Capítulo 2

Las pastelerías mágicas, resultó ser, eran tan superiores a las muggles, que casi daba risa.

Las primeras veces en las que se aventuraron, fueron bajo la protección de numerosos disfraces, para evitar a la prensa metida, y con nombres falsos, llevándose muestras para el hogar. Luego comenzaron a explorar confiterías, como ellos mismos, pero con discreción, por no querer tener que remover los encantamientos que los cubrían, antes de poder sucumbir a sus deseos por intimidad física.

Rápidamente, la actividad se volvió aburrida, sin embargo, porque todas las pastelerías parecían estar usando las mismas recetas. Los pasteles eran buenos, sin duda, pero el asunto perdía atractivo, y diversión, con rapidez.

Pero luego, había estado ese lugar, Creaciones en Pasteles de Farton Featherbee. A pesar que el nombre del dueño provocaba un ataque de risa en Hermione, la pastelería mágica tenía el pastel más esponjoso, más dulce, más húmedo que habían probado, y la castaña había gemido con el primer bocado. Le recordaba mucho a esas plumas de azúcar que habían comenzado la fascinación de ella con Severus.

Luego, él había probado también, y Hermione había observado como las agudas mejillas se ponían rosadas y los ojos se ponían más oscuros y los párpados, pesados. La repentina inhalación de parte del hombre, y la lenta exhalación, fueron tan potentes como el sexo mismo. La lengua de Severus se deslizó sobre el tenedor, buscando cada pequeña migaja del pastel.

Por supuesto, la capa de chocolate había sido igual de buena. Era tan deliciosa y pastosa como la que habían compartido la primera noche juntos, pero tenía algo más… algo elusivo. Hermione había probado un segundo bocado y estaba tratando de adivinar qué diablos era, cuando Severus comentó con la voz ronca. "Comino. Interesante elección."

La mirada de él casi la prendió fuego. "ESTE será el pastel de nuestra boda…"

Hermione, con las papilas gustativas todavía deslumbradas por los sabores, asintió.

Casi como aturdida, Hermione lo siguió fuera de la pastelería y camino a casa, cada uno llevando una caja con muestras de pasteles. El Señor Featherbee pensó que no era posible que decidieran cuál era el pastel adecuado con apenas una probada o dos, así que los despachó con una gran variedad de rellenos y glaseados y pasteles, tantas como su pastelería preparaba.

"¿Severus?" Hermione puso la caja sobre la mesa de la cocina.

Él volteó y la miró con una ceja alzada.

"¿Lo… lo dijiste…? Titubeó un poco, luego farfulló. "¿Lo dijiste en serio?"

Él se puso serio. "¿Qué cosa'"

"Nuestra boda." Contestó ella.

"Claro que sí." Se veía perplejo al acercarse a su lado. "¿Por qué otra razón lo habría dicho?"

"Es que… nunca pensé que… como todo comenzó como una broma…"

"Ah." Severus miró para otro lado, muy incómodo. Ahora era él, el que titubeaba. "He pensado en eso…"

"Es solo que, nunca dijiste nada como eso, bueno…"

"¿Nunca dije que sentía de esa forma por ti?"
Hermione asintió.

"Tú tampoco has dicho nada." Señaló él con una sonrisa. "Y no es como si fueras a asustarme con algo que puedas decir, Al menos, no mes has espantado con nada de lo que has dicho hasta ahora."

Ella se puso roja, pensando en algunas de las cosas que le había dicho, fantasías, en realidad, cosas que había mencionado, así como algunos de sus más violentos gritos sobre cosas de su trabajo. Él se había reído y luego la abrazó.

"Hermione Granger, eres increíblemente lenta si crees que no me he dado cuenta que me amas tanto como te amo a ti. Y me niego a creer semejante cosa de alguien que es la hechicera más brillante de su generación. Me rehúso a creer que no estás bien al corriente de tus sentimientos, así que solo puedo asumir que estás mucho más que solo al corriente de ellos. Entonces," dijo él, besando la coronilla de la joven, que se aferraba a su cuerpo como un pulpo. "Te amo, y, simplemente, nos casamos y ordenamos un pastel enorme."

Con una risa ahogada, ella lo miró. "Es la propuesta más extraña que he oído."

"Será mejor que sea la única que hayas oído." Replicó él con una mueca de desagrado. Desde ese ángulo, su nariz era más prominente que nunca.

"¿Sin anillo?"

"Bueno, no te interesa demasiado la joyería." Contestó él con cuidado. "Supuse que un anillo de matrimonio sería preferible a un enorme y opulento anillo de compromiso, que nunca usarás."

"Eres imposible." Dijo ella. Un cálido resplandor se apoderó de ella, repasando las palabras dichas por Severus en su cabeza, hasta que se dio cuenta de lo muy tieso que estaba él en su abrazo. "Pero sí. Te amo, gran tonto. ¿Cuándo quieres que nos casemos?"

Severus se relajó y se inclinó para besarla, saboreando la pasión, el alivio, el pastel, y el amor.

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Hermione estaba de pie frente al espejo, tratando desesperadamente de no llorar porque el vestido no le quedaba. Movió su varita sobre el dichoso cierre, rogando para que el hechizo de sastre que le había enseñado Ginny, funcionara. No pasó nada.

"¡Diablos!"

"¿Qué pasa?"

"¡Nada!" Respondió ella, casi entrando en pánico.

La cortina fue corrida casi con dramatismo, y ella se cubrió los pechos por reflejo, a pesar del hecho de saber que estaba cubierta y que él la veía desnuda con regularidad. Severus la miró con la expresión fruncida. "Nada, las pelotas." Se metió en el pequeño cambiador, moviendo su varita para que la cortina se cerrara de nuevo. "¿Qué sucede?"

"No cierra." Masculló Hermione, poniéndose como un tomate. Él se inclinó para examinar el vestido. Ella no sentía ninguna vergüenza con él. Severus señaló que la pancita de la chica era lo que evitaba que el cierre subiera.

"El vestido es un poco pequeño, eso es todo." Anunció él. "Hay más grandes, puedo traerte uno."

Ella parpadeó con lágrimas en los ojos. "¿Pequeño? Pero si he usado esa talla por años…"

"Los vestidos de novia, en especial los muggle, tienden a ser un poco pequeños." Comentó Severus con tranquilidad. Ante la interrogadora mirada que ella le echó, él tuvo la decencia de verse avergonzado. "Tal vez hice algo de investigación al respecto. Te estabas empezando a frustrar y te pones insufrible cuando te frustras. Y soy yo quien vive contigo cuando te pones en ese estado."

Ella sonrió. "Bueno, tú tampoco eres muy dulce como compañía…"

Severus le sonrió con malicia. "Precisamente por eso prefiero estar contigo."

Hermione se acercó y lo besó. "Gracias. Ve a traerme otra talla, ¿quieres?"

Él se quedó mirando el reflejo como reflexionando. "Lo haré. Te traeré varios modelos para que te pruebes. Hay uno con una deliciosa línea de botones que pareces haber pasado por alto."

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Al final, ella terminó de comprar su vestido sola, mientras él se ocupaba de una orden de pociones muy delicada.

Fue de tienda en tienda en la Londres muggle, hasta que encontró el vestido perfecto. Largo hasta los tobillos, con escote corazón y unas bonitas capas de encaje, del mismo tono que el de las plumas de azúcar. Lo había visto en el escaparate y había apresurado a comprarlo. Tenían la talla justa para ella en la tienda. Había declinado la oferta de ajustes personalizados, debido a que los hechizos eran mucho mejor en ese campo, y ahora, se miraba en el espejo del dormitorio, oscurecido por las nubes que se movían en el cielo raso encantado.

No podía esperar para mostrarle a Severus. Lo iba a amar.

En especial, cuando viera la hilera de botones que tenía desde el cuello hasta la cintura.

Con cuidado, Hermione se levantó el cabello en una delicada cascada de rizos, luego encendió algunas velas. Él pronto llegaría a casa, cansado y molesto, y ella sonrió con picardía al pensar en su reacción.

Se puso un poco de perfume en el cuello. Hermione estaba dándose los últimos toques cuando escuchó que la puerta principal se cerraba de un portazo. Severus había llegado.

Se apresuró a sentarse en los pies de la cama, esperando verse atractiva y recatada. Escuchó a Severus saludar a Crooks con voz grave, luego el sonido de sus botas al quitárselas y dejarlas caer, el ruido del closet cuando colgó su abrigo. Ella conocía su camino por la casa y por las escaleras.

Escuchó el crujir de la puerta del dormitorio al abrirse.

Y ella supo lo que significaba esa súbita inhalación en cuanto la vio.

"Veo que has encontrado un vestido." Dijo Severus. Su voz era como ambrosía, como azúcar derritiéndose. Hermione le sonrió de manera seductora, o eso esperaba ella al menos.

"¿Te gusta?"

"Te queda muy bien." Replicó él, y ella escuchó el pesado sonido de la levita al ser arrojada sobre la silla que estaba junto a la cama, luego escuchó a sus pantalones. "Ponte de pie y date la vuelta. Quiero verlo todo."

Hermione le dio gusto. El encaje le rozó los tobillos en cuanto sus pies tocaron el suelo y dio la vuelta con suavidad, teniendo cuidado de permanecer en su lugar.

"Mierda." Susurró él, con la voz apretada. "No te muevas."

Oh, sí. Le gustaban los botones. Ella casi se sentía en las nubes ante semejante triunfo.

Los dedos del hombre se sentían delicados al mover los cordones del velo, que descansaban sobre los pequeños botones. "¿Son para mí?"

Hermione se recargó contra él, moviendo la cabeza para besarlo. La boca de su hombre era suave e inquisitiva. "Para nosotros." Contestó ella con deseo. "Pensé que tal vez te gustaría acostumbrarte al vestido antes de la boda."

"Qué lista." Murmuró él. Los labios de Severus acariciaban la mandíbula y el cuello de ella. "No sería apropiado que el novio secuestrara a la novia antes que la ceremonia tuviera la oportunidad de comenzar siquiera." Le mordisqueó la piel. "Por lo que entiendo, se me permite hacer lo que me plazca, ¿correcto?"

"Si."

La sola palabra dejó la garganta de Severus seca. "¿Cuál es la palabra?"

Por Merlín, el solo pensar que él creyera que iba a necesitar una palabra, hacía que le hirviera la sangre en las venas. "Detente."

Sintió que él encogía los hombros como toda aceptación, y sus manos abandonaban su espalda para acariciar los pequeños pechos de la joven a través del encaje y el satén. Los acarició, moviéndolos suavemente, para luego apretar y jalar de los pezones, moviéndolos con sus dedos hasta que ella gimió.

"Ternum." Dijo él con la voz apenas audible. El hechizo que había creado para ella exclusivamente, se deslizó sobre su piel y ella no pudo dejar de retorcerse al sentir las sensaciones creadas por los dedos de él sobre su cuerpo, creando una oleada de presión que siguió allí aun cuando él ya había retirado las manos. La cabeza de Hermione se echó hacia atrás en medio de un gemido.

"Eso es." Siseó él y sus manos reptaron más hacia abajo, a través del abdomen. La atrajo de nuevo hacia su cuerpo y ella pudo sentir la línea de botones de su vestido, apretarse entre los dos cuerpos. "Amo este vestido."

"Qué bien." Hermione trató de no sonreír. "Estaba esperando que así fuera."

"Claro que sí." El cabello de Severus le rozó el hombro y el brazo al levantar la cabeza. "Vamos a la cama."

"¿Boca arriba o boca abajo?"

"Eres una hechicera muy atrevida para tentarme con semejante pregunta." Ella pudo escuchar el regocijo en su voz. "Boca abajo, por ahora."

Hermione obedeció y las exploradoras manos de Severus la ayudaron a acomodar el vestido y la distrajeron al mismo tiempo.

Pronto, ella yacía sobre su abdomen, con los brazos extendidos hacia adelante y sintió la cinta de seda que había dejado sobre la cama, atar una muñeca primero y luego la otra, a la cabecera de la cama. La sensación de estar a su merced, aunada a el hechizo que hacía que aun sintiera que le pellizcaban los pezones, fue suficiente para que el cuerpo le empezara a temblar.

"Bueno, para atrás." Ordenó Severus y ella se movió con sumo cuidado. "Si rompemos el vestido, lo podemos reparar." Dijo él con un poco de molestia. "De rodillas para mí."

Hermione obedeció y se acomodó como él le ordenó. Los brazos estirados y abiertos, y él comenzó a atarle con mucho cuidado las rodillas para que se mantuvieran abiertas. La posición era un poco extraña, pero de alguna manera cómoda. Las manos de Severus se deslizaron sobre su piel, chequeando los nudos.

"Muy bien."

Ella sonrió y, a continuación, él levantó el vestido para dejar su trasero al descubierto y le dio una palmada. "¡Oh!"

Severus se rio gravemente. "Y sin bragas. Tendrás que hacer lo mismo para el día de la boda."

"Como digas." Replicó Hermione. Movió el trasero en dirección a Severus y él le palmeó la otra nalga. Ella se estremeció y se sobresaltó cuando lo hizo otra vez, y otra vez, hasta que la piel de su trasero se sentía caliente. Deslizó los dedos sobre la enrojecida piel con suavidad.

"Así como estás, te vez como un lindo helado de crema. Todo lo que veo es blanco cremoso y una brillante, (palmada), y roja, (palmada), cereza." Y otra palmada.

Hermione gimió.

"Y ya sabes lo mucho que me gustan estos postres. Sobre todo, en ocasiones especiales."

"Si." Dijo ella entre gemidos.

Sintió algo frío en su trasero y se tensó por la sorpresa. "Deberías haber esperado esto." Dijo Severus en tono acusador. "Y aquí puedo ver todo. Todo Hermione."

"Sí." Dijo ella de nuevo.

El líquido, chocolate, supuso ella, por el perfume, se deslizaba desde su trasero hasta su vulva y se mezclaba con su propia humedad.

"Hermoso." Dijo él. Ella siseó y comenzó a moverse en cuanto la lengua de él comenzó a seguir el recorrido del chocolate sobre el suave y enrojecido trasero. De repente, él la mordió con suavidad, como advertencia. "No te muevas."

"Trataré."

Lo escuchó reírse con sorna a su espalda y el cabello negro de su hombre rozando sus muslos, cuando se inclinó para lamer más del chocolate derramado. Ella no pudo evitar reírse.

"¿Es que voy a necesitar taparte la boca?"

Los dos sabían que esa era una amenaza vacía y Hermione movió el trasero de nuevo. Severus terminó con el camino de chocolate que había dejado en el trasero de la chica y le dio una palmadita.

"Tal vez deba darte una razón para retorcerte." Dijo él, con esa voz de terciopelo, oscurecida por la promesa de placer. La cama crujió bajo su peso y ella podía sentir el calor que irradiaba de su piel.

Hermione se quedó muy quieta, sin atreverse siquiera a respirar, y a la espera de lo que haría su hombre.

Pero él, no hizo nada.

Absolutamente nada.

"¿Severus?"

"Suplica." Susurró él, y ella sintió la húmeda calidez del aliento de él en su oído. La chica dio un salto, tironeando de las ataduras. Él se rio por lo bajo con malicia.

"Por favor…" Comenzó a decir ella.

Él volvió a palmearle el trasero, pero con suavidad. "Te dije que suplicaras, mi hermosa novia."

"Por favooooooor…" Trató ella de nuevo, con la voz lo más sensual que pudo.

"Mucho mejor." El colchón se hundió un poco más y la castaña fue premiada con la deliciosa sensación de tener la lengua de él deslizándose sobre los húmedos pliegues de su vulva, los dedos abriéndola como una flor.

"¡Oh! ¡Por favor!" Esta vez, su voz se oyó bien aguda. Esa era una verdadera súplica.

"Esa es mi chica buena." Murmuró Severus y su voz se oía absolutamente pecaminosa, al sentirla vibrar a través de su cuerpo. Esos dedos ásperos de él se dedicaron a juguetear con su clítoris y la lengua seguía penetrándola, saboreando, estimulando. Él masculló una grosería sobre ser fiel a su palabra y la hizo suplicar por más.

Casi demasiado rápido, Hermione se encontró tironeando de las ataduras que la amarraban a la cama. Su voz se elevaba al llamarlo y suplicarle para que le diera más, y más y más, a pesar de saber que ese hombre era prácticamente insaciable a la hora de lamer la proverbial crema de su proverbial caldero.

Esa nariz de él había sido hecha para tal propósito.

Allí estaba ella, con el trasero en el aire y los labios de él succionando su clítoris con avidez, y sus dedos, que la mantenía abierta y expuesta para él, y esa nariz maravillosa que se insinuaba en su entrada. Ella no creía que fuera intencional, pero sí lo era, ese hombre era un genio con la mente más sucia del mundo.

Era enloquecedor, y ella estaba tan mojada y tan caliente y necesitaba más, solo un poco más, y ¡oh, dios! Sigue, sigue, no te detengas, solo un poco más, si, así, justo ahí, justo… "¡Oooh!"

El sorprendido grito que emitió, al dejar el aire sus pulmones, luego de una larga letanía de súplicas, fue la única advertencia que tuvo Severus, porque un segundo después, Hermione se estremeció en un orgasmo tan intenso que dejó empapado a Severus.

Hermione gimió, tanto de placer como de vergüenza, mientras su cuerpo comenzaba a relajarse.

Severus estaba muy callado, solo se oía el ruido que hacía al limpiarse los dedos, tanto con la boca como con la varita. Luego, sintió su mano acariciando la línea de botones de su vestido.

"Está bien." La tranquilizó él. Siempre la tranquilizaba después del sexo, siempre parecía darse cuenta cuando la llevaba demasiado lejos. "Lo hiciste muy bien."

Ella asintió con el rostro contra el colchón mientras él terminaba el hechizo en sus pezones.

"Y aún no hemos terminado." Añadió él deliberadamente. "Porque aún quiero más de ti."

Desató el pañuelo que le había puesto sobre los ojos y ella parpadeó como si acabara de despertar al ver la tenue luz de las velas, y Severus comenzó a soltar las cuerdas. Siempre lo hacía sin magia y ella no estaba del todo segura si era una cuestión de sensaciones táctiles, el control o la necesidad de asegurarse que, en verdad, ella estaba bien después de hacerle eso. Conociéndolo, posiblemente eran todas las opciones.

Aparentemente seguro de su bienestar, Severus se arrodilló detrás de ella y la atrajo hacia sí.

Hermione podía sentir las cosquillas que causaba el vello en su pecho al rozar con el encaje que llevaba el vestido en la espalda. Quería sentir la fila de botones en su piel.

Colocada de esa manera, a horcajadas, pero de espaldas, sobre él, era ya familiar para ambos. Él movió un poco la cadera y su miembro comenzó a rozar y a moverse, hasta encontrar su abertura. Con lentitud, comenzó a estimularla, calmándola al mismo tiempo que avivaba el fuego de nuevo.

Cuando la penetró, tan profundo como para que ella pudiera sentir su vello púbico en el trasero, fue el cielo.

"Recárgate contra mí." Instruyó él, guiándola con la mano hasta que la cabeza castaña se apoyó contra el delgado hombro de él. "¿Mejor?"

"Mucho." Susurró ella. Cuando Severus se inclinó para besarla, Hermione respondió con avidez. Las pequeñas embestidas que lograba mantener él, la estaban volviendo loca por completo. Había algo bueno, después de todo, en eso de ser, ambos, ambiciosos y de querer sobresalir en todo: con mucha rapidez, ambos habían aprendido lo que le gustaba al otro, cómo les gustaba, y abusaban de ese conocimiento desvergonzadamente.

"Amo este vestido." Susurró él con la voz ronca, deslizando las manos sobre su cuerpo, acariciando, explorando.

"Y yo no puedo esperar para verte con tu traje." Jadeó Hermione. Estaba acercándose con mucha rapidez al orgasmo y le estaba costando trabajo concentrarse.

"Solamente tú podrías convencerme de meterme en un traje." Masculló con acidez. Una de esas manos maravillosas se deslizó debajo del vestido y se hundió entre las piernas de la joven, encontrando el clítoris.

Ella se rio porque era verdad y comenzó a mover la cadera con más velocidad.

Hermione amaba esta posición. Amaba la profundidad que alcanzaba su miembro dentro de ella. Amaba la forma en la que esa polla suya se frotaba contra ella, y le encantaba cuando Severus le decía que sus músculos casi estrangulaban a su miembro con ese húmedo calor.

"Increíble…" Dijo él en su oído, con la voz rasposa, indicándole que ya estaba cerca de venirse también. "Aguanta un poco Hermione. Ya casi llego…"

Esa admisión de verdad la llevó más cerca de su propio clímax, más cerca de lo que ya había estado. El fuego se avivaba y se hacía incontrolable. Hermione sintió que se le tensaba el abdomen y que necesitaba venirse.

"Tan bien…" dijo él, acelerando. Hermione podía sentir cómo los dedos de Severus acariciaban su propio miembro entre embestidas y su pulgar le hacía cosas deliciosamente atrevidas a su clítoris. "Tan cerca, Hermione… tan cerca, tan… ¡Oh, MIERDA!"

La última palabra fue más bien un rugido, triunfante y satisfecho y ella lo siguió segundos después con un grito. Los dos, casi se caen de la cama.

Más tarde, esa noche, luego de haber devorado la cena, y el vestido de novia fuera limpiado y reparado, se acurrucaron en el sofá, para leer, con Crookshanks enroscado en la falda de ella.

Hermione miró a Severus. Él se dio cuenta y le sonrió.

N/T: Esos dos son dos atrevidos… ¡y me encanta!

Por cierto, si tienen curiosidad por saber cómo es el vestido de Hermione, es el Alfred Angelo's style 8556.

Solo queda un capítulo y terminamos con esta historia. En el próximo capítulo, les cuento cuál será la próxima historia que voy a traducir. Espero que les guste también, porque tiene una buena dosis de Ron Bashing, ¡YAY!

Muchas gracias por seguir leyendo, y ¡nos vemos en el próximo capítulo!