Bueno lo prometido es deuda…¡He vuelto! Después de 5 años.

Necesito disculparme con toda la gente que me ha seguido, la que he perdido en el camino y la que sigue. Estoy muy emocionada, descubrí muchas cosas.

Primero que todo…descubrí que han copiado mi historia en Wattpad jajaja. Cuando me enteré fue hace tan solo 3 días atrás, fue loco, solo atiné a reirme.

Segundo…Cómo entrenar a tu dragon 3 no tengo palabras. Lloré mucho porque soy muy sensible y la parte en donde se espiden de los dragones me parte el corazón.

Lo que amé de la película…las trenzas de Brutilda, siento que no le dan la importancia que se merece, we, sus trenzas son de Guacala y Erupto, quedé fascinada.

No me cae bien "furia luminosa" solo porque siento que es muy territorial, son dragones ¡pero igual! Bueno. ¿Qué opinan ustedes sobre el final de la trilogía?

Pd. Lxs hijxs de Astrid e Hipo son muy tiernos, no puedo con tanto.

Bueno…¡nos leemos!

PD: LEMON, LEMON , LEMONNNNNN! JIJIJI

NADA ME PERTENECE, TODO LE PERTENECE A DREAMWORKS.

Capítulo 13: "El amor es un regalo"

Estando en la suite del hotel y escuchar las olas a lo lejos me hace sentir reflexiva, ni siquiera sé qué hora es. La tranquilidad que siento en mi corazón es incomparable, aunque prometí no agobiarme por todo lo que pueda pasar, siempre está ese granito que hace todo imperfecto, mi pasado. No obstante gracias a la buena vista que tengo en este momento de Hipo durmiendo plácidamente en mi pecho, todo me da igual.

Pensándolo bien, ya no soy la Astrid que era antes, la ruda, la matona, la que te fulminaba con la mirada, la extraño. Hipo movió todos mis cables y me siento desorientada, me ha afectado de sobremanera, verlo ahora tan vulnerable y compararlo con las frías miradas que me lanzaba me hace sentir insegura. Es un hijo de puta. Pensándolo bien, Hipo dijo "mi novia" ¿Novia? ¿Cómo es que no me entero? Le acaricio el pelo a Hipo.

-¿No puedes dormir? –me pregunta somnoliento. ¿Por qué es tan guapo?

-La verdad es que no –le susurro.

-Yo tengo la solución a ese problemita tuyo.- me dice con una lasciva mirada. Luego en un genuino movimiento acomoda mi cabeza en su brazo como una almohada. Y me abraza. Cucharita time cuando se me ocurre la brillante idea de preguntar.

-¿Por qué usas tu pierna artificial? –pregunté por mera curiosidad, espero no haberlo ofendido.

-Astrid, duérmete –puso su mano encima de uno de mis pechos, me sonrojé pero no lo aparté. Comenzó a masajearlo lentamente, rozaba mi pezón y eso daba ciertas cosquillas….ahí abajo. Intento ahogar el gemido. Su mano sigue su camino y pasa por mi cintura, luego por mi cadera, y se sumerge por el interior de mi muslo, puedo sentir su respiración agitada en mi oído, delicioso. Levanto mi cabeza y él me besa el cuello y la clavícula. No puedo resistirme, lanzo un pequeño y pesado jadeo.

-Hipo –murmuro. El lanza un sexy gruñido, se levanta me acorrala entre la cama y su cuerpo. Me quita la sudadera gigante que estaba usado, junto con…todo lo demás.

-¿Qué pasa? –me pregunta mientras que su lengua hace un exquisito recorrido entre mi cuello y oreja. -¿Te gusta?

-Me encanta –le digo seductoramente mientras lo miro a los ojos. Introduce uno de sus dedos y yo me siento muy húmeda. Su boca traviesa baja hacia mis pechos.

Ahora introdujo dos de sus largos dedos, los mueve al vaivén de mis caderas, quiero más.

-¿Quieres más? – me pregunta como si hubiese leído mi mente y me besa.

-Sí, por…favor- le digo suplicante. Me siento sexy, me siento bonita y todo mi inseguridad la tiré por la borda.

Hipo saca sus dedos y yo siento otra cosa dentro de mi, sus caderas chocan con mis muslos, me agarro de la sábana para aguantar mis gemidos. Él toca mi punto de venus y yo me derrito, nos unimos en un beso apasionado, un beso salvaje, le muerdo el labio inferior y el acelera sus embestidas. Me besa otra vez, me devora, me penetra, me sumerjo en él.

-Estoy llegando, más rápido Hipo –le susurro contra sus labios. –Acabemos juntos. –Le corro su flequillo ya largo y nos miramos a los ojos, puedo ver que también está en su límite.

-¡Ah! –gritamos al unísono e Hipo cae a mi lado. Estamos jadeando. Yo aún puedo sentir las contracciones dentro de mi, me siento como una medusa recorriendo el mar de forma lenta y relajada.

-¿Sabías que el sexo antes de dormir te asegura dormir tranquilamente? -me dice corriendo su cabeza a mi lado.

-¿Estás bromeando?

-Es verdad. Lo leí en un artículo.

-Pero yo no tengo sueño –Le digo bostezando. Me agarra de la cintura, me pega a él y su sudor con olor a perfume lujoso.

Hipo me despertó a las 11:00 am. Traía consigo unas tostadas con huevo y tocino, una porción de fruta y además mi té favorito.

-Qué observador, señor Haddock – digo dándole una mordida a la tostada, estoy desnuda. Me siento libre con mis senos al aire.

PoV Eret

Hola New York, estoy muy feliz, Nótese mi emoción. Sinceramente creo que me merezco la paliza que me dio ese hijo de puta. Me siento tan tonto, tan ingenuo ¿Siempre habré sido un peor de Heather? La verdad es que no tenía ni idea de esas "fotos" que perjudicaban a Astrid. Ella es tan…otra cosa ¡Te odio casualidad! De todas las chicas me guías a la incorrecta. ¿Qué debería hacer ahora?

Debería advertir a Astrid de la próxima movida de Draco, ahora que lo pienso ¿Astrid tendrá una mínima idea de quién es Draco?

-Dije que nos juntáramos a las 10:00 am y son las 11:00 am. ¿Tú no piensas ser puntual algún momento de tu puta vida? –escucho una voz molesta, una voz nada melosa, es más bien una voz autoritaria con un pequeño deje de manipulación.

-Hola Heather –digo sentándome en la terraza de una cafetería muy pintoresca. Aquí vamos otra vez.

-Extorsioné a Hipo con ciertas fotos –dice la pelinegra sonriendo luego su expresión cambia y hace un puchero – pero no dejo que trabajara para él.

-No entiendo tu obsesión con ese hijo de puta. –digo mirando la carta. Debería pedir un café, pero la verdad es que las circunstancias ameritan un té. Esta decisión es de vida o muerte.

-No es una obsesión es solo un trabajo que quiero hacer bien para complacer a mi padre.-chilla.- necesito su atención.

-¿Cuál era el contenido de esa fotos? –pregunto mientras la miro a los ojos. Heather, Heather, cuando aprenderás a no meterte en asuntos que no son de tu incumbencia.

-Ese no es tu problema, solo sé que necesito sacar a la rubia del camino.- me dice molesta. No puedo creer que no hayas podido hacer esa pequeña misión, Eret, te creía capaz, cuando la recogiste en la autopista pensé que de verdad ya la habías quitado del camino, pero no supiste mantenerla, eres incapaz de hacer algo bien ¿Ahora me entiendes por qué prefiero a Hipo? Él tiene sus objetivos claros y siempre los consigue, en cambio tú…

Me siento demasiado enojado, estoy cegado, solo quiero golpear algo. Heather es la única persona que logra sacarme de mis casillas, cuando aprenderá a utilizar ese pequeño detalle que hace diferente a las personas. La empatía. Siempre denigrando al resto. Tengo los nudillos blancos, necesito salir de aquí ¡AHORA!

-si me disculpas, iré al baño –susurro y me levanto enojadísimo ¿Por qué me enamoré de esta arpía?

Llego al baño y lo primero que hago es juntar agua en el lavamanos. Una vez lleno sumerjo mi cabeza y grito, bajo el agua. Sé que es una mala práctica, pero ya estoy acostumbrado. Aguanto bajo el agua hasta que no puedo más. Cuando salgo en busca de oxigeno me topo con mi reflejo. Soy un miserable hijo de puta.

Salgo del baño camino a la terraza, escucho a Heather hablar por teléfono.

-Sí papi, es Astrid, sigue interponiéndose en mi camino, papi…sí papi….ya visité a Hipo, salió todo de maravilla…avanzamos con el siguiente…sí…perfecto…te amo también.- cortó, Heather no me vio venir.

-¿Quién era? –le pregunté para no levantar sospechas.

-Eso no es de tu incumbencia, Eret. –me dijo la bruja.

-Tienes razón. -Respondí. Tengo que advertirle a Astrid. Esto se va a poner feo.

PoV Astrid

Con Hipo salimos a comer a un restaurante y por primera vez pruebo las ostras. Cuando el sabor marino invade mis papilas gustativas, cierro los ojos por la acidez del limón y escucho una risa proveniente de mi acompañante.

-¿Qué es lo que te causa tanta gracia? –pregunto riendo. Más días así por favor.

-¿Sabías que las otras…están vivas cuando las comes? –Hipo espero atento a mi respuesta. Estoy perpleja ¿me estará mintiendo?

-¿Estás de broma?

-Nop.

Miro el plato con 13 ostras. ¡No! ¡¿Qué acabo de hacer?!

-He estado pensando…-le comento de la nada, la verdad las palabras salieron de mi boca sin antes ser procesadas por mi lindo cerebro, estoy pisando un terreno peligroso. –Necesito ir a hablar con Valka.- Evito mirarlo a la cara, Hipo es muy impredecible y me da miedo mirarlo a la cara ¿Miedo? ¿Eso es lo que siento? ¿Miedo a Hipo?

-¿Qué? –Me pregunta con la ostra aún en la mano, está estupefacto.

-Lo que acabas de oír. Necesito ir a hablar con Valka. -Tengo una sensación extraña en mi ser, me siento inquieta, siento que algo me falta, algo que no quiero enfrentar, voy a ser sincera conmigo misma, no pienso seguir haciéndome la tonta. Miro a hipo, está meditando una pronta respuesta.

-No te estoy pidiendo permiso –le advierto desafiándolo a esos ojos verdosos llenos de inseguridades.

-No voy a detenerte –me dice mirando al horizonte.- ya me di cuenta que no puedo evitar que entres en mi vida, mi caótica vida, la verdad. Ya no puedo evitar lo que vaya a pasar, no puedo evitar que te expongas, que conozcas la mierda de mi vida, intentando no involucrarte, al fin y al cabo estas están conectadas de alguna u otra forma –lanza un quejoso suspiro.- Ahora Astrid estamos en el mismo bando, aprovechemos de patear unos traseros ¿Te gustaría acompañarme en esta travesía de la cual no puedes escapar, pero que si puede ser más llevadera a mi lado?

-¿Estás pidiendo que sea su novia, Señor Haddock? –pregunto intentando disimular mi sonrisa.

-No exactamente. Ya sabemos que hemos perdido nuestro juego. Pero no quiero pedirte que seas mi novia, considerando las circunstancias y además buscando marcar territorio como si de un perro se tratase, no sé que mierda pasa conmigo, fui un tonto, te traté como la mierda, Astrid…yo…yo…-Baja la cabeza y puedo verlo. Sé ve derrotado, se ve cansado. Es una nueva persona la que tengo frente a mis ojos. El Hipo que yo conozco es siempre pulcro, siempre formal, siempre firme. Nada lo derriba, esta persona que se presenta ante mis ojos se le tan…¿Desvalido? No. Frágil.

-¿Te estás dando por vencido conmigo? –Pregunto asustada. Pero qué pasa conmigo.

-Claro que no, señorita Hofferson. –Me mira a los ojos y sonríe.-Voy a hacer que usted.- se relame los labios. Excitante.-sea la señora Haddock.

-Sigue soñando.

-¿Por qué te haces la difícil?

-Por qué hay muchas cosas que no sé de usted, señor Haddock.

-Buen punto.

.

.

.

.

La vuelta a casa fue deliciosa, música a más no poder, risas y relajo. Hipo me ofreció volver a trabajar en su empresa, pero me dio la oportunidad de formar parte del lado comunicacional. Al fin podré ejercer como siempre quise. Comienzo el lunes. Por lo tanto tengo tiempo para averiguar sobre el paradero de Valka. Gracias Universo.

Llegamos a mi apartamento y yo me dispuse a dar una ducha. Hipo se quedó viendo temas de trabajo en su mac.

Estoy desnuda y me miro en el espejo, miro mis brazos, mis clavículas, mis senos, bajo la vida a mi estómago. Todavía está ahí, una marca imborrable, justó ahí, en un costado de mi cintura. Salvaje me golpeó con una correa y me abrió la carne, nunca cicatrizó bien, ahora, después de diecisiete años, es sutilmente visible. Duele, recordar duele. Despego la vista del espejo y abro la llave del agua. Veo el agua correr. Duele. Recordar duele. El agua corre por mi cuerpo, siento el pelo en mi espalda y comienzo a llorar. ¿Por qué lloro? ¿En serio necesitas razones? Pregunta mi conciencia. Siento muchas emociones en este momento, le respondo. Sácalo todo, que todo lo que te haga mal, se vaya con el agua, quítatelo todo dice mi conciencia, que se vayan los malos momentos, suéltalo. Y lloro y lloro y lloro, me sacudo todo mi cuerpo. Me renuevo. Miro hacia arriba y el agua golpea mi cara. Otra yo. Volveré a ir a mis clases de karate. Necesito liberar esta presión de alguna manera.

Salgo de mi habitación con mi pijama puesto, la verdad es que mi pijama es una camiseta tres tallas más grande. Me voy directo a la cocina.

-Hey Hipo. ¿Crees que sea posible que tu equipo de inteligencia pueda conseguirme la dirección de Valka? –pregunto mientras me preparo un sándwich.

-Sí, pueden hacerlo, pero necesito algo a cambio.

Oh no, aquí vamos de nuevo.

-¿Puedo secar tu cabello? –se levanta de su asiento y se posa a mi lado.

-¿Eso es todo? –pregunto desconcertada.

-Y además necesito esto –y le da un ¿mordisco? ¡Mordiscoque! a mi sándwich.

-¡Qué hijo de puta! Si querías uno me lo hubieses pedido. Cabrón. – lanzo una carcajada y él se ríe conmigo, no le queda de otra.

Luego de un rato y de unas charlas sin sentido, nos sentamos en mi sofá y él comienza a secar mi cabello, estamos en absoluto silencio.

-No tengo recuerdos de mi madre –susurra Hipo. –Pero si pude imaginármela a través de los recuerdos de mi padre. Nunca me he enamorado, Astrid.

-¿Por qué no? –pregunto mirando a un punto vacío de la casa.

-Porque mi papá me dijo alguna vez –inhala –"Con el amor viene la perdida, hijo, es parte del trato". El no conocer a mi madre, fue mi mayor pérdida.-Recordar, duele. –Juré no enamorarme para no perder nada, que nada entorpeciera lo que me propusiera… y mírame ahora. Enamorado de ti. Yo…yo no quiero perderte, Astrid.

-Si Valka llegase a ser quién quién dice ser yo…-¿Está llorando? No quiero voltear a ver su cara, quizás si lo hago, volverá a su coraza. Hipo apoya su cabeza en mi hombro.

-Yo solo necesito ver a Valka para hablar sobre...cosas…necesito resolver algunas dudas. –La verdad es que quiero hablar de Valka sobre Hipo y sobre nuestro pasado…unido. Si él no me dice nada, saldré a investigar por mi cuenta.

-Lo sé, lo sé, es solo que…duele, recordar duele. –susurra.

-Lo sé, Hipo –Digo acariciándole sus rizos. Me acomodo y quedo de frente a él, ahora si que me atrevo a decir que este Hipo no es el que conozco pero que en algún lado en mi sub consciente esperaba conocer.

Hipo se tira a mis brazos y yo le doy contención. Nos quedamos así por un buen rato, hasta que se quedó dormido. Se ve tan calmo, tan joven, tan normal.

-Hipo…-susurro- Hipo, levántate, vamos a dormir.

-No papá, no quiero –murmulla.

-Hipo soy yo, Astrid. –Lo sacudo un poco.

-No, no quiero pez–dice. Y no puedo evitar reírme y gracias a eso, logró despertar.

-Vamos a dormir, tontito –digo suavemente.

.

.

.

.

.

Luego de una larga caminata, me gustaría saber como he llegado hasta aquí. Miro la dirección que me ha mandado Hipo, se supone que es aquí, pero no logro entenderlo, Valka vive en…¿Un Orfanato?