La historia es una adaptación del libro Loving the White Liar de Kate Steward y los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.


Veintidós

Cuatro horas después, estaba ligeramente bebida y engullendo bocados de patatas con salsa mientras los tipos a mi alrededor sostenían sus licores con gracia. Incluso Jasper me impresionó con su habilidad de soportar su alcohol como si hubiese estado bebiendo casualmente. Enfrentando la quemadura del alcohol y sintiéndome como la mierda, tomé la decisión de ir a nadar. Aún hacía algo de frío, pero sabía que el agua me relajaría y el repentino nivel de ruido de la sala de estar se estaba convirtiendo en un dolor de cabeza. Me excusé y fui a ponerme mi traje de baño. Me tomó cinco minutos para meterme en eso opuestamente al típico biquini. Agarrando la toalla, caminé a la sala de estar solo para oír los silbidos de los chicos.

—Maldita sea, Jasper. Tú, suertudo hijo de puta. —comentó Alec mientras envolvía la toalla a mi alrededor.

—Me voy de aquí, chicos. Ustedes son demasiado para mí. Siéntanse como en casa. Nadie va a conducir —grité. Estaba fuera de la puerta frontal antes de que Jasper me agarrase de la muñeca en el corredor.

—¿Qué mierda haces?

Miré a Jasper, cuya cara estaba torcida con furia.

—Voy a nadar. A relajarme —dije, alejando de golpe mi mano—. Diviértete con tus amigos. No me quedaré afuera mucho tiempo.

—Son las jodidas dos de la mañana, y estás bebida —chasqueó.

—Y —dije con ojos grandes—. Solía hacer esto siempre.

—Vuelve adentro. Estás siendo grosera —dijo, sus ojos azules ordenando.

—Qué sobre tú volviendo a tu fiesta improvisada la cual he animado el tiempo suficiente. Me voy, lidia con eso.

—Tenías que desfilar tu trasero por ahí en un bikini, ¿eh? —criticó cuando tomé mi primer paso.

Me detuve y me volví para mirarlo.

—Jesús, Jasper, ese fue la última cosa en mi mente. Tengo calor. Mareo. Quiero el agua. —Me alejé, rehusándome a animar más su berrinche.

Oí el portazo a mi espalda y suspiré. Esto no iba a terminar bien. Pero honestamente, me importaba una mierda. Parecía que él podía hacer lo que le diese la maldita gana y en las últimas pocas horas, sentí que todo lo que había hecho yo estaba mal.

El agua estaba helada y al mismo tiempo reconfortante. Me las arreglé para nada algunas vueltas y pasé el resto del tiempo caminando por el agua. Escuché mi teléfono y lo ignoré, seguro no me gustaría la llamada entrante. Pasé más del tiempo necesario en la piscina, evitando a Jasper y su comportamiento irrazonable. Fui la única mentirosa, fui la única con los sentimientos heridos. Y finalmente fui la única que se dio cuenta de que se congelaba su trasero por las acciones de él.

Con mi nueva furia encontrada por la situación, decidí ir a la cama. Entré a una fiesta más tranquila. Dos de los chicos estaban desmayados en el suelo mientras Jasper y Alec batallaban en la Xbox. Entré al vestidor de la pared, saqué almohadas de repuesto, mantas y las puse sobre el sofá.

—Voy a la cama. Buenas noches. —Jasper me observó por la esquina de su ojos mientras Jordan me daba un educado pero distraído buenas noches.

Un rato después, sentí la cama inclinarse a mi lado y esperé a que los brazos de Jasper se envolvieran a mi alrededor.

Nunca llegaron.

—Oh, Jesús —dije ásperamente, con dolor de voz y el cabeza palpitando a la mañana siguiente. Estiré la mano a mi lado y no obtuve nada.

Echándole un vistazo al reloj, vi que aún era temprano. Rodé boca abajo para volver a dormir cuando oí el sonido de la aspiradora empezar. Decidida a darle a mi vejiga un muy necesitado alivio, fui a trompicones hacia el baño, vaciando los últimos dos Advil en mi mano y lavándomelas antes de ocuparme de los asuntos.

Elevé la mirada para ver a Jasper observándome desde la puerta ante de que viera el frasco vacío.

—Si el frasco está vacío, ¿por qué no lo tiras? No soy tu sirviente.

—Buen día a ti también, maridito —chasqueé sarcásticamente.

Agarró el frasco vacío desde el lavabo se dirigió de vuelta a su molesto trabajo rutinario.

Dispuesta a no lidiar más con la mierda de Jasper, me arrinconé en el baño mientras él envolvía el cable alrededor de la aspiradora.

—¿La casa está bien y ordenada ahora? ¿Es seguro volver a la cama? Digo, sé que son solo las siete de la mañana de un sábado y el día se está perdiendo, pero algunos de nosotros nos gusta dormir en nuestros días libres. Oh, y estoy casi segura de que olvidaste sacar el palo de tu trasero mientras limpiabas —dije mientras izaba una botella de agua desde el refrigerador y volvía a nuestro dormitorio. Sabiendo que había picado al oso, pero sin importarme una mierda, enterré mi cabeza bajo las sábanas.

Jasper entró minutos después llevando un cesto lleno de ropa y golpeando los cajones mientras guardaba todo.

—Jasper, dame un jodido descanso. Estoy tratando de recuperarme del tequila.

Más golpes le siguieron con el portazo de la puerta del dormitorio, lo que empujó mi temperamento al máximo. Estallé a través de la puerta del dormitorio, con la cabeza gritando de dolor mientras le daba rienda suelta.

—¡Tú, increíble bastardo! ¿Qué demonios pasa contigo? ¡Te atraparon mintiendo, no por primera vez! ¡Supéralo!

Jasper se cernió en toda su estatura, observándome.

—Bien, me cazaste y qué te parece esto: no quiero que venga a "pescar" conmigo y nunca lo haré. ¿Qué te parece eso? Quiero que me dejes en paz de una puta vez, ¿está lo suficientemente claro para ti?

El dolor me quemó cuando le miré.

—Como el cristal —dejé escapar mientras mi pecho se apretaba.

—No necesito que me analices y me juzgues.

—Nunca te haría eso —dije, bajando la voz—. Solo quiero que confíes en mí.

—Y si empezamos por lo básico, como, oh, no lo sé, ¿sin desfilar por ahí como una chica de diecinueve con tu jodida basura colgando en una habitación llena de mis amigos, o saliendo a horas singulares sola en las que tengo que preocuparme por ti?

—Tú estando celoso ni siquiera es lindo. Ni entrañable. Solo es triste —contrarresté—. Crece. Estaba bien cubierta y quería dar unas vueltas.

—Celoso no es la palabra que usaría. ¿Qué te parece disgustado? —Y ese fue el daño que me rompió.

—¿Disgustado por mí? ¿Por mi cuerpo?

—No, Bella, no es a lo que… joder.

No pude aguantar las lágrimas que amenazaban.

—Siento que estés tan jodidamente avergonzado de mí, Jasper. Tal vez sería un poco más respetuosa si no mintieses con cada respiración que tomas. —Tan pronto como las palabras estuvieron fuera de mi boca, las lamenté, pero me mantuve firme—. Obtuve un aumento ayer y no te lo dije, ¿y por qué? Porque descubrí que el hombre que amo me ha estado mintiendo durante un año. No pude celebrar porque estaba demasiado preocupada preocupándome por ti y tu mierda. No soy la que tiene que lidiar con toda esa mierda, eres tú. Y si quieres estar solo con esto, no debiste haberme invitado a tu vida Tomé nuestros votos en serio. Los quise decir. Te amo. Pero esto, esta mierda a la que me estás empujando, duele. ¡Me estás haciendo daño y a propósito porque no lo reconocerás!

Dejé la habitación y volví a la cama, sin sentir el alivio de las pastillas para el dolor. Todo mi cuerpo temblaba con mi llanto silencioso mientras repetía sus horribles palabras.

Escuché a Jasper llamar a Trip y la puerta principal se cerró mientras lloraba en mi almohada, dejando salir mis sollozos. Él no me podía oír. Me acababa de apartar como prometió que no haría. Me preguntaba si incluso era consciente de cuánto dolieron sus palabras.

Lloré hasta que el sueño llegó.

Desperté cuando empezaba a oscurecer, para cuando la música flotaba desde la sala de estar. Mazzy Star cantaba Fade into You cuando aparecí dentro de la sala de estar. Jasper miraba a la pared mientras yo rodeaba la esquina. Cuando me percibió de pie allí, se giró para mirarme.

—Te necesito —dijo rápidamente—. Por favor no pienses que no lo hago. Te necesito conmigo, Bella. Me equivoqué en mentir y lo siento. Estuve mal al gritarle y lo siento por eso, también. Por todo esto, lo lamento. —Su voz era plana, y sin mucha emoción cuando se disculpó. Eso me confundió.

—Bien, voy a llevar a mi desagradable ser para una ducha. ¿Tienes hambre? —Demonios, ¿por qué no lo puedo dejarlo estar?

Porque sus palabras dolieron, ese era el porqué. Me lastimaron.

—Sabes que no lo quise decir eso —dijo, frotando su pie contra la mesita de café.

—Da igual. Se acabó, ¿no? Dijiste que lo lamentabas y tengo que lidiar con esto, ¿verdad?

Me miró con toda seriedad y abrió su boca para hablar y luego la cerró. Me alejé, no muy dispuesta a soportar más la mirada en sus ojos sin ir hacia él y me fui a la ducha.

Pasé la noche sola en nuestra cama, en internet, aun buscando mi carrera soñada y sin encontrar nada. Llamé a Allie, quien estaba ocupada con Edward, y la dejé antes de que pudiese oír el pesar en mi tono. Pasé una hora en el teléfono en un grupo mensajeando con mis hermanas, consiguiendo solo respuestas esporádicas, luego me rendí. No importaba a quién llegaba, la única cercanía que pedía era con el hombre que decidió dejarme tener mi espacio. Tanto como quería perdonarlo y tan segura como lo estaba de que lo haría, no podría hacerlo tan fácilmente esta vez.

Dolía, así que lo dejé doler y le se lo hice saber.

Esa noche, en las últimas horas de la mañana, sentí la cama hundirse y esta vez los brazos llegaron y los acepté, maldito sea el dolor.