Love Live! No me pertenece, es de sus respectivos dueños.
Era hace una vez, donde el sol brillaba, el pasto era cual verde amatista, y el cielo tal como la más clara turquesa. Era una época muy lejana, donde los caballeros con sus brillantes armaduras enfrentaban a los feroces dragones. Una época donde gobernaba una bella reina de cabellos rojizos, madre de una hija digna de la belleza heredada de su progenitora.
Ojos amatistas, profundos y encantadores; Su corto cabello rojizo caía con elegancia y era retenido sobre sus hombros; ceñida y contorneada figura, la envidia de la misma Afrodita; blanca tez como la nieve, pero tan suave como la seda. Era una total belleza, una joya que gozaba de sus dieciocho primaveras.
Pero, dicha joya, tan hermosa, pero sin dueño. Nadie podía presumir de ostentar semejante belleza. O eso se pensaba hasta que la madre de la joven que respondía al nombre de Maki, había anunciado una serie de torneos para premiar al ganador con la mano de su hija.
"Arquería, espadas, caballería, etc. El cómo obtendrán su mano, lo decidirá Majestad.
Interesados, favor de reunirse en el campo, lejos del pueblo"
¿Que hay peor que una uña rota? La respuesta es: la posibilidad de perder a aquel ser amado en algo tan banal como una justa o algo parecido.
Esas palabras, que rezaba en el cartel pegado en un frondoso árbol, eran leídas por nuestro protagonista. Un aldeano, trabajador como todos, pero atractivo como pocos.
No era muy alto, pero si sobrepasaba el 1.70 centímetro; su cabello azul volaba con el viento en un rebelde baile; sus ojos achocolatados, mostraban tanta paz. Era un joven atractivo que gozaba de veinte años aún.
Solía ser tan calmado como el mar, aunque en esos momentos era una tormenta de emociones, el joven Umi, no podía creer lo que leía en ese cartel. La persona que más amaba, por la que su corazón latía, corría el riego de pertenecer a otro hombre que no fuera él.
-No es posible...-murmuro aquellas palabras que profesaban su perdición- no, no, no puede ser.
No importaba cuanto se repitiera esas palabras, la verdad era absoluta. Su princesa se casaría, y con otro hombre que no fuera él.
- ¡Hey, Umi! -grito una nueva voz en escena.
Nuestro afligido protagonista se giro para encontrarse con el dueño esa efusiva voz.
Ante sus ojos, su mejor amigo. Hiperactivo como un perro chihuahua, pero listo cual labrador. Un joven de melena anaranjada y ojos azules bastante peculiares.
-Honoka -dijo con voz queda nuestro protagonista- ¿Que haces aquí? -pregunto en su intento de parecer normal y sin preocupaciones.
-A ver, a ver, no finjas, ya sé que te enteraste del futuro compromiso de la princesa -Honoka, su mejor amigo, lo vio con los brazos cruzados y la ceja alzada.
-No te puedo ocultar nada...-su triste voz ya delataba su verdadero estado.
-Anímate, solo debes participar, ganar su mano, y ya está -vociferó el joven de ojos cual zafiros- si la princesa elige el arco, tendrás ganado todo. ¿Que te preocupa?
-Yo, no lo sé -un largo y profundo suspiró salió de sus finos labios- ¿Que tal si no lo hace? ¿Que tal si aun me odia?
Honoka palmeo el hombro de su amigo con gran empatía-Te irá bien, no seas pesimista.
-Entiendo, gracias -forzó una sonrisa pretendiendo alegría.
-En serio -el joven ojiazul lo vio con cierta molestia- deja esa actitud tan pasiva, di lo que piensas. Se mas, asertivo -pronuncio con su dedo índice alzado y una sonrisa burlona.
- ¿Asertivo? -inquirió confundido- ¿que es eso?
-Es como, lo medio entre pasivo y agresivo -dijo como si fuera lo más obvio del mundo.
-Eso no es de ayuda...
-Bueno, bueno –en un intento de darse a entender, coloco su dedo índice sobre su mentón y palmeo un par de veces dicha zona- Es como, manifestar cómo te sientes, -dejo de palmear y señalo a su acompañante con aquel dedo- expresarlo, pero sin ser un grosero de los mil demonios.
-No me suena lógico -el joven Umi, con cada palabra de su amigo se confundía más.
-Debería sonarte, tú eras así de niño.
Lo que decía Honoka, con esa carismática sonrisa, era nada más que la verdad.
En antaño, cuando Umi y Honoka pasaban la tierna etapa de la infancia hasta su pubertad. Nuestro protagonista hablaba con verdad solemne y gracia de delfín, nunca lo escucharías decir alguna grosería, pues así no había sido educado. Decía lo que pensaba sin sonar como un neandertal. Era amable, defendía sus derechos pues su estatus social era de varias injusticias, expresaba sus sentimientos, y hacia sugerencias honestas ante cualquier situación.
Su comportamiento, a más de uno había impresionado, pero solo a una había enamorado con esa forma de ser.
Pero el tiempo podía ser cruel, te daba algo y después te lo arrebataba. Después de la trágica muerte de sus padres, nada había vuelto a ser como antes. Ya no opinaba con honestidad, más de una vez tuvo que guardase sus ensañamientos cuando veía a alguien caer ante la injusticia.
Si bien, salió adelante gracias al apoyo de Honoka que nunca lo dejo sólo. Pero, había perdido a la persona que en su niñez había querido, y amado en su pubertad. Si señores, hablamos de la mismísima princesa Maki, la misma que se casaría con el ganador del torneo.
"Lo lamento, no puedo seguir viéndote" fue lo último que le dijo a su bella princesa. Le rompía el alma verla partir, llorando y destrozada. Pero no tenia opción, no podía darse el lujo de tenerla a su lado cuando él no se sentía con la capacidad de poder pelear por ella.
- ¿Ya lo recuerdas? -inquirió Honoka con su divertida sonrisa- Solo necesitas algo de motivación.
-No puedo creer que dijeras algo que no sonara tan tonto como tu -confeso el peliazul protagonista con una risa burlona.
- ¡Eso fue agresivo, no asertivo!
Con ese grito casi femenino, nuestro joven protagonista no pudo más que carcajearse por esa actuación de su mejor amigo.
Con nuevos ánimos, se impulso hasta su casa, donde practicaría lo más que pudiera. El se casaría con la princesa, con su princesa. Nadie le arrebataría su tan amada joya.
Con el tiempo pasando, las nubes dando lugar a un aclarado día. Se anunciaba la hora del torneo, los jóvenes y adultos no se dejaron esperar ni un segundo del día pues ya se encontraban formados, viendo como la princesa, con ese bello vestido carmesí muy de la época, vociferaba las reglas del encuentro.
-Las reglas son simples, quien gane, tendrá mi mano en matrimonio -amarga era su voz en ese momento. No deseaba casarse, pero no tenía más opciones.
Los hombres la veían con atención, ninguno se atrevía a hablar mientras ella lo hiciera. Bueno, a excepción de dos jóvenes que llegaron tarde, como siempre.
-Por tu culpa llegamos tarde -murmuro Honoka mientras ingresaba a la fila junto a su mejor amigo.
-Mas bien es culpa tuya -bufo Umi con molestia- a la próxima levántate más temprano.
- ¿Ves? Ya casi das la impresión de ser más seguro de ti mismo –rio por debajo, aunque recibió un golpe por su atrevimiento, no dejo de reír- ya, ya, no te enojes, ¿así como quieres casarte?
-Mejor cállate y pon atención –sentencio y coloco su total atencion en la princesa que seguía hablando frente a un montonal de hombres.
-Como se ha dicho, el reto lo voy a decir yo, no habrá cambios, ni tampoco se aceptarán reclamaciones –hablo con solemnidad- el reto será…
Maki, no logro terminar su oración, pues, a lo lejos, había reconocido una figura. Aquel por el que suspiraba y sollozaba se encontraba en medio del bullicio de hombres. Tranquilo cual mar, así lo recordaba. Con esa sonrisa que la hechizaba.
Si, definitivamente, esos dos amantes se veían a la distancia.
¿Hace cuanto que no se veían? ¿Cuántos años en vela esperando su regreso? ¿Abría pasado mucho tiempo desde que se dejaron de verse? Al diablo, ¿a quién le importaba cuanto tiempo paso desde que se comenzaron a verse o cuánto tiempo llevaban sin verse? Ese sentimiento, esa emoción de verlo ahí, era lo que en verdad le importaba.
-Hija, apresúrate, tus pretendientes aguardan –murmuro la reina sobre el oído de su hija.
Saliendo de sus cavilaciones, Maki sacudió su cabeza y se dispuso a seguir con su declamación. Aunque, una sonrisa traviesa atravesó sus finos labios. Ahora ya sabía que reto ponerles a los caballeros.
-El reto será: tiro con arco –proclamo con gran orgullo.
Mientras la princesa se giraba y caminaba a su asiento real, una gran sonrisa hizo aparición en la cara de nuestro protagonista.
-Te lo dije, ahora tienes que ganar porque tienes que ganar –con gran entusiasmo Honoka palmeo el hombro de su amigo, que con la mirada no dejaba de seguir a cierta encantadora dama.
-Vuelvo luego –fue lo último que dijo antes de encaminarse hasta donde se encontraba la princesa.
El camino, que era corto, parecía eterno. Hubo momentos de duda en su corazón, donde había pensado en irse, y no participar.
La noche la habría pasado en vela de no ser por un claro pensamiento, que apareció sin previo aviso en su mente, ¿Por qué se pondría nervioso? Al contrario, debería estar feliz y orgulloso, debía agradecer la nueva oportunidad que se le estaba brindando, más aun, el debería estar contento por volver a verla.
Con eso en mente, camino más seguro de si, con una delicada sonrisa siguió hasta encontrar a su princesa, que en ese momento conversaba con uno de los participantes.
-Princesa, le juro que ganare el torneo para tener su mano –proclamo el hombre que hablaba con la princesa. Parecía un toro con su exagerada musculatura, cabello negro, y ojos grises.
-Temo decirle caballero, yo seré quien gane este torneo –sin soberbia, Umi se posiciono al lado del joven cuerpo de toro- Pues en la arquería soy el mejor.
Con un bufido cual toro, el joven se erguió para ver con molestia a nuestro protagonista- ¿Eso es un reto? –arqueo la ceja, con el fin de intimidarlo.
-No, solo intento ser mas asertivo –sonrió divertido mientras pronunciaba esas palabras.
-Asertivo o no, vas a perder –volvió a bufar, y enojado se fue de la escena.
-Pero que tipo tan raro. Se nota que se comió una vaca cuando era niño –negó el peliazul con una grata sonrisa.
-Umi…-lo llamo su amada con voz queda- ¿en verdad eres tú?
-Si, soy yo, mi querida Maki –pronuncio su nombre con gran delicadeza.
La última vez que lo vio, no recordaba la edad que tenia, solo tenía presente ese sentimiento de amargura al verlo tan decaído. Tan triste, ya no era ni la sombra de la persona por la cual se enamoro. Pero, aunque él hubiera sido así, ella aun así quería apoyarlo, estar con él, aunque solo fuera un momento. Por eso mismo se escapaba de su castillo, lo veía en la noche donde se olvidaba de su puesto, donde por una sola vez, era feliz. Le dolió tanto que el la alejara de su lado, con esa fría voz que la dejo estática, no pudo más que irse con su dignidad en el suelo y sus sentimientos destrozados.
Ahora era diferente, esa aura que antaño amo, volvía a resurgir en Umi aquella persona segura.
-Aun no puedo creer que estés aquí- claro que la princesa quería llorar, su voz quebrada la delataba, pero no podía darse el lujo de flanquear así- ¿no eres una ilusión de mi afligida mente? –con miedo, acaricio la mejilla del joven que estaba justo enfrente de ella.
-No soy una ilusión, soy real –con calma, tomo la mano de la princesa y beso su dorso con cariño- No es tiempo de hablar, tengo que ganar un torneo, ¿o no? –inquirió con la ceja alzada y una sonrisa que demostraba la confianza que se tenía en ese momento.
-Es cierto, mi fiel Umi. Que la suerte este de tu parte –con una clara sonrisa de felicidad acaricio la mano de su amado.
-La suerte está conmigo desde que te conocí –soltó la mano de la pelirroja y se alejo en su tranquilo semblante.
En su interior, la bella princesa, no necesitaba ser adivina para predecir el resultado del torneo. El ganaría, su amado lograría la victoria sin problemas.
Al inicio, las dianas eran colocadas enfrente de los arqueros se encontraban a una distancia menos a los veinte metros, después, las cosas se tornaron un tanto más difícil. Desde tirar una flecha y dar en el centro de la diana que se encontraba o más lejos o rodeada de fuego. Hubo otro evento, donde el arquero debía colocarse en la punta más alta del castillo, y debía dar en el centro de la diana.
Las pruebas pasaban, y al final del día, solo quedaban dos jóvenes: nuestro protagonista, y el joven cara de toro que por sorprendente que fuera, había logrado pasar las demás pruebas.
La última prueba: primero tenían que correr sobre una serie de obstáculos puestos en la tierra; después tendrían que escalar la muralla y de ahí se verían forzados a saltar sobre unos troncos que amenazaban con caerse si el participante no pisaba o no calculaba bien su ruta; por último, debían tomar el arco y la flecha, dar un disparo y encestar en el centro de la diana que se encontraba a cien metros. Ya con eso, volverían a correr hasta la meta, que era la misma princesa. Quien lograra realizar las pruebas y tomar la mano de la princesa, sería el solemne ganador.
La tarde era helada, la tensión se podía cortar fácilmente con un cuchillo. Los participantes ya se encontraban en la línea de salida. Cada uno con su objetivo en mente buscarían la gloria ese día.
-Vas a caer, yo me llevare la mano de la princesa –hablo el joven cara de toro con brusquedad en su voz.
-Temo decir que estas equivocado, de nuevo –de reojo, vio como su amada le sonreía mientras era llevaba a la línea final- yo me llevare su mano, y no la soltare después de eso.
Al sonido del cañón, ambos jóvenes salieron corriendo. Saltante y esquivando los obstáculos. Había que darle puntos a el joven cara de toro, tenía una gran fuerza, pero no era ágil. No como Umi, que, con inteligencia y rapidez, reaccionaba a los obstáculos y lograba superarlos.
Subieron la muralla casi a la par, pero no fue suficiente, pues el joven de cabello negro por poco se caía al momento de saltar sobre el primer tronco.
Umi, seguía tranquilo pero seguro de que llegaría a la meta. En cuanto llego a la prueba con el arco y la flecha, tomo sus preciadas herramientas y disparo dando en el blanco. Después de semejante maestría con el arco, salió disparado a su último objetivo: la princesa Maki.
Cuando su oponente, se dio cuenta de la gran ventaja que el peliazul le llevaba al momento de llegar a la prueba de arco, en vez de dispararle a la diana, le disparo al joven Umi, dando en su pierna derecha y su brazo izquierda.
Por orden de la reina, el joven cara de toro fue arrestado. Pero, el peliazul seguía caminando como podía, dejaba rastro de su sangre en el campo. No se rendiría, terminaría la carrera.
No quiso ni la ayuda que se le quería proporcionar, con elegancia aparto a los curanderos y siguió su camino hasta la princesa.
Maki, que veía anonadada al igual que el resto de los espectadores, no quería esperar a que algo mas pasara. Corrió y hasta desgarro su fino vestido en el camino. Al final, su amado por el cansancio por poco caía en el suelo de no ser porque ella lo había atrapado, haciendo que Umi quedara en sus brazos, pero por lo pesado del cuerpo del joven, terminaron en el piso.
-Lo, lo logre –murmuro débil por la sangre perdida nuestro protagonista- ¿o será una ilusión? –sin fuerzas, tomo la mejilla de su amada para acariciarla- si es una mentira o una ilusión, no me despiertes hasta que deje de ser feliz. Porque de ser lo contrario, no sé qué pasaría conmigo si tu no estas.
-No es una mentira, mi amado Umi. Esto es verdad, terminaste el torneo –las lagrimas de la princesa no dejaban de salir de sus ojos amatistas. Le dolía el pecho al verlo así, era como si también fuera su dolor- ahora, mi mano has de tomar en matrimonio -con su mano izquierda libre, tomo la mano de él y la acaricio con afecto.
-Me gustaría una boda pequeña -musito entre diminutos quejidos de dolor- solo tus padres, y Honoka que es mi única familia.
-Está bien -sollozo ella e intento esbozar una sonrisa a su amado arquero- lo que tú quieras está bien para mí.
El lo sabia y ella también, el tiempo que les quedaba juntos se reducía a cada segundo que pasaba.
-Tú también debes decidir que quieres para la boda -con su mano libre y con la poca fuerza que le quedaba, limpio esas lagrimas salvajes de su bella dama.
-Si... -tomo aliento y se animo a hablar, aun intentando sonreír- me gustaría un vestido largo, pero nada pomposo, ¿se puede? -comento ladeando la cabeza, aguantando esas lagrimas que seguían saliendo salvajemente por sus ojos.
-Nunca te han gustado esas cosas -comento Umi con una tranquila y ligera risita- conozco a alguien que puede hacerte un vestido hermoso, justo como quieres -cerro los ojos por unos segundos y suspiro. Por poco se desvanecía eternamente.
- ¿Umi? -la joven sacudió al peliazul- ¿Umi? -en su segundo llamado vio de reojo como los curanderos se acercaban a ellos para brindar apoyo. Ella de un gesto de su cabeza los hizo apartarse, ya era muy tarde para él.
-Lo lamento… -cautelosamente abrió los ojos y esbozo una sonrisa tranquila- creo que es mi momento.
-No… ¡No! -grito la princesa a todo pulmón. Se aferro a la mano del arquero que poco a poco se iba sintiendo fría- ¡Umi, por favor no me dejes! -suplico.
Con su última fuerza, logro acercarla y acertarle un beso suave pero amable en los labios de la pelirroja -Te amo -susurro aquellas palabras cuando sus labios se alejaron de ella.
Ahí se encontraba, inerte en el regazo de la mujer que amo la cual lloraba sin consuelo. Aun en su ultimo aliento logro decirle sus sentimientos, los de verdad y no esas mentiras de antaño a esa persona que en definitiva amo con todas sus fuerzas y por la cual incluso, dio su propia vida.
Cada recuerdo que tenía, era de su familia y el cómo eran felices juntos, de su mejor amigo Honoka que nunca lo abandono. Uno de sus recuerdos preciados, fue el beso que había tenido de la princesa en antaño, cuando aun los pájaros cantaban por su amor, y el cielo no era oscuro. Aun cuando en su último recuerdo se encontrará su princesa llorando por él, sabia con certeza de que ella sabría valorar su recuerdo, que ese beso seria el mas sagrado para ella como lo fue para ella.
El la cuidaría desde el otro lado. Su primera promesa de protegerla no había logrado completarla, pero en el más allá lo haría mejor, el siempre seria su arquero protector.
En un juramento celestial, él la vigilaría desde arriba y en un futuro lejano, la esperaría para vivir por siempre en la vida eterna.
A fin y al cabo, la promesa de un arquero es para toda la vida. Sobre la vida y la muerte, está siempre perdurara.
¡Hey! Buenas noches casi días, ¿Cómo estás? El día de hoy estaba escribiendo unos capítulos para "Me enamore de un fan" y me dieron ganas de subir un hermoso UmiMaki jaja.
Este ya lo tenia echo desde hace… dos años creo, fue para una clase o algo así. No me acordaba que fuera tan corto. ¿quieren continuación? Tengo una pequeña idea, pero no se que tan bien recibida sea, ustedes digan, si quieren continuación, escríbanlo en los review y lo hare xD. Si no pues, así lo dejamos, como una historia corta, pero a mi parecer, tierna.
¡Bien! La noche-día es joven y aun tengo que terminar los capítulos jaja. ¡Descansen! Nos veremos en otra digiaventura donde no este muriendo… aunque ya termine la escuela y puedo subir mas cosas… bueno, eso es otra cosa que tocaremos después jaja.
¡Bye, Bye!
