Capítulo 3. El Magic World Tour

Hermione revolvió con su tenedor una pasta de apariencia asquerosa en su plato metálico, y frunció el rostro por la repulsión. Dejó el tenedor a un lado y se apartó un poco con su silla hacia atrás.

-Parece que estuviéramos en la cárcel más que en rehabilitación, ¿no crees? -le preguntó un muchacho a su lado. La joven se volvió hacia él y vio que era Fred Weasley.

-¡Fred! -dijo, muy sorprendida-. ¿Cuándo llegaste aquí?

-Hoy -dijo él, con una sonrisa muy divertida-. ¿Tú?

-Hace semanas. ¡No puedo creerlo! Acabas de volver a la vida, ¿y ya has tenido problemas con las drogas?

-Bueno, amiguita, no es tan sencillo como crees volver a la vida -le dijo él-. Mucho estrés, muchas personas que te tratan diferente… Y ni hablar de haber vuelto en el 2019. El mundo es totalmente distinto.

Fred zambulló su tenedor en el plato, levantó una enorme porción de la pasta que les habían servido y se la metió de un trago en la boca. Hermione volvió a adoptar su expresión de asco.

-No he vuegto a la vida -dijo él, con la boca llena-. En vegdad, estaba vivo, en el ogtro universo. Pego todos aquí dicen que he vuegto a la vida, así que…

-¿Y tenías problemas con la drogas en el otro universo?

Fred tragó y negó con la cabeza.

-No, me agarró aquí. Te lo digo. Mucho estrés.

-Pues espero que te recuperes pronto.

-He oído que tú ya estás recuperada -dijo él-. Te vas hoy. ¿Verdad?

-Vaya, en solo un día ya te enteras todos los rumores.

-Así soy yo, nena. Ya he me hecho muchos amigos.

Había un televisor encendido en la pared del comedor, conectado a la corriente de forma muggle y transmitiendo un noticiero, en el que un grupo de magos empleados del Ministerio de la Magia protestaban en el hall central del lugar, pidiendo un aumento de salarios. Se veía en la imagen televisiva que había muggles también allí, dentro del Ministerio, distinguibles por su vestimenta.

-Vaya, el 2019 es un año muy diferente -suspiró Hermione-. ¿Desde cuándo se habrá abolido el Estatuto del Secreto aquí?

-Me han dicho que en 2005, o algo así -dijo Fred, comiendo-. Debido a una decisión de las cumbres internacionales de magos o algo así.

Una bruja que trabajaba en el lugar cambió de canal, con cara de aburrimiento, desde su mesa. Entonces, vieron una nueva imagen en la pantalla que parecía alguna clase de comercial, donde se veían magos jóvenes de entre veinte y treinta años riendo, con gafas para el sol en lugares rodeados de paisajes muy hermosos: montañas, playas, lagunas. Parecían estar de viaje, todos con mochilas al hombro y sonriendo, comiendo y caminando por bordes de acantilados y playas exóticas. Un mensaje apareció en letras grandes: "Magic World Tour. ¡Anótate! Inscripciones hasta el 30/08".

-¿Y qué es eso? -preguntó Hermione, interesada.

-Ni idea -dijo Fred, encogiéndose de hombros-. Basura del 2019.

-¿No te gusta esta época?

Fred se encogió de hombros como toda respuesta, nuevamente. Ambos ignoraron el comercial y se quedaron mirando otros canales que aparecieron cuando la bruja del lugar cambió nuevamente la señal.

-Ya te recuperarás -dijo Hermione, se puso de pie y le hizo un masaje amistoso a Fred en el hombro-. No te preocupes. Yo me recuperé.

-Espero no quedar calvo como tú -murmuró el chico, mientras se llevaba la pasta a la boca, hambriento. Luego la miró y le dirigió una sonrisa exagerada. Hermione revoleó los ojos y se apartó de él, caminando hacia su habitación.

-Nos vemos luego -le dijo, saludándolo con la mano.

Un par de horas después, la llamaron a la oficina de la directora de la institución. Hermione se colgó al hombro la enorme mochila con toda su ropa y pertenencias, y caminó hacia allí. Se sentía como un recluso al que finalmente se le terminan sus días en prisión. Caminó hasta llegar a la oficina, golpeó la puerta y fue recibida por la bruja que dirigía ese lugar, que no sonreía nunca y la invitó a pasar con su expresión seria de siempre.

-Toma asiento -le dijo. Hermione obedeció. La mujer era muy flaca y estaba llena de arrugas. Parecía que ella misma era adicta a alguna sustancia, por lo demacrado que estaba su rostro.

-Tuviste una buena y rápida recuperación, Hermione -le dijo, revisando unos papeles que estaban ante ella-. ¿Sientes alguna ansiedad o deseo por consumir estupefacientes en este momento?

-No -dijo ella, con firmeza.

-¿Lo has sentido en las últimas dos horas?

-No.

-¿En el último día?

-Quizás un poco, pero lo tengo controlado.

-Perfecto, es suficiente -la mujer empezó a colocar sellos y firmas en los papeles-. Siempre que puedas mantenerlo bajo control, es seguro para ti dejar este lugar. No olvides las visitas semanales para controlarte, todos los jueves. Es importante para finalizar correctamente tu recuperación.

-Está bien -dijo, aunque por dentro dudaba que fuera a hacerlo.

-Si tienes alguna recaída, puedes comunicarte a este teléfono celular -le pasó una tarjetita con un número en ella-. Tiene Whatsapp. Asistimos las 24 horas.

-Muy bien…

-Y no olvides seguirnos en nuestro Instagram, está también en la tarjetita.

Hermione asintió lentamente, frunciendo un poco el ceño.

-También está nuestro Twitter, y canal de Youtube. No olvides suscribirte a ese. Muy bien, Hermione. Creo que eso ya es todo. Ojalá no tengamos que vernos nuevamente. Pero, si es necesario, sabes que siempre te recibiremos aquí.

-Muchas gracias -dijo Hermione, sonriendo, al tiempo que se ponía de pie.

-Sí, siempre que pagues la matrícula, por supuesto -la mujer rompió a reír de una forma extraña y perturbadora, que le puso la piel de gallina. Al parecer había tratado de ser graciosa, pero la seriedad que inspiraba solo hacía que pareciera extraña. -Lo que me recuerda que no abonaste la última cuota, Hermione…

-¡Oh…! ¡Lo siento! -se disculpó ella, y se quitó la mochila para buscar galleons en su interior.

-No, no, descuida -dijo la mujer, extendiendo una mano-. Luego me haces una transferencia por MagicPal. ¿Tienes la app, verdad?

-Ehhhh -Hermione no tenía ni idea de qué era eso. Hacía apenas unas semanas que estaba viviendo en el 2019, y aún no se acostumbraba a la tecnología.

-Aquí tienes -la mujer abrió un cajón, sacó la varita mágica de la chica y se la tendió-. Ya puedes irte, Hermione. Estás recuperada.

Cuando finalmente pudo salir de allí, no había nadie esperándola, nadie que la hubiera ido a buscar, para celebrar que finalmente se había recuperado, ni nada. Desde luego que eso no era culpa de los demás, porque ella no le había dicho a nadie que le habían dado el alta. Así que los demás no tenían forma de saberlo.

Empezó a caminar sola por las calles de East London, que estaban bañadas por la luz del sol de la tarde. Caminó sumida en pensamientos, junto a un grupo de comercios llenos de magos y muggles que pasaban entremezclados, con túnicas y con ropa muggle, entrando y saliendo de todos lados.

Podría haberse desaparecido para volver a su casa, pero su intención no era volver enseguida. Se metió en un comercio y empezó a mirar celulares que estaban exhibidos en la vitrina. Aún no se había comprado uno. Decidió que ya era hora.

Finalmente, dejó el negocio minutos después con un Samsung MagiXI, que tenía cámara de 38 millones de megapíxels, conexión GPS que le permitía encontrar la varita del mago si la perdía, autentificación por huella digital conectada a la varita por bluetooth que impedía que otro mago usara la varita de uno, y tecnología NFC que le permitía al mago pagar en comercios con el celular, conectado a su cuenta de Gringotts. Se lo vendieron con una compañía telefónica también, para estar conectada a internet en la calle y poder utilizar, por ejemplo, una app que le mostraba imágenes de distintos lugares para poder desaparecer y aparecerse en ellos visualizándolos, aunque nunca hubiera estado en ellos antes. También había otra app con la red flú, y otra que le mostraba todos los trasladores disponibles a 50 kilómetros alrededor de donde estaba.

Hermione deslizó su dedo por la pantalla del dispositivo y buscó en Google lugares cercanos donde ir a comer, ya que se moría de hambre. Le apareció un restaurante de magos y muggles calificado con cuatro estrellas a unos metros de distancia. Empezó a caminar hacia allí, cuando vio una foto del menú en el celular, donde mostraba el precio de los platos. Se detuvo.

-¿Cuatro galleons una ensalada? Están dementes.

Cambiando de opinión, se guardó el celular en el bolsillo y decidió volver a lo tradicional. Sacó su varita y giró en el lugar, desapareciendo de allí y apareciendo nuevamente en Golden Hill. Después de semanas.

-Hogar, dulce hogar -dijo la chica calva, con una leve sonrisita. Empezó a caminar hacia la puerta principal.