Para Lop porque es su cumple… ¡Feliz cumple miwa adicta al gruvia, a los memes de Mulan y a las telenovelas! Casi un año después actualizo pero más vale tarde que nunca, I'm sorry, ya nada es tan fácil cómo lo era antes, es más… tan complicadas están las cosas que ni siquiera alcance a terminar para tu cumpleaños.
Disclaimer: Fairy Tail no me pertenece.


La sirena pobre

Parte II: Sandalias y sombrero


...

Ese día, más que nunca, extrañó su cola. Extrañó estar rodeada de agua. Añoró esas horas nadando y flotando.

Y deseó, con todo su corazón, volver… Volver al mar.

Volver a ser una sirena.

Pero no podía, no sabía cómo volver a ser una. Juvia prefirió una y mil veces tener cola y el corazón completo que tener dos piernas y el corazón hecho trizas, o convertido en polvo de perlas. Le dolía respirar, le dolía ser humana. ¡Ella lo había dicho en sus primeras horas en la superficie! ¡El mundo humano era cruel! No tenía piedad con los suyos y menos, con los de otra especie.

Ella era buena. Tonta y curiosa, no merecía eso. ¿Era un pecado amar? ¿Era un pecado enamorarse de un humano? las historias que le contaban en la profundidad del mar eran ciertas, los humanos eran malos y le ofendía el hecho de que ellos se encargaran de manchar la imagen de las sirenas; ellas no los cautivaban con su canto para arrastrarlos al fondo del océano, al contrario eran ellos los que les hacían el mal a ellas con toda la magia y genialidad de su mundo.

Con su música, con sus poemas, con su arte, con su baile, con su comida, con todo lo que tenían para divertirse. El mundo humano la engañó con todo eso y con él, ¡él! Él había sido lo mejor de sus dos mundos, él había sido la persona que revolucionó su corazón, su vida. Fue él quien le mostró lo mejor del mundo, lo puros e intensos que podían ser los sentimientos, lo brillante del sol y lo hermoso que era el azul del cielo, pero él también había sido la persona que le mostró el cielo nublado y lo mucho que podían doler las emociones y lo difícil que era manejarlas.

Fue él quien le mostró que los sentimientos también podían ser crueles como las olas del mar alborotadas por una tormenta.

Fue él quien le enseñó que los remolinos de emociones eran más dañinos en la tierra.

Pero aún con lo feo del mundo, él era el sol. Su sol.

La paz en el cielo y en el mar.

Él era el amor en el corazón de una pobre sirena.


Oooook, Gray por una fuerza mayor a la que podía comprender, no quería desalentarla aguantó el primer disparate o la loca metáfora, accedió a lo del café solo porque se compadecía ya que sus teorías e instintos, le decían que esa pobre chica estaba delirando gracias al calor, tal vez estaba a minutos de deshidratarse.

Decidió ignorar, no darle importancia y hacerse cómo el que no entendió, y eso era verdad, el tema de que era una sirena pobre con monedas de arena no era algo que se viera día con día, ni en las películas existía esa trama. Y cómo no podía dar por visto lo demás, lo primero que hizo fue mirarla con curiosidad, buscando un indicio de maldad, locura extrema o enfermedad, tal vez alguien la amenazaba o ella había perdido una puesta…

Pero la veía normal. Sí, lo que decía no era normal y cómo hablaba tampoco lo era, pero sus amigos no son muy normales tampoco. ¡Y él no es un ejemplo de normalidad! ¡Por dios! ¡Tiene el cochino hábito de quitarse la ropa en lugares públicos! ¡Es un stripper! pero no va por el mundo diciendo fantasías sacadas de un cuento de hadas. Él no era un personaje sacado de un libro de cuentos (lógico porque sus mañas no eran de clasificación infantil).

―Entonces… tú… ¿quieres unas sandalias? ―preguntó.

―Juvia las necesita ―respondió con timidez.

Arrastró la mirada por su cuerpo y vio, como flexionaba un poco la rodilla para poner un pie de puntilla. Comprobó así que estaba descalza, eso le daba sentido a que estuviera anclada al lugar, era una ecuación fácil: sol, arena caliente y ella andaba sin calzar.

Él asintió. ―Es fácil, solo tienes… e-h ―se reprendió al ver cómo al desilusión pintaba sus brillantes y oscuros ojos, nuevamente quedó hechizado por su encanto y titubeó un poco antes de corregirse ―tenemos que llegar a un puesto.

Ella sonrió con ternura, como si fuera una gracia lo que hubiera dicho ―¡No es fácil! ¡La arena quema! ―ella alzó su pierna y le mostró su pie descalzo, haciendo un puchero con sus labios ―¡Y no aceptan el dinero de Juvia!

Él suspiró, avergonzado de su comentario. ―Yo te voy a ayudar, no te preocupes. Solo espera un segundo ―ella asintió y solo quedó mirándolo; Gray levantó la pelota del suelo y caminó hasta un grupo de personas que lo esperaban, Juvia supuso que les dijo algo porque los otros asintieron y más pronto de lo que pensó, él ya estaba con ella.

―Vamos ―y sin darle oportunidad de que hablara, él se anticipó y la agarró para cargarla, fue un impulso del que se avergonzaría casi al instante de tenerlo pero no podía retroceder. Además, era más fácil cargarla hasta un puesto que adivinar la medida de su calzado porque corría el riesgo de dar más de una vuelta...

Juvia dio un pequeño grito al sentir cómo pasaba un brazo por sus piernas y el otro lo dejaba en su cintura, así era la forma en que su amable, atractivo y rico, en monedas que no son de arena, amigo humano, le ayudaba. ¡Era tan galante! Y claro que ella no perdió la oportunidad de entrelazar sus manos tras su cuello para ahuecar su rostro en su pecho… suspiró.

El mundo humano tenía muchas maravillas que debía ver, sentir y probar.

―Por cierto, soy Gray ―él se presentó.

Sin despegarse, deslizó sus ojos hacia arriba, enfocándose en sus labios. Ella soltó una suave risita y se pegó más a su pecho. ―Soy Juvia.

Vio cómo esbozaba una tímida sonrisa, Juvia sintió que su corazón ganaba fuerza y se sentía bendecida por ser la única expectante de esa obra de arte.

―Y dime, Juvia… ¿Por qué estás descalza? ¿Una ola se llevó tus sandalias?

Ella se rió. ―Gray-sama es tan gracioso ―dijo, agarrándose más fuerte de su cuello y no le dio importancia al ataque de tos que provocó su agarre porque estaba disfrutando su sentido del humor ―Juvia no tiene sandalias porque las sirenas no las necesitan... ¡Las sirenas no tienen pies! aunque no suena loco que una ola se llevara las sandalias de Juvia, tiene sentido. ¡Gray-sama es muy inteligente!

Gray ignoró esa peculiar forma de llamarlo porque había cosas más importantes en las cuales enfocar su atención y no, no era en que ella estaba comportándose demasiado confianzuda, cómo si tuvieran una relación de años, si no que de nuevo venía el tema de que ella era una sirena.

―¿Has bebido agua?

~O~

―Elije las que te gusten.

Juvia se quejó en voz alta cuando sus pies se hundieron en la tierra porque eso solo significaba algo: ¡Gray-sama ya no la estaba cargando! Y ella que era una experta nadadora y el caminar se le daba de forma natural, podía asegurar que no había modo de trasladarse mejor que ese.

Pero bueno, aún quedaba el café y había otra oportunidad para que él la volviera a cargar, no renunciaría a esa esperanza.

―¿Algún número en particular?

Una tercera voz la sacó de sus cavilaciones, Juvia alzó la cara para ver a una señora ya mayor que le sonreía, ella también le sonrió.

―Pues dos, Juvia tiene dos pies y necesita dos sandalias ―respondió.

Gray tartamudeó apenado, viendo el rostro de extrañeza que la vendedora hizo al observar a Juvia como si se tratara de la persona más rara del mundo y después se giró hacia la chica y la vio con una inocente sonrisa. Nuevamente no tuvo el valor de huir de esa situación; no era un patán y de alguna forma, se sentía atraído hacia ella.

―Ella no se refiere a cuántas sandalias necesitas ―tragó saliva tras ver que los grandes, expresivos y oscuros ojos de Juvia se fijaron en eso ―pregunta sobre tu medida, todo tipo de calzado tiene una medida en centímetros. Es un sistema que facilita la compra, al saber tu talla es más fácil escoger un par de zapatos…

Juvia asintió, parecía hambrienta de conocimiento. Deseosa y totalmente curiosa de comprenderlo todo. ―¿El pie de Juvia tiene una medida? ―él asintió, orgulloso de que lo comprendiera ―¿Juvia debe saber cuánto mide su pie para elegir unas sandalias? ―volvió a afirmar y ella festejó, aplaudiendo ―¡Es fabuloso, Gray-sama!

Él le sonrió. ―¿Y bien?

Alzó los hombros. ―¡Juvia no lo sabe! ¡Nunca antes había comprado unas sandalias!

Gray tuvo que masajear su sien, le estaba empezando a doler la cabeza y algo en su interior le decía que ese era el primero de muchos que vendrían en el futuro.

―Señorita ―la vendedora le llamó ―¿usted viene de una parte de donde hace mucho frío?

―No ―Juvia negó, sonriente ―¡Juvia viene del mar!

Gray se movió rápido para cubrir la boca de Juvia, antes de que continuara con su diálogo de que era una sirena. ―Viene del extranjero, tienen otra medida ―dijo rápidamente y sin quitar la mano de la boca de Juvia, se resignó a adivinar qué sandalias podrían quedarle para terminar rápido con esa tortura y porque tenía muchas cosas por hacer, una de ellas era aclarar que no podía ir por el mundo diciendo que era una sirena y la otra era averiguar sobre ella porque ya estaba formándose muchas teorías de la sirena pobre.


¿Amigos? ¡Conseguido!

¿Sandalias? ¡Conseguidas!

¿Café? ¡En proceso!

¿Qué la volvieran a cargar? ¡Negado! Pero no importaba, porque ella tenía dos piernas y ahora con unas cómodas y bonitas sandalias de color blanco, ella podía caminar libremente sobre la arena, el mundo de Juvia parecía ir mejor.

―Juvia… ―él se detuvo y ella volteó, alegremente hacia donde estaba. Gray despeinó su cabello, teniendo cuidado de la elección de sus palabras ―debes tener cuidado con lo que dices.

Ella parpadeó, confundida. ―¡Juvia no dice groserías!

Maldijo, al diablo con la buena elección de sus oraciones. Eso no servía con Juvia que parecía sacada de un cuento de hadas, no entendía las ironías y si eras ambiguo con ella, tampoco lo cachaba. ―No puedes ir diciéndole al mundo que eres una sirena ―gruñó. ¡Si ella lo decía sonaba bien, adorable y tierno! pero en su boca y con su voz, era lo más absurdo del mundo.

Juvia achicó los ojos, estudiando lo que dijo. ―¿Por qué? ―su voz sonó temerosa y luego llevó sus manos hasta su boca para cubrirla ―¿Está prohibido?

Ni quiso, y por fortuna no alcanzó, a suponer cuántos escenarios habían cruzado por la loca y asoleada cabecita de Juvia. ―No pero…

―¡Gray! ―escuchó su nombre y suspiró, sus amigos lo estaban buscando.

―Solo no lo digas, luego te explicó por qué… ―Juvia asintió, era obediente ―¡Gracias! ―se dio la vuelta y no se dio cuenta que Juvia se sintió la más premiada del universo, no era necesario que le pegara una estrellita en la frente porque ella ya tenía todas las estrellas del mar en sus manos.

Un grupo de personas se había acercado a los dos. ―¡Gray! ¿Está todo bien?

Él asintió. ―Lo siento, todo esto ha sido muy loco pero yo estaba ayudando a… ―hizo una pausa para recorrerse un poco a la izquierda y presentarle a la chica que había vuelto su día una completa locura, misma que no estaba dispuesto a explicar en su totalidad ―a Juvia.

Los ojos curiosos de Juvia vagaron con recelo alrededor de las personas que rodeaban a la primera persona de la superficie, y por ende su persona favorita del mar y la tierra juntos. Había dos mujeres: una pelirroja y una rubia. Y también había un hombre más, tenía le cabello rosa y una sonrisa risueña. Esos eran los amigos de su dios marino y por lo tanto, también eran sus amigos, los primeros en el mundo humano. Juvia sentía que eran buenas personas como Gray.

Gray era el nombre del chico que le compró unas sandalias para que pudiera caminar en la arena y el que la llevaría a tomar un café. Gray era el nombre de su caballero marino. El primer hombre amable y la única persona en darle la bienvenida a Magnolia, y como era la única persona que conocía hasta hacía unos momentos atrás, antes de que el resto de sus amigos se acercaran a ellos y se presentaran, y por los llamados de su corazón, lo había perseguido hasta el momento y claro, ¡estaba pendiente el café!

―¿Así que te llamas Juvia? ―la aludida asintió.

―Mucho gusto ―la pelirroja extendió su mano para saludarla, Juvia la vio dudosa y solo se atrevió a repetir su movimiento cuando Gray la alentó ―yo soy Erza.

―Gr-acias ―titubeó algo cohibida.

Erza apretó con más fuerza su mano y siguió hablando. ―Ella es Lucy y él es Natsu. ¡Saluden! ―fue ahí cuando la pelirroja la soltó.

―¡Hola! ―Lucy alzó la mano y prefirió guardar su distancia, lo mismo que Natsu se solo se limitó a alzar la cabeza para saludar.

Juvia solo asintió.

―¿Y eres nueva en esta ciudad? ―ella volvió a afirmar con la pregunta de Erza, ruborizada y avergonzada por ser el centro de atención de todos, con una discreta mirada se giró hacia Gray y le suplicó en silencio que le ayudara, él pareció dudar o no captar la ayuda que le pedía.

Juvia fluctuó. No era que la pelirroja tuviera un comportamiento grosero con ella, al contrario ¡Era cálida y solo quería ayudar! Pero Juvia no estaba acostumbrada a pasar por un interrogatorio y menos a estar en la superficie recibiendo toda la atención del mundo, siempre fue una sirena solitaria. Y si apenas acababa de pasar por una crisis por no saber usar sus dos piernas, ahora ¡Socializar con un grupo más amplio le causaba pavor! ¿De qué iba a hablar si Gray le pidió que no le dijera a nadie que era una Sirena? y ese era el secreto que los dos compartían. ¿Podía hablarles de peces? Era de lo único normal de lo que podía hablarles.

Estaba ansiosa y pensó que estar en el mar, lo más seguro era que se desenvolvería diferente pero ahora, estaba en un mundo totalmente distinto al suyo atrapada… y no porque un marinero la pescó, estaba atrapada porque hablaba con humanos que estaban curiosos por saber de ella, ¡Ah! ¡Qué maravilla! ¡Ni loca salía nadando de ahí! nunca se había sentido tan apapachada, y eso debía agradecerlo a Gray.

―Sí, ella acaba de llegar ―Gray respondió, Juvia suspiró aliviada antes de que le preguntaran más cosas y agobiarse por las respuestas tan simples que tenía.

Juvia lo amó más y más y se quedó embobada en su salvador (aún más embobada luego de mirarlo por primera vez y mucho más, casi el doble, luego de que se presentó con ella y se portó tan amable).

―¿Y de dónde vienes? ―esta vez fue Lucy, la rubia, la que le preguntó.

―¡Del mar! ―respondió con simpleza y sonriente, ni se extrañó de que Gray palmeara su frente.

―¿Del mar?

Juvia asintió con firmeza y miró su expresión curiosa e intrigada por su respuesta, mientras que Erza afirmaba con toda la seguridad del mundo. ―¡Juvia viene del mar! ¡Del océano!

Gray se horrorizó cuando lo reafirmó, pasó desapercibido por Juvia, y es que aunque él esperaba escuchar algo así de disparatado, ¡la mujer decía que era una sirena! ¡Por Dios, decía que era una S-I-R-E-N-A!, y tal vez ella no se daba cuenta que su respuesta era totalmente una locura como la historia que le contó a él acerca de que era sirena que recién aprendía el hechizo para ser humana, de las monedas de arena y de todas las tragedias que acababa de vivir. Y sus amigos, aunque locos y raros a su manera, iban a empezar a cuestionar cosas que no tenían respuestas. Y empezarían a pedirle explicaciones a él, explicaciones que él no tenía del todo porque las que tenían, no eran creíbles... ¡No vivían en un cuento de hadas! ¡Los iban a encerrar en un manicomio! ¡A una por sirena y a él por involucrarse con ella!

Él estaba completamente seguro de que jamás le iban a creer que la sirena pobre se le pegó como un pulpo a la cara y lo siguió, bueno, él la vio tan necesitada de ayuda que hasta sandalias le compró porque su corazón era débil y esa fue la educación que le dieron sus padres. También le iba a comprar un café que ella se autoinvitó porque quería probarlo. Él iba a saldar esa deuda por pura empatía, ¿pero luego qué haría con ella? ¿Pediría ayuda a un profesional?

Pero mientras, ese era el plan: ¡Le compraba el café y su buena acción del año quedaba saldada! ¡Cada quien por su lado! ¡Él a la tierra y ella al océano!

―De seguro viene de una isla cercana o es porque viajó en barco ―fue la respuesta de Erza, la explicación lógica que su cerebro pudo darle y él suspiró aliviado por su credulidad. Al final, eran tres los locos… ya hablaría con Juvia para que no respondiera eso tampoco, no podía ir por la vida hablando como si nada de que era sirena o venía del mar. ¡Dios! ¡Ya se sentía con todas las responsabilidades del mundo! ¡Pero a sus padres no les gustaría que se zafara así de esa! ¿Qué karma pagaba? ¿y si ella era una actriz que su papá contrató para poner a prueba su educación?

―¡Cómo sea! ¡Tengo hambre! ―exclamó Natsu, aburrido por haber permanecido tan tranquilo tanto tiempo.

Y Gray sabía que darían por zanjado el tema con eso, agradeció que el cerebro de flama fuera tan estúpido y que eso sirviera para que no hostigaran más a Juvia.

Él no contaba con que la sirena de cabello azul, la loca de las monedas de arena y la que estrenaba sandalias, empezaría a saltar emocionada. Debió verlo venir, ya la estaba conociendo, ella era como un libro abierto.

―¡Juvia quiere probar el café! ¡Gray-sama la invitó a tomar un café! ¿Juvia puede ir con ustedes? ―y de no ser porque Erza estaba un lado, abrazándola todavía, Juvia hubiera perdido el equilibrio.

―¿Acaso estás loco Gray? ―Erza le regañó y él sintió que un escalofrío recorrió su espalda, iba a morir ―¿Un café en la playa? ―Erza ladeó el rostro ―¡Vamos por helado y un pastel de fresas, estoy segura de que te va a encantar!

Gray no supo si reír o llorar, pero seguía atrapado al canto de la sirena.


Gray maldijo en sus adentros y no se preocupó en ocultar su molestia al verse arrastrado a pasar unas cuantas horas de su día atrapado en una tienda donde las chicas querían comprar. Derrotado se dejó caer en uno de los sillones que ofrecía la tienda, a su lado Natsu estaba del mismo modo que él; resignado a una tortuosa tarde mientras que las chicas se medían bikinis y se divertían, ellos eran obligados a esperarlas.

―Yo solo quería comer ―refunfuñó. Había sido amenazado por Erza y por eso se comportaba como un niño castigado.

Estaba medio de acuerdo con Natsu porque se suponía que se habían ido de la playa porque tenían hambre, no porque necesitaran comprar algo que estaba seguro traían de más en sus equipajes.

¿Qué tenían que hacer ellos en una tarde de compras? ¡Habiendo una playa y muchos restaurantes! Pero en vez de eso, ellos estaba aburriéndose, escuchando los reclamos de Erza para que se buscaran algo, que se integraran y mientras que Natsu era levantado y arrastrado por Lucy, para mostrarle unas cosas que vio y que aseguraba le iban a encantar, él suspiró y sin querer su mirada divagó hacia la persona que estaba sentada de su otro lado, Juvia…

Gray la analizó, ahora que se portaba bien y estaba tranquila, su semblante lucía contento. Ella era bonita, definitivamente era extranjera por sus rasgos y parecía una buena persona, cálida y amable. Decía cosas descabelladas pero no sentía pizca de maldad en ella, eso lo confundía. Lo que decía, lo pronunciaba con tanta naturalidad que de ser ese un universo paralelo donde existieran las criaturas mágicas, le creería. Tenía muchas dudas respecto a ella, porque parecía desubicada y no solo con la ciudad, sino con todo el mundo humano y aunque no creyera su disparate, ella mostraba congruencia entre lo que hacía y decía ser. Varias veces detectó problemas en su andar, muchas veces se vio torpe y lenta y qué decir de lo rápido que se cansaba, pero como en su mundo nada de eso existía, se preguntaba ¿Quién era esa chica que parecía venir con confeti y polvo de hadas incluido? ¿De dónde venía? ¿Cuál era su historia?

Ninguna pregunta tenía respuesta y por eso estaba intrigado. Sabía que no tenía ninguna obligación pero estaba obedeciendo a los mandatos del alma, a sus instintos y a la educación que le habían dado sus padres (y estos eran la mayor influencia para que su corazón fuera amable). Juvia era una persona que necesitaba ayuda, y aunque era una persona mayor y se consideraba lo suficientemente inteligente, Gray confiaba en esa completa desconocida que parecía más sincera que muchas personas que él conocía.

Y antes de perder más el juicio, arrugó el entrecejo al verla hacer pucheros, Gray se fijó en la piel levemente rojiza de sus hombros, a causa de los fuertes rayos de sol de la playa a los que estuvo expuesta por mucho tiempo. Y diferencia de Erza y Lucy, ella estaba tranquila y sin aparente interés por comprar algo.

―¿No vas a comprar nada? ―preguntó. Giró levemente el rostro hacia su dirección.

Juvia tarareaba una canción y ensimismada, se inclinó hacia él.

―¿Gray-sama quiere que Juvia compre algo? ―sus ojos se abrieron de par en par. Parecía que era la misión de su vida o que trataba con un asunto de vida o muerte.

Él vio cómo su mirada se iluminó como dos faros, se tuvo que apartar unos centímetros para reponerse, intentó hablar un par de veces, pero se vio intimidado con toda la euforia que Juvia comenzaba a manifestar a raíz de su pregunta.

―Eh… ―sudó en frío ―no… exactamente.

―¡Juvia! ―Gray sintió que era salvado por alguna fuerza divina ―¡Encontramos algo para ti!

Una sonriente Lucy comenzó a hacerle señas para que se acercar a ellas.

―¿Para Juvia?

―Sí, para ti. ¡Ven!

Se disculpó con él y luego de avisarle que pronto estaría de vuelta, se levantó grácilmente y caminó hacia ellas, Gray observó cada uno de sus movimientos, como descruzaba los brazos tras su espalda para tomar con sus manos la ropa que le enseñaban.

Parecieron susurrarle algo porque Juvia de inmediato se volteó a verlo e intercambió su mirada entre el bikini y él, su rubor se intensificaba cada segundo más. «Oh, no, Juvia comenzaba a imaginarse cosas.» Despeinó su cabello y trató de poner atención a otras cosas, pero para su desgracia no había nada mejor (o útil) por hacer o ver.

Ofuscado y avergonzado de la chica nueva que se integraba rápidamente al grupo, se levantó para dar vueltas alrededor de la tienda, ni él sabía por qué no se iba, pero pretendía matar el tiempo buscando algo para él.

Vio vitrinas con lentes de sol, pulseras y collares. No necesitaba nada de eso, pero sirvió para distraerse un poco. Y a mitad de su recorrido por la tienda, llegó a una pared llena de estantes con sombreros. Perezosamente arrastró sus ojos por cada uno, fijando su atención en uno; era un sombrero beige, adornado con una banda de listón adornado de muchas estrellitas de mar doradas. De las alas del sombrero, caían dos largas tiras que se amarraban como moño en la parte trasera. Esbozó una discreta sonrisa mientras que sus dedos alcanzaban a rozar la copa del sombrero, inmediatamente pensó en alguien a la que le quedaría bien ese sombrero.

―Gray-sama, es hora de irnos, al parecer Natsu-san no resiste más y muere de hambre.

Agachó la cabeza hacia atrás, para verla. La vio de pies a cabeza: sus manos jugaban nerviosas con la bolsa de su reciente compra. Apretaba sus labios en una intranquila sonrisa y el rubor de su rostro casi daba con el mismo tono con la piel roja de sus hombros.

Sin más, el tomó el sombrero y lo dejó caer sobre la cabeza de Juvia con casi nada de delicadeza.

―Mira, para que no te quemes ―juraba que su piel debía arderle un poco.

Abrió los ojos. ―¿Gray-sama lo cree? ―una radiante sonrisa adornó su rostro ―¿Cómo se ve Juvia?

«Bien. Se mira bien.» Pero eso era algo que no se permitiría responder.

Sin contestarle, hizo una seña al pequeño espejo que estaba puesto sobre un instante. Juvia se asomó y se acomodó varias veces el sombrero para probar varios ángulos.

―¿Gray-sama quiere que Juvia lo compre?

―Si tú quieres ―alzó sus hombros conforme ladeaba la cabeza, tomando un aire de indiferencia.

Ella le sonrió ampliamente, entendiendo sus palabras. ―Pe-pero Juvia no tiene dinero ―dijo apenada ―Juvia lo llevaría si tuviera dinero… sus monedas son de arena y aquí tampoco las aceptan… esto fue un regalo de Erza-san para Juvia ―se quitó el sombrero y lo tomó con ambas manos del ala, la bolsa de su compra colgaba de su muñeca, e intentó dejarlo en su lugar, pero Gray la detuvo.

¡Claro! ¡Las monedas de arena! ¡La sirena pobre! Por eso Juvia no se había movido, por eso no mostraba ilusión por ver lo que vendían en esa tienda. Había estado tan tranquilo y tan natural que había olvidado ese pequeño detalle.

―No, no ―negó ―, es mi regalo.

―Pero Gray-sama…

La vio severamente, no había nada que replicar… de él había sido la idea aunque no sabía por qué la había ejecutado, tal vez sí existía la magia y Juvia era una persona mágica que pocos tenían la fortuna de encontrarse.


¿CONTINUARÁ?


Cuando todo va mal, el amor, el trabajo, la familia... es bueno escribir, just sayin' y cómo todo se está derrumbando necesito humor y romance, comedias románticas uwu porque esa es mi especialidad. En fin, review crítica ¡Bienvenido! Pienso en ir integrando a Juvia poco a poco al mundo humano, ya conoció al grupo de Gray y pues sabemos que en FT no discriminan a nadie por más loco que esté ;_; y no es que Gray la esté insultando, pero entiéndalo, se le pega una desconocida que dice ser Sirena XD es histeria normal y por eso resalté que no nota pizca de maldad en ella, que todo lo dice tan natural.

PD: Juvia se está portando bien, Erza tuvo ese detalle poorque cuando Gray fue a hablar con ellos, mencionó que estaba ayudando a una chica que no tenía "nada" :x

Gracias por los reviews. Gracias por leer.