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Naruto no es mio, escribo esto para disfrute MIO.

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¿Alguna vez he roto una promesa?

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—Hey... Mirame. Por favor Hinata, mirame.

Él la tomo de la barbilla y levantó su rostro suavemente; podia ver las lágrimas amenazando con salir en sus ojos.

Odiaba verla llorar.

—No llores, Hinata, me duele verte asi.

—no quiero vayas. Quédate, por favor Naruto, quédate...

La voz se le quebro y sin poder evitarlo ella lloró, él la abrazó a su pecho e inhaló el perfume de su cabello; olía igual que las flores del jardín dónde la conoció cuando eran niños y a pintura, ella amaba pintar.

—quédate Naruto. No tienes que ir, puedes hablar con mi padre y el te ayudará... No vayas.

Que más quisiera él que quedarse a su lado.

La apartó un poco tomandola de los hombros, después apretó el collar que colgaba en su cuello, se lo quitó y se lo puso a ella.

—quiero que tengas esto. No es un regalo, lo cuidarás hasta que yo vuelva, y cuando lo haga Hinata, porque debes estar segura que volveré; Te casarás conmigo.

Ella lo miró sorprendida mientras apretaba el collar de jade contra su pecho.

—¿te casarias conmigo, Hinata?

Como respuesta ella se lanzó a sus brazos y lo beso profundamente. Se separaron y ella tomo su rostro entre sus manos.

—tienes que volver, yo te estaré esperando.

—volveré.

—prometelo.

—lo prometo.

—quiero que asi sea.

—vamos Hinata, ¿Alguna vez he roto una promesa?

Él se fue al día siguiente, ella lo vio subir al tren y trató de no llorar porque sabia que eso lo haría sentir peor.

Hinata odiaba la guerra, odiaba que Naruto tuviera que pelear en ella; odiaba tener que esperarlo y odiaba la idea de perderlo.

Durante seis meses esperó pacientemente, tratando de continuar con su vida normal, leyó las cartas que él le enviaba una y otra vez, siempre le decía lo mucho que la extrañaba y lo ansioso que estaba por volver.

Un día las cartas dejaron de llegar.

Hinata siguió esperando, pero la espera se volvia más dolorosa con cada dia que pasaba, cada semana sin saber nada, cada mes que la angustiaba más.

Un dia un hombre llegó a su casa, vestia el uniforme de soldado, pero no era él. El hombre sólo vino para entregarle una carta, una carta y una disculpa.

Hinata la leyó, no era de Naruto.

—hermana... ¿Pasó algo?—preguntó Hanabi, su hermana menor cuando vio a Hinata echar la carta al fuego y mirarla consumirse por las llamas.

—mintió—habló Hinata—Naruto mintió. No cumplirá su promesa.

Hinata no volvió a hablar de él.

Cuando la bomba cayó e iluminó el cielo de Hiroshima ese lunes 6 de agosto de 1945, Hinata estaba en el jardín.


¿Alguna vez he roto una promesa?

Era 2015, el museo volvia abrir sus puertas una vez más.

Los adultos y niños miraban fascinados el realismo de los muñecos de cera que adornaban los pasillos.

Un niño pequeño se paro frente a uno e imito la pose.

—mira mamá, soy un soldado—decia el niño.

—lo eres cariño, y uno muy lindo.

Otra niña que también venia con el niño y la mujer miró al muñeco, y como parecía que su vista se clavaba en un punto, la niña miro hacia atrás.

—Mami mira, el soldado esta mirando a esa muchacha!—señaló la niña.

—eso parece cariño, pero esa también es una muñeca.

—él está enamorado de ella y ella también lo mira, ¡lo ama!

El niño puso los ojos en blanco.

—no seas tonta, solo son muñecos.

Los niños comenzaron a discutir y la madre los calmo.

—ya, ya... no molestes a tu hermana.

—Mami, pero verdad que ellos se aman?

—quizá, por como parecen mirarse da la impresión que se reconocen, quiza tienen los espíritus de dos enamorados, quien sabe... Tal vez si la voluntad es fuerte las almas pueden encontrar el camino que los vuelva a unir con lo que mas anhelan.

La mujer y los niños dejaron el lugar.

Dia tras dia y noche tras noche, el soldado de cera y la mujer se encontraban uno frente al otro, y cualquiera que los viera tambien pensaría que daba la impresión de que se miraban.

Los mas imaginativos creaban historias sobre su romance, tantos años uno frente al otro habia inspirado tantas historias.

Un dia después de tanto tiempo las esculturas de cera fueron metidas en cajas, separandolos uma vez más.

Hay muchos rumores que se cuentan sobre como pudo quemarse el lugar, algunos lo atribuyen a un cortocircuito, otros creen que el incendio fue provocado. Pero en el 2o16 el viejo museo ardió.

Nadie estuvo ahi para ver como él tomó la mano de ella después de tanto tiempo de solo mirarla.

No quedaba nada de ellos para ver que se mantuvieron juntos en el final.

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—pobrecitos... El soldado y su novia se quemaron.

—uy seguro se derritieron como velas.

—no digas eso, es muy triste.

—¡derretidos, derretidos!

—¡cállate!

—¡nop!

—¡mamá!

La mujer le dio una mirada fea a su esposo, no debió enseñarles el periódico a los niños. El solo de encogió de hombros y miro a los niños.

—niños basta.

—pero papi... El museo se quemo y también el soldado y su novia—se quejó la niña.

—ya... No estes triste por eso, si quieres hoy podemos ir todos por helado.

Los niños se abalanzaron sobre el.

—¡¿lo prometes?!

—¡claro! ¿Alguna vez he roto una promesa?—contestó el padre.

Su esposa sonrió y se acercó a el para besarle la mejilla.

—nunca lo haces. Por eso te amo Naruto.

Y el la beso.

Boruto y Hanabi pusieron cara de asco.

Fin.


Ok, esto no fie para nada como yo, pero ahi ta.

La idea la tuve hoy despues de ver un video de Daft punk.

Sientanse libres de dar su opinión.