La historia es una adaptación del libro Loving the White Liar de Kate Steward y los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.


Veiticuatro

Unos días después, estaba sentada en la mesa del comedor jugando con mi comida cuando Jasper me lo hizo notar.

—Nena, no estás comiendo —dijo, recogiendo su taza y dando un trago.

—Lo siento, estoy distraída —dije, tomando rápidamente mi tenedor.

Me dio una pequeña sonrisa.

—¿No es ese mi trabajo? —Miré sus profundos ojos azules y su hermoso rostro y tomé una decisión.

Coloqué mi tenedor junto a mi plato.

—Quiero hablar de ello. Por favor, Jasper.

Se paralizó cuando continué:

—Es absolutamente ridículo que creas que puedes terminar… Mierda —comencé otra vez—. Jasper, te amo. Quiero seguir casada. Quiero estar contigo todos los días por el resto de mi vida. Pero este secreto de lo que está pasando contigo tiene que terminar. Tenemos que lidiar con esto juntos. Sé que no me quieres en ningún lugar cerca de esto y crees que puedes lidiar con esto tú solo, pero está afectándome lo quieras o no. Tienes que dejarme entrar.

—Lo sé —susurró, mientras rodeaba la orilla del vaso con su dedo.

—Dime por qué no tomas medicinas.

Suspiró mientras me miraba.

—Por la forma en la que me hacen sentir. Como si estuviera en una nube de la que no puedo bajar. Lo odio. Estuve con ellas mucho tiempo, pero cuando fui capaz de tomar mi propia decisión, dejé de tomarlas.

—Entonces intenta con diferentes medicinas.

—Lo he hecho —dijo con un suspiro—. ¿Quieres que las nombre en orden alfabético?

Miré mi plato lleno.

—No. Está bien, sin medicinas. —Mirándolo, continué—: ¿Por qué no me dejas ir a tus sesiones?

—Porque es vergonzoso para mí. Hablamos desde todas las tareas mundanas que tengo que repetir una y otra vez hasta que las entiendo, hasta otras cosas que no quiero que escuches. Mi proceso de pensamiento es completamente distinto al tuyo y temo que lo que escuches se pierda en la traducción. Te amo, pero no necesito escuchar todos tus pensamientos para hacerlo.

—Está bien. —Tragué—. ¿Eso fue tan difícil?

—¿Eso es todo? —preguntó, sorprendido.

—Por ahora —dije, rodeando la mesa para sentarme en su rezago. Entrelazando mis dedos detrás de su cuello, lo acerqué a mí. Pasé mis dedos por su cabello—. Necesitas un corte de cabello.

Jasper sonrió mientras apretaba mi pecho.

—Estaba pensando en dejarlo crecer, quizás mechas rubias y una permanente.

—¿Qué demonios? ¡No, no lo harás!

—Bueno, quiero decir, quiero ser el hombre de tus sueños, nena. —Rió mientras empezaba a tararear.

Reconociendo el ritmo, la compresión me golpeó.

—Encontraste mi caja de NSYNC. —Puse mi cabeza en mis manos cuando comenzó a cantar Bye Bye Bye con toda su fuerza mientras intentaba no reír histéricamente.

—Conoces la letra —dije sarcásticamente—. ¡Que dice eso de ti!

Con un resoplido, me dirigí al dormitorio y jadeé cuando abrí la puerta. Cada centímetro de nuestra habitación estaba decorado con mi caja de recuerdos. Había colgado todos los posters, sacado cada botón, cada camiseta y creado un santuario de Justin Timberlake en nuestra habitación.

—¡Idiota! —dije mientras corría y me tiraba sobre la cama. Su risa sonó fuerte mientras miraba a nuestro alrededor, completamente avergonzada.

—Bueno, parece que mi nena tiene un armario lleno de secretos. Estaba buscando al competidor de mi apéndice y me encontré con este tesoro.

—¿El competidor de tu apendi…? —Mis ojos se agrandaron—. ¿Mi vibrador? ¿Qué hiciste con JT?

Sus ojos se agrandaron y dejó caer su cabeza cuando comenzó a rugir de la risa, una vez que había admitido que mi vibrador se llamaba, de hecho, como la superestrella que estaba actualmente rodeándonos con su inquietante sonrisa dentada. Después de un minuto de completa vergüenza, miré a mi esposo, quien todavía estaba sacudiendo su cabeza mientras su risa disminuía.

—Solo digamos que JT está durmiendo con los peces —susurró, tirando de mi labio inferior con sus dientes.

Arqueé una ceja.

—¿Con que crees que puedes vencer su record?

Jasper sostuvo mi labio entre sus dientes mientras hablaba.

—¿Cuántos?

—Ocho —dije descaradamente.

Dejó escapar mi labio de su boca mientras me miraba.

—Oh, estás dentro —dijo, antes de estrellar su boca contra la mía. Cuando se alejó, listo para hacer una buena competencia, detuve su ocupada cabeza.

—Te amo, Jasper. Todo tú.

Sintiendo mi necesidad porque entendiera, me miró.

—Lo sé.

En los meses siguientes, ambos permanecimos ocupados, yo con el trabajo y el próximo lanzamiento de RP Whitlock. Me había lanzado de cabeza al marketing y sin lugar a duda sabía que era eso lo que quería dedicarme. Si tendría o no éxito, sólo el tiempo lo diría.

Después de lo que pareció una excesiva cantidad de días de trabajo que Jasper y yo compartimos, decidimos tomarnos un fin de semana libre justo para no hacer nada.

Jasper yacía en la tumbona junto a mí, con su iPod en mano mientras yo frotaba aceite sobre mis piernas. Lo miré para verlo observándome intensamente.

—Acabamos de salir —lo regañé cuando leí sus pensamientos.

—No creo que le importe a mi pene —dijo con voz ronca.

—Voy a terminar embarazada —murmuré, poniendo los ojos en blanco.

Sus ojos se desviaron hacia mi estómago. No dijo nada más cuando se puso sus auriculares. Sentí el pequeño cambio en su humor juguetón cuando me senté y le quité sus auriculares.

—No me gusta lo que acaba de pasar —dije, dándole una mirada inquisitiva.

—Solo que no creo que necesitemos eso ahora —dijo, tomando mi mano y apretándola brevemente antes de soltarla.

—Yo tampoco, pero no me gusta la forma en la que te cierras cuando hablo sobre tener un bebé. Como si ni siquiera fuera una posibilidad.

Se enderezó en su silla y me enfrentó.

—Entonces cuando quieras un bebé, hablaremos de ello. Hasta entonces, digamos que…no.

Se inclinó, me besó y luego se recostó en su silla, volviendo a ponerse sus auriculares. Entendí su duda. Me sentía del mismo modo, así que no discutí con él. No estábamos listos.

Pasamos el fin de semana pendientes el uno del otro como habíamos hecho el verano pasado. Pasamos largas horas amándonos y devorándonos. Era lo nuestro; y eso fue lo que hicimos.

Y esperaba que nunca cambiase.