La historia es una adaptación del libro Loving the White Liar de Kate Steward y los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.


Veiticinco

Ocho meses después de convertirme en la señora Whitlock, llegué a un punto de quiebre.

Estaba revisando nuestro extracto de la tarjeta de crédito en el sofá, recordándome a mí misma pagar las facturas para comenzar mi negocio.

Sin importar cuanto pudiera hacer por mi cuenta, había un par de cosas que necesitaba y había estado ahorrando durante meses. Era mi último paso para lanzarme a mi nuevo sueño.

Cuando abrí nuestro extracto Internet, me quedé boquiabierta. Tomando varias respiraciones profundas, examiné cuidadosamente el deterioro en nuestra cuenta de ahorros y después revisé de nuevo el saldo de nuestra tarjeta de crédito. La rabia se disparó a través de mí en oleadas cuando me di cuenta que Jasper había, en tan solo un mes, vaciado nuestros ahorros en simples y estúpidas compras. Ya no tenía ni la mitad de lo que necesitaba para comenzar mi compañía.

Lívida y sorprendida, cerré mi portátil de golpe justo cuando Jasper entró por la puerta. No me importó ni una mierda ver su estado de ánimo. No me importaba una mierda sobre la mejor manera de abordarlo; me lancé a un completo ataque explosivo.

—¡¿Qué demonios has hecho?! —lo confronté mientras me miraba con sorpresa antes de decir rápidamente.

—Que recibimiento. ¿Deberíamos intentar esto de nuevo? —espetó mientras intentaba pasar por mi lado.

—Claro que no, hablarás conmigo ahora mismo —exigí, plantándome enfrente de él.

—Bella, dame diez minutos —dijo, moviéndome a un lado suavemente.

—Te gastaste todo lo que estaba ahorrando, ¡y algo del fondo de la casa! ¿Qué demonios estabas pensando?

—Estaba pensando en que necesitábamos esa mierda así que lo compré. No eres exactamente inocente con tu armario lleno de ropa nueva —argumentó mientras saltaba frente a él de nuevo.

—¡Gasté cien, tu gastaste casi mil! ¡No tengo suficiente dinero para ponerlo en marcha! ¡Me llevará meses ahorrar!

Jasper me miró pensativamente antes de que su mandíbula se tensara.

—Te lo compensaré. Voy a conseguirlo.

—¿Cómo? Cómo vas a hacer eso, ¿eh? Todo este trabajo que he hecho, toda esta mierda que he organizado, ¡no puedo pagar por nada de eso! —Mi rabia hirvió mientras continuaba—. ¡No puedes de ninguna forma arreglarlo!

—Te pedí diez minutos. —Pasó a mi lado hacia el dormitorio y fui justo tras sus talones—. Justo lo que un hombre necesita cuando llega a casa con su trasero sudado después de un día difícil —se quejó mientras caminaba hacia el cuarto.

Casi como un pensamiento tardío, se dio la vuelta para cerrar de un portazo y dejarme fuera, sin darse cuenta que iba justo detrás de él. La madera me dio directamente en la cara y en las rodillas y me lanzó hacia atrás, aterrizando sobre mi trasero en el baño al otro lado del pasillo detrás de mí. Grité de dolor, sosteniéndome la nariz. Jasper abrió la puerta y sus ojos se abrieron al darse cuenta que me había golpeado.

—¡Tú! —grité, completamente incapaz de contenerme. Los ojos de Jasper se abrieron aún más cuando alcé una mano a mi cara—. ¡Estás arruinando mi vida! —Jasper avanzó y sacó una toalla del aparador de las toallas e inclinó mi cabeza hacia arriba mientras suavemente aplicaba presión.

Apartando mi rostro, lancé la toalla al suelo mientras me enfurecía por el dolor que cursaba a través de mí y la traición que sentía: porque a él no le importaba lo duro que había trabajado, sin importarle que todo lo que había hecho en los últimos meses se estuviera esfumando.

Jasper, todavía intentando atender mi nariz, corrió hasta la cocina, para traerme una bolsa de hielo mientras me giraba para mirarme en el espejo del baño. Mi nariz estaba sólo ligeramente hinchada y no estaba ni siquiera sangrando. Jasper rodeó la esquina, disculpándose con cada respiración mientras una vez más me inclinaba hacia arriba mi barbilla, sosteniendo la bolsa de hielo sobre mi cara.

—Dios, no sabía que estabas detrás de mí —dijo entre dientes, con su rostro tenso de pánico.

—¿Sabes que has arruinado todo para mí? ¿Todo por lo que he trabajado? —Jasper dio un paso hacia atrás cuando corrí hacia él, sin ser capaz de contenerme—. Quería una cosa para mí. Sabias lo importante que esto era para mí. ¿Cómo pudiste ser tan irreflexivo?

—Lo arreglaré.

—Mentira —espeté en respuesta, completamente fuera de control incluso mientras veía el dolor pasar por sus rasgos—. ¡Lo arruinaste!

—Lo arreglaré. Conseguiré el dinero. Me encargaré de eso.

—Otra mentira —dije, echando humo mientras la derrota me abrumaba y comenzaba a llorar—. Difícilmente haces alguna vez lo que dices que harás. No eres nada más que un mentiroso. ¡No! —Espeté cuando dio un paso hacia mí, el remordimiento era claro en sus rasgos.

—Mantente malditamente lejos de mí —sollocé—. ¿Cómo se supone que voy a perdonarte? —Jasper se quedó mirándome, completamente perdido—. ¿Cómo se supone que debo perdonarte? ¡Respóndeme!

—No lo harás —respondió en voz baja—. No.

—¿Qué? —pregunté, confundida. Aparté mi atención del examen de mi nariz en el espejo para mirarlo.

Se deslizó hacia abajo contra la pared del pasillo, colocando las manos sobre su cabeza.

—Jasper —dije, sabiendo exactamente lo que estaba a punto de decir—. Eso no está pasando.

—No quiero lastimarte más.

—Bueno, volverá a pasar. Estaba molesta. Todavía lo estoy —dije, manteniéndome firme—. Pero lamento lo que dije.

—Lo sé —dijo, subiendo su triste mirada de ojos azules hacía la mía. Todavía cubierto por su día de trabajo, en sus ropas sucias, se veía comestible, hermoso y completamente destrozado por lo que acababa de decir—. Te mereces a un tipo que pueda darte cosas. Cosas que yo no puedo permitirme.

—Gilipolleces —dije, tomando asiento en la pared opuesta.

—Y un tipo que no te joda la cena o el buen humor diciendo que no le gusta tu vestido.

—Superé esa mierda, Jasper, ¡basta! —Vi sus ojos llenos de lágrimas.

—Te mereces más. Más de lo que yo puedo hacer —dijo simplemente—. Tienes ambiciones y yo… no. No tengo deseos de hacer nada más de lo que hago ahora mismo. ¿Puedes decir honestamente que eso es suficiente para ti?

—Estamos casados —dije.

—Tal vez no deberíamos —susurró.

Apreté mi pecho cuando mi corazón se estremeció.

—No te atrevas —lo amenacé.

—Mantuviste tu promesa nena y creo que siempre lo harías si te lo permitiera, pero te amo lo suficiente para darme cuenta, que puede que haya arruinado bastante tu vida. Pedirte que lidiaras con esto fue egoísta y te lo dije. No siempre voy a estar bajo control. No siempre va a ser fácil lidiar conmigo. No siempre voy a ser ese hombre.

—Y me casé contigo porque no lo eras. Fue una pelea. Tendremos más. —Me levanté, sin estar dispuesta a escuchar más sus tonterías—. Simplemente pediré prestado el fondo de la casa. Podemos ahorrar más dinero más adelante.

—Bel… —protestó Jasper.

—No quiero escucharlo, lo sea que vayas a decir.

—Te mereces estar con alguien con quien no te dé miedo tener niños. —Me miró con su rostro hecho trizas—. Tienes miedo de mí, sin importar lo mucho que intentes ocultarlo.

—Eso no es verdad —dije, con voz trémula—. No lo es.

—Sí lo es —dijo mientras una solitaria lagrima bajaba por su mejilla—. Porque yo también tengo miedo.

—No es como si explotaras todos los días, Jasper. Ha pasado mucho tiempo desde que…

—Pero sólo han pasado diez minutos desde que tú lo hiciste —dijo Jasper mientras se pasaba las manos por el cabello—. Te lleve a eso con mi mierda.

—Estaba dolida, molesta. He tenido que dejar cosas peores por ti.

—Y no tendrías que hacerlo —dijo, resignado mientras se ponía de pie para mirarme—. Mira tu rostro —gruñó mientras las lágrimas caían pesadas—. La forma en que me estas mirando.

—Jasper, lo superaremos. No hagas de esto más de lo que es.

—Es más, Bella. Sólo estoy señalando la verdad. ¿Quieres saber lo que pasa dentro de mi cabeza? Te lo pondré simple. No voy a ser capaz de ser el esposo que necesitas. No puedo darte las cosas que quieres. No soy capaz de muchas de las cosas que otros esposos pueden hacer. Y estoy cansado de sentirme culpable por eso.

—Egoísta —dije cuando un dolor estalló en mi pecho—. Eso es egoísmo.

Cuadrando mis hombros, no me di tiempo de pensar en las palabras.

»No vas a hacer esto. No te dejaré que lo hagas. Pelearé contigo a cada paso del camino.

—Cariño, escucha…

—No, escucha . Aunque deje de amarte, ¿quién lo hará? ¿Vas a quedarte toda tu vida dejando que las mujeres se enamoren de ti y luego las alejarás cuando las cosas se hagan difíciles para ellas? ¿Para ti? ¿Cuántas mujeres habrán después de mí y cuál de ellas crees que podrá amarte más de lo yo lo hago? ¿Es esto lo que quieres para ti? ¿Y qué hay de mí y del hecho de que no soy yo misma cuando no estamos juntos? Ese mismo días me enorgullecí de amarte y ser tu esposa, sin importar la mierda que enfrentáramos. Significas todo para mí. —Empujé su pecho.

»Puedo vivir sin ti, pero me niego a hacerlo y tú no vas a tomar la decisión por mí. ¿Qué parte del acepto no entendiste? —Sollocé mientras giraba mi anillo—. Estoy tratando de entender. Te he aceptado tal y como eres, pero aun así tengo permitido enojarme cuando lo sienta, estar triste, decepcionada y todas esas cosas. Pero eso no se compara ni una mierda con lo bueno que tenemos. Nosotros valemos la pena.

Lo miré y le ofrecí con auténtica honestidad mis siguientes palabras.

»Puedo perdonarte por casi cualquier cosa, pero si alguna vez amenazas con terminar esto de nuevo, nunca te perdonaré por eso. —Me abrí paso a mi dormitorio y cerré la puerta a mis espaldas.

Me encantaría decir que nos besamos y arreglamos todo después de ese día, pero la verdad fue que estuvimos discutiendo incesantemente sobre el dinero que no teníamos y facturas que no podíamos pagar por los derroches de Jasper. Estaba pasando más tiempo en internet en un intento de comenzar mi negocio en lugar de convertir mi matrimonio en la prioridad. Estaba comenzando a alejarme más de Jasper también y él me lo decía cada vez que podía.

Todo parecía deprimente y eso sólo empeoró la ofensa ya que no le había permitido tocarme íntimamente en semanas. Estaba demasiado ocupada lamentándome por nuestra vieja relación en lugar de colaborar en la que estábamos. Se habían dicho cosas y se habían roto las promesas, hasta el punto de acusarme de dejarlo mientras todavía vivía con él.

—Puede que todavía tengas la ropa en el armario, Bella, pero tienes un pie fuera de la puerta. Estoy intentándolo. No puedo hacerlo solo.

Y tenía razón. Estaba retirándome. Y estaba rompiendo mi propio corazón y jugando a la hipócrita. Le había dicho que jamás amenazara con separarnos y ahí estaba yo abriendo una brecha entre ambos. El cambio fue lento, pero estaba haciéndose más y más presente. Incluso con los votos entre nosotros y todo el amor que sentía, mi corazón estaba formando una especie de barricada. Él estaba interesándose menos en mi nueva aventura empresarial y estaba teniendo problemas para captar su atención. La tensión estaba allí, era palpable y se sentía muy parecida al resentimiento.

Y era por ambas partes. Por mucho que quisiera, estaba costándome mucho perdonarlo. El resentimiento de Jasper provenía de la promesa que le había hecho hacía casi un año: mi promesa de no dejarlo jamás. La distancia entre los dos estaba creciendo a un ritmo alarmante y aun así ninguna parte de mi quería estar lejos de él. Ninguna parte de mi estaba resignada a rendirse. De alguna forma, me daba miedo dejar libre el corazón al que tan desesperadamente necesitaba comprender y aferrarme.

Mirando al vacío en el trabajo, semanas después de mi explosión, de repente tuve la imperiosa necesidad de respuestas. Necesitaba ayuda y la necesitaba desesperadamente. Tomé mi bolso y le informé a Charlotte que necesitaba solo un día libre. Ella pareció entender y me dejo salir del trabajo en silencio.

Comencé a conducir sin rumbo, tratando de pensar en una forma de recuperar algo de lo que Jasper y yo tuvimos. Lo amaba más que nunca. Nuestra convivencia era hermosa… hasta que dejó de serlo. No podía entender como algo tan increíble podía convertirse en algo tan malditamente desesperante. Todavía lo anhelaba como una droga… su sonrisa, su abrazo, su amistad. Y también para que negarlo era tan sexual como a Jasper. Necesitaba nuestra conexión de regreso y por alguna razón no podía permitirme creer en ello. Él estaba esforzando mucho, ¿entonces por qué yo no?

Conduje durante una hora antes de detener el automóvil para dejar salir mis emociones. No había tenido otro episodio en meses. No podía entender la fuente de mi inquietud. Necesitaba algo… cualquier cosa. Una idea se me ocurrió y rápidamente busqué en Google la dirección.