11. La ceremonia de inauguración
A la mañana siguiente, Harry abrió los ojos, giró la cabeza y vio el platinado cabello de Gabrielle encima de su hombro. La chica respiraba a centímetros de su cara, dormida con una mano sobre su pecho bajo las sábanas que envolvían a ambos.
Se estaba muriendo de ganas de ir al baño.
Harry apretó los dientes y empezó a preguntarse mentalmente cómo diablos podía hacer para salir de esa cama y correr hacia el baño sin despertarla. La mujer estaba dormida literalmente encima de él, sujetándolo por debajo de las sábanas como si temiera que él fuera a irse y dejarla sola allí en la mañana.
Pero, más allá de que quisiera o no quedarse allí durmiendo junto a ella, cuestión que en ese momento escapaba a sus capacidades mentales, debido a la urgencia de una necesidad mucho más física y actual; lo importante en ese momento era llegar al baño ya mismo. ¡No aguantaba un segundo más!
Entonces Harry vio la varita a un lado de la chica, sobre la cama. Estiró su brazo libre para tomarla, y la apuntó hacia Gabrielle.
Haciendo uso de todas sus habilidades como mago, Harry hizo un conjuro que mantuvo a Gabrielle en la misma posición, sosteniendo el brazo de Harry y su pecho bajo las sábanas, solo que con su encantamiento las manos de Gabrielle quedaron sosteniendo un muñeco de peluche enorme con forma de perro que Harry hizo aparecer allí con la varita de la chica.
Luego de comprobar que ella seguía profundamente dormida, abrazando al perro de peluche, con uno de sus pechos desnudos escapando por un lado de las sábanas y su cabello rubio cayendo ahora sobre el perrito, Harry huyó hacia el baño a toda velocidad.
Minutos después, Harry dejó la habitación con un alivio que no tenía explicación. Se dirigió hacia la cocina, ya vestido y bostezando, y se dejó caer en una silla.
-¿Todo bien? -preguntó Ron, que estaba sentado a la mesa, también vestido y con cara de acabar de levantarse luego de un profundo sueño. Aun así, consiguió esbozar una sonrisa y le guiñó un ojo.
-¿Por qué me miras así? -le preguntó Harry, haciéndose el tonto.
-Vamos, te conozco hace diez años, Harry -dijo Ron, que se estaba sirviendo leche en un vaso-. Tienes cara de haber tenido sexo toda la noche.
-Debo admitir que estuvo bien, sí -reconoció Harry. Estiró el brazo y se sirvió él mismo un poco de leche en un vaso, mientras oía otros pasos que se acercaban tras él.
-¿Qué cosa estuvo bien? -preguntó Hermione, cuya cara no era tan terrible como la de Ron, en parte por el hecho de que al estar calva no tenía el cabello todo alborotado como él. Se sentó junto a Harry y se sirvió leche ella también, alternando la mirada entre sus dos amigos, tratando de descifrar de qué hablaban.
-Harry tuvo sexo toda la noche -dijo Ron entonces, con picardía y una sonrisa traviesa.
-¡Ron! -protestó Harry, con reproche. Advirtió que la cara de Hermione perdía algo de la simpatía que había tenido instantes atrás.
-¿Ah sí? -dijo la chica, con un desinterés que parecía algo forzado, mientras bebía su vaso de leche.
-Estoy feliz por ti, amigo -le dijo Ron. Miró a Hermione, y algo en su mirada le indicó a Harry que Ron quería que Hermione supiera aquello ni bien lo supo él. Por eso no esperó ni diez segundos para contárselo. Había como una especie de satisfacción en su rostro. ¿Qué demonios estaba pasando con la dinámica entre ellos tres aquellos días? Era todo muy extraño.
-¿Con quién? -preguntó Hermione, masticando unos cereales mientras miraba la mesa, aparentando estar sumida en pensamientos, desinteresada por la conversación-. Digo, no es como que me interese, pero…
-Pues no hay demasiadas opciones, ¿verdad? -bromeó Ron, manoteando un puñado de cereales también.
-¿Joselié? -aventuró Hermione, aunque parecía que solo se había la tonta.
-¡Claro que no! -dijo Ron, de pronto serio.
-¿Por qué te pones serio? -Hermione lo miró, ahora ella con satisfacción-. ¿Por qué no podría ser ella?
-Ella estaba durmiendo contigo, así que es obvio que sabes que no fue ella -replicó Ron, con astucia.
-Qué se yo, estaba tan cansada que me dormí enseguida. Pudo irse luego con Harry.
-No peleen -dijo Harry, bebiendo su leche-. Creo que tenemos que pensar en otras cosas.
-¿Cómo en qué? -preguntó Ron.
-Bueno, pues, ¿cómo vamos a continuar el MWT? Es decir, eso estamos haciendo, ¿no? No es como que vamos a quedarnos a vivir en el apartamento de Gabrielle para siempre.
-El MWT aún no empieza -dijo Hermione, dirigiendo la mirada a Harry con los ojos entrecerrados.
-¿Cómo que no? ¿Y qué se supone que estamos haciendo?
-Estamos en Francia, nada más -ella se encogió de hombros-. Pero aún no fue el comienzo oficial. Será esta tarde. Hay un evento en las principales ciudades del mundo. Anoche mientras comíamos estuve googleándolo, y supe que Gabrielle tenía razón: Se hace en todo el mundo, y el lanzamiento oficial será en muchas ciudades importantes a la vez, en eventos públicos donde debemos ir para que nos den instrucciones y cosas así. Aquí en Francia no pensé que se hiciera, para ser honesta, pensaba pedir esas instrucciones por carta y ya. Pero sí se hace, será frente a la Torre Eiffel esta tarde.
-Genial, allí vamos entonces -Harry asintió-. ¿Y luego qué?
-Ahí nos dirán -Hermione se encogió de hombros-. No pareces querer quedarte aquí, por lo que veo. ¿Estoy en lo cierto?
-Claro que no -replicó Harry-. Lo mío con Gabrielle… Fue cosa de una noche, nada más. No pretendo volverme su novio, ni nada así.
-Ayer no dejaba de mirarte -dijo Hermione entonces, revelando que ya sospechaba algo al respecto-. Es obvio para mi que esta enamoradísima de ti desde los ocho años. No creo que puedas librarte de ella tan fácilmente.
-No creo que sea así como dices -la contradijo Harry-. Creo que fue lo mismo para ambos. Se sintió así. Creo que ella, al igual que yo, cree que fue solo una aventura de una noche. Estoy seguro.
Entonces, oyeron nuevos pasos detrás de ellos. Harry giró la cabeza, de pronto asustado, sin saber por qué, y vio que Gabrielle acababa de aparecer en la cocina también. Estaba vestida, radiante, sonriente, y abrazaba con fuerza el perro de peluche.
-¡Ay, amor, muchas gracias! -dijo entonces, lanzándose encima de Harry. Lo abrazó y lo besó en los labios con fervor delante de todos, tomándolo totalmente por sorpresa, y el peluche quedó aplastado entre medio de los dos, casi tirando el vaso de leche de Harry al piso. -¡Me encantó tu regalo! ¡Es mi peluche preferido!
Harry dirigió la mirada al perro de felpa, y esbozó una sonrisita nerviosa.
-Ah… Sí, claro. Claro, sí, era un regalo para ti. Por supuesto.
Miró rápidamente a Ron, que tuvo que reprimir una carcajada. Hermione de pronto se puso de pie y se marchó de allí, sin motivo aparente. Gabrielle, ignorando aquello por completo, aprovechó para tomar el asiento de la chica y sentarse ella. Se arrimó tanto como pudo a Harry y lo abrazó mientras lo miraba a los ojos con dulzura, el perrito de peluche encima de ella.
-¿Qué están desayunando? -preguntó, más feliz de lo que la hubieran visto en su vida-. Deja que te haga algo mejor, amor. Este desayuno es muy pobre. Te haré el mejor desayuno que hayas probado en tu vida, corazón.
Besó a Harry en los labios con una ternura que lo tomó totalmente desprevenido, y se puso de pie con velocidad para ponerse a preparar un desayuno con su varita.
-Hola, chicos -saludó una nueva voz, ingresando en la cocina. Harry alzó la vista, ruborizado, y vio que Joselié entraba en camisón, bostezando y con el pelo todo revuelto.
-Ven, siéntate, Jose -Ron se había puesto de pie y le había apartado una silla a la chica, mirándola con una sonrisa exagerada.
-Gracias -dijo ella, yendo hacia allí y sentándose.
Esa tarde, los cinco fueron a Campo de Marte, y anduvieron el camino hacia la Torre Eiffel. Cuando llegaban, vieron que había una enorme movilización allí: Cientos de personas andaban el camino también y se acercaban en grandes grupos, riendo, charlando y acercándose en dirección al monumento.
-¿Toda esta convocatoria es del Magic World Tour? -preguntó Harry, sorprendido.
-¡Eso parece! -exclamó Hermione-. He leído en las noticias que…
Pero Gabrielle la interrumpió groseramente al abrazar a Harry y besarlo continuamente e irritantemente mientras hablaba en voz altísima:
-¡Qué hermoso, mi amor! ¡Mira cuánta gente ha venido!
Empezó a besar a Harry con lengua, sin darle ninguna posibilidad de contestarle u opinar algo al respecto. Hermione aceleró el paso, hecha una furia, dejándolos atrás. Ron y Joselié fueron tras ella, un poco más rezagados.
Harry quiso indicarle a Gabrielle, en medio de los besos, que estaban quedándose un poco atrás. Pero no se atrevió a ponerle mucho énfasis, porque tenía toda la pinta de ser una chica psicópata que, así como lo besaba continuamente, estaba 100% seguro de que si se enojaba sería hombre muerto.
Finalmente, los cinco llegaron al pie de la Torre Eiffel, que se veía imponente e impactante, junto con una gran multitud de gente que estaba reunida toda en torno al monumento, expectante. Harry jamás llegó a enterarse de por qué había tanta convocatoria de magos en ese lugar (la mayoría tenían túnicas y varitas), que aparte parecían ser de todos lados, no solo de París. No pudo enterarse porque Hermione no llegó a contárselo, porque Gabrielle no dejaba de abrazarlo y besarlo y apenas podía ver más allá de su cabellera rubia en general.
-Ya empieza -dijo Ron, consultando algo en su celular. Harry quiso preguntarle qué iba a ocurrir, quién aparecería allí o qué sabía él, pero era absolutamente imposible con Gabrielle besándole toda la cara de formas totalmente molestas e irritantes cada segundo.
-¡HOLA A TODOS! -gritó entonces una voz amplificada. Harry quiso estirar el cuello para ver quién estaba hablando, en una tarima que habían colocado ante la Torre Eiffel, pero no pudo porque Gabrielle le bajó la cara hacia ella para besarlo en los labios apasionadamente. -¡BIENVENIDOS AL ACTO DE APERTURA DEL MAGIC WORLD TOUR!
-¿No hablan en francés? -preguntó alguien cerca de ellos.
-¡Sí, es que está hablando en francés! -dijo la persona que venía junto a aquella-. ¡Pero usan un traductor mágico que convierte las palabras al idioma nativo de cada uno en sus oídos!
Harry abrió los ojos y vio la cara de Gabrielle a milímetros de la suya. Lamentablemente, no podía ver nada más allá de su cabellera rubia y su pálida piel francesa. Quiso girar la cara un poco, en medio del larguísimo beso, fingiendo que la quería besar de lado, para poder ver qué pasaba atrás, quién era el que hablaba. Pero ella le tomó la cabeza con una mano y lo devolvió a la posición original.
-¡Es un placer para mí, como Ministro de la Magia de Francia, darles la bienvenida a todos! -decía el mago con la voz amplificada-. ¡Es un orgullo para nosotros ser una de las diez ciudades a nivel mundial en que se presenta el día de hoy el comienzo de este evento internacional de magos, el más grande que se haya visto en los últimos diez años…!
Harry no pudo seguir escuchando, porque ahora Gabrielle lo besaba con tanto fervor que se le había ocurrido tomarlo con ambas manos del costado de la cabeza para besarlo más fuerte, y eso implicó que las dos palmas de sus manos le estaban tapando los oídos. Eso, sumado al estruendo de las voces a su alrededor, le impidió seguir oyendo el discurso.
Harry no podía creerlo. Aquello ya era demasiado.
-¡…y desde que dejara de realizarse el Torneo de Los Tres Magos, lamentablemente, hace ya 25 años, cuando se llevó a cabo por última vez! -alcanzó a oír Harry, de forma entrecortada. Luego no pudo oír más nada, y poco después le pareció oír algunas otras palabras: -¡…Lo que significa un gran orgullo para nosotros como nación…! -y más adelante-: ¡…Uniéndonos a este gran evento que inició en Gran Bretaña…!
Harry ya no aguantaba más. Abrió los ojos y vio que los azules ojos de Gabrielle lo miraban a milímetros de distancia con una expresión totalmente psicópata. Tragó saliva con fuerza, saliva que bien podía ser de él o de ella, a esa altura era imposible saberlo. Y sintió algo de pánico al ver esos ojos mirándolo tan de cerca con expresión demente.
De pronto, todos empezaron a aplaudir y a hacer estruendo. Evidentemente, el discurso había terminado y el Ministro de la Magia Francés había dejado la tarima.
-Fue un gran discurso -dijo Ron, junto a Harry, emocionado.
Sintiéndose molesto y a punto de perder los estribos, Harry sintió finalmente que ese interminable beso tenía fin sobre todo debido al hecho de que la multitud estaba moviéndose en torno a ellos y si no miraban sus alrededores los acabarían empujando por accidente.
-Vamos para allá -dijo Joselié, señalando hacia adelante, y los cinco chicos caminaron en dirección más cercana a la torre rodeados de magos, brujas y muggles también que andaban todo alrededor.
-No entiendo por qué tanto alboroto -dijo Harry, tratando de mantener el paso.
-Pues por la pepita de oro, ¿no lo oíste? -dijo Ron, mirando a su amigo.
-No, no -Harry entrecerró los ojos, molesto.
-¿En serio? Dijo que la primera pepita de oro está en la torre. ¿Cómo no lo oíste?
-Da igual. ¿Qué hay que hacer entonces? ¿Ir a buscarla?
-No, no. Dijo que se otorgará a uno de los inscriptos al azar cuando terminen las celebraciones de apertura.
-¿Cuáles celebraciones de apertura?
En ese momento, un grupo de magos que venían todos juntos con algo muy grande sobre ellos chocaron con Harry. Este alzó la mirada y vio que cargaban un gigantesco barril de cerveza de manteca del tamaño de Hagrid. A su alrededor vio que había muchos grupos de magos con similares barriles atravesando la multitud con ellos y depositándolos en medio de distintos lugares del predio verde ante la torre.
-Vaya, son enormes -se sorprendió Gabrielle.
-¡A beber! -dijo Ron, muy contento.
Resonó una especie de explosión en el aire, y Harry vio que cientos de papelitos de todos colores habían salido disparados hacia el aire mediante magia. Humos mágicos de color rosado y violeta rodearon la Torre Eiffel al tiempo que una música de fiesta empezaba a sonar todo alrededor en un volumen exageradamente alto. Los magos y brujas empezaron a bailar, y de pronto se armó una fiesta tremenda.
Ron desapareció y apareció de vuelta dos minutos después cargando cinco chops de cerveza con un equilibrio peligroso. Cada uno agarró uno, y Ron suspiró aliviado al comprobar que ninguno se le había caído al suelo.
-Desearía tener mi varita para hacerlos levitar, en momentos como este -dijo, lamentándose que aún ninguno de ellos tenía sus varitas o equipaje.
Empezaron todos a beber. Harry solo necesitó probar un sorbo de aquella cerveza de manteca para sentirse mareado y ebrio. ¿Qué demonios estaba pasando?
-¿Qué rayos es esto? -dijo Hermione, escupiendo un chorro de cerveza en el césped con asco.
-¡Ja! -se mofó Gabrielle, al verla. Hermione le dirigió una mirada de odio. -Veo que no están acostumbrados a la cerveza de manteca francesa. Es mucho más fuerte que la de Inglaterra.
-Y se nota mucho -dijo Ron, cuyos ojos de pronto estaban inyectados en sangre.
-Vamos, no sean débiles -Gabrielle se apartó el rubio cabello de la cara, empezó a beber su chop y lo bajó hasta el fondo de un solo trago, increíblemente rápido.
Ron lanzó un silbido.
-¡Vamos, hagan fondo! -los instó la chica-. Tú sí estás acostumbrada, ¿verdad, Jose?
-No realmente -dijo la aludida-. Hasta hoy, mi vida era trabajar en el aeropuerto ocho horas al día, y pasar el resto con mi marido en casa. La verdad que yo…
-¡Pues bebe! -le gritó Gabrielle, alocada, sin dejarla terminar la frase. -¡Vamos! ¡Haz fondo!
Obediente, Joselié se llevó el chop a la boca y empezó a bajarlo tan rápido como podía. Se detuvo poco después de la mitad, conteniendo una arcada.
-¡Es súper fuerte! No parece cerveza. Parece… tequila, no lo sé.
-Sí, el tequila tiene una graduación alcohólica más o menos de la mitad que la cerveza francesa -dijo Gabrielle, minimizando aquella bebida-. Además, al no ser una bebida mágica, no es lo mismo. Creo que dentro de los ingredientes de la cerveza francesa hay alguna poción…
-Madre santa de Notre Dame -dijo Ron, sus ojos desorbitados luego del segundo trago-. Siento que podría bailar como duende irlandés en este momento.
Estalló otra serie de papelitos de colores, la música se puso genial y la gente no dejaba de bailar en torno a ellos. Pasaban magos y brujas ofreciendo comida y bebidas de todo tipo, además de los enormes barriles de cerveza de manteca francesa.
Harry tomó unos pastelitos de una bandeja, bebió un par de sorbos de su cerveza y empezó a bailar, impulsado por la fiesta que se había armado alrededor.
-¡Vaya, Harry! ¡No sabía que bailabas! -dijo Gabrielle, súper excitada.
-Yo tampoco -confesó él, moviéndose al ritmo de la música.
Primero, los cinco chicos bailaron juntos, uno junto a otro. El momento estuvo muy divertido, porque toneladas de jóvenes desconocidos, algunos provenientes de muy distintos lugares del mundo a juzgar por sus vestimentas y rasgos, todos bailaban junto a ellos, reían y se estaban pasando un rato genial.
Luego, Gabrielle se lanzó encima de Harry y se puso a besarlo peor que antes, porque ahora había que sumar la ebriedad y su aliento a alcohol. Succionó su boca como si se tratara de una aspiradora, y lo obligó a tomarla por la cintura y apretarse mucho a ella.
Harry alcanzó a ver que Ron y Hermione bailaban con Joselié a un lado, y se apartaban un poco.
¿Cuánto tiempo más podía aguantar aquello?
Decidió que no más. Aquel era el momento de decir basta.
Ahora que el efecto de la cerveza estaba teniendo lugar en él, se sentía con la valentía suficiente para afrontar esa situación. Se apartó de Gabrille, la miró a los ojos y se preparó para decirle que él no quería ser su novio ni tener nada con ella.
Abrió la boca para empezar a decirlo, pero Gabrielle habló primero:
-Harry, ¿sabes qué? -le dijo, de pronto frunciendo el ceño-. No te tomes esto a mal, ¿sí? Pero creo que lo mejor será que no seamos novios.
-¿Cómo que qué? -Harry quedó perplejo. No se esperaba aquello.
-Sí, creo que mejor dejemos esto que pasó hasta aquí -dijo ella dirigiéndole una sonrisa muy simpática que lo tomó totalmente por sorpresa. ¿No estaba ella súper enamorada y obsesiva con él?
-Bueno, pues… -Harry no sabía qué decir. En verdad, él estaba por decirle lo mismo. Pero ahora se sentía desconcertado por el hecho de que ella lo hubiera dicho primero. Estaba totalmente seguro, instantes atrás, de que ella estaba loca por él y se tomaría muy mal una ruptura de su recientemente iniciada relación. Pero ahora, ella era la que sugería la idea.
-Si, no te lo tomes a mal… -le dirigió una sonrisita más y una última mirada-. Pero lo cierto, Harry, es que besas bastante mal. Lo siento, pero no puedo estar con alguien que no sabe besar.
Harry se quedó de piedra. No podía creerlo.
-Y, de nuevo, no digo esto para herirte ni nada -dijo Gabrielle, mirándolo como con lástima, mientras se acomodaba un mechón de cabello tras la oreja-, pero también eres bastante malo en la cama. Por favor, tómalo solo como una crítica constructiva, para que puedas mejorar con otras chicas en el futuro. ¿Sí? O chicos, lo que sea. Me lo pasé muy bien igualmente -le dirigió una amplia sonrisa, como si quisiera terminar las cosas entre ellos de la mejor forma posible, casi como amigos. -¡Sigue disfrutando la fiesta!
Gabrielle saludó con la mano a los otros tres, que estaban junto a ellos.
-¡Me voy con unos amigos míos que acabo de ver por allá! -anunció la chica, señalando un grupo de jóvenes que estaban a unos metros de distancia de ellos-. ¡Qué disfruten la fiesta, chicos! ¡Hasta luego!
Gabrielle se fue, bailando y riendo, mientras tomaba un vaso de alguna otra bebida alcohólica de la bandeja de una bruja que pasaba por allí ofreciendo las bebidas; y se fue para no volver jamás.
-¡Genial, Harry! -Ron se acercó a su amigo y le dio una palmada en el hombro, contento-. ¡Por fin! ¡Gabrielle se fue! Ya no tendrás que soportarla. Genial, ¿verdad?
-Dijo que soy malo en la cama -dijo Harry, que ya no bailaba y se sentía bastante mal. Era irónico. Cuando él pensaba en deshacerse de ella, se sentía en un plano de superioridad, como el objeto codiciado por la chica durante años y años, habiéndola vuelto una especie de psicópata obsesionada con él. Pero, ahora que sabía que en verdad jamás había sido así, y la chica solo le había dicho aquellas cosas para tener algo con él una noche, y ahora no quería saber más nada con él porque lo consideraba malo en la cama, eso lo hacía sentir una especie de basura insignificante.
-Vamos, no le hagas caso -dijo una voz entonces. Harry giró la cabeza y vio que Hermione estaba junto a él, muy sonriente; y ya fuera por los tragos de cerveza de manteca francesa, haciendo algo que Hermione jamás hacía normalmente: tenía un brazo tendido hacia él, invitándolo a bailar. -Estoy segura de que no eres tan malo en la cama.
Harry tomó la mano de Hermione y los dos empezaron a bailar. Harry bebió el resto de su chop y bailó con ganas, tratando de recuperar el ánimo de fiesta. Ron se puso a bailar con Joselié junto a ellos, y la fiesta se intensificó de pronto cuando el sol comenzó a bajar y perderse en el horizonte.
Ahora, había cientos de magos, brujas y muggles alrededor completamente arruinados y ebrios, por doquier. Ellos mismos estaban mareados y muy ebrios, apenas conscientes de lo que pasaba en torno a ellos.
Harry seguía bailando con Hermione, ahora más cerca el uno del otro, y hablaban al oído sobre cosas totalmente absurdas y sin sentido, que ni siquiera podían recordar. Junto a ellos, Ron y Joselié se estaban besando, apretados y tomados por la cintura.
-No tengo idea de a dónde iremos a parar esta noche -dijo Harry en el oído de Hermione, dándose cuenta de aquello-. Ahora que no podemos ir de Gabrielle.
-Es parte del Magic World Tour -dijo Hermione, también en su oído, para que la pudiera escuchar-. No saber dónde pasaremos la noche es parte de esto, supongo. Podríamos ir a un hotel…
En ese momento, oyeron una voz amplificada. Era un mago francés que había tomado la palabra, en la tarima bajo la torre:
-¡Gracias a todos por celebrar este nuevo torneo que comienza el día de hoy! -dijo el mago, y todos empezaron a aplaudir y festejar-. ¡Es hora de elegir al ganador de la pepita de oro de la Torre Eiffel!
Todos aplaudieron, silbaron y lanzaron gritos de entusiasmo.
El mago, del que solo alcanzaban a ver su silueta desde allí, se tomó unos segundos y luego dijo:
-Y el ganador de la pepita de oro es…
Parecía que estaba haciendo algún tipo de hechizo con su varita, imposible de ver con claridad desde allí, que dibujaba el nombre de alguno de los presentes en el aire ante él.
-¡DIDIER FAURE-DUMONT!
Hubo una serie de aplausos, y un joven de unos veinticinco años subió corriendo a la tarima, con los brazos en alto, totalmente ebrio, recibiendo el objeto dorado que no se llegaba a ver desde allí, y aplaudiendo y festejando.
-Vaya, por un momento creí que tú serías el ganador, Harry -dijo Ron-. ¡Qué extraño que no hayas sido el centro de atención por una vez!
-Sí, lo sé -dijo Harry, sintiéndose muy extraño por dentro-. Quizás ahora seré una persona normal, de una vez.
Ron volvió a concentrarse en besar a Joselié, con total euforia, y Harry sintió que Hermione lo abrazaba por los hombros, completamente ebria, y la tomó por la cintura.
