La historia es una adaptación del libro Loving the White Liar de Kate Steward y los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.
Veintiuno
—Leisure Travel, habla con Isabella Whitlock —respondí, ahora usando mi nuevo apellido a cada oportunidad que tenía.
—Bueno, si es mi nuera. No sé si amenazarte u ofrecerte un riñón por si lo necesitas.
Me reí en el teléfono mientras la madre de Jasper, aún dolida por no ver casarse a su único hijo, me regañaba.
—Aceptaré la oferta si lo necesito. El Señor sabe que teniendo a tu hijo de marido puede que lo necesite.
Me entusiasmó su respuesta riendo:
—Bien pensado. Escucha cariño, no tengo mucho tiempo, pero Caius me pidió que llamase a Jasper para hacerle saber que este fin de semana no podía estar en su sesión.
—¿Sesión? —Moví el anillo, un nuevo hábito que desarrollé cuando lo conseguí.
—Sí. Este fin de semana. Normalmente Caius va a las sesiones familiares en mi lugar cuando tengo que trabajar, pero pensé que tal vez quieras ir tú, ya que eres su nueva pareja.
Me senté derecha en la silla, casi al borde.
—¿Sesiones familiares? Pensé que iban a pescar.
—Oh... oh mierda. No quería decir... Me estaba preguntando por qué Caius aún estaba en primera fila. Cariño, realmente no me corresponde a mí hablarte de esto.
El calor me recorrió el cuerpo mientras pensaba en todas las "sesiones" que habían tenido durante el año que Jasper y yo habíamos estado juntos. En vez de reaccionar mal, respondí con una pregunta:
—¿Jasper tiene un psiquiatra?
—Le gusta que le denominen terapeuta. Jasper decidió usar su doctor de la infancia en lugar de alguien más adecuado para alguien de su edad. Estaba cómodo con él. El doctor Cullen aceptó, pero solo a sesiones de fin de semana una vez al mes y sesiones familiares al mes siguiente.
—Me aseguraré de que lo sabe —respondí, con la mejor voz que pude reunir.
—Oh cariño, lo siento. Podía haber llamado a Jasper, pero quería saludarte. Demonios, la he jodido.
—Ya veo —comenté, completamente impresionada. Jasper había sido tan comunicativo estos días, por todo. No podía entender por qué no me hablaría de ello—. Mallory, no voy a ser capaz de esconder que lo sé. Por favor, permítemelo. —Su duda me puso en alerta—. Es solo... no puede ocultármelo. Ahora que estamos casados es una dinámica diferente.
—Me ocuparé del problema si viene en mi dirección. Solo comprende que te ama. Ha sido más leal a estas sesiones que nunca desde que te conoce. Por favor, intenta no ser muy dura con él.
—Estoy herida y un poco enfadada —admití con franqueza—. Simplemente no entiendo por qué no me lo contó. —Le estaba haciendo preguntas que solo mi marido podía darme y decidí dejarlo—. No te preocupes, Mallory, de verdad. Lo superaré.
Tan pronto como él me dijese la verdad, lo superaría.
Ese día dejé el trabajo con un gran cheque de comisión y lo que se suponía que serían buenas noticias de un ascenso. Se me partió el corazón pensando en lo elaborada que había hecho su mentira. Más de una vez, había vuelto a casa con pescado fresco en una nevera.
—Señor Whitlock —llamé cuando crucé la puerta principal.
Siempre podía adivinar cuando estaba en casa. Las velas estaban encendidas esporádicamente y la música estaba sonando. Escuché la canción para adivinar su estado de ánimo y oí It's time de Imagine Dragons. No estaba segura de en qué categoría poner esa.
—Aquí, señora Whitlock.
Siguiendo su voz hasta el baño, estaba decidida a que me dijese la verdad. Si me lo dijese con franqueza, no tendría que lanzar a su madre a los leones.
Encontré a mi marido sumergido en un baño humeante y mantuve la mirada en su rostro, para evitar cualquier debilidad. Jasper había estado haciendo más trabajo físico, impresionante en todos los aspectos y completamente cubierto de músculo. De arriba abajo, el hombre era irresistible.
—Hola —saludé, sentándome en el wáter con la tapa bajada, echando un vistazo y viendo el rostro de Jasper parcialmente detrás de la cortina.
—¿Qué, no hay beso? Bah, y solo llevamos unos meses casados. Qué desgracia. Tenía grandes esperanzas en ti.
—De modo que, tu madre llamó —comencé, ignorando su broma—. Comentó que Caius no será capaz de hacer el viaje.
—Oh —respondió Jasper, tomando una toalla y secándose el rostro.
Me incliné.
—Ahora nos tenemos el uno al otro todo el fin de semana. Sé que esperas con impaciencia tus viajes de pesca. Lo siento.
—Está bien —contestó, tomando una pastilla de jabón.
—Podemos ir juntos. Quiero decir, puedes enseñarme. Me encantaría ir —ofrecí, manteniendo la voz plana—. ¿Dónde es?
—Cerca de Columbia. —Verdad. Esa era la verdad que me estaba diciendo y lo sabía por su rápida contestación y tono—. De todos modos iba a cancelarlo. No me apetece.
—Falso.
—Oh, ¿de verdad? —Me empezó a subir la temperatura y le observé, manteniéndose ocupado bañándose―. Sabes que haré cualquier cosa contigo Jasper. Lo que sea.
Me miró, una mirada azul oscuro rodeada de unas pestañas mojadas.
—Bueno, puedes empezar con asumir la posición cuando salga de la bañera. ¿Qué tiene ahí señora Whitlock? No parece tener un acceso fácil.
—Realmente me gustaría ir. Quiero decir, pescar no es exactamente lo mío, pero quiero conocer también es parte de ti. ¿Solo esta vez?
—No, podemos ir en otro momento —indicó, poniéndose la toalla sobre el rostro.
Se acabó para él. El tema estaba zanjado.
Saliendo del baño, controlando mi temperamento, giré la esquina, entrando en la cocina. Y justo, tan repentinamente como me había convencido de que me lo contaría a su debido tiempo, pensé cuánto tiempo llevaba mintiéndome. Pensando con rapidez, saqué dos jarras de agua vacías del armario y empecé a llenarlas de hielo. Volviendo a zancadas al baño, con las granadas de hielo en mano, lancé el arsenal de cubitos de hielo en la bañera. Siendo recibida por una mirada azul sorprendida mientras gritaba, mirando a su alrededor como si le hubiesen disparado. Con una mueca de dolor y maldiciendo, se levantó en una bañera llena de hielo.
—¿Cuál es tu maldito problema?
—No sé. Parece que tengo algunos problemas de ira. ¡Tal vez debería llamar al doctor Cullen!
Jasper palideció mientras salía del baño congelado y se rodeó con una toalla.
—¿Mamá te lo contó?
—Asumió que lo sabía. ¿Por qué no? ¿No crees que tenga derecho de saberlo?
Pasó a mi lado dirigiéndose al dormitorio y ahí fue cuando vi el enorme morado de su espalda. Corrí detrás de él para inspeccionarlo.
—Oh Dios mío, ¿qué pasó?
—No te preocupes —replicó, poniéndose una camiseta y un pantalón corto.
El enfado resurgió, me puse frente a él.
—Tal vez no te guste que lo sepa, pero lo sé. Hablemos de ello. ¡Y voy a preocuparme por qué parece que fuiste pateado por un caballo en la maldita espalda!
El gesto de Jasper cambió ligeramente antes de que viese como adoptaba un gesto de resolución.
—Típico, incluso con lo perfectos que han sido estos pasados meses y el hecho de que no te he dado ningún motivo para enfadarte, aún te las arreglas para encontrar algo.
—No es justo y no soy quien estuvo mintiendo. Habla conmigo. ¿Por qué no me lo dijiste simplemente?
Jasper observó mi postura, las manos apoyadas firmemente en las caderas y lo que estaba segura que era obvia agitación en mi rostro.
—Esto —contestó rápidamente, señalando mi rostro—. Esta mierda de aquí, no puedo soportarlo. El modo en que me hablas, me miras. No necesito que cuides de mí.
Salió de la habitación y le seguí, sin querer darlo por zanjado.
—Bien, aunque mierda. Me diste el trabajo —indiqué, moviendo la alianza con el pulgar—. Y me niego a sentarme a un lado mientras se están tomando decisiones importantes respecto a ti. No funciona así. ¡No soy una idea de último momento, soy tu esposa!
Jasper se sentó y tomó el mando de la Xbox. Me llevó todo lo que tenía no quitárselo de las manos.
—Jasper —abordé mientras me ignoraba tan despreocupadamente que me escoció en lo profundo del pecho—. ¡Jasper! —Me quedé mirándole con total incredulidad mientras se cerraba a mí—. ¡Vaya manera de actuar como un adulto!
Me alejé, tomé el bolso y las llaves y salí por la puerta.
Horas después, entré por nuestra puerta sintiéndome excitada, con bolsas de la compra en mano. Solo fue una pelea, una importante pelea y tendría que mantenerme firme, pero no era perjudicial. Sabía que con el tiempo me hablaría del doctor Cullen. Al menos esperaba que lo hiciese. Lo que no sabía era porque no quería discutir sus problemas o terapia. Me lo ha dejado claro desde el principio. Pero no iba a arruinar todo nuestro fin de semana. Esperaba que pudiésemos hablarlo y disfrutar el resto de nuestra noche.
Cuando comprendí la escena frente a mí después de entrar por la puerta, solté las bolsas. Había hombres en mi sofá, bebiendo en exceso y riendo, mientras Jasper analizaba mi rostro. Su compañía tomó un chupito de tequila y Jasper, chupito en mano y ojos sobre mí, les siguió. Noté el peligro de la situación en ese momento. Y, de algún modo, en ese momento supe que Jasper no debería estar bebiendo. Decidí que la batalla podía esperar, porque estaba muy segura que no estaba preparada para la guerra.
—Hola, señora Whitlock —me saludó Jordan, el mejor amigo de Jasper que había venido a casa del extranjero.
Había algunos otros tipos en la habitación que no reconocí y Alec rápidamente me presentó.
—Estos son Tyler y Ben. Son mis amigos de viaje y esta es la señora Whitlock.
—Encantada de conoceros, chicos —respondí, sin apartar nunca la mirada de mi marido—. Simplemente voy a dejar estas cosas. ¿Me servirías un chupito?
Me dirigí a la habitación con las bolsas y las dejé sobre la cama, luego me tumbé. Tenía dos opciones; ser la zorra esposa gruñona, perra y rencorosa o tratar ser buena compañía, siguiendo los intentos de Jasper de evitar nuestra pelea.
Opté por la segunda opción y rápidamente empecé a cambiarme de ropa cuando Jasper entró.
—Alec llamó y preguntó de salir, no quise ser maleducado —comentó simplemente, con las manos en los bolsillos.
—Está bien. No es como si tuviésemos compañía todo el tiempo. Quiero decir, ¿quieres que me esfume? Puedo llamar a Allie para salir. —Saqué una camiseta de la percha y me la puse.
—Eres tan jodidamente hermosa —dijo Jasper detrás de mí mientras permanecía en la puerta del armario—. Nena, ¿sabes lo hermosa que eres?
Me detuve antes de abrocharme el pantalón.
—Como tú —repliqué con honestidad—. Pero aún estoy molesta. Solo prométeme que hablaremos después.
—Lo prometo.
Me acercó a él y suspiré. Olía increíble y no quería nada más que sentirle rodeándome. Se inclinó para besarme y aunque juré que haría las paces con nuestra situación, me sintió tensarme cuando se inclinó.
—¿Qué demonios, Bella?
—No te enfades, Jasper. Estoy intentando superarlo.
Se apartó, negando.
—Sí, bueno, estás haciendo un trabajo de mierda.
—Gracias —farfullé, pasando a su lado—. Y de repente, eres el experto en enfrentar las cosas con madurez, ¿verdad?
No me molesté en esperar su respuesta cuando salí de la habitación, girando la esquina y dirigiéndome directamente a por el chupito de tequila.
—Hagamos un poco de ruido, amigos —animé alzando el chupito por un brindis mientras Jordan le entregaba otro a Jasper—. Hoy conseguí un ascenso.
Vi la sorpresa y la rabia destellar en los rasgos de Jasper por no haberlo compartido con él cuando comprendió mis palabras. No pude evitar la pequeña porción de satisfacción que obtuve al ver su irritación. Sabía que estaba jugando con fuego, pero al mismo tiempo merecía un poco de felicidad. Me lo había ganado. Mientras los chicos aplaudían con mi confesión, me tomé el primer chupito.
