La historia es una adaptación del libro Amando al mentiroso blanco de Kate Steward y los personajes afectados a Stephanie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.


Veinte

Cinco meses después.

—¿Allie?

—¡Aquí! —gritó desde la habitación.

Estaba dirigiéndome hacia la casa de Jasper cuando me había pedido insistentemente que fuese a verla a nuestro apartamento. Tenía noticias.

—¿Qué estás haciendo, mujer? —pregunté mientras entraba en su habitación.

Se giró hacia mí, vestida completamente sexy y con tacones nuevos.

—¿Tú qué crees?

—¡Hermosa! ¡Dios, te ha crecido mucho el cabello! ¿Cita romántica?

—Sí —alardeó con orgullo—. Y es mi nuevo jefe. —Me guiñó un ojo.

—Vaya —comenté, mirándola de forma recelosa—. Seguro que tienes un gusto por lo prohibido últimamente.

—No puedo evitarlo y tampoco él —se justificó, estudiando detenidamente mi reacción.

—No te estoy juzgando —aseguré, sacando un brazalete se su joyero y poniéndoselo en la muñeca.

—Me va a llevar a algún lugar elegante. Es tan atractivo y amable. No importa lo estúpido que sea esta jugada, no siento como si estuviese mal. ¿Sabes lo que quiero decir?

—Simplemente ve a por ello. En el peor de los casos, buscas un nuevo trabajo.

—Cierto. —Examinó su aspecto una vez más y luego se giró hacia mí—. ¿Vas a casa de Jasper?

—Sí, solo para pasar la noche en casa, supongo. Ha estado trabajando mucho últimamente así que llega a casa bastante cansado.

—Ya nunca te veo —dijo, poniéndose los pendientes—. Aún sigo esperando que anuncies que te vas a mudar con él. Nuestro contrato de arrendamiento termina este mes, ya sabes.

Me senté en la cama, estupefacta.

—Mierda, mujer, ni siquiera había pensado en ello. ¿Qué vamos a hacer?

Voy a alquilar uno de una habitación —contestó de modo terminante. La miré estupefacta—. Aprecio que te hayas ocupado de mí estos años. Te quiero, pero realmente ya es hora de que vuele del nido. Me estoy haciendo muy mayor para tener una compañera de piso y de todos modos, Jasper y tú prácticamente estáis viviendo juntos. ¿Por qué no hablas con él de ello?

—Quiero preguntarle, dar el primer paso. —Aun al decirlo, sentía el tirón de tristeza de que pudiese estar contento con cómo estaban las cosas. Sabía que éramos felices, simplemente no estaba segura de que se sintiese tan seguro sobre nuestro futuro como lo estaba yo.

—Pídeselo —indicó con un brillo travieso en los ojos que no pude reconocer.

—De ninguna manera, si hacemos algo como eso, tiene que ser él —señalé con firmeza mientras llamaban a nuestra puerta.

—Realmente te ama, Bella. Puedo verlo. Infiernos, cualquiera que tenga pulso puede hacerlo.

—Gracias —contesté, dirigiéndome hacia la puerta. Me detuve y volví la mirada hacia ella—. Simplemente no quiero ser quien lo pida.

Me dio otra sonrisa y señaló la puerta con la cabeza.

—Ve a echarle un vistazo. Quiero tu opinión.

Siguiendo su orden, fui a abrirle, presentándome a su cita que indicó su nombre con una amable sonrisa:

—Edward.

—Encantada de conocerte Edward.

Asintió y se le iluminó la mirada cuando Allie se unió a él. Los estudié a los dos juntos, mismo color de ojos y cabello. Edward era mucho más alto que Gerry y juntos parecían felices. Tuvimos una pequeña charla de unos minutos y noté que Edward estaba absorto en cada palabra que ella decía. Le di un sutil asentimiento a ella mientras salían por la puerta. Estaba orgullosa de ella cuando se giró hacia mí con un guiño y un "buenas noches".

Me dirigí de nuevo a casa de Jasper, no pude evitar sentir melancolía. ¿La había forzado a mudarse porque pasaba todo el tiempo con Jasper? Me pregunté si estaba resentida conmigo por alejarme de ella poco a poco para pasar mi tiempo libre en mi relación. No podía imaginar no estar con Jasper diariamente. Aunque tenía razón. Ambas teníamos una vida que vivir y, aparentemente, había tomado una firme decisión de navegar por su cuenta. El pensamiento de conseguir mi propia casa no me atraía tanto. Quería estar con Jasper y de eso estaba absolutamente segura. Mi amor por él había crecido con fuerza y él parecía sentir lo mismo, pero suponía que en cierto modo era anticuada. Quería que él fuese que tomara la decisión sobre nuestro futuro. No le presionaría, sin importar lo mucho que quería ser I. M. M. Esperaría toda mi vida por él y también lo sabía.

Giré el pomo de Jasper para encontrar la puerta bloqueada y busqué la llave en el bolsillo. Pensé que era extraño p0rque nunca cerraba la puerta cuando estaba en casa. Desbloqueando la cerradura, abría la puerta y jadeé. De pie en el medio de cientos de velas estaba mi amor. Estaba sonando la canción Woman de John Lennon cuando capté la caja marrón sobre la mesita de café.

—Entra, nena. Cierra la puerta.

Miré alrededor de la habitación y avancé un paso, cerrando la puerta a mi espalda. Jasper estaba vestido de punta en blanco, con una camisa blanca abotonada y un pantalón recién planchado. El constante nudo en la garganta que me acompañaba cuando se trataba de Jasper hizo acto de presencia. Di otro paso y me detuve, asimilando mi escenario y tratando de grabarlo en mi memoria.

Lennon me cantaba como si escuchase las palabras de la destacada canción susurradas a través de la habitación.

Jasper caminó hacia mí, limpiando las lágrimas de mis ojos.

—Tengo un regalo para ti.

—Jasper —farfullé, llevándome las manos al pecho mientras se giraba para recuperar la caja de la mesita de café.

Era del tamaño de una que había admirado a su lado hacía muchos meses. La estudié, sabiendo que esta estaba hecha especialmente para mí. Los dibujos grabados eran asombrosos. Estaba cubierta con símbolos del verano: sol, agua, flores silvestres, lavanda y rosas. Alcé la mirada hacia Jasper que tenía sus emocione claramente escritas en su rostro.

—Pensé que era el momento de que echases un vistazo a mi lista.

—Es muy hermosa.

—Es nuestro verano. Es lo que quiero para nosotros... siempre. Ábrelo, nena.

Abriendo la caja, me dio un vuelco el corazón cuando tomé un pequeño rollo. Volvió a tomar la caja, sujetándola para que pudiera abrirlo. Solo había una cosa escrita en él.

Isabella Marie Whitlock.

Me quedé boquiabierta su apellido y le miré para encontrarme con sus ojos brillando con lágrimas y se dejó caer sobre una rodilla.

—Tengo una pregunta muy egoísta que hacerte —alegó, sacando un anillo de la pequeña caja y mostrándomelo—. Esta es la cosa más egoísta que he hecho jamás.

Mis hombros empezaron a temblar mientras mi mundo se estremecía y sus palabras sonaban, manteniéndonos conectados, sus ojos brillando con esperanza.

»No va a ser fácil. Nunca lo será. Pero tengo que preguntártelo. Tengo que hacerlo. Eres mi mejor amiga —aseguró entre lágrimas—, mi amante, mi fuerza, mi razón de ser, lo que nunca pensé que fuese posible. Nunca pensé que hubiese alguien para mí.

Cuando bajé la mirada hacia él, estaba llorando abiertamente. Sollozando, me cubrí el rostro con las manos mientras él tiraba de mí hacia abajo. Esperó a que le mirase entre los dedos, con el rostro empapado.

»¿Te casarás conmigo? ¿Serás mi esposa y comenzarás el verano conmigo para el resto de nuestras vidas?

Asentí plenamente con mi "sí" mientras me desmoronaba en su regazo. Después de unos minutos, levanté la mirada hacia él mientras me sonreía.

—Con este trato obtienes un anillo —mencionó, tomando mi mano derecha y poniéndomelo.

—Es hermoso —afirmé, mirándole.

—Ni siquiera lo estás mirando —bromeó.

—Es muy hermoso —dije, rodeándole con los brazos y tumbándolo en el suelo.

—Nena, hay más…«beso»…sobre…«beso»…la caja…«beso» —susurró cuando le ignoré, dándole besos incansablemente por todo el rostro.

—¡Voy a ser IMM! —me reí contra su pecho.

—¿Qué? —Rio entre dientes, abrazándome apretadamente.

—Te necesito desnudo —insistí, tirando de su labio y acariciándolo a través de los pantalones.

—Nada que objetar en eso —susurró, levantándome la camiseta y sujetándome del trasero con sus suaves manos y moviéndome arriba y debajo de su erección. Empujando la lengua en su boca, sacó la suya fuera, encontrándose con la mía y luego se sentó, alzándome suavemente con él, rodeándole firmemente la cintura con las piernas, empapándolo por completo. Incapaz de mantener a raya mi curiosidad, finalmente puse a la vista mi anillo detrás de su cuello, admirándolo.

—Es perfecto —aseguré, admirando el diamante ovalado en un antiguo anillo.

Hundió el rostro en mi cuello, murmurando mientras me dejaba sobre el colchón. Lo observé desnudarse lentamente mientras me miraba fijamente a los ojos. Me saqué el vestido por la cabeza y me deshice del sujetador y bragas.

Separando mis piernas, no dudó mientras alcanzaba mi boca y hundía su erección en mí con un movimiento amplio. Grité ahogadamente al sentirle mientras empezaba a moverse, con hambre desesperada y completamente sin vergüenza mientras susurraba "toda mía".

Un mes después.

Me despertó el consistente ruido de golpes mientras miraba la hora. Eran las cinco de la mañana, a los cinco segundos llegué a la cocina para encontrar a Jasper maldiciendo y dando vueltas. Alzó la mirada hacia mí con una mirada feroz.

—¿Qué... qué sucede? —Estaba allí de pie vestida solo con una camiseta mientras él miraba detenidamente las cajas en la cocina.

—¡No puedo encontrar nada! ¡Mira este maldito desorden! —Noté que lo único en medio eras dos cajas pequeñas que había traído desde mi apartamento.

—Jasper, son solo un par de cajas. Las desembalaré y colocaré después del trabajo.

—¡ESTÁN POR TODOS LADOS! ¡NO PUEDO ENCONTRAR MI PUTO CAFÉ!

Reconociéndola como la misma voz de la noche que se enfrentó a Paul, me di cuenta de que esta era una de esas veces y me aparté de él.

—Encontraré tu café. Iré a buscarte uno.

—¡No! —su voz fue brusca e hiriente—. No, lo que necesitas hacer es lograr ordenar esta mierda. ¡No puedo tratar con esto!

Me mudé con él el día anterior y entonces había parecido nervioso pero más tolerante. Lo tomé con cautela, sabiendo que no estaba acostumbrado al desorden. No había sopesado que eso podría lanzarlo a tal histerismo.

—Jasper, escucha, me tomaré el día libre. Puedo llamar y pedirle el día libre a Charlotte. Todo se habrá ido cuando vuelvas a casa.

—Como si te creyese. He visto el modo en el que vives.

Me estremecí con el comentario hiriente e incapaz de contenerme, me defendí:

—¡Querías que me mudase! Estas son mis cosas. ¡Vienen conmigo! ¡No me hables así!

—Bueno, ¡tus cosas están en todas partes!

—¡Jasper, cálmate! —Sabía que probablemente estábamos molestando a los vecinos con la hora que era.

—No me digas que me calme. Estás destruyendo mi apartamento.

—¡Y tú estás siendo totalmente irracional! —Tuve que esforzarme en tranquilizarme. El modo en que me estaba mirando era extraño. Era como si estuviese disgustado—. Por favor no me mires así —supliqué, devanándome el cerebro para encontrar un modo de calmarle. Y entonces, pensando rápido le dije—: Oh, puse tu café en el frigorífico. Escuché que eso lo mantiene fresco más tiempo.

Dejó de dar vueltas para mirarme como si fuese la única estúpida del planeta.

—¡¿Qué?!

—Está en el frigorífico y he acabado de discutir. Son las cinco de la mañana. Sacaré mi mierda fuera de tu vista antes de que acabe el día. —Me giré para alejarme y escuché el estruendo de una de mis cajas.

Salté con un gritito y me dirigí a la habitación. Veinte minutos después, Jasper cerró de golpe la puerta de entrada.

Fui nerviosamente hasta la cocina para ver que había golpeado una caja y un cubierto estaba en el suelo. Me senté en medio de la cocina hablando con Charlotte por teléfono mientras recogía el cubierto, volviéndolo a poner en la lata. Charlotte, claramente preocupada por mi tono, me preguntó si estaba bien.

—Simplemente necesito un día. Siento todo esto.

—No te preocupes. Mudarse es estresante. Te veremos mañana.

Le di las gracias y luego colgué el teléfono sentía las lágrimas acercándose y las alejé. Había sido advertida. Los arrebatos eran un efecto secundario de su desorden. Había firmado esto y sabía lo que entrañaba. Lo que no hacía sus agresiones menos dolorosas. Pero sabía lo que era. Alejando el dolor de la cólera de Jasper, enderecé los hombros y me puse a trabajar.

Ese día hacía demasiado frío para ir a nadar, así que opté por dar un largo paseo cuando Jasper estaba a punto de llegar a casa. No estaba preparada para verle. Aún estaba nerviosa y no estaba segura de que estuviese de acuerdo con el lugar en el que había dejado mis cosas. Tenía que recordarme que no tenía que andar sobre huevos alrededor del hombre del que me había enamorado tan profundamente. Ese hombre que, sin ninguna duda, me dejaría saber rápidamente cuales eran sus gustos.

—Hola.

Salté ante el sonido de la voz de Jasper a mi espalda y me giré para mirarle. Sus ojos me dijeron que le dolía ver que me sobresaltaba ante su voz.

—Hola —respondí, soltando la correa de Trip, para que pudiera dejar de trotar.

Jasper se acercó un paso.

—Lo siento mucho. No quería decírtelo con un mensaje. No era suficiente.

—Me merezco esa disculpa. Fue una estupidez —indiqué, alejándome un paso—. Y estoy enfadada contigo por la forma en que me trataste, pero sé que fue eso. Simplemente dame tiempo para olvidarlo.

Jasper bajó la mirada a sus zapatos.

—Bella...

—Déjame sola, de acuerdo. Estamos bien. Simplemente no quiero estar cerca de ti en este momento.

Jasper alzó la vista hacia mí, claramente con dolor en sus ojos.

—De acuerdo.

Mientras se alejaba, me tomo un gran esfuerzo no detenerle. No esperé su arrebato dirigido directamente a mí. Tampoco esperaba sentirme tan mal cuando pasó. No sé qué esperaba, pero segurísimo que no era esto.

Y este fue el momento en que cada advertencia que tuve encajó en su lugar.

Esa noche en cama junto a un Jasper durmiendo, finalmente comencé a investigar. El arrebato de Jasper me había dado más curiosidad sobre con lo que estaba lidiando. Con cada golpe en el ratón, me sentía más y más culpable de no haberme molestado más en evaluar con qué tenía se tenía que afrontarse él a diario. Se hizo más evidente que había sido muy indiferente en cuanto a ello.

Sintiéndome más y más intranquila con cada golpe de ratón, eché un vistazo a Jasper que estaba durmiendo pacíficamente, ajeno a lo que acababa de leer, dando vueltas en mi cabeza. Cada artículo sobre TDAH ponía las mismas cosas, las probabilidades no estaban a nuestro favor. Las relaciones que implicaban a una persona con TDAH eran difíciles de mantener. La gente que se casaba con pacientes de TDAH la mayoría acababa en divorcio y más y más.

Mirando el perfil de Jasper, con los labios ligeramente separados, no podía imaginar a ningún otro hombre a mi lado. Este era el hombre que amaba. Todo de él, las partes que funcionaban y las que no. Amaba completamente todo de él. Había aceptado ser su esposa sinceramente y antes que eso no rendirme nunca con él. Cerré mi portátil y me acosté a su lado, mirando su rostro. Había sido afortunada en el pasado. No había tenido que lidiar con lo que normalmente lo hacían otras mujeres para conseguir a uno de los buenos. Prácticamente había tenido relaciones adultas maduras que no habían funcionado por una cosa u otra.

Por mucho que me gustase la idea del amor, fue solo hasta que Jasper había llegado a mi vida que entendí que la poesía podía ser real. Especular sobre nuestra relación podía darme una gran angustia y dolor de cabeza, pero esa decisión ya había sido tomada.

Jasper me buscó en su sueño y me acercó a él. Con su suave respiración en el oído, sentí el escalofrío que me recorría siempre que estaba cerca de mí. En cierto modo, mi pasión por él era un dulce veneno. Ahora lo entendía mucho mejor y me deleité en mi amor por él, sabiendo que al final estar con él podía hacerme daño.

Rodeándole con los brazos, lo destapé y tragué. Su veneno puede venir a mí en cualquier forma. Sería su mejor contrincante.

—Oh, cariño —gritó mi madre—. ¡Esto es increíble! —Miró mi anillo y luego a mí—. Llamaste hace meses. Sabías que ese hombre te lo iba a pedir.

—Lo había esperado —comenté alegremente—. Nunca había sido tan feliz, mamá.

Rodeó la isla de la cocina y me abrazó.

—Así que, ¿cuándo es el gran día?

—Eso es lo que venía a decirte. Vamos a fugarnos.

Mi madre dejó de sonreír y me dio una mirada severa.

—Y una mierda lo harás.

—Mamá, es lo que queremos. No podemos pagar una gran boda y... ah, ah, antes de que digas nada, queremos tomar el dinero que papá y tú habríais gastado para invertirlo en una casa.

Mi madre dio vueltas.

—¡Tenemos fondos para vuestras bodas y finalmente obtengo aprobación y me arrebatas mi sueño! —Estaba enfadada y podía afirmarlo por cómo ensanchaba las fosas nasales, pero sobre todo por sus orejas enrojecidas, un signo claro de cuando éramos niños e íbamos a recibir un golpe en el trasero con la cuchara de palo.

Maldita sea esa dolorosa cuchara.

Pensando rápidamente, la recogí de la encimera y la escondí en un cajón antes de acercarme a ella.

—Queremos hacerlo a nuestra manera —argumenté—. Simplemente queremos estar casados, mamá. Nunca jamás, jamás he querido una gran boda. Queremos una casa. Eso es lo que no hace felices. Y te dejaré que nos ayude a elegirla, ¿de acuerdo?

Dejó de moverse con un suspiro.

—Lo superaré. Maldita sea, niña, al menos dime que tendrás hijos.

La miré y me quedé en silencio.

—¿Qué, eso también es demasiado tradicional para ti, Bella?

—No. Los tendremos... con el tiempo, algún día... tal vez.

Dejó su ataque y se sentó a mi lado.

—¿Qué pasa?

—Simplemente voy a decirlo. Pero, mamá, tienes que prometerme que no cambiarás tu opinión sobre él, ¿de acuerdo? Porque realmente no pasa nada, simplemente es algo con lo que él y yo tenemos que lidiar.

—Me están asustando —confesó, mirándome a los ojos.

—Tiene TDAH.

—Está bien —comentó, esperando algo más que eso.

—Ves, eso... justamente eso fue también lo que pensé.

—¿Estamos hablando en otro idioma? ¿Qué me estoy perdiendo? —Me colocó un mechón de cabello rojo detrás de la oreja y me miró—. Esos hermosos ojos azules que te dio tu padre merecen ser heredados, niña. ¿Cuál es el problema?

—Con el TDAH, es difícil mantener una relación normal. Hay cosas que él hace que lo dificulta.

—Sí, sé lo que es. Tienen dificultades en mantener la concentración.

—Es mucho más que eso —contradije, asustada de que mis palabras tal vez fuesen la razón de que asustase a mi madre.

—¿Cómo qué?

—El carácter, repentinos arrebatos incontrolables, ansiedad... Hay muchas cosas con las que tiene que afrontar en su interior.

Me dio una mirada recelosa.

—¿Abuso?

—Nunca —respondí rápidamente—. Sus comentarios pueden ser hirientes, pero no es abuso. Pero para traer un niño a la mezcla tendremos que esperar hasta que realmente estemos muy unidos.

—Cariño, ¿estás segura de esto? Quiero decir, me encanta Jasper. Parece un gran chico, ¿pero vale la pena para el resto de tu vida?

—Absolutamente, es él, mamá. Simplemente no nos insistas para tener nietos. Necesitamos tiempo para adaptarnos.

—Está bien, cariño, si estás segura. Pero si escucho algo diferente, meteré las narices en el asunto.

—Sus arrebatos son pocos y distanciados. En cuanto al resto, estoy acostumbrada, no me molesta. Me encanta estar con él. Es tan inteligente, mamá. Y, Dios, la forma en que me trata. No puedo tener suficiente. Nunca tendré suficiente. —Me lanzó una mirada y la abracé con fuerza—. Veo todo cuando le miro. Definitivamente es mi planeta.

—Esa mirada en tu rostro es la misma que tu padre tenía el día que naciste —aseguró entre lágrimas—. Estaba encandilado con Alex. Fue la primera. Pero te dio una mirada y parecía hundido.

Miré hacia mi madre, que tenía lágrimas en los ojos.

»Creo que fuiste su favorita desde el momento que viniste a este mundo. Ese hombre te ama con fiereza. Como padre, se supone que no eres parcial, pero siempre parecía sonreír un poco más cuanto estabas alrededor. —Las lágrimas vinieron con fuerza mientras abrazaba a mi madre, que me devolvió el abrazo—. Así que si ese hombre te trata muy bien y tú le amas tanto, tienes nuestra bendición.

Asentí mientras mi madre sollozaba entre mis brazos:

—Le echo mucho de menos.

La apreté más fuerte mientras susurraba:

—Estoy muy orgullosa de ti, mamá.

Esa fue la primera vez que había hablado conmigo sobre mi padre desde que murió y fue solo para asegurarme lo mucho que me amaba. Y esa fue la forma para mis padres. Todo fue por aquellos que amaban. Y así es como planteaba ser para Jasper. Y le amaría como me habían enseñado.

Abriendo los ojos después de un sueño muy necesitado, miré a los de mi amor.

—Buenos días.

—Buenos días —farfullé mientras Jasper levantaba la mano para apartarme el cabello del rostro—. ¿Qué hora es?

—Es hora de que nos casemos —dijo rápidamente, inclinándose para un beso.

—¿Puedo lavarme los diente primero?

Su mano bajó acariciando un lado de mi camisón, hasta tirar de mí para acercarme.

—Supongo. Quita un poco la espontaneidad de todo el asunto, pero el mal aliento puede arruinar la boda.

—No querría eso —afirmé, dándole un beso en la frente.

—Quiero tan desesperadamente hundirme en tu interior ahora mismo —masculló, levantando mi camisón para acariciarme el estómago—. Dios estoy tan duro solo de pensar que lleves mi apellido. —Bajó por mi cuerpo, empapándolo con los labios antes de apartarse y chocar las manos, sacándome de mi estupor—. De todos modos, chica. Ponte tu vestido de novia y reúnete conmigo en el altar.

Me quejé al sentarme en la cama mientras se ponía su mochila sobre el hombro y caminaba hacia la puerta de la habitación.

—Dos horas —indicó con melancolía mientras me sentaba al borde de la cama, el resto de mi sopor desapareciendo.

—Te amo. —Sonreí mientras se me acercaba.

—Te dejé algo sobre la mesa. Puede que tengas que traerlo contigo. —Un beso más suyo y desapareció por la puerta.

Me senté en el borde la cama cuando me di cuenta. Estaba a punto de ser una esposa, la esposa de Jasper. Aplaudí con excitación mientras me dirigía al armario. Jasper y yo teníamos una cita con el juez de paz y aunque nuestro matrimonio no era tradicional, conseguí un vestido de novia perfecto. No era completamente de novia, pero era hermoso, un vestido largo de seda, con el corpiño adornado con cuentas que fluía justo hasta debajo de mis rodillas.

Llevaba los zapatos de tacón plateados que me compró mi hermana meses atrás, sabiendo entonces que eran los zapatos que llevaría el día de mi boda.

Una hora después, Allie me saludó desde la puerta, estallando de emoción. Ella y Edward serían los únicos testigos de nuestra pequeña ceremonia. Mis hermanas seguían sin hablarme por ello.

—Oh mierda, te ves hermosa —comentó Allie, observando mi vestido y mi cabello recogido.

Me di una vuelta para ella.

—Una novia de saldo, pero novia de todas formas.

El gesto de Allie decayó.

—Quieres esto, ¿verdad, Bella? ¿Una boda pequeña?

—Quiero ser la esposa de Jasper. No me podría importar menos como va a suceder. Podríamos haberlo hecho en mitad de un concierto de heavy metal mientras sacrificaban vírgenes. Quiero el matrimonio, no la boda.

Allie asintió.

—Mientras tú estés feliz. —Me miró por encima del hombro.

Eché un vistazo para ver un pequeño ramo de rosas blancas y lavanda junto a un sobre que ponía "Novia". Miré a Allie con una sonrisa.

Acercándome, levanté el ramo e inspiré hondo. Abriendo la carta, maldije mi estupidez por no tomarlo antes y se me llenaron los ojos de lágrimas, luchando por no arruinar mi maquillaje.

Bella,

No sé cuál es tu color favorito. Se me ocurrió cuando encargué tu ramo que nunca te lo había preguntado. Luego me puse a pensar que nunca te he hecho suficiente preguntas. Un millón de escenarios me enturbiaron la mente, del modo que siempre sucede cuando entro en pánico. Pensé en todas las cosas que podrían salir mal hoy. Las cosas que podría posiblemente decir o hacer para arruinarte esto... a nosotros. Y entonces pensé en cuanto más podría haber hecho para darte lo que necesitabas de mí si simplemente me hubiese tomado el tiempo de hacerte más preguntas. Luego, tan rápido como entré en pánico, me di cuenta de que ya habías respondido la más importante.

Hoy, en el momento en el que te conviertas en mi mujer, me darás el tiempo y el permiso para hacerte tantas preguntas como quiera. Y por mucho que aún tenga sobre ti, estoy conforme con las cosas que sé de ti.

Sé que la forma en que me miras es incomparable. Sé que la primera vez que te besé mi corazón empezó a latir de modo distinto y solo por ti. Sé que tu amor es profundo y fuerte y tomó el hombre deforme que era y me moldeó en alguien del que finalmente sentirse digno. Sé que tu paciencia es un don creado solo para mí y para nuestro tiempo en nuestro pequeño universo.

Así que hoy el tiempo se detiene, la ansiedad se aleja y mientras espero por ti, estaré lo más tranquilo que haya estado jamás.

Te amo.

Jasper

PD: Voy a necesitar el anillo de este sobre.

Miré a Allie que había empezado a llorar cuando me vio llorar a mí, luego saqué su alianza del sobre.

—Oh Dios, por favor, déjame llegar a él.

Me encaminé hacia la puerta mientras Allie sacaba su polvera y la ponía frente a mi rostro.

—Oh, mierda —grité y corrí hacia el baño mientras Allie corría detrás de mí.

Después de una boda arrolladora que literalmente duró tres minutos, nos dirigimos a Hilton Head, una isla cerca de la costa del sur de california. Fue un marco más tranquilo para una luna de miel que Myrtle Beach llena de juerguistas o Charleston lleno de turistas. Jasper y yo fuimos para relajarnos. Tras nuestra llegada, Jasper insistió que fuésemos a un salón de tatuajes. Así que horas después de nuestra boda, me senté mirando a un tatuador poner tinta en el brazo de mi nuevo marido.

—¿Por qué tu apellido?

Me miró durante un largo momento y luego a las letras tatuadas en su antebrazo mientras las trazaba con el dedo y sonreía.

—Este nombre no significaba nada para mí hasta esta mañana. Pertenecía al bastardo que dejó a mi madre sin un centavo y completamente sola para criarme. Ahora, porque también es el tuyo, lo significa todo. Todo ha cambiado.

Sus palabras me golpearon como un mazo en el pecho. Alcé la mirada para ver su impresionante sonrisa.

—¡Oh Dios! Esa ha sido la mejor frase hasta ahora. Prométeme que siempre me las dirás. Prométeme que aunque hayas comprado la vaca seguirás trabajando para obtener la leche.

Se rio, al igual que hizo el tatuador.

—Siempre, nena.

—Y que no dejarás de encender velas.

—Eso es más para mí que para ti, pero lo prometo.

—Y que no dejarás de hacer esa cosa con la lengua.

El tatuador que se había presentado como Phil, se detuvo y nos miró a ambos una sonrisa engreída.

Jasper alzó las cejas y luego volvió a reírse.

—Tu diarrea verbal es encantadora, nena; pero mantengamos nuestros trucos en la cama para nosotros.

—Lo siento —murmuré, avergonzada mientras tomaba una revista.

Sentí crecer el sonrojo de mis mejillas y me hundí en el sofá de cuero. No sabía qué me había pasado. Ciertamente Phil tenía su propio truco con la lengua. Pero si mi madre sabía que estaba hablando libremente de felaciones en un salón de tatuajes, tendría un derrame cerebral.

—Oye —llamó Jasper justo cuando empecé a relajarme y a leer.

Levanté la vista y vi sus ojos animarse mientras vagaba la mirada de mis pechos a mi rostro.

—Haré esa cosa con la lengua en el momento en que te tenga en nuestra habitación.

El tatuador sonrió mientras mantenía los ojos en el brazo de Jasper, pero murmuró:

—Eso es.

—Es hermosa, ¿verdad? —le preguntó Jasper a Phil, contándome con sus ojos que estaba pensando en la forma en que me torturaría con su lengua.

Phil se detuvo y alzó la vista.

—Sí que lo es.

—Es toda mía —afirmó Jasper y el corazón me dio un vuelco—. Mi esposa.

De acuerdo, ahora estaba pensando en hacerle una mamada en un salón de tatuajes con público. Instantáneamente mi sexo empezó a humedecerse mientras observaba a Jasper entrecerrar los ojos.

—Phil, ¿puedes darnos un segundo? —pidió Jasper, manteniendo su abrasadora mirada en mí.

Phil volvió a sonreír apartó su taburete y se levantó.

—Iré a fumar.

Jasper le miró y susurró algo que no pude escuchar. Phil asintió y se fue.

Jasper permaneció donde estaba.

—Ven aquí, nena.

—No voy a tener sexo contigo en un salón de tatuajes. —Aunque mientras lo decía la idea me atrajo enormemente.

—Ven aquí, señora Whitlock.

Caminé hacia donde estaba sentado, con el brazo aún apoyado como si Phil estuviese trabajando en él. Aún avergonzada por mi exabrupto sexual, encontré difícil mirarle a los ojos.

—Mírame. —Su voz era ronca con necesidad y me permití pasar la mirada por los tensos músculos de su pecho cubierto por la camiseta y después me detuve más tiempo en su manzana de Adán. No me saciaba de él. Incluso después de todo nuestro tiempo juntos. No podía evitar la gran necesidad de tenerle una y otra vez. Mientras dirigía mi mirada a la suya, me di cuenta de que no estaba sola.

—¿En qué estás pensando, señora Whitlock? —Su voz tenía una pizca de humor mientras me interrogaba. Tenía la mandíbula tensa y se lamió los labios.

—Nada, yo... nada.

—¿Por qué eres tan tímida ahora? Tengo muy claro en qué estás pensando, así que dilo —me susurró con voz ronca mientras me temblaban las piernas—. Dilo.

—Te quiero —murmuré.

—¿Cómo? —cuestionó, mantuve la mirada en la suya hasta que la dejé vagar—. ¿Cómo me quieres?

Se me humedecieron las bragas, junté los muslos, mirándole a los ojos azules.

—Sobre mí, dentro de mí, lo necesito.

Me acerqué a él, así sus ojos estaban al mismo nivel que mi pecho y estuvo forzado a levantar los ojos para mirarme.

—Va a tener que ser más específica, señora Whitlock. —Alzó la mano como si fuese a tocarme y luego la bajó.

Fruncí el ceño por la pérdida.

—Dime exactamente lo que quieres.

Esperó pacientemente mientras estaba allí de pie, completamente excitada e incapaz de expresarme. Era totalmente contrario a mí.

—¿Estás húmeda?

Asentí.

—¿Estás dolorida?

Asentí de nuevo.

—Dime ahora mismo qué estás pensando.

—Tú, detrás de mí, duro —jadeé.

—¿Puedes sentirme, dentro de ti, llenándote?

Estaba empezando a respirar con rapidez y mis pezones podían cortar cristal. Simplemente seguí mirando a mi hermoso marido, excitada más allá del control. Esperé en vano a que me tocase.

—Jasper...

—Inclínate —ordenó, lamiéndose los labios—.Acércame la oreja.

Hice lo que me pidió, mi cuerpo bajo su orden. Cuando sentí su aliento en la oreja me estremecí.

»Voy a follarte tan duro y tan profundo cuando volvamos, que no volverás a dudar en decirme lo que quieres. Ahora ve a sentarte y quiero tus ojos sobre mí, imaginándome follándome hasta que nos marchemos.

Phil volvió a entrar y sentí el aire a nuestro alrededor disiparse ligeramente como si estuviésemos en una nube.

Mantuve los ojos en él mientras me miraba fijamente. Solo apartó su atención un par de veces cuando Phil le hablaba. Nos follamos con la mirada el uno al otro durante una buena hora hasta que Phil apartó su taburete de la mesa. Salté del sillón mientras Phil le daba a Jasper las instrucciones de cuidado. Jasper sostuvo la puerta para mí cuando nos marchamos y le acaricié la entrepierna adrede con una pequeña sonrisa.

En el auto no dijimos ni una palabra, la tensión entre nosotros se hizo inaguantable. Le vi removerse en su asiento, ajustándose mientras yo cruzaba y descruzaba las piernas. Corrimos hacia el ascensor como si nuestra vida dependiese de ello. En la puerta del hotel luché con la tarjeta de acceso mientras Jasper me rodeaba la cintura con un brazo mientras frotaba su erección contra mí. Cuando la puerta se desbloqueó, ambos suspiramos audiblemente, y tan pronto como se cerró me levantó la falda. Me apoyé contra la pared mientras Jasper me mantenía allí, con la mano puesta en mitad de mi espalda. Extendí la mano hacia abajo para tocar las punzadas entre mis piernas y luego me detuve.

Jasper viendo mi progreso, me alentó:

—Tócate, nena.

Bajé la mano, moviéndola por debajo de las bragas cuando Jasper me bajó la ropa interior justo por debajo de los muslos antes de separarme las piernas.

No tuve ninguna advertencia cuando se estrelló contra mí, mi cabeza presionada contra la pared y un grito saliendo de mis labios. Retirándose, volviéndome a penetrar completamente, mientras mis dedos finalmente se aferraron a mi montón de nervios.

—Joder, tan bueno. Dios, te amo —comentó Jasper, empujando otra vez, tan fuerte que hizo que me golpease la cabeza contra la pared.

Segundos después, me deshice en pedazos, incapaz de sostenerme mientras Jasper me llevaba a la cama, inclinándome sobre ella así que me vi forzada a sujetar las sábanas. Me sujeté mientras hacía exactamente lo que había prometido, dándome todo lo que pedí y mucho más. Justo antes de correrse, se inclinó, me rodeó el pecho con los brazos, manteniéndome pegada a él mientras se derramaba en mí.

Nuestra luna de miel fue todo lo que debería ser. Pasamos la mitad del tiempo desnudos y en la habitación del hotel y la otra mitad homenajeándonos con delicias del océano, jugando en la playa y dando vueltas como turistas.

Jasper estuvo más atento de lo que había sido nunca, sin su rutina habitual y las distracciones de casa que le mantenían ocupado. Era su centro principal y no pudo haber sido más perfecto.

Nuestra última noche pedimos al servicio de habitaciones, comiendo patas de cangrejo enmarañados entre las sábanas que habíamos arruinado. Rompió una pinza con sus manos y me maravillé con su fuerza y la destreza de sus dedos. Untó la dulce carne en mantequilla y lo llevó a mi boca antes de meterse mi pezón en la boca.

—Esto es el cielo —mencioné, mientras apartaba nuestro festín a un lado para atender su creciente erección y mi necesitado pezón.

—Estoy de acuerdo. —Detuvo su asalto el tiempo suficiente para mirarme, entrelazando nuestros dedos y cerniéndose sobre mí.

—¿Qué? —Le sonreí.

—Simplemente estoy pensando qué imbécil habría sido si te hubiese dejado alejarte. Y ahora eres mi esposa. ¿Cuán increíble es eso?

—Otra frase añadida a mi larga lista —musité, mientras me giraba la mano para observar mi anillo.

Mirando nuestras manos, se puso a mi lado, teniendo cuidado con su brazo vendado. Besó mi anillo con reverencia mientras le acariciaba el tonificado pecho con la punta de los dedos.

—Ahora no me alejaré.


Saben estuve muy dudosa de adaptar esta historia, ya que como veran es distintas a las otras que adapte y habla sobre algo con lo cual no estaba muy familiarizada y con lo que me costaba hacerme una idea, por momentos sentia que su relación era toxica pero despues de investigar me di cuenta de lo dificil que lo tienen las personas que tienen TDAH y lo estresante que debe resultar para sus familias, es por esto que quise tomarme el tiempo de adaptarla y mostrar como puede llegar a resultar esta "enfermedad". Espero que esten disfrutando de la historia.