La historia es una adaptación del libro Loving the White Liar de Kate Steward y los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.


Veintisiete

Al llegar a casa ese día, había estado dispuesta a tratar de hacer las paces con Jasper si estaba receptivo. Entré con el estruendo de Sail de Awolnation y me paralicé mientras estaba de pie en el umbral, escuchando las palabras. Definitivamente esto era frustración y furia. La letra de la canción me dejó hecha polvo mientras dejaba el bolso para buscar a Jasper. Escuché un suspiro brusco proveniente de la habitación y me dirigí hacia la puerta. Se me secó la boca cuando vi a Jasper en el suelo haciendo abdominales en calzoncillos. Su cuerpo brillaba del sudor mientras autoforzaba. Me miró pero no detuvo su enérgico ejercicio.

—Hola —saludé, dando un paso dentro de la habitación mientras la música me atravesaba—. Bonita elección musical. ¿Estás tratando de decirme algo?

Continuó su esfuerzo mientras yo observaba su perfección. Se me aceleró el pulso mientras veía sus músculos flexionándose cada vez que alzaba el torso. Estaba tratando en vano de rechazar mi creciente excitación, porque francamente no era el momento, pero habían pasado semanas y se veía como un tsunami bienvenido en el desierto. Sin invitación, me senté sobre sus pies y me aferré a sus rodillas, del modo que hacía normalmente cuando hacía ejercicio en casa. Se detuvo en su siguiente abdominal y me miró con cautela.

—¿Así que ahora existo? —farfulló, reanudando el trabajo.

—No —supliqué mientras miraba su rostro cambiar con la energía que exudaba.

—¿No, qué? —cuestionó con brusquedad mientas evitaba mi mirada.

—Esperaba que pudiésemos hablar —indiqué.

—¿Sobre qué? —respondió con enfado.

—Nosotros —contesté, abrazándole las rodillas.

—¿Qué nosotros? Oh, ¿el nosotros que me prohibiste dejar y luego te diste la vuelta y lo abandonaste tú misma? —Apartó sus pies de mí, dejándome en el suelo y se dirigió al baño.

—Jasper, siento haber estado tan distante. Simplemente he estado arreglando las cosas en mi cabeza.

Se detuvo en la puerta y me miró como si no quisiese creerme.

—Siempre pasa exactamente lo mismo.

Me levanté del suelo, confusa hasta que me di cuenta.

—No me catalogues con ellos —dije detrás de Jasper mientras él ponía en marcha la ducha.

—¿Por qué? —cuestionó, girándose para mirarme mientras dejaba caer el calzoncillo—. Para ser diferente, nena, tienes que actuar diferente. Además de mi madre, fuiste la única mujer en mi vida que nunca me hizo sentirme prescindible.

Dejé que la punzada siguiese su curso.

Pestañeé para alejar las lágrimas, empezando a frustrarme a cada segundo.

—¿Así que no hay posibilidad de error por mi parte? ¿Eres el que puede joderla y ser perdonado y yo tengo que ser una santa?

Suspiró y me miró con remordimiento.

—¿Podemos no hacer esto hoy? Llama a Allie y ve a pasar un rato con ella. Voy a salir con los chicos unas cuantas horas.

Se metió en la ducha y cerró la cortina mientras yo permanecía allí, sintiendo el espacio entre ambos insoportablemente. Me quité la ropa y me metí detrás de él en la ducha mientras se enjabonaba el cabello. Permanecí detrás de él, codiciando su musculosa espalda y hermosa piel húmeda mientras se ponía bajo el chorro.

Dios, era hermoso. Cuando se giró y me vio, no parecía sorprendido. Pasó la mirada por mi cuerpo desnudo y sentí el tirón como siempre hacía, pero me quedé quieta.

Sonrió cuando me atrapó admirándole.

—¿Sabes? Después, cuando me mires ya no sabré que estás pensando, pero ahora mismo puedo leerte los pensamientos alto y claro.

Se acercó y se me entrecortó la respiración. El músculo entre sus piernas empezó a endurecerse y acarició mi estómago mientras ponía ambas manos en los azulejos, a ambos lados de mi rostro.

—Siempre hemos sido buenos en esto, ¿no? —susurró a centímetros de mis labios, mirándome fijamente con sus acalorados ojos—. Puedo levantar tu pierna derecha ahora y deslizarme en ti, sabiendo que estarías preparada y encajaría perfectamente —murmuró mientras su aliento golpeaba mi piel.

Entrecerró los ojos y se fijó en mi respiración acelerada.

»Llenarte una y otra y otra vez; y hacerte gritar mi nombre mientras te corres. —Tomó su erección y empezó a acariciarse mientras se inclinaba en mi oído y susurraba—: Ya puedo sentirte en mi lengua, sentir tus piernas apretarse a mi alrededor.

Se apartó, dejándose ir.

Seducida y preparada a fondo, le alcancé pero me detuvo.

—Por favor, tócame —supliqué.

—No puedo.

—Solo estoy tratando de amarte de la mejor manera que sé —me defendí.

Hizo un gesto de dolor mientras me miraba fijamente.

—¿No fuiste tú la que dijo que era fácil amarme? —me recordó, dando otro paso bajo el agua, sin dejar de mirarme.

Me mordí el labio mientras las lágrimas amenazaban. Me estaba castigando por mi distanciamiento.

Estaba siendo un bastardo.

—Lo es —dije cuidadosamente.

—¿Entonces por qué tienes que intentarlo?

—¿Quieres que me rinda? —cuestioné, desesperada—. ¿Qué quieres, Jasper?

No dudó en su respuesta:

—Quiero a mi mujer de vuelta.

Asentí, sabiendo que tenía razón. Nuestra relación había sobrepasado mucho el sexo y no nos haríamos ningún favor cediendo ante nuestras urgencias. No resolvería nada. Haciendo frente a la verdad de mi aventura de hoy, me abracé mientras confesaba:

—Hoy fui a ver al doctor Cullen.

El rostro de Jasper se retorció ligeramente confuso antes de reír irónicamente con un asentimiento.

—Bien, me alegro.

—¿No estás enfadado? —comenté, tanto confundida como aliviada.

—No, ¿esperabas que lo estuviese?

Me encogí de hombros mientras me miraba con curiosidad.

—No habló sobre tus pensamientos privados ni nada por el estilo. Fue por mí.

—Lo entiendo —murmuró, girándose para enjabonarse y aclararse.

—Quería entender por lo que pasas. Y, quiero decir... realmente ayudó... explicó mucho. No tenía ni idea de lo difícil que era para ti, Jasper. Solo deseo que me lo hubieses dicho.

—¿Qué pasa contigo? —preguntó, con tono ligeramente frío—. ¿Le contaste lo difícil que es para ti?

Asentí mientras me temblaban los labios, con la emoción pugnando por salir.

Jasper me empujó bajo el agua con él, pero manteniendo la distancia todavía. Me puse de puntillas para besar el hoyuelo de su barbilla y me lo permitió, junto con mi movimiento le di un suave beso en los labios.

—Tu mujer está justo aquí —ofrecí mientras le tendía mi corazón.

—Llego tarde —respondió, pasando los dedos por mi cabello húmedo antes de huir rápidamente de la ducha.

Yo y mi corazón abandonado acabamos nuestra ducha y miramos a nuestro marido salir por la puerta principal para escaparse de ambos.

Horas después en la cama, olí el vodka antes de sentir el suave y dulce beso en los labios. Estaba a punto de devolvérselo y rodearle el cuello con los brazos cuando escuché a Alec susurrar desde la puerta de la habitación:

—Jasper, hombre, tengo el juego preparado. Déjala sola y que duerma. Se enfadará si la despiertas cuando estás borracho.

Sentí el peso cambiar cuando dejó la cama y luego escuché su contestación desesperada desde la puerta.

—La estoy perdiendo, hombre.

—Tonterías. —Fue lo último que oí mientras la puerta se cerraba.

No pude entender el resto de la conversación. Quería ir junto a Jasper, decirle que no me iba a ningún lado; pero no lo hice debido al comentario de borracho y al hecho de que tenía compañía, lo que era extraño desde su enfrentamiento con Paul. Solo me había presentado a unos cuantos amigos desde que le conocía. Parecía que eran todos los que tenía. Era más cuidadoso cuando venían y se negaba a dejar la habitación si yo estaba allí. Con Alec parecía completamente tranquilo y también lo estaba yo. Estaba contenta de que confiase lo suficiente para apoyarse y confiar en él. Era duro verle recuperarse de perder a uno de sus amigos más antiguos.

Decidí que haría mi misión el acortar la distancia entre nosotros por la mañana. Más que nada quería olvidar las pasadas semanas y seguir adelante. Ya era hora de olvidar eso y mi fiesta de autocompasión que tanto nos había herido. Su beso persistente me consoló mientras volvía a quedarme dormida.