8. Varito-dependientes

-Vamos, deprisa -dijo Ron, mientras los tres amigos caminaban a toda marcha por el aeropuerto de París-Charles de Gaulle.

-¿Por qué el apuro? -gritaba Hermione tras él, tratando de seguirle el paso.

-¡Porque estoy muerto de hambre!

Los tres amigos llegaron finalmente a la zona de retiro de equipaje, donde había muchos muggles ante una cinta identificando sus maletas y recogiéndolas. A un lado había una pequeña tiendita que no estaba siendo atendida por nadie, donde se leía en un letrero: "Sorcier". Abajo, en letra más pequeña, se leía la traducción en inglés: "magos".

Los tres amigos se acercaron y miraron la tienda con curiosidad. Era una pequeña cabina con unos chales colgando de forma llamativa alrededor, una especie de vapor violáceo flotando en medio y una mesita decorada con pétalos de flores. Resultaba muy extraño eso allí en medio del aeropuerto. Lanzaba un aura mística y tenía impresión de ser uno de esos lugares donde los adivinos leen las cartas. Solo que no había nadie allí.

-Disculpen, ¿podemos…? -dijo una bruja tras ellos.

-Sí, claro -Harry apartó a sus dos amigos y la dejó pasar. La bruja, que venía con un mago adulto que aparentaba ser su marido, se acercó a la tiendita, se aclaró la garganta y dijo el nombre de ambos:

-Rose y Jack Watermole.

Al instante, el vapor violáceo adoptó una forma espiralada que luego se transformó en unas letras, y un mensaje apareció en el aire: "Bienvenidos a París, señor y señora Watermole". De pronto, materializadas de la nada misma, aparecieron sus dos varitas flotando ante ellos, y en el suelo sus maletas. Los magos las tomaron con cara de aburrimiento, como si hicieran aquello todos los días, y se marcharon de allí con sus cosas.

Harry, Ron y Hermione compartieron una mirada y se pararon ante la tiendita uno junto al otro.

-Harry Potter, Hermione Granger y Ron Weasley -dijo Hermione, con claridad y una pizca de nerviosismo.

El humo violáceo empezó a mutar y a transformarse en letras. Ron, fastidioso por la falta de comida, empezó a mover la mano con impaciencia junto a la tienda en la zona donde antes habían aparecido las maletas de los dos magos anteriores, ansioso por asir la suya.

Las letras violáceas formaron entonces un mensaje ante ellos:

"Maletas y varitas extraviadas".

Los tres quedaron en silencio, perplejos.

-¿Cómo que qué? -tartamudeó Harry.

Hermione estaba boquiabierta e indignada. Ron no reaccionó, aun queriendo asir su inexistente maleta.

El mensaje mutó nuevamente.

"Para más información consultar en oficina de migraciones. Disculpen las molestias".

-Nada de "bienvenidos a París" para nosotros, ¿verdad, tienda estúpida? -lanzó Ron, irritado.

-No puedo creerlo -dijo Harry.

-¿Extraviaron nuestras cosas? -preguntó Hermione.

-¿Cómo pueden extraviar algo que se autoconvoca mediante magia?

-Vamos a esa maldita oficina -ansioso, Ron se dio la vuelta con pasos pesados y anduvo furioso por el salón del aeropuerto en busca de la oficina de migraciones. Sus amigos fueron tras él.

Luego de buscar por veinte minutos, y subir y bajar escaleras mecánicas que parecían llevar a cualquier sitio (duty free, puertas de embarque, salida a la calle) menos a donde querían ir ellos, por fin vieron el enorme letrero que decía "migraciones" en la zona de arribos internacionales. Se dirigieron allí y vieron que había una cola más grande que ninguna que hubieran visto antes en su vida.

-No vamos a hacer esta cola -dijo Ron, indignado-. Larguémonos de este lugar.

-¿Y nuestras cosas? -preguntó Hermione.

-¡Las tendríamos, si tan solo hubiéramos venido aquí con un puto traslador! -dijo él, desahogándose finalmente, sin contener más la ira.

Los otros no dijeron nada. El humor se estaba poniendo pesado.

-Si vamos a hacer esta cola interminable, al menos estemos seguros de que sea aquí el lugar correcto. Le preguntaré a aquel tipo -Harry se alejó hacia un muggle de seguridad que había a un costado de la cola.

-Hola, buenas tardes -le dijo Harry-. Disculpe, mis amigos y yo…

-Il suffit de demander à la ligne -dijo el hombre, mirándolo con mala cara, y con un francés fluido imposible de entender-. Vous ne pouvez pas poser de questions.

-¿Cómo que qué? -dijo Harry otra vez, quedando boquiabierto-. Lo siento, no hablo francés. ¿Ustedes no hablan inglés aquí?

-File d'attente, mon garçon -dijo el hombre, serio.

-¿Inglés? ¿No? -Harry estaba decepcionado.

-Seulement français -dijo el mago, con mal humor.

-¿Qué dice? ¿Qué solo francés? Pero es un aeropuerto…

-¡Seulement français! -gritó el hombre esta vez, con furia, y metió la mano en su cinturón, donde tenía un arma.

-¡Bueno, bueno! -Harry alzó ambas manos en defensa propia, alarmado-. ¡No es para tanto! -miró al tipo con el ceño fruncido, que tenía la mano en el mango del arma como si fuera a ir a dispararle por haberle pedido que le hable en inglés. Harry se marchó de allí rápidamente, y el tipo le siguió el rastro con una mirada de demencia que le puso la piel de gallina.

-¿Y qué te dijo? -le preguntó Hermione, cuando regresó con ellos.

Harry hizo un breve silencio.

-Que hagamos la fila.

Tres horas y cuarenta y cinco minutos después, Harry, Ron y Hermione habían llegado a la parte delantera de la fila, donde solo una familia de muggles que tenían delante los separaba del bendito mostrador donde finalmente alguien los podría ayudar, suponían.

-No puedo creer que estuvimos cuatro horas haciendo esta fila -Ron tenía los ojos rojos, inyectados en sangre. La falta de comida en su sangre estaba teniendo efectos físicos en él. A diferencia de los seres humanos normales, parecía que el estar más de seis horas sin comer tenía un efecto en él que lo ponía pálido y con expresión de asesino serial.

-Ya… ya llegamos -Hermione, que parecía al borde del colapso, con su cabello despeinado y expresión demente se llevó ambas manos al pecho cuando la familia que tenían delante pasó al mostrador, y finalmente sintieron que les llegaría el turno a ellos.

Harry se sintió nervioso de pronto, sin saber por qué. El tener que reclamar cosas era algo que lo ponía muy nervioso, por algún motivo.

Finalmente, fue el turno de ellos. Los tres avanzaron hacia el mostrador, y Harry sintió que sus piernas eran de gelatina. Algo dentro suyo le decía que no obtendrían sus maletas y sus varitas, y esa sensación lo angustiaba.

-Hola, buenas tardes… -empezó Hermione, dirigiéndose a la mujer muggle que atendía en el mostrador.

-Seulement français -dijo la bruja, con mal humor.

Los tres quedaron de piedra. Harry fue el primero en reaccionar.

-¿Me está tomando el pelo? ¡Hicimos una cola de cuatro horas, ¿y usted dice que sólo pueden atendernos en francés?! ¡Inglaterra les salvó el trasero en la segunda guerra mundial!

-Eso no es cierto -le dijo Hermione.

-Qué me importa. No entiende nada de lo que digo -Harry estaba que echaba humos. Ron, a su lado, parecía a punto de caer desmayado al piso por la falta de comida.

-Déjenme hablar a mí -Hermione se aclaró la garganta-. Excusez-moi, madame, bon après-midi. Pourriez-vous s'il vous plaît nous aider? Nos bagages et baguettes magiques semblent avoir été perdus.

Harry y Ron abrieron grandes los ojos.

-Vaya, no sabía que hablaras tan bien francés -dijo Harry-. Esas vacaciones que pasaste aquí con tus padres antes de tercer año realmente fueron productivas.

-También leí algunos libros sobre el idioma -confesó ella.

La mujer le sonrió a Hermione, como si el hecho de que hablara en francés dejara de hacerla sentir irritada y ahora fuera a ser más amable con ellos. Harry lanzó un suspiro de alivio.

-Dans cette rangée -dijo la mujer, señalando a un lado. Hermione le sonrió, tiró del brazo de sus amigos y los tres abandonaron el mostrador. Harry y Ron lucían confundidos.

-Qué bueno que se entendieron tan bien -dijo Ron, asombrado-. ¿Qué te dijo?

-Que la fila para equipaje perdido es aquella -dijo Hermione, señalando a un lado.

Harry y Ron miraron allí, y vieron que en aquel sector había una fila cinco veces más grande que la que habían hecho ellos.

Ron se puso lívido y finalmente cayó al suelo, desmayado.

-¡Ron! -Harry se lanzó el suelo y trató de reanimar a su amigo, sacudiéndolo por los hombros-. ¡Ron! ¡Despierta, Ron!

-Tengo una idea -dijo Hermione entonces, y miró alrededor con expresión de alarma-. À l'aide! À l'aide! Estoy pidiendo ayuda -le explicó a Harry.

-Buena idea -dijo Harry, y empezó a gritar también-. ¡A LÁIDENNOS, POR FAVOR!

-No es así como se dice -lo reprendió ella.

-No me importa. ¡Á LAÍDENNOS, GENTE! ¡Y TRAIGAN NUESTRAS BAGGAGEMS! ¡Y MAGIQUÉ VARITÉS!

-Eso que estás hablando no es francés, Harry, es… Harryncés.

Una bruja con uniforme de empleada del aeropuerto se acercó a ellos corriendo.

-Que s'est-il passé? -dijo, señalando a Ron, que yacía en el suelo.

-Il s'est évanoui! Vous avez un besoin urgent de votre baguette, cela dépend de la baguette! -le dijo Hermione, muy alarmada.

-¿Qué le dices? -preguntó Harry por lo bajo.

-Que Ron es varito-dependiente y necesita su propia varita con urgencia.

-Eso no tiene ningún sentido, Hermione, pero tú sigue adelante. Si funciona, te juro que te besaré.

Hermione se ruborizó completamente.

-OH MON DIEU, SEIGNEUR JÉSUS! -gritó la empleada, totalmente escandalizada, sujetándose el pecho-. CELA DÉPEND DE LA BAGUETTE!

Harry y Hermione se miraron entre sí con complicidad. Ambos estaban pensando lo mismo: O aquello había funcionado demasiado bien, o algo extraño pasaba allí. Porque la empleada de pronto estaba totalmente escandalizada y alarmada, llamando gente a los gritos y agitando los brazos desesperada. Dos empleados más del aeropuerto se acercaron, y los tres hablaban en francés a toda velocidad en torno al cuerpo de Ron.

-NOUS DEVONS FAIRE QUELQUE CHOSE DE TOUTE URGENCE! -gritaba la mujer, señalando a Ron, luego a Hermione, y luego a Harry-. CELA DÉPEND DE LA BAGUETTE!

Los tres se miraban entre sí y asentían frenéticamente.

-¿Qué dicen? -le preguntó Harry a Hermione.

-Que tienen que actuar urgente… porque Ron es varito-dependiente… -Hermione miraba a los tres magos no muy convencida, sin embargo.

-Cela dépend de la baguette -repitió uno de los tres magos, asintiendo y tomando nota en una libreta. Ahora Harry sabía que eso significaba "él es varito-dependiente".

-Cela dépend de la baguette, oui oui -repitió el otro, asintiendo también.

Entonces, los tres muggles hicieron silencio. Los dos hombres y la mujer que había llegado primero compartieron una mirada, primero seria. Luego miraron a Hermione y Harry, y volvieron a mirarse entre sí. Pero, entonces, rompieron en carcajadas.

Hermione se ruborizó nuevamente, esta vez con furia. Harry se quedó de piedra.

Los tres magos se desternillaban de la risa ante ellos, a más no poder. Los empezaron a señalar con el dedo y a reír más y más fuerte.

-CELA DÉPEND DE LA BAGUETTE! -chillaba uno, sujetándose el pecho mientras reía con todo, a carcajadas vivas, señalando a Hermione y dándole patadas al suelo. Se descostillaban de la risa a más no poder.

-CELA DÉPEND DE LA BAGUETTE! ET JE SUIS BLANCHE-NEIGE! JA, JA, JA, JA!

Harry los miró frío como el hielo.

-¿Qué dijo? -le preguntó a Hermione, lentamente.

-Dijo: "y yo soy Blancanieves" -le tradujo ella.

Sin dejar de matarse de la risa por un segundo, los tres empleados se dieron palmadas en los hombros, mientras se limpiaban las lágrimas de tanto reír, y se marcharon de allí, sin dejar de hablar fluidamente en francés, seguramente comentando lo gracioso que había sido tomarles el pelo de esa forma.

Harry y Hermione se quedaron allí solos, con Ron que seguía tendido en el suelo. De pronto, Ron abrió los ojos y giró la cara hacia ellos.

-Estoy bien, por cierto -les dijo, con incluso más ira que ellos en la voz-. Solo estaba haciéndome el tonto para ver si funcionaba tu plan, Hermione.

Harry le tendió la mano y lo ayudó a ponerse de pie.

-Bien… Veo que tendremos que hacer la otra fila -concluyó.

Los tres se miraron entre sí con amargura.

-Al menos comamos una hamburguesa primero en aquel McDonald's -dijo Ron, señalando a un sector de comidas rápidas en el aeropuerto-. Si no tienen dinero muggle, juro que se lo robo a alguno. Ya no me importa nada.

-No, yo tengo -Hermione rebuscó en su bolsito de cuentas-. Tengo libras, pero vi una casa de cambio por allá. Vamos.

-Yo iré haciendo la otra fila, vayan ustedes -dijo Harry, de mal humor.

-¿Estás seguro, Harry?

-Sí, sí. Cómprenme una para llevar y me la alcanzan a la fila si quieren.

-De acuerdo -dijo Hermione.

Aun no salían de la vergüenza y la ira por lo que acababa de pasarles. Harry se dirigió a la otra fila y, cinco horas y media después, los tres amigos estaban ante el siguiente mostrador de atención al cliente. Ahora Ron, ya habiendo comido, dormía profundamente en el suelo, hecho un ovillo, y Harry lo empujaba arrastrándolo hacia adelante cada vez que la fila avanzaba.

Parecían vagabundos.

-Hola, muy buenas tardes -los saludó una mujer, cuando llegaron ante ese mostrador.

-Ah, claro, tú si que hablas inglés, ¿verdad? -dijo Harry, con sarcasmo.

-Por supuesto, esto es un aeropuerto -dijo ella, sin comprender el tono de voz de Harry-. Hablamos en inglés.

No dijeron nada. Harry deseaba con todo su ser matar a alguno de esos muggles reventándole la cabeza contra el mostrador, pero se contuvo. Ron roncaba hecho un ovillo en el suelo. Hermione tomó la palabra.

-Señora, hace más de nueve horas estamos haciendo filas aquí, para recuperar nuestras cosas -ni siquiera Hermione era ya educada, hastiada de la situación-. Se han reído de nosotros, nos han mal tratado…

-¿En qué puedo servirles yo? -dijo la mujer, impaciente, borrando la sonrisa de su rostro.

-¡Queremos nuestras cosas!

-Bien -dijo ella, pasando sus dedos por el teclado de su computadora a toda velocidad-. ¿Número de vuelo?

Hermione empezó a rebuscar en los papeles a toda velocidad.

-7965, de British Airways -le indicó.

-British Airways es en aquella fila -dijo la mujer, señalando a unos diez metros a lo lejos.

Harry saltó encima del mostrador, tomó a la mujer del cuello y empezó a ahorcarla.

-¡MUERE! -le gritó, fuera de sí-. ¡MUERE, MALDITA PERRA!

Hermione saltó encima del mostrador también. Primero Harry pensó que para detenerlo, pero entonces vio que estaba ahorcando a la empleada también.

-À L'AIDE! -gritaba la empleada, ahogada y con la lengua colgando a un lado de la cara, los ojos mirando arriba y abajo, desorbitados-. À L'AIDE!

Veinte muggles de seguridad entonces se acercaron corriendo hacia ellos, sacaron sus armas y los apuntaron, amenazantes y gritando toda clase de cosas en francés. Harry veía todo borroso, y pensaba que eso era una pesadilla.

-¡CUIDADO, HERMIONE! -gritó entonces, cuando vio que uno de los muggles de seguridad parecía a punto de disparar-. ¡NO!

Entonces, Harry metió la mano dentro del bolsillo de su túnica, por puro instinto. Y sacó su varita.

Sin darse cuenta de lo que estaba pasando, apuntó con su varita al muggle de seguridad, le lanzó un encantamiento de desarme, y su arma voló por los aires, perdiéndose lejos.

Al instante, todos los muggles empezaron a dispararles. Harry, con una velocidad asombrosa, conjuró un escudo defensivo en torno a los tres, y las balas muggle impactaron en él cayendo luego al suelo sin provocarles ningún daño.

-¡Harry! -dijo Ron entonces, incorporándose, despierto otra vez-. ¡Tienes tu varita! -tenía una sonrisa completamente fuera de lugar en medio de aquella ocasión, una sonrisa muy alegre como si estuvieran los tres tomando el té en un parque soleado-. ¡Finalmente te la dieron!

-¿Cómo dices? -Harry miró su propia mano, asombrado de comprobar que su amigo tenía razón. Su varita estaba en su mano. ¿Cómo era posible?

-No me… no me dejaron… terminar -dijo la empleada del mostrador, que estaba tirada en el piso con la cara roja y temblaba y se sacudía por el shock-. Les iba… a decir… que British Airways es en aquel mostrador… pero eso es para los muggles… A los magos se les reintegran las cosas… mediante magia… automáticamente… en cuanto son halladas…

Harry miró a su alrededor, y vio que su maleta había aparecido también, a su lado, convocada de la nada mediante magia. También estaba el bolsito de cuentas de Hermione y la maleta de Ron.

-Oh- Vaya -Harry no sabía qué decir-. Yo… eh… muchas gracias -trató de esbozar una sonrisa.

-Bien… nosotros… Ya nos vamos, entonces -dijo Hermione, tímidamente.

-No tan rápido -dijo un muggle de seguridad, acercándose a ellos con tres esposas, y esposando a Harry-. Están detenidos, los tres, por disturbios públicos.

-Ah, claro, ahora todos hablan inglés -se quejó Harry, mientras le quitaban su varita y le ponían las manos detrás de la espalda. Dos muggles más pusieron a Ron con la cara contra el suelo y lo esposaron también. Otro muggle empezó a tantear el cuerpo de Hermione en busca de armas.

-Oiga, no se aproveche -se quejó la muchacha-. Me está tocando todo el cuerpo.

-Estamos buscando armas -dijo el muggle, mientras la palmeaba por todos lados.

-¿Por qué a ellos no? Maldito violador -le espetó Hermione.

-Sáquenles las cosas, incáutenlas -le dio un muggle la orden a otro, señalando las maletas y las varitas de los tres chicos, que se las habían quitado.

-De inmediato, señor -el muggle reunió todas las pertenencias de los tres amigos y se las llevó lejos de allí.

-¡NOOO! -aulló Ron, al ver como las maletas y las varitas se iban lejos de su alcance, después de todo lo que habían tenido que pasar para recuperarlas, extendiendo su brazo hacia ellas con el rostro desconfigurado por el horror-. ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!

-Llévenselos de aquí -dijo un muggle que parecía ser el jefe de seguridad, haciendo un ademán casi con asco, mientras se encendía un cigarro y empezaba a fumar.

-Señor, no se puede fumar en un aeropuerto -le dijo la empleada, que aún luchaba por recuperar el aliento.

-Llévensela a ella también -dijo él entonces, mirando a la empleada con superioridad y asco también-. Para interrogarla.

-Maldito bastardo -le dijo la empleada, mientras la esposaban también y se la llevaban con Harry, Ron y Hermione lejos de allí-. JE SAIS QUE VOUS TROMPEZ VOTRE FEMME AVEC TOUTES LES HÔTESSES, FRANCESCO, JE VAIS LE DIRE À ADÉLAÏDE!

Le lanzó un escupitajo, mientras se la llevaban, pataleando.

-MOURIR, PUTAIN DE COUREUR DE JUPON! -le gritó, desaforada, mientras la arrastraban lejos de allí.

Harry, arrastrado por dos muggles, fue forzado a caminar hacia una puerta que conducía lejos de la zona pública del aeropuerto y hacia un área de detención.

Sintió un retorcijón en el estómago, y maldijo por lo bajo.

Y así fue como comenzó su viaje.