4. El comienzo de un largo y gran festín.
Quizás se estaba volviendo loco, era lo más probable, pero cuando tienes delante de ti a un enano con el aspecto de un guerrero recién llegado de la batalla, tatuado hasta en la planta de su calva cabeza, anillos de metal adornando la punta de una de sus orejas. Cicatrices por donde la piel era visible; barba larga que caía hasta el principio de su cuello; espesas cejas sin contar un espacio sin pelo en el cual era atravesado por una larga cicatriz profunda; y cargaba dos hachas a su espalda ¿Cuál sería la mejor reacción que pudieras tener de eso? Alguien normal quizás estuviera demasiado sorprendido para si quiera hablar y tal vez intimidado por esos brillantes y sólidos ojos, pero Bilbo no sentía temor ni se quedo tieso ante tan inesperada visita.
La forma en que veía al enano debía ser como cuando vez a alguien a quien crees haber conocido pero no te acuerdas cuándo o dónde.
––¿Aquí va hacer joven? ––pregunto el imponente enano pasando en cuanto Bilbo dio un paso atrás. El de muchos tatuajes se saco la capa verde y la colgó en el perchero que se encontraba a un lado.
Bilbo pretendía contestar con otra pregunta, mas, por razones que no entendería jamás, avanzo hacía el enano sin cambiar su expresión curiosa y sin decir una sola palabra.
––Hey ¿Me está escuchando? ––gruño perdiendo la escasa paciencia que tenía.
––Ah sí ––despertó de su trance sacudiendo la cabeza mientras abría y cerraba sus ojos sintiendo que se secaban y ahora se humedecían sin motivo–– Disculpe ¿Nos conocemos?
––No ––contesto áspero y Bilbo omitió su comportamiento–– ¿Y bien? ¿Aquí va hacer? No me haga repetir la pregunta de nuevo. Él dijo que habría comida.
––Él... ¿Él dijo? ¿Quién dijo? ––pregunto viendo como el enano cruzaba por el lumbral de la sala buscando quizás de dónde provenía el olor que olfateaba
Llegaron al comedor, vaya maravillas se encontraban delante del enano y a Bilbo lo que menos le importaba era la comida en ese momento. Qué cosas extrañas pasaban en aquella tarde de primavera cuando un enano aparecía como su invitado jamás lo hubiera creído, de todas maneras nunca le pregunto a Gandalf quien vendría, suponía que un amigo alto como él pero ¿Un enano? Cosas raras pasan en esos tiempos tranquilos y rutinarios.
––Ehh si quiere disfrute de la comida, por alguna razón hice de más ¿Sera suficiente?
El enano por poco no se le cae la mandíbula al piso. Cada espacio de la mesa había sido rellenado con manjares que el señor Bolsón preparo con esmero sin saber qué sería lo que le esperaba. Incluso seguía cuestionándose el por qué lo hizo, preparar comida por solo querer prepararla, tonterías de su parte.
––Sí ––respondió asintiendo al mismo tiempo. Pasaba sus gruesos dedos en la comisura de sus labios disimulando su asombro con una mirada suspicaz dedicada al hobbit–– ¿Qué pretende con esto?
––¿Disculpe? ––inclino la cabeza hacía el enano notando ahora su mirada ceñuda en él y de inmediato contesto de manera rápida–– No pretendo nada, no me acordaba que tendría visitas hasta más tarde que me acorde, tonto de mi un viejo olvidadizo, y esto fue lo que alcance a hacer y como ha llegando antes pues disfrute. No me molesta realmente, no creo que pueda comer todo esto por mi cuenta, parece que cocine para un ejército ––bromeo, mas su huésped solo lo miraba con ojos de piedra cortada, desconfiado.
Vació casi toda su despensa en aquella comida que había tardado desde la hora del té en hacer, centrado en seguir cada receta que Kaírel le dejo y por despistado, entretenido se paso de la porción (o eso pensaba). Se supondría que tan solo haría la cena para tres y de repente hizo una cena para un ejército de hobbits, lástima que su primo estaba de vacaciones por el sur, le habría gustado zamparse todo el banquete y llenar su muy amplio estomago.
El enano que por fin se había quitado las hachas y entregado a Bilbo tan repentinamente como si nada, se sentó dándole la espalda a los estantes. El hobbit no disimulaba al quedarse viendo al enano mientras cargaba las pesadas hachas ––vaya que fuerza tendría el enano para sostenerlas–– y preguntándose de dónde lo conocía porque familiar le parecía pero ni un solo recuerdo de algún encuentro con enanos le sonaba.
Pudo continuar largo rato en su intento en vano de buscar entre sus recuerdos a alguien parecido, si no fuera porque la puerta volvió a sonar, el campanillazo sonó incluso más fuerte que el primero y Bilbo se acercaba a la puerta dejando las hachas en uno de los arcones que se encontraban en la entrada.
Abriendo la puerta esperando ver al mago, no se encontró a alguien alto de barba larga entre gris y blanca y sombrero de pico caído con largo bastón de madera. No. Lo que encontró fue a otro enano un poco más bajo que el primero, de capucha escarlata y barba más larga y blanca en su totalidad; cargaba un hacha atada a su cintura dorado y sus ojos eran más amistosos que el primero aunque la nariz y la frente eran similares.
Bilbo pudo asegurar que sus ojos se ensancharon ante la sorpresa, pero no porque era otro enano, era porque le resultaba tan familiar como el primero pero ese sentido de familiaridad era un peso más grave y doloroso en su corazón, tal como una apuñalada ¿Por qué se sentía así?
––Balin a su servicio ––saludo el enano en la puerta dando una amplia reverencia extendiendo sus brazos con una sonrisa en su pálido rostro sonrosado, seguro por el frío de la noche.
––Buenas noches ––saludo Bilbo porque los modales son parte de él a pesar de su confusión y de que al parecer se había perdido de algo importante e intentaba ignorar los absurdos sentimientos intricados en su pecho.
––Sí, así parece, aunque también parece que va a llover ––respondió para romper con el hielo sin prestarle mucha atención a la expresión del hobbit–– ¿Ya es muy tarde? Veo que han empezado a llegar ––dijo en cuanto vio el capuchón verde colgado.
––¿Tarde? ¿Tarde para qué? ––le pregunto viendo como el enano entraba de un salto sin siquiera habérselo permitido y quitándose su capuchón rojizo lo colgó al lado–– ¿Comenzado a llegar? ––murmuro para sí–– Eh disculpe ¿Le ofrezco una taza de té?
Tan confundido y todo pero los malos modales en un Bolsón eran una aberración, aunque sean con invitados que no habían sido invitados.
––No gracias ––declino la oferta con un gesto educado con la mano–– pero me gustaría una cerveza, si no es mucha molestia.
Qué diferencia tan grande era entre el primero y segundo enano. Le indico con la mano que pasase a la sala y de ahí a la cocina donde le esperaba todo lo que pudiera caber en su estomago y las bebidas que deseara. Siguiéndolo desde atrás no se esperaba el estrepito de la bienvenida que le llego cuando el que se presentó como Dwalin con ojos sonrientes ––Bilbo juraba que no podría ser posible–– se acerco al enano canoso quien reía estruendosamente excitado.
––Buenas noches hermano.
Ah, con razón el parecido.
Era inevitable no tener una expresión mezclada entre ternura y dolor cuando esos dos enanos se saludaron de la manera más animada posible, como si no se hubieran visto en mucho pero mucho tiempo (cosa que era creíble). El más alto de los dos tomo por los hombros al más bajo y Bilbo no pudo disimular su expresión de dolor cuando ambos chocaron sus frentes en un golpe que seguro si se lo daban a él caería muerto, ese tipo de golpe le hubiera partido en cráneo en segundos.
La puerta volvió a sonar, dos golpes cortos, precisos, la campanilla y Bilbo sintió que no podía dar un paso hacía ella. Los dos enanos se retiraron a la mesa con los manjares y Bilbo se había quedado entre la entrada de la estancia pensando en que si era Gandalf le pediría una explicación y si era otro enano de una lo mandaría a volar.
Eso al menos pensaba hacer, pero su corazón golpeaba contra su caja torácica en un doloroso latir. Sus manos comenzaron a temblar y la garganta se le seco de repente; tomo el pomo de la puerta, la giro en un movimiento lento como si retrasara algo inevitable y abrió la puerta por completo.
––Kíli-
––Y Fíli-
––A su servicio ––hablaron ambos enanos de capuchones azules y cinturón plateado al unisonó inclinándose de manera sincronizada como si lo hubieran ensayado de camino.
Sentir como tus ojos se abren de par en par mientras te quedabas sin palabras en la boca, no era cosa extraña ya desde la última dos inesperadas visitas. Pero esto era diferente, era el mismo dolor inexplicable que traía ya, solo que más punzante, solo que más quebrado, solo que más sofocante, como si su corazón se abriese poco a poco y sus pulmones ardían con el aire que aspiraba.
––Usted debe ser el Señor Balsas ––dijo el enano de cabellos castaños oscuros y de barba corta pero que igual se notaba que cubriría algún día la gran parte de su cara.
Bilbo ya les iba a cerrar la puerta en la cara aunque eso lo hiciese ver grosero y su padre se retorciera en su tumba ––luego le pediría perdón–– pero no se movió ni dijo lo que tenía que decir, en cambio, contemplo que quien había dicho mal su nombre traía una pala consigo al igual que un arco y un aljaba a su espalda y que enseguida se quitaba su capuchón seguido por el otro de cabellos amarillos cual sol y barba lo suficientemente larga que podría trenzarla fácilmente.
Este último se lo quedo viendo con parpados entrecerrados y al igual que el castaño se fue quitando su capucha azul para colgarla en el perchero. Dejó en el suelo una bolsa de herramientas al tiempo que se quitaba unas cuchillas de su abrigo de piel y una espada de su espalda.
––Bilbo Bolsón a su servicios mis queridos enanos ––saludo sin olvidar sus modales y que el rubio ya tenía ambas cuchillas enfundadas en las manos disponiéndose a entregárselas–– puede dejarlas ahí, no tengo problema y lo demás también, junto a las hachas ––indico con completa calma y rápidamente, porque si le daba todo lo que estaba sacando de su abrigo probablemente se iba a caer con todas las armas que se despojaba el enano.
Intentaba no pensar, no quería pensar, sus sentimientos eran confusos y el corazón le dolía sin saber la razón. Y la mirada del que se había presentado como Fíli no le ayudaba en nada.
Bilbo intento no desencajar su mandíbula cuando el rubio aún seguía sacando armas y armas, la de la bota le hizo recordar a Kaírel y se pregunto cómo hubiera reaccionado si se hubiera quedado un día más con el hobbit y viera tan singulares visitas.
––Vaya que casa tan grande para un hobbit, es muy bonita ––el que se había presentado como Kíli miro a su hermano quien asintió sin detener su tarea de despojarse de sus armas–– ¿Usted la construyo? ––pregunto mientras limpiaba la suela de sus zapatos en el baúl de madera cercano.
––No, hace años que es de mi familia ¡Y no te limpies los zapatos del baúl de objetos de mi madre! ––regaño olvidándose del sentimiento de antes y siendo remplazado por un semblante que se suponía era serio.
Ambos enanos intercambiaron unas sonrisas que le trajo a Bilbo un sentimiento cálido en su pecho. Era esa sonrisa de complicidad que solo traían amigos muy cercano o hermanos, podría ser que lo fueran si lo pensaba bien Bilbo, ambos compartían muchos rasgos de similitud a pesar de que uno fuese castaño y el otro blondo, a pesar de que Kíli poseía ojos cual roble oscuro y Fíli ojos idénticos a zafiros extraídos del mismo océano.
No Bilbo, no vayas a ponerte tonto y muestra carácter. Estos enanos están invadiendo tu casa y sin invitación previa, no es tiempo de andar admirando sus particularidades individuales.
––¿Se encuentra bien? ––el rubio poso su pesada y gruesa mano en el hombro de Bilbo despertándolo de su trance y este pudo ver de cerca sus ojos cual zafiros en un claro mar del medio día resplandeciendo en un rostro.
Sus ojos se secaron y siguiente empezaron a humedecerse como si de una alergia se tratase, mas controlándose aparto la mirada y en un movimiento de la cabeza le afirmo al enano que todo estaba perfectamente, solo estaba cansado por el largo día.
––Ve junto con los demás, hay comida en abundancia y si algo les llega a faltar, en mi despensa aún hay suficiente comida para cuatro enanos e incluso más.
Le importo poco en ese instante que acabasen con su suministro de comida, pero deseaba en ese segundo que el rubio lo dejase de mirar, que se alejaran ambos de él pues ya hasta su garganta sentía que un nudo se le formaba y tragar ya hasta le era incomodo.
No convencido el rubio, se giro, encogiéndose de hombros e ignorando la extraña expresión del hobbit. Fue a dónde se encontraba el castaño reuniéndose con los demás enanos y Bilbo logro escuchar otra estruendosa bienvenida que le hizo sacar una grata sonrisa.
El señor Bolsón se quedo en la estancia pensando que en algún momento sus piernas perderían la fuerza que inesperadamente ya no tenía. No había pasado un día tan pesado, pero tampoco hallaba la explicación de por qué se sentía mentalmente agotado.
Cuando pensó que no podría pasar nada más, en un momento, él, estando aún en la estancia apoyado de la pared junto a la puerta, se escucharon casi un ejército tocando la puerta y no pudo pensar en dos posibles opciones ¡Más enanos! O al fin el mago Gandalf había llegado para explicarle el por qué de los singulares huéspedes que ahora se encontraban gustosos comiendo en su comedor.
––¡Es suficiente! Espero que sea ese mago charlatán para darme una buena explicación de todo esto, no pienso abrirle la puerta a más enanos sin una buena razón ––se dijo furioso y a punto de bloquear la puerta.
Pero en contra de sus palabras y sus instintos Bolsón, abrió la puerta. Lo siguiente que paso solo provoco en él un suspiro largo y cansado, ya no estaba tan impresionado, mas un poco preocupado.
Inesperadamente el resultado de sus suposiciones fueron correctas, alzó las cejas hasta donde llegaban al tiempo en que veía una avalancha de enanos caer de bruces al suelo y unos sobre otros. Los que aterrizaron directamente al piso fueron aplastados por los de arriba y los de arriba eran aplastados por un solo enano rechoncho y gordo de barba y cabellos trenzados en una sola y larga trenza pelirroja.
El hobbit no tuvo tiempo de si quiera preguntar cuando por la redonda puerta se inclino asomándose un hombre de apariencia anciana y un bastón bastante característico de su persona además del sombrero picudo.
––Gandalf ––dijo Bilbo dejando escapar el aire en un gesto de poca sorpresa e irritación contenida.
Exigiendo una explicación del mago mientras pasaba a la estancia con dificultad por su exuberante altura, ayudaba a los enanos caídos uno a uno a colocarse de pie sirviendo él de apoyo con su mano y hombro sin ver a los enanos porque su vista estaba centrada en el mago gris que parecía ignorarlo.
No ayudo al robusto enano pelirrojo porque ya se le habían adelantado, aunque era mejor, no era como si sus flácidos brazos sirvieran de apoyo para un enano tan corpulento como lo era aquel. Escuchó reclamos y sermones dirigidos a quien llamaban Bombur por haber sido el causante de que todos se cayeran de bruces en la entrada de la casa. No pudo evitar sentir un poco de lastima y enojo puesto que el enano miraba hacia abajo con ojos de cachorro arrepentido.
Dejo al mago ir (por ahora) y se dirigió a los enanos que seguían en la puerta.
––¡Oigan! ––llamo Bilbo–– Supongo que prefieren seguir reclamándole su accidental tropiezo en vez de disfrutar la cena, porque veo que se le han adelantado varios de sus compañeros y capaz no quede nada para cuando terminen sus sermones.
Los enanos intercambiaron miradas antes quedarse viendo al hobbit reprenderles como si ellos fueron unos niños. Al final se encogieron de hombros y pasaron por alado del mediano a dirección de dónde provenía tan tentador aroma. El más rechoncho paso a su lado entusiasmado por la comida pero se detuvo solo unos segundos para regalarle una pequeña sonrisa que escapaba de su barba.
––Gracias ––le dijo y sus ojos centellaron y pasó por fin a la otra sala puesto que sospechaba el enano que lo había dicho Bilbo fue para que lo dejaran en paz.
Bilbo no pudo evitar temblar su sonrisa tratando inútilmente de disimular lo reconfortante que fue ese simple "Gracias" mientras miraba a la sala dónde ahora los enanos se saludaban muy ruidosamente.
Tenía razón, son muy ruidosos.
Vaya que quería enojarse, quería ir y gritarle a todos mientras intentaba no arrancarse los cabellos, debería estar airado y enfrentándose a Gandalf por armar todo ese jaleo dentro de su hogar sabiendo que aquellos enanos no eran más que su obra.
Era ya de noche y mucho alboroto para esa hora, muy, pero muy tarde ¿Se quedarían hasta mañana? Pues claro, no era como si pudieran ir ahora a sus casas y tampoco había lugar en La Comarca para alojar enanos, sin embargo ¿De dónde venían esos enanos?
El mago se paseaba contando a cada uno de ellos como si nada ignorando el estado emocional del hobbit, debería armar ahora un ajetreo por todas partes regañando y evitando que pudieran romper la vajilla de su madre, la silla del abuelo Mungo una reliquia que no era usada para sentarse ––¿Cómo alguien puede tener un mueble para sentarse pero no se puede sentar?–– los manteles que les daban mal uso, empezaron a sacar más comida del almacén, ni él comía tanto y eso que era un hobbit muy glotón que tenía la habilidad de comer y comer pero no engordar como su tío Longo, un don bastante útil.
Pero en cambio dentro de él veía todo como una especie de deja vu.
A una corta distancia, absorto, apoyando su hombro en el arco del almacén cruzándose de brazos miraba a los enanos disfrutar del festín. Se mordió el labio inferior e hizo presión con su mano en su pecho sintiéndolo estrecho e incomodo y algo subiendo por su garganta atorándose en ella como un tapón en el drenaje. Frunció el ceño y un enano que le paso por alado con más carnes rostizada en un gran plato se le acerco.
––¿Le ocurre algo?
Bilbo se giro, un enano de sombrero grande y de forma extraña, con alas a los lados y aplastado en la copa, ojos y cabellos oscuros cual carbón de minas. Además de sus simples ropas, una vieja bufanda cubriéndole el cuello, vendas cubriendo sus manos. Tenía restos de tierra en la mejilla y Bilbo sacando un pañuelo de su bolsillo solo tuvo que pasarlo una sola vez para quitar ese molesto sucio de tierra.
Se sorprendió a sí mismo, pues que lo hizo sin pensar como un gesto maternal y el dolor en su corazón desapareció.
––Sí, estoy bien ––sonrió con los ojos y miro su plato, disimulando el acto que acababa de hacer como si no fuera nada.
––¿Seguro? Parecía adolorido hace poco ––el enano lo miro extraño ante el gesto, alzando una ceja y examinando al hobbit de arriba a abajo, aunque después solo sonrió amistoso.
––Sí, es que... ––pensó en algo pero no se le ocurrió que decir–– son tonterías mías.
––Sí usted lo dice, por cierto me llamo Bofur a su servicio ––inclino su cabeza a modo de presentación–– me hubiera presentado antes, pero mi hermano cayó encima de mí y usted estaba muy concentrado intentado hablar con el Maestro Gandalf.
––Como puede ver, a su servicio igual Maestro Bofur ¿Su hermano? Wow ––no se lo esperaba y rascándose la nariz continuo–– Lamento también que no me haya presentado pero debía arreglar asuntos con el Maestro Gandalf aunque ahora se encuentra muy ocupado para si quiera responder mis pequeñas pero necesarias preguntas. Por cierto, cuidado con la vajilla, era de mi madre y odiaría que se quebrara ––advirtió señalándolo con el dedo.
Hubiera seguido con su charla si no fuera porque el horror se presento ante sus ojos, otra vez estaban usando los manteles inadecuadamente y solo los ensuciarían de grasa, para quitar esas manchas sería una condena total, peor que la sangre. No solo era eso, vio al ancho enano cargar con todo su queso.
––Disculpa ¿Eso no es demasiado? ¿Tienes cuchillo para queso? ––pregunto estirando su tirante desde el hombro sin saber si estaba impresionado o que se daba cuenta que terminaría sin queso al final.
––¿Cuchillo para queso? ¡Se lo come a mordidas! ––expreso Bofur con una gruesa carcajada–– perdona a mi hermano, no suele ser muy grácil a la hora de comer.
––Me impresionaría de hecho que se lo acabase él solo. Sin embargo, viendo ese estomago no me parece que debería sorprenderme si lo logra.
––No, para nada ––negó el enano–– sorprendente sería que no siguiera comiendo después de acabarse todo eso ¿Quiere? ––le ofreció la carne seca del plato que cargaba y Bilbo no se negó a un bocado.
Después de que todos ya estuvieran sentado y su despensa quedara casi vacía a pesar de lo que había preparado al principio había sido más que suficiente (pero no para doce enanos y un mago) todos reían y bromeaban unos con otros, le pareció una escena divertida que hasta riendo y carcajeando se fue a encontrar.
Nada era normal esa noche, los enanos con sus terribles modales y de la bebida que perdían al tomar el trago como si fuera agua, ensuciando sus barbas y ropajes al mismo tiempo. Vaya que los enanos le habían dado una enorme impresión, los eructos de cada uno eran más grandes y largos que el otro, Bilbo no le simpatizo nada eso y solo se cubría la cara por la vergüenza ¿O era para tapar su risa ante la situación?
A estos enanos le hace falta una clase de modales con la abuela Bolsón pensó divertido por la imagen mental.
Suspirando rendido, se hizo a un lado dirigiendo sus pasos a la cocina y apartándose de los enanos. Uno de los invitados, de cabellos ocres oscuro peinado hacia atrás en tres partes, llevaba una copa de vino limpiándola con un mantelito que Bilbo le quito enojado guardándolo en un cajón al instante. Explico lo que era y recibió de Bofur, que se encontraba en la cocina, una respuesta sarcástica ignorando que estaba hablando en serio. Bilbo rodo los ojos y salió de la cocina con el ceño fruncido ignorando que Bofur y el otro enano de nombre Nori se peleaban por unas cuantas salchichas.
Estaban jugando ya con la poca paciencia que le restaba, estaba a punto de gritar pero se abstuvo cuando un enano se le acerco, de apariencia joven y ojos aceitunas grandes e inocentes, con un plato en la mano. Le pregunto sobre lo que debía hacer con el plato en su mano y antes del que el Señor Bolsón contestase Fíli apareció entre ellos.
––A ver Ori dámelo.
¡De nuevo el horror! Lo arrojo atravesando el arco y Bilbo por poco se muere cuando vio que el que lo atrapo (Kíli) lo lanzo a la cocina. El hobbit rogo que se detuviera sintiéndose mareado con cada vajilla que lanzaban los enanos, del rubio, al castaño directo a la cocina en dónde no sabía quién los atrapaba ¡O si quiera hubiese alguien quien los atrapara! Escucho cuchillos y tenedores chocar entre sí, pisoteos en la madera y risas en el comedor. Bilbo no pudo evitar explotar y rogar que detuvieran sus actos.
De alguna manera sacaron una canción muy graciosa ante las caras del señor Bolsón. Pronto vio los cubiertos volar, la vajilla de su madre apiladas y siendo cargadas por el enano de mirada inocente. Dwalin saco su rabel y Bofur su flauta tocando mientras también lanzaban los platos y boles, si no era con sus codos, con su cabeza.
Ojala pudiera reír de eso, pero Bilbo tenía un límite.
El cubierto arruinó,
Moler botellas, quemar corchos
Pisas vasos y rompe ollas
¡Lo que Bilbo Bolsón más odia!
En el mesón grasa botar,
Los cachos sobre la alfombra,
Al suelo leche derramar~
¡Vino en puertas salpicar!
Vierte todo en un gran tazón
Usa un palo para moler
Y si uno entero al final quedó~
Va rodando al comedor
La canción seguía y seguía, casi Bilbo se desmaya ahí mismo cuando toda porcelana de su madre salia volando, lanzado con los codos, pies, piernas y manos. Que horrible cosas lo que decía la canción, pero que divertido resultaba todo cuando los enanos comenzaban a reír y cantar juntos mientras el glotón de Bombur se zampaba lo que quedaba los platos.
¡Lo que Bilbo Bolsón más odia!
Con decirles que al Señor Bolsón se le bajaron los colores es más que suficiente.
La canción finalizo, el hogareño hobbit corrió a la cocina para encontrarse con los platos apilados y limpios, los cubiertos guardados y con su filo intacto. Observo al que permanecía frente al lavabo terminar con el último plato lanzándolo al aire sin voltear y la vajilla cayó sin romperse encima del resto. Ese enano había hablado con él cuando paso a su lado comiendo unos tomates frescos. Bifur es como lo llamaban y solo hablaba en Khuzdûl por una herida de batalla en su cabeza, según lo que hablo el enano de nombre Oin, Bifur entendía la lengua común mas era incapaz de hablarla, todo por ese trozo de hacha clavada en su cráneo incapaz de ser quitada o quien sabe lo que le pasaría.
Qué cosa más extraña, pero no lo más extraño de la noche.
"...No destruyen, sus manos fueron hechas para propósitos mejores que eso..."
Ojala hubiera recordado eso antes de alterarse, los enanos lavaron, secaron y apilaron los platos, copas y cubiertos usados durante la cena. Río nervioso y aliviado junto con los demás enanos que se burlaban de sus expresiones de espanto y preocupación.
Fíli aún con una jarra en la mano repleta de cerveza, deposito su pesada mano en el hombro de Bilbo.
––Cambia esa cara mediano ––le aconsejo–– disfruta tu también, has preparado nuestra comida esta noche pero ni un bocado te he visto llevar a la boca ¿Qué los hobbits no comen?
––Oh sí, comemos bastante hasta más que un enano puedo presumir ––aseguro Bilbo–– pero no he tenido apetito esta noche y prefiero que mis invitados coman todo lo que deseen. Después de todo, me imagino que vienen de trabajos pesados y largos viajes, lo veo en sus ropas y caras. Lástima que no fue suficiente puesto que se han hartado casi toda mi despensa, pero me complace que ahora los veo satisfecho. Sin embargo, he notado que han guardado algo de comida ¿Hay alguien quien falté?
En respuesta el enano de dorados cabellos le miro como si no estuviera seguro de lo que estuviese a su lado, llevaba lanzándole la misma mirada desde que llego pero debía ser porque los enanos siempre han sido desconfiado y la actitud de Bilbo era demasiado mixta, ni él sabía que palabras saldrían de su boca más adelante, estaba actuando tan impulsivo como un Tuk que su lado Bolsón debía estar indignado.
No se encontraba tan enojado, ni incomodo, era más, no creyó que en algún momento se sintiese de esa manera, tal vez más preocupado de que algo fuese roto o algo destruido, pero se le olvido las palabras de la viajera con respecto a los enanos. Debía considerar tener sus palabras e historias más presente considerando la situación en que se encontraba.
El enano sin cambiar su expresión ni quitar su mano del pequeño hombro del mediano se disponía a contestar a su duda, hasta que un fuerte golpeteo dado a la puerta de entrada silencio a todos y se pudo sentir una tención en el aire.
Tanto Bilbo como Fíli giraron a la dirección de dónde provenían el par de golpes a la madera y el hobbit una vez más inconsciente de sus actos retrocedió un paso apartando con el movimiento la mano del rubio de su hombro.
––Está aquí ––dijo Gandalf.
¿Quién? ¿Quién había llegado? ¿Por qué tan tenso el ambiente? ¿Por qué mis manos tiemblan? ¿Por qué...? ¿Por qué quiero salir huyendo?
No fue Bilbo quien abrió la puerta, Gandalf se levanto primero antes de que reaccionase y todos lo siguieron desde distintas direcciones de los pasillos que conectaban la casa. Cuando el propietario de la casa sintió unas palmadas pesadas en su hombro despertó de inmediato viendo al rubio retirarse y seguir a su hermano.
De alguna forma sus pies lo llevaron a la recepción y seguía apretando sus manos en puño. No lucía rígido mas si nervioso, pasando por su cabeza miles de pensamientos al azar.
Cuando llego a la entrada, ahí estaba Gandalf abriéndole la puerta al que esperaba que fuese el último enano de la noche.
––Ganldaf.
Wow o sea XD no sé si alguien este leyendo esto, pero de hecho sí lo sé. Yo no iba a publicar tan seguido mi fic, porque se supone que son los martes y jueves que público y eso. Pero cuando vi el comentario de alguien, quede ¡WOW! si alguien esta leyendo y se toma la molestia de comentar ¡Pues a darle entonces !
Yume: Tan lindo de tu parte ¬¬ pero tardaste igual
Mika: capaz y no vuelva a comentar
Yo: ¡Claro que sí! Tengo fé
Bueno, hasta aquí el capitulo ¡Espero que lo disfruten!
FELIZ AÑO NUEVO 2020
FELIZ NAVIDAD
FELIZ DÍA DE REYES
FELIZ REGRESO A CLASES
¡Que Ilúvatar los guíe y cuide por un año más!
