Hola Hiccstrid lovers!
Valulu ha vuelto, después de mushos años! Muajijiji
Dejaré claro que he hecho estos últimos meses, para que no crean que los he dejado tirados, los he extrañado y cada vez que veía un review de esta novela me daba una angustia tremenda….lo digo de corazón he aquí un poema:
Diez veces sus comentarios leí
Nueve de ellos me atormentaban
ocho fueron las veces que este capítulo reescribí
siete de ellos fallidos
seis árboles genealógicos cree
cinco de ellos me confundieron
cuatro veces el notebook se echó a perder
tres de esas veces no revivió
dos días lloré *no es broma*
un computador nuevo me compré.
Ahí la explicación…me compraron un nuevo pc y reescribí la historia aquí
Este capítulo es cortillo y no explica mucho, pero el siguiente muajijijiiji preparen sus traseros! Y eso…quería dejarles claro eso…
Leí cada uno de sus reviews y me sentía como una mierda, quiero dejar claro eso…
dejen más reviews para saber qué les parece el capítulo ¡Estoy emocionada! ¡Estoy de vuelta como ustedes mis amores!
Pd: el notebook *llora intensamente* contenía los adelantos e ideas para las historias ¡Lo perdí todo!
NADA ME PERTENECE, TODO LE PERTENECE A DREAMWORKS
CAP.9: La ex chica de oficina
El ambiente es tenso, las miradas son incomodas y yo estoy aquí, sentada, mirando un punto vacío de la habitación. Nadie se atreve a hablar, nadie se atreve a moverse.
Minutos después Hipo se levanta exasperado, lo sigo, Valka le ha dicho algo que, no es muy bonito escuchar después de un buen polvo. Ella es su madre. Hipo se quedó plasmado y ahora se ha levantado, no debe estar nada bien, tengo que seguirlo.
-¡Hipo! –Lo llamo mientras lo veo salir por la puerta de mi apartamento –Tenemos que hablar
-Astrid, quédate adentro, no te hace bien este ambiente.
-Hipo, no seas ridículo, te acompañaré
Él se da la media vuelta y nuestras miradas se conectan en la mitad del pasillo.
-Déjame, por favor –murmura tiernamente
-¡no! Hipo, quiero estar contigo. –digo desafiante
-De todas las cosas que te he pedido, esta es muy importante ¡Hazme caso! –grita enojado
-¡no! –Me acerco a él y presiono mi dedo índice contra su pecho –Tú no tienes derecho a decirme lo que puedo y no hacer, si quiero estar contigo, estaré contigo, si quiero mantenerme alejada, perfecto lo haré. Pero este no es el caso ¿Me oyes? Necesitas a alguien a tu lado.
-¿Quién dijo que necesitaba a alguien? Puedo arreglar mis problemas SOLO –dice enfocando la última palabra
-Bueno, parece que eso no es cierto ya que, estás aquí como un crio gritándome de una manera desarmada ¿Qué mierda he hecho? -lo miro
-Vete Astrid ¡Vete! Me molestas –dice dándome la espalda –Siempre lo has hecho ¡Vete! Ve a dormir o algo, quiero que te vayas, desaparece de mi vista.
-¡Hijo de….de…Está bien, si tanto te molesto, vete, que te encuentre esa mafia tuya, saca toda tu mierda de mi casa si te molesto, despídeme, haz lo que quieras, pero recuerda Hipo, esto es decisivo.
-Vete –digo fríamente, me sorprende mi voz ya que, por dentro me estoy marchitando, pétalo por pétalo.
- Por si no te ha quedado claro, tu jefe es un hijo de puta –dice luego sigue su camino a donde Dios sabe dónde.
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- Y se marchó –digo limpiando mi nariz. Adiós a mi viaje a Alemania
-No te dijo nada, así como, no quiero que me acompañes, estás muy delicada de salud, no quiero que te pase algo, por favor, hazme caso. –respondió Eret, al momento de encontrarnos en una mona cafetería.
-La única mierda que me dijo fue que le molestaba
-Cabrón –murmuró Eret
-Lo sé, se comportó como un maldito hijo de….creo que lo he insultado lo suficiente –suspiro resignada -Quizás se fue con Heather.
-¿Heather? –Preguntó
-Hija de Salvaje, mi supuesta hermanastra y ex comprometida de Hipo
-¿Ex comprometida? – Eret se tensó y se muestra nervioso
-¿La conoces? –pregunto curiosa
-No, no, no para nada –dice sorbiendo su café –nunca he escuchado ese nombre
-Ya veo…-murmuro con la mirada perdida.
-Oye Astrid, tengo que ir a mi aparcamiento - Dice- si quieres me puedes acompañar, con confianza
-Claro, supongo que eso me distraerá un rato –sonrío
El transcurso a su departamento es lento, el ambiente espesado, denso, incómodo. No sé qué decir o que hacer.
El departamento de Eret es muy elegante, muy minimalista por cierto, las paredes son de color crema y sus muebles son de un negro lustroso. Típico de un departamento de hombre. Me rio para mis adentros mientras Eret me acomoda en el sofá de la sala de estar. Desaparece de mi vista por un ancho pasillo.
Vuelve con una tierna manta peluda y dos tazas con chocolate. -Dicen que el chocolate sube el ánimo
-Sí, eso dicen –respondo con un murmullo.
-Ahora cuéntame nena, que es lo que verdaderamente te molesta Astrid, no digas que la mierda de Hipo, porque, apuesto mi vida a que eso no es lo que te ha estado afectando tanto.
Miro silenciosamente mi taza, cuento las burbujas producidas por el chocolate, son veinte, la edad que tenía cuando mi padre se fue a viajar por el mundo.
-Mi vida va cuesta abajo, Eret, tengo tantas cosas en mi cabeza. Cosas que están alineadas con mi pasado, lo que más intento olvidar. Para comenzar Valka es la madre de Hipo. Heather me ha estado molestando y amenazando demasiado. Mi estado de salud ha estado como la mierda y ya no puedo ver las cosas claras con Hipo, Hipo me daba esa seguridad que necesito y lo he echado todo a perder. Ya no sé qué hacer.
-¿Y Valka donde está ahora? –me pregunta Eret
-Después de ver la escena se marchó de donde vino. "Estaremos en contacto" dijo –sorbo mi chocolate.
-Astrid, tienes que pensar que los problemas son pasajeros, todo es pasajero, las penas, las alegrías, todo. Tú solo deja de darle vueltas al asunto y déjalo ir, te darás cuenta de que esos problemas que te acojonaban tanto ya no están. Nada ni nadie te molestará. Luego verás…-Eret suspira –De que esa persona que tanto temiste el perder, desapareció y no te afectó como querías que te afectara.
Observo detenidamente a Eret, su mirada está perdida, sus músculos tensos, de seguro también ha perdido a alguien importante. Omitiré comentarios.
-Mañana iré a trabajar –murmuro
-De ninguna manera, te amarraré aquí si es necesario –Dice Eret, esta serio.
-Tengo que trabajar, Eret.
-He dicho que no, necesitas que te supervisen y hablo en serio, de una persona que sepa de tu accidente –dice –Hoy dormirás aquí.
-¿Aquí? –pregunto con una ceja enarcada.
-Sí ¿Algún problema?
-¿No se enojará tu novia? –pregunto curiosa
-Yo no tengo novia, soy una mala persona, no creo que merezca ser amado
-No me digas que tú también tuviste una infancia difícil –digo bromeando
-Me gusta estar con chicas que tiene una relación estable –dice con la mirada perdida.- con otra persona, claro
-¿Estás de broma? –pregunto con desaprobación.
-nop
-Eres raro Eret –digo honestamente
-Lo sé, pero…
-pero eso no te convierte en una mala persona, al fin y al cabo, son gustos.
-Te contaré algo que nadie sabe. Espero que me perdones después de esto –dice exhalando exageradamente.
-Quiero que quede claro que mi intención nunca fue…
Escucho que alguien toca la puerta y por los pesados golpes, se puede decir que es alguien que está cabreado.
-ya voy –grita Eret exasperado
El sofá en el cual estoy sentada, da frente la puerta, así que veo en primer plano como Hipo golpea a Eret en todo su rostro. Hipo está cabreadísimo, su respiración es desigual, su cabello está alborotado y usa la misma ropa que cuando se fue de mi apartamento, la diferencia es que está toda sucia. ¿Qué le ha sucedido? Luego veo a Eret en el suelo mientras se presiona la nariz, puedo ver la sangre.
-¡¿Pero qué mierda te pasa!? –Grita Eret enfurecido
-Astrid, ¡Vámonos! –grita. Nunca lo había visto así y da miedo, yo tengo miedo. Me pregunto por qué golpeó a Eret de esa manera. Dejo la taza, ya vacía y luego me voy a su lado.
-No te quiero ver cerca de ella ¿Comprendes? –Dice Hipo amenazando a mi amigo, ¿Serán celos? No lo creo.
-Nos vamos –dice
-¿A dónde? –pregunto desconcertada.
-A mi casa –su voz es cortante y el ambiente denso.
El camino a su casa es largo y demasiado incomodo, tengo miedo a preguntar, como tengo a miedo a decir algo incorrecto, me dedico a contemplar por la ventana, ya está oscureciendo. Y las luces de los postes comienzan a azotarme la vista.
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-Astrid, despierta, hemos llegado –dice fríamente. Lo miro y sus ojos son oscuros y cortantes.
Me estiro y salgo de su auto, hace un frio de horrores. Entro a su casa. Está igual que la última vez que estuve aquí. Creo que más limpia incluso. Me siento en uno de los sofás cerca de la cocina y de la televisión. Tomo una gran bocanada de aire.
-¿Qué pasa Hipo? ¿No dirás nada? ¿Algo en tu defensa de porqué golpeaste a Eret?
-Estaré en mi estudio. –se marcha, sin mirar atrás.
Tomo uno de sus cojines y comienzo a ahogar mis gritos. Me libero haciendo eso. Media hora después de mirar el techo de un color crema, me levanto decida, necesito respuestas y no las estoy consiguiendo.
Después de entrar a tres habitaciones equivocadas. Me asomo por la cuarta puerta y veo a Hipo. ¡Eureka! supongo
-Hipo…
-pasa –dice evitándome, mirando sus papeles.
-Hipo, solo quiero recordarte de que sigo enojada contigo.
-Lo sé
-Fuiste descortés con todos.
-Lo sé.
-Me dijiste que era una molestia, me hiciste sentir horrible.
-Lo sé.
-Luego golpeaste a Eret, sin siquiera darme una razón, no sé si podré verlo a la cara.
-Lo sé.
-Entonces si lo sabes ¿¡Por qué no me das explicaciones?! Tuve que recibir todo sin preguntar. ¿Qué sucede contigo? Si te molesto tanto ¡¿Qué hago aquí?! –grito exasperada
Nos miramos por un largo tiempo, tememos a hablar. Soy la primera.
-Olvídalo –digo –llévame a casa, quiero ir a casa.
-Está bien –dice- te llevaré a casa. –agarra las llaves de su escritorio y se dirige a la puerta, sin siquiera dedicarme una mirada. Siento la decepción creciendo dentro de mí. Siento como aparece una de sus nuevas facetas, una faceta desagradable, quizás siempre la tuvo. Últimamente me he vuelto muy ingenua, no sé qué mierda me ha pasado a mí. Creo que por fin he abierto los ojos. Creo que por fin piso tierra y vuelvo a la realidad que me rodea. Me siento triste y sola. Alejo esos pensamientos y miro a Hipo, quien me mira con impaciencia.
Nos miramos por un momento, yo aún estoy en el mismo lugar. Luego de unos segundos desvía la mirada desinteresadamente.
-Apresúrate, tengo trabajo. –dice.
Asiento con la cabeza y me voy a su lado en silencio sumida en mis pensamientos. Me he quedado vacía. Sola y vacía.
El camino a casa es horrible, ni una sola palabra, el solo se fijó en la carretera y yo solo atiné a abrazar mis rodillas. Es un adiós supongo. No hizo nada para detenerme, él solo asintió con la cabeza y me está llevando a casa. A mi casa. Recuerdo la mirada que me dio cuando yo estaba parada como una estúpida al centro de su estudio.
Cuando me doy cuenta, el auto ya está estacionado fuera de mi apartamento. Está exasperado. Me mira y luego al frente.
-En tu correo hay unos informes que necesito. Por cierto, sé la contraseña. Mañana, si quieres te puedes tomar el día libre. Encontraré una suplente. –dice desinteresadamente
-Estoy bien, iré mañana. –Inhalo y échalo descontroladamente- Eso que dijiste que te molestaba… ¿era verdad? ¿Me has dado falsas esperanzas? –no quiero saber la respuesta
-Adiós Astrid –dice fríamente, mirando hacia adelante.
¡Oh! La despedida supongo.
-Adiós. –digo con un hilo de voz.
No puedo creerlo me ha dejado, pero… golpeó a Eret y no se siente arrepentido. ¿Qué tiene en la cabeza? Yo le quiero y estoy segura que él me quiere. Pero en todo caso…esto es una lección, para darme cuenta con quien estoy tratando. Nunca había vista esa faceta suya. Tan cortante e intimidante. No me gustó para nada. Lo peor de todo es que quiero llorar, pero no puedo, siento como todo se rompe, pero no cae ni una sola lágrima. Mi supuesto mundo está matándome, esta agonía lo hace, pero ni una puta lagrima. ¿Por qué? Hipo...ese nombre se repite en mi mente, pero nada ¿Qué mierda pasa? Siento impotencia, quiero tirar a la mierda todo, pero de repente, los recuerdos de Hipo se amontonan en mi cabeza, son muchos, todos a la vez a, y ni una puta lágrima.
Grito. Grito mucho. Por impulso voy a la cocina y sus recuerdos vuelan por mi mente. Los platos se azotan en el suelo. Los vasos, las tazas, todos los utensilios, están en el suelo, al igual que yo. Grito. Pero no lloro. Voy a la sala de estar y estallan todos los cuadros. Mi madre está en el suelo, mi padre está en el suelo, todos están en el suelo, tocando tierra, al igual que yo.
De rodillas comienzo a observar las fotos de mi padre, me pregunto como lo hizo para superar a mi madre. O mejor, como lo hizo para saber que amaba a mi madre, porque lo hacía.
Mi padre era un hombre sabio, sencillo pero sabio. Él siempre tenía consejos y moralejas en sus bolsillos. Recuerdo una, una de las cuales aún no puedo poner a prueba, o eso creía.
El mundo es muy cruel allá afuera Astrid, todos querrán sacar un poco de esto.-decía mientras apuntaba mi corazón. –La única parte que debes cuidar, esto no se regenera, quizás no lo sientas, se va perdiendo, luego, no vuelve a ser lo mismo. Quedan cicatrices, para siempre. Procura que nadie te arrebate esto, prométemelo.
-Te lo prometo –susurro
-Te lo prometo –digo
-Te lo prometo –grito
Te lo prometo, te lo prometo, te lo prometo, te lo prometo. Y por fin, salen las matadoras lágrimas, duelen, duelen, y ni siquiera sé si son por Hipo, lo más probable es que sean porque acabo de romper la promesa que había hecho hace catorce años. Te lo prometo… le dije.
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Ya han pasado tres días desde que vi a Hipo, tres días donde debí volver a trabajar, pero no fui capaz. Ni siquiera me he bañado, mi estado de ánimo es menos diez. El sofá es el único amigo que tengo, solo me levanto para ir al baño, después vuelvo a la misma posición. Ni siquiera tengo la televisión prendida. Mis cortinas están cerradas. Al igual que mis ojos en este momento. Mis manos descansan en mi estómago y pienso, pienso, pienso.
No he comido nada, no tengo hambre. No me he cambiado ropa, no tengo ganas. Solo pienso, pienso, pienso.
Mira Astrid, esta rosa blanca es como nosotros, está llenas de espinas que la protegen, su exterior es hermoso pero adentrémonos –dice escarbando la tierra- ves eso, está aferrada a la tierra, esas raíces se enredan entre sí, le causan problemas, no puede seguir avanzando al igual que nosotros. Es por eso el dicho, los problemas se cortan de raíz. ¿Lo ves? –Dicho esto desentierra la rosa y la planta junto con las rosas rojas. –cuando cortas los problemas de raíz, ellas pueden seguir su camino y florecer sin ninguna interrupción.
Lo miro y le pregunto -Papá, ¿Por qué plantaste una rosa blanca junto con las rosas rojas? No combinan en nada
Mi padre se ríe y contesta –Porque me recuerda a ti, tus experiencias te convierten en lo que eres Astrid, así vas creando tu propia identidad.
Mi identidad –susurro. –Mis experiencias. Supongo que ahora sé que es bueno y que es malo. Sé a lo que se refería.
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Día cuatro. Y sigo sin moverme del sofá. Cortar los problemas de raíz. Raíz. Pienso, pienso, pienso.
Ya sé lo que haré con mi vida. Me iré a Inglaterra.
Decidida me levanto del sofá. Me doy una ducha de casi una hora y media y luego me visto, un vestido negro con escote cuadrado, una chaqueta del mismo color. Me calzo mis botas que me llegan hasta la rodilla. Me maquillo lo más que puedo, tomo mi cartera, la carta de renuncia y salgo de casa.
Brutilda aún no ha llegado de sus vacaciones, me alegro por ella. Saludo a Elizabeth y luego voy directo al ascensor a la oficina de Hipo.
Cuando el ascensor se detiene en la oficina, me dispongo a salir y luego veo a una chica saliendo de su oficina, no trabaja aquí, se nota por cómo va vestida, su pelo está desordenado, su labial corrido, una marca de sudor en la frente y está sonrojada. Mierda, mierda, mierda, mierda. Esta fue mala idea. Saludo a la chica, a la puta chica y salgo del ascensor camino a la puerta de la oficina de Hipo. Inhalo una gran bocanada de aire y entro sin tocar la puerta.
-¿Se te ha olvidado algo cariño? –dice arreglando su corbata. Esta de espaldas a la puerta.
-Creo que no amorcito –digo suavemente. Lo veo tensarse en su puesto. No se da la vuelta.
-Has regresado, milagro. –dice fríamente.
-Si esta es tu forma de terminar las cosas, lo haces mal –digo mirándome las uñas.
-Me da igual, vete a tu oficina, hay trabajo.
Camino conteniendo mi ira. –Toma, es mi carta de renuncia, imbécil.
-oh
-sí, oh
-¿Quieres un cheque? –pregunta
-Sí y esto –digo dejando la llave de mi apartamento en su escritorio –Estaré ausente, quiero que saques todo.
-¿Ausente? –dice mirándome a los ojos
-Ausente.
-¿Por cuánto? -pregunta alterado
-No responderé eso. –digo cortante mientras me apoyo en el escritorio
-¿¡Por cuánto?!
-Solo dame el puto dinero –grito
Intenta leerme a través de mis ojos, pero tengo la mirada tan oscura que me asusto a mí misma.
-Yo…lo siento… por lo de ayer…tu sabes que….
-Dame el puto dinero, y si vas a decir lo siento. Al menos hazlo. –digo. Confirmo, me doy miedo.
Me hace un cheque con veinticinco mil dólares, no está mal. Puedo hacer durar el dinero.
-Gracias –digo - Hasta nunca
-Sigue diciéndote eso –dice con una triunfal sonrisa.
Le daré un poco de su propia medicina. Me doy media vuelta y me detengo.
-Me iré del país con Eret.
Miro a través de mi hombro y veo que ha quedado paralizado.
-¡No puedes hacer eso! –grita mientras veo que se acerca rápidamente, me toma del brazo
-Si puedo y lo hice.
-él…él es malo….Astrid, por favor, dime que es una broma
-Es una broma –digo cortante
-¿¡Lo es?! –responde aliviado
-No, me dijiste que te lo dijera y lo hice.
-Corto los problemas de raíz Hipo, parezco una imbécil siguiéndote y perdonando cada mierda que haces, me cansé. Me voy.
-Al menos podrías decirme a donde te vas ¿No crees?
-A Inglaterra –digo mirándolo
-¿¡A Inglaterra?! ¡¿Estás Loca?! –dice fuera de sí
-Quizás, qué más da. –digo soltándome de su agarre. Camino hacia la puerta
-Adiós Señor Haddock, un placer, créame, un placer conocerlo –digo sonriendo. Mi interior se desmorona, no me siento como la rosa de la cual me habló papá, no me siento lista para seguir y florecer.
