Hay algo realmente atractivo sobre la Sociedad de Almas durante la noche, una experiencia que no he podido disfrutar mucho, al menos desde que tengo memoria. Pasar la noche en el Rukongai es completamente distinto, cambiando siempre dependiendo de cuál distrito sea, siempre habrá ruido, a veces ese ruido será aterrador causando que los pequeños niños se metan debajo de lo que encuentren, otras veces serán ruidos más calmados como la actividad de las calles, las charlas de las patrullas nocturnas o algún que otro grupo de almas que vuelven de una noche de bebidas charlando con enorme felicidad. En el Seireitei, sin embargo, es distinto, la cantidad de personas viviendo allí es pequeña, el lugar puede parecer enorme.
Las blancas paredes de tejas coloridas pasan a oscurecerse y fundirse en un solo color azulado verdoso bajo las nubes que la luna se esfuerza por penetrar, los vibrantes jardines fuera de algunas residencias pierden también su distinción, el paisaje es alumbrado con pequeñas lámparas que brillan de color naranja, colgadas de techos o provenientes de los interiores. Desde un lugar alto esta paz se nota aún más, las linternas de las patrullas nocturnas o los Shinigamis haciendo sus tareas a últimas horas de la noche son como pequeñas almas que viajan entre los apretados pasillos.
Los guerreros duermen, no importa que tan feroces sean, la actividad cesa en la superficie y solo quedan aquellos con la tarea de salvaguardar el lugar hasta el alba.
Se me ha asignado un dormitorio junto a otras compañeras de la División Numero 7, el Capitán Sajin Komamura me ha tomado bajo su protección y estará a mi cargo provisoriamente pero, atraída por la soledad y el silencio del Seireitei nocturno terminé deambulando hasta un jardín cercano.
La casa detrás de mí está vacante, una de las muchas que quedó tras la reciente traición y deserción por parte de varios capitanes, pero no le he echado más que un solo ojo cuando llegué, porque he quedado maravillada por el jardín. No es demasiado ostentoso, un pedazo de tierra con césped que no será más grande que la habitación de alguna de las moradas cercanas, carece de algún ornamente ya sea por estar descuidada o porque el propietario no era demasiado atento, no hay flores, la única vegetación es el mismo césped y unos arbustos creciendo alrededor de grandes piedras. En medio de todo esto, erigido sobre el césped, hay un pilar de piedra blanca oscurecida, parece un pequeño altar, de base circular y fuste ondulado comenzando redondo y haciéndose más fino hacia arriba, termina en lo que parece ser un pequeño techo a dos aguas.
Había una vela dentro, estaba apagada y media consumida.
¿Cuánto había estado allí? ¿Quién la puso allí? ¿Era un recuerdo de alguien? ¿El dueño de esa vela murió o solo se fue? Me sentí atraída por esta vela, por alguna razón, pude encenderla usando la linterna que yo misma traje antes de apagarla.
Estoy sentada aquí mirando esa vela fijamente, bajo su propio techo.
De llama tenue y frágil, parece tambalearse hasta con el más mínimo de mis movimientos.
El viento hace todo lo posible para apagarla pero no puede.
- Es una noche tranquila – Una voz me llama la atención, una voz desinteresada y algo brusca, escucharla me pone la piel de gallina, siempre logra escabullirse sin que la vean, reprimiendo tanto el sonido de sus pasos como su propia Presión Espiritual – Kudo –
- Capitana Soi Fon – Apoyo ambas manos en la madera del suelo para levantarme pero ella levanta una de las suyas y aparta la mirada.
- Ya te he dicho, Soi Fon a secas, mientras no haya nadie cerca, claro está – Dice ella, acercándose hacia mí, pasos silenciosos uno tras otro.
- Soi Fon – Me corrijo.
Es, probablemente, algo aterrador ver esa figura acercándose a ti con tanta confianza, intentando que bajes la guardia hablando de manera casual, la Capitana de la Segunda División, Comandante en Jefe del Cuerpo de Operaciones Especiales, sabes que has hecho algo mal cuando la temida Soi Fon se te acerca de esa manera, eso es cierto para la mayoría. Cuando veo esa figura me impone respeto, como a cualquier persona, sin embargo es ella, Soi Fon, quien no termina de darme el temor que debería, por eso mismo ella me ha marcado como alguien "De sanidad mental dudosa".
Verla allí parada me recuerda a la pequeña subordinada de la Capitana Yoruichi, preocupada por probarnos a todos, a su maestra, que es un arma indispensable para ella. Detrás de esos ojos de color oscuro todavía veo a la niña…
Fue hace tanto tiempo.
Fue hace unos días para mí.
- ¿Tengo algo en el rostro Kudo? –
Impacientemente cruza los brazos al notar que la he mirado por un periodo prolongado de tiempo.
Niego con la cabeza sonriendo – No, solo me preguntaba qué es lo que hace aquí tan tarde, Capitana –
Sus afilados ojos me cortan con solo entrecerrarse unos milímetros - No te burles de mi rango, ni siquiera en broma – Sale a relucir su voz más enfadada, la Capitana hablando que enseguida me hace ver hacia otro lado.
- Disculpa –
Ella guarda silencio unos segundos, parada junto a mi ahora, su larga chaqueta blanca ondea apenas incluso entre murallas, el viento nocturno juega con las trenzas de su cabello mientras ella hace malabares con las palabras, puedo verla frustrada hasta que, finalmente, deja salir un suspiro para continuar hablando.
- Sentí tu presencia y me preguntaba lo mismo, creí que estabas quedándote en el Rukongai, al menos por ahora –
- No podía declinar la invitación del Capitan Komamura, al menos hoy – Respondo, en parte es la verdad, aunque no pienso ocultarle el resto – Pero, también, quería pasar la noche aquí para disfrutar de la paz… nunca había estado en el Seireitei a esta hora –
- ¿En serio? –
- Vivía con el Señor Seigen y la Señora Konoka, incluso después de ser aceptada en la Quinta División solíamos volver antes de que el sol se ponga –
- Ya veo –
La silueta amenazante de la Capitana pronto se encoje, Soi Fon toma asiento sobre el suelo de madera descuidada, cruza ambas piernas y descansa sus manos a ambos lados de su cuerpo, mantiene su espalda recta mientras que su rostro se fija en el cielo. Verla allí sentada es algo extremadamente raro, como un pequeño animal que hace un truco, un Capitán siempre mantiene una postura determinada, caminan con elegancia e inspiran respeto con solo dar un paso dentro de cualquier habitación, ver a una Capitana tan famosamente mortífera allí disfrutando del aire nocturno es una sorpresa, incluso para mi quien apenas ha conocido a esta nueva Soi Fon.
La luna se refleja en sus pequeños ojos oscuros, esos ojos solían ser lo que más se notaba de ella, cuando era la guardaespaldas de su antigua Capitana y llevaba su traje de sigilo color negro, era difícil leer sus expresiones mientras tapaba su boca, aunque con el tiempo comenzó a retirar su pañuelo para dirigirse a mí y mi hermano.
- He patrullado durante la noche tantas veces que esto se ha vuelto algo normal, este silencio, el sentimiento de vacío – Soi Fon comenta, su voz suena más relajada – Sin embargo no he disfrutado una noche de tranquilidad desde hace años –
De vuelta en el pasado Fujimaru y yo solíamos molestarla a menudo, Soi Fon tiene las reacciones más graciosas cuando se enfada, ahora mismo podría comentar sobre el hecho de que está relajada junto a una persona de bajo rango como yo, o que no lleva su Zanpakuto lista contrariamente a lo que se espera de la Capitana de la División de Castigo pero eso sería arriesgado, he estado ausente durante un largo rato y todavía no sé exactamente donde estoy con respecto a ella.
- Cuando estaban aquí, Lady Yoruichi les obligó a ser mis amigos –
- Fue más como una petición – Le sonrío, ella no me ve, concentrada en el jardín frente a nosotras, en una memoria que alcanza con algo de nostalgia.
- Es irrelevante, yo estaba en contra de eso, como una asesina entrenada no necesito amigos –
Guardo silencio cuando termina su frase, se toma una pausa donde deja salir un pequeño suspiro, sus ojos oscuros se posan sobre mí, una expresión tranquila en ella.
- Aun así, disfruté nuestro tiempo juntas, tras el incidente de Arturo yo… - Soi Fon quiebra su expresión tranquila con una mueca de enfado, forzando una cara seria y volviéndose hacia el frente de nuevo – Creí que murieron, todos lo hicimos, y continué mi vida intentando olvidar –
Hace todos esos años solíamos pasar tiempo juntas, si fue por petición de la Capitana Yoruichi pero también por Soi Fon misma, una muchacha lista para servir pero notoriamente frágil. Debió ser muy duro para ella cuando desaparecí, especialmente porque a eso le siguió la deserción de su Capitana y mentora, la misma Yoruichi en la que tanto confiaba. Una asesina no necesita amigos, eso es lo que dijo, pero lo más apropiado seria decir que "Soi Fon no quiere amigos", es muy fácil que estos le dejen sola, y comparar esa soledad con la calidez de una compañía es aún peor.
Su duro tono de reprimenda me hace sentir mal, mis manos abrazan el uniforme color negro con fuerza y logro musitar un perdón, uno que es interrumpido.
- Estás aquí ahora, seria inmaduro de mí depender de mis amigos cuando algo malo pasa. Una capitana debe tener entereza para poder levantarse por sí sola –
Tal vez esta es la manera particular que tiene ella de decirme que me da la bienvenida, de nuevo, a su vida. No pude evitar notar que, durante mi estadía, Soi Fon me evitaba, aunque esté ocupada estoy segura que ha hecho de más para no lidiar conmigo, sabía que eventualmente vendría a buscarme en sus propios términos.
Una asesina debe estar segura antes de actuar, esa es su mentalidad.
No sé qué espera de mí entonces decido demostrarle que nada ha cambiado, me toma unos segundos levantarme y, una vez sobre mis dos piernas, sacudo el polvo de la parte trasera de mi uniforme, Soi Fon me observa interesada.
- Entiendo el mensaje – Le dirijo una sonrisa pícara mientras ofrezco una mano hacia ella – Es que necesita ayuda para pararse ¿No Capitana? –
- Deberías ser ejecutada por tu insolencia, ofreciendo tocar a un Capitán con tanta confianza –
Dice eso pero, mientras tanto, apoya su mano sobre la mía para poder levantarse de su asiento improvisado, de más está decir que no necesita mi fuerza para hacerlo pero es más una cortesía que otra cosa ¿O tal vez está siguiendo la broma por una vez? Esa no sería Soi Fon, debe ser lo primero. Su mano está fría, como se esperaría, su agarre es gentil y algo frágil, eso es una sorpresa.
- Deberíamos volver a descansar, un Shinigami no puede estar desperdiciando tiempo trasnochando, contrariamente a lo que los Tenientes pueden llegar a demostrar –
- Por supuesto –
Tan rápido como comenzó la conversación, y con la misma autoridad, Soi Fon la termina y se aleja caminando silenciosamente por el estrecho camino bajo las estrellas, ambas manos a los lados de su cuerpo y sin hacer un solo ruido con sus pisadas, cualquiera creería que se está escabullendo para verme.
- Si necesitas hablar o tienes tiempo libre, ya que sueles evitar responsabilidades, sabes dónde encontrarme –
Una invitación a pasar el rato lejos de ambas divisiones que nos acogen, por un momento puedo ver esa amistad fría y particular que la pequeña Soi Fon mostraba hace tanto.
Me siento obligada a responder con mi propio comentario pícaro.
- Claro que lo sé, somos amigas hace unos cien años ya –
Soi Fon se detiene por completo y gira su cabeza en mi dirección, se me queda viendo detenidamente por demasiado tiempo, tanto que comienzo a pensar como disculparme por decir semejante cosa, el hecho de que seamos amigas claro, pero me detengo al verla sonreír. Nunca había visto esa sonrisa antes, al menos una de genuino agrado, había visto su sonrisa confiada o aquella de alegría al ganar algún tipo de prueba que la demuestre superior, pero nunca así.
Tal vez Soi Fon había madurado más de lo que pensé en todo este tiempo.
- Sí, creo que eso somos –
Con eso vuelve su vista hacia adelante y continúa su camino hasta doblar la esquina y desaparecer por completo, soy incapaz de rastrearla ya sea por sonido o por su energía espiritual, podría bien seguir allí.
Estoy sola de nuevo, el sueño comienza a ganarme y me arranca de sorpresa un bostezo.
Frente a mí la pequeña cacita de piedra sobre el pilar está todavía siendo asaltada por el viento, la vela que había encendido hace unos minutos se ha apagado y la cera desborda un poco alrededor de ella. Camino hasta ella para limpiar un poco los restos y, al retirar la vela por unos segundos, noto una inscripción en la columna, hay cuatro de ellas, rodeándola en un círculo puedo completar el mensaje.
A la luz de la vela
Bajo las estrellas
Sobre la hierba.
Nos encontraremos
Un mensaje para alguien, tanto la persona que lo inscribió como esa amada han desaparecido ya, solo queda un testamento a ellos, sin nombre, el lugar donde solían encontrarse.
Me recuerda a mí misma, un mensaje fuera del tiempo, olvidada, los arbustos que solian ser tan pequeños y la casa tan esplendorosa han decaído después de mucho tiempo, pero el pilar sigue intacto, una vela intentando mantenerse prendida después de tanto tiempo.
Vaya.
El sueño si me está afectando la cabeza.
Tal vez debería volver otra noche aquí, prender otra vela, a ver si una avispa decide visitarme una vez más.
Un pequeño escrito que se me ocurrió tras jugar parte de Bleach 3rd Phantom, realmente no hay suficientes historias centradas en ese juego y eso es un crimen. Personalmente quedé encantado con las escenas donde aparece Soi Fon, además ella siempre necesita mas amor, historias donde no sea una simple fangirl de Yoruichi.
Arte fantastica by Liqxid
