10. Capítulo porno

Nota: Este capítulo no contiene ningún elemento relevante para la trama y las audiencias más sensibles pueden salteárselo tranquilamente sin perder absolutamente nada que tenga trascendencia para la historia.


Pose 1. De pie

Gabrielle empujó a Harry del brazo dentro del cuarto, dejó que la puerta se cerrara tras ellos y se acercó a él. Empezó a besarlo de inmediato, sus carnosos labios sobre los suyos, su dulce lengua recorriendo su boca. Harry sentía el gustito cálido de la lengua de la chica Delacour, la que alguna vez había sido solo una pequeña hermanita de Fleur. Pero ahora era una mujer diez años más grande que él, más madura que él, y que definitivamente sabía besar mejor que él.

De pie allí mismo, cerca de la puerta de su cuarto, se besaron mientras Gabrielle pasaba una mano por los musculosos brazos de Harry. El chico la tomó de la cintura, esa pequeña cintura que marcaba el cuerpo curvilíneo y muy bien desarrollado de ella. La calidez de su beso lo envolvió, y Harry sintió que se ponía erecto mientras Gabrielle se acercaba más a él y sus pelvis se rozaban entre sí.

La chica bajó una mano y empezó a masajearle la entrepierna, tocándole la erección con una mano mientras Harry la sujetaba con las dos manos de la cintura, atrayéndola hacia sí, y presionaba sus labios contra los de ella, acariciando la lengua de la chica con la suya.

Gabrielle apartó sus labios de los de Harry y empezó a recorrerlos por su mentón hasta llegar a su cuello, que se puso a besar con succiones mientras metía la mano por adentro del pantalón del chico y envolvía su pene con la mano directamente, cosa que hizo que una sensación subiera por todo el interior de Harry desde el estómago a la garganta.

La boca de Gabrielle fue bajando por su pecho, dándole besos por encima de la camisa. Finalmente, la chica se dejó caer al suelo de rodillas, ante él. Bajó la cremallera del pantalón del muchacho y sacó su miembro para afuera, dejándolo expuesto ante ella. Harry tragó saliva y cerró los ojos mientras Gabrielle empezaba a recorrer su erecto pene con los labios. Finalmente lo introdujo en su boca y empezó a mover su cabeza de atrás hacia adelante mientras se lo chupaba con ganas.

La adrenalina invadió la cabeza de Harry, haciéndolo sentir algo mareado. No sentía nada como aquello hacía tiempo ya, desde la última vez que algo así había tenido lugar en su vida, meses atrás. Entonces, creía que le gustaban los chicos, pero ahora ya no le quedaba ninguna duda de que, ya fuera por el encanto de veela de la rubia que estaba bajo él, o ya fuera por otra cosa, esa mujer lo volvía loco.

Gabrielle abrió sus hipnotizantes ojos azules y lo miró desde allí abajo con su miembro dentro de la boca, mientras lo succionaba y lo rozaba con su lengua una y otra vez. Continuó mamándolo en una sucesión rítmica que duró algunos minutos, con el placer invadiendo cada célula de la piel del cuerpo estremecido del chico.

Luego de eso, se puso de pie. Harry, con su corazón latiendo a toda velocidad, empezó a masajearle los pechos por encima de la ropa. La abrazó y la besó en la boca mientras le abría los botones del pantalón con las dos manos. Una vez el pantalón de la chica estuvo abierto, se concentró en su musculosa, que tiró hacia arriba. Gabrielle estiró los brazos y permitió que Harry se la sacara, quedando en sostén. Harry entonces bajó los labios por el cuello de la chica y sintió la sangre fluyendo rápidamente por el pálido cuerpo de la francesa. Le besó la parte superior de los pechos, mientras los acariciaba con ambas manos.

Gabrielle tiró de la camisa de Harry hacia arriba también, y se la quitó, arrojándola a un lado. El musculoso torso de Harry quedó al descubierto y ella lo acarició con un deseo fervoroso. Harry entonces llevó las manos a la espalda de ella y tiró del broche de su sostén, soltándolo. Se lo quitó y lo arrojó lejos también, observando como los enormes pechos de la chica colgaban desnudos ante él. Los acarició y besó sus pezones, succionándolos y soltándolos. Esos enormes pechos tenían una atracción que no había sentido antes por nada más, seguramente por sus encantos de veela. Eran simplemente perfectos.

Entonces, Gabrielle se agachó nuevamente y terminó de quitarle los pantalones, dejándolo completamente desnudo. Luego se quitó los suyos propios, revelando una pequeña pieza de ropa interior debajo que también se quitó al instante.

Harry la arrinconó contra una pared, su erecto miembro rozando la cintura de la chica mientras quedaban cerca el uno del otro. La tomó de la pequeña cintura con una mano, y la otra la pasó primero por uno de sus pechos, masajeándolo. Luego la bajó y empezó a acariciarle una nalga. Se acercó más a ella, hasta que sintió cómo su pene presionaba contra su pelvis.

Con una mano, Gabrielle dirigió el miembro de Harry por encima de su vagina, haciendo que el roce humedeciera el glande. Harry hizo un movimiento hacia adelante e hizo que la cabeza de su pene penetrara en ella ligeramente, solo unos centímetros. Mientras tanto, acariciaba una nalga de Gabrielle, y le besaba un pezón.

Empezó a mover su miembro por la parte exterior de su vagina, rozándola una y otra vez y penetrando unos cuantos centímetros ocasionalmente. Luego de eso metió la cabeza entera dentro, la sacó y la metió nuevamente. Gabrielle tenía los ojos cerrados y se mordía los labios con placer.

La chica abrió las piernas y entonces Harry la tomó del trasero con ambas manos y la sostuvo con la fuerza de sus musculosos brazos, mientras ella alzaba sus tonificadas piernas y las envolvía en torno a él, quedando suspendida en el aire.

Harry la apoyó contra la pared, las piernas de la chica rodeándolo, y, mientras la sostenía con ambas manos de las nalgas, la penetró completamente, contra la pared. Ella gimió y lanzó un gritito ahogado. Harry retiró su pene varios centímetros y lo introdujo de nuevo, penetrándola por segunda vez.

Ahogando otro gemido, Gabrielle se aferró de sus hombros con fuerza. Harry empezó a moverse rítmicamente hacia atrás y hacia adelante, penetrándola contra la pared y sintiendo cómo su pene entraba y salía continuamente de ella.


Pose 2. Misionero

Harry llevó a Gabrielle hacia la cama, aun alzándola en el aire, y la apoyo con cuidado sobre las sábanas. Entonces, empezó a besarle los pechos mientras ella extendía brazos y piernas, relajándose.

Harry le besó los pezones, luego pasó la lengua por su ombligo y la bajó hacia su clítoris, que empezó a besar con locura.

Gabrielle lanzó un manotazo hacia un lado de la cama, donde había dejado su varita momentos atrás. Con esfuerzo, lanzó en hilo de voz un encantamiento muffliato, tras lo cual pudo ponerse a gemir ya sin tener que preocuparse de que alguien los oyera.

Harry pasó la lengua por la vagina de la chica y ella, sintiendo los labios de Harry sobre su clítoris, se aferró a las sábanas con fuerza. De pronto apretó con los muslos la cabeza de Harry, que besaba y pasaba la lengua por su clítoris. Gabrielle tuvo su primer orgasmo apretando con fuerza la cabeza de Harry con los muslos, y arqueando la espalda hacia atrás sobre la cama.

Harry se incorporó y se posicionó sobre ella. Mantuvo sostenidas sus dos piernas con las manos mientras se ponía de rodillas frente a ella. Con ella boca arriba, y sus piernas alzadas en el aire y sostenidas por Harry, el chico la penetró otra vez. Con facilidad, su pene entró y salió mientras movía su cintura hacia adelante y hacia atrás.

Se movieron así un buen rato, Harry sintiendo cómo sus testículos golpeaban contra la parte del cuerpo de la francesa entre su vagina y su ano. Sus pálidas piernas pronto quedaron relajadas sobre sus hombros, Harry inclinado hacia adelante. Luego bajaron a la cama quedando ella con las piernas bien abiertas y Harry recostándose encima de ella, para besarla en los labios mientras la penetraba.


Pose 3. Perrito

Gabrielle, en un éxtasis de locura, se giró en la cama quedando boca abajo. Alzó el trasero y permitió que Harry la penetrara de esa forma. A esas alturas, la chica lanzaba gritos de placer que podrían haberse escuchado a cuadras de distancia si no fuera por el encantamiento muffliato.

Harry aumentó la velocidad y golpeó el enorme y tonificado trasero de la chica de cabello rubio platinado con su pelvis, su enorme pene introducido por completo dentro de ella.

Harry veía ante él la parte de atrás de la cabeza de ella, con el cabello rubio platinado perfecto cayendo en su espalda desnuda, alcanzaba a ver el contorno de sus pechos balanceándose mientras colgaban a centímetros de las sábanas, y tras la arqueada espalda de la chica su enorme trasero se alzaba ante él, su perfecto trasero que era grande, duro y firme.

En un éxtasis de locura, Harry quitó su pene de la vagina de Gabrielle y lo subió hacia su ano. Sin consultarle, empezó a rozar la parte externa de su ano con el líquido que chorreaba de su pene, lubricándolo. De a poco, empezó a introducir su enorme miembro por ese orificio, muy despacio y con mucho cuidado.

Gabrielle lanzó un grito cuando el pene de Harry se introdujo en su ano y quedó por la mitad adentro. Harry lo sacó y lo metió de nuevo, despacio y con cuidado. De a poco, fue aumentando la velocidad de penetración, mientras la chica gritaba como loca y el placer de Harry era tal que su cabeza se sentía mareada por toda aquella locura.

La penetró por el trasero hasta el fondo. Golpeó sus glúteos y sintió sus nalgas pegadas a su pelvis. Se movió hacia atrás y hacia adelante encima de ella, golpeándola con la pelvis con suavidad con cada impacto, con cada penetración.

Pose 4. Amazona

Se apartaron un poco, y Gabrielle tomó el control. Con un empujón, lanzó a Harry hacia atrás sobre la cama, haciendo que el muchacho quede boca arriba. Entonces se puso encima suyo, acariciando sus pectorales y su abdomen y dejando caer hebras de rubio cabello platinado sobre sus abdominales y su pelvis.

Tomó su pene con firmeza y envolvió el glande con la piel de alrededor. Luego de frotarlo con su mano varias veces, se sentó encima suyo. Harry sintió cómo la penetraba otra vez, esta vez guiado por ella.

Gabrielle se sentó encima suyo, sus piernas doblándose y sus pies quedando debajo de las piernas de él. Se tomaron de las manos y Gabrielle se arqueó hacia atrás. Harry miraba cómo sus enormes pechos se alzaban por arriba de él, y se miraron a los ojos unos instantes mientras la penetración tenía lugar constantemente y cada vez más rápido, más frenética. Gabrielle se incorporaba un poco y luego se dejaba caer, una y otra vez, con una rítmica que iba adquiriendo una velocidad vertiginosa.


Pose 5. Magia

Gabrielle entonces hizo algo que Harry no se esperaba: Tomó su varita, lo apuntó con ella y pronunció un hechizo mudo. De pronto Harry sintió que ambos se despegaban de la cama y flotaban en el aire.

En verdad, su espalda se estaba levantando del colchón mediante magia, suspendiéndose y flotando haciendo que el muchacho se incorpore sin proponérselo, y además totalmente relajado, mientras ambos seguían moviéndose cada vez más rápido.

Con la varita, Gabrielle hizo que una fragancia frutal invadiera toda la habitación, al tiempo que pétalos de rosas salían por debajo de la cama, conjurados de la nada misma, y empezaban a girar en remolinos en torno a ellos. Eran cientos de miles de pétalos de rosas, girando a su alrededor, quitando todo lo demás de la vista. Pronto quedaron solo ellos, desnudos y moviéndose rápido y con vehemencia en medio del remolino de pétalos.

Se abrazaron, ambos ahora acostados, Harry encima de ella, sobre la cama. Se besaron y Harry sintió los labios calientes de Gabrielle en los suyos, ahora con una pasión y energía muy distinta, rápida y de urgencia.

Un calor fuerte le indicó a Harry que Gabrielle había hecho algo más con su varita, pero ya no le importaba qué fuera ello. Todas sus energías estaban concentradas en penetrar a Gabrielle más y más rápido, mientras el sudor chorreaba y caía por su cara.


Pose 6. Orgasmo

La velocidad aumentó hasta que la penetración era tan rápida que no eran conscientes de ella. Gabrielle gritaba y gemía, y Harry respiraba muy agitado sobre ella, sus rostros a milímetros de distancia.

Sus cuerpos sudados se frotaban entre sí mientras Harry se movía encima de ella a toda velocidad. El remolino a su alrededor tenía una velocidad tremenda.

La locura total invadía sus cabezas haciéndolos perder toda razón.

La cara y los ojos azules de Gabrielle lo miraban y su boca entreabierta, su saliva en la suya, lo hacían desearla cada vez más, con una locura imparable.

Harry sintió cómo llegaba al orgasmo, su cuerpo paralizándose y todos sus músculos tensionándose a la vez.

La penetró hasta el fondo y sintió cómo acababa todo dentro suyo, el semen brotando de su pene en el interior de la vagina de la chica, sin dejar de moverse a toda velocidad por un solo segundo.

El movimiento rítmico continuó, mientras Gabrielle llegaba al orgasmo también, apretando su espalda con los dedos con fuerza y tirando la cabeza hacia atrás.

Ambos se miraron a los ojos y sonrieron mientras bajaban la velocidad, agotados.