PARTE 1. EUROPA
Capítulo 1. Verano de 2019, parte 2
-Date la vuelta, Hugo.
-¿Qué vas a hacerme?
-Solo lo sabrás si te das la vuelta.
-No sé si quiero saberlo, Lily.
-¿Me tienes miedo?
-No, claro que no. Yo no temo a nada.
-¡Entonces date la vuelta!
Hugo obedeció. Al instante, sintió que Lily lo abrazaba por detrás.
-¿Qué crees que haces? -dijo el niño, escandalizado.
-Vamos -instó ella, mirándolo con sus ojos bien abiertos-. Tú me dijiste que gustabas de mí. ¿No es así?
-¡Yo no dije eso! -Hugo estaba aterrado.
-Vamos a besarnos, ¿quieres?
-¡CLARO QUE NO! -Hugo puso cara de asco y se apartó varios pasos hacia atrás.
-¡Eres un cobarde!
-¡Claro que no! -repitió él, al parecer sin saber qué más decir.
-Oigan, ¿qué pasa aquí? -preguntó Ron, apareciendo de pronto en la sala con expresión taciturna y una bandeja llena de galletas y zumo de calabaza que le dejó a los niños encima de la mesita del estar.
-Tío Ron, Hugo no quiere besarme -protestó Lily, cruzándose de brazos.
-Hugo, besa a tu prima -dijo Ron de mala gana, sentándose pesadamente en el sofá y reclinándose, su larga barba pelirroja exhibida al echar la cabeza hacia atrás. Lucía exhausto y tenía profundas ojeras.
-¡PAPÁ! -gritó Hugo-. ¡¿Cómo me dices eso?! ¡No quiero besarla! ¡Es mi prima, madre de Dios!
-Él dijo que le gustaba -dijo Lily, aún cruzada de brazos y mirando a Hugo con enfado.
-Dijiste que te gustaba -dijo Ron, al parecer sin importarle nada y con desinterés-. Así que bésala.
-¡Pero no quiero!
-Eres un cobarde -dijo Lily, entre dientes.
-No seas cobarde, hijo, besa a tu prima -ahora Ron estaba enfadándose también, y empezó a comer las galletas que él mismo había llevado allí mientras sus ojos estaban fijos en una pared, inexpresivos.
-Oh, rayos -Hugo lanzó un resoplido y se acercó a Lily a regañadientes, muy asustado y extremadamente nervioso. Se puso a jugar con la manga de su camiseta, mirando el piso, sin tener idea de qué hacer.
Lily se acercó a él y frunció los labios.
-¿Qué se supone que haga? -preguntó Hugo, mirando a su prima con el alma por los pies, aterrado como nunca en la vida.
-Solo une tus labios a los míos -dijo ella, frunciendo los labios con exageración en forma de trompa-. ¡Ahora!
-Usa bien la lengua -dijo Ron, comiendo las galletas y mirando a su hijo-. Métela en su boca y revuélvela. Así -le mostró con mímica cómo debía mover la lengua dentro de la boca de la niña, y ambos niños lanzaron un alarido. Ahora Lily estaba horrorizada también.
-¡No quiero que haga eso! -chilló la niña, apartándose hacia atrás.
-¿No querías que te besara? -le dijo Ron, arqueando una ceja-. Pues así se besa.
-¡No! -chilló ella-. ¡No con lengua! ¡Wacalas! ¡Qué asco!
-Pues entonces no se besen -Ron se encogió de hombros, y en ese momento Harry y Lily Evans entraron en la sala.
-¿Qué ocurre aquí? -preguntó Lily, mientras la niña corría hacia ella y la abrazaba.
-Tía Lily, el tío Ron quiere que Hugo me meta la lengua en la boca.
-¡¿Qué?! -dijo Harry, mirando a Ron con expresión taciturna y cruzándose de brazos también.
-Oh, Dios mío -Lily se llevó una mano al pecho. La joven de veinte años miró a Ron con reproche.
-¿Por qué me miran así? -dijo Ron-. Los niños tienen que aprender de sexualidad. Agradezcan que les estaba enseñando a meter la lengua y no el…
-Bien, bien, es suficiente -Harry movió los brazos indicando que la charla había terminado, fue hacia donde estaba su hija y le tendió la mano, que ella asió con firmeza. La condujo fuera de allí y hacia un costado de la sala. -Ven, Lily, te llevaré por un mejor camino. Aquí están los libros que te compré para cuando comiences la escuela. ¿Estuviste leyéndolos?
-No, claro que no -dijo ella-. Aun es verano. ¿Por qué habría de leerlos?
-Mamá siempre decía que había que leer los libros en verano -dijo Hugo, y se quedó cabizbajo.
Harry miró a Ron, y este le devolvió la mirada sin comprender.
-¿Qué? ¿Por qué me miras así?
-Tu hijo está triste -dijo Harry, señalando al niño-. Dile algo.
-¿Qué quieres que le diga?
-Pues… -Lily miró a Harry y luego a Ron-. Dile algo que tu padre te hubiera dicho a ti en un momento así. Tú puedes hacerlo.
-Solo no le digas que le meta la lengua en la boca a mi hija, por favor -dijo Harry.
-De acuerdo… -Ron se acercó a Hugo y se sentó a su lado, suspirando. -Mira, hijo… -se quedó pensativo. -Sé que tu mamá no está aquí. Ella está en algún otro universo, quién sabe dónde… Ni siquiera sé en cuál, realmente, porque no sé de dónde saliste tú tampoco. Pero, ¿sabes qué? Podemos comunicarnos con ella por carta.
-¡Wow! ¿En serio? -dijo él, entusiasmado.
-Bueno, Hedwig parece que tarda siglos entre viaje y viaje, pero no podemos decirle nada. Es decir, la bendita lechuza está viajando entre universos para llevar las cartas. Suficiente trabajo hace para reprocharle nada. Pero en cuanto venga, le mandaremos una carta a tu madre. Hedwig sabrá encontrarla. Así que escríbela.
-¡Sí! -dijo Hugo, saltando de alegría, muy feliz. Quiso salir corriendo a buscar una pluma y un pergamino, pero Ron lo detuvo.
-Oye, espera -le dijo-. Primero quiero que hagas algo con tu prima…
Harry y Lily le lanzaron una mirada de advertencia.
-Que leas tus libros con ella -finalizó Ron, mirando a los dos jóvenes significativamente. Ellos asintieron, sonriendo. -Tú también empiezas tu primer año de escuela en Beauxbatons, y es importante que leas. Si no, no podrás ponerle en la carta a tu madre que la obedeciste y leíste, ¿no crees?
-¡Es cierto! ¡Haré eso! ¡Gracias, papá!
Hugo besó a Ron en la mejilla y corrió junto a Lily Potter, para empezar a buscar con ella los libros de texto que les habían encomendado para cuando empezaran las clases.
-Bien hecho, Ron -dijo Lily, tomando asiento junto a él-. Sé que serás un buen padre.
-Sé que lo soy -dijo Ron, bebiendo un trago de jugo de calabaza-. En algún universo, debo serlo.
Capítulo 2. Magia
Esa noche, Harry no se podía dormir. Sentía ruidos en la puerta principal. Su ropa estaba tirada en el suelo, y no tenía ganas de vestirse para ir a ver qué pasaba. ¿Sería alguno de los niños que estaba despierto por la noche deambulando por la casa y haciendo bromas otra vez?
Miró por la ventana, incorporándose en la cama, y vio una bicicleta tirada en el césped en el patio delantero. Más allá, estaba la calle central del pequeño poblado de Golden Hill y la alta colina en que estaba emplazado.
En la otra cama que había en esa habitación estaba Ron, que roncaba profundamente. Algo en el hecho de estar compartiendo cuarto con Ron, a pesar de que ahora tuviera hijos, a sus padres de vuelta, entre tantos otros cambios, parecía irónico. Lo hacía recordar vivamente otros momentos de su vida. Momentos lejanos, en que charlaba con Ron antes de irse a dormir.
Eso había sido antes de que Ron se convirtiera en algo más para él en su vida. Pero no ese Ron, claro…
Se volvió a acostar y trató de ignorar los ruidos. Debía ser el viento. Había mucho viento en esa colina, y no acababa de acostumbrarse a los ruidos que invadían la casa por él.
El calor del verano inundaba la habitación. En otro de los cuartos de la casa dormía su madre, Lily. Había una segunda cama en esa habitación, pero estaba vacía en ese momento porque hacía unas semanas que Hermy había entrado en rehabilitación, finalmente decidiendo que necesitaba ayuda luego de una pequeña recaída con las drogas. En su última carta, su amiga les había dicho que todo estaba bien, y que se sentía mucho mejor. Así que estaban esperando que en cualquier momento regresara allí, con ellos.
Durante unos días, al principio de todo, cuando acababan de mudarse en esa casa, James Potter, el padre de Harry, era quien ocupaba esa segunda cama. Pero Steve, Sirius, Lupin y él habían sido convocados por el Ministerio de la Magia para una serie de conferencias y charlas en el extranjero acerca de la Guerra de los Universos. Por fortuna, Harry y Ron habían podido escabullirse de eso, ya que no tenían ánimos para aquello. Pero los muchachos sí fueron, para contarle a la comunidad internacional de magos todo lo que había ocurrido. Como aquello se demoró, ya que, por lo que contaban en sus cartas, cada día un nuevo científico y un nuevo político de cada país quería informarse y consultar cosas a todos los que supieran lo que había ocurrido, con detalles; hacía ya más de un mes que no los veían. Esperaban que regresaran pronto también.
Harry apartó la vista del techo y la dirigió de vuelta hacia el exterior, a través de la ventana.
Las estrellas brillaban en lo alto, y parecían tener una intensidad conseguida mediante magia. Quizás solo era su imaginación, igual que los ruidos en la puerta de entrada.
Últimamente, sentía que ya no quería saber nada con la magia. Pero la encontraba en esos momentos de tranquilidad, como partículas centellando en el aire. Como si las estrellas fueran pequeñas chispas de polvo mágico suspendidas en el aire.
Su varita, de hecho, estaba dentro de un cajón.
Esperaba no tener que usarla.
Se acomodó en la cama y cerró los ojos. Trató de pensar en algo que lo ayudara a dormirse, pero el problema era que siempre había sabido qué vendría a continuación. Ya sea un año en Hogwarts, ya sea un año juntando horcruxes, ya fuera un año en la Academia, o persiguiendo algún misterio.
Pero, ese año, estaba en esa casa de Golden Hill, sin ganas de hacer magia y con unos hijos que no eran suyos, una madre que no era suya, un Ron que no era su Ron y una vida que no se sentía como si fuera su vida.
Pero lo era.
En medio de esa maraña de turbulentos pensamientos, Harry sintió como si la magia proveniente de las estrellas cayera sobre él. Y al día siguiente despertaría convencido de que debió ser así, ya que solo algo como aquello le habría permitido conciliar el sueño.
