Capítulo 7. El vuelo

Harry se reclinó un poco y chupó el clítoris de Hermione provocando un tercer orgasmo consecutivo en la chica. Todo su cuerpo tembló y la chica aferró el cabello negro azabache del muchacho, mientras este relamía los labios vaginales de la joven de veinte años con su lengua, acariciando su coño con los labios, sintió el aliento de su antiguo mejor amigo directo en la concha.

Un cuarto orgasmo hizo que todo su cuerpo se estremeciera, y el sudor cayó por la frente de Hermione y rodó por su rostro, que estaba arqueado hacia atrás, gozando aquel placer tremendo. Cayó en la sábana y se perdió entre la tela, las finas hebras de aquella sábana sobre la cual Harry hundía su cara en medio de la raja de Hermione. De pronto, el chico pareció estar poseído, un hombre poseído moviendo su lengua y sus labios frenéticamente por la superficie de la panocha de Hermione. La punta de su lengua encontró y rodeó el clítoris justo a tiempo para el quinto orgasmo…

Harry entonces se incorporó y penetró a Hermione con fuerza, una y otra vez, su pene entrando y saliendo con movimientos bruscos y frenéticos. Hermione gritaba más y más, con una mezcla de placer y fervor incandescentes. Harry sudaba, mientras aferraba su trasero con ambas manos, penetrándola duro y firme. Entonces, Harry y Hermione se abrazaron, a punto de llegar a un orgasmo juntos, ambos.

Harry quitó su pene, lo frotó por fuera de la vagina de la chica, y un chorro de semen blanco saltó con ímpetu, saliendo escupido y aterrizando en la cara de Hermione.

Hermione abrió los ojos y pegó un grito.

Harry no estaba allí. Solo era ella en su cama.

Y aquello había sido un sueño.

Era el 1 de septiembre, que finalmente había llegado. Luego de un verano que había parecido interminable, con cantidad de días en la piscina, festejando cumpleaños de Harry y luego de Ginny, entre tantos momentos; todos vividos tratando de actuar como si fueran un premio que habían ganado por todo lo que habían vivido meses anteriores, aunque sintiendo profundo dolor por dentro; ahora, finalmente, el verano había terminado.

El momento de despedir a los adolescentes llegó, y un gran grupo de magos, entre los que estaban Harry, Ron, Hermione y Lily; se agrupó para despedirse de ellos.

-Será un gran nuevo comienzo, amigo -le dijo Harry a Albus, revolviéndole el cabello con una mano. Se dio cuenta enseguida que odiaba a la gente que hacía eso con los niños, y ahora él lo estaba haciendo.

-Ay, déjame, papá, estaré bien -dijo él. Le dirigió una sonrisa, sin embargo, antes de subir al pequeño bus.

-¿Aún quieres ser un Macho? -le preguntó, cuando ya estaba arriba y lo miraba por la ventana.

-¿De qué hablas? -dijo él, sin comprender.

Harry sonrió. El chico parecía olvidar por completo que había estado en una portada de revista dos meses atrás. Tan pronto como él mismo, Harry, había comenzado a abandonar su actitud arrogante de macho, sin decidirlo pero aún así llevado hacia ese camino por el dolor de su pérdida, que pronto había aparecido de la nada para causar estragos en su mente; su hijo de otro universo también había decidido que ya no le interesaba imitar su vieja actitud de Macho.

-Nos vemos, viejo -James chocó los cinco de su padre y subió corriendo al bus.

-Ese es el que menos me gusta -le susurró Harry a Ron, sin que el niño lo oyera.

-Oye, no se supone que hables así de tus hijos, Harry.

-Lo sé, pero es que no lo son. Son de otro Harry, así que, ¿qué importa?

-Adiós, papá -dijo Lily entonces, y se acercó a darle un abrazo.

La ternura y afecto que la niña le ocasionó fueron tales que Harry quedó de piedra, conmocionado.

-Te amo, hija -le dijo, le dio un beso y se despidió de ella con una lágrima cayendo de la comisura de un ojo mientras la veía subir al bus.

-Ella tampoco es tu hija, ¿no? -se burló Ron.

-Sí, ella sí -dijo Harry, limpiándose la lágrima-. A ella la adopto por completo.

Hugo y Rose subieron también, y el bus se puso en marcha. Cargado de alumnos de Hogwarts, empezó a moverse por el enorme predio hasta perderse en la distancia, entre los aviones.

-No entiendo por qué irán a Francia en aviones muggle -dijo Ron-. ¿Recuerdan el Torneo de los Tres Magos? Ellos vinieron volando en un enorme carruaje mágico tirado por hermosas criaturas. ¿Cómo es que nosotros los enviamos en clase turista en vuelos muggle normales? Quedaremos muy mal con los franceses.

-Ni siquiera los mayores de diecisiete pueden aparecerse, porque es otro país -explicó Hermione-. Usar trasladores quedó descartado ya que no hay suficientes para movilizar a tantos magos juntos. Carruajes y cosas exóticas de ese estilo quedaron descartadas por lo mismo. En cuarto año vimos un carruaje con solo algunos de los alumnos de Beauxbatons. Pero, aquí, necesitaban movilizar absolutamente a todo el colegio Hogwarts hacia una nueva escuela. Es muchísima gente. Aprovechando la alianza con los muggles, ellos nos ofrecieron poner aviones a nuestra disposición, y bueno, los magos hemos aceptado su ayuda.

-No quiero deberle un favor a los muggles -protestó Ron.

-A veces olvido que eres tan idiota, Ron -dijo Hermione-. Ahora pongámonos en marcha.

-¿Qué apuro tienes? -dijo Ron, molesto-. Los niños ya se han ido. Tendrán un placentero vuelo a Francia para estudiar en Beauxbatons, y nosotros no tenemos nada que hacer el día de hoy.

-Claro que sí. Hoy empezamos el Magic World Tour.

Harry ahora giró la cara hacia su amiga, sin entender.

-¿Disculpa? Aún faltan días para que empiece eso.

-No para nosotros -dijo Hermione-. ¿Recuerdan que ayer tuvimos esa fiesta con todos los Weasley donde todos terminamos ebrios?

-Claro, cómo olvidarlo -dijo Ron-. Tuve una cantidad de sueños extraños luego de todo ese alcohol.

Hermione tragó saliva y se puso un poco nerviosa.

-Sí, yo también tuve sueños raros… -apartó la mirada de Harry instintivamente-. En fin, el propósito de esa fiesta era comunicarles algo… una sorpresa… Pero no pude hacerlo, ya que todos acabamos desmayados.

-Sí, respecto a eso -Harry tomó la palabra-. No deberían darme tanto alcohol. Recuerden que estoy recuperándome de mi adicción. Pensé que tú también, Hermione.

-Sí, sí, lo sé, fue mala idea incluir alcohol. El punto es que, miren, eso no fue una fiesta espontánea, como les dije. El verdadero propósito era despedirnos de ellos. De los Weasley, y de todos.

-¿Despedirnos? ¿Por qué? -dijo Ron.

Harry creyó intuir la revelación que se aproximaba por parte de Hermione.

-Los niños no son los únicos que se van a Francia -Hermione abrió su bolsito de cuentas y sacó tres pasajes del interior-. Nos vamos en avión muggle también.

-¿Bromeas?

-¿Por qué? -dijo Harry.

-Porque se me ocurrió que sería una buena idea -dijo ella-. Cuando vi que los niños irían allá, pensé… Francia será un buen lugar para empezar. Podemos ir allí y luego seguir el resto del programa desde allá.

-Hubiera sido un acto noble contarnos tu plan -dijo Ron-. Digo, por si alguno de nosotros tenía una idea distinta. ¿No crees?

-Tomen sus boletos y apúrense -la chica les pasó dos tickets de embarque para aviones muggle -Nuestro vuelo sale a las once desde la puerta catorce.

Harry y Ron se miraron.

-Ya, vamos, despídanse de todos, que se hace tarde -Hermione señaló con la cabeza a los demás magos que habían ido allí con ellos.

Harry y Ron se acercaron a sus familiares para despedirse de ellos, aun sin haber terminado de comprender por completo por qué tenían que hacerlo.

-Pues, nos vemos luego, supongo -dijo Harry a Lily, que lo miraba con una sonrisita-. Deduzco por tu cara que Hermione te había contado que nos iríamos hoy.

-Sí, ya lo sabía, cariño -Lily se acercó a Harry y le dio un abrazo afectuoso-. Cuídate mucho, ¿quieres? Que tengas un excelente año, corazón.

-Gracias, mamá de mi misma edad -Harry la abrazó con fuerza, luego se separó de ella y se quedó sonriéndole. Junto a él, Ron saludaba a sus hermanos y padres, que también habían ido allí.

Harry se despidió de ellos también. Luego de eso, dio media vuelta y se dirigió a Lily una vez más.

-Te escribiré -le dijo, sin saber que más decir. Ella le sonrió y lo saludó con una mano.

-Vamos, chicos -los apuró Hermione-. ¡Se hace la hora!

Harry y Ron saludaron por última vez a los demás con un ademán y apuraron el paso hacia su amiga, porque Hermione ya había empezado a caminar en dirección a unas escaleras mecánicas.

-Hermione, ¿alguna vez nos contarás tus planes? -le gritó Harry, mientras luchaban por no perderse entre la multitud de gente del aeropuerto, yendo tras ella.

-¡No traje mis cosas! -protestó Ron.

Hermione, a cinco pasos de distancia de ellos, levantó en el aire su bolsito de cuentas, para mostrárselos, y le dio unos golpecitos con la mano. Ron y Harry volvieron a compartir una mirada y pusieron los ojos en blanco.

Finalmente, llegaron a la puerta de embarque número catorce y se sentaron en unas butacas junto a Hermione, que lucía muy satisfecha.

-Tampoco llegamos a despedirnos de los otros, que no vinieron hoy -dijo Harry, agitado por la corrida-. Me hubiera gustado decirle adiós a Hagrid.

-Él ya sabe que te vas, porque yo le dije.

-¿Le contaste a todos menos a nosotros? -dijo Ron.

-Luego le mandas una postal, Harry -Hermione buscó en su bolsito de cuentas y sacó de pronto una valija enorme, que no parecía tener el más mínimo sentido desde el punto de vista de la física que pudiera caber ahí, y se la pasó a Harry. Luego siguió buscando, sacó otra más, y se la pasó a Ron. -Aquí están todas sus cosas. Las empaqué antes de salir para acá. La mayoría de tus calzones estaban sucios, Ron, así que los conjuré con la varita dentro de una bolsa y los puse en el cierre delantero. No olvides lavarlos, por el bien de todos.

Ron se puso rojo de la vergüenza.

-Ya es hora -anunció la chica.

Los tres se pusieron de pie y caminaron hacia una mujer muggle que pedía los tickets de vuelo y los pasaportes a las personas para que pudieran ingresar al vuelo.

-¿Es normal que hayamos llegado hasta aquí sin despachar valijas ni hacer migraciones? -dijo Harry.

-Sí, sí, eso no es necesario para magos -dijo ella.

Cuando llegaron ante la mujer, esta vio que eran magos, y en vez de pedirle sus pasaportes, les pidió solo los tickets, y Hermione le pasó sus tres varitas.

-Gracias -la mujer puso las tres varitas en una máquina que había junto a ella, y al instante las dos valijas y el bolsito de cuentas desaparecieron en el aire.

-¿A dónde fueron? -preguntó Harry, asombrado.

-Se convocaron hacia nuestro destino -explicó Hermione-. Y todos nuestros datos los obtienen por medio de las varitas también.

-No se puede volar con varitas -dijo la bruja, cuando Ron extendió su mano para pedirle la suya de vuelta-. Se las regresarán luego del aterrizaje. Que tengan un buen viaje.

Les hizo un ademán de que ingresaran al avión y dieran espacio a los demás, y Hermione los instó a que obedecieran. Los tres pasaron por el túnel tras la bruja y empezaron a caminar por él hacia el avión.

-Me gustan más los trasladores -comentó Ron-. Si son más rápidos, menos burocráticos, y todo, ¿por qué viajar en estas cosas muggle?

-Porque de eso se trata el Magic World Tour, Ron -dijo Hermione, un poco exasperada-. Esa es la esencia de este viaje. ¿Cuál es tu apuro? No se trata de hacer las cosas rápido, se trata de disfrutarlas, de vivirlas, de sentirlas. De eso se trata este viaje.

-Si tú lo dices.

Los tres ingresaron al avión y se sentaron en tres asientos que estaban pegados uno junto al otro. Hermione tomó el lado de la ventana.

-Yo voy del pasillo -dijo Ron, sentándose junto a Harry-. Tengo la vejiga frágil. Espero que haya un buen servicio de comidas en esta cosa.

-París está a una hora y veinte minutos de Londres, Ron, no nos darán comida -dijo Hermione.

-¡¿QUÉÉÉÉÉÉÉ?! -Ron estaba perplejo-. ¿Cómo que no nos darán comida?

-¡Solo dan comida en primera clase para vuelos así de cortos, Ron! ¡Y no iba a pagar un vuelo de primera clase!

-¿Por qué no? -Ron estaba ya de mal humor.

-¡Porque no soy rica, idiota!

Harry se acomodó en su asiento, metió el dedo en la pantallita que tenía ante él y empezó a mirar las opciones de películas y series que había disponibles para ver durante el vuelo. Ya estaba acostumbrado a las riñas entre Ron y Hermione, y ya era tal su acostumbramiento a esas situaciones que ya actuaba indiferente.

Ron terminó cruzado de brazos y mirando el techo, con cara de enojo.

-No puedo creer que estaré una hora y veinte minutos encerrado en esta cosa claustrofóbica y sin comida… -dijo en voz baja, para sí mismo. Hermione explotaba de furia.

Harry pensó que la discusión ya había terminado, pero entonces Hermione giró su cabeza hacia ellos.

-¡Genial forma de empezar nuestro viaje, Ron! ¡Siempre discutiendo contigo! ¡Espero que estés contento!

-¿Contento de qué? -arremetió él-. ¿De no comer?

-¡IMBÉCIL! -chilló ella, provocando que varios muggles a su alrededor giraran la cara hacia ellos-. ¡Sabía que no durarías ni dos horas en este viaje con nosotros! ¡Siempre es lo mismo contigo! Seguro te irás de vuelta a casita a que tu mamá te alimente, como la última vez, ¿verdad?

Ron no dijo nada. Se quedó en silencio, y parecía que toda una potente ira dentro suyo estaba acumulándose y esperando el momento indicado para estallar. Harry estaba seguro de que el motivo por el que Ron no se levantaba y se marchaba de allí antes del despegue del avión era que eso implicaría darle la razón a Hermione y al hecho de que no pudiera aguantar dos horas alejado de la comodidad de la comida de su madre.

Harry, con cara de total indiferencia hacia sus dos amigos, finalmente encontró una película que le atrajo lo suficiente. Se puso sus auriculares y seleccionó la opción en la pantalla ante él para que la película empezara. Se trataba de una comedia con Jennifer Aniston, que en verdad tenía pinta de ser muy mala. Pero decidió probar verla.

Finalmente, el avión empezó a moverse. Dio un par de giros por la pista, luego enfiló hacia adelante tomando velocidad, y despegó. Harry sintió una extraña sensación cuando las ruedas se separaron de la pista, y quedaron suspendidos y volando en el aire.

Era extraño, porque él había volado en escoba y otros medios de transporte mágico cientos de veces, pero jamás había experimentado aquello. Se sentía un tanto nervioso sin su varita allí, sin su escoba, sin nada que le permitiera sobrevivir en caso de que algo malo pasara con el avión.

-París, aquí vamos -dijo Hermione a su lado, con optimismo-. Será un gran viaje. ¿Verdad, Harry?

-Sí, claro -dijo él, sonriéndole. Lanzó una miradita nerviosa a Ron, al otro lado, que miraba hacia adelante con ira, a su pantalla apagada, y parecía estar odiando cada segundo de aquel viaje sin comida.

-Mira, Harry, qué hermosa vista, ¿no crees?

Viendo que su amiga querría charlar, Harry pausó la película y se quitó uno de los auriculares.

-No había posibilidad de volar con los niños, ¿verdad? -le preguntó.

-No, ellos tenían vuelos exclusivos hacia Beauxbatons. No había más tickets disponibles en esos vuelos.

-¿Cuánto te costaron estos vuelos? Debería pagártelo.

-Olvídalo, Harry, tenía un dinero muggle que me sobraba, y lo gasté en esto. Claro que este viaje no será un viaje lujoso, en hoteles cinco estrellas -le lanzó una mirada de reproche a Ron-. A menos que alguno de ustedes sea rico y no me lo haya contado. Pero tampoco será necesario estar en carpa y huyendo del mundo esta vez, así que eso debería ser algo bueno.

-Oiga, disculpe -dijo Ron, deteniendo a una azafata que pasaba por allí-. ¿Tendrá por casualidad una de esas máscaras para dormir que la gente usa en los vuelos? En realidad, es para no tener que seguir escuchando a mi compañera, ya no la soporto más.

Hermione abrió grande la boca, estupefacta.

-Lo siento, señor -dijo la azafata, ofreciéndole a Ron una sonrisa-. Solo están disponibles en primera clase.

Continuó caminando, y dejó a Ron allí con cara perpleja.

Hermione entonces empezó a desternillarse de la risa con ganas, en voz exageradamente alta.

Ron se cruzó de brazos de nuevo y miró hacia abajo, con mal humor.

Harry trató de reprimir una risa el también, se acomodó el otro auricular y se puso a mirar la película de Jennifer Aniston.