9. París, FR
Harry, Ron y Hermione se encontraron al día siguiente sentados en el suelo de una cárcel de muggles en París, Francia. La celda era compartida por ellos tres y la empleada del aeropuerto, que seguía vestida con su traje de empleada de aeropuerto, muy formal, y exageradamente maquillada. Pero ahora el maquillaje estaba todo corrido por su cara y lucía lúgubre y sombría.
-Francesco, asqueroso bastardo -murmuraba ella, por lo bajo. Aprendieron que se llamaba Joselié y conocía al jefe de seguridad que los había llevado detenidos. También les contó toda la compleja historia de ese hombre y las mujeres que trabajaban en el aeropuerto, a las que al parecer había conquistado, engañado y hasta estafado con dinero, entre muchas otras historias internas que no dejaba de contarles. -Cuando le diga a Adelaide, finalmente lo dejará para siempre.
Ron tenía una expresión que indicaba que, si le dieran su varita, lo primero que haría sería utilizarla para lanzarse un Avada Kedavra a sí mismo.
Se acercó un guardia de seguridad, de pronto, y abrió la puerta de la celda.
-Están libres, han pagado su fianza -anunció, de mal humor.
Se pusieron los cuatro de pie, al instante.
-¿Quién? -quiso saber Harry.
El guardia se encogió de hombros como única respuesta.
Harry, Ron y Hermione se volvieron hacia Joselié para despedirse, pero el guardia indicó con un ademán desganado que ella también podía salir.
-La de los cuatro -dijo, impaciente, indicando que salieran todos.
Se miraron entre sí, confundidos. Los cuatro salieron de la celda y empezaron a caminar por el pasillo exterior.
-¿Me das mi varita? -le pidió Ron, sin ánimos. El guardia le lanzó una mirada furibunda como respuesta, y no le dio nada. Ron siguió de largo, resoplando.
-¿Quién habrá pagado nuestra fianza? -preguntaba Hermione, confundida-. No conocemos a nadie aquí en Fran…
Y, antes de que pudiera terminar la palabra, vieron que había una mujer al fondo del pasillo. Una mujer de unos treinta años con cabello rubio platinado, ojos azules oscuros y que parecía emanar un brillo encantador, que hizo a Harry sentir una vez más en su vida con esa especie de atracción que solo las veelas podían generar en un hombre, ya fuera este heterosexual o gay, por lo que estaba comprobando en ese momento.
-¿Fleur? -dijo Ron, mientras avanzaban.
Pero no. No era Fleur. Era parecida, pero no era ella.
-Gabrielle -corrigió la mujer, sonriéndoles ampliamente-. Hola, chicos.
-Hola -dijo Harry, con la mandíbula abierta. ¿Por qué lo atraía tanto? Si él era gay.
-Supe que estaban aquí y tuve que venir a sacarlos -dijo la mujer-. Les debo mucho a ustedes… -su mirada se detuvo en Harry, de una forma tan penetrante que el muchacho sintió la necesidad forzosa de tragar saliva y se puso lívido sin saber por qué.
-Gracias -dijo Hermione, un tanto nerviosa-. ¿Cómo supiste lo que nos pasó?
-Lo vi en las noticias. Estaba por todos lados.
Quedaron todos que se morían de la vergüenza.
-Gracias por sacarme a mí también, no era necesario -le dijo Joselié-. Te lo pagaré.
-No te preocupes -Gabrielle hizo un ademán hacia ella, restándole importancia-. ¿Les gustaría salir de aquí?
-Si, enseguida -dijo Ron, afirmativo-. En cuanto me den mi…
-No tenemos sus cosas -dijo el guardia de seguridad, enojado-. Se envían a analizar a un departamento externo en busca de narcóticos, sustancias mágicas peligrosas o pociones que pudieran tener.
-No tenemos nada de eso, maldito…
Hermione tapó la boca de Ron con la mano, temerosa de que los encarcelaran de nuevo.
El guardia lo fulminó con la mirada.
-Las podrán venir a retirar en cuanto terminen las inspecciones. Ahora lárgate de aquí, pelirrojo.
Harry tomó a Ron del brazo y tiró de él.
-Vámonos, Ron. No vale la pena.
Salieron los cinco a la calle exterior, y al ver tras ellos descubrieron que los habían llevado a una cárcel llamada Prisión de La Santé. Empezaron a caminar bajo un sol impactante por unas calles antiguas exteriores, tratando de alejarse lo más posible de allí mientras hablaban.
-Años sin verte, Gabrielle -dijo Hermione-. Estás tan grande. Antes eras solo una niña.
-Bueno, ha pasado mucho tiempo -dijo ella, siempre sonriente, caminando con elegancia junto a ellos-. Cuando me conocieron, en el Torneo de los Tres Magos, tenía solo ocho años. Pero eso fue en 1994, hace mucho tiempo. Ahora es 2019…
-A veces olvido en qué año estamos -dijo Harry, nervioso-. ¿Vives aquí en París?
-Sí -dijo ella-. Vivo sola en un apartamento en el centro. Hace años decidí irme de la mansión de mi familia, que tienen en las afueras. Decidí cambiar los lujos de una vida simple en la que no nos faltaba nada, a algo que requiriera un poco más de trabajo y esfuerzo. Por eso ahora trabajo en el Ministerio francés de magia. Tengo un sueldo normal, y me mantengo a mí misma. Mis padres estaban horrorizados cuando les dije lo que quería hacer con mi vida. Primero Fleur se casa con un Weasley, y luego yo…
Ron le dirigió una mirada de pocos amigos.
-No es que tenga nada malo casarse con un Weasley -aclaró ella, rápidamente, captando su mirada-. Pero es que mi familia ha tenido un status de prestigio y sangre durante generaciones…
A ese nivel de la conversación, todos parecían estar odiándola un poco. Todos menos Harry, que no podía dejar de sentir una especie de necesidad de besarle el cuello que era increíblemente difícil de reprimir.
-Vamos a comer algo por acá -sugirió entonces Joselié-. Tengo que ir a un baño a limpiarme la cara urgente. Estoy hecha un asco.
-Sí, claro -dijo Hermione.
Los cinco entraron a un lugar llamado La Vie d'Ange, un restaurante muggle. Tomaron asiento mientras Joselié corría al baño a arreglarse, y ordenaron comida.
-Hoy tenemos 20% de descuento para magos si pagan en sickles -les informó la moza.
-Vaya, el mundo muggle se adaptó muy rápido a los magos -comentó Hermione.
-¿De dónde conocen a la chica? -quiso saber Gabrielle, apuntando con la cabeza al baño.
-Ah, ella es Joselié -dijo Ron-. Empleada del aeropuerto. Harry y Hermione casi la matan estrangulándola, y luego de eso como que nos hicimos amigos en prisión. Esa es la historia, más o menos.
-Interesante -dijo Gabrielle, apoyando el mentón en una mano.
-Gracias por sacarnos, de nuevo -dijo Hermione-. No sé que hubiéramos hecho sino en una prisión aquí. Y aun no tenemos nuestras cosas.
-Están haciendo el Magic World Tour, ¿verdad? -les preguntó la chica.
-Sí, así es -dijo Harry-. ¿Lo conocen aquí?
-Pues claro, está en todo el mundo -dijo ella, encogiéndose de hombros, como diciendo algo obvio.
-No, no lo está -Hermione frunció el ceño-. Es un programa del gobierno de Gran Bretaña que…
-Es de todo el mundo -la corrigió ella al instante, y eso hizo que Hermione se pusiera roja al instante. Harry la conocía lo suficiente para saber que el hecho de que alguien la contradijera era lo que más debía molestarle en el mundo. -Quizás antiguamente fuera algo solo del gobierno de Gran Bretaña. Pero desde hace unos años, desde el 2017 o algo así, se hace ya en todo el mundo. Verán viajeros de todas partes del mundo haciéndolo y buscando las pepitas de oro.
-¿Así que eso es lo que uno debe buscar? ¿Pepitas de oro? -preguntó Harry.
Hermione no dijo más nada. Estaba ofendida porque pusieran en duda su conocimiento. Pero aún más porque tuvieran razón, supo Harry.
-Sí, pepitas de oro -confirmó Gabrielle, y recibió su plato, que la moza acababa de servirle primero-. Y tengo información sobre donde está la pepita de París. Es bastante fácil de imaginar…
-¿La Torre Eiffel?
-Sí -dijo ella, sonriente-. Muy bien, Harry -le guiñó un ojo, y Harry sintió que se le retorcían las tripas. ¿Cómo podía ser tan hermosa?
-Harry es gay ahora -soltó Ron entonces, para sorpresa de Harry, que de pronto sitió deseos de romperle la cara de un puñetazo.
-No es cierto -dijo Harry al instante.
-¿Cómo que no? -dijo Hermione, muy sorprendida.
-Bueno, sigues siendo muy famoso en 2019 -dijo Gabrielle-. Aunque la gente dejó de hablar de ti entre el 2000 y el 2019, volviste a ser famoso hace unos meses, Harry. Y todos saben que eres gay ahora.
-He matado a Voldemort, al Cazador de Brujas, he muerto para salvar a la humanidad en otro universo, y he luchado en la Guerra de los Universos, ¿y la gente habla de mi sexualidad?
-Así es la gente -Gabrielle se encogió de hombros-. De cualquier forma, Harry, todos saben que la Guerra de los Universos se ganó gracias a Hermione, que se sacrificó por la humanidad.
Hermione se ruborizó, esta vez ya no con ira. Ron quedó súbitamente en un silencio atroz, alumbrado por el fantasma de quien había sido su novia.
-¿Cómo es eso de que no eres gay, Harry? -preguntó Hermione, retomando el tema, mientras le dejaban su plato de comida y Joselié regresaba del baño, con la cara lavada, ya sin maquillaje.
-Te ves mucho mejor -le dijo Ron, apartándole la silla de pronto para que se siente, una acción que no pasó desapercibida para Harry y Hermione, que miraron a su amigo con el ceño fruncido.
-Gracias -dijo la chica muggle, tomando asiento a su lado.
-No. Es decir, si lo fui, claro -aclaró Harry-. Pero ya no sé. Creo que soy bisexual, o que fue solo una etapa. Es decir, antes de eso había estado enamorado de chicas. Varias veces.
-Como Ginny -dijo Gabrielle, que parecía muy interesada en la vida romántica de Harry.
-Sí, como Ginny -dijo él, mirando a la chica sin dejar de sentirse de esa forma extraña-. Y bueno, también salí con ella en un par de universos -señaló con un ademán a Hermione, que se puso ruborizada por tercera vez consecutiva.
-Cuéntanos de ti, Joselié -dijo Ron entonces, cambiando de tema y apoyando el mentón en la palma de una mano, de una forma que no lucía para nada como él-. ¿Estás de novia?
Si a Harry le quedaba alguna duda de que su amigo hubiera descubierto un nuevo interés amoroso, ahora ya no.
-Sí -dijo Joselié entonces, y Harry pudo ver en la cara de Ron cómo el corazón de su amigo explotaba de forma invisible en mil pedazos dentro suyo, justo detrás de los bellos pelirrojos que poblaban su pecho. -Estoy casada, de hecho.
Luego del segundo comentario, fue como si los ojos de Ron mostraran que los pedazos de su corazón también habían estallado en una segunda explosión, derramando pedacitos de corazón roto por todo su interior.
-De hecho, este es mi segundo matrimonio -explicó Joselié, mientras comía-. Mi ex me dejó el año pasado por una bruja. Creo que ahora se fue con ella a uno de los pueblos mágicos que hay aquí en Francia, a vivir.
-¿Y te casaste de vuelta en un año? -preguntó Hermione-. Qué rápido.
-El amor es así -dijo ella, sonriente. Tenía unos enormes ojos verdes que de hecho eran algo parecidos a los de Harry, pero su cabello era castaño oscuro. Debía tener unos veinticinco años. Ron pinchó un pedazo de macarrón con demasiada fuerza innecesaria. Lucía más malhumorado que nunca. -Debería volver a casa, de hecho, o Antoine podría preocuparse.
-Sí, claro -dijo Hermione, asintiendo. Su expresión era extrañamente de una especie de satisfacción, al parecer luego del fiasco que se acababa de llevar Ron.
Harry se quedó en silencio tratando de ordenar ideas en su cabeza. Se sentía muy confundido. Unos días atrás, en la piscina, había mirado a Ron deseando que algo pasara con él, invadido por el recuerdo de Negro, su ex. Ahora, sin embargo, sentía que Ron ya no le generaba nada. Desde que había aparecido Gabrielle ese día, su corazón latía deprisa y sus ojos no se apartaban de la blanca piel de esa chica. ¿Por qué tenía tantos deseos de lanzarse sobre ella y besarla?
-¿Y tienes hijos? -preguntó Gabrielle a Joselié.
-No, no -la muchacha, aún sonriente, se llevó el tenedor a la boca y alzó la mirada hacia la punta opuesta del restaurante. Pero se quedó allí, con el tenedor suspendido en el aire, sin llevarse el bocado a la boca.
Gabrielle frunció el ceño. Harry también se quedó mirándola.
-¿Pasa algo?
Entonces, la expresión de Joselié mutó completamente. El tenedor se le cayó sobre la mesa con estruendo, y su sonrisa se transformó en una mueca al tiempo que sus ojos verdes se abrían quedando incluso más grandes de lo que ya eran, al igual que su boca, quedando entreabierta y con una expresión de horror.
Todos miraron hacia donde la chica tenía clavada la mirada, sin comprender qué le pasaba. No parecía haber nada extraño allí. Solo mesas llenas de gente comiendo, parejas conversando, riendo…
Joselié se puso de pie de un salto y empezó a caminar a zancadas hacia una mesa que estaba en el extremo opuesto del restaurante, donde una parejita comía mirándose a los ojos y tomados de la mano.
-FILS DE PUTE! -aulló la chica, totalmente transformada.
La parejita apartó la mirada el uno del otro al instante y la dirigieron a la recién llegada, escandalizados. Joselié, hecha una furia y con una demencia inimaginada, se acercó al hombre y le dio un cachetazo con tanta fuerza que su cara giró hasta quedar mirando para el lado opuesto que antes.
-PUTAIN DE CONNARD! -gritó Joselié, y le dio otro cachetazo igual de fuerte. La chica apartó su silla hacia atrás. Todo el restaurante hizo silencio y dirigieron la mirada hacia esa mesa. -VA TE FAIRE METTRE, CONNARD, PÉDE, PUTE, FIOTTE, SALOPE, TARLOUSE!
El hombre saltó de su asiento y trató de defenderse alzando dos manos, de los cachetazos y escupitajos que le lanzaba Joselié. Parecía que, por lo que habían visto en ella las dos veces que perdió la razón insultando a más no poder en las pocas horas que llevaban conociéndola, su principal estrategia de ataque era escupir sobre su oponente.
-Ce n'est pas ce qu'il semble! -gritaba el atacado, mientras se cubría la cara con ambas manos y trataba de esquivar los escupitajos.
-TA MÈRE N'EST PAS CE QU'IL SEMBLE! -aulló Joselié, desaforada, y empezó a darle puñetazos.
-Sortons d'ici, mon amor! -dijo la otra chica, asustada, saltando de su asiento y tomando al hombre de un brazo, mientras pretendía arrastrarlo hacia la puerta, para salir del restaurante.
-VOTRE AMOUR, LE BITE! -gritó Joselié, ronca por el nivel de voz, y todos en el restaurante contuvieron un gemido ante sus palabras.
-¿Qué dicen? -quiso saber Ron, muy curioso.
-La amante dijo "vámonos de aquí, amor", y Joselié le dijo "tu amor, la verga".
Harry miró a Joselié, muy sorprendido. La chica sacó a la parejita a los golpes del restaurante, lanzando patadas y puñetazos, pero sobre todo escupitajos. Luego de que la parejita se marchó, la chica se dejó caer al suelo y rompió en llantos.
Los otros cuatro se pararon de la mesa y fueron corriendo hacia ella. Bueno, todos menos Ron, que primero se tragó el resto de su plato a toda velocidad. Luego también fue tras ellos, solo regresando a la mesa rápidamente a buscar un pedazo de pan que le había sobrado, y entonces sí se reunió con el resto.
-¿Estás bien? -le preguntó Harry, tomándola por los hombros.
-¡Ese hijo de puta! -chilló la chica, lloriqueando-. ¡Lo sabía! ¡Sabía que me engañaba con esa puta!
Estuvieron un buen rato tratando de calmarla. La chica se sacudía aún en llantos mientras avanzaban por la calle lejos de allí, sin saber a donde ir. Como era evidente, había agarrado a su marido con otra, justo en ese preciso instante, finalizando por completo su relación para siempre. Cuando finalmente pudo dejar de llorar, les contó que sospechaba del engaño hacía unas semanas. No podía creer que estando ella prisionera, y habiendo esa información salido por todos los canales de noticias en la tele, el tipo hubiera estado aprovechando su ausencia para salir a comer con la otra. Pero así había sido.
Los cinco caminaron por las calles de París, tratando de poder dejar atrás lo sucedido. Se tomaron un ómnibus que los dejó en el centro, y trataron de animar a Joselié con un pequeño paseo por la Île de la Cité, el lugar donde estaba la Catedral de Notre Dame.
-Qué linda zona -comentaba Hermione, tratando de cambiar el tema de conversación. Gabrielle iba muy sonriente por las calles, como si no le importara tres carajos la situación de la empleada del aeropuerto; y Ron sonreía como si lo que hubiese ocurrido fuera una victoria personal. Joselié iba cabizbaja junto a ellos, al parecer sin saber a dónde más ir.
-Allí está también la Santa Capilla -dijo Hermione, señalando a un templo gótico muy impresionante que se alzaba a la distancia-. Este lugar esta lleno de arte… Me encantó cuando vine por primera vez con mi familia.
-Capilla puta -maldijo Joselié, con pesimismo. Tenía expresión sombría y lúgubre.
-Me encanta ese templo -dijo Gabrielle, simpática.
-Templo puto -murmuró Joselié.
-Vamos, Joselié, ¿cómo te dicen tus amigos? -trató de animarla Ron.
-No tengo amigos. Todo lo que tenía era a Antoine. Maldito mal nacido hijo de puta.
-Ahora nos tienes a nosotros -dijo Ron. Hermione le lanzó una mirada. -Puedes unirte a nosotros en el MWT. ¿No es cierto, chicos?
Nadie le respondió ni dijo nada. Hermione abrió los ojos exageradamente.
-Oh, gracias -dijo Joselié-. Será bueno para mí unirme a ustedes en su viaje. Quizás ver todos estos templos putos me pueda animar un poco.
Gabrielle revoleó los ojos.
Luego de pasar una tarde conociendo la Santa Capilla y la Catedral de Notre Dame, así como La Ménagerie y un jardín con zoológico, y el Muséum national d'Historie naturalle, Gabrielle les dijo que podían quedarse en su apartamento a dormir esa noche.
Finalmente, sentados a la mesa del departamento de la joven, comiendo una comida elaborada por Hermione con unas antiguas ventanas abiertas con vista a la hermosa ciudad, al Río Sena e incluso a la Torre Eiffel a lo lejos; se sintieron cómodos y descansando después de un arduo viaje.
-¿Quién hubiera dicho que acabaríamos en tu casa, Gabrielle? -comentó Ron, que estaba de mucho mejor humor, mientras tragaba a enormes bocados una pata de pollo rostizado, masticando y hablando a la vez-. ¿Y contigo, Joselié, luego de haber estado ahorcándote hace solo unas horas por no habernos atendido bien?
Hermione se atragantó con el pollo.
-¡Ron! -lo reprendió.
-Está bien -dijo la aludida, que seguía cabizbaja.
-Lo que quiero decir -siguió Ron, apuntando con su pata de pollo a Joselié, la cual asía con la mano-, es que es súper loco. ¿No lo creen? Este viaje definitivamente traerá cosas inesperadas a nuestras vidas.
-Tenemos nuevas amigas ahora -dijo Harry, comiendo con felicidad-. Y solo es el primer día.
-Y conocimos lugares geniales -dijo Ron-. Me gusta París. Me molesta un poco la discriminación que hay hacia los ingleses, cuando hablas en inglés, por ejemplo, pero más allá de eso…
-No es cierto -dijo Gabrielle-. No somos así. Solo algunos pocos.
-Me voy a dormir -declaró Hermione, terminando su comida-. No sé ustedes, pero estoy fulminada. Fue un día larguísimo. Desperté en la cárcel, de hecho. Nuevamente, Gabrielle, muchísimas gracias por habernos sacado de allí y recibirnos en tu casa.
-De nada -dijo la joven, contenta-. Es un placer verlos nuevamente. Les preparé unas recámaras extendidas mediante magia. Sé que ninguno de ustedes puede hacer magia hasta que les devuelvan sus varitas, así que no duden en pedirme lo que necesiten. Y sé que tampoco tienen aún sus maletas y sus cosas, así que les dejé pijamas que mi familia me mandó en la tarde por medio de la vieja lechuza familiar, Madame Piké.
-¿Tu lechuza familiar se llama Madame Piké? -preguntó Ron.
-Sí -dijo ella, contenta-. Cualquier otra cosa que pueda hacer por ustedes, háganmelo saber.
Le agradecieron todos por su hospitalidad, y se pusieron de pie. Hermione y Joselié se despidieron primero y fueron hacia una recámara con dos camas que Gabrielle les había preparado. Luego de darles las buenas noches, las dos chicas desaparecieron tras la puerta. Luego Ron y Harry se despidieron, y empezaron a caminar hacia el otro cuarto que la chica había preparado.
Bostezando, Ron ya había cruzado la puerta y se había metido al cuarto, cuando Harry, que iba tras él, sintió que lo sujetaban del brazo.
-A ese cuarto le puse solo una cama -le dijo la suave y delicada voz de Gabrielle. Harry se detuvo, sintiendo el tacto de la suave mano de la chica en su brazo. Se dio la vuelta lentamente, girando la cara hacia ella y mirándola con un nudo en la garganta. -Tú vienes conmigo -declaró la chica entonces, con la misma sonrisa que había tenido todo el día, sus ojos azules clavados en los verdes ojos de Harry.
-¿Ah sí? -sintiéndose un estúpido, Harry no supo qué otra cosa decir.
-Sí -dijo ella, radiante y con los ojos brillando como alguien que mira algo codiciado, algo que muriera de ganas por tener. Esa mirada le erizó los bellos del brazo, y se sintió como si fuera un niño de once años otra vez. -Harry, estoy esperando este momento desde que tengo ocho años -reveló la chica entonces, en un hilo de voz, un suave hilo de voz seductor y al mismo tiempo algo psicópata-. Desde que me rescataste de ese lago, hace tanto tiempo.
-Fue solo una prueba del Torneo… -empezó Harry, pero ella no lo dejó hablar.
-He añorado que llegara el día en que mi salvador y yo estuviéramos unidos de vuelta -dijo la chica, con la voz saliendo de su garganta de una forma extraña, su mano sujetando el brazo de Harry con firmeza y convicción. -Quiero que me hagas tuya, Harry. Quiero que me hagas el amor toda la noche, sin parar. Quiero que me poseas como a una puta. Te deseé toda mi vida, deseé que me dieras duro, bien duro. Toda mi adolescencia, toda mi juventud. Jamás se me borró el deseo de la cabeza. Estuve esperando esta noche toda mi vida.
-¿El deseo de toda tu vida es que te dé duro, bien duro, toda la noche? -dijo Harry en un susurro nervioso. Sentía perfectamente cómo sus encantos de veela tenían efecto en él.
-Vamos a mi habitación -dijo ella, con la urgencia en su mirada-. No aguanto un segundo más.
Tiró de su brazo, llevándolo a su habitación.
Harry sintió un poderoso nudo en el estómago mientras desaparecía con ella tras la puerta, con el corazón latiéndole a toda velocidad.
