Harry Potter y el Magic World Tour


Luego de los épicos acontecimientos de la Guerra de los Universos, Harry, Ron y Hermione creen que ya es hora de que sus aventuras acaben. Una serie de hechos los hacen tomar la decisión de irse por un año de sus hogares, abandonar sus vidas y embarcarse en un largo viaje por el mundo, realizando el famoso tour global conocido en el mundo mágico como el Magic World Tour.

El libro narra las aventuras de los tres amigos durante sus viajes por los cinco continentes, con poco equipaje, presupuesto acotado y solo lo indispensable para sobrevivir. Allí buscarán finalizar el propósito que Ron había tenido una vez, pero que jamás pudo completar: redescubrirse a ellos mismos, conectarse con quienes son y el papel que tienen en este mundo.

Pero, en su viaje, descubrirán que la aventura está en su mismísima sangre, y no hay forma de vivirlo sin ella. Pronto, las distintas situaciones que irán viviendo por todo el globo harán que su forma de ver la vida sufra un giro de trescientos sesenta grados. Con veinte años cumplidos, los tres amigos aprenderán a vivir, a amar, a odiar y a sentir diferente. Un viaje que los transformará para siempre y construirá un nuevo e inédito destino para ellos.


Prólogo

1, 2, 3…


1

Centro de Rehabilitación de East London

Era una habitación enorme y silenciosa. Los altos muros enmarcaban una estructura cuadrada que parecía no tener vida dentro. Pero sí la había, y un puñado de figuras se movían en ella con una lentitud propia de aquel que no tiene prisa en absoluto, con todo el tiempo del mundo en sus manos y un marcado desinterés por llegar a ninguna parte.

Una de esas personas, una bruja adolescente anduvo a pasos lentos y arrastrando los pies, arrastrando su largo vestido blanco por el suelo de la sala hasta llegar a una puerta anexa, que cruzó hasta entrar a un baño con un largo espejo ante el cual había una hilera de lavamanos vacíos. Vacíos excepto por una bruja que estaba de pie semidesnuda ante uno de ellos, con una máquina en su mano.

La bruja en cuestión estaba pasando la máquina por su cabeza, una cortapelo negra que estaba conectada a la pared con un cable, de forma completamente muggle. Mechón tras mechón de cabello aguamarina caía al suelo a medida que iba pasando la máquina al ras de su cráneo. No podían usar ningún tipo de magia en ese lugar.

La bruja adolescente se la quedó mirando, muy sorprendida.

-¿Qué haces Hermy?

-Es tinta permanente -explicó la aludida, concentrada en lo que hacía, mirándose al espejo y pasando la máquina provocando que su cráneo fuera quedando completamente calvo, a medida que los mechones de cabello aguamarina se mezclaban con los celestes en el suelo del bajo, algunos cayendo sobre su brasier rosado y sus pechos, otros sobre sus blancos pies. -No puedo librarme de ella de otra forma. Es un hechizo potente que solo me permite mutar el color, pero no hacerlo desaparecer. Y no me llames Hermy.

La chica bajó la mirada hacia los cabellos que seguían cayendo en el suelo. No dijo nada más. Se acercó al espejo, sacó un pintalabios de su cartera y empezó a pasárselo lentamente por los labios, mientras se miraba al espejo también.

-Podrías haber elegido otro color si te habías cansado de ese -comentó, al tiempo que el cráneo de la otra chica quedaba completamente calvo, ya sin cabello en absoluto. Ahora la chica a su lado estaba totalmente calva. Con un cepillo muggle, empezó a quitarse restos de cabello de los hombros pálidos y pecosos, del pecho y del abdomen, por el que nadaban distintos tipos de tatuajes mágicos que se deslizaban por su cuerpo como peces en el mar.

-No quería otro color -comentó esta-. Quería mi color natural. Esta es la única forma.

Cuando terminó de quitarse los restos de cabello, la chica calva tomó un vestido blanco que había dejado colgado de un gancho en la pared, se lo pasó por sobre la cabeza y se lo colocó nuevamente.

Se miró al espejo. Unos castaños ojos le devolvieron la mirada en un rostro de facciones muy bellas, nariz y dientes cuyo tamaño y proporciones habían sido alteradas varias veces mediante magia por ella misma, hasta quedar así.

-¿Y por qué no quieres que te diga Hermy?

La chica entonces giró la calva cabeza hacia su compañera. Estaban juntas en ese centro de rehabilitación para las drogas desde hacía unas semanas, y jamás habían conectado demasiado, pero se cruzaban una o dos palabras de vez en cuando.

-Ya no soy Hermy -le dijo esta entonces, respirando hondo-. Esa identidad desaparece para siempre hoy. Ya no volveré a la vida de antes. Jamás volveré a cantar, a hacer el ridículo ante cientos de personas, ni a drogarme, ni a beber alcohol.

Volvió a encontrar su mirada con la de ella misma, con esos ojos castaños que se reflejaban en el espejo y la miraban con esa vieja mirada que parecía darle la bienvenida nuevamente a un mundo anterior.

-A partir de ahora, dime Hermione Granger.

...

2

Ron cerró los ojos y acarició el cabello de Cloe, mientras sentía la succión. Su boca quedó entreabierta y su rostro reflejaba el placer que lo invadía.

Cloe estaba arrodillada a sus pies, sus labios envolvían su pene y su lengua se movía por su glande en una placentera sucesión rítmica que lo hacía sentir un torrente de sangre subiendo y bajando por su cuerpo y nublando su mente con cada movimiento, mientras la cabeza de la chica iba hacia atrás y hacia adelante, hacia atrás y adelante…

Ayudando un poco al movimiento con su mano, Ron abrió los ojos y vio que los azules ojos de Cloe lo miraban, desde allí abajo. Compartieron esa mirada y el muchacho de veinte años movió la pelvis un poco, tratando de relajarse, imaginando toda clase de cosas, intentando que el efecto ocurriera.

Sabía cuál era la expectativa de esa joven. Sabía que era lo que ella quería. Y se estaba esforzando en conseguirlo. Pero esforzarse no servía. Relajarse tampoco parecía posible.

Entonces, el horror empezó a apoderarse de él. Se dio cuenta de lo que estaba pasando, a medida que pasaba.

Cloe, que lo miraba con una especie de expresión de picardía y travesura, pareció notar también que algo estaba cambiando allí, y sus ojos bajaron lentamente desde los de Ron, por su cuerpo y hasta llegar a aquello que la chica tenía en la boca.

Se apartó un poco hacia atrás, sosteniéndolo en su mano y observando cómo el estado de firmeza que antes tenía el miembro de Ron ahora había mutado a uno de flacidez.

-Lo siento -dijo Ron, atragantándose con las palabras, tartamudeando-. Yo… Yo…

-Descuida -dijo ella, dirigiéndola una sonrisita nerviosa-. Son los nervios.

-Sí, eso es -dijo él, asintiendo exageradamente con la cabeza.

-Solo relájate -le dijo la chica. Entonces, pasó su lengua todo a lo largo del pene de Ron, salivó en él y lo metió en su boca envolviéndolo de un calor que sin dudas era excitante. Ron cerró los ojos nuevamente y trató de pensar en cualquier cosa que lo ayudara con eso.

Trató de pensar en senos, en partes de cuerpos femeninos exageradamente hermosas, en su mente, y eso pareció hacer que su miembro se endureciera un poco. Trató de concentrarse en esos labios que lo recorrían, esos labios femeninos que estaban dándole placer.

Lo estaba logrando. Lo lograba un poco más…

Pensó en Hermione. En su ex novia. En sus ojos café, en su mirada que siempre parecía transmitir toda una serie de sensaciones internas, calladas, ocultas.

Recordó el cuerpo desnudo de Hermione en su cama, en la ducha, acariciándolo, dándole besos. Besos con unos labios muchísimo más cálidos y perfectos que los de Cloe. Unos labios muchísimo más tiernos, gentiles, amorosos.

Si tan solo tuviera a Hermione allí, la abrazaría hasta sentir ese calor que solo tenía su cuerpo, esa delicadeza y ese amor que solo existían allí.

Pero Hermione no estaba allí.

Hermione estaba muerta.

Ron abrió los ojos con terror y pánico, con espanto. Una cálida lágrima cayó por el costado de sus ojos.

-Lo siento -dijo entonces, y con cuidado se apartó hacia atrás.

La mirada de Cloe fue terrible, por la decepción mezclada con vergüenza ajena e indignación que notoriamente quiso transmitirle.

Pero a Ron no le importó.

Luego de pedirle disculpas una vez más, apuró el momento de vestirse e irse cada uno por su lado lo más rápido posible. Porque eso era todo lo que quería, y todo lo que podían hacer en ese momento.

Se sintió un estúpido, y se sintió como si hubiera cometido un crimen terrible. Avergonzado, se vistió con torpeza, aunque no era necesario apresurarse. Cloe ya se había ido. Y luego de eso se fue él también, rápidamente y hacia su casa, tratando de olvidar que todo eso hubiera pasado. Jamás volvería a ver a esa chica, y esperaba no volver a pensar en ella de nuevo.

De cualquier forma, no había mucho espacio para gente nueva en su mente esos días.

3

Harry Potter estaba sentado en el borde de su cama, con una fotografía enmarcada en sus manos.

El radiante sol veraniego de la tarde se filtraba por la ventana e iluminaba el vidrio que estaba encima de la fotografía. En ella, se veía a un muchacho muy parecido a Ron Weasley, con la sola excepción de que su cabello era negro. Estaba sonriendo a la cámara junto a él, junto a Harry, y ambos saludaban y sonreían mientras alguien invisible desde ese ángulo tomaba la foto.

Una lágrima rodó por su rostro y cayó sobre la fotografía.

Entonces, la dejó en la mesa de luz y se puso de pie. Caminó hacia la ventana y miró hacia afuera, hacia el exterior, hacia los verdes campos que se extendían desde ese bellísimo lugar en Golden Hill y más allá. El paisaje de esas tierras inglesas en verano era el de una postal.

Pero no había otra postal en su mente más que el rostro de su ex amor, el que había muerto peleando una batalla meses atrás, y que lo había abandonado para siempre.

Alguien golpeó la puerta, y Harry se limpió una lágrima apresuradamente antes de girarse hacia allí.

-Sí, adelante -dijo, tratando de disimular lo que sentía.

-Con permiso… -dijo una suave voz.

Había una delicada mano apoyada en el borde de la puerta mientras esta se abría. Lily, su madre, ingresó al cuarto poco después.

-Hola -la saludó él.

Lily lo recorrió con la mirada rápidamente y sus ojos se detuvieron en la fotografía que reposaba en la mesita de luz. Luego volvieron a los ojos del musculoso muchacho ante ella, que en ese momento no mostraba nada de la valentía, masculinidad y fortaleza de la que solía alardear esos días ante los demás.

En ese momento, vio a un vulnerable muchacho abatido. Un muchacho que siempre había estado ahí, que siempre había tenido una necesidad y un anhelo por reencontrarse con el comfort que solo ella podía brindarle. Y ella lo sabía.

Y allí, entonces, Lily vio, quizás por primera vez, al Harry Potter de siempre. Al que había crecido y había vivido toda una vida sin ella, una vida que ella jamás había podido ver. En la que nunca lo había podido acompañar.

En la evidencia de lo implícito en al ambiente, en sus almas y entre los dos, se abrazaron y se quedaron unos instantes compartiendo el momento, y luego las lágrimas.

El cielo empezó a oscurecerse mientras los últimos rayos de sol se desvanecían tras la colina, perdiéndose en la inmensidad del mundo ante ellos.