La historia es una adaptación del libro Loving the White Liar de Kate Steward y los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.


Veintitres

Días después en el trabajo, terminaba una reserva con los Donalson cuando recibí una entrega. Jasper y yo aún estábamos en un terreno un poco movedizo. Me envió un pequeño ramo de rosas blancas con un lazo lavanda y una carta que decía te extraño. Supe que lo decía en serio y sentí lo mismo. Había una distancia que ambos sentíamos, sin importar cuán pequeña fuera. Le mandé mensajes rápidamente.

Yo: También te extraño.

Jasper: Perdóname.

Yo: Ya lo hice.

Jasper: No respiro igual.

Yo: Yo tampoco.

Cuando llegué a casa ese día, saqué a pasear a Trip y tomé una ducha rápida, decidida a cerrar la pequeña brecha que ambos habíamos creado. Estábamos recién casados, pelearíamos, nos compensaríamos. Era lo que era.

Jasper entró por la puerta, su día claramente lo había desgastado.

—Hola —dije, acercándome a él en son de paz.

—Hola, nena —dijo, dando un paso indeciso hacia mí.

Envolví mis brazos a su alrededor.

—Estoy sudado y tengo aserrín cubriéndome todo —ofreció, notando mi forma recién duchada.

—No me importa —dije con voz temblorosa, la desesperación en mi voz atrajo sus ojos a los míos.

—Por favor, dime que sabes que no lo decía en serio —dijo, tirando firmemente de mí hacia él—. Te lastimé y me lastimé. Eres todo para mí —susurró mientras lo abrazaba.

Asentí en su hombro mientras susurraba otra disculpa.

»Te adoro. Lo sabes. Estoy muy orgulloso de ser tu marido. Estaba celoso y un idiota.

—Para, Jasper, detente —dije, alejándome para buscar sus ojos.

Asintió en acuerdo, porque al final ambos sabíamos que no sería la última vez.

—¡Jasper! —dije a gritos desde el sofá mientras él cocinaba.

—¿Qué? —preguntó, asomando la cabeza y mirándome como si me hubiese crecido otra.

—¡Lo encontré! —Salté fuera del sofá, dirigiéndome hacia él. Sus ojos azules me siguieron interrogantes mientras me envolvía a su alrededor—. Encontré mi trabajo soñado.

—¿En serio? —dijo con una sonrisa afectada.

—Síp, y no te lo voy a decir. Tendrás que adivinar. —Me alejé de él y empecé a caminar de regreso a mi ordenador portátil.

—¿Puedo adivinar después de que retire tu cena hirviendo de la cacerola? —Poniendo los ojos en blanco, volví al ordenador.

Después de la cena y de los terribles intentos de Jasper para adivinar, finalmente se lo conté.

—Así que, hace varios meses me di cuenta que nuestro sitio web del trabajo era completamente anticuado. Charlotte me pidió que consiguiera un nuevo diseño y encargarme de las cuentas de los medios sociales que han estado descuidando —dije, sorbiendo mi vino—. Así que, en lugar de contratar a alguien para diseñarlo, lo hice yo misma y empecé a hacer las relaciones públicas para la agencia de viajes. En menos de dos meses, su red social alcanzó una cantidad impresionante de nuevos clientes y obtuvimos el doble de impacto en nuestro sitio web interactivo del que nunca han tenido. Lo asombroso es, que me encantó hacerlo.

—¿Vas a entrar en marketing?

—Estrictamente marketing, soy buena en todas las cosas de medios de comunicación. Las posibilidades son infinitas. Puedo promover y difundirlos para cualquiera, desde negocios pequeños a grandes corporaciones, autores independientes, y quizá incluso nuevas caras del espectáculo. Lo haré para las personas que están demasiado ocupadas como para sentarse y promoverse por sí mismos. Incluso puedo ayudar a que el último de los dinosaurios incompetentes de sus relaciones públicas en línea en el 2015. No es una idea original, pero es rentable. Hay mucha ganancia potencial si consigo un buen cliente base. Ya empecé una lista de servicios. Y la mejor parte es que puedo hacer este trabajo completamente desde casa y fijar mi propio horario, ser mi propio jefe. ¡Puedo empezar aquí en casa y gradualmente ir aumentándolo hasta que pueda abandonar la agencia!

Se sentó y escuchó mientras me sacudía con emoción.

—Así que, ¿qué piensas?

—Digo que por supuesto. Sí, haz lo que te haga feliz. Te apoyo al cien por ciento.

Salté desde mi asiento a sus brazos.

—Lo encontré, Jasper. Realmente quiero esto. ¡No puedo creer que no pensé en esto antes!

—¿Y cómo le vas a llamar a esta aventura? —preguntó, serpenteando sus brazos alrededor de mi cintura.

—RP Whitlock, por supuesto —dije, dándole un guiño.

Sus ojos se iluminaron mientras atraía mis labios a los suyos.

—Que nombre tan magnífico.

Le regresé el beso con un suspiro.

—El mejor.

Una semana después, Jasper y yo corríamos por la carretera mientras intentaba maquillarme.

—Baja la velocidad, ¿vale? No quiero morir por llegar a tiempo a un coctel. —Me mantuve ocupada con el rímel.

Leisure Travel, específicamente Charlotte, estaba dando un coctel en su casa para los empleados. Era algo semestral que hacía para hacernos saber que éramos apreciados. Además, invitaban a sus mejores clientes para mostrarles sus más nuevos paquetes de viaje y darles los primeros descuentos que les ofrecían exclusivamente a ellos. Jasper y yo íbamos una hora más tarde debido a una entrega tardía.

—Nena, deja de jugar con tu maquillaje y dame las indicaciones —dijo Jasper entre dientes, ya irritado con la situación.

He pasado los últimos diez minutos explicándole la importancia de la fiesta y quién estaría allí. Continuaba preguntando una y otra vez cuánto tiempo iba a durar e insistía en que quedaríamos mal por llegar tarde y que deberíamos pasarlo por alto por completo. Estaba nervioso y me di cuenta, pero esto era prácticamente obligatorio ya que yo era una de los tres empleados y tenía que, al menos, dejarme ver.

—Solo tengo un ojo con rímel. Simplemente escucha al GPS, te lo está indicando.

Cuando Jasper se saltó la salida, detuve mi varita.

—Maldición, Jasper, te saltaste la salida. ¡La siguiente está a kilómetros de distancia!

—¡Te dije que necesitaba que me ayudaras! —chasqueó.

—El GPS hacía un buen trabajo. ¡Ahora sí que llegaremos muy tarde! —Era más inteligente como para enojarme con él. Con toda honestidad, debería haber estado lista cuando él llegó a casa, pero había estado buscando en su vestidor para encontrarle algo presentable para vestir. Aparentemente tenía que encontrarle a mi marido un traje decente.

Jasper masculló una palabrota y tomó la siguiente salida, acelerando al atravesarla y esquivando los autos.

—Ni siquiera conozco a ninguna de esa maldita gente.

—Conoces a Peter. Puedes pasar el rato con él —ofrecí, aun ocupándome de mi maquillaje—. Jasper—me dirigí a él calmadamente—. Está bien. Es un coctel. Probablemente ya han tomado tres bebidas y no les importará si estamos allí de una u otra forma. Nos las arreglaremos. Tómate tu tempo.

Cuando aceleró, empecé a entrar en pánico.

»Jasper, baja la velocidad. —Cuando cortó otro auto y el conductor en el extremo receptor estuvo peligrosamente cerca de golpearnos en represalia, mi pánico incrementó—. No está bien, Jasper. ¡Cálmate!

Me ignoró, presionando fuertemente el acelerador una vez entramos a la autopista, y ahí es cuando lo dejé ir.

»¡Maldita sea en el infierno, Jasper, detén esta jodida camioneta ahora mismo! —Me volví hacia él cuando me ignoró y grité más alto—. ¡Ahora! ¡Detén la camioneta ahora!

Jasper se estacionó a un lado de la autopista, el sudor fluía desde su frente. Agarró su taza de viaje desde la consola y la golpeó contra el volante.

Me escabullí mientras algo del líquido viejo danzaba a través del tablero, derramándose sobre mí y sobre toda la consola. Cuando la taza se partió en dos, siguió golpeando el tablero hasta que se desmoronó alrededor de sus dedos. Me bajé del auto al arcén de la carretera y lo observé con el corazón golpeando en mi pecho mientras los autos silbaban.

Habían pasado seis meses desde su última explosión. Habíamos estado perfectos… sólidos. Me había deslizado en la zona libre de preocupaciones otra vez. Me quedé mirándolo, con la boca abierta por la sorpresa mientras él inspeccionaba la destrucción en su "inmaculada" cabina. Cuando estuvo exhausto, se recostó en su asiento, con los ojos cerrados.

Cuando pasaron unos minutos, me subí las mangas imaginarias.

—Olvídalo. Yo conduciré —ofrecí con tanta calma como pude reunir.

Jazz abrió sus ojos lentamente y me miró aun allí de pie en el arcén de la carretera, observándolo a través de mi puerta abierta, con mi falda blanca de raso cubierta de café. El remordimiento en sus ojos fue instantáneo.

»Yo conduciré —insistí mientras se dirigía al asiento del pasajero sin una palabra, luciendo completamente exhausto.

Respiré profundamente, me puse el cinturón de seguridad y luego empecé a conducir. Jasper me miró unos pocos minutos en nuestro viaje, con una disculpa en sus labios mientras le expresaba mi decepción.

—¿Ni siquiera llegamos para un par de horas a la fiesta? —Suspirando, Jasper se sentó hacia atrás cuando empecé a echar humo.