12. Brujas, BE / Ámsterdam, NL

-¡Yuuuuhuuu!

Con los brazos extendidos al viento, sujetando la escoba únicamente con sus piernas, Ron aulló de felicidad y Harry rio a carcajadas tras él.

Los cuatro estaban volando en una única escoba para cuatro personas mucho más larga de lo común, con cuatro pequeños asientos similares a los de una bicicleta, y tres sets de ramas (uno y principal y dos que salían de los lados), por los cielos de Francia y hacia el norte.

El día anterior, finalmente, sus varitas y equipajes habían llegado al hotel donde se habían hospedado en París, enviados por la aerolínea. Harry, al sujetar su varita nuevamente, había sentido como si finalmente una parte perdida de sí mismo hubiera aparecido, y ahora el viaje tenía una nueva cara mucho más feliz y positiva para él.

Luego de alquilar aquella escoba para cuatro en una tienda de alquiler de escobas de magos en París, habían cargado sus maletas todas adentro del bolsito de cuentas de Hermione, se habían montado al objeto y habían emprendido vuelo hacia el norte dejando París atrás.

Harry sintió el cabello de Hermione volar en su cara, y de pronto Ron, que iba delante de todo, conduciendo, pegó un brusco giro y Harry sujetó a Hermione de la cintura con una mano mientras se sujetaba al palo de la escoba con otra. Joselié, tras él, se inclinó hacia adelante y se abrazó a su espalda pegando un pequeño grito.

El sol estaba poniéndose en el horizonte, tras los campos franceses, y Hermione ahora había sacado su celular y miraba cosas en él, mientras Ron aceleraba haciendo que una sensación de vértigo los invadiera.

-¡¿A dónde vamos?! -preguntó Ron a los gritos, acelerando más y más y subiendo la escoba a mayor altura, provocando gritos de miedo de Joselié en la parte de atrás.

-¡Podemos parar a dormir en Brujas! -sugirió Hermione-. ¡No está tan lejos de aquí! Una vez que pasemos la frontera con Bélgica, son unos 60 kilómetros.

-¡Pan comido! -dijo Ron-. ¡Oye, Hermione! Dame mi celular, ¿quieres? Y ponme el GPS con rumbo a Brujas, para guiarme.

-¡No soy tu maldita asistente, muchachito! -le gritó ella.

-¡¿No ves que estoy manejando?! ¡¿Acaso quieres que pierda el control de la escoba y…?!

Ron movió la escoba hacia abajo con brusquedad y los cuatro salieron despedidos hacia abajo en picada durante unos metros, en los que los chillidos de Joselié resonaron por todos los cielos de los campos del norte francés.

-¡IMBÉCIL! -le gritó Hermione, cuando Ron nivelaba la escoba de nuevo y recuperaban el vuelo normal-. ¡NO VOLVERÁS A CONDUCIR!

-¿Y quién lo hará? Yo puedo hacerlo igual de bien que Harry.

-¡No me refería a Harry! ¡Yo también puedo conducir, ¿sabes?!

-¿Tú, con escobas, Hermione? No estoy seguro de que tú y las escobas se lleven bien…

Harry miró hacia atrás y compartió una mirada con Joselié, mientras la batalla se desataba entre Ron y Hermione.

-Bienvenida al grupo, Jose -le dijo Harry, dirigiéndole una sonrisita-. Tengo que introducirte a esta clase de cosas, que verás en este viaje. Este tipo de peleas -señaló con el pulgar a sus dos amigos, que discutían a los gritos en el frente de la escoba-, son parte característica de nuestra relación.

-Ya veo -Joselié asintió con nerviosismo. Estaba pálida y evitaba a toda costa mirar hacia abajo. -¿Sabes? Creo que quizás la próxima podríamos buscar otro medio de transporte. No me siento tan cómoda volando…

-¿No eras empleada en un aeropuerto?

-Sí, jamás se lo dije a nadie, pero odio volar -le dijo ella-. Por eso pedí trabajar en tierra. No soy azafata, solamente me dedicaba a la atención al cliente en el aeropuerto. No me gusta volar.

Harry asintió, comprendiendo, y volvió a mirar hacia adelante cuando Ron, seguramente motivado por su discusión con Hermione, aceleró a toda potencia, surcando el cielo con rapidez.

Luego de un rato más de vuelo, durante el cual el cielo se apagaba con la desaparición de los rayos de sol en el horizonte, que parecían atenuarse con la misma suavidad que como se apagaban las energías de los chicos, que con el cansancio del viaje ya no discutían ni tampoco hablaban demasiado; finalmente Ron, guiado por su celular que él mismo había tenido que configurar para que lo guiara en el camino, empezó a perder altura y atravesó varias nubes en su camino hacia abajo.

Harry sentía el violento viento en la cara mientras atravesaban las nubes más bajas, ya siendo de noche, y de pronto unas luces pequeñas bajo ellos les indicaban que estaban sobre una ciudad.

-Oostkamp -anunció Ron, hablando por primera vez en un buen rato-. Ya estamos llegando.

Atravesó los cielos de Oostkamp y siguió de largo, bajando el vuelo más y más. La oscuridad y negrura bajo ellos pronto empezó a atenuarse al aparecer las luces de una nueva ciudad delante. Ahora ya volaban los suficientemente bajo para distinguir sus calles y edificios.

-¡Dios mío! ¡Qué hermoso! -gritó Hermione.

Harry también lo vio: Incluso en la oscuridad, alumbrados por los faroles de las calles, se veían edificios antiguos, muy hermosos y que parecían haberse quedado en el tiempo muchos años atrás. Unos canales de agua recorrían entre ellos como si fueran calles, y las casas con techos puntiagudos se alzaban de una forma muy atractiva hacia el cielo por el que ellos bajaban.

Ron bajó hasta quedar a la altura de una calle, y finalmente aterrizó en ella.

Los cuatro bajaron de la escoba, estirándose y abrigándose con las manos. Era difícil quitarse de encima la sensación del viento frío golpeándolos. Harry se puso a dar saltitos en el lugar tratando de recuperar la circulación.

Hermione miró alrededor, a la plaza en la que estaban.

-Esto es Grote Markt -les dijo, observando el centro circular de la plaza, donde habías estatuas rodeadas de banderas.

-¿Has estado aquí, Hermione? -preguntó Joselié.

-No, pero es lo que dice Google.

Se alejaron por una de las calles anexas y avanzaron por el precioso y antiguo lugar. Caminar por aquellas calles era como estar dentro de un cuento de hadas. Todas las construcciones eran de ese estilo antiguo, alzándose con sus tejados a dos aguas hacia el cielo nocturno. Caminaron por una calle empedrada y cruzaron un canal por un antiguo puente de piedra.

-¿A dónde podemos hospedarnos? -preguntó Joselié. Hermione buscaba algún lugar en su teléfono.

-Hay un hostel para magos en la parte mágica de la ciudad -les dijo la chica-. Es muy barato, solo tres trapenses.

-¿Qué son trapenses?

-Según Google, es una moneda de magos de Bélgica que equivale a cinco sickles de los nuestros.

-Genial, eso es barato -dijo Harry-. Vamos allá.

-Por aquí.

Hermione los guio a través de una calle llamada Waalsestraat, hasta la esquina con Witteleertouwersstraat.

Se detuvieron.

-¿Qué hay aquí? -preguntó Ron, sin comprender, mirando alrededor.

-Allí -Hermione señaló un edificio cuyas ventanas estaban todas tapiadas. Una de ellas tenía una cruz dibujada encima, y abajo había una especie de puerta de madera cerrada. -Por aquí, vengan.

Los cuatro se acercaron a la puerta de madera. Hermione, consultando su celular con una mano, sacó su varita recientemente recuperada con la otra, la acercó a la puerta de madera y golpeó dos veces en ella con la varita. Esta se entreabrió.

-Qué curioso -dijo Ron, frunciendo el ceño-. Que solo tuvieras que golpear dos veces en ella.

-No entiendo qué tiene de curioso -dijo Harry, volviéndose a su amigo.

-Generalmente, debes golpear tres veces con tu varita para abrir una puerta -dijo él, encogiéndose de hombros.

-Pues aquí son dos veces -dijo Hermione.

-Solo digo, es curioso.

-En verdad, no entiendo por qué habrían de ser tres y no dos -reflexionó Harry.

-No entiendo por qué no podría ser una y ya -dijo Joselié.

Hermione revoleó los ojos y se cruzó de brazos.

-¿Ya terminaron de filosofar sobre la cantidad de golpes que se deben hacer con la varita en una puerta? Vamos.

La chica se metió tras la puerta sin ningún tipo de temor, y los demás avanzaron tras ella.

Fue algo mágico (literalmente): Ni bien Harry atravesó la puerta de madera, el silencio nocturno y la oscuridad de la calle que acababan de dejar atrás desapareció de golpe, y los cuatro amigos fueron recibidos por los estruendosos aullidos de una multitud enardecida.

Parecía que acababan de entrar a un estadio de Quidditch repleto de gente justo en el momento en el que el equipo favorito metía un gol.

Pero no. En verdad, acababan de entrar a un callejón secreto atiborrado de magos que hablaban y reían fuerte, con guirnaldas bordeándolo desde los balcones de las casas de piedra que había a cada lado. Todo estaba lleno de magos y brujas, caminando por el largo callejón. Había papeles de colores saliendo despedidos por el aire, duendes correteando alrededor, pequeñas hadas volando por el aire sobre ellos y lanzando chispas de colores en el aire, y mucho olor a comida callejera.

-¿Qué es esto? -dijo Harry, asombrado, mirando alrededor-. ¿Dónde estamos?

-¡Es el callejón Maitines de Brujas! -dijo Hermione, sonriente-. ¡Dicen que siempre está de fiesta! Toda la noche, todos los días, siempre es así. ¡Los magos aquí sí que la pasan bien!

Guardó su celular en el bolsillo, donde había consultado esa información, y los cuatro caminaron entre medio de la multitud, asombrados. Harry llevaba la larga escoba en su mano y pasaba entre medio de los jóvenes magos y brujas que bebían cerveza, comían comida callejera y charlaban animadamente. Había música saliendo de cada una de las casas a su alrededor. Avanzaron hasta internarse por completo en ese callejón mágico, y Hermione les hizo señas entre medio del estruendo de que la siguieran por un lado.

-Aquí hay una casa de cambio -dijo, acercándose a una tienda que había en un costado de la calle-. Podemos cambiar algunos sickles.

-¿Abre toda la noche? -preguntó Joselié.

-Todo aquí abre toda la noche, según veo.

Harry cambió un galleon a la moneda de los magos de Bélgica, y continuaron camino. Se compraron para comer algo que no tenían idea de qué era, pero parecía alguna especie de criatura mágica del tamaño de una uva, muchas de ellas cocidas y clavadas en un palillo.

-A partir de este momento, seré vegetariana -anunció Hermione, mirando con repulsión su palillo sin comerlo. Ron, que había fulminado el suyo, se lo quitó de la mano y se comió todo en medio segundo. -¡Oye! -protestó ella.

-Te estoy haciendo un favor, Hermione, así no tienes conflictos morales -dijo él, tragando con velocidad-. ¡Vaya que tenía hambre!

Finalmente, llegaron al hostel. Fueron atendidos por una bruja muy amable, y por fin consiguieron una habitación de cuatro camas para ellos donde pudieron relajarse.

-Estoy agotada -dijo Hermione, desperezándose y sacando de su bolsito de cuentas las valijas de Ron y Harry, las que les pasó a los chicos para que pudieran cambiarse. También sacó un bolso que era de Joselié, y se lo dio a la chica. Ambas estaban compartiendo una litera, y Harry y Ron otra.

Harry sacó de su valija el cepillo de dientes, una camiseta y un pantalón que usaba para dormir, y se fue al baño que estaba fuera de la habitación, avanzando por un pasillo. Luego de cambiarse, volvió hacia la habitación. El hostel era una casa muy antigua que tenía muchas habitaciones y la misma arquitectura típica de aquella ciudad. Era algo lúgubre, de hecho, pensó, mientras caminaba descalzo por ese pasillo oscuro, alumbrado por solo algunas velas.

-¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH! -se oyó de pronto un alarido de terror que lo hizo pegar un salto y golpearse la cabeza contra una antigua lámpara colgante.

¿Qué había sido aquello?

Harry se quedó quieto, de piedra, mirando hacia la puerta del cuarto que tenía justo al lado. El alarido había finalizado tan de golpe como había comenzado. Y nada más pasó. Solo silencio.

No entendía qué acababa de pasar.

Harry esperó, en silencio, pensando que alguien saldría de algún dormitorio, o que algo pasaría. Pero nadie salió.

Finalmente, Harry se acercó al cuarto en el que había oído el grito, sacó su varita del bolsillo, y sin golpear ni anunciarse abrió la puerta y se metió adentro, apuntando con su varita a los rincones.

No parecía haber nadie allí.

-¡Lumos! -dijo el chico. Un haz de luz salió de su varita e iluminó todo el cuarto. Era una habitación de ocho camas, en literas, igual que la de ellos. Pero esta estaba completamente vacía, no había nadie allí y las camas estaban todas tendidas.

Tardó unos dos minutos en darse cuenta que nada había pasado allí. No había nadie, ni nada. Pero él estaba seguro de haber oído un alarido escalofriante. Un alarido letal. No había sido un grito de alguien bromeando, ni nada. Había sido un grito de horror, de horror real. Un grito que le había dejado la piel de gallina…

Con el corazón latiéndole a toda velocidad, Harry abandonó la habitación, confundido. Y se quedó en el pasillo, tratando de recuperar los pensamientos, sin salir del estado de shock.

El pasillo estaba en silencio y sin nadie. Había otras habitaciones, pero estaba seguro de que el grito había salido de aquella.

Sin saber qué otra cosa hacer, Harry regresó a su cuarto. Ni bien atravesó la puerta, fue recibido por un estruendo que parecía salido de la nada: la ventana estaba abierta, y varias guirnaldas colgaban desde ella hasta las casas del otro extremo del callejón. La fiesta afuera resonaba fuerte, y el griterío de las brujas y magos en la calle le llegó a los oídos de nuevo.

Harry entró a la habitación en un estado de mucha confusión, y vio que Hermione estaba acostada en su cama, su cara alumbrada por el brillo de la pantalla de su celular, que miraba mientras trataba de dormirse. Y en la otra litera, Ron y Jose se habían acostado juntos en la cama de abajo y, si bien había una cortina cerrada que obstaculizaba la visión, resultaba claro que estaban besuqueándose allí.

Hermione apartó la mirada de su teléfono y miró a Harry de inmediato. Luego de todos esos años, Harry supuso que su amiga tendría una especie de sexto sentido que le indicaba cuando Harry estaba en estados de shock, lo cual no era algo bueno.

-¿Qué ocurrió? -susurró Hermione, incorporándose en la cama. Harry negó con la cabeza, confundido. Caminó hasta llegar a la cama de su amiga y se sentó en ella, a su lado.

-No lo sé -le dijo, ceñudo-. Volvía del baño, y me pareció oír un grito… ¿Tu oíste algo?

-No, pero… -Hermione señaló hacia la ventana, donde ahora una música era cortada por el chillido en broma de varias niñas, y las voces de muchos magos bebiendo y diciendo incoherencias, probablemente alcoholizados.

Harry captó el mensaje de Hermione. Había muchos gritos resonando en el aire. Pero esos no eran como el que había oído él. Había sido algo totalmente diferente. No había sido un sonido de fiesta…

Le contó lo que pasó, y luego de eso se quedó allí, sentado junto a ella.

-¿Quieres que… que vayamos a ver? -preguntó Hermione.

-No, olvídalo, ya entré y no había nada. Y estoy seguro de que lo oí en ese cuarto.

-Pues te creo -dijo Hermione-. No creo que te lo hayas imaginado ni nada.

-¿De verdad?

-Después de tantos años, Harry, sería una tonta si no confío en tu instinto.

Le dirigió una sonrisita leve.

-Espero que no haya pasado nada malo…

Pero ambos sabían que, luego de todos esos años, no solo tenían un sexto sentido que les indicaba cuando algo extraño pasaba. Sino que, además, no tenían la más mínima duda de que algo malo había pasado. El mismo sexto sentido se los indicaba.

Pero, sin poder hacer mucho más al respecto, se quedaron los dos ahí.

-Voy a acostarme -dijo Harry, incorporándose y colocando una mano encima de la escalerilla que conducía a la cama de arriba. Sintió que algo cálido y reconfortante lo tocaba: Hermione había extendido una mano y la había apoyado en la suya.

Harry, que estaba por subir a la cama sobre la de ella, bajó la mirada para verla. Ella lo miraba, con la boca entreabierta, al parecer habiendo estado a punto de decirle algo. Pero no dijo nada, e hizo una muy leve negación con la cabeza, apartando la mano. Harry asintió y subió la escalerilla.

Una vez que estuvo allí acostado, se quedó mirando el techo en penumbras.

La fiesta seguía afuera, y al parecer también en la litera de Ron y Jose. Pero él cerró los ojos y trató de dormirse, sumido en pensamientos…

Las imágenes de aquel pasillo del hostel volvieron a su cabeza en cuanto cerró los ojos. El grito, aquel alarido de pánico, de terror, pronunciado por… ¿una mujer? Ese aullido desgarrador resonó en sus oídos de nuevo, mientras el sueño penetraba en él y se sumía en las tinieblas de su mente, en profundos sueños perturbadores…

El fuerte sol de la mañana le dio en los ojos y el alarido resonó de nuevo en sus oídos al tiempo que la luz del sol lo golpeaba como un bate de béisbol directo en la cara.

Harry abrió sus ojos, inyectados en sangre. Había dormido horrible. Todo eso último había sido solo un sueño, una pesadilla.

Estaba acostado en la cama de arriba y ya era de día.

Miró hacia un lado: La cama de Ron y Jose tenía las cortinas abiertas, y no había nadie allí. Se asomó y miró hacia abajo. Hermione tampoco estaba. Estaba solo él en la habitación. ¿Qué hora era?

Harry se vistió de prisa y salió de la habitación. Ahora, de día, el hostel lucía como un lugar mucho más alegre y feliz. Bajó unas escaleras de madera y se encontró en un salón desayunador atiborrado de magos y brujas viajeros que reían y charlaban, la mayoría jóvenes. Harry rápidamente ubicó a sus amigos y se reunió con ellos en la mesa.

Había de todo para desayunar: tostadas, salchichas, tocino, huevos, masas, fiambres, jugos, café… Ron tragaba a toda velocidad, muy concentrado en su comida. Hermione y Jose charlaban y comían, de forma más tranquila que Ron.

-Hola, buen día -los saludó Harry, sentándose y agarrando la jarra de café.

-¡Hola! -lo saludaron las chicas, alegres-. No quisimos despertarte. ¿Dormiste bien?

-Sí -mintió él. Se sirvió unas tostadas, y oyó que alguien gritaba. Aterrado, alzó la cabeza mientras la tostada se le resbalaba de los dedos. Pero era solo alguien que había gritado de sorpresa al verlos, y corría hacia allí para saludarlos. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué estaba tan nervioso?

-¡Hola, chicos! -saludó la persona que los había visto. Se dio cuenta de que era, sorprendentemente, Neville-. ¡¿Cómo están?!

-¡Neville! -dijeron todos, muy asombrados-. ¿Qué haces aquí?

Neville tenía puesto un atuendo rosa muy femenino que indicaba que, tal como lo habían visto al final de la Guerra de los Universos, seguía siendo la versión gay que había luchado allí meses atrás. Tras él, vieron a una mujer de unos treinta años, que resultó ser Luna Lovegood.

-¡Luna! ¡Hola! -saludó Hermione, muy alegre.

-¡Hola! -dijo ella, contentísima. Miró a Jose y le tendió una mano. -Luna Lovegood, mucho gusto.

-Un placer -dijo ella, estrechándole la mano.

-¿Y qué hacen ustedes aquí? -preguntó Neville, sentándose a su lado. Tenía una taza de café, que se llevó a los labios mientras esperaba una respuesta.

-Pues, ¿qué hacen ustedes aquí? -preguntó Ron-. Nosotros estamos haciendo el Magic World Tour.

-¡Pues nosotros también! -dijo Luna, muy contenta. Su edad mucho más avanzada resultaba un poco chocante, porque seguía teniendo la misma actitud infantil de siempre, pero en un rostro mucho mayor.

-Qué genial -dijo Neville, contento-. Luna y yo nos reencontramos luego de la Guerra, ¿saben? Veníamos de universos diferentes, y no teníamos a nadie aquí. Como no podíamos regresar a nuestros universos, y no teníamos nadie con quien estar ni nada por aquí, porque mi abuela ya está muerta aquí en 2019, y el padre de Luna parece que también murió en un accidente allá por el 2014…

Lo relataba con una naturalidad que resultaba escalofriante, como si aquellas anécdotas de familiares muertos fueran algo totalmente cotidiano que no le causaba ningún tipo de malestar.

-Oh, está bien -dijo, haciendo un gesto algo afeminado con la mano al ver la mirada de los tres amigos-. No pasa nada, fue hace mucho tiempo. De hecho, ni siquiera lo hemos vivido, porque somos de otro universo. Qué se yo, todo es una locura ahora. El punto es que nos fuimos a vivir juntos, como amigos, claro -agregó, como si no quedara lo suficientemente clara su homosexualidad por su vestimenta y gestos-, y ahora decidimos empezar este torneo.

-Pues pueden unirse a nosotros -sugirió Harry, de pronto-. Teníamos pensado avanzar hacia Ámsterdam ahora. ¿No es así, chicos?

-Sí, sí -murmuró Ron, sin dejar de comer y masticar por un segundo.

-Genial, a Ámsterdam entonces -dijo Neville-. ¿Y cómo se conocieron contigo? -preguntó, mirando a Joselié con una sonrisa-. Supongo que eres una bruja francesa, ¿estoy en lo cierto? Ustedes los franceses tienen algunos rasgos particulares -sonrió, tratando de ser amistoso.

-Sí, pero no soy bruja -le dijo ella, masticando con la boca abierta una salchicha. De hecho, tenía algunas cosas en común con Ron. -Soy muggle.

-Ah, genial -dijo él-. Cierto que ahora los magos no vivimos en secreto. Eso es genial.

-Jose trabajaba en un aeropuerto muggle donde arribamos al llegar a Francia -explicó Ron, con la boca llena-. Luego decidió renunciar a su empleo para viajar junto a nosotros por el mundo.

Luego del desayuno, los seis fueron a sus dos habitaciones, juntaron sus cosas, y se reunieron en el salón central del hostel para partir juntos de allí y continuar su viaje.

Mucho más animado, con sus nuevos reencontrados dos amigos, Harry olvidó el malestar que había pasado la noche anterior y que seguía siendo un misterio para él, y avanzó con los demás por los callejones y hermosos lugares de la antigua ciudad de Brujas. Era un lugar ciertamente mágico, más allá de que se estuviera del lado muggle o del lado de magos.

Resultó que Luna y Neville también habían alquilado una escoba, para dos, así que los seis emprendieron el vuelo juntos y avanzaron a través de los cielos de Bélgica, dejando la ciudad atrás, rumbo a Ámsterdam.

Aquella segunda ciudad fue una experiencia bastante más normal. La ciudad era hermosa, por supuesto, pero no la recorrieron demasiado. Esta vez, fueron directo hacia un hostel de muggles llamado Dutchies Hostel, y pasaron la mayor parte del día allí.

-¿No deberíamos buscar las famosas pepitas de oro? -preguntó Ron en un momento, cuando estaban los seis reunidos en una mesa del bar, comiendo pizzas.

-Pues sí, pero ya han encontrado las de Brujas y Ámsterdam -dijo Hermione-. ¿No tienen la app del torneo descargada en sus celulares? Ahí dice todo.

-No, no la tengo -dijo Harry, que era un poco más reacio a los demás a usar celular. Le gustaba mantenerse de forma más tradicional, no tan tecnológica.

-Bien, pues ambas fueron encontradas ya. Al parecer ya han encontrado muchas, a lo largo del mundo. Hay un ranking de todos los participantes del torneo, y quién tiene más pepitas. Puedes buscarlas de forma individual o grupal. Les envié una invitación para que los seis formemos nuestro propio grupo. ¿La han recibido?

-Yo sí -dijo Ron, masticando pizza. Parecía que siempre estaba masticando algo.

-Yo también -dijo Luna.

-Yo… no miré, la verdad -Harry se puso a buscar su celular, que ni siquiera recordaba dónde había metido-. A ver…

Finalmente, descargó la app del Magic World Tour y aceptó la invitación de Hermione.

-Vamos bastante mal, ¿verdad? -dijo Ron, mirando su celular-. Ni una pepita entre los seis…

-Pues ya encontraremos alguna -dijo Luna, con optimismo-. Quizás debamos ir a una ciudad donde todavía nadie haya encontrado una. Alguna ciudad cercana.

-¿Qué me dicen de Berlín? -sugirió Neville, mirando su celular-. Aún no encontraron la pepita de Berlín.

-¡No, Berlín no! -gritó Harry de pronto, sin saber por qué. Todos hicieron silencio, mirándolo. El grito había salido de su garganta sin proponérselo. -Lo siento -se disculpó-. Ustedes no estuvieron allí, ni siquiera saben nada sobre eso. Es que, el año pasado… Quiero decir, en 1999, estuve allí. Con Malfoy y… -se le hizo un nudo en la garganta. No podía pronunciar la palabra "Negro". Simplemente no podía.

Finalmente, los demás parecieron captar lo que pasaba, y le indicaron con señas que todo estaba bien.

-Lo siento -repitió, sintiéndose un idiota-. No quiero volver a Berlín. Eso es todo.

-No te preocupes -dijo Hermione, que lo miraba de una forma maternal que lo incomodaba mucho-. Hay muchas ciudades a las que ir en Europa. ¿Qué me dicen de ir a Praga? La pepita de allí no fue encontrada aún.

-Genial -dijo Neville, asintiendo.

-Praga entonces -dijo Jose, asintiendo también.

Esa noche, Harry se encontró de nuevo durmiendo en la cama de arriba de una litera de hostel, mirando el techo, ahora en una habitación de seis camas, esta vez en Ámsterdam. Era tarde y todos parecían haberse dormido ya.

Pero el no podía. Algo dentro suyo había desperado en Brujas, una especie de sentido que llevaba en la piel, y le advertía de posibles amenazas a su alrededor. No lo había vuelto a sentir luego de la Guerra de los Universos, y sabía que había vuelto a despertar en Brujas.

Había despertado al oír aquel alarido desgarrador.

¿Qué demonios había pasado aquella noche?

-¡Harry! -susurró una voz. Harry giró la cabeza, sobresaltado, y vio el enmarañado cabello de Hermione asomando junto a su cama. La chica la dirigió una sonrisita.

-¿Qué ocurre? -le preguntó él, en susurros. Todos los demás dormían en las otras camas.

-Ven -dijo la chica, y volvió a meterse en su cama. Intrigado, Harry se destapó y bajó la escalerilla hasta la cama de abajo, donde dormía Hermione. Corrió la cortina de esa cama, y ella se hizo a un lado indicándole con señas que se metiera a la cama. Obediente y extrañamente nervioso, Harry se metió a la cama de su amiga y cerró la cortina tras él.

-¡Lumos! -susurró Hermione, y su varita alumbró la cama en la que ambos estaban.

-Muffliato -dijo Harry, para poder hablar en un tono de voz más normal-. ¿Qué ocurre, Hermione?

-Quería charlar -dijo ella, que llevaba puesta una camiseta apretada para dormir hasta el ombligo y una calza muy corta-. Sé que estás preocupado por algo.

Él hizo un breve silencio. Entonces se acomodó mejor, ya que estaba bastante incómodo. Con el techo de la cama superior tan bajo, no podían sentarse, así que se acostaron uno junto al otro en el reducido espacio.

-Sí, es que… -empezó Harry, dispuesto a contarle sus preocupaciones a su amiga.

-Lo has sentido, ¿no es así? -dijo ella entonces, interrumpiéndolo-. Ese sentido de alarma. De que algo va a pasar…

-¿Tú también lo sientes?

-Harry, luego de diez años de esto, lo raro es que nada raro pase.

Ambos rieron, y Harry se sintió un poco mejor.

-No sé qué fue ese grito que oí, quizás no fue nada, quizás lo imaginé…

-Olvídalo -dijo Hermione-. Si algo malo pasó, o algo malo está por pasar, ya nos enteraremos. Los problemas siempre vienen a nosotros. Mejor dejemos que vengan, y ya. ¿Para qué preocuparse, si ocurrirán de igual forma?

-Lo que tenga que pasar, pasará, y ya habrá tiempo de enfrentarlo -dijo Harry, asintiendo a la luz de la varita de Hermione. Alzó la mirada hacia su amiga. -Es una frase que me ha dicho una vez un amigo… Hagrid, de hecho.

-Sabias palabras de Hagrid -dijo ella, sonriente. Entonces pareció dudar, y luego de lanzarle una mirada fugaz a los ojos, se acercó a él por encima de las sábanas y lo abrazó.

Harry se quedó allí, quieto, abrazando a Hermione por la cintura. La chica recostó su cara en sus hombros, y Harry sintió que le crujían las tripas.

Acostados así, abrazados, ambos quedaron en silencio, y al poco rato la luz de la varita de Hermione se apagó.

Se había quedado dormida.