13. Acertijo escondido bajo el agua

El impresionante sol poniente se escondía por detrás del Puente de Carlos, en la conexión entre la Ciudad Vieja y la Ciudad Pequeña de Praga. Las estatuas a cada lado enmarcaban un camino con una vista asombrosa. Por el puente, Harry, Ron, Hermione, Jose, Neville y Luna caminaban lentamente, todos mirando alrededor, sus rostros alumbrados por los anaranjados rayos de la luz del sol, que desaparecía cada vez más por detrás de las construcciones antiguas.

-Es hermoso este lugar -dijo Neville, su cabello agitándose con el viento. Se acercó a Luna y la abrazó por los hombros, la joven sonriendo mientras le tomaba una mano.

Ron y Jose iban abrazados también por la cintura, ella recostando su cabeza en su hombro, su cabello castaño oscuro cayendo por encima de Ron.

Harry caminó hacia uno de los bordes del puente y miró hacia abajo. El agua se veía apacible, oscura con la tenue luz del cielo.

Harry vio algo centellando en lo profundo. Fue un segundo, un instante. Una especie de pequeño brillo que llegó desde el fondo del agua.

Harry se detuvo y se quedó mirando hacia allí. Los demás siguieron caminando, sin percatarse que él se había quedado atrás. En ese preciso instante, los faroles que había a cada lado del puente se encendieron, ya que estaba anocheciendo. Y el agua recibió la luz de los faroles, haciendo que aquel brillo que Harry había visto instantes atrás quedara totalmente imposibilitado de ver otra vez, por el nuevo brillo mucho más intenso de los faroles.

Se detuvo unos instantes, pensativo. Miró hacia el puente, más adelante, donde sus amigos avanzaban de espaldas a él charlando y mirando alrededor, a la ciudad que se escondía en la noche ahora y era iluminada por antiguos faroles. Luego volvió a mirar hacia el agua y se quedó pensativo.

Sin pensarlo mucho más, Harry sacó su varita del bolsillo y la apoyó en el borde del puente. Luego se quitó las zapatillas y las dejó en el suelo. Finalmente se quitó la túnica, que también dejó allí hecha un bollo. Bajo ella tenía un pantalón corto, que fue todo con lo que quedó vestido. El clima era veraniego, sin embargo, y no tenía nada de frío.

Harry se paró encima del borde del puente, junto a una estatua. Tomó aire, y, cuando estaba por hacer lo que iba a hacer, dudó un instante. Se agachó y volvió a tomar su varita, cambiando de idea respecto a eso.

-Luego de aquella vez en el hielo, aprendí mi lección -se dijo para sí mismo, con la varita ahora en la mano-. Nunca dejar atrás la varita.

Dicho esto, Harry tomó aliento y saltó de cabeza al agua.

Se zambulló en las aguas de Praga, y sintió cómo su cuerpo entero se sumergía cada vez más profundo, impulsándose con las piernas. Dio varias brazadas, para ir más abajo.

Agradeció haber agarrado la varita de inmediato, porque era imposible ver nada allí abajo, y además se empezó a quedar sin aire muy poco después de haber saltado. ¿Acaso estaba en tan poca forma aquellos días, que no podía aguantar la respiración ni treinta segundos?

Pronunciando "Lumos!" de forma muda, solo con su mente, Harry consiguió que un haz de luz saliera de la punta de su varita e iluminara todo bajo él. Las aguas eran turbias, pero podía verse mucho más así. Luego se apuntó a la cabeza con la varita y pronunció "Bolla-In-Testa!", con su mente también. De inmediato, el encantamiento casco-burbuja surtió efecto y una burbuja se formó en torno a su cabeza, lo que le permitió respirar.

Aliviado por el renovado oxígeno, Harry dio varias brazadas y continuó bajando en las aguas. Era mucho más profundo de lo que había imaginado en un inicio.

Se puso a mover la varita ante él, alumbrado a través de las turbias aguas. ¿A dónde estaba aquello? Estaba seguro de haber visto algo…

Dio una patada, luego una brazada. Y continuó, hasta llegar a la superficie del agua. Apuntó con su varita todo alrededor, alumbrando las profundidades del canal. Se movió por allí, alumbrando hacia todos lados. Pero no había nada.

Estaba por darse por vencido, y de hecho miró hacia arriba y apoyó los pies en la superficie del fondo del canal, para impulsarse hacia arriba, cuando de pronto…

Vio el destello de luz otra vez. El mismo destello dorado que había visto antes, desde arriba del puente. Venía de una formación rocosa a unos metros de distancia.

Harry se impulsó hacia allí, dando patadas y brazadas. No era tan buen nadador, lamentablemente. Finalmente llegó hasta allí, y se sujetó de una de las rocas mientras con la otra mano removía la tierra del fondo del canal.

Y entonces apareció.

La pepita de oro brillaba en dorado, semienterrada. Harry la agarró y la sacó de allí. Quedó en la palma de su mano, brillando en dorado. Era del tamaño de una Snitch, pero su superficie era toda rugosa y con poros y agujeros, como una roca dorada.

Sosteniendo la pepita con una mano, y la varita con la otra, finalmente Harry se impulsó con el fondo del canal y pegó un salto hacia arriba, con impulso, para salir a la superficie.

Cuando finalmente su rostro salió fuera del agua, Harry se apuntó a la cabeza y removió el encantamiento casco-burbuja. Respiró aliviado, ahora flotando en la superficie del agua, y dio algunas brazadas para quedar más cerca del costado del puente, del que se había alejado.

-¡Ascendio! -gritó Harry, y se sintió a sí mismo salir despedido hacia arriba, por encima del agua y como un cohete varios metros por el aire, hasta caer de costado sobre el rocoso suelo del puente.

-¡Harry! -se oyó la voz de Hermione.

Harry abrió los ojos y vio que unos muggles se habían acercado a él, señalándolo y hablando entre sí. Parecían ser turistas chinos. De pronto, sacaron sus celulares y empezaron a sacarle fotos. Harry los ignoró.

-¡Harry! ¿Dónde estabas? -dijo Hermione, llegando a su lado.

-No pasa nada, estoy bien -dijo él. Levantó la mano donde tenía la pepita de oro, para mostrársela. Ron, que llegó justo detrás de ella, se quedó mirando el objeto en la mano de Harry, sorprendido.

-¡Vaya! ¡Encontraste una! -dijo, sonriente.

Hermione apuntó a Harry con su varita, y este sintió que todo su cuerpo se secaba automáticamente y un agradable calor lo dejaba completamente seco.

-Gracias, Hermione -murmuró, mientras levantaba su túnica del suelo y se la ponía otra vez. Luego le pasó la pepita a la chica, mientras se ponía las zapatillas.

-Vaya, qué bueno que hayas encontrado una -dijo ella, mirándola, con algo parecido a miedo en sus ojos. Harry supuso que, luego de tantos años habiendo tenido problemas con objetos mágicos muy peligrosos, de magias oscuras y partes de almas de Voldemort, era natural que Hermione no se sintiera muy cómoda sosteniendo un objeto oculto que Harry había recuperado del fondo de un canal.

-Miren eso -dijo Luna, acercándose con mucha curiosidad. Señaló algo en la pepita que Hermione sostenía. -Miren la inscripción.

Harry, que terminó de vestirse, se acercó a Hermione y miró la roca dorada. Luna tenía razón: Tenía un grabado en un costado, que rezaba "MWT".

-Magic World Tour -dijo Neville-. Qué lindo. Ahora nuestro grupo está un paso adelante, eso es genial. Todo gracias a ti, Harry. Tú siempre eres el mejor en estas cosas, amigo.

Harry le lanzó una mirada y se concentró en la pepita de nuevo.

-Creo que tiene algo más -dijo entonces, y la tomó nuevamente de las manos de su amiga. En uno de los rugosos poros de la roca, parecía asomar la puntita de algo… Harry tiró de aquello, que parecía un papel, y se sorprendió al ver que un diminuto rollo de pergamino salía de adentro.

-¡Wow! -dijo Ron-. Eso debe ser una pista.

-Quizás es un mensaje dejado por las antiguas colonias de magos de la República Checa de la Edad de Piedra -dijo Luna, desvariando-. La tribu de los boyos, perteneciente a los celtas, tenía un grupo de magos en ella que practicaban magia negra con mamuts y bisontes. Claro que no hay pruebas de que hubiera tales animales en la República Checa.

Se quedaron todos en silencio. Por un momento, todos compartieron una mirada que decía claramente "es Luna…", y entonces continuaron con lo que estaban haciendo.

-Vamos, léelo -dijo Ron, mirando a su amigo. Harry desenrolló el pergamino y leyó el contenido:

Si se trata de viajar, sí. Ella viajaba en barco a vapor, sí.

El Mediterráneo recorrió, sí. Escapando de la melancolía, sí.

Huyendo de sí misma, sí, sí.

Rebelde, culta, y muy bella, sí. Así era la Emperatriz, sí, sí.

En el noveno mes, allí donde le arrebataron su vida.

Allí la próxima pepita está escondida.

Se quedaron todos en silencio, cuando Harry terminó de leer.

-Esto me hace acordar tanto al Torneo de los Tres Magos -dijo Neville, suspirando-. ¿Recuerdan ese enigma que todos debían descifrar con el huevo de oro? Esto es muy parecido.

-No me lo recuerdes -dijo Harry.

-Bien, es una pista que habla de una mujer -razonó Hermione-. Una Emperatriz. No dice mucho sobre ella… Solo que viajaba por el Mediterráneo en un barco a vapor. Y que era rebelde, bella y culta… y que fue asesinada… en septiembre.

Hermione hacía todos esos razonamientos demasiado rápido, y Harry la observaba con admiración. Era mucho más rápida que él para atacar cabos.

-Pues quizás si te lees uno o dos libros, Hermione, puedas dar con la próxima pepita de oro -dijo Ron, en un tono de voz que hizo que Hermione lo fulmine con la mirada.

-¿Tú estarás bebiéndote unos licuados mientras tanto, descansando? -le lanzó ella, en reproche.

-No tiene sentido que lo intente, Hermione -dijo él, encogiéndose de hombros-. Luego de diez años, ya a nadie le quedan dudas de que tú eres la indicada para este trabajo. Una vez que hayas descubierto el lugar donde está, yo me lanzaré a la acción para recuperar la siguiente pepita, como hizo Harry con esta. Cada uno cumple con su papel, ¿entiendes? Cada uno haciendo aquello para lo que es bueno.

-No creo que tú seas bueno para la acción -opinó Luna, llevándose un dedo a los labios-. Creo que ese es Harry, en realidad.

-¡Oye! -se quejó él-. Me haces quedar mal con Jose. No la escuches, Jose.

Ella rio, mientras Ron fingía taparle los oídos.

-Yo creo que Ron sí es bueno para la acción -opinó Neville-. No tanto como Harry, claro, pero aun así…

Harry sonrió, divertido.

-Bien, lamento informarles que ha habido montones de emperatrices en Europa -dijo Hermione-. Y que esta pista realmente no dice mucho. Así que no creo que pueda cumplir mi papel de descifrar enigmas tan perfectamente como ustedes esperan.

-Quizás se refiere a una emperatriz de este mismo país en el que estamos -dijo Neville, reflexionando-. Porque si no aclara en qué país estuvo ella, entonces habría que dar por supuesto que fue aquí mismo. Eso reduciría un poco la lista. No creo que muchas emperatrices de República Checa hayan recorrido el Mediterráneo en un barco a vapor, o hayan sido asesinadas en septiembre. ¿No lo creen? No es tan difícil. Habrá que investigar, leer algunos libros, y será cuestión de ir reduciendo la lista hasta encontrarla. Quizás lleve algunos días. Tendremos que ir a la biblioteca de Praga, el Clementinum. Podemos ir mañana. A partir de allí, empezará una larga búsqueda por todos los registros de las emperatrices que…

-Es Sisi, es obvio -dijo Luna entonces, cruzándose de brazos.

Todos volvieron a hacer silencio, y dirigieron sus miradas hacia ella. Ron revoleó los ojos, indicando que se avecinaba otro de los comentarios delirantes de Luna que no tenían nada de real.

-¿Quién? -preguntó Hermione, mirando a Luna con delicadeza.

-Sisi, la Emperatriz de Austria -dijo Luna, como si estuviera diciendo la obviedad más grande del mundo-. ¿De verdad no la conocen? El poema es totalmente obvio, no deja lugar a dudas.

-No creo que sea de Austria -dijo Neville-. Si no dice de qué país era, creo que debe ser de aquí, de República Checa…

-No, es Sisi -dijo Luna, sin un ápice de duda-. El poema lo deja clarísimo. Dame eso.

Luna le arrebató el poema a Harry y volvió a leerlo para todos.

-Escuchen -dijo, aclarándose la garganta-: "Si se trata de viajar, sí. Ella viajaba en barco a vapor, sí." Pues Sisi, la Emperatriz de Austria, tuvo una etapa de su vida luego de la muerte de su hijo en la que se dedicó a viajar por el Mediterráneo, en un barco a vapor que llamó Miramar. Sé todo sobre ella. "El Mediterráneo recorrió, sí. Escapando de la melancolía, sí." Ella estaba muy triste por la muerte de su hijo, además de que no estaba contenta con su cuerpo, a pesar de ser muy bella. Eso también lo dice el poema: "Huyendo de sí misma, sí, sí. Rebelde, culta, y muy bella, sí. Así era la Emperatriz, sí, sí." Además, ella fue asesinada en septiembre de 1898, por un anarquista italiano. Como dice aquí: "En el noveno mes, allí donde le arrebataron su vida." ¿Lo ven? Es Sisi, está clarísimo. Pero lo que lo hace más claro y más obvio no es nada de todo lo que acabo de decir, sino el nombre de la Emperatriz. Si bien su nombre en verdad era Isabel de Baviera, era conocida por su apodo, "Sisi". ¿Y han visto la cantidad de veces que el poema dice la palabra "Si"? Solo escuchen esto -se aclaró la garganta para repetir otra parte del poema-: "Así era la Emperatriz, sí, sí."

Todos permanecieron en silencio de nuevo.

-"Sí, sí" -repitió Luna-. O, si lo pronuncias todo junto, "Sisi". El apodo de la Emperatriz.

-Brillante -dijo Hermione entonces, arqueando una ceja.

-¿De verdad? -Ron se quedó boquiabierto, mirando a su amiga-. ¿Luna tiene razón?

-No sé por qué la sorpresa -dijo Neville entonces, mirando a Ron-. ¿No fue Luna también la que sabía todo sobre las Reliquias de la Muerte, en su momento? Es una persona muy bien informada.

-Gracias -dijo la aludida, con una sonrisa de satisfacción.

-Entonces el poema refiere a Sisi, una ex emperatriz de Austria -dijo Harry, reflexivo-. Pues allá habrá que ir, a Austria. El poema dice que la pepita de oro está en el lugar en que murió. Debemos ir a Austria y buscar ese lugar.

-Genial -dijo Luna-. Siempre quise conocer Austria. Será un placer seguir el rastro de la vida de Sisi. Y ganaremos otra pepita.

-Bueno, está todo dicho entonces -asintió Hermione-. A Austria entonces.

-¿A dónde vamos ahora? -quiso saber Ron-. Es decir, no quiero pincharle el globo a nadie, ¿saben? Sé que están muy emocionados con esto de las pepitas, y las pistas, y todo eso… Pero tengo un hambre…

-Vayamos a buscar un lugar donde comer -dijo Harry-. Luego podemos buscar un hostel.

-Genial -asintió Ron.

Se pusieron todos en marcha, avanzando por el puente y charlando, animados.

Harry pensó, mientras caminaba con sus amigos por las calles de Praga, que era divertido aquello de viajar por todos lados, quedarse a dormir en hostels, tanto de magos como de muggles, y seguir las pistas de las pepitas de oro. Era divertido, y sin dudas una experiencia mucho más tranquila y relajada que la de las aventuras que habían tenido los diez años anteriores.

Sin embargo, no podía esconder el hecho de que había otra cosa que se había metido en sus vidas esos días, algo más aparte de las pepitas de oro.

Brujas seguiría dándole vueltas en la cabeza, y aquel grito que no tenía nada que ver con el Magic World Tour y que había despertado la señal de alarma en su mente no lo dejaría dormir bien.