En las paredes de la casa, se podía escuchar todo el bullicio que emitían los infantes mientras jugaban al corre que te pillo. Intentando salir de ese desorden que provocaban, Tony cerró la puerta y al fin pudo tener un poco de paz. El sótano era el mejor lugar para poder ordenar sus pensamientos cuando necesitaba un poco de paz y armonía. Sin embargo, el omega no se encontraba solo. En cuanto abrió los ojos se encontró con sus hijos mayores, quienes no se molestaron en su presencia.
Sintiéndose invadido por ellos, dijo:
-¿Y ustedes qué hacen aquí?
Los niños se hallaban jugando con el playstation que el hijo menor había recibido para navidad. Sin despegar la mirada del televisor, Harley dijo:
-Pues por la misma razón que tú estás aquí
-Queríamos solo un poco de paz, papá-comentó Peter fastidiado- con todo el alboroto que están armando los amigos de María es un poco difícil encontrar silencio.
María recientemente cumplió sus siete primaveras y había rogado por celebrar su cumpleaños con una fiesta en casa. Tanto Tony como Steve no pudieron negarse al pedido de la niña. Así que invitaron a todos los amigos que ella pudiera tener. Sin embargo, Tony nunca imaginó que su hijita pudiera tener tantos amigos. Bueno, no era algo de sorprenderse, ella había sacado el lado sociable de él. Era de esperarse que fueran muchos. Sin embargo, ahora se lamentaba. La casa estaba patas arriba y eso le estaba colmando los nervios.
-Malditos granujas- dijo el castaño- se supone que este sería mi refugio.
-Nuestro refugio- dijo Harley.
-Por cierto- dijo el omega mirando hacia todos lados- ¿Dónde está su padre?
-Está arriba- dijo el alfa jugando lo que parecía ser Mario Bross- le dijimos que viniera a esconderse con nosotros, pero insistió en mantener la vigilancia.
-Será mejor que vaya a verlo, de seguro necesitará ayuda- dijo Tony mientras subía las escaleras.
-¿Nos puedes traer comida?- preguntó Harley suplicante- estamos hambrientos.
-Vayan ustedes por ella –dijo el omega ignorando por completo el berrinche de sus hijos- para eso tienen piernas y brazos.
-¡Pero papá!
Sin embargo, el señor Rogers no se compadeció de sus hijos. Eso fue lo último que escuchó antes de cerrar la puerta. Respiró hondo para emprenderse hacia el campo de batalla. Entre medio de la búsqueda de su esposo, chocó con uno que otro niño. Se veían felices, de seguro por todo el azúcar que habían digerido. En parte era su culpa por proponer helado de chocolate y brownie como postre. Steve se lo advirtió, pero como buen esposo que es no le hizo caso en nada. Y eso que todavía faltaba cantar el cumpleaños feliz.
A medida que avanzaba, el ruido se hacía más y más intenso, estaba a punto de retroceder cuando por fin encontró lo que tanto buscaba. Steve se encontraba en el marco de la puerta mirando quién sabe qué. Se movió lentamente para asustarlo. Sin embargo, prefirió resistirse al ver cuán concentrado se hallaba.
-¿Qué es lo que tanto miras, Steve?
-Tony- dijo Steve volteándose para mirar a su marido- solo veía a los niños jugar. ¿No ves cuán adorables son?
El omega asomó su cabeza y observó cómo los niños corrían a lo largo de toda la sala, ensuciando todo lo que pillaban a su paso. Puso una mueca de disgusto y dijo con sarcasmo:
-Por supuesto que sí.
-María se ve contenta- dijo Steve con la mirada puesta en la pequeña.
En la sala, la rubia era el centro de atención, ella se encontraba con los ojos vendados jugando a la gallinita ciega. Los niños corrían y se subían arriba de los sillones para no ser alcanzados por ella.
-Lo mismo digo. Se ve feliz.
-Creo que lo hicimos bien- dijo Steve con una sonrisa en el rostro. De pronto, sus facciones se suavizaron –está creciendo muy rápido. Siento que fue ayer cuando le cambiaba los pañales.
-O cuando llegaba a nuestro cuarto porque le tenía miedo a la oscuridad.
-Sí…-dijo el alfa sonriendo al recordar lo bello que eran esos momentos.
Luego se volteo para mirar a su esposo. El aroma que desprendía Steve era suave, dulzón pero no tanto para que fuera empalagoso. Eso preocupó un poco al omega. Se acercó al alfa para intentar descubrir qué era lo que pasaba por la mente de su esposo.
-¿Steve? ¿Sucede algo?
-Yo…-dijo temerosamente, luego tomó las manos de Tony y lo miró fijamente – estaba pensando en la posibilidad de tener otro bebé.
-¿Qué? ¿Otro bebé?-preguntó el omega confundido- ¿te volviste loco acaso?
-¿Por qué no?
-¿No te bastan con los tres que ya tienes?
-Pero los niños ya están grandes. Un cuarto hijo no suena mala idea.
-No, Steve- negó el castaño de manera rotunda- ya no estamos para criar más bebés.
Su sentencia era definitiva y nada lo haría cambiar de opinión. Ni siquiera su alfa. Terminando por completo la conversación, Tony se retiró del lugar dejando solo a su esposo.
De pronto, un duro golpe lo trajo a la realidad. El omega despertó de sopetón. Abrió los ojos para orientarse. Sin embargo, se vió obstaculizado por su propio vientre. Con cuidado y lentamente, se irguió para hallar mayor comodidad, la espalda baja le estaba doliendo y el bebé no se había quedado quieto en toda la noche.
Al parecer fue un sueño, pensó Tony. O mejor dicho un recuerdo del pasado, el cual lució tan nítido y reciente.
-Mierda…- dijo el omega mientras fruncía el ceño. El bebé había vuelto a patear pero con mayor intensidad esta vez.
-¿Qué ocurrió? –despertó el alfa al ver a su castaño sentado en la cama.
-Solo pateó muy fuerte- dijo Tony mientras se acariciaba su redondo e hinchado vientre- me pilló desprevenido.
Steve puso una mueca de tristeza. Tony estaba llegando a las últimas semanas del embarazo y cada vez se le estaba haciendo más difícil lidiar con él. El omega se veía cansado, no podía descansar de la manera adecuada, ya que, le costaba encontrar una posición adecuada para poder dormir. Con el pretexto de querer más espacio, Tony hecho al alfa de su cama y lo envió directo hacia la habitación de invitados, la cual ahora era la nueva habitación para el bebé.
-¿Has dormido un poco?-preguntó Steve mirando lo incómodo que se veía el omega.
-Para nada- dijo el omega con desagrado- me duele la espalda y de nuevo tengo hambre.
-¿Quieres que te traiga algo?
-No, son las tres de la mañana- dijo el omega- mañana a primera hora me preparo algo para comer.
Los ojos del castaño se cerraban solos, al alfa le daba lástima ver a su omega tan agotado. Lo bueno es que faltaba poco para que llegara el gran día y después de ello, él se encargaría de verlas las noches de su cachorro.
-Estaba pensando –dijo el alfa mirando distraído hacia la ventana que tenía en frente de él- que el bebé ya va a llegar y que todavía no hemos buscado un nombre. Sabemos que será un varoncito. Podríamos empezar ahí. También sería una buena idea incluir a los niños, así ellos se sentirían más…
Sin embargo, el omega estaba prestando atención nula a lo que su esposo decía. Steve siguió hablando hasta que se percató de que no recibía respuesta alguna. Se volteo a su derecha para encontrar a su esposo roncando pausadamente. Sonrió levemente y tapó al castaño para que no se resfriara. Últimamente el pobre sufría de bochornos, lo cual generaba que se destapara cada cinco minutos por el excesivo calor que estaba sintiendo.
Al menos ahora podrá dormir un poco, pensó Steve observando descansar a su marido. Él también estaba cansado. Sin embargo, no se comparaba al cansancio de su omega. Lo mejor que podía hacer ahora era descansar.
Le dio un beso de buenas noches a su esposo y finalmente apagó la luz.
. . .
Los cuatro pares de ojos miraban con atención como el auto se movía lentamente. Tony contó mentalmente todo lo que tenía que avanzar, rogando por no tocar la zona prohibida por la que transitaba. Sin embargo, por más que lo hizo, se estacionó ahí. Harley quien miraba con una sonrisa malévola todo el movimiento, miró a su padre y con triunfo dijo:
-Son trescientos mil.
-¿Trescientos mil? –Espetó Tony consternado- es una locura.
-No, papá- mencionó Peter – Harley tiene razón.
-Pero ¿Cómo es posible que sea tanto dinero?
-Pues tiene tres casas y un hotel ¿Qué esperabas? –agregó Peter.
-Vas a quedarte pobre papá- mencionó María algo apenada.
-Vamos papá tienes que pagar.
Los cuatro integrantes de la familia se encontraban jugando al típico juego rompe amistades. El clásico Monopoly. Tony estaba por perder la paciencia. Los niños le habían robado gran parte de su capital, y por obras del destino ninguno caía en sus propiedades.
-No tengo más dinero.
-Bueno, eso puede arreglarse- dijo Harley juntando sus manos- puedes darme el Whale Street.
-¿Estás loco? Por supuesto que no lo haré.
-Es eso o quedarte en bancarrota.
-Vamos, te puedo ofrecer el aeropuerto.
-No lo quiero.
-Vamos papá- dijo Peter fastidiado- hemos estado jugando por horas. Deja que Harley gane el estúpido juego. ¡Me duele el trasero!
-Pues ya me cansó este juego.
El omega tomó el tablero y lo arrojó de tal forma que todas las piezas volaron por todo el aire hasta finalmente caer al suelo. María giró los ojos y suspiró tomándose la cara con sus manos. Peter quien estaba acostumbrado al berrinche de su padre prefirió irse y dar el juego por terminado. Mientras que Harley frunció el ceño y miró enojado a su padre.
Entonces dijo:
-Eres un mal perdedor. Siempre haces lo mismo.
-¿Y? ¿Acaso tú no eres igual?
-Al menos yo gané- dijo el menor sacándole algo bueno al juego- te deje en bancarrota.
Tony refunfuñó amurrado. Como odiaba perder en los juegos de mesa.
-Será mejor ordenar- dijo María agachándose para tomar las piezas. Harley suspiró e hizo lo mismo.
En eso los pies de Steve se hicieron presentes. Había llegado tras una ardua jornada de trabajo. Al ver a sus hijos recogiendo las piezas del Monopoly y el dinero de papel dijo:
-¿Perdiste otra vez?
-¿Tú qué crees?-preguntó Harley mientras juntaba los billetes verdes.
-Siempre han estado advertidos cuando juegan con su padre. Él es un mal perdedor.
-¡Oye!
-Pero si es la verdad, Tony.
El omega se alejó del alfa y se fue directo hacia la cocina. Sin embargo antes de desaparecer dijo:
-Dile a Peter que ponga la mesa. La cena ya está lista.
-¿Qué preparaste para cenar? –preguntó Steve entusiasmado.
El rubio tenía mucha hambre y eran pocas las veces que Tony cocinaba. Últimamente lo hacía casi todos los días, con tal de ayudar un poco y no sentirse tan inútil. No era tan exquisita como la comida que preparaba Steve, pero poco a poco su mano parecía mejorar.
-Hice mi famoso plato que te importa- dijo desde la cocina.
-Pero que apetecible, amor- dijo Steve siguiéndolo hasta la estancia- Te ayudare a servir.
Pese a todo el pleito que había conllevado el juego, la cena transcurrió de manera amena. Los niños comentaron como les fue en su día en el colegio. María les había dicho a todos sus amigos que tendría un nuevo hermanito. Ya faltaba poco y estaba bastante entusiasmada. Tony comentó que Pepper lo fue a visitar para mantenerlo al tanto con el negocio de su cliente. Trabajaba desde casa, lo hacía con la misma eficiencia de siempre solo que ahora era mucho más calmado porque no tenía que poner un pie fuera de la casa. Si fuera por Steve, lo privaría de cada uno de sus deberes. No quería estresar al omega con trabajo. Sin embargo, no podía hacer mucho con un esposo tan trabajólico como el suyo.
Luego de que sacaron la losa de la mesa y la lavaron. La familia se encontraba reunida mirando una película. Sin previo aviso, Steve tomó el control remoto y le puso pausa a la película. Sus hijos e incluso Tony se voltearon para reprochar la repentina acción. Entonces dijo:
-Creo que es importante discutir algo ahora.
-Pero estamos en medio de la película- dijo María.
-La podemos ver después- dijo Steve consolando a la pequeña- pero es necesario ver el nombre de su hermano. Su padre y yo pensamos que sería una buena idea que ustedes nos ayudaran a elegir uno.
- ¿Así? –preguntó Tony en voz baja, sin poder recordar lo que contaba su esposo.
-Lo hablamos la otra noche, Tony- susurró Steve en el oído del omega.
El castaño asintió con la cabeza y le siguió el juego a su marido. De todas formas, lo hubiera hecho.
-Así que dennos opciones- dijo Tony - ¿Cómo les gustaría que se llame su hermano? Somos todo oídos.
- Yo opino que lo llamemos Harley ll
-Sigue participando- dijo Tony dedicándole una mirada a burlona a su hijo.
-¿Vicent? –preguntó María.
-No me gusta –dijo Steve recostándose en el sillón.
-¿Por qué?-preguntó Tony- No suena tan mal
-Tenía un compañero que se llamaba así. Siempre se las empeñaba para hacerme la vida imposible.
-Entonces ese no. ¿Qué tal Alfred?
Los niños negaron rechazando la posibilidad. Descartando ese último, siguieron en busca de más. Entonces Steve pareció recordar algo.
-Tu padre.
-¿Qué? –preguntó el omega sin entender.
-Recuerdo que tu padre dijo que tu madre quería ponerte un nombre, pero a él no le gustó y optaron por llamarte Anthony.
-No lo puedo recordar- dijo Tony intentando hacer memoria- pero si no lo pusieron fue por algo ¿no?
-Puede que tengas razón.
Y así, se pasaron gran parte de la noche averiguando los posibles nombres para el futuro miembro de la familia.
. . .
Cuando Steve se rindió junto a sus hijos, se dirigió a su habitación para descansar. ¿Por qué le costaba tanto trabajo encontrar un nombre? Los nombres de sus demás hijos no fueron tan complicados de elegir. Sin embargo, su cerebro no parecía apoyarlo completamente.
Al entrar a la habitación, se encontró con Tony pegado a la pantalla del notebook. Tenía puestos sus lentes de lectura y ni siquiera se había inmutado ante la presencia del alfa.
-¿Qué haces? –preguntó Steve sentándose en la cama y asomando la vista en la pantalla.
-Necesito arreglar algo antes de enviarle el presupuesto a Pepper- dijo Tony mientras tecleaba.
El alfa suspiró y se levantó de la cama para desvestirse. Cuando ya se encontraba listo para ir a dormir, el alfa se acostó bajo las sábanas y se acurrucó en el brazo de su esposo.
-¿Te falta mucho?- preguntó impacientemente Steve.
-Solo unos pequeños detalles. Trata de dormir, Steve. Mañana tienes que ir a trabajar.
-No puedo dormir sin que tú duermas.
-No actúes como un niño, Steve. Me falta poco.
Pasaron unos cuantos minutos, antes que el omega cerrará el documento de Word. Apenas lo hizo, Steve cerró el computador y se lo quitó de las manos.
-Oye, se lo tenía que enviar a Pepper.
-Por la hora que es, estoy seguro que Pepper se encuentra durmiendo.
-Pero…
-Ella entenderá- dijo Steve incitando al omega a dormir- debes descansar.
Hablando entre dientes, el omega se recostó al lado de su esposo. Sin embargo le dio la espalda ignorándolo completamente. Steve, quien no se sentía intimidado, se acercó al castaño para rodearlo entre sus brazos y lo atrajo a su cuerpo. Tony no opuso resistencia y se acurrucó entre el cuerpo del rubio.
-Que duermas bien- dijo el castaño antes de cerrar sus ojos.
-Que descanses amor.
. . .
Horas más tarde Steve se removió en la cama. Sin embargo, el cuerpo de su esposo no se hallaba ahí. Abrió los ojos encontrándose con el otro lado de la cama completamente vacío. Frunció el ceño. ¿Dónde se habría metido?
Steve se levantó de la cama en busca de su omega, no era como si este pudiese llegar muy lejos. Su vientre y sus pies se lo impedían.
Haciéndose una idea de donde se podría ubicar Tony, Steve bajó las escaleras. Acertando, se encontró al castaño sentado en el mesón de la cocina. Entre sus muslos descansaba un pote de helado de chocolate suizo. Ese era uno de los antojos más recurrentes en este embarazo. El omega, quien se sintió descubierto por su alfa dijo:
-¿Vienes a reprocharme?
-Claro que no- dijo Steve encogiéndose entre sus hombros.
Se acercó al mesón y abrió uno de los cajones que se encontraban ahí. Entonces, sacando una cuchara se acercó al gestante y se sentó:
-Vengo a comer contigo y a hacerte un poco de compañía.
Tony sonrió y levantándose tomó la mano de su esposo y juntos fueron hacia un lugar más cómodo.
Una vez que se sentaron en el sillón de la sala, Tony apoyó su cabeza en el hombro del rubio. Ambos comían lentamente el helado. Entonces el rubio dijo:
-Fue imposible.
Tony lo miró y preguntó:
-¿Qué cosa?
-Encontrar un nombre.
-No te martirices por eso, Steve- dijo el omega llenándose la boca con helado.
-Pero es importante.
-Lo sé –dijo Tony mientras tragaba- pero a este bebé le queda tiempo para salir. Ya veremos un buen nombre.
Steve suspiró cansado mientras observaba al omega comer más helado. Tony, quien de pronto se sentía observado, dijo:
-Odio que hagas eso.
-¿Hacer qué?
-Que me mires comer.
-Deberías ya haberte acostumbrado- dijo el rubio sonriendo- siempre estas comiendo.
-Tonto- dijo el omega sintiéndose ofendido.
-Vamos, solo fue una broma- dijo Steve acercando el mentón del castaño para besarlo.
Los labios sabor chocolate le sabían deliciosos. Pasó la lengua entre estos para quitar todo el contenido de helado que quedarán en ellos.
-Sabes rico-dijo Steve en cuanto se separó de su esposo.
-Siempre lo he hecho.
Cuando Tony terminó por completo de comerse la casata de helado, comenzó a bostezar. Aprovechando de que al omega le estaba entrando el sueño, Steve lo tomó de la mano y dejando el plástico en la cocina se llevó a su marido a la cama.
. . .
Tony miraba a su esposo casi al borde de los nervios. Suspiró por quinta vez y se sentó en la cama para descansar por unos minutos. Las piernas lo estaban matando y observar a su esposo era una tarea que le quitaba energías. Sobretodo cuando este se ponía tan histérico.
-Steve es la quinta vez que revisas ese maldito bolso- dijo Tony quitándose los zapatos con los dedos de los pies-está todo ahí adentro. Además, todavía falta al menos tres semanas para que este bebé salga.
-Lo sé, pero quiero corroborar si necesitamos más cosas.
-Por Dios- dijo levantándose lentamente de la cama- me estresa verte así. Lo mejor será que me ponga a preparar el almuerzo.
-Creo que nos faltan más pañales de bebé recién nacido.
-Nos duraran como tres días, los bebés crecen muy rápido.
-Pero creo que tres paquetes es muy poco.
-Es demasiado, Steve.
-Iré a comprar más al centro comercial.
-¡Ay! hablar contigo es hablar con una pared- dijo Tony retirándose de la habitación.
Lo único que necesitaba en estas últimas semanas era paz y tranquilidad. Sin embargo, con un esposo tan neurótico como lo era Steve, no podía estar relajado. Es mas, lo hacia enojar más.
Se frotó el vientre al sentir una imprevista punzada en su vientre. Su bebé estaba pateando demasiado fuerte. Masajeó el lugar adolorido y respiró hondo. El ponerse tenso, también le estaba pasando factura al bebé.
-Tu padre nos está poniendo nerviosos ¿verdad?-le dijo a su vientre.
-¿Estás bien papá?-preguntó Peter viéndolo bajar de las escaleras.
-Sí-respondió Tony afirmándose del brazo que Peter le estaba ofreciendo- es solo que el nerviosismo de tu padre me esta enfermando. Dime, ¿qué te gustaría almorzar?
-Lo que tú quieras.
-Vamos, estas últimas semanas he estado regaloneando mucho a Harley y a María. Es tu turno de elegir tu comida favorita. Después de que nazca el bebé, ya no tendré tiempo para ti.
-No es necesario, papá.
-Vamos, Peter. No me hagas suplicarte ¿si?
El alfa rodó los ojos y luego respondió:
-Lasaña.
-Lasaña, lasaña será entonces.
Tony se dirigió a la cocina para preparar el dichoso plato, en eso María observaba como el omega se colocaba el delantal rosado. Su padre se movía chistosamente, y eso la hacía sonreír. En eso, su padre Steve apareció acelerado.
-Tengo que ir al centro comercial.
-¿Qué nos faltó esta vez?
-Toallitas.
-¿Toallitas?
-Nunca son suficientes.
-Esta bien, si crees que hacen falta ve a buscar algunas. Solo dejame tranquilo.
-¿Quieres acompañarme, princesa?- preguntó Steve sonriendole a la rubia.
-¡Si!
-Pregúntale a los niños si quieren ir con ustedes-dijo Tony- Creo que tenían que ir a buscar algunas cosas.
-Esta bien. Por cierto- dijo Steve antes de salir de la cocina- en unos minutos vendrá Nat.
-¿La tía Nat vendrá a almorzar?-pregunto María emocionada.
-Si, ¿por qué vendrá la tía Nat?- preguntó Tony cruzándose de brazos- no me digas que la llamaste para que me cuidara en tu ausencia.
-No, por supuesto que no.
-Si claro- dijo Tony regañándolo con sarcasmo.
-Princesa- dijo Steve atrayendo la atención de la niña- ¿por qué no vas a preguntarle a tus hermanos, si? ¿me harias ese gran favor?
-Por supuesto, papi.
-Esa es mi niñita.
Luego de que la niña saliera de la cocina, Steve tuvo la oportunidad de estar un tiempo a solas con su marido. Los últimos días ambos habían estado con los nervios de punta. Y si bien, el castaño no lo aparentaba, el rubio sabía claramente que el temor del castaño se iba a acrecentando a medida que el día del parto se acercaba.
Viendo como su esposo le daba la espalda, Steve rodeó sus brazos en la cintura de este.
-¿Me perdonas?- dijo Steve luego de besar el hombro de su esposo.
-¿Por qué debería hacerlo?- preguntó Tony tratando de hacerse el difícil.
-Sé que ambos hemos estado tensos en estos días. Y tampoco he sido de mucha ayuda. Se supone que soy yo el que debe darte calma.
-Esta bien, entiendo que te pongas de esa manera, Steve. Eres humano después de todo. Solo recuerda que ya hemos pasado tres veces por esto. Debería ser pan comido ¿no? Estamos juntos en esto.
- Si, pero siempre será como si fuera la primera vez- dijo abrazándolo cuidadosamente de no aplastar mucho el vientre.
-Para mi igual.
-Te amo- dijo el rubio cariñosamente.
- Yo igual -dijo Tony dándole un casto beso en los labios.
-Awwww, yo también los amo.
Los esposos interrumpieron su beso para observar a la pelirroja, quien se encontraba apoyada en el marco de la puerta.
-Lo siento si los interrumpí, chicos.
-No te preocupes- dijo Steve soltando a Tony.
-Podrías haber avisado al menos. Me podría haber vestido sabes.
-Tranquilo, te he visto con menos ropas. Además, no te ves tan mal con ese pijama de Steve.
-¿Cómo es que sabe que es tu pijama?
-Me lo compró para navidad.
-De hecho, tú me acompañaste.
-Cierto, cierto.
-¡Tía Nat!- exclamó María lanzándose sobre la pelirroja -¿me viniste a ver?
-Por supuesto que sí.
-Pero ahora no podre jugar contigo, acompañaré a mi papá al centro comercial. A él no le gusta ir solo.
-Lo sé, te esperaré para que me enseñes tus muñecas ¿si? Mientras tanto cuidaré a tu papá Tony.
-Por favor vigilalo-dijo Harley apareciendo para saludar a la alfa- Está lo suficientemente grande para que haga las tareas de la casa.
-¡Oye!
-Esperen en el auto, niños- Dijo Steve acercándose la pelirroja- por favor cuídalo, ¿si?
-Por supuesto.
Tony refunfuñó y puso nuevamente sus manos en la olla.
-¿Necesitas algo, cariño?
-Creo que no. De hecho, si. ¿te acuerdas de esas serpientes de goma que venden por peso? Me dieron unas profundas ganas de comer algunas.
-Esta bien. Cualquier cosa me llamas.
-Solo vete, Steve.
El rubio desapareció de la cocina dejando a la alfa y al omega a solas. Tony tomó una cebolla y comenzó a picarla.
-Me esta volviendo loco.
-Me lo imagino, pero ya deberías estar acostumbrado. Siempre se pone paranoico cuando se acerca la fecha límite. Por cierto ¿cómo te sientes? ¿ya has sentido las contracciones?.
-Algunas ya se han hechos presentes.
-¿Le has dicho a Steve?-preguntó la pelirroja levemente preocupada.
-No, no quiero que exagere más de lo que ya lo está haciendo. Además, es normal a estas alturas.
-Entiendo, ¿estás ansioso?
-Sí- dijo Tony con un poco de molestia- lo único que quiero es que salga. Mi cuerpo ya no está para más bebés. Mis huesos están hecho polvo.
-¿Cerrarás la fábrica luego de este?.
-Se supone que debió haber cerrado con María, pero mírame aquí. Este será mi cuarto hijo. Todavía recuerdo cuando le negué rotundamente a Steve que no tendríamos más bebés.
-Steve suele persuadirte bien-dijo la pelirroja con picardía.
-Lo sé, pero esta será la última vez. Este campeón será el último.
-¿Y ya le encontraron un nombre?
-Todavía no, y eso estresa a Steve con creces. Ya se nos ocurría algo.
-¿Quieres que te ayude a cocinar?
-No es necesario- dijo Tony- gracias a tu marido, ya no puedo hacer muchas cosas. Solo puedo limitarme a cocinar. Eso sí, te agradecería si puedes pelar algunos tomates.
La pelirroja asintió buscando unos cuantos tomates que se hallaban en el refrigerador. En eso Tony se paralizó. Una fuerte contracción se había presentado. Se sujetó del mesón y respiró hondo esperando a que pasara. En cuanto lo hizo, prosiguió con su trabajo de picar cebollas pero ahora buscando un asiento. De seguro llevar tanto tiempo estando parado le estaba molestando bebé.
El tiempo transcurrió y poco a poco ambos fueron terminando la lasaña. La casa comenzó a inundarse del exquisito aroma de la comida, haciendo que a ambos les diera un gran hambre.
-Espero que los chicos ya están por llegar-dijo Tony lavándose las manos.
-De seguro ya vienen en camino.
-Por mientras iré a vestirme. No me gusta estar en pijama todo el día, a pesar de que sea la única prenda que me sea cómoda en estos momentos.
-Adelante, por mientras prepararé una ensalada.
Subió con lentitud las escaleras y buscó una de las camisetas de Steve. Eligió una azul rey y se puso unos pantalones deportivos color gris. Estaba poniéndose las pantuflas cuando sintió el bullicio de sus hijos invadir el silencio de la casa.
Menos mal llegaron, ya tenía hambre, pensó Tony para sí mismo.
Fue a la cocina y observó a Steve conversar con Nat, en cuanto se percataron de su presencia, el rubio se le acercó.
-Te traje un engañito.
-¿Para mi?
-Tómalo como una ofrenda de paz.
Tony rápidamente sonrió al ver la bolsa de papel con su logo favorito. No necesitaba abrir la bolsa para saber qué era lo que le había traído su marido.
-Me trajiste un cuarto de libra con queso. Gracias. La comeré más tarde, ahora vamos a servir el almuerzo.
-Está bien-dijo el alfa- niños, necesito que pongan la mesa.
-Yo los ayudo- dijo la pelirroja llevando la ensalada.
Steve se puso los guantes y revisó el horno. La lasaña lucia apetitosa.
-Vaya se ve espectacular, amor. Estas mejorando progresivamente.
Sin embargo, Steve no recibió respuesta alguna del elogio. Se volteo para ver que Tony se había quedado quieto. Tomó su hombro para atraer su atención.
-Cariño ¿todo bien?
-Por supuesto- dijo Tony saliendo del leve trance- me distraje buscando los platos.
Steve asintió. Sin embargo, se preocupó al ver que el piso se encontraba mojado. Miró a Tony percatándose de que sus pantalones estaban completamente húmedos.
-Ay Dios- dijo Tony poniéndose pálido de pronto.
-No tenias ganas de ir al baño ¿cierto?
-Me temo que no.
Luego, otra contracción se hizo presente. Tony cerró los ojos fuertemente, soltando el plato que traía entre sus manos. Steve se acercó rápidamente a él y lo sujetó para evitar que el castaño se cayera.
-¿Qué sucedió? -preguntó Nat acercándose junto Peter.
-Creo que Tony rompió fuente.
-¿Osea que el bebé ya viene?-preguntó Peter al ver como su padre llevaba a Tony entre sus brazos.
-Así es- dijo Tony forzosamente- debes llevarme con Bruce rápido.
-Lo llamaré para que este apenas lleguen al hospital-dijo Nat tomando su celular nerviosamente.
Todo parecía ir en cámara lenta. Steve cargó a Tony y lo llevó lo más rápido que pudo al auto, lo sentó en el auto del copiloto abrochando perfectamente su cinturón.
-¿Te duele mucho?
-Es soportable por ahora.
-Ya llamé a Bruce, dijo que estará esperándolos.
-Perfecto-dijo Steve dirigiéndose a la alfa- Nat, necesito un favor. ¿podrías quedarte con los niños?
-Por supuesto, cuenten conmigo.
-Gracias.
-Papá- dijo Peter acercándose corriendo a ellos- tienen que llevarse el bolso.
-Gracias, Peter- dijo Steve tomándolo entre sus manos- ¿ves que fue buena idea, Tony?
-No empieces ahora, Steve- dijo Tony respirando con dificultad.
-Lo siento. Peter, tu tía Nat se quedará con ustedes mientras tanto. Cualquier cosa, los llamaré ¿si? Los pondré al tanto.
-Sí papá-dijo Harley.
Steve se subió en el auto y tomó rumbo hacia el hospital. Condujo lo más rápido que pudo mirando de vez en cuando a Tony, quien respiraba lentamente para apaciguar el dolor que llegaba cada ciertos instantes. El alfa pudo percibir el aroma a miedo que emanaba su omega.
Cuando llegaron al hospital, Steve rápidamente se bajó para abrir la puerta de Tony.
-¿Crees que puedes pararte por ti mismo?-preguntó preocupado.
-Sí-dijo Tony poniéndose de pie con dificultad.
Se aproximaron a la entrada principal del establecimiento y apenas entraron pidieron una silla de ruedas.
-¿Dónde demonios está Bruce? -preguntó Tony.
-La enfermera dijo que vendría en unos minutos- dijo Steve sentándose a su altura- tendrás que ser paciente, amor.
-Claro, como tú no eres el que está pariendo.
-Lo siento -dijo Steve tomando las manos del omega- no sé como ayudarte mas en estos momentos.
-Tranquilo, está bien con que me acompañes.
Nuevamente el aroma de preocupación inundaron las fosas nasales del alfa. Tony tenía la mirada inquieta y podía sentir cómo las manos de él temblaban sobre más suyas.
-Todo estará bien, amor- dijo Steve llevando las manos del castaño a sus labios- tú mismo lo dijiste, es pan comido.
-No sé cómo lo haremos con cuatro hijos- dijo Tony inseguro.
-Lo haremos de la misma manera que lo hicimos con los otros tres. Lo haremos bien. Te lo prometo.
-Prometes muchas cosas, Steve.
-¿Y te he fallado en alguna?
Steve no necesitó respuesta por parte de su esposo. Este sonrió radiantemente, lo cual hizo deslumbrar al rubio. Sin embargo, esta sonrisa no duró mucho, ya que, rápidamente fue opacada con una mueca de dolor.
-Me duele- dijo Tony con un hilo de voz.
-Tranquilo, ya estoy aquí- dijo una voz a sus espaldas.
Ambos hombres alzaron la mirada para encontrarse con la simpática sonrisa del beta.
-Te demoraste- dijo el omega.
-Vine lo más rápido que pude. ¿cada cuánto son las contracciones?
-cada dos minutos más o menos-respondió Steve.
-Perfecto, tendrás que pasar a pabellón-dijo Bruce tomando de la silla de ruedas para llevarse al omega.
-Steve- dijo Tony con un nudo en la garganta. Tomó firmemente la mano del alfa queriendo no separarse de él-todavía no le elegimos un nombre
-No importa, se lo pondremos apenas lo veamos ¿si? todo estará bien-dijo Steve transmitiéndole fuerza a su omega- lo harás igual que las otras veces. En unos momentos tendrás a nuestro pequeño en tus brazos.
El omega asintió y soltó de la mano de su alfa. Steve lo siguió con la vista hasta que entró a la dichosa sala y en cuanto desapareció dio un gran suspiro y se sentó. Se frotó las manos con nerviosismo e hizo lo único que podía hacer en momentos como estos.
Esperar.
. . .
María miraba como Natasha tenía puesto el delantal rosa de su padre. Para distraerla, a la pelirroja se le había ocurrido la brillante idea de hacer galletas con chispas de chocolate. Sin embargo, ella sabía que su sobrina no era tonta. Estaba consciente de todo lo que estaba ocurriendo.
-¿Papá vendrá con mi hermanito?
-Así es- respondió la alfa.
-¿Y crees que tomen mucho tiempo?
-No lo sé-dijo Natasha apoyándose en el mesón- todos los bebés son distintos.
-¿Cuando podremos visitar a papá y al bebé?
-Cuando tu papá Steve nos llame y diga que podemos ir a verlo.
-Está bien- dijo la rubia. Luego miró a la alfa con sus grandes ojos inocentes- ¿papá estará bien?
Al verla de esa manera, Natasha sintió una infinita ternura invadiendo su corazón. María podía ser tan dulce como una cucharada de azúcar.
-Por supuesto que lo estará. Además, el tío Bruce se encargará de que esté sano y salvo.
-Si-dijo Harley tomando una de las galletas que había en la bandeja- cuando menos te lo esperes lo escucharas regañando.
-Y con un nuevo bebé lloriqueando por las noches.
-En síntesis tu padre Tony y el nuevo bebé estarán aquí muy pronto.
La pequeña rubia sonrió, rogando que la espera del regreso de su padre y hermanito fuera lo menos duradera posible.
. . .
Steve miraba por milésima vez el reloj que se hallaba colgado en la pared. Habían pasado tres desde que su omega fue ingresado al pabellón. Miró su celular esperando ver alguna llamada perdida de Nat o de alguno de sus hijos. Sin embargo, solo había un mensaje de Peter preguntando cómo se encontraba su padre y avisando de que él junto a Nat y sus hermanos se encontraban bien.
Se levantó del incómodo asiento de plástico y fue en busca de un café. Tenía que estar despierto y alerta ante cualquier eventualidad que ocurriera con su esposo.
-¡Steve!- se escuchó al final del pasillo.
El alfa se giró para encontrarse con Bucky, Sam y Wanda, quienes venían aproximándose a él.
-Chicos, ¿qué hacen aquí?-preguntó el rubio.
-Nat nos avisó que Tony entró en labor- dijo la beta- ¿hay alguna novedad?
-Bruce todavía no me ha dicho nada.
-Ya veo. Por lo general esto suele ser algo largo.
-¿No te gustaría ir a casa a descansar?-pregunto Sam- es más de media noche. Nosotros te cubrimos.
-No. Prefiero quedarme aquí por si pasa cualquier cosa.
-¿Te gustaría un poco de café?-preguntó Wanda.
El alfa asintió y Sam junto a Wanda fueron en busca de la bebida. Bucky observó al alfa, quien disimuladamente trataba de ocultar su nerviosismo. Sin embargo, no lo hacía del todo bien. Sus feromonas se sentían a kilómetros. Se sentó al lado de él para acompañarlo en la larga espera.
-Debes estar tranquilo, tu omega es alguien fuerte.
-Lo tengo claro, es solo que me preocupa que le pueda pasar cualquier cosa.
-Mala hierba nunca muere. Ambos estarán bien.
Llegó el café y las horas siguieron su curso. Ya eran las tres de la mañana y Steve se paseaba en todo el largo del pasillo. Wanda se había quedado dormida en el regazo de Sam mientras que Bucky no hacia mas que mirar al rubio.
-Steve, me estas mareando.
-Lo siento. Es que ya ha pasado mucho tiempo y no ha habido noticias de Bruce.
-Ya aparecerá, solo quédate tranquilo. Por favor- dijo Sam de manera suplicante.
De pronto como si Dios hubiese escuchado las plegarias del rubio, Bruce apareció frente a ellos. Steve se dirigió rápidamente a él, mientras que los demás alfas se le quedaron mirando esperando alguna palabra.
-¿Cómo está Tony? ¿y el bebé? ¿están ambos bien?
-Tranquilo, Steve. Ambos se encuentran bien- dijo el beta con una sonrisa- felicidades Steve, eres padre por cuarta vez.
Steve suspiró y al igual que los otros alfas. Wanda quien recién había despertado, abrazó al rubio felicitándolo por la nueva dicha.
-¿Puedo verlos?
-El bebé todavía se encuentra con los cuneros, pero podrías ver a Tony mientras lo traen.
-Muchas gracias, Bruce.
Sin que le dijeran nada mas, Steve entró por el pasillo del pabellón. Buscó por todas las habitación hasta que por fin dio con su esposo. Estaba apoyado en la cama inconsciente. En su rostro podía verse las gotas secas de sudor y las ojeras que se marcaban fuertemente bajo sus ojos. Estaba despeinado pero pese a lo mal que se veía, Steve lo seguía encontrando igual de guapo.
Acercó una silla y se sentó tomando gentilmente su mano.
-Lo hiciste muy bien, amor- susurró el alfa.
Al escuchar la suave voz de su esposo, Tony poco a poco fue abriendo los ojos.
-Steve…
-No quise despertarte, debes estar muy cansado.
-No tanto, solo estoy adolorido.
-Fueron muchas horas- dijo el rubio besando el dorso de la mano- ¿tuviste oportunidad de verlo?
-No, apenas salió me desmayé del cansancio.
-Bruce dijo que pronto lo traerían. Solo hay que esperar un poquito.
El castaño asintió esperando que pronto trajeran a su bebé. Estaba ansioso por conocerlo.
Pocos minutos más tarde, Bruce entró para felicitar a ambos padres trayendo consigo el preciado bulto escondido entre las sábanas celestes.
-parece que alguien quiere saludar a sus padres.
Steve ayudó a que Tony se sentara de mejor manera para poder recibir al bebé. Los ojos de ambos padres parecían brillar, lo único que querían en ese momento era ver a su bebé y verificar que todo en él se encontraba bien. En cuanto el omega sujeto el calentito bulto sintió que iba a estallar de alegría. Era pequeñito y el poco cabello que poseía era de color castaño.
-No es justo- dijo Tony mirando a la pequeña criatura- es muy pequeño y liviano pese a todo lo que engordé.
-Es hermoso- dijo Steve acariciando con extremo cuidado la cabecita de su hijo.
-Si bien nació antes de lo esperado, es una bebé fuerte y saludable.
-Y vaya que lo es- dijo Tony mirando como el bebé dormía plácidamente. Sin embargo, luego de unos segundos miró confundido a Bruce- ¿dijiste una?
-Así es, es una bebé.
Sin poder creerlo, Tony destapó al bebé y se percató de que el beta tenía razón. Nunca fue el bebé, fue la bebé. Todo este tiempo había sido una niña.
-Pero si se supone que era varón.
-Mi sorpresa es mucho mayor que la tuya, Tony. Nunca me había equivocado en el género de un bebé.
Tony miraba a la bebé sin poder creerlo, mientras que Steve no hacía nada más que mirarla con dulzura. Otra princesa a la quien proteger. No podía sentirse más dichoso. Estaba pensando seriamente en comprar un rifle.
-Es perfecta- dijo Steve sin despegar los ojos de la niña.
-Y justo cuando se me había ocurrido el nombre perfecto para varón. Estas llena de sorpresas ¿verdad, querida?
-¿Qué nombre se te había ocurrido?-preguntó Bruce.
-El nombre que quería ponerme mi madre. No es tan feo ahora que lo pienso.
-¿Cual es?-preguntó Steve.
-Morgan- dijo el castaño tomando la manito de la pequeña.
-No suena tan mal- dijo el doctor.
-Además, también puede ser utilizado para mujer- dijo Steve- además suena muy bonito para ella.
-¿Te gusta, princesa? -preguntó Tony mirando como poco a poco la bebé abría los ojos. Eran tan cafés como los de él.
-Sacó tus ojos -dijo Steve con dulzura.
-A mi me gustan mas los tuyos, son más llamativos.
-Los tuyos son igual de hermosos. Y en ella se verán espléndidos.
Bruce sonrió y los dejó a solas para que siguieran admirando la belleza de su nueva hija. Mientras tanto debería avisarle a los demás que empezaran a comprar cosas de niña.
. . .
Todos en la familia se encontraban felices por la llegada del nuevo bebé. Aunque a todos les tomó por sorpresa que resultara niña y no niño. Especialmente María, quien miraba maravillada a su nueva hermanita. De hecho, era la más feliz al saber que no seria la única mujer de la casa. Al fin tendría a alguien con quien jugar.
-Acabo de llegar. ¿dónde está el campeón?-dijo Clint llegando recién a la habitación.
Los dos alfas observaron los globos que traía el rubio y rieron al ver la típica frase de "It's a Boy". Tanto Sam como Bucky se rieron a carcajadas mientras que Bruce lo miraba con un poco de gracia. Tomó un bolígrafo de su bolsillo y modificó el enunciado.
-Creo que ahora quedó mejor.
-¿De que me perdí?-preguntó el beta mirando los globos.
Mientras tanto, las mujeres miraban enternecidas a la pequeña Morgan, quien era sostenida por Peter.
-Quien diría que era una damita- Dijo Natasha mirándola a lo lejos.
-Y todos pensamos que sería varón- dijo Wanda.
-Es idéntica a ti, Tony- dijo Pepper mirándola con devoción- tiene tu misma nariz.
-Pues de alguien tuvo que salir no, y quien mas guapo que su padre -dijo el omega con ego.
-¿Qué haremos con la ropa de niño que compraron?-preguntó Harley
-Yo creo que no le molestara que la use los primeros meses.
-Ni siquiera se dará cuenta- dijo Peter meciendo a su pequeña hermanita.
-Por favor, dámela Peter. Quiero tomarla-dijo María de manera suplicante.
-Es muy pequeña para que la tomes, cuando crezca un poco más podrás hacerlo
-Ya le quiero enseñar mis muñecas.
-Creo que todavía es muy pequeña para que juegue contigo. Deberás esperar un poco más-dijo Steve tomando a María en sus brazos para que mirara a su hermana con mayor atención.
-Su piel parece de porcelana. Como si fuera una muñeca de verdad- agregó María.
-Ahora está calmada, pero ya veras cuando empiece a llorar. No será tan adorable- dijo Harley.
-No me importa, la seguiré queriendo a pesar de eso- dijo la rubia.
Wanda sonrió, la pequeña María se convertiría en una gran hermana mayor. Miró hacia la ventana y se percató de que el cielo ya se había oscurecido. Lo mas seguro es que la hora de visita terminará prontamente.
-¿Por qué mejor no vamos a casa? -preguntó la beta- tu padre y Morgan deben estar muy cansados. Hay que dejarlos descansar.
-No quiero irme y dejar a Morgan sola.
-Mañana nos darán de alta, princesa- dijo Tony con voz tranquila- y estaremos en casa.
-Podríamos aprovechar de ordenarla y dejarla muy limpia para Morgan. ¿no te parece buena idea, María?
-¡Si! voy a dejar impecable la habitación de Morgan. Vamonos.
Steve sonrió y agradeció a ambas chicas por hacerse cargo de sus hijos. Acomodó a Morgan en su cama y se despidió de sus hijos dejándoles algunas indicaciones tanto a Wanda como a Natasha. En cuanto todos se fueron y el silencio reinó en la habitación, se giró para ver a su esposo, quien tenía la mirada cansada.
-Debiste haberte ido con ellos, Steve- dijo Tony con la voz rasposa.
-No, prefiero quedarme con ustedes-dijo el rubio acercándose a su esposo- ustedes son mi prioridad ahora.
Tony le sonrió tiernamente y miró la cuna en la que se encontraba Morgan. Entonces dijo:
-Hacemos bonitos bebés, ¿verdad?
-Por supuesto que sí. Sobretodo porque todos ellos tienen un padre tan hermoso como lo eres tú.
-Pero qué galán, Steve-dijo el omega suspirando cansadamente- creo que lo haremos bien. Tengo una buena sensación de esto.
-Por supuesto que así será-dijo Steve besando la frente de su esposo- si quieres duerme, yo velaré el sueño de ambos.
Tony asintió y poco a poco fue cerrando sus ojos. Su corazón estaba lleno de dicha. Si bien, no esperó la llegada de Morgan, sentía que no podía vivir ahora sin ella. Había llegado como las sorpresas, las cuales llegan cuando menos se espera.
Lamento no haber continuado con mayor frecuencia pero he tenido algunos problemas. Ademas tuve la mala suerte de que tuve que formatear el notebook y tuve que escribir este capitulo dos veces.
Muchas gracias a todos, hemos llegado al final de este oneshot que resulto ser un fic de 10 capítulos. Nunca había tenido un proyecto tan largo y publicado. Agradezco de todo corazón a las personas que leyeron desde el principio este fic y que fueron muy pacientes en cada una de las publicaciones. Ojala me sigan en mis próximos proyectos que vendrán en el futuro.
Cualquier comentario alguno, pueden escribirlo. No tengan miedo, no muerdo.
¡Nos leemos pronto!
