La historia es una adaptación del libro Loving the White Liar de Kate Steward y los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.
Veintiocho
La siguiente mañana me desperté antes de que mi alarma sonase y vi que Jasper ya se había ido. Totalmente desanimada, me dirigí al baño para comenzar a prepararme. No estaba segura de sí ahora también me estaba evitando. Con el pecho dolorido, lancé mi camisón al suelo, tomé mi cepillo de dientes y entonces me detuve.
El iPod de Jasper estaba apoyado contra el espejo con una pequeña nota pegada que decía que haría las cosas bien y que me amaba. Pulsé reproducir y el corazón me saltó a la garganta mientras Mirrors de Justin Timberlake sonaba en el cuarto de baño. Me quedé allí de pie desnuda con los brazos cruzados sobre el pecho mientras escuchaba las palabras prestadas de Jasper, completamente en carne viva, mientras me cubrían de esperanza. En el momento en el que el segundo coro sonó, era un mar de lágrimas. Pulsé repetir y volví a escuchar la canción una y otra vez mientras me duchaba hasta que el teléfono sonó. Me aclaré rápidamente y lo tomé justo antes de que fuese al buzón de voz, esperando que fuese Jasper pero era mi madre.
—Mamá, estoy en la ducha...
—Se lo llevaron todo. Oh, Dios, él se fue. ¡Ha desaparecido! —Mi madre estaba entre histérica y sollozando.
Caí en la cuenta al comprender que después de muchos meses de empacar cuidadosamente, finalmente habíamos arreglado para que un camión se llevara las pertenencias esta mañana.
—Mamá, escúchame...
—¡No puedo vivir sin él, no lo entiendes! ¡No puedo! Todos los queréis pero no puedo. ¡Sus cosas eran todo lo que me quedaba!
—Mamá, estoy de camino, ¿de acuerdo? —La escuché llorando agónicamente al otro lado hasta que colgó.
En todos mis años nunca la había escuchado así. Corrí a mi habitación y metí algo de ropa en una pequeña maleta que había comprado para la luna de miel. No iba a dejarla hasta que supiese que estaba bien. Rápidamente le mandé un mensaje a Jasper diciéndole que necesitaba estar con mi madre y no estaría en casa.
Corrí a casa de mi madre para encontrarla en la entrada delantera, en las escaleras con el teléfono móvil a su lado . Salí de mi auto hacia ella mientras se levantaba y la abracé mientras sollozaba contra mí.
—Sé que soy tu madre, no debería haberte hecho eso. Lo siento, cariño. —Sorbió por la nariz mientras yo lloraba en sus brazos—. No puedo entender cómo la gente supera esto. ¡Dime cómo la gente lo supera!
—No lo sé. —Me separé y la miré a sus hundidos y enrojecidos ojos marrones, por lo que vi. No era la madre siempre dispuesta con una sonrisa a la que estaba acostumbrada. Se había guardado todo este dolor en su interior. Me sentí honrada de estar allí para ella, como ella lo había estado para mí y mis hermanas toda mi vida. Y al mismo tiempo, me destrozaba que mi estoica madre hubiese sido tan valiente todo este tiempo con este dolor profundamente grabado e interminable escondido. .
La conduje dentro de casa y la senté en el sofá, luego fui a la cocina y preparé un poco de té para ambas.
—Gracias —dijo, tomando su vaso y poniéndolo en la mesita de café—. Bella, no debería haberte hecho eso. He contado más contigo en estos últimos seis meses de lo que lo he hecho jamás.
—Mamá, estoy agradecida que lo has hecho. Estoy contenta de que me hayas llamado —indiqué, tomando su mano—. Echo de menos a papá todo el tiempo. Le echo muchísimo de menos. —Se me rompió la voz—. No hablo de él porque tú no lo haces. Sé que parece tonto pero creo que he estado esperándote.
Las lágrimas se deslizaron por nuestros rostros mientras miraba alrededor de la casa.
»Simplemente eran cosas, mamá. Ya sabes, eso no le retienen aquí.
—Sé lo estúpido que puede parecer, pero podía deambular por ahí todos los días, ver algo y eso desencadenaría un recuerdo. No estaba preparada para perder eso. —Sorbió por la nariz mientras tomaba un pañuelo de la caja en la mesa.
—Dios, mamá, lo siento mucho. Les llamaré ahora mismo. Estoy segura de que aún no lo han descargado. —Saqué el teléfono del bolsillo, pero me detuvo.
—¿Y luego qué? —preguntó con un suspiro—. Y entonces desempacarlo todo y así tendría más de una razón para no dejar esta casa, para no pensar en otra cosa que el hecho de que se ha ido. No, eso fue lo que debía hacer y sinceramente, nunca habría estado preparada.
Asentí, notando un mensaje de Jasper pero decidiendo que podía esperar hasta más tarde.
Mi madre me miró con toda sinceridad.
—No fue suficiente. Pasamos muchos años juntos, pero no fue suficiente, Bella. Casi cuatro décadas y quería más, ¡maldita sea! —Se deshizo, mientras la consumían los sollozos—. Cada día es otro día lejos del tiempo que estuvimos juntos, ¿sabes lo que quiero decir? Siento como que lo estoy perdiendo otra vez.
Me aferré a ella mientras me abrazaba con fuerza, dejando que sus emociones tomasen el poder.
Me senté junto a mi madre durante largas horas simplemente escuchándola hablar de mi padre. Las cosas que él hizo, los recuerdos que tenían antes de que llegasen los hijos. Estaba completamente fascinada. Nos pasamos horas en su porche trasero, bebiendo algo del brebaje que Alexis había dejado mientras me contaba sobre los días cuando se conocieron.
—Era tan malditamente guapo. Jesús, pero lo que más me atrapó fue su sonrisa. Supe que cuando la vi quería volver a verla. —Me dio un guiño—. Así que cuando me pidió salir le dije que me besase el trasero.
Escupí mi bebida mientras continuó sin reaccionar ante mi sorpresa, o el líquido que ahora cubría su mueble de mimbre.
—Este hombre era el mayor tonto de este lado de la frontera Mason-Dixon. Nunca había conocido a nadie tan arrogante, tan orgulloso. Juré que iba a golpearme en la cabeza con su porra y llamarme como su Jane. —Mi madre tomó un sorbo de su bebida y me miró con una sonrisa—. Todo el mundo le quería y no fui una excepción, pero sabía demasiado bien cómo hacerme valer.
—¿Qué pasó? —pregunté, intrigada.
—Empecé a tener citas con otro —respondió tímidamente—. Sabía que él se daría cuenta de mi engaño e hice que el otro tipo fuese muy convincente. Tu padre luchó por mí con uñas y dientes durante meses.
En el borde del asiento, me incliné.
—Y después, ¿qué?
—Gané. —Volvió a guiñar un ojo—. Tu padre era todo y nada como el hombre que conocías. Justo como yo, los padres también son personas, ¿sabes? Cuando los hijos fueron naciendo, las cosas fueron cambiando y no nos arrepentimos, pero éramos bastante locos en nuestra época. Y no preguntes, porque no te lo contaré. Eran los setenta. Usa la imaginación.
Me reí mientras servía algo de brebaje del jarro en nuestros vasos.
—A veces pienso que tuvimos demasiados hijos —susurró entre dientes.
Sentí una dura punzada de confusión mientras alzaba sus brillantes ojos hacia mi ruborizado rostro.
»No por lo que estás pensando, cariño. Dios, te queremos mucho... —Se detuvo mientras se le llenaban los ojos de lágrimas otra vez—. Demasiadas oportunidades de perderte, ¿sabes? No he ido a cama una vez sin rezar repetidamente por tu seguridad... cuatro veces.
—Lo entiendo —dije, asintiendo—. Es mucho de qué preocuparse. Y Sabrina... bueno, da miedo.
Mi madre se rio mientras movía mi anillo con el pulgar, pensando en Jasper. Viendo a mi madre así, echando de menos a su marido, hacía que ninguna de las peleas que Jasper ý yo teníamos no parecieran importante. Rápidamente me disculpé para ir al baño y comprobé mi teléfono. Vi la respuesta de Jasper a mi mensaje de esta mañana.
Jasper: ¿Está todo bien?
Yo: Todo está bien. Voy a quedarme aquí durante el fin de semana.
Jasper: De acuerdo.
Yo: Te amo.
El no tener respuesta me hizo suspirar con fuerza. Se estaba cerrando a mí. Tenía que decirle rápidamente que mi ausencia no tenía nada que ver con nuestros problemas.
Yo: Necesito estar aquí, hoy fue mal día para ella.
Marqué su número y se me cayó el alma cuando no respondió. No iba a creerme y los dos mensajes más sin respuesta me aseguraban que ya no iba a escuchar.
Jasper: Arreglaré esto.
En ese momento, parte de mí quería darse por vencida.
No estaba escuchando y ahora mi ausencia, en el peor momento posible, solo le convencía aún más de que aún tenía un pie fuera de la puerta. Nunca antes me había cerrado a él del modo en que lo hice y entendía por qué estaba dudando en creerme. Nunca antes había tenido una relación debido a su TDAH. Y decidida como nunca, sabía que yo sería la primera, incluso si estaba emocionalmente exhausta. Necesitaba recargarme y mi madre me necesitaba, así que dejé la batalla hasta que estuviese preparada para enfrentarla.
Y después, no supe de él al día siguiente o al siguiente. Llamé y mande mensajes y no obtuve nada. Se estaba cerrando a mí otra vez.
Yo: Habla conmigo, por favor. Estoy aquí para estar con mi madre. Me necesita. ¿Cuán egoísta puedes ser?
Nada.
—¿Ese es Jasper? —preguntó mi madre, sabiendo muy bien a quién estaba mandando un mensaje después del segundo día.
—Sí —contesté rápidamente, sin querer añadir más drama a la situación que estábamos manejando actualmente.
Mi madre aún estaba dejando que sus emociones tomasen el control, lo que yo animaba. Las había guardado durante demasiado tiempo.
—Me encanta la forma en que le miras. Es muy refrescante —murmuró mientras removía la cazuela de pollo y los buñuelos.
—¿Cómo le miro mamá? —pregunté, aferrándome a cualquier cosa positiva que pudiese en cuanto a mi matrimonio.
Se giró hacia mí con curiosidad.
—¿Qué está pasando?
—Nada. Realmente nada que no estuviese esperando —comenté rápidamente, mezclando galletas para que las metiese en la olla con el cucharón.
—Con el matrimonio no se espera nada. De ese modo, te sorprenderás por todo. —Me guiñó un ojo—. Pero esto no es algo bueno, ¿no?
Negué.
—¿Alguna vez escuchaste que el matrimonio perfecto es simplemente dos personas imperfectas que se niegan a rendirse la una de la otra?
—No.
—Ahora lo haces —indicó con una risa—. Ambos estaréis bien. ¿Sabes cómo estoy tan segura?
Alcé la mirada a sus brillantes ojos, haciendo mi mejor esfuerzo para creerla.
—Por la forma en la que miras a tu marido.
Luché a través de la jornada de trabajo al día siguiente, intentando no llamarle. En un principio iba a ir a casa anoche, pero aún estaba furiosa por su incapacidad para responderme. Si quería que las cosas funcionasen, no podía ir a casa preparada para estallar. Tendría que dejar a un lado el orgullo en lugar del amor incondicional. Eso era lo que más me costaba aprender y aún estaba teniendo problemas para asimilarla.
La verdad era simple; tenía que probar mi amor por él quedándome. Pero mientras tanto, podía volver a mi matrimonio siendo la mujer que él propuso. Y esa noche, tenía toda la intención de ser la mujer cariñosa.
Atravesé la puerta principal con la compra en una mano y sonreí cuando vi a Jasper en el sofá. Trip empezó a saltar frente a mí y tiró una bolsa de mi mano.
—Maldita sea, Trip. Tranquilízate —reprendí mientras me arrodillaba en el suelo, acercando las cosas a mí y volviendo a meterlas en la bolsa—. No ayudes ni nada, cariño. Tengo esto controlado —comenté, riendo mientras Trip me lamía la barbilla.
Aún de rodillas, alcé la mirada para encontrarme con la de Jasper. Tenía la mirada perdida en el espacio mientras me dirigía otra vez a él:
—Oye, cariño. Tierra a Jasper. Esposa, perro cachondo, comestibles... ayuda. —Me reí mientras se sentaba perfectamente quieto.
—¿Jasper? —cuestioné, sintiendo un repentino y horrible dolor punzante en el pecho. Escuché durante un segundo y me di cuenta de que no había música sonando. No había velas encendidas y el apartamento era un completo desastre. Había papeles desperdigados a su alrededor y tenía todas sus tazas de café sobre la mesa—. ¿Qué sucede?
Giró lentamente sus ojos hacia mí, completamente desenfocados.
—Jasper, cariño, ¿qué ocurre?
Abrió la boca para hablar y cuando nada salió mientras se le aguaban los ojos. Corrí a su lado.
—¿Qué es? Dímelo, por favor. Me estás asustando.
—Algo está mal —dijo, pronunciando mal—. Algo está mal llama... ayuda.
Sin dudarlo, corrí y saqué el teléfono del bolso.
—¿A quién, cariño? ¿Quién? ¿Doctor Cullen? —El pánico se disparó a través de todos mis nervios y, de repente, todo era pesado. Mis piernas, brazos, todo parecía dejar de obedecer mi orden.
El temor fluyó a través de mí con sus siguientes palabras:
—No —respondió, su rostro se desmoronó y las lágrimas bajaban por sus mejillas. Jasper volvió a abrir la boca, como si estuviese intentando gritar, pero no salió ningún sonido. Un pequeño montón de baba acompañó su siguiente palabra:
—Ayuda.
—Oh Dios, cariño, ¿qué hiciste?
Llamé al 911 mientras observé a Jasper desmoronarse frente a mis ojos. Cuando la operadora respondió, estaba totalmente en pánico.
—¡Por favor ayúdeme! Creo que mi marido puede tener una sobredosis de medicación.
La voz ululante que salía de mí no era la mía.
»Jasper, ¿qué tomaste? —supliqué mientras él se distraía de nuevo. Sacudiéndolo otra vez a la realidad, me miró pero bien podía haber estado a un millón de kilómetros de distancia.
Bajé la mirada hacía los papeles esparcidos y vi cada uno empezando con mi nombre.
Bella,
Aún no sé cuál es tu color favorito.
Bella,
Mentiste. Eres una mentirosa.
Bella,
Sabía lo importante que era. Perdóname.
Bella,
¿Qué nos pasó?
—Señora, ¿está ahí?
Alcé mis ojos llenos de lágrimas hacia mi marido, que estaba completamente perdido. Nunca había sentido tanto dolor como tenía en este momento.
—¿Litio? —le pregunté, pensando en la única medicación que podía recordar.
Jasper asintió y su rostro se retorció de nuevo como si tuviese dolor. Levantó las manos como si quisiera agarrarse la parte superior de su cabeza pero no pudo llegar allí. La sujeté y la llevé hasta mi pecho.
—Jasper —susurré, con voz ronca mientras trataba de centrarse en mí.
—Señora, ¿está ahí? —Escuché preguntar a la operadora en la distancia—. Señora, manténgalo tan alerta como sea posible. Trate de que no se quede dormido.
—Tomó litio —le indiqué—. Tomó litio.
—De acuerdo, tome el bote y muéstreselo a los médicos cuando lleguen. Solo espere. Están a cuatro minutos. ¿Entiendo que esta es su nueva medicación?
Mirando a los ojos vacíos de Jasper, mi fortaleza vaciló.
—Acaba de empezar —sollocé—. Simplemente la empezó por mí —admití mientras mi amor intentaba cerrar los ojos.
»Mantente despierto. —Lo sacudí con dureza—. Mantente despierto.
—Lo siento —pronunció mal mientras me miraba antes de apartar la mirada vacía hacia Trip.
La siguiente hora fue un recuerdo confuso de la actividad cuando los médicos llegaron para tomarle el pulso y hacer un inventario de su medicación, antes de que lo sacasen del apartamento en camilla. El viaje en la ambulancia y luego la espera fuera de la sala de emergencias mientras lo atendían fue una completa agonía mientras pensaba en el último mensaje que le envié. Le había llamado egoísta, solo para darme cuenta demasiado tarde de que su elección de medicarse era el epítome de desinterés. Me amaba lo suficiente para hacer algo que juró que nunca haría.
Llamé al doctor Cullen e insistió en que vendría, manteniéndome al teléfono hasta que estuve relativamente calmada. En algún momento llamé a Allie, que se unió mí en la sala de espera y debió haber llamado a mi madre, porque una hora después de que entrásemos en el hospital estaba a mi lado, sosteniéndome la mano.
—Estará bien, dulzura. Lo estará —comentó, sujetándome la mano apretadamente en la suya.
—Alguien tiene que llamar a Mallory. Hacerle saber lo que está pasando —pedí entre un suspiro y un rezo.
—Está en camino —respondió Allie, tendiéndome mi teléfono y bolso, luego acercándome a ella apretadamente—. Va a estar bien. Lo sé.
Me apartó para mirarme a los ojos asintiendo tranquilizadoramente.
Y ahí fue cuando me rompí. Toma mi frustración, preocupación y todo lo demás que había mantenido para mí misma, salió en un torrente mientras me agarraba a Allie. Me acercó a ella con fuerza, mientras dejaba salir mi dolor recordándome que ella era mi roca.
—Te quiero —susurré, mientras lloraba conmigo.
Vislumbré al doctor Cullen mientras caminaba por el pasillo hacia nosotras y le señalé con la mano nuestra posición.
—Aún no sabemos nada —indiqué llorosamente.
Justo cuando él iba a hablar escuché:
—¿Señora Whitlock?
Me reuní con el doctor mientras se acercaba a la sala de espera. Alzo la mano, sintiendo la lluvia de preguntas que se aproximaba.
—Está teniendo una fuerte y poco común respuesta al litio que ha tomado y pensamos que tiene que ver con que esté severamente deshidratado. La fuerza de la medicación ha ralentizado sus funciones motoras a un ritmo alarmante. No es una sobredosis, pero definitivamente le ha dejado incapacitado por ahora. Vamos a mantenerlo aquí esta noche para monitorizarlo y haremos una evaluación completa una vez que esté despierto.
—Entonces, ¿estará bien? —pregunté, completamente anonadada.
—Todos sus signos vitales están bien. Podremos determinar más cuando esté completamente consciente. Dijo que acaba de comenzar la medicación.
—Sí, soy su terapeuta. Se las prescribí. —Escuché hablar al doctor Cullen detrás de mí—. Las ha tomado en el pasado y tuvo reacciones similares, poniéndose extremadamente letárgico la primera semana, pero nunca ha tenido una respuesta así.
Me giré hacia el doctor Cullen conmocionada.
—¿Cuándo lo decidió?
El doctor Cullen me miró.
—Ayer.
—¿Por qué? —le grité—. ¿Por qué hizo esto? —Pero ya sabía la respuesta.
Sentí las manos de mi madre en la espalda, haciéndome saber que estaba allí.
Miré hacia el doctor de emergencias mientras hablaba:
—Necesita tiempo para deshacerse de lo que ha tomado y dejar que lo filtre su sistema. Se lo estamos sacando, pero llevará unas horas. Lo monitorearemos de cerca.
—¿Puedo verle?
—Por supuesto, pero solo una persona a la vez.
Me alejé del agarre de mi madre, dejando a todo el mundo atrás mientras escuchaba a mi madre presentándose al doctor Cullen. No tenía tempo para conversaciones y a decir verdad, estaba enfadada con el doctor. Pero solo porque me negaba a dirigir mi frustración a mi marido, un marido que había decidido intentarlo de nuevo con una medicación que odiaba, por mí.
El odio a mí misma corría muy de cerca con el pánico que aún estaba sintiendo por no ser capaz de despertar a Jasper. Me dolía el cuerpo por la tensión mientras entraba en la habitación donde estaba durmiendo tranquilamente.
Me senté a su lado en una silla, observándolo detenidamente en busca de cualquier movimiento. El dolor puro en mi pecho salió a la superficie y estallé, apoyando la cabeza a su lado y sollocé mi disculpa.
—No tienes que ser nadie más, Jasper. Lo siento. Dios, lo siento mucho. Te empujé a hacer esto. Tú. Eres. Suficiente. Por favor, cariño, ponte bien, solo... solo quiero que estés bien. —Me abrí a él mientras mi necesidad por él se derramaba de mí—. No puedo tener un verano sin sol, Jasper. Te necesito. Lucha contra esta mierda y vuelve, ¿de acuerdo? Por favor.
Lloré hasta que se me secaron los ojos, ignorando a la enfermera que entró y trató de reconfortarme con palabras amables mientras le repetía a Jasper una y otra vez que no podía tener un verano sin sol.
—Hola, pez-pezón.
La voz de Jasper me despertó mientras sentía el tirón de mi espalda gritarme por dormir en esa posición. La golpeé contra la silla y la comprensión de lo que había pasado llegó a mí en tropel. Disparé los ojos hacia los de Jasper y vi que me estaba observando. Su exterior normalmente fuerte parecía frágil y estaba ligeramente pálido.
—Estoy bien —comentó antes de que tuviese oportunidad de hablar—. Pero tú te vez fatal.
—No es divertido —refunfuñé, hundiéndome en sus brazos abiertos.
—Estaba durmiendo muy bien hasta que llegaste aquí llorando —mencionó, pasando los dedos por mi cabello.
—¿Me escuchaste?
—Sí. —Alcé la mirada hacia él y estaba sonriendo—. Estaba esperando una buena historia de cama o una picante confesión sexual, pero por supuesto fuiste totalmente aburrida.
—Deja de bromear —amonesté efusivamente—. Nunca he estado tan asustada en mi vida.
—Lo sé. También escuché eso —dijo, acercándome—. Pasa cada vez que empiezo con la medicación. Dormí casi dos días la última vez.
—¿Por qué, Jasper? ¿Por qué hiciste eso sin hablar conmigo?
—Porque te amo. Porque no quiero poner fin a nuestra vida en común. Porque si el tomarlas significa continuar siendo tu marido, merecería la pena.
Antes de que tuviese la oportunidad de contestar, Jasper me apartó de él repentinamente y se inclinó sobre el borde de la cama para vomitar. Corrí hacia la puerta mientras la enfermera fue a mi encuentro.
—Bien, señora Whitlock. Tal vez quiera salir hasta que consigamos limpiar esto.
Negué con un gesto mientras Jasper me regañaba:
—Vete, Bell. —Cuando dudé, insistió de nuevo—. Vete.
Girando, me dirigí hacia la sala de espera esperando encontrarla vacía. Era temprano por la mañana y asumí que todo el mundo se habría ido a casa. Mallory y mi madre entre lágrimas, charlaban y el doctor Cullen estaba mandando mensajeaba con el teléfono.
—Lo siento mucho. Dios, ni siquiera volví para dejar que lo vieran.
Mallory y mi madre alzaron la mirada hacia mí e inmediatamente estuvieron a mi lado mientras se turnaban para abrazarme.
—Me colé un momento después de que te quedaras dormida —indicó Mallory—. Sé que no estabas pensando con claridad, cielo.
Miré a mi madre que parecía haber envejecido durante la noche.
—Empezó a vomitar cuando se despertó. Me echaron. Lo están limpiando, pero está bien. —Mi madre tenía los ojos llenos de lágrimas mientras la tranquilizaba. Había perdido a su marido repentinamente y podía sentir su miedo por mí—. Está bien, mamá. Estoy bien.
Después de unos minutos de abrazarla contra mí, le di un recado maternal:
—Mamá, llama a Allie, ve a casa y mira de dormir un poco. Puede que necesite llamarte cuando Jasper y yo volvamos a casa.
Mi madre estuvo de acuerdo y se despidió de Mallory y el doctor Cullen. Ella sabía que necesitaba dormir y yo sabía que necesitaba una razón para salir del hospital. Me dolía que pudiese haber sido demasiado para ella.
—Mallory —me dirigí a la madre de Jasper mientras la mía se retiraba por el pasillo—, esto es culpa mía. Le presioné demasiado. ¿Puedes perdonarme?
Mallory me miró durante un largo momento.
—Fui la primera mujer que le hizo medicarse. —Alzó una ceja en mi dirección—. Esto fue un accidente totalmente impredecible y no fue culpa tuya en absoluto. Necesito que me mires ahora mismo y me digas que me crees.
La miré, sin ver a mi marido en ningún rasgo suyo y al mismo tiempo, sintiendo la calidez natural de Jasper emanando de ella.
—De acuerdo, lo intentaré.
—Bien, ahora voy a echarle un vistazo. Me gustaría ver cómo me intentan echar. —Me dio un guiño.
Me giré hacia el doctor Cullen, que había esperado pacientemente su turno.
—Yo también espero que la creas. Esto no fue culpa tuya. Fue decisión de Jasper.
Me senté mientras el cansancio de la noche me atrapó.
—La jodí.
—Y también lo hizo él, pero no de la manera que piensas. Se dio cuenta que puede necesitar ayuda y eso es algo bueno. Quería ayuda para conservar y mantener vuestra relación justo como querías y estaba dispuesto hacer lo que hiciese falta. No hay nada de malo en pedir ayuda y Jasper tenía las mejores intenciones. No quiero que esto te disuada de la medicación...
—No quiero un zombi, quiero a mi marido. Nada de medicación, no ahora de todos modos. —Me mantuve firme—. Si él no las quiere yo tampoco.
—Y es por eso que te merece —comentó amablemente.
—Gracias por venir, doctor Cullen.
—Llámame Carlise —pidió con un guiño—. Doctor Cullen es demasiado formal.
—De acuerdo —respondí, moviendo el anillo con el pulgar.
Carlise me miró una vez más.
—Ambos vais a estar bien. Espero que lo sepas.
—Lo sé —reiteré con certeza.
La enorme sonrisa de Carlise me decía que me creía.
