5. Un contrato firmado al alba.
Su voz profunda llego hasta los buenos oídos del hobbit. Levantó la mirada directamente a la puerta, vio pasar a un enano de cabellos peinados hacía atrás negros cual ébano con leves reflejos canosos, su piel pálida al igual que el de cualquier enano; su barba gruesa y marañosa, pero no tan larga, cubriendo la mayor parte de su cara. Además de Dwalin, podía asegurar que era uno de los más estoicos de los enanos. Sus vestimentas se iban desde el negro al azul rey y a la plata; sus cuentas de plata adornando al final de dos trenzas cayendo de sus hombros a su pecho. Y entonces Bilbo subió hasta sus ojos, encontrarse un par de zafiros oscuros extraídos desde la misma roca, bellos zafiros que le recordaba al rubio enano solo que estos eran más intensos.
Trago saliva el mediano y algo como un puñal se alojo en su pecho obstruyendo su respiración. El enano le era bastante alto y su porte era como el de alguien importante. No pudo evitar pensar que aunque el enano lucía imperturbable algo en los hombros tensos no pudo pasar desapercibo por el hobbit.
Vio como paso a grandes y pesados pasos a la recepción, escuchando sus quejas de que la casa del hobbit había sido difícil de encontrar extraviándose dos veces como resultado. Bilbo lucho por no reír ante esa excusa, su casa era una de las más vistosas por la colina, imposible no verla. Luego recayó en lo mencionado de una marca en su puerta, exigió saber cual marca, a lo que rápidamente observo, antes de que Gandalf cerrase la puerta, una runa brillante y azul que desapareció en segundos. La mirada de reproche que le lanzo Bilbo al mago fue ignorada por este ultimo.
El enano se quito su saco celeste y la colgó en su antebrazo sonriéndole con la mirada al enano de cabellos castaños y poca barba. Sus ojos azules aclararon, como si viera a un hijo después de tanto tiempo, mas aparto su vista de él y se giro al ser llamado Gandalf, quien le presentó al pensativo y muy distraído Bilbo Bolsón.
––Así que este es el hobbit ––dijo arrastrando las palabras avanzando hacía Bilbo y luego rodeándolo mientras lo evaluaba de pies a cabeza.
Mientras lo hacía, Bilbo no dejaba de pensar en que el enano le resultaba dolorosamente familiar, un dolor que hacía que su pecho ardiese y se estrujara entre sí dándose cuenta que le costaba respirar. Thorin Escudo de Roble le hizo una pregunta un tanto rara ¿Hacha o espada? Bilbo respondió con algo simple, más estratega daba a entender, y el enano se bufo junto con los demás.
––Lo que imagine ––sin girarse por completo miro a los que se ubicaban a su espalda bufándose–– parece más un tendero que un saqueador.
Sintió muchas ganas de soltarse a reír y no porque le pareciese divertido la burla, sino porque en esos momentos los límites de su paciencia se estaban yendo por la borda. No alzaría la voz y río en su lugar por lo bajo evitando lanzarle una mirada ceñuda al enano.
No comprendió el por qué las palabras del enano lo habían ofendido puesto que es cierto que él no es un saqueador ni lo parecía, ni en su vida había pensado si quiera en serlo, pero no le gustaba que lo subestimaran o que le dijeran que mostraba con su apariencia o no, era un hobbit y ya ¿Qué esperaban? ¿Otro enano con modales terribles y con mal sabor en la ropa? Era un sentimiento que le irritaba demasiado.
¡Un tendero! ¡¿Pero quien se cree que es?!
––Ja ––río Bilbo sin levantar una sonrisa.
––¿Le parece gracioso? ––el enano alzo una ceja sin cambiar de expresión y Bilbo no le rehuyó sus ojos zafiros.
––A este punto podría decirse ––dijo alzando un poco más el mentón olvidándose que era un Bolsón, sintiéndose irritado ante lo grosero que era el enano de cabellos oscuros, sin temerle a sus ojos severos–– Recién llegado y ya me ha juzgado sin siquiera conocerme, me da una pésima primera impresión de usted ya que todos aquí les he atendido a pesar de que han venido más de los que esperaba ––dijo pasando una mirada al mago–– pero el viaje y el cansancio debe tenerlo así de malhumorado o de irrespetuoso ante aquel que les ha ofrecido nada más que la bienvenida y una humilde cena. No importa ya ¿Por qué no va a al comedor? Sus compañeros le han dejado comida, me he percatado y estoy seguro que usted debe venir hambriento al igual que la mayoría lo estaba antes de llenarse los estómagos con mi comida.
Bilbo no lo noto porque no miro a su alrededor, pero todos los enanos agrandaban los ojos y sostenían la respiración mientras que Thorin se mantuvo inmóvil e inexpresivo, soltando un ruido con la garganta parecido a una risa contenida.
––Tiene razón, estoy seguro que todos le agradecemos su hospitalidad…
––Pues me alegro ––interrumpió sin importarle nada ahora como le vieran–– y espero que disfruten el resto de la velada, ahora si me disculpan me retiro por un corto momento. Con permiso ––se fue dejando al enano con la palabra en la boca y a Gandalf muy complacido por el espectáculo.
Paso por los enanos hasta llegar a su habitación sin prestarle atención a sus miradas fijas en él. Cerró la puerta a su espalda sin pasarle seguro, sus manos en el aire pasaron una a su cabeza rascando sus rizos y la otra a su cadera entre que caminaba de un lado a otro pensando y meditando. Al final se sentó en los cojines cerca de la ventana apoyando su barbilla en sus nudillos derechos.
––No, nada ––concluyo llevando sus dos manos a la cara y luego apartarlas para dejarlas caer en sus piernas–– no lo he visto jamás ¿Cómo puede parecerme condenadamente familiar? ¡Todos en especial! ¿Será que ya me volví loco? ¿Debería dejar de fumar el Viejo Toby? Bah que tontería estoy diciendo, pero…
El dolor era cada vez más insoportable, llego al punto de sentir su pecho siendo apuñalado por miles de lanzas invisibles y aunque no estuviera muerto cargarlas era un gran mártir.
Mirar esos ojos zafiros le dejo en shock por bastante tiempo hasta que pudo hablar como si no le tuviera miedo alguno a un enano que cargaba una espada a su espalda ¿En qué estaba pensando? Para complicar más las cosas, recordó que todos cargan armas pesadas, quien sabe que si por haber perdido los estribos y descargar su frustración con el enano vendrían por él y le cortarían en pedacitos mientras dormía.
––No seas tonto Bilbo, eso no pasara ––se consolaba pero el lado Bolsón hablo con miedo y dudas.
¿Qué te hace creer eso? Son enanos, no los conoces ¿No recuerdas lo rencorosos que son?
Que alentador era su lado Bolsón, mas tenía un punto razonable. Ahora se encontraba en una enorme disputa y su lado paterno solo le hacía angustiarse más.
––Pero siento que no lo harán. No porque carguen armas vienen con malas intensiones ¿Qué pretendían que hiciera? ¿Qué actuara como un mansito toda la noche? ––añadió colocándose de pie y mirando el abrigo para la lluvia que Kaírel le coció–– Solo debo relajarme y seguir la velada, y sí, tal vez deba disculparme por mis imprudentes comentarios, pero eso será después, sigo enojado por esa grosera actitud.
¿Entonces por qué sonríes? Pregunto su lado Tuk.
Bilbo deshizo su sonrisa tan rápido que daba la impresión de que jamás hubiera estado ¿Por qué le daba tanta gracia el haberse enfrentado al enano? Vaya que era una tontería, pero muy graciosa cuando lo pensaba. El enano con su semblante inquebrantable, le daba la impresión de ser alguien imperturbable y centrado, pero en los ojos del enano vio algo parecido a cuando encuentras algo que no habías previsto.
Puras tonterías se decía el viejo hobbit, como si el conociera tan bien al enano para conocer sus expresiones. No valía el seguir dándole vuelta a un asunto inútil, no podía dejar a sus invitados solos, que descortés de su parte, era mejor salir de su habitación e ir con sus huéspedes a ver en qué consistía la aventura que el mago le ofreció participar a Bilbo.
Estaba completamente ensimismado y taciturno de la conversación que pretendía prestar atención, los enanos hablaban de una reunión en Ered Luin a lo cual asistieron todos los familiares del enano de ropas oscuras comiendo lo que le guardaron sus compañeros. Más de eso, no escuchaba con mucho afán pues pensaba en lo que en sus memorias faltaban.
Su vista no se desvió de los enanos, pero no significaba que los veía. Escuchó de señales y mapas, eso último si le intereso pues siempre le había encantado los acertijos y los mapas pero siguió ajeno a lo que ocurría.
De repente gritos y vociferaciones lleno el comedor y los pasillos de su hogar. Los enanos discutían unos con otros y Gandalf se mantenía fumando algo nervioso como si quisiera decir algo pero no pudiera hablar, la agresión de los enanos era grande al grado que Bilbo pensó que empezarían a arrojarse las sillas en los cuales estaban sentados. Trato de hacer su voz sonar pero no fue hasta que el enano sentado frente suyo se levanto y bramo en su lengua materna.
Se ensancharon sus ojos y quedo con la boca semi-abierta cuando observo a todos sentarse de vuelta en sus asientos sin un reclamo pero sin dejar algunos de intercambiarse miradas fruncidas hasta que el mismo enano que había mandado a callar a todos volvió a hablar.
––Si interpretamos esas señales ¿No creen que otros también pudieron hacerlo? ––su voz imponente callo en totalidad a los enanos y sus palabras les hicieron reflexionar.
Bilbo ya no se embarco en sus pensamientos, ahora solo le prestaba atención al enano cuyas palabras inspiradoras contaban sobre un tesoro resguardado en una montaña ubicada al este, un tesoro de sus antepasados sin dueño que ahora se hallaba a la cercanía de los avaros corazones y ojos de las demás razas, esperando el momento para ir y reclamarlo como suyo cuando no le pertenecía a nadie más que a la raza enana que una vez vivía entre la morada de la montaña.
Erebor incluso el nombre le era conocido, los enanos volvieron a emocionarse y exclamaron palabras en su lengua.
––Olvidan que el portal está cerrado ––interrumpió su emoción el de apariencia más vieja de los enanos, Balin logro que se desanimaran pero que vieran la realidad–– no hay ninguna entrada a la montaña.
––Eso mi querido Balin no es del todo cierto ––hablo Gandaf girando una llave gruesa de metal entre sus dedos.
––¿Cómo obtuviste eso?
Despego sus labios y sus ojos se posaron en la llave, Bilbo retrocedió un paso y se congelo como si aquel objeto fuese peligroso. Meneó su cabeza sin que le prestaran atención.
Olvidando su preocupación, observo como el mago le entregaba esa llave al enano líder quien la observaba como si fuera un rayo de esperanza a sus años llenos de oscuridad y desolación.
La llave indicaba una entrada oculta en el mapa sin descifrar que Gandaf ya había desdoblado hace rato ya. Aclaro que no había aún encontrado la respuesta al acertijo pero que otros podría. Menciono en que durante la travesía debían ser cautelosos y permanecer ocultos.
––…y una buena suma de valentía ––miro a Bilbo al añadir lo último y el hobbit lo miro queriendo reírse por la confianza ciega y tonta del mago hacía él.
¿Qué más tonterías diría el mago? No era valiente ni un aventurero, ni un guerrero ¡Menos un saqueador! Estuvo a punto de decírselo a todos pero las voces de los enanos se les adelantaron.
––No luce realmente como un saqueador ––opino el de apariencia más vieja.
¿Qué?
––Sí ––concordó su hermano–– el campo no es para campesinos débiles que no saben pelear ni defenderse.
¿Es en serio? ¿Qué les ocurre a todos estos enanos que juzgan solo por las apariencias? Si hubiera sabido que sería de ese modo, los hubiera tratado como bestias desde el principio ¡Me hubiera evitado las cortesías! Que les importa un rábano supongo.
Hubiera intervenido y hablado pero una vez más los enanos comenzaron un debate entre gritos y reclamos apoyando al hobbit o en acuerdo con los primeros que hablaron ¿Como querían que opinara si ni unas palabras dejaban que expresara? Furioso se acerco pero tuvo que retroceder ante una sombra oscura que se esparció como el manto de una tempestad por su hogar y una voz de trueno se alzo sobre las demás callando al tiempo que intimidó a los enanos.
Gandalf salió en su defensa ofendido de que dudaran más de su juicio y elecciones, alagando a los hobbits durante su discurso. Sentándose, le recordó a Thorin el trabajo que le había encomendado días atrás de buscar al decimo cuarto miembro de la compañía. Sin más le pidió que confiara en él y el enano dudando por segundos acepto al final pidiéndole a Balin que le entregase el contrato al Señor Bolsón.
Explicó el de ojos amables lo que consistía básicamente el contrato y se lo paso a Thorin quien lo aplasto en el pecho del hobbit. No se había sentido tan presionado en toda la noche, menos intimidado, no hasta que leyó el largo pedazo de pergamino que desenrollo. Llego a la parte en la que la compañía no se hacía responsable por lesiones específicas y vaya que fueron muy específicas.
––¿Incinerarse?
La respuesta le hizo de inmediato arrepentirse de haber preguntado, pensar en un enorme dragón ¡Un dragón! enfrentársele y que de sus fauces expulsara un fuego abrazador que lo reducía a cenizas no era algo alentador. Veía borroso y le faltaba el aire, sus manos se enfriaban y hormigueaban y pensó que se desmayaría. Bilbo palideciendo, rogaba mentalmente que Bofur se callara de una buena vez. Cuando lo hizo, la sensación de vomitar y desmayarse, luchaban entre sí hasta que la última gano viendo nada más que negro.
––Estoy bien, solo déjame sentarme en paz un momento ––le pedía Bilbo al mago con una taza de té en la mano acariciando el pulgar sobre el liso tacto de porcelana.
––Ya estuviste sentado en paz por mucho tiempo…
El mago con sus cejas alzadas y con pipa en mano se paseaba por la sala de estar hasta quedar cerca del sillón donde el hobbit reposaba entre que calmaba su pequeño ataque de nervios. Le preguntaba a Bilbo sobre los manteles y vajilla que tanto ahora se suponía que le importaban. Bilbo quería protestar pero abriendo su boca nada salió y la cerro sin quitar su vista del mago gris quien relataba cuentos de la infancia de Bilbo cuando de pequeño lo conoció y como iba y venía por los bosques cercanos para buscar criaturas de cuento y volvía tarde con luciérnagas capturadas en un frasco y unas en su cabellos rebeldes y sucias por el barro.
––No puedo irme así nada más, soy un Bolsón de Bolsón Cerrado ––atribuyo a su apellido la excusa de ser incapaz de irse, así como lo hizo con Kaírel.
––Pero también eres un Tuk.
Dejo caer su cabeza en el espaldar del sillón, él realmente no se consideraba un Tuk. Ahí iba de nuevo el mago con sus historias, intentando mover un poco al pasado Bilbo que soñaba con una aventura lejos de La Comarca.
Gandalf contaba las hazaña de su tatarabuelo Toro Bramador Tuk en la Batalla de los Campos Verdes y Bilbo al igual que con Kaírel pensaba que todas esas fabulosas historias no eran más que exageraciones.
––Las buenas historias merecen un buen final ––dijo sentándose frente a Bilbo–– Tu tendrás una o dos historias que contar cuando vuelvas.
Ya lo estaba pensando, riéndose de sus propios pensamientos y de su lado Tuk que quería salir y explorar el mundo, ver con sus propios ojos los paisajes que tanto se describían en las historias. Mas algo le seguía inquietando.
––¿Puedes prometerme que volveré? ––pregunto.
––No ––respondió Gandalf–– Y si lo haces, no vas a ser el mismo.
La idea le abrumaba pero no le espantaba, deseaba poder decirle al mago un rotundo "No" rechazando por completo la oferta, pero una vez más un extraño sentimiento se alojo en su pecho creyendo que si declinaba su petición, se arrepentiría. Sin embargo ¿Cómo podría viajar con un grupo de enanos que apenas conoce? ¿Cómo podría estar con ellos cuando aún no tenía en claro esos presentimientos que rondaban a su alrededor?
––No lo sé Maestro Gandalf ––comenzó a decir encogiéndose de hombros con pesadez–– Me parece tan sorprendente que no sé si realmente está pasando y veo que los demás al menos tuvieron tiempo de pensarlo pero yo…
Se giro al escuchar murmullos a su espalda, encontró a tres enanos en la cocina, uno de barba de un intenso color rojo fumando cerca de un enano de apariencia joven, cabellos ocres oscuros y barba trenzada, Ori, se acordaba del joven pues por el comenzó el ataque de pánico del hobbit por la vajilla de su madre. Hablaba con otro enano de cabellos canosos y una trompeta puesta en su oreja para escuchar al más joven enano quien escribía en un cuaderno lo que, creía, algo que le explicaba el de problemas para escuchar.
Sonrió al ver la escena sintiendo calidez; volvió su mirada a Gandalf, volvió a pasar sus manos por la taza aún con el liquido caliente en su interior con olor a hierba buena y suspirando observo el fuego.
––Dame hasta mañana al menos ––se fijo en los brillantes ojos del mago que en esos momentos le daban la apariencia de un joven, como la mirada de un niño esperanzado de recibir el regalo que tanto ansiaba–– No te estoy diciendo que sí…
––Pero tampoco es un no ––añadió y Bilbo no pudo evitar apretar sus labios en una tonta sonrisa.
––Podría decirse.
Dejo la taza encima del libro que se encontraba en el brazo del sillón y se levanto para caminar un momento, su cabeza aún daba vuelta y la imagen del dragón era un desanimo tremendo. Observaba a los enanos a su alrededor, hablando entre ellos en común y en su lengua materna. Bastante raro se sentía, como una calma que hace años no tenía. Pero estaba abrumado y no pensaba las cosas con claridad, quería tomar algo de aire y salió por la puerta creyendo que nadie notaría su ausencia.
Así lo hizo, bajo los escalones y se sentó en el banco frente a su cerca, observo la comarca iluminado por pequeñas farolas a las entradas de cada agujero hobbit y las estrellas que brillaban, tintineaban y resplandecían en la oscura noche. Las casas de los senderos, las luces internas apagadas y concluyo que ellos eran los únicos que debían estar despierta a tan alta hora de la noche.
––Partir a una aventura ¿Qué es lo que pasa contigo Bilbo? ¿Estás en serio considerando irte con esos enanos desconocidos? ¿Qué le pasara a Bolsón Cerrado? ¿Qué pensaran tus familiares? Estarán preocupados y tú… tú eres solo un simple hobbit ¿En qué los podrías ayudar? ––se hablaba mientras jugaba con sus pulgares y riéndose de su monologo–– Sintiéndote ofendido porque dudaran de tus habilidades ¡Estupideces! Tú no eres un saqueador o guerrero, no eres nada de eso… entonces ¿Por qué…? ¿Por qué deseo ir con toda mi alma? ––sus ojos se aguaron y por primera vez en toda la noche una lagrima surco su mejilla y cayó pesadamente a su pantalón.
Sus orejas se movieron y se percato que ya no estaba solo fuera de su casa, se giro en reflejo de la persona que pretendía llegar sin aviso.
––Hey tranquilo saqueador, no vine a hacerte nada ¿sí?
No era como si pudiera verlo claramente, pero a las tenues luces de su entrada veía al enano de cabellos castaños oscuros, de escasa barba y ojos que brillaban a pesar de la poca luz.
––¿Qué desea mi buen Señor enano? ––pregunto Bolsón cruzándose de brazos mientras disimuladamente limpiaba su mejilla y retorcía su nariz.
––Nada, solo quería salir un rato y de casualidad lo encuentro a usted mirando el cielo como si estuviera buscando respuesta en las frías y distantes estrellas ––Kíli tomo un sorbo de la hierba para pipa y dejo escapar el humo en un perezoso soplido–– Lo noto afligido ¿Algo le molesta?
––Muchas cosas ––respondió Bilbo–– pero no es algo que sea de importancia y no sé si este afligido realmente. Vine aquí a pensar y es lo que menos puedo hacer.
––Me retiro si así lo desea, no vine a molestarlo si es lo que piensa.
––No, claro que no ––negó con la cabeza, encogiendo la comisura de sus labios–– No esperaba que se me acercara alguno de ustedes, me han mirado con extrañeza y no me molesta a pesar de todo ––recordaba lo dicho por la joven de que los enanos suelen ser desconfiados y reservados así que sus actitudes hacía él no le incomodaba en absoluto. Ahora lo que realmente quería tener era una razón solida para quedarse o marcharse.
––No se preocupe, más adelante en el viaje quizás se muestren más abierto. Bueno, ya impresiono a varios de hecho ––río mordiendo la punta de su pipa.
––¿Ah sí? ¿Cómo?
––Vera ––medito sus palabras moviendo la muñeca con la mano que sostenía la pipa–– nadie que he conocido se ha atrevido a sostenerle la mirada a mi tío y menos responderle de esa manera, excepto, quizás mi madre. ––dijo tras una pausa pensativa viniendo a él remotos recuerdos.
––¿Tu tío?
EL joven enano sonrió gracioso mientras se sentaba en el banco junto a Bilbo notando a plena vista que el hobbit no tenía ni idea a quien se refería. Era gracioso, la verdad.
––El enano ceñudo que llego de último. Vaya impresión que le ha dado a todos, en especial a él.
Ah, ese enano, eso lo explica pensó rodando los ojos.
––Lamento si lo ofendí, pero no retrocederé mis palabras. No tolero cuando las personas juzgan a los demás sin siquiera haberlas conocido. Es injusto, no porque alguien sea diferente a tu raza se merezca un trato inferior. Tampoco tolero los malos modales.
Y Bilbo se dio cuenta de sus palabras dichas con ímpetu ¿Desde cuándo pensaba así? Ya ni podría decir que se conocía así mismo, actuaba y decía unas cosas que no eran propias de su él normal.
No escucho nada de parte de su acompañante y volteo a verle, entrecerró sus ojos pensando que veía mal pero pudo jurar que el joven lo miraba con algo parecido a cuando vez algo inesperado y especial, como si las palabras de Bilbo le hubiesen tomado desprevenido y al mismo tiempo alegrado.
––Usted… ¿Usted en realidad piensa así? ––sus ojos eran iguales a los de un cachorro muy joven, grandes y brillantes. A los ojos del hobbit, Kíli, el enano a su lado, era como ver a un niño hobbit.
––Claro, detesto los malos modales.
Kíli río por aquella respuesta pero luego de voltear a ver el camino regreso su mirada nuevamente al hobbit.
––No, eso no. Lo primero que dijo.
––¿Por qué no lo haría?
¿Por qué lo hago?
––No lo sé, no a muchos les agradan los enanos, no tenemos buena reputación y no hay muchos que hablen bien de nosotros.
––Pues no lo creo, en eso tendré que estar en desacuerdo con usted ––dijo Bilbo–– Alguien que conocí hace poco me contó todo lo bueno y malo de los enanos ––contaba y el enano fue atraído por sus palabras–– Me contó de sus sorprendentes habilidades con las joyas, el metal y el acero, que son constructores natos y que son valiosos amigos pues son leales y apasionados.
––¿En serio le dijo todo eso? ––sonaba como si no le creyera.
––Oh sí, yo jamás había visto a un enano tan cerca en toda mi vida y me dio una buena imagen de ellos. Aunque me contó de su temperamento terco y obstinado.
––¿Qué piensa ahora? ––pregunto tomando una aspiración de su hierba y expulsando el humo en un soplido largo y lento.
La silueta del humo parecía una larga cola que se enroscaba e iba directamente al cielo nocturno.
––Que puede que tenga razón como a la vez no, todo depende de con qué clase de enanos me este involucrando ––confeso y el otro le respondió con una sonrisa–– Aunque tu tío sin duda me ha dado una pésima primera impresión si me permite el comentario y disculpe que hablé así de su pariente.
––Tranquilo, es así con todos y tiene sus razones, no lo tome personal. Te acostumbraras.
––No lo sé, aún no estoy seguro si partiré con ustedes al alba. Dejar mi hogar es difícil cuando he estado aquí la mayor parte de mi vida ––dijo Bilbo.
––Mhm sería una pena ––y entonces el de ojos esmeralda levanto una ceja al de ojos castaños–– Sería agradable tenerlo en nuestra compañía Maestro Bolsón ––hizo una pausa para inclinarse y apoyar su codo en una pierna y ladeando la cabeza para mirar mejor al hobbit–– ¿Lo dije bien esta vez?
Bilbo río por la pregunta palmeando su pierna, no era difícil adivinar a que se refería pues cuando se presentaron había dicho su apellido mal, muy mal, malísimo.
––Sí, sí lo dijiste bien mi buen Señor enano.
Ambos rieron y Bilbo sintió su corazón reconfortante, las lágrimas ya no querían salir, no como al principio cuando vio al joven por primera vez. Por alguna razón se sentía agradecido por apreciar la sonrisa brillante del enano joven, pues le daba la impresión que hace mucho que no veía una sonrisa como aquella.
––¡Kíli!
Ambos voltearon sin borrar sus sonrisas de sus rostros. Al principio de la escalera, la puerta estaba semi abierta y se asomaba el enano de cabellos cual sol.
––¿Qué andas haciendo? Thorin quiere vernos y te he estado buscando por todos lados ––regaño cruzándose de brazos dándose cuenta que el hobbit se encontraba a su lado.
––Ya voy hermano, solo estaba conversando con nuestro saqueador.
Bilbo le reprendió con la mirada pues aún no era su saqueador y Kíli río por lo bajo pues sabía que sería bastante fácil molestar al pequeño hobbit y eso sí que sería entretenido.
––Pues si ya terminaron será mejor que entres ¿O quieres que nuestro tío venga mejor?
Kíli desapareció su sonrisa de golpe tras escuchar la amenaza y a saltos subió las escaleras. Bilbo se levanto y subió más calmadamente las escaleras pasando por la puerta siendo seguido con la mirada por el enano de ojos como el cielo de la tarde. Ya no tenía razones para estar afuera, había tomado el suficiente aire frío para calmar sus nervios, ahora solo deseaba estar en su cálida cama.
––Disculpe si mi hermano le ha molestado cuando debía pretender a la soledad, a veces suele ser muy imprudente ––dijo Fíli viendo a su hermano pasar por el arco a la estancia.
––Tranquilo, de hecho fue agradable hablar con él ––dijo Bilbo.
––¿En serio? ––sonreía aliviado.
––¿Es tu hermano menor? ––pregunto avanzando y el enano cerró la puerta.
––Sí y siempre debo andar cuidado de que no se meta en problemas ––le respondió con extraña facilidad.
Viendo que desaparecía por el arco yendo junto a su hermano, el hobbit vio su oportunidad de retirarse a su habitación. Se encontraba tan cansado que le daba la sensación que no había dormido por un largo tiempo y fue cuando llego a un rincón de su casa cuando escucho una conversación, no pretendía hacerlo, pero no le pareció correcto interrumpir.
––…prefiero a estos enanos antes que un ejército de las Colinas de Hierro…
Escucho a Thorin hablar con Balin quien se veía recaído y poco esperanzado. Bilbo escuchó poco pero lo suficiente para sentir que el enano que le había dado tan pésima impresión realmente era un enano que valoraba a su compañía, que valoraba a su gente y además que hablaba con el porte de un Rey. Fue entonces que entendió quien era el enano, el nombre no le sonaba pero todo el asunto de Erebor sí y vaya que fue muy lento.
Thorin Oakenshield, así que es el heredero al trono de la Montaña Solitaria, Erebor, tengo a un Rey en mi casa a quien reprendí en la entrada frente a su gente… hump nada mal Bilbo, quizás si te corten en tiras esta noche mientras duermes.
Giro sobre sus talones y se encamino a su cuarto, se encerró ahí mientras pensaba. Tal vez era una total locura solo considerar en partir con los enanos, ya se lo había repetido por horas. El contrato seguiría sin firma pues él era un hobbit que permanecería en su agujero hobbit con sus tradiciones hobbit, viviría una vida sin aventuras y sin nada inesperado, una vida sedentaria como todo un Bolsón digno del nombre.
Claro eso pretendía, entonces ¿Qué rayos estaba haciendo alistando su bolso con lo necesario para un viaje largo?
Se detuvo y vio su obra, el bolso que tenía puesto en la cama ya estaba totalmente lleno con lo esencial, incluso empaco el capuchón impermeable que la joven le obsequio. Levanto sus manos a nivel del pecho, y retrocedió unos pasos hasta sentarse en su mecedora. Se quedo largo rato pensando, retorció su nariz; llevo una mano a la cabeza acariciando sus rizos; por fin se recargo completamente de su mecedora para mirar por la ventana.
Volvió a la conclusión de que se estaba volviendo loco, paso una mano por su cara tapando su risa nerviosa y torpe. Se disponía a desempacar todo cuando escucho una tonada al otro lado, pasando por los pasillos directamente a la sala. Bilbo abrió su puerta para escuchar aquel canto antiguo, aquel que los enanos dedicaban como un rezo a sus antepasados para que los protegiesen en esa misión suicida pues a un dragón tendrían que enfrentarse y el camino a Erebor no iba a ser nada fácil quedando a muchas millas y kilómetros.
Más allá de las Montañas Nublosas
Calabozos y antiguas cavernas
Hemos de ir, al alba partir
Para encontrar el oro al final.
Hechizos lanzaban los enanos
Mientras las mazas tañían como campanas
Donde dormían sombrías criaturas
En salas huecas bajo las colinas
Para antiguos Reyes y El Señor Elfo
Relucientes destellos dorados hay
Enanos forjaron y capturaban la luz
En gemas escondidas en espadas.
En collares de plata engarzaban
Estrellas florecientes. El fuego de dragón
Sobre coronas, en metal
Entretejía la luz de la luna y el sol
Más allá de las Montañas Nublosas
Calabozos y antiguas cavernas
Hemos de ir, al alba partir
Para encontrar el oro al final.
Allí labraban sus propias copas
Arpas de oro donde nadie ahonda
Canciones yacen. Que ni los
Elfos y hombres han escuchado.
Los pinos rugen en las alturas
Y los vientos gimen en la noche
Y el fuego ardiente se extendía
Arboles brillaban como antorchas
Sonaron las campanas, en el Valle.
Miraron al cielo, los hombres pálidos
Más que el fuego, la ira del dragón
Las torres y casas derribo.
Humeante la montaña bajo la luna
Los enanos oyeron al trágico destino
Por los pasillos corrieron y descendieron
En el palacio, bajo la luna.
Más allá de las Montañas Nublosas
Calabozos y profundas cavernas
Debemos irnos antes del alba
Y recuperar nuestro oro y arpas
Más allá de las Montañas Nubladas
Calabozos y antiguas cavernas…
Sintió al final de ese canto el aprecio a las cosas hechas a manos, sintió aprecio por lo valioso y por lo sencillo, sintió nostalgia, una que le estrangulaba y le dejaba sin respirar; sintió que su búsqueda, que su viaje tenía un propósito más allá del simple oro que desbordaban las cavernas de la montaña. La tonada le era conocida a pesar de que, una vez más, no encontró respuesta a su presentimiento.
Ellos seguían cantando mientras Bilbo se encaminaba por los pasillos y cuartos acomodando todo para sus invitados, sin quitar sus oídos de la inspiradora canción en la que los enanos se habían sumido y fue entonces que escucho cuerdas al viento ser rasgueadas de una forma delicada y gentil. Casi podía imaginar al enano quien tocaba, a penas rosar sus dedos a través de las cuerdas y aun así soltar tales sonidos que le llegaban al corazón. Sea quien sea, no pudo ignorar el rasgueo de las cuerdas y la melodía que expulsaban, dentro de él encontró una calidez nostálgica y encontró simpático que los enanos pudieran tocar se esa manera.
Ahora sí Bilbo Bolsón, ya no puedes seguir subestimando a los enanos.
No supo quien tocaba el arpa pues se apresuro a ir a su habitación y entrecerrarse en ella para recostarse en la cama y mirar el techo sin importarle a qué hora llegaban a dormirse los enanos. El sueño le gano mientras seguía oyendo las cuerdas al viento y transportarse a unas tierras distantes y oscuras, de lunas extrañas y muy pero muy lejos de su hogar. Un amor fiero y celoso se alojo en su pecho y hasta que cayó dormido fue como si sintiera y compartiera el añoro de los enanos.
Brillaban las estrellas cual gemas de enanos entre un cielo que combatía entre la oscuridad y la claridad, mas una luz lo llamaba a la distancia, cerca de una enorme puerta sellada. Las laderas abrazaban la montaña, altas y poderosas. El valle era viejo y se sostenía en ruinas, el suelo a su alrededor había sido quemado y la hierba y el pasto no crecerían en largo tiempo, tampoco las flores ni la cosecha pues el suelo necesitaba mucho trabajo.
Ahí estaba él, sonriéndole a alguien de manos pesadas y ásperas. La luz resplandeció cegándolo, muy brillante y nubloso, tanto así que el rostro de aquel a quien le sostenía la mano no se veía con la claridad que él hubiese querido pues quería saber el por qué esa persona le sonreía de manera tan débil como si se despidiera.
¿Por qué? ¿Por qué me sonríes estando en ese estado? ¿Qué pretendes?
Le susurro palabras que jamás fueron escuchadas por sus sensibles orejas.
¿Por qué sonrió? ¿Por qué estoy llorando? ¿Por qué te estás yendo? ¡No te atrevas!
Antes de si quiera saber lo que ocurría abrió sus ojos pesadamente siendo despertado por la luz de sol, la luz de la mañana. Pensó que seguía soñando, la luz era tan brillante como en sus sueños, pero estaba despierto y mientras pensaba si volver a dormir o levantarse para comenzar el día, recordó lo de anoche.
Se sentó en su cama con ojos bien abiertos, despierto en su totalidad. Había mucho silencio, demasiado para el escándalo de la noche anterior. Saltó de su cama y salió de su habitación recorriendo cada sala de su casa descubriendo que una vez más se encontraba solo.
¿Se habrían ido sin él? Claro, tampoco les había dado una respuesta certera y su viaje no podía esperar hasta que el tuviera las ganas de elegir entre quedarse o irse, pero viendo como habían resultado las cosas creyó conveniente que todo se quedara como estaba.
¿Entonces por qué me siento tan desilusionado y hueco?
Ahí se encontraba el contrato, encima de su chimenea y solo faltaba su firma. Lo tomo entre sus manos y desdoblándola leyó por encima de cada palabra. Una aventura era demasiada responsabilidad, su trabajo iba hacer demasiado y no era alguien experto.
Fue a su habitación con el contrato en su mano, aún estaba a tiempo, 8:27, viendo el día no se debieron haber marchado más que hace media hora y si corría lo suficiente los alcanzaría pero ¿Se iría de verdad?
¿Qué clase de fuerza lo estaba moviendo empacando lo que no pudo empacar anoche? ¿Qué fuerza lo estaba llevando a firmar el contrato? ¿Qué fuerza tan grande era lo que lo estaba impulsando hacia una aventura? ¿Acaso de ver su hogar vacio por segunda vez le estaba ocasionando eso? No ignoro que lo que paso con Kaírel en los pocos días que se quedo fue divertido y entretenido, su casa lucía incluso más cálida y no tan nostálgica. La noche anterior con los enanos le hizo reír y experimentar miles de emociones, su hogar no pudo haber lucido tan agradable y ahora era solo un agujero adornado hermosamente.
Ya se encontraba en la entrada bajando las escaleras con entusiasmo y martillando un cartel en su puerta.
"Me fui de aventura y planeo regresar, por favor mantenerse lejos de esta propiedad hasta mi regreso ¡Les hablo a ustedes en especial Sacovillas-Bolsón! Esta casa no será de ustedes ni aunque me muera en este viaje ¡Recibirán noticias de mi!
Y hasta entonces manténganse alejados por favor
Hasta ese momento
Bilbo Bolsón"
Siguió su loco consejo que nunca creyó necesitar, tomo todo lo importante incluyendo el pañuelo que le había tejido y la daga que había olvidado que tenía metido junto con el capuchón.
Miro por última vez antes de marcharse de su tan amado Bolsón Cerrado y dio la vuelta atravesando su cerca.
"¿Sabe usted como iniciar una aventura?"
Bilbo negó en aquella ocasión fumando su pipa.
"Se inicia con el primer paso, siempre es el más importante y sin embargo el más difícil. No sabes lo que te espera, pero eso es lo emocionante. Solo sigue hacia adelante sin mirar atrás…"
Eso hizo, pero en vez de dar un paso corrió con una sonrisa entusiasta en su rostro sosteniendo el contrato con una mano ondeándola con el viento que provocaba al correr. Los que se toparon con él le preguntaban a dónde iba tan apurado y excitado, los niños reían preguntando igual al Señor Bolsón el por qué su apuro a lo que él respondió jadeante y con una enorme sonrisa en el rostro y ojos resplandecientes por la emoción.
––¡Me voy! ¡Parto a una aventura!
Ok, no sé si quedo bien ese momento entre Thorin y Bilbo XD pero voy a amar poner a Bilbo relacionándose de otra manera con los enanos, como es diferente esta situación y además que estoy combinando cosas de la película y del libro ¡Me encanta! Y respondiendo a la pregunta de un comentario...
Yume: TIENES COMENTARIOS!
Mika: quien lo diria! sí los tiene
Yo: Callen boca. En fin, respondiendo, todo tiene su razón de ser y más adelante se sabrá todo. Pueden hacer sus preguntas y tratare de responder sin dar spoiler 3 gracias por leer mi historia y espero que sigan conmigo hasta el final. Amo está idea y la abrazo con todas mis fuerzas, por ello seguiré hasta el final porque ¿Les cuento un secreto? La historia realmente esta avanzada hasta el final de la primera película XD pero lo voy subiendo uno por uno los días que tengo libre para entrar a la computadora sin problemas. Más especifico los martes y fin de semana
Eso es todo ¡Se les quiere! Hasta el próximo cap
