Capítulo 6. Triángulo amoroso
Era una de esas últimas tardes del verano que querían aprovechar mientras aún durara. Algo en estar juntos en aquella gran piscina, llena de magos y brujas de todas las edades, les provocaba cierta sensación de felicidad. Los niños saltaban al agua y nadaban, gritando, y los adultos tomaban sol en las reposeras alrededor.
Harry estaba conversando con Ginny, sentados uno junto al otro en traje de baño en dos reposeras. Era la primera vez en mucho tiempo que compartía una tarde con ella, descansando simplemente y charlando, mientras bebían licuados de frutas.
-No puedo creer que James fuera así -se lamentó ella. Lucía tan madura en su versión de treinta años. Igual de simpática y enérgica que siempre, pero con un aura de madurez que antes no tenía.
-Yo tampoco -dijo Harry, mirándola-. Me siento enojado con todos ahora. Con Sirius y Lupin también. Ellos lo conocían bien, y jamás me dijeron nada. No entiendo cómo podían ser sus amigos. Como es que lo son ahora también.
-No lo sé -admitió ella-. Quizás deberías hablar con ellos.
-¿Para qué? Ya me imagino lo que dirá Sirius: "Estás exagerando, Harry. Tu padre es un buen hombre. Para mí está perfecto golpear y maltratar mujeres de vez en cuando".
-No creo que dijera eso.
-No lo sé. Ya nada me sorprende.
Hubo un breve silencio.
-¿Qué fue de tu vida en tu universo? -preguntó Harry, con curiosidad-. ¿Cómo era allí?
-Pues estaba casada… -Ginny lo miró a los ojos con intensidad-. Contigo.
-Oh… -Harry tragó saliva-. Debe ser muy feo… Estar aquí… Es decir, sin él. Sin esa versión…
Se le mezclaron todas las palabras, tartamudeando. Ginny sonrió.
-Si, lo es -dijo-. Quisiera regresar, la verdad. Pero no hay cómo.
-¿Eras feliz?
-Si lo era -dijo ella-. En mi universo, no habían nacido todos los niños estos -señaló a Hugo, Rose, Lily, Albus y James, que nadaban y jugaban en la piscina.
-¿No teníamos hijos?
-Sí teníamos, pero eran otros -reveló ella-. Se llamaban Mike y Jessie -le costó un poco pronunciar los nombres, como si el hacerlo le produjera dolor-. Eran dos hermosos niños…
A Harry le sorprendió la entereza con la que Ginny relataba aquello, sin llorar ni deprimirse. O al menos sin exhibirlo.
-Lo siento -dijo Harry-. Desearía que hubiera alguna forma de que volvieras con ellos. Ellos aún están ahí, en algún lado.
-Sí, lo están -dijo ella-. Les he escrito. Sé que están bien. Pero no es lo mismo hablar por carta… Y aquí todos me han utilizado desde el principio como reemplazo de la Ginny de este universo, que murió. Prácticamente me dieron su papel y me pidieron actuar como ella. Pero yo no soy exactamente como era ella.
-Es que ellos también tuvieron un gran dolor. Tenerte a ti se los alivia un poco.
-¿Y qué me dices de ti? -dijo Ginny entonces-. ¿Estás recuperándote un poco?
-Es difícil… Preferiría al menos saber que él sigue vivo en algún otro universo, en algún sitio… Eso sería mejor… Pero el saber que ha muerto y jamás regresará, es mucho peor, creo yo.
El rostro de Harry quedó envuelto en una sombra.
-Realmente lo extraño -se quedó mirando el suelo, triste.
Ginny lo rodeó con un brazo y apoyó su cabeza en su hombro. Harry la abrazó también, sin importarle que un montón de magos y brujas en aquella piscina pudieran contemplar la escena.
Entonces, Harry alzó la mirada y la dirigió hacia Ron. Este estaba del otro lado de la piscina, sentado en una reposera cerca de algunos otros miembros de su familia. De pronto, algo rugió en el estómago de Harry. Tomó consciencia de que aquel era Ron, Ron Weasley. Por supuesto que no era el mismo que había muerto en sus brazos, el mismo con el que él había compartido tantas cosas el año anterior. Pero seguía siendo Ron…
Ron, en ese momento, charlaba con sus hermanos, mientras miraban a toda la gente que nadaba en la piscina.
-¿Así que se anotaron al Magic World Tour? -preguntó George.
-Así es -dijo Ron-. Será algo bueno. Creo.
-Miren que es muy difícil, por lo que oí -dijo Percy-. Con lo que te aporta el Ministerio, no podrás quedarte en hoteles cinco estrellas, precisamente.
-Ya lo sé -rezongó Ron-. Es parte de lo que lo hace interesante, ¿sabes? El saber que es un desafío. Que debes valerte por ti mismo para lograrlo.
-¿Hay alguna clase de premio por participar, u objetivo? -preguntó Evangelina-. No conozco ese torneo. En Argentina no lo tenemos. Bueno, aquí tampoco estaba, ¿verdad?
-No -dijo Alexandre-. En Francia tampoco lo tenemos. Al menos en los años en que yo vivía allí…
-Sí, aquí tampoco estaba -confirmó Ron-. Volvió en el 2007, por lo que vimos. Hay premios por participar, sí. En verdad no es una competencia, como el Torneo de los Tres Magos. Es más bien un desafío personal. Pero si durante tu viaje quieres, puedes coleccionar unos objetos mágicos que están esparcidos por el mundo. Luego, el que más recolecta se lleva un premio en dinero, creo que cinco mil galleons.
-Wow, eso es mucho dinero -dijo George-. Podría comprar nuevamente Sortilegios Weasley con eso.
-¿Qué estás haciendo de tu vida ahora que no tienes la tienda? -le preguntó Alexandre, curioso.
-Pues nada, viendo qué hacer.
-¿Quieres venir al MWT con nosotros? -preguntó Ron.
-No, gracias, soy demasiado vago como para eso.
-¿Y cómo está Fred? -preguntó entonces Percy, cambiando el tema.
-Pues, creo que mejor -George se cruzó de brazos-. No lo sé. Puedes ir a visitarlo si quieres. Aceptan visitas en el Centro de Rehabilitación de East London.
-Va a recuperarse -dijo Evangelina, optimista-. Solo es una recaída pasajera.
-Ojalá -dijo George-. Y tú, hermanito, ¿estás bien? Hacía unos días no nos veíamos.
Le dio una palmada en el hombro a Ron, que asintió con la cabeza.
Pero, mientras los demás seguían hablando, Ron quedó con la mirada perdida a lo lejos.
Ya se habían cumplido más de dos meses sin ella.
Sus ojos cruzaron hacia el otro lado de la piscina, en un extremo a la derecha, donde Hermione estaba sentada en una reposera, lejos de él.
Sin embargo, no pudo evitar pensar que esa era Hermione. La misma Hermione que él había perdido. Era cierto que era de otro universo, que había vivido una historia distinta. Pero seguía siendo ella, se veía exactamente igual a ella, más allá de la calvicie y los tatuajes; y ese pensamiento empezó a calar hondo de pronto dentro de su amargada mente. Y un nuevo e inesperado deseo por estar más cerca de esa Hermione empezó a surgir dentro suyo.
Un inesperado deseo por conectar con ella mucho más de lo que lo estaban haciendo desde que regresara del centro de rehabilitación…
En la otra punta de la piscina, Hermione bebía un licuado junto a Lily, la madre de Harry.
-¿Estás mejor? -le preguntó Hermione.
-Sí, lo estoy -dijo ella, que de hecho lucía muy feliz-. El divorcio ha cambiado mi vida. Estoy lista para seguir adelante, para empezar de vuelta. Quiero vivir la vida.
-Me alegra mucho oírte decir eso -Hermione le dirigió una sonrisa-. Siento que ahora seremos más amigas que nunca.
-¡Lo sé! Lo mismo pensé -Lily le sonrió-. Y ahora ambas somos solteras. ¿Qué estamos esperando para divertirnos?
Ambas rieron.
Pero, mientras se llevaba el sorbete a la boca, Hermione no pudo evitar sentir en lo profundo de su ser que no compartía ese entusiasmo de Lily por salir con chicos. Muy dentro suyo, en su corazón, sabía que solo había una persona por la que seguía sintiendo un amor profundo que no se iría fácilmente.
Una persona que había logrado conquistarla, y ahora ya no estaba.
Los ojos de Hermione atravesaron la piscina y acabaron, casi por accidente, puestos encima de Harry.
Entonces, algo cambió dentro suyo.
Supo, mientras miraba a su amigo, que había un extremo parecido entre ese Harry y el otro del que ella había estado enamorada, aquel que luego murió, abandonándola para siempre.
Por supuesto que había un parecido, porque eran la misma persona. Solo que ella no lo había razonado así antes.
Y, entonces, Hermione frunció el ceño, inclinó un poco la cabeza y observó a Harry con mucha atención. Y se dio cuenta de que algo muy dentro suyo de pronto moría del deseo de correr hacia él, de besarlo, de hacerlo de ella.
