No me he presentado! JAjajajajaja sorry, para lo que leen el fic soy Yue ¡Un gusto! Es mi primer fic de esta pareja y un pensamiento que no me deja tranquila con respecto a lo que le pudo haber pasado a esta pareja si hubieran tenido una oportunidad y algo de ayuda extra ¡Amo mucho a estos dos! Lloro por el libro y la película y por ello este fic. Mi propia versión de una segunda oportunidad a Bilbo ¡Espero que lo disfruten!
2. Historias, cuentos y una buena comida
Recordaba la Comarca igual de alegre y tranquila, el lugar más colorido que podría visitar en esa época dónde todo podría pasar, con sus mercados rebosante de gente; su gente riendo, entreteniéndose con innumerables charlas al respecto de sus cultivos o quien sabe que otra cosa y los niños que jugaban divertido dando círculos o a las atrapadas. Que esplendido lugar para pasar unas pacificas vacaciones, además del paisaje que cubría el pueblo rodeado de colinas y laderas cortas, las casas todas rodeadas de pasto y flores.
Los hobbits no tardaron mucho en darse cuenta de la joven, claro que no, no importaba los intentos de Bilbo de hacerla pasar desapercibida ¿Por qué es que Bilbo la había llevado al mercado? Ah claro, era para conseguir algo de tela que ella necesitaba para remendar su ropa manchada de sangre.
La guío por puestos de tela y ella escogía el largo y el ancho, Bilbo se ofreció en hacerlo por ella para que no saliera de Bolsón Cerrado pero ¡Ja! Ella en seguida lo despacho con un "No gracias cuando se trata de escoger tela soy muy quisquillosa"
La mujer que la atendió no disimulaba su asombro, tampoco dejaba de mirarla y a Kaírel no le pareció molestarle en lo más mínimo, ella solo se centraba en escoger el color de la tela y el material, pidiendo el largo exacto y pagando con su propio dinero a pesar de que Bilbo había insistido en pagarla negándose la joven automáticamente porque ya había sido demasiado lo que Bilbo había hecho por ella. Al final había escogido dos telas, una de un azul más claro que el que traía puesto y blanco.
––Son muy agradables los hobbits ––decía ella pasando por el mercado de víveres.
––¿En serio? ––levanto la cabeza para mirarla y bajo observando como todos los hobbits se quedaban viendo a la joven con bocas abiertas, ojos saltones de impresión y como algunos empezaban a murmuran con otros–– Creo que eres demasiado amable.
–-No hay necesidad de molestarse Maestro Bolsón, no es de extrañar, después de todo soy una extranjera, me extrañaría que tomaran mi presencia como algo normal ––añadió lo último encogiéndose de hombros.
Compró algunos panecillos y hablaba con el frutero con respecto a la calidad de las frutas, todas estaban frescas y el hobbit que la atendió lucía contento y alagado ante el buen ojo de la joven quien no se cansaba de admirar su buena cosecha. Bilbo quedo impresionado ante la facilidad que tenía Kaírel de hablar con naturalidad y hacer que en seguida le tomaran confianza, pero a pesar de que pensaba que estaba sorprendido no lo estaba realmente.
Ambos caminaron de regreso a Bolsón Cerrado, Kaírel no se veía tranquila y de vez en cuando sus ojos se cruzaban en las esquinas para ver a los lados como si quisiera ver hacía atrás pero no fuese necesario.
––¿Qué haces? ––preguntó Bilbo notando su mirada.
––¿Le importa si tomo un desvió? Lo veré en su casa pronto.
––¿Qué hará? ––preguntó levantando completamente la cabeza para ver a la alta joven.
Ella solo se encogió de hombros y sonriendo se dio la vuelta pasando por otro camino al contrarió de la colina dónde quedaba el hogar de Bilbo. Él no dijo nada más, era obvio que la joven era tan extraña que imposible de poder saber que haría. Y a pesar de ello no le preocupaba de que caminase por la Comarca a su antojo, a pesar de ser una extranjera y no saber sus verdaderas intensiones.
––Vamos Bilbo, no seas tan descortés. Vamos a casa ya es hora de la merienda ––sentencio marchando a su hogar.
Horas pasaron entre que el hobbit ya había merendado, tomando su té y caía la noche por detrás de las colinas. No había rastro de Kaírel y no era como si estuviese preocupado pero estaba inquieto ¿Qué era ese sentimiento? Tan raro, no tenía porque sentirlo y aún así estaba tomando su saco y salió de su agujero.
Aun había hobbits paseándose entre los caminos, saludando a todos con un "Buenas noches" claro que debía decir buenas noches en vez de "Buenas tarde" solo se mostraba una línea delgada de luz al horizonte. Se paseo por alrededor sin éxito alguno en encontrar a Kaírel y justo cuando pensó que la joven se había ido, a pesar de que dijo que se marcharía al día siguiente, llego al puente que daba al pueblo dónde se acumulaba hobbits jóvenes sentados en el suelo observando a Kaírel sentada en el muro.
––Entonces estaba él con espada en mano entre la enrome bestia de tres metros y el risco a su espalda ––contaba haciendo gestos con la mano para demostrar la acción del hombre.
Bilbo no sabía si fruncir el ceño o suspirar de alivio al ver a la joven de nuevo contando historias a los más jóvenes hobbits. La historia iba terminando y se acerco solo un poco más para escuchar con claridad.
Si no había entendido mal se trataba de un caballero que perdido buscando el camino de regreso al sur dónde quedaba su hogar, se hizo amigo de un comerciante que viajaba hacia el suroeste, pero una bestia gigante los perseguían entre los bosques hasta que llego a un risco y era entre saltar o enfrentarse ante las feroces garras cual navajas de aquella bestia.
––¿Y qué paso después Señorita Kaírel? ––pregunto la niña de rizos cual maíz y la cuenta cuentos sonrió.
––¿La bestia se lo comió? ––preguntó un niño de rizos oscuros abrazando sus piernas y mirando con impaciencia–– ¿También a su amigo?
Antes de contestar desvió su mirada al Maestro Bolsón quien se acercaba a ellos con brazos cruzados y un aspecto severo. Kaírel ni se inmuto y siguió contando alegre de que Bilbo estuviese presente.
––El hombre con el semblante firme y empuñando su espada miro a la bestia a los ojos, sus oscuras y frías cuencas que no reflejaban más que muerte. A pesar de que fácilmente pudiera escapar del peligro, el caballero paso su mirada a su amigo tumbado junto a una roca inmóvil ante el ataque de la criatura. Ambos cruzaron miradas pero el caballero sonrió como si estuviera agradeciéndole y despidiéndo. El comerciante grito que se detuviera e intento ponerse de pie pero el dolor en su abdomen le impidió cualquier movimiento brusco.
El caballero saltó ante la bestia y blandiendo su espada corto una de las patas de la enorme criatura y distraído por el dolor de la pérdida de su miembro el caballero aprovecho para rodearlo colándose hasta llegar junto a su amigo y el comerciante todavía más angustiado solo pudo ver su espalda sintiendo que si no hacía algo él moriría.
A pesar del dolor su amigo logro ponerse de pie pero no obedeció la demanda del caballero cuando le ordeno que se marchara, en cambio se quedo con él para enfrentar ambos a la bestia. Resistieron lo que pudieron pero ambos cayeron al risco.
Hubo gemidos de asombro y gritos contenidos, tanto de niños como de adultos. Bilbo parpadeo tres veces ante tan repentino giro de los acontecimientos.
––La enorme bestia se arrastro y miro por sobre el risco sin encontrar los cuerpo de ambos hombres entre el río que circulaba al final de la caída. Decepcionado y molesto por la pérdida de sus presas se marcho tambaleando su cabeza y cojeando con tan solo tres patas, nunca olvidaría a esos dos hombres y el miembro que el caballero le corto ––hizo una pausa antes de que un niño arrodillado preguntara.
––¿Qué paso con ellos?
Bilbo pensó que la respuesta era obvia, pues la caída de un enorme risco era imposible de que un ser humano pudiese sobrevivir.
––Bueno, eso de que los hombres no son astutos les diré que es una total mentira ––confesó divertida–– la bestia no noto una deformación en la roca, a cuatro metros y pegados a la gran roca se hallaban el comerciante y el caballero aguantando la respiración rogando que la bestia se marchase. Soltaron con alivio el aire contenido y sin perder el tiempo bajaron por una quebrada de rocas que formaban una inestable escalera. El comerciante lastimosamente perdió su carreta con sus pertenencias pero al menos seguía vivo y el caballero perdió su caballo con todo lo que poseía pero ¿Qué más daba? Sí estaban hambrientos pero al menos vivos por el momento y que suerte fue cuando llegaron abajo y cazaron un par de conejos para cenar y su suerte mejoro cuando el caballo tan leal del caballero lo encontró y marcharon al sur.
Llegaron a sus destinos, al menos ante el camino dónde ambos tenías que separarse, el caballero sintiéndose responsable ante la pérdida de las pertenencias del comerciante le dio su bolso de cuero el cual contenía algunas joyas, el comerciante se negó en aceptar tal pago pues él no lo ayudo con la intensión de que recibiría algo a cambio, pero el caballero insistió y le demando que se fuera y sin remedio se fue con la promesa de volverse a ver.
Cuando el caballero llego a su pueblo se encontró con la grata bienvenida de su familia, había pasado muchos meses soñando volver a verlos y ahí estaba abrazando a su esposa y a su hijo, agradeciendo mentalmente al comerciante por ayudarlo en esos momentos angustiantes, cuando tenía hambre y estaba herido, pues por él es que al fin podía reunirse con su familia. Fin.
Los niños hipnotizados se la quedaron viendo hasta que entendieron que era todo. Rieron y algunos se quejaron exigiendo un cuento más.
––Me encantaría seguir contando miles y miles de historia, pero ya es tarde y creo que es momento que vayan con sus padres mis queridos hobbits ––señalo recibiendo quejas de parte de los hobbits más jóvenes–– Si les hace sentir mejor estaré mañana aquí si quieren que cuente más historias. Que tengan buenas noches mis queridos niños hobbits. Dulces y felices sueños.
Todos le desearon buenas noches a la joven antes de retirarse cada quien con sus padres y los adultos igual se despedían alagando sus maravillosos cuentos y el gran trabajo que hizo en entretener a los niños.
––Vaya con que aquí habías estado ––dijo Bilbo sonando como un padre que había atrapado a su hijo después de que se escapo sin decir a dónde iría.
––Lo siento de verdad, es que los niños me siguieron y no pude evitarlo ––alzaba sus manos a nivel de pecho en defensa por si el hobbit iba a regañarlo–– además no tienes de que preocuparte, dije que me iría mañana no hoy en la noche ¿Me dirás por qué tan preocupado? Ya te hacía preparando la cena y comiéndola.
––Lo hubiera hecho y lo hice, pero entonces tendría que dejar tu comida enfriarse y eso si que es horrible comerla de esa manera.
––Ja ––soltó divirtiéndole la actitud del hobbit– Para nada, cuando te mueres de hambre no hay temperatura que impida comer un buen alimento, se lo puedo asegurar ––se puso de pie y paso al lado del hobbit–– ¿Nos vamos?
––Después de usted ––señalo con la mano al puente de piedra que había cruzando a las casas del otro lado.
Por el camino de regreso le acompañaron varios hobbits quienes vivían por la zona y sostenían conversaciones animosas con Bilbo, mientras Kaírel se adelantaba observando el cielo pensativa caminando con los dedos entrelazados a su espalda sin tensar su brazo siendo completamente ajena a la conversación del hobbit con los demás. Bilbo no pudo evitar volver a sentir una especie de deja vu. Había visto ese tipo de caminar en otra parte, casi como si saltara feliz mirando el cielo con aire soñadora sin descuidarse del camino, buscando en el cielo nocturno algo importante.
Los que hablaban con Bilbo le preguntaban sobre la dama misteriosa que al parecer lo conocía y Bilbo tuvo que inventarse una historia sobre que era una vieja conocida que había venido de visita y que lo de su brazo había sido muy torpe y de camino a la Comarca trepando un árbol se cayó de él provocándole un enorme raspón en el brazo derecho.
Kaírel estaba como si nada cenando feliz pero Bilbo parecía estar en otro mundo, pensando en cualquier cosa, sin notar que desde hace rato la joven había intentado atraer su atención chasqueando los dedos frente a él.
Levanto la mirada para verla sobresaltado creyendo que se había perdido de algo, la joven negó ante el desconcierto del hobbit y que tan solo le preocupaba que el Señor Bolsón no había probado bocado alguno y para disimular Bilbo empezó a comer rápido sin caer en los barbaros modales, sonriendo y masticando animosamente. Ella no se veía convencida mas encogiéndose de hombros prosiguió a solo observarlo terminar su (segunda) cena.
Al finalizar el hobbit le ofreció el tan famoso pie de manzana de la abuela Bolsón y vaya que estaba delicioso añadió la joven que podía comerse cientos de ellos sin cansarse o llenarse. Ensancho de orgullo el corazón del mediano haciéndole aparecer por primera vez en toda la noche una enorme sonrisa. Agito su dedo índice a nivel de su barbilla y lo agito diciendo "Se lo dije" y ella como respuesta se le quedo viendo con esa mirada difícil de leer deteniendo el enorme bocado que estaba a punto de darle a su tercer pedazo de pie. Él se quedo extrañado pero Kaírel como si nada termino su pedazo de pie y en seguida pidió con algo de timidez el cuarto pedazo y Bilbo no se lo negó porque le complacía verla (por algún motivo) disfrutar de la comida que le servía.
Ahora se encontraba fregando los trastes, la cuenta cuentos se ofreció a lavarlos por él pero el hobbit necio y terco con el sentido de la caballerosidad por delante le negó que moviese un dedo y comenzó a restregar los trastes sucios tarareando una divertida canción a lo cual la viajera seguía el ritmo con su dedo golpeteándolo en la mesa pensativa y distante.
––A ver ¿Qué es lo que pasa? ––preguntó sin girar a verla–– Has estado muy callada y parece que me quieres preguntar algo ¿Qué te detiene?
La viajera entre abrió los labios ¿Tan obvia se veía? Negó con la cabeza y dejo escapar un suspiro dudoso, era difícil hablar con Bilbo sin tener una presión muy cerca de su pecho.
––Es un lugar muy pacifico ––dijo al fin–– no he conocido un lugar así en mucho tiempo. Todos son muy amables, en especial los niños. Su miedo a que no fuera bien recibida parece que solo estaba en su mente.
––¿Usted cree? ––sonrió recordando–– Sí, me parece, tiene un don para atraer a los niños.
––No, simplemente son niños y son curiosos cuando tienen esa edad. No soy como ellos y creo que su timidez les impedía acercarse.
Bilbo se preguntaba que si mientras ellos caminaban la razón obvia de que se retiro de manera tan repentina era por los niños, la seguían cautelosos curiosos por tan particular visita y Kaírel no pudo evitar complacer a los niños una vez que se acercaron a ella tímidamente de regreso al mercado, cosa que ella ya había planeado para saber las intensiones de sus perseguidores. En poco tiempo por sus historias atrajo a más y más hobbits.
––Eso me recuerda, había una mujer con un sombrero muy voluminoso con una gran flor morada adornando un costado y su vestido era muy pomposo para mi gusto, no paraba de verme con ojos de desaprobación.
––Ah debe ser Lobenia Sacovilla-Bolsón– –Kaírel escucho pronunciar aquel nombre como si Bilbo hubiese tragado algo rancio y odioso–– No pasa nada, ella siempre anda con esa mirada. Es permanente en su cara, no tiene remedio.
––¿Son familia suya?
––Sí ––afirmo como si fuera una tragedia lamentable–– Sí y no puedo negarlos, su esposo es mi primo Otho Sacovilla-Bolsón y ella al casarse adquirió su apellido, antes era Ciñatiesa . Tiene gustos exagerados y siempre anda intentando quitarme los cubiertos de plata de mi mamá, además de la vajilla. Es odiosa y muy codiciosa ––explico restregando el plato con fiereza y la cuenta cuentos pensaba que iba a quebrarlo en cualquier momento–– pero no hablemos de cosas desagradables.
Ella abrió sus ojos lo más que pudo y con su boca exclamo un "Wow" grande y silencioso agradeciendo que el hobbit estuviera de espalda para no verla. Antes jamás hubiera preguntado sobre esa tal Lobenia, Frodo se lo menciono hace tiempo atrás (futuro) "No le sugiero que hable sobre ella en frente de mi tío, puede ser un poco… Áspero"
No sé por qué no seguí tu concejo querido Frodo.
––Hablando de familiares, oí por ahí mencionar que no solo eres un Bolsón, tu madre ¿Cómo se llamaba?
––¿Ah, mi madre? Belladona Bolsón, su apellido antes era Tuk ¿Por qué lo pregunta?
––Así que era cierto, eres hijo de Belladona Tuk y nieto del Viejo Gerontius Tuk ––expuso como si hubiera descubierto una gran verdad.
––¿Co-Cómo lo sabe? ¿La conoció? ¿Conoció a mi abuelo? ¿Cómo si quiera se entero?
––Obtengo historia por historia ––respondió al instante–– creo que un hobbit de apellido Brandigamos fue quien me lo contó ––no pudo escuchar lo que Bilbo mascullaba pero no debía ser algo indicado. Ella evito reírse y dio gracias a no haber preguntado el nombre del hobbit que le había proporcionado la información–– Y a ella no la conocía ––respondió–– quizás cuando era niña pero conocí más a su padre.
––Entonces si conoció a mi abuelo ––dejo los trastes y se giro totalmente para ver a la joven con la boca abierta–– Antes estuvo en la Comarca ¿Por qué mintió?
––No he mentido ––negó sin parpadear–– Conocí a tu abuelo cerca de Bree, un poco más al norte, no fue presisamente en la Comarca. Hace años atrás y entre una competencia de vinos me contó divertidas historias. Fueron pocas veces que hablamos. Era un hobbit de los que hay pocos, al parecer los Tuk son hobbits como ninguno ¿verdad?
––Pues soy de apellido Bolsón como se lo he dicho al presentarme ––se limpio las manos con el paño de la cocina y salió de ella pisando fuerte hacía la sala seguido por la joven que reía internamente.
––¿Por qué luce tan molesto? ––preguntó llegando a la sala frente a la chimenea encendida.
––No lo sé ––respondió cuestionándose–– pero ¿A qué quiere llegar?
––Nada, no quiero llegar a nada, solo no espere que usted fuera un Tuk. De todos los hobbits que me pude haber encontrado jamás pensé en encontrarme con un Tuk de nuevo.
––Soy un Bolsón, mi padre era un Bolsón –corrigió con una mirada dura.
––Y su madre una Tuk una de las hijas del Viejo Tuk ¿Qué tiene de malo? El Viejo Tuk era amable, sincero y siempre traía buenas historias ––dijo sintiendo una pequeña molestia en su cuello por estar encorvada.
Se sentó en el mantel de la estancia cerca de la chimenea no sin notar que las dos fotos que colgaban de ella eran la de los padres de Bilbo.
––No soy como ellos ––confeso mirando el fuego con aire decaído–– Adoro a mis tíos y primos por parte de los Tuk, pero no sé si sea adecuado compararme a mí con ellos cuando… cuando yo…
Lentamente se acerco arrastrándose hacía el hobbit que no sabía que decir y lo tomo de la manga de su camisa indicándole que se sentara a su lado.
––Sabe Maestro Bolsón ––empezó a decir con una voz gentil y suave cuando vio al hobbit sentarse–– no conozco mucho a los Bolsón pero le aseguro que uno no me hubiera ayudado y ofrecido refugio en el estado en que estaba, incluso si su buen juicio les dijera que yo no era mala persona.
Si podría ser verdad, los Bolsón podrán ser amables y siempre serviciales pero el ayudar de la manera en que Bilbo lo hizo sería extraño y poco usual. Tal vez hubieran encontrado otra manera pero no hacer lo mismo que él. Aunque estaba seguro que si la hubieran ayudado pues los Bolsón tienen un corazón noble.
––Quien sabe lo que hubiera hecho un Bolsón, no los conozco realmente y usted es el primero que llego a conocer, pero tampoco sé bien lo que hubiera hecho un Tuk, si fuera su abuelo estoy segura que hasta cargarme me hubiera ofrecido.
––Eso no lo dudo pero… ––pregunto jugando con sus manos reflexionando.
––Se acerco y me saludo con un "Buenos días" como si estuviera paseando por el mercado cuando yo luchaba para no terminar desangrada ––Bilbo soltó una pequeña risa para luego observarla y notar que en sus ojos las llamas brillaban azul ante el reflejo–– Ante todo los modales, eso me dice cosas muy buenas de su parte Bolsón, además que en el proceso se disculpo por su descortesía al no presentarse.
––Sí, disculpe por eso de nuevo. No sabía qué hacer o decir.
––Nadie sabe qué hacer o que decir en una situación así, pero encontró las palabras y el gesto ahora heme aquí. Sentada frente a una hermosa chimenea hablando con el más cortes hobbit que he conocido en corto tiempo. Su abuelo era muy cortes pero tenía poca… sutileza.
––Ja me lo imagino, si conociera a mi abuela vería quien llevaba los pantalones en la relación ––el comentario le saco una ligera risa a la cuenta cuentos.
Hubo un minuto de silencio, las llamas quemaban la madera y era el único sonido a parte de los grillos de afuera que se escuchaba.
––Maestro Bolsón, no tiene nada de qué preocuparse. Usted es un maravilloso hobbit y agradezco que haya sido usted quien me ayudara esta mañana. No sé como pagárselo.
––No importa ––se encogió de hombros y cruzo de piernas–– no lo hice para recibir algo a cambio.
––Claro que no ––estuvo de acuerdo–– Eres Bilbo después de todo ––mascullo.
Se inclino poco a poco hasta caer en el regazo del hobbit acomodándose en el suelo.
––¿A usted le importa realmente si debe ser un Bolsón o un Tuk? No creo que sea importante comportarse como los demás esperan que lo hagas.
––Pues no lo sé ––dijo sin estar seguro y notándose ligeramente sorprendido ante lo perceptible e intuitiva que es la joven–– mi padre siempre era así, supongo que intento ser como él. Fue un buen hombre, la abuela Bolsón me contaba que era muy perseverante a pesar de todo, no se rindió cuando se enamoro de mi mamá.
––¿Amabas mucho a tus padres? ––sus ojos miraban a Bilbo atentos–– ¿Los extrañas?
––Mucho. Los sigo extrañando ––sus ojos se cristalizaron y Kaírel sonrió por un segundo apretando sus labios sintiendo que quería decir algo pero debía retenerse–– como cualquier hijo podría hacerlo. ¿Qué hay de los tuyos?
––Vaya ––abrió sus ojos ante la pregunta–– No lo sé realmente, mi relación con ellos es un tanto complicado en estos momentos.
Por sexta vez en el día Bilbo no pudo entender las palabras de la joven. Ella hecho sus largos y desmarañados cabellos claros hacía atrás pensando.
––El cariño y aprecio que sientes por otras personas no es algo con lo que usualmente me encuentro reflejada. Antes ni hubiera pensado en saludar a desconocidos o me hubiese interesado en detenerme a contarle cuento, siempre me los guardo. Incluso le puedo confiar que en otra época, antes de si quiera se me acercara, habría sacado mi daga para clavárselo en sus velludos pies de hobbit ––dijo sin rastros de que estuviera bromeando, con toda la brutal sinceridad que pudiera expresar estremeciendo a Bilbo en el proceso. Ella rió internamente ante la expresión del hobbit–– Pero mi viejo amigo, un pequeño muy terco, amable y de carácter indomable me hizo ver las cosas de otra manera.
––No lo entiendo ¿Por qué no se acercaba a nadie o dejaba que los demás se le acercaran?
––Nadie me parecía digno. Todos para mi eran iguales, elfos, enanos, humanos ––enumero encogiendo sus dedos uno a uno a la palma de su mano–– era muy reservada, esperando lo peor de todos, podría contar a quienes confiaba con una sola mano. Entonces conocí a ese viejo tonto, tan solo fuera por mera casualidad y sin previo aviso en tan solo horas logro lo que los demás le llevo meses.
Se levanto de dónde se encontraba para luego sentarse en el suelo, miro el fuego antes de notar que las trenzas ya eran historia, su cabello debía lucir totalmente desordenado, así que empezó a desatar la trenza principal para luego seguir con las demás para dejar su cabello totalmente suelto, para después peinarse con los dedos.
––Fue tan confuso, su cariño y amor hacía el hogar, hacía las cosas más sencilla me cautivo. Me enseño que hay belleza más allá de solo observar. ––pasos sus ojos al hobbit–– Si él estuviese aquí ahora, me señalaría con su viejo y arrugado dedo índice meneándolo de arriba a abajo, con su sonrisa socarrona y sermoneándome con un "te lo dije"
––Suena simpático ––concluyo riendo entre dientes ante la idea.
––Simpático es una palabra muy amable para él, era el ser más terco y un viejo canalla muy buena en las cartas, una vez perdí casi todas mis posesiones. Eso me pasa por aceptar un juego de cartas contra alguien quien jugaba con enanos ––rodo los ojos al recordarlo.
––Lo querías mucho, se nota.
––Lo quiero mucho ––corrigió–– creo que es lo más cercano al sentimiento que sientes por tus padres que yo tendré jamás. Fue un padre, un abuelo y un buen amigo.
Bilbo se mordió el cachete interno meditando si estaría bien preguntar sobre lo que le ocurrió a ese amigo tan gracioso que logro cautivar a la dama. Como miraba el fuego, la forma en que lo describía mientras corrían los recuerdos ante sus ojos, le llamaba la curiosidad de saber más, aparte de que algo en su pecho se lo decía.
Al final su lado Tuk fue tan imprudente como siempre.
––Si me permite preguntar: ¿Qué paso con él?
La joven se lo quedo viendo y sus ojos se aclararon mostrando, gracias al fuego de la chimenea, sus ligeros rasgos amatistas.
––Obtuvo el privilegio de zarpar en un barco élfico, más allá de la tierra media, buscando el descanso eterno ––confeso sin cambiar su expresión.
––Lo siento ––abrazo sus piernas y se tentaba en ocultar su rostro entre ellas al sentirse tan apenado por su imprudente pregunta.
––No tienes por qué ––le dijo acariciando sus rizos ganándose una mirada de fastidio de parte del hobbit que ella ignoro–– Tengo en claro que nadie es eterno, tampoco los elfos lo son a pesar que sean la raza más longeva que existe. Vivir para siempre puede también ser un castigo ¿Sabes?
––Me lo imagino ––reconoció acomodándose sus rizos–– ser testigo de muchas cosas, tener tantos recuerdos y ver a las personas marcharse. Debe pesarles demasiado.
Ella evito reírse aunque lo quisiese, era tan evidente su respuesta.
––Sí, algo así ––la comisura de su labio temblaba–– eres más intuitivo de lo que pensé.
––No me subestimes Señorita Kaírel.
––No lo haré más Maestro Bolsón.
Kaírel viajo su mirada desde los peludos pies hasta los rizos castaños rojizos de Bilbo sin poder quitarle esa mirada extraña que el joven hobbit no podía deducir lo que significaba y le empezaba a incomodar. Había un silencio entre ellos que era cortado por los crujidos de la madera quemándose en la boca de la chimenea.
––Así qué ––comenzó a decir para cortar el silencio–– ¿Su amigo jugaba con enanos?
––Oh vaya que sí, aprendió todas sus mañas ––asintió entrelazando sus dedos–– creo que por ello se volvió tan terco y obstinado. Además de que le daba vueltas y vueltas a sus pensamientos como si todo fuera la gran cosa, sin contar que se volvió insoportablemente astuto y manipulador.
––¿Tan terrible son los enanos? ––se imagino el cómo sería conocer a los enanos y sí eran de esa manera, la idea no le agradaba del todo.
–No, no para nada. Los enanos no son criaturas tan malas como las pintan. Si son tercos al punto de querer lanzarles una patada que los enviase al mar ––señalo cruzándose de brazo–– Y claro que cuando se les mete algo a la cabeza imposible sacárselo, son como una enorme roca difícil de escavar. Una vez que deciden algo, no hay fuerza en la tierra que pueda detenerlos. Admiro eso de ellos, su determinación, coraje y pasión va más allá de cualquier otra raza, además de un talento sin igual en la pedrería, el metal y el acero. Son gente muy calculadora también ––menciono y sus pupilas se encogieron ante un recuerdo–– Reparan y construyen y crean cosas admirables pero no destruyen, sus manos fueron hechas para propósitos mejores que eso ¿Nunca has visto un herrero enano? ¿O un enano si quiera?
––No ––contesto alzando una ceja y como si fuera lo más obvio del mundo.
––Por supuesto ––asintió mirando a una esquina arriba en el techo pensando–– pues son excelentes y además que adoran el oro y las joyas por sobre todo ¡Bendito Aüle que los creo de esa manera! ––exclamo alzando su brazo bueno y mirando el techo como si fuera el cielo y el Valar estuviera realmente escuchándola.
––Vaya suenan avariciosos ––soltó–– Lo único que sé de enanos es que viven cerca, en las Montañas Azules, creo que usted contó algo así esta mañana –confeso recordando también un viejo cuento de su madre que le había contado su abuelo hace ya bastante tiempo.
––Ah sí ––bajo su vista–– bueno tienes que ser muy respetuoso con los enanos de esa región. Aunque vivan en las Montañas Azules, no es como si pertenecieran ahí. Supongo que no pertenecen a ningún lado, es lamentable cuando se te es arrebatado todo.
––Tiene razón… Aguarda ¿Por qué? ¿A qué se refiere?
La chica se encogió de hombros y dejo caer con gracia sus brazos en su regazo entre que respiraba profundamente y exhalaba como si el movimiento le hubiese molestado. Bilbo noto el gesto e iba a mencionar si se encontraba bien hasta que la joven rápidamente contesto.
––Oye te he contado tantas historias hoy, incluso a los niños del pueblo ––le lanzo una mirada de fastidio fingido.
––Ah pero…
Quería quejarse, deseaba oír más relatos de la cuenta cuentos pero ella con una fingida mirada sería le corto de inmediato. A Bilbo le encantaba la forma en cómo se expresaba casi como si leyeras un fascinante libro ¿Cómo podía superarla? A penas y se acordaba de las historias que su madre y su abuela le contaban de pequeño, tampoco era como si conociera muchas historias, no tan impresionantes como las que Kaírel traía consigo.
––Una historia por otra historia ––negocio la chica de cabellos en cascada recogidos en una trenza que se acababa de hacer.
––¿Una historia por otra historia? ––repitió a modo de pregunta–– Yo no tengo…
––Oh vamos tu madre debió contarte historias de pequeño.
––Claro pero no son tan impresionantes como vuestras historias –se defendió intentando ahorrarse la vergüenza de contar algún cuento.
La joven rodo los ojos e intento animar al hobbit para que se atreviera.
––No tiene que ser real, puede ser un cuento infantil siempre estaré dispuesta a escuchar a quien cuenta una historia, sea fantástica o simple ––espero que Bilbo aceptase.
Sus ojos le destellaban como un niño esperando que su padre le comprase un dulce, ojos grandes suplicantes y brillantes. Negarse a esa mirada iba hacer un reto pero su voluntad parecía ser más fuerte y podía contra ella, mas algo en su interior no quería negarle a la joven una petición de ese tipo y por ese motivo dejo escapar un suspiro de resignación y sonriendo con los labios apoyando su codo en su muslo y próximo apoyando su mejilla en la palma de su mano pensó.
––Sé de un cuento bastante fantasiosos, mi madre solía contarme ese tipo de cuento y solía leerlos antes de dormir. Sobre hobbits que habían conocido el mundo y habían visto elfos, hadas, trolls y dragones ¿Sirve?
Ella asintió con energía y se arrimo más a su lado.
––De acuerdo ––pensó en el primero cuento–– Erase una vez en la cuaderna del Sur…
La noche se iba con cada historia contada. Bilbo terminaba sus historias cortas entre que la viajera comenzaba su trabajo con la tela haciendo una nueva camisa, con algunos materias de costura que el hobbit le prestó y le pertenecía a su madre, ya la que traía puesta en si era inservible.
Kaírel adoraba escuchar al entusiasta hobbit, le recordaba tantas cosas. Se sentía una vez más feliz, a gusto, sintiendo otra vez esa calidez en el pecho que tanto extrañaba y con el corazón latiendo con emoción lo detallaba con una mirada atenta y sutil.
Bilbo termino de contar su historia de su tío buscando las bayas robadas en el cual el ladrón no era más que una pequeña ardilla que se las robaba escabullido en las noches a su jardín. Le daba gracia imaginar al robusto tío del hobbit cazando a una pobre ardilla nocturna que solo estaba jugando con el hombre hobbit.
Sin desviarse de su trabajo era su turno de contar una de sus tantas aventuras por lo largo de la tierra media. Decido complacer al hobbit con respecto al tema anterior con la cultura enana y los Elfos. Vaya que le interesaban mucho las historias de los Eldars, aunque ella no era quien para juzgarlos, sus historias, eran fantásticas y místicas, hermosas y románticas, además de terminar con finales decentes, felices y con resolución a todos los problemas que se habían plasmado en el desarrollo.
No como los enanos, comparando, sus historias terminaban casi siempre con alguna tragedia o un final inconcluso y Bilbo, al parecer, aunque él no lo notase, sus ojos cual pasto en primavera se cristalizaban obteniendo un brillo turbio ante las historias de enanos, pero el pregunto si eran difíciles de manejar.
––Unos tienen actitud de diamante y otros de hierro, depende de ti diferenciarlos. No todos los enanos son gente decente pero si obtienes su amistad, déjame decirte que te ganaras una amistad inquebrantable, leal y sincera; siendo ellos muy desconfiadas con desconocidos y más de otras razas. No hay muchos que entiendan el peso que llevan algunos enanos.
Comentó al final de una historia enana y Bilbo no pudo evitar hacer una mueca ante lo escuchado.
Prosiguió a contarle una historia en un viaje hacia el sur, cuando viajaba por el "Gran río" y paso por el bosque de Lórien cerca de las montañas nublosas y más allá de Moria, justo al este de ella. Le describió como era aquel reino élfico, detallando sus cámaras destellante en noches de oscuridad, le describió las estrellas cantando entre el manto nocturno. Bilbo podía verlo con tanta claridad que casi podía jurar que alguna vez lo visito, y observando las llamas contrajo su rostro en una expresión curiosa, las líneas gruesas del fuego parecían formar figuras mientras la joven contaba su viaje ¿Sería que el sueño le hacía ver cosas? Llego a pensar restregándose los ojos con ambos puños.
––¿No te gustaría ir de aventura conmigo? ––pregunto la viajera en lo que Bilbo se volteó bruscamente ante la repentina pregunta–– Esa cara es un no ¿verdad?
––Por supuesto ––afirmo increíblemente sorprendido ante la ingenua pregunta– Es que los viajes son incómodos y retrasan cualquier comida del día.
––Olvide que hablo con un hobbit ––rodo los ojos inclinándose a Bilbo, dejando que su cuerpo descendiera para al final acomodándose en el regazo del hogareño hobbit– Ustedes prefieren una vida sedentaria y tranquila y odian las emociones fuertes. No aguantarías ni una semana lejos de tu agujero.
––¿Disculpa? Que no quiera salir de mi hogar no quiere decir que no sería capaz de ir de aventura y... ––se interrumpió así mismo cuando noto la mirada de Kaírel fija sobre él.
Apretó sus labios y bajo sus manos sin tener una buena respuesta para defenderse. Tenía razón, él no era de ir de aventuras y amaba estar cómodamente en su agujero hobbit, no le interesaba ver altas montañas, con sus bajas colinas se conformaba y era feliz. Amaba ver el crepúsculo abrazar las laderas y el olor del pan recién hecho, el olor del té a las cuatro y las flores en primavera floreciendo en su jardín. Amaba las tartas de su abuela y las galletas que le preparaba siempre que la visitaba.
Sin embargo, no estaba seguro de esos pensamientos, de pequeño le gustaba imaginarse que viajaba más allá de Hobbiton, más allá de la Comarca, cruzando el viejo bosque y yendo a los limites de Bree. Quizás mentía y tal vez deseaba conocer lo que tanto en las historias la joven relataban y lo que una vez leyó en sus amados libros.
–Maestro Bolsón ¿Puedo preguntarte algo? Claro me tienes que responder de manera sincera y sin intentar esquivar la pregunta con negaciones absurdas.
––Eh de acuerdo ––le concedió sonando más a una pregunta para él mismo.
––Dime ¿Qué hace un respetable hobbit viviendo tan solitario en tan enorme casa? ––finalizo anchando sus brazos–– claro enorme para un hobbit, voy a salir de este hogar con una joroba, estoy segura ––añadió en broma rápidamente segura haciendo reír a Bilbo al tiempo.
Parando su risa poco a poco miro de un lado a otro, sus muebles, los libros que se hallaban en las repisas; las fotos que colgaban en marcos de madera y recordó a su madre paseándose por los pasillos y las alcobas limpiando con un pequeño trapo blanco y una polvera esponjosa como la cola de un gato gordo. A su padre leyendo uno de sus viejos libros en su estudio y en la estancia. Recordaba cuando ambos cocinaban el almuerzo y su madre preparaba sus tan queridas galletas de avena que tanto le gustaba, con un toque de canela para hacerlas más especiales.
Recordaba cuando salía a jugar y tardaba mucho tiempo afuera tanto que sus padres se preocupaban por él y cuando volvía sucio y mugriento su madre se angustiaba entre una risa oculta que le demostraba que estaba feliz y sus ojos ceñudos que le demostraba que había estado muy preocupada. Aun recordaba a su padre regañarle por poner esos ojos grandes y traviesos cada vez que volvía sin un rasgo de arrepentimiento o de culpa y sin embargo, a pesar de que lo sermoneaban y le decían que no lo hiciera de nuevo, él siempre sonreía porque al salir de su hogar y al regresar encontraría a su madre y padre con ojos preocupados y sonrisa aliviada, siempre reirían por sus cuentos y aventuras que el mismo se inventaba. Estarían ahí para darle la bienvenida a su hogar y darles un cálido abrazo, así como él siempre lo haría cuando ellos regresaban del mercado o de alguna parte, siempre con los brazos abiertos y su amplia e incontenible sonrisa.
––Bolsón Cerrado fue la casa de mis padres ––comenzó a decir con nostalgia en su voz, viendo el fuego sin verlo realmente–– mi padre la construyo para mi madre y aquí hay muchos recuerdos de ellos y no me gustaría dejarlos solos.
––Pero ¿Tú no te sientes solo aquí? ¿Solo viviendo con los recuerdos? ––pregunto sintiendo que las preguntas podrían ser muy duras para el mediano.
Quería responder enseguida con un "No" pero no podía evitar sentir una presión en su pecho que le hacía dudar. Cuando sus padres murieron noto lo grande que era su agujero, lo alto que eran los estantes y lo vacía que era la entrada. Él adoraba las visitas, las amaba y las disfrutaba, le hacían sentir que su casa no era tan grande y tan vacía como se lo pintaba desde hace mucho tiempo. A pesar de ellos, vivía solo, a pesar de que se convenció de que se sentía bien en aquella soledad y su rutina, no podría negar, aunque su vida dependiera de eso, que de vez en cuando no sentía Bolsón Cerrado como su legítimo hogar. Era como si siempre le faltara algo o quizás alguien y llego a la conclusión que quizás era por la falta de sus padres ¿Qué más podría ser?
––No importa, no debí preguntar, fui imprudente lo siento ––dijo ella ante lo que parecía ser un silencio largo y denso– Olvídalo ¿sí? Ya es muy tarde, mejor ve a dormir, deben pasar de la media noche.
––¡¿En serio?! –exclamo mirando hacía la ventana y luego a la joven– pero aún no tengo sueño ¿Y usted?
––Yo no suelo dormir mucho, si quiere vaya usted a dormir yo tengo que terminar esto, es raro andar con una manga larga y la otra rasgada ––señalo con la nariz su brazo cubierto tan solo con la venda.
El hobbit, terco como ninguno, no dejo a la joven y ella no contó más cuentos o historias esa noche. El dueño de la casa estaba decidido a quedarse el tiempo que la joven estaría despierta pero sentado en su mecedora. Pronto se quedo dormido y Kaírel no tardo tanto en darse cuenta que ahora era la única persona despierta en toda la Comarca.
Paro su trabajo, solo faltaba unirlas entre agujas e hilos; se detuvo a observar a Bilbo dormir en su mecedora con la boca ligeramente abierta y su cabeza echada hacía atrás. No era tan atractivo durmiendo en esa posición y la joven lucho por no reírse a carcajadas. No roncaba y su expresión dormido era tan adorable que creyó que en vez de estar viendo a un hobbit maduro, veía a un niño que acababa de rendirse al sueño mientras veía a su padre trabajar.
Contrajo la esquina de sus labios en una media sonrisa y se dirigió al hobbit durmiente. Si lo dejaba así iba a despertar con el cuello entumecido. Con cuidado lo llevo hasta su habitación. No hacía falta tantear cual de los tantos cuartos era el de Bilbo, ella fue directamente al más grande y ahí tendió al hobbit delicadamente sobre su cama sin despertarlo. Lo arropo con su cómoda frazada hasta el pecho dejando sus pies descubiertos y se quedo un rato ahí admirando al adulto hobbit, dejo escapar el aire en un suspiro lento y pensativo para después acariciar su mano en la mejilla de Bilbo.
––Lissi olóri meldonya*
Deseo antes de levantarse y salir de la habitación con cautela dejando al hobbit descansar y de nuevo volver a su costura.
Despertó a la mañana siguiente con los rayos del sol golpeando su ventana. Se giro en su cama hasta lograr bloquear la odiosa luz que lo había arrebatado de un sueño... realmente extraño. No lo recordaba con claridad y aparecía ante sus ojos como una mancha borrosa.
Recordaba tan solo una gran montaña rodeada de largas laderas y un largo lago que cruzaba para llegar, una ciudad en ruinas dentro de un valle y del resto, nada más, no recordaba absolutamente nada más.
Levantándose extendiendo los brazos al aire apartando la pesadez y la molestia de no recordar el sueño, arrugando la nariz y parpadeando varias veces hasta acostumbrarse a la luz se dio cuenta que se encontraba en su habitación. Intento recordar los sucesos de ayer y fue cuando dio con que se quedo dormido mientras la joven cocía.
Saltó de su cama y abrió la puerta de su habitación para ser golpeado por un dulce aroma proveniente de su cocina. Camino seguido por el olor y ahí la encontró: Encorvada mientras colocaba los platos en la mesa y lucía una hermosa camisa de mangas largas sin apretar sus brazos y el largo le daba hasta la cadera ligeramente suelta y con un cinturón de cuero rodeando su cintura con hebilla de metal, solo había dos botones en su escote en "v" que ocultaban sus no tan exagerados pechos.
Bilbo se quedo un momento en el lumbral admirando a Kaírel. Parecía ilusionada y entretenida, el hobbit le dio por temblar su sonrisa por alguna razón y se acerco frotando sus manos entre sí deleitado por tal colorido paisaje en la mesa.
––Buenos días ––saludo haciéndose notar––Te ha quedado hermosa.
––Buenos días ––saludo levantando los ojos y mirando a Bilbo con ojos resplandecientes. Vio que señalaba con la nariz su camisa y sonrió orgullosa–– Gracias, la termine esta mañana.
––¿Esta mañana? ¿Qué es…? ¿Qué es todo esto? ––preguntó mientras pasaba su mano derecha por su boca y la otra se mantenía en la cadera.
––Mi forma de dar las gracias y una media disculpa por tomarse la molestia de recibirme en su hogar ––respondió colocando el último plato–– Y además ya le dije que mi segunda cosa favorita es la comida y con ella no solo me gusta comerla.
––¿Segura que no eres mitad hobbit? ––rió sin apartar la mirada de los platos que rellenaban la mesa.
Huevos revueltos, ruedas de jamón frito rodeando rebanadas de pan; bollos de mora frescos esponjosos de vista; fruta picada en un bol y lo que parecía ser unos mini pastelillos en forma de aros y en su centro crema dulce blanca con pequeños trozos de algo que no lograba identificar. Kaírel se dio cuenta de que el hobbit traía una mirada curiosa hacía su extraño platillo así que rodeando la mesa se sentó en el puesto del día anterior y le paso el plato que contenía cinco de esos misteriosos pastelillos.
––¿Quiere? ––preguntó alzando el plato a Bilbo quien ahora se encontraba a su lado.
––Oh Gracias ––tomo uno con algo de duda y lo examino primero notando que al apretarlo un poco de crema ensuciaba sus dedos.
La parte de abajo del postre era liza y parecía ser un muffin muy suave, sin acercarlo el olor dulce inundaba sus fosas nasales, ya el hobbit estaba que se babeaba sin saber lo que era o como sabría y al dar el primer mordisco abrió sus ojos como par de platos.
––¡Fresa! ––exclamo sintiendo que el dulce fácilmente se derretía en su lengua–– ¿Crema de fresa? Pero luce…
––Es una receta que invente, la base es esponjoso como un muffin pero la forma es de una galleta con el centro hundido para colocar la crema de fresa que es la que le da el sabor a todo. Preparo la crema en un bol y le hecho solo una cucharadita de mermelada de fresa de mi propia invención dentro de la crema, no queda grumosa y quedan trocitos de la mermelada que le dan una apariencia particular ¿Le gusta?
––Pues claro ¿Cuánto tiempo te llevo? ––su boca se lleno del pastelillo y no paraba de suspirar por lo delicioso que estaba.
––Fui al mercado temprano y compré para el desayuno y el almuerzo. Lo preparé lo quiera o no ––advirtió hundiendo su mirada en él y por un instante Bilbo pudo ver amenaza en ellos.
––Pero ¿Por qué fuiste al mercado? Tengo todo lo necesario está en mi despensa ––señalo con la mano la gran despensa que cruzaba la otra puerta frente a la cocina.
Ella se encogió de hombros y no respondió. Bilbo se rasco el cabello frustrado y sin querer seguir discutiendo tan solo tomo otra de esas delicias y saboreo como el ponqué se fundía en su lengua mientras la crema bailaba junto a sus papilas.
––Tiene que darme la receta.
Ella rió antes de negarle a Bilbo conocer su receta secreta provocando que este bajara los brazos con decepción e hiciera accidentalmente un puchero. Ella hecho su cabeza hacia atrás riendo un poco más, trato de hacer un trato para aliviar al hobbit en que le daba la receta de sus dulces de fresa si su abuela le daba la receta de su tarta de manzana. Bilbo siseo y quedo claro para él que jamás obtendría la receta de tan esquicito manjar, se hubiera lamentado por largo rato sino fuera que el hambre podía más que su decepción y sin más comenzó a desayunar sin dejar de suspirar por cada bocado que daba al banquete que tenía de desayuno, agradeciendo internamente a Eru por estar vivo.
