio le grita al cumpleañero?
-Tú- agregó Bruce cansado de escuchar los lamentos del omega.
-No estás ayudando, Bruce.
-Ya te he dicho unas mil veces que no soy esa clase de doctor.
-Pero eres mi amigo y debes ayudarme a sentir mejor ¿no?
-Tony, lo que hiciste fue horrible ¿quién olvida el cumpleaños de su esposo?- preguntó Bruce retóricamente.
-¡Papá! -se escuchó al unísono los tres hijos del omega.
-¡Se callan o los castigo!
Dicho esto, los tres niños se mantuvieron callados y en silencio. Mientras que Tony volvió a su triste y melancólico monólogo. En cuanto a Bruce, este se armaba de paciencia para poder irse luego a casa.
-Tony, llevas tres horas lamentándote por algo que ya hiciste ¿no crees que ya fue suficiente?
-Soy un ser horrible, Bruce. Ni siquiera sé qué hacer para remediar esto.
-Tal vez podrías empezar pidiendo disculpas por tu rabietas.
-Vamos, ¿no se te ocurre algo mejor?
-Solo dile como te sentiste al olvidar su cumpleaños- dijo el beta recostándose en el sillón- Steve es alguien comprensivo.
-Lo sé, pero aún así lo trate pésimo. Él es el único que me aguanta y que a pesar de ello no dice nada. Y lo peor es que siempre lo hace con esa estúpida sonrisa.
La estúpida sonrisa que siempre me ha vuelto loco, pensó Tony para sus adentros.
-Yo realmente me saqué la loteria con él- dijo sinceramente el omega- nadie me querría con la intensidad con la que él lo hace. Tengo que compensarlo de alguna u otra forma.
-Pues decirle eso es una buena manera de comenzar.
Tony miró al beta, y refunfuñó para sus adentros. Por alguna u otra razón siempre le había costado sincerarse con su esposo, pero Bruce tenía razón, si quería remediar las cosas con Steve tenía que empezar ahora ya.
. . .
Los niños se encontraban sentados a los pies de la cama de sus padres. María observaba fijamente sus piernas mientras las movía para entretenerse un rato.
-¿Me pueden repetir por qué estamos aquí?-preguntó Harley aburrido.
-Papá quiere ponerse guapo para Pops.
-Y tenemos que ayudarlo a vestirse.
-Y recuerden, con cualquier ropa que se ponga nosotros tenemos que decir que se ve bien-dijo Peter susurrando para que el omega no lo escuchara.
-¿Independiente si esta gordo y que nada le quede?
-Te escuche Harley- dijo Tony desde el otro lado de la puerta - e independiente de eso, ustedes siempre tienen que decirme que soy hermoso.
-Ese es trabajo de pops, no el nuestro.
-Mejor cállate Harley- dijo Tony saliendo del closet y posando para su otros dos hijos- bien ¿qué opinan?
María lo observó analítica, mientras que Peter tenía una sonrisa nerviosa en el rostro.
-Te ves hermoso- agregó con un hilo de voz.
-Vamos, sean sinceros-dijo el omega cruzándose de brazos, luego enfocó su vista en su hija- ¿María?
-Creo que prefiero la polera verde.
-Gracias, querida.
El omega se adentró al closet nuevamente para seguir el consejo de su hija.
Para su mala suerte, la polera que la rubia le aconsejó ya no le quedaba y al igual muchas de sus otras prendas. Fue así como terminó usando una sudadera y unos jeans que se había comprado la semana pasada.
-¿Podrías ver a los niños esta noche? -preguntó Tony saliendo de su hogar.
-No tengo ningún problema, ademas a Natasha le fascina verlos.
-Lo siento por causarte tantos problemas.
-No te preocupes, solo trata de hacer sentir mejor a tu esposo ¿si?-dijo el beta con una sonrisa- ¿estás seguro de que puedes ir a pie? puedo llevarte si quieres.
-Tomaré un taxi en la esquina. Así que tranquilo, nos vemos mañana- dijo el omega despidiéndose del beta, luego se giró para mirar a sus hijos- y ustedes portense bien con el tío Bruce.
-Pues claro que lo haremos.
-Suerte papá.
Con el animo de sus hijos, Tony se fue rumbo al lugar de trabajo de su esposo. Rogó porque todo saliera como lo tenía planeado.
. . .
Para cuando Tony llegó, miró de reojo el edificio imponente que se presentaba ante él. Según la dirección que Natasha le había comentado hace una vez, este debería ser el lugar. Respiró hondo para llenarse de valor, y con paso decidido buscó a su marido.
En cuanto tomó el ascensor uno que otro alfa se volteaba para dirigirle la mirada. Sin embargo, cuando se topaban con el visible vientre que se cargaba el omega, se giraban para ignorarlo. Tony sonrió triunfante, todo en él gritaba que pertenecía a otro alfa, su marca, el aroma impregnado en su piel y por sobretodo la presencia de su futuro hijo. Por otro lado, le encantaba la idea de poder seguir atrayendo a alfas pese a su edad.
Al llegar al piso correspondiente, miró hacia todos lados en busca de su esposo, lo cual le estaba haciendo una tarea bastante costosa por la cantidad de escritorios y gente en el lugar. Entonces, detrás suyo escuchó una voz que le era demasiado familiar.
-¿Stark?
Tony se giró para encontrarse con el beta que lo miraba un poco sorprendido, el cual rápidamente se acercó hacia él.
-¿Pero qué es lo que estás haciendo aquí?
-Vine a ver a mi esposo- dijo el omega de manera demandante.
-¿Ya recordaste el cumpleaños de tu alfa?
Y de vuelta con el mismo tema, pensó Tony sintiéndose aún peor.
-¿Es que acaso todo el mundo lo recordó menos yo?
-Así parece- dijo el rubio rascándose la cabeza-Steve estuvo desanimado todo el día. Ojala puedas animar un poco.
-Es por eso que estoy aquí- dijo el omega cruzándose de brazos- ¿Dónde está?
-Él no está aquí. Wanda y Visión llegaron durante la tarde para invitarlo a almorzar.
-Maldición. ¿Tienes idea de donde pudo haber ido?
-No creo que haya ido tan lejos. Podrías ir a buscarlo.
-Eso es lo que haré- dijo el omega retirándose del lugar- muchas gracias, Barton.
El rubio observó el gracioso caminar del omega y se rió para sus adentros.
. . .
Se detuvo para sentarse en la banca que se encontraba frente suyo. Prácticamente había sido su salvación en las últimas horas. Cansado y con la frente un poco sudorosa se sentó en el incómodo asiento de madera y estiró los pies que tanto apretaban sus zapatos. Dios, le dolían demasiado los pies y sentía las piernas un tanto fatigadas por estar tanto tiempo de pie.
Había estado buscando a su esposo en cada puto restorant, pero no había rastro alguno de él. Miró hacia el horizonte percatándose de que ya estaba por anochecer. Miró en el reloj y en efecto, eran las seis con cincuenta. Lo más seguro es que su esposo ya había llegado hace horas a su puesto de trabajo. Sintiendo la tensión en su espalda baja y en sus pies, el omega se levantó del lugar y se encaminó de vuelta a la editorial.
Entremedio de la gente que se encontraba transitando por la avenida, se topó con un aroma que lo hipnotizó, se volteo para fijarse en una cafetería que no visitaba en antaño. Sorprendido ante la existencia de esta, Tony se acercó y a la vitrina de esta para deleitarse con lo que esta mostraba. De pronto, su mente rememoró fugazmente un recuerdo.
. . .
-No era necesario que hicieras todo esto-mencionó Steve un poco apenado.
-¿No era necesario? Eres mi novio- dijo Tony tomando un sorbo de la malteada que había comprado-y además es tu cumpleaños. Se debe celebrar como se debe.
-Ni que fuera tan importante…
Para ese entonces, la vida de Steve Rogers no pintaba para nada bien. Su madre estaba lidiando con una gran enfermedad, la cual no hacía nada más que empeorar su salud. Eso lo tenía muy triste, ya que, pensaba que en cualquier momento su madre podría partir para el otro lado. La idea le atormentaba de sobremanera.
Sabiendo que era su cumpleaños, Tony decidió sacarlo a pasear para distraerlo. Obviamente fue por iniciativa propia pero en parte también era por Sarah, quien le había rogado por hacerlo disfrutar en un día tan feliz para ella. Lo que menos quería es que estuviera pendiente de ser su enfermero.
Lo único que quiero es que se divierta, fueron las palabras que mencionó su suegra. Así que su propósito del día de hoy era cumplir el deseo de la omega.
-No digas eso- dijo Tony tomando su mano sobre la mesa- por favor, no digas algo así. Tú eres importante, Steve. Y esta fecha de por sí ya es importante. Fue el día en que tu madre te dio la vida, y estoy segura que fue el regalo más grande que ha tenido en su vida. Ella, yo, y nuestros amigos, te amamos demasiado.
Steve elevó la mirada para encontrarse con los grandes ojos de su novio. Las pestañas definidas, largas y onduladas. Era increíble que un hombre tan bello se hubiera interesado en su presencia. Siendo él de baja autoestima, pensaba que en cualquier momento el omega se deshaceria de él. De hecho, le extrañaba que hubieran durado seis meses hasta la fecha. A pesar de que en contadas ocasiones el omega le haya expresado su amor, Steve todavía no se hacia la idea de que este lo amaba con toda la intensidad del mundo.
-Para mi es importante esta fecha, Steve- dijo Tony tomando la mano de Steve entre las suyas, y dirigiéndola a sus labios para besarla con delicadeza- fue el día en que el amor de mi vida nació.
Con esto, Steve rápidamente comenzó a sonrojarse. Pese a la vergüenza, se sentía feliz. Le encantaba como el castaño lo hacía sentir especial y sobretodo amado. Tony al ver el efecto de sus palabras en su novio, se avergonzó por haber pensado en voz alta. Para aligerar el tema, se excusó para levantarse.
Observó como el joven se acercó al mostrador para hablar con la cajera que se encontraba atendiendo. En eso, el omega apareció con un pastel entre sus manos y con una pequeña velita que desprendía el brillante fulgor de la flama.
-Sé que te gustan las cosas más caseras, pero tú sabes que no tengo las habilidades culinarias para hacerlo- dijo el omega entregándole el pedazo de pastel- pero sé cuánto amas el pastel de nuez y aquí es el mejor lugar donde lo podrías probar. Deberías estar feliz, los cumpleaños son para que uno lo este. Además, es el primer cumpleaños que celebramos juntos. Eso amerita una sonrisa ¿no?
Steve observó el pastel que lucía apetitoso ante él. Sentía que en cualquier momento rompería en llanto. Las palabras del omega habían llegado a su corazón. Tony lo miraba expectante a cualquier tipo de acción. Se alegró al ver la deslumbrante sonrisa de su novio. Podría jurar que era lo más bello y perfecto que estaba viendo en su vida. Observó a Steve cerrar los ojos para pedir el clásico deseo y en cuanto lo hizo sopló la vela.
Tony tenía razón. Siempre la tenía. El pastel sabia maravilloso y de cierta forma le dio fuerzas para seguir adelante y lidiar con todos los problemas que se le vendrían en el futuro. Sin embargo, no estaban tan asustado. Con Tony a su lado, se sentía fuerte y capaz de soportar todo.
. . .
Tony observaba la vitrina con melancolía. Habían pasado muchos años desde eso y agradecía que su alfa siguiera a su lado, pese a todo. También, recordó cuan expresivo era en el pasado. Era joven después de todo. Y con el tiempo había aprendido a ser más reservado. Tal vez, ser un poco abierto con su esposo lo vendría bien. Recordarle cuanto lo amaba. Así que, con paso decidido, se fue nuevamente en busca de su marido.
Cuando llegó, casi tres cuartos de los empleados se habían retirado. Tony rogó porque su esposo no hubiera marchado a casa. Buscó con la vista al rubio pero en vez de él encontró a una rubia que lo miraba un poco anonadada.
-¿Stark?
Esa voz, pensó Tony para sus adentros. Observó a la omega acercarse a él con una sonrisa en los labios. Su olor a fresas le resulto empalagoso.
-Sharon, un gusto como siempre. Y por cierto, es Rogers- corrigió el omega- Anthony Rogers
-No tienes que ser tan formal conmigo, Anthony- dijo la mujer mirando su vientre- woo, estas enorme ¿estas esperando gemelos?
Ofendido, el omega contestó:
-No, es solo uno- dijo secamente.
-Ups, pero te sienta bien. ¿Cuál es? ¿El quinto o sexto?
-Es el cuarto, querida.
-Steve siempre quiso tener una familia grande, pero nunca pensé que serían tantos bebes. ¿No se cansan de tenerlos?
-Oh claro que no. Mis hijos nunca serian molestia.
-Yo nunca dije que serían una molestia.
Peligrosamente, la mujer acercó la palma de su mano hacia su vientre. Como odiaba que la gente, y menos de confianza, llegara y lo tocara. Eso era acoso.
-Estoy buscando a mi marido- dijo el omega alejándose de manera sutil- ¿lo has visto?
-Creo que se fue hace unos minutos.
Maldición, pensó el castaño. Nada estaba saliendo como quería.
-Le regale una bonita polera. Espero que le haya achuntado a la talla.
-¿Una polera?
-Sí, una bastante bonita- respondió la omega- tengo un buen gusto. Le encanto apenas la vio.
-Me alegro.
Oh si, cuando la tenga entre sus manos la haría trizas con sus propias manos. De seguro tendría todo su aroma impregnado en ella.
De pronto, ante la nariz de la omega, el olor a café amargo inundo la sala. Era demasiado fuerte. De hecho, el olor a leche y a miel quedo opacado bajo ese penetrante hedor. Los pocos empleados que se encontraban en frente, se giraron para encontrarse con el omega quien desprendía sus feromonas. Celos, era lo único que se sentía en el ambiente.
Clint, quien estaba alistando sus cosas para irse, percibió el olor y sabiendo a quien pertenecía, se acercó a Tony para intentar calmarlo.
-Stark. ¿Qué pasó?
-Solo estábamos hablando, Clint- dijo Sharon intentando excusarse.
En otra parte del piso, Steve estaba guardando las últimas cosas en el maletín para irse a su casa. En eso, el aroma a café muy cargado abrió paso a su oficina. Sabiendo a la perfección quien era el dueño y señor de la fragancia, el rubio salió para buscar a su esposo.
-¿Tony?-preguntó el alfa al ver a su esposo con cara de pocos amigos. Sin embargo, en cuanto escuchó su voz el castaño se giró para mirarlo- amor ¿Qué haces aquí?
-¿No que se había ido?-preguntó mirando de reojo a Sharon, quien sonrió nerviosamente- ¿pues a que más vendría? Vine a buscarte.
-¿A buscarme?
Tony tenía una cara de los mil demonios, haciendo que el ambiente se pusiera pesado y tenso. Lo mejor sería tratar de persuadirlo para calmarlo.
-Ehmmmmm, ¿Por qué no me dejas enseñarte mi oficina, amor? –preguntó Steve haciéndole indicaciones al otro alfa, quien entendió la señal.
-¿Es la primera vez que vienes, Anthony?-preguntó Sharon- que desconsiderado eres Steve, deberías traerlo más seguido.
Tratando ignorar las palabras de la rubia, Steve tomó al omega por los hombros y lo guió hacia su oficina. Si no fuera su alfa, Tony le hubiera tomado su perfecto cabello y se le hubiera tirado. Esa mujer le hervía la sangre con su presencia. Y el hecho de que estuviera tan cerca de su alfa lo emputecía.
En cuanto llegaron, Steve cerró la puerta detrás de él y bloqueó la vista al interior de la oficina cerrando las cortinas. Se volteó para mirar a su esposo, quien tenía el ceño fuertemente marcado.
-No puedo creer que sigas trabajando con ella.
-No sé porque le tienes tanto odio, Tony- dijo el alfa acercándose cautelosamente a él- no es como tú crees.
-Ah y tú la defiendes ¿cierto? Debo recordarte que ella estaba locamente enamorada de ti en el pasado.
-Exacto. Tienes toda la razón amor, eso fue en el pasado.
-Oh, si ¿y tú crees que ya no?- preguntó el omega sentándose en el escritorio de su alfa-no seas ingenuo, Steve.
-No pienses cosas que tal vez no son verdad, Tony- dijo el alfa cansado de la conversación absurda que estaba teniendo con su esposo- no te atormentes por eso.
El omega no lo escuchó, ni siquiera volteo a mirarlo. Steve, quien no quería que su esposo se encontrara de mal humor, se acercó a él para sentarse a su lado y quedar a su altura.
-¿Qué tengo que hacer para que no pienses en esas cosas? –Preguntó el alfa acariciando suavemente el dorso de la mano- Para mí tu eres único, Tony. Te he amado más que nadie en toda la vida. Más de lo que yo podría amarme. De hecho, tu…
-No tienes por qué continuar, Steve-interrumpió el omega. Él sabía que hacia donde el alfa quería llegar, pero él no permitiría que se fuera por esa ruta.
-¿Qué?
-Ya habrán mas días para que me digas cuánto me amas y cuan maravilloso y espectacular te parezco. Pero hoy no será. Justo hoy no.
Steve, quien no entendía hacia qué dirección iba la conversación, prefirió quedarse callado y esperar a que el omega continuara con lo que intentaba decir. Vio como este se puso levemente nervioso. Movía las manos de manera frenética, como si buscara la manera en como entablar todo. Entonces, cuando estuvo seguro de cómo lo abordaría comenzó:
-Hoy olvide algo importante. Algo que es muy importante para mí, Steve. Pensé que nunca me pasaría, antes muerto. Sin embargo, pasó. Olvide el cumpleaños de mi esposo. Olvide tu cumpleaños, Steve. Y créeme que me siento pésimo por hacerlo y también por cómo te trate de en la mañana.
- Tony…
-Déjame terminar ¿sí?-interrumpió nuevamente el castaño- mira, sé que es difícil, el embarazo me vuelve irritable y con un humor de perros, pero sé que no es excusa para tratarte como lo hice. Y menos hoy. Por dios, es tu cumpleaños. Mi deber en este día siempre ha sido mantenerte feliz y dichoso. Tratarte de tal manera de que te sientas especial, porque, para mí lo eres, Steve. ¿Cómo no serlo? Eres el amor de mi vida. Eres el padre de mis hijos. Eres lo más hermoso que ha llegado a mi vida después de ellos. Me cambiaste la vida y eso no lo hace cualquiera. Te amo, Steve. Puede que no te lo diga todo el tiempo, pero te amo. Y siempre lo haré.
Durante toda la charla que dio el omega, Steve se mordió la parte interna de sus labios. Aguantando las ganas de soltarse a llorar.
-No sé cómo lo haces- dijo Steve con los ojos vidriosos- pero siempre, inevitablemente si es en mi cumpleaños o no, me haces sentir especial, Tony. Tú eres el único que me hace sentir de esa manera.
-Oh, amor- dijo el omega tomándolo del rostro para secar las lágrimas que corrieron por el rostro del alfa- no llores.
Amor, pensó el alfa. Eran contadas las veces en que su esposo se refería a él con apodos de ese calibre. Por lo general era él quien lo hacía.
-Hey- dijo Tony intentando que su esposo lo mirara. Cuando logró que esos ojos azules se centraran en él, sonrió- hoy no estamos para lágrimas. Regálame una sonrisa ¿sí?
No tuvo necesidad de esforzarse en regalarle una. Steve sonrió al igual que aquella vez. Y el efecto en él fue el mismo. No importaba cuantos años hayan pasado. Steve siempre tendría la misma sonrisa con la cual lo había enamorado.
. . .
Tenía los ojos cerrados y le costaba caminar en plena oscuridad.
-Tony, creo que llevo como veinte minutos con los ojos vendados.
-Vamos, no seas aguafiestas, solo déjate llevar por la emoción.
-¿No me llevaras a un hoyo verdad?
-Claro que no, tonto.
Con cuidado, Tony lo sentó en lo que parecía ser un asiento de plástico. Poco a poco Tony lo fue despojando de la venda improvisada con la corbata. La luz rápidamente se coló en sus ojos y pudo ver todo con mayor claridad.
-¿Dónde estamos?- preguntó Steve.
-¿Acaso no lo recuerdas?-preguntó Tony ofendido- y eso que el olvidadizo soy yo.
Steve miró a sus alrededores tratando de recordar el lugar. Le parecía familiar, bastante familiar. Estuvo un par de minutos intentando hacer funcionar su cerebro. Finalmente sus recuerdos colaboraron.
-No lo puedo creer- dijo Steve impresionado- ¿esto todavía existe? Ha pasado demasiado tiempo.
-Yo también lo pensé- dijo Tony igual de sorprendido que su esposo- y no ha cambiado nada.
-Nada de nada. Sigue en el mismo lugar. ¿Cómo no se me ocurrió venir aquí sabiendo que esta tan cerca del trabajo?
De pronto, una mesera se hizo presente y con una sonrisa pidió la orden de ambos. Tony fue el que habló:
-Lo pedí durante la tarde, a nombre de Tony Rogers.
La mesera asintió con la cabeza y se retiró para buscar el pedido. Incrédulo, Steve se le quedó mirando a su esposo.
-¿Qué?-preguntó Tony sintiendo la mirada acusadora del rubio.
-¿Así que Tony Rogers? Creo que es la primera vez que te escucho mencionar mi apellido con tu nombre.
-Estoy intentando de integrarlo a mi vida. Especialmente cuando aparece la pegajosa de Sharon.
-Tony…
-Ya se, ya se. No volveré a hablar de ella- dijo el hombre tratando de desviar el tema- pero debes admitir que te encanta como suena.
-Siempre me ha encantado.
Nuevamente la mesera hizo su aparición, solo que con dos malteadas, un sándwich para el omega y un simpático trozo de pastel. Steve se le quedó mirando por un rato. Era exactamente igual al que pidieron esa vez.
-Es igual- dijo Steve sin despegar la mirada del delicioso postre.
-Es exactamente el mismo.
Steve sintió como las manos de su esposo atraparon a su muñeca izquierda. El alfa elevó la mirada para encontrarse con los ojos brillantes de Tony, quienes no habían perdido ese brillo característico. Las pestañas seguían igual de onduladas. Era una mirada que le hacía perder el aliento y le aceleraba el corazón.
-Feliz cumpleaños, Steve- dijo Tony besando los nudillos- por enésima vez, lamento haberlo olvidado.
El alfa sonrió y miró hacia la velita que se encontraba en el pastel. Espero unos cuantos segundos y finalmente la sopló.
-Desde aquella vez, siempre he pedido el mismo deseo.
-¿Así? –Preguntó Tony – que conservador.
-Y gracias a Dios, siempre se ha cumplido- dijo mientras sacaba la vela para empezar a comerlo- el estar a tu lado es lo más maravilloso que se me ha permitido.
Ante la declaración, las mejillas de Tony comenzaron a sonrojar. Desviando la mirada de sonrisa de su esposo, tomó el tenedor y robó un poco del pastel que nuez.
-Será mejor que comamos- dijo Tony mientras se deleitaba con el rico sabor del postre- Oh, Steve. Sabe igual de bien. Tienes que probarlo.
Sin hacerle mucho caso a sus palabras, Steve se quedó admirando el rostro de su esposo. Tal como diría Tony, su marido lo miraba como un tonto enamorado.
-Te amo, Tony- dijo Steve.
Los ojos cafés de Tony se cruzaron con los azules de Steve. Sonrió levemente y dijo:
-Yo también te amo.
. . .
Luego de darse una ducha, Steve se dispuso a dormir. Se sentía cansado y lo único que quería era acostarse en las cálidas frazadas y acurrucarse en el cuerpo rechoncho de su esposo.
En cuanto entró a la habitación, vio a su esposo mirándose al espejo usando una prenda bastante peculiar.
-¿Por qué lo tienes puesto?
Tony se volteo para mirar a su esposo. Se acercó a él y pasó sus manos por sobre sus hombros.
-Quiero dejar la horrenda polera que te regaló Sharon con mi exquisito aroma, amor- dijo Tony parándose en puntitas para darle un beso corto en los labios- tengo que recordarle que me perteneces única y exclusivamente a mí.
-Eso no es necesario, Tony- dijo el hombre rodeando sus brazos en la cintura de su omega- siempre ando alardeando lo maravilloso que es mi esposo.
-Más te vale- dijo Tony separándose de él y volviendo nuevamente al espejo.
-Te queda bien, diría que mejor que a mí.
-Es horrible- dijo Tony –además, yo te he dado mejores regalos ¿no? Son tres para ser exactos. No, mejor dicho cuatro. Y nadie más que yo podría regalarte algo a ese nivel.
-Son los mas hermosos regalos- dijo Steve agachándose a la altura del vientre de su marido y acarició la zona en que el bebé estaba gestando- y ya estoy ansioso por abrir este.
Steve se levantó y nuevamente besó los labios de su esposo. Entonces dijo:
-¿Sabes por qué me gusta mucho este día?
-Es tu cumpleaños. ¿Quién odia los cumpleaños?
-No es por eso- dijo Steve sentándose en el borde de la cama. La mano del alfa lo guió indicándole que se sentara en sus muslos- me gusta, porque tú lo has hecho especial. Desde esa vez, mis cumpleaños siempre han sido especiales. Es como si fuera un día exclusivo para mí.
-No tiene que ser tu cumpleaños para sentirte especial, Steve- dijo Tony sentándose en las fuertes rodillas de su esposo y acarició las hebras de su cabello- eres importante para mí, y no solo para mí, para tus hijos también. Ellos te ven como un héroe. Y no eres especial para ellos solo en tu cumpleaños, sino que todo el año. Te amamos, Steve.
Los labios de Tony se acercaron hacia los de Steve. Para el alfa, fue como si una frágil mariposa se posará en ellos. Con un toque cariñoso y hasta un tanto tímido. El rubio correspondió el beso con vehemencia. Dejándose llevar por las sensaciones que experimentaba junto a su omega.
-Feliz cumpleaños, Steve- dijo el omega mientras lo besaba.
Como amaba escuchar aquello con la voz de su marido. Definitivamente, le encantaba pasar su cumpleaños con Tony.
Hola a todosssss
Lamento mucho la demora de la continuación, pero mi cierre de semestre ha sido un desastre y la practica también, asi que pido muchas disculpas por la demora. Venia escribiendo este capitulo hace bastante tiempo y por fin pude subirlo. Ojala les haya gustado.
Nos leemos.
