14. Salzkammergut

Las montañas se hundían en el lago que brillaba bajo la luz del sol. Un conjunto de casitas conformaba un pequeño poblado en una ladera, sobre la superficie del agua. Los rayos del sol caían sobre el conjunto de casitas, montaña verde y agua azul, en una postal impresionante.

Junto a una antigua iglesia, había un callejón olvidado que escurría entre dos casas, y que parecía terminar en una pared lisa para los que pasaban por allí. Hasta hacía algunos años atrás, había permanecido cerrado y desapercibido para ojos muggle. Ahora, sin embargo, su secreto había salido a la luz, la pared estaba corrida hacia un lado, como si se tratara simplemente de una puerta, quedando allí extrañamente abierta; y tras el callejón se extendía una calle serpenteante que se ramificaba en otras, y estaba inundada de tiendas y casas de magos.

Allí, en la zona gastronómica de magos de Salzkammergut, en Austria, sentados a una mesa que apuntaba a la calle, y con una inclinación del terreno en la montaña que ofrecía una vista magnífica del lago, del resto de las casas muggle y de las montañas a lo lejos; allí estaban sentados Harry, Ron, Hermione, Jose, Luna y Neville esa tarde de septiembre.

-Qué rico está esto -dijo Luna, pinchando su tenedor en la carne del plato que le habían servido en aquel restaurante.

-Pensé que eras vegetariana -dijo Ron, mirando a su amiga.

-Jamás he dicho ser vegetariana, ¿por qué pensaste eso? -preguntó Luna, llevándose a la boca un bocado de carne.

-No lo sé -Ron se encogió de hombros-. No sé por qué tenía esa idea.

-Hermione sí lo es -dijo Harry, apuntando a su amiga, que tenía un plato con vegetales y legumbres-. Desde hace un tiempo, ¿verdad, Hermione?

-Sí, fue más o menos por la misma época en que empecé a cantar -dijo Hermione-. Creo que ahí fue cuando me hice vegetariana.

-¿De qué demonios hablan? -dijo Joselié entonces, frunciendo el ceño-. Si ha estado comiendo pollo el otro día, en lo de esa chica Gabrielle. ¿No lo recuerdan?

-A veces como carne, pero en general soy vegetariana -se excusó Hermione, de forma poco convincente.

Hermione se pasó una mano por la cabeza casi calva, donde ahora había unos cabellos de dos o tres centímetros de su color castaño natural.

-¿Tomabas drogas vegetarianas? -bromeó entonces Ron, conteniendo una risotada.

Pero solo Neville rio. Harry alzó la mirada hacia el chico y le dirigió una mirada desagradable. De pronto se preguntó qué le había encontrado de atractivo a Ron unas semanas atrás. No se parecía en nada a Negro, pensó en ese momento. Este era el mismo Ron de siempre insensible y que disfrutaba pelear a Hermione. No le atraía en absoluto.

Era tan confuso lo que ocurría en la cabeza de Harry, que la única forma de sobrellevarlo era tratar de ignorar sus emociones y concentrarse en vivir el momento. Había pasado en solo unas semanas de ser gay a ser hetero, de estar enamorado de Ron a parecerle desagradable…

-No digas idioteces, Ron -le dijo, serio. Al instante, Ron borró la sonrisa de su rostro y se quedó en silencio.

-Ya he superado lo de las drogas -comentó Hermione, sin afectarse para nada, comiendo con tranquilidad-. Todos hemos cambiado mucho el año pasado.

-Ya lo creo -dijo Luna-. Soy mucho más grande ahora, y siento que han cambiado mucho más ustedes en un año que yo en diez.

-Sí, estoy de acuerdo -dijo Ron, llevándose un pedazo gigante de carne a la boca.

-Bueno, Harry y yo éramos del mismo universo -dijo Neville entonces-. El Universo cinco. ¿Recuerdas, Harry?

-Sí, claro -dijo él.

-¿Así que tú fuiste el que hizo que ya no fuera tan Machito? -dijo entonces Jose, sonriente.

-Oye, estás tomando confianza demasiado rápido -la reprendió Harry-. Aun no estás a ese nivel dentro de nuestro grupo. Debes ir más despacio.

-Es cierto -le dijo Luna-. A mí me tomó un año entero que me invitaran a participar de alguna de sus aventuras. Tú solo llevas unos meses y ya lo estás haciendo.

-A mí me tomó cinco años -dijo Neville-. Al principio solo me lanzaban petrificus totallus y se iban a la aventura ellos solos.

-Qué malvados -dijo Jose, negando con la cabeza.

-No fue tan así -se defendió Hermione-. Eso pasó una sola vez. Y solo teníamos once años.

-Jamás me valoraron -siguió Neville, medio en broma-. A pesar de que los salvé cientos de veces. Como en cuarto año, cuando le salvé el trasero a Harry en la Segunda Prueba del Torneo de los Tres Magos.

-Eso no cuenta -dijo Ron, negando con la cabeza-. Había sido Moody el que te dio el libro ese que ayudó a Harry. Fue todo parte de su plan, no el tuyo.

-Pero en quinto año rompí la profecía que quería Voldemort, haciendo que no pudiera verla. ¿Se imaginan qué peligroso hubiera sido si hubiera caído en sus manos?

-Solo la rompiste por accidente, Neville -acotó Luna-. De hecho, fue bastante torpe de tu parte. No sabíamos que Dumbledore ya la había visto. Podría haber sido importante conservarla.

-Bueno, pero en sexto año fui el único junto a Luna en responder a las monedas del Ejército de Dumbledore -insistió él, sin darse por vencido-, para luchar en la Batalla de la Torre de Astronomía.

-Sí, eso es cierto -dijo Harry, defendiéndolo-. Neville ha luchado con valentía ese día y también en las batallas de quinto y séptimo.

-Lo sé, lo sé, solo estamos bromeando -dijo Ron, encogiéndose de hombros.

-Qué pena recordar todo eso -dijo Hermione, melancólica-. Pensar que aquella vez hemos luchado en la Torre de Astronomía entre magos y mortífagos, con valentía, defendiendo el colegio… Y luego, hace unos meses, Jean destrozó esa misma torre con solo una sacudida de varita en un segundo.

-Sí, mejor no recordar eso -dijo Harry, cabizbajo.

-Y luego, segundos después, destruyó todo el resto del colegio -completó Luna, amargamente-. Matando a ciento veintitrés alumnos que no habían llegado a aparecerse.

Todos hicieron un breve silencio, en conmemoración a aquello. Harry no pudo evitar sentir un retorcijón en el estómago producto del sentimiento de responsabilidad por aquello. Ese sentimiento, creía, de culpa por aquellos ciento veintitrés niños muertos, sumados a todas las muertes de Hogsmeade y todos los cientos de muertes en Noruega, era el responsable en gran parte de su cambio de comportamiento aquellos últimos meses, abandonando de una vez esa etapa de rebeldía y arrogancia y volviendo a su antiguo yo mucho más tranquilo y humilde.

Acompañados por el fantasma de esos devastadores hechos recientes, que a veces no eran tan recordados porque habían sido el precio para evitar la destrucción de cientos de universos completamente, pero que aún así no dejaba de ser un precio terrible; quedaron todos en silencio unos instantes en medio de esa charla de jueves por la tarde en ese restaurante de Austria.

Ahora ya se había hecho de noche, y seguían allí sentados, habiendo finalizado sus platos.

-¿Has encontrado alguna pista sobre en qué parte de Austria está la pepita de oro? -preguntó Ron a Hermione en un momento.

-¿Por qué tengo que ser yo la única que investigue? -protestó ella.

-Pues es la costumbre, lo siento -dijo Ron-. Tú eres la inteligente.

-Luna sabía mucho más que yo de este tema.

-Es cierto. ¿Has encontrado algo, Luna?

-Hay que buscar el lugar en que murió, allí debe estar -dijo Luna-. O eso dice el poema. Y el lugar en que murió Sisi fue el lago de St. Wolfgang. No está lejos de aquí, creo.

-Son 44 minutos en auto, según Google -dijo Ron, mirando en su celular-. Deja que cambio la opción de transporte de auto, a escoba voladora… está recalculando el tiempo de viaje… Oh, mira. Son 8 minutos en escoba voladora. Genial, es aquí, cerca de este lugar, de Hallstatt.

-Podríamos ir ahora mismo -sugirió Harry.

-Siempre tan ansioso, Harry -Neville se recostó en su silla y puso ambas manos detrás de su cabeza-. ¿Por qué el apuro? Esto no es como una de esas misiones importantes que has tenido en el pasado, Harry. Relájate. Es solo un torneo para disfrutar, para pasear y recorrer. No es algo de lo que debas preocuparte tanto.

Harry esbozó una media sonrisa a su amigo.

-Lo sé -dijo-. Mañana podemos ir, entonces.

Esa noche Harry estaba nuevamente mirando el techo de su dormitorio, intranquilo por algún motivo. Su cabeza iba y venía con las miles de cosas que pasaban por ella esos días.

Lo que le dijo Neville quedó dándole vueltas por un rato. Era curioso, porque eran esos mismos comentarios de su amigo los que lo habían hecho transformar su vida unos meses atrás. Neville diciéndole que se relajara, y su intenso deseo por dejar todo lo vivido atrás y empezar una nueva vida habían sido hechos fundamentales para su vida del año anterior, para su descubierta homosexualidad, su nueva personalidad… Todas esas características que ahora parecía estar perdiendo con el nuevo año.

¿De verdad era un viaje de descanso y placer?

Porque Harry no podía dejar de pensar que era simplemente como todos los años anteriores habían sido: Una nueva aventura, que traería una nueva amenaza, una nueva batalla, un nuevo misterio…

Cómo deseaba estar equivocado.

Al día siguiente, el grupo de amigos empacó sus cosas, hicieron check out en el hostel y se encaminaron afuera, a las radiantes y preciosas calles de ese pueblo, con el aire cálido del tardío verano en sus rostros. Montaron sus escobas y se alejaron de allí cruzando los brillantes lagos, pasando junto a las verdes montañas y las calles que serpenteaban entre el increíble paisaje de árboles y lagos.

El resto de ese día, estuvieron en el poblado de Wolfgang, que, como aprendieron, formaba parte del mismo distrito en el que habían estado el día anterior, Salzkammergut. El lago Hallstatt le había gustado ligeramente más a Harry, pero aún así el Wolfgangsee tenía una belleza que justificaba por demás el ir allí, más allá de que fuera el lugar donde murió la emperatriz.

-Aquí es donde Luigi Lucheni asesinó a la emperatriz -explicaba Luna, mientras andaban por un paseo en torno al lago, con flores y farolas que lo hacían tener un aspecto muy bello-. Se le acercó y fingió tropezarse con ella, y al hacerlo hundió un fino estilete en su corazón. De hecho, la misma emperatriz no notó nada extraño hasta momentos después, cuando empezó a desvanecerse en su barco.

-Qué terrible -se lamentó Hermione.

-Quizás se lo merecía -lanzó entonces Ron, y Hermione le lanzó una mirada de furia.

-¡Ron! ¿Qué diablos dices?

Jose rio, sin embargo, caminando tomada de la mano de Ron.

-Pues aquí debería estar la otra pepita, entonces -reflexionó Harry, mirando por encima de la baranda de la rambla hacia el agua, como esperando ver un nuevo destello de luz allí.

Estuvieron un buen rato paseando, dando vueltas, buscando, pero no hallaron nada. Finalmente se aburrieron y se fueron a comer hamburguesas a una tienda de comidas rápidas.

-Qué decepción -dijo Luna-. Creí que encontraríamos la otra pepita aquí.

-Quizás alguien más ya la encontró, así de casualidad como lo hizo Harry, sin tener una pista previa que lo oriente -opinó Neville-. ¿No aparece eso en la app?

-Sí, ya busco -dijo Ron, sacando su teléfono y empezando a mover los dedos sobre la pantalla-. A ver…

-O quizás está ahí, pero oculta -dijo Harry-. Tampoco puede ser siempre tan fácil encontrarlas, ¿verdad? La anterior la vi de casualidad. Pero saber en qué pueblo o ciudad se encuentra tampoco es garantía de encontrarla. Son objetos pequeños. Y si están perdidos o escondidos bajo el agua o en lugares así, igualmente no será fácil…

-Ya la han encontrado -anunció Ron entonces.

Todos pusieron cara de decepción.

-¿De veras? -dijo Jose.

-Sí, de veras -Ron dio vuelta su teléfono y le mostró la pantalla a los demás-. Aquí lo dice. La pepita de Austria ya fue encontrada. No dice dónde estaba. Pero es una sola pepita por país, y la de Austria ya se encontró.

-Oh, qué mal -dijo Hermione-. Era la única de la que teníamos alguna pista.

-Todo tu conocimiento sobre esa emperatriz, Luna, pensé que nos sería útil -dijo Neville-. Qué pena.

-La habrán encontrado de casualidad, como dijeron ustedes -Luna se encogió de hombros.

-Bueno, continuemos el viaje dejando eso de lado entonces -dijo Hermione-. Tampoco es nada grave. Como decían, esto no es una misión súper importante que cumplir, solo es un viaje de placer. Hay que disfrutarlo. No importa si no conseguimos esas pepitas de oro. ¿Dónde está la que tenemos, por cierto?

-Ah, ya no está aquí -dijo Neville, mirando su celular también-. No puedes esperar que andemos por todo el mundo con piedras de oro sólido, con lo pesadas que son y todo. Se envían por lechuza a los dirigentes del torneo, en Alemania, y queda registrado en la app cuántas encontramos.

-¿Los dirigentes están en Alemania? Pensé que esto era un torneo nuestro… -empezó Ron.

-No, ya nos dijeron que se hizo mundial -dijo Hermione-. Ahora la cede central es en Alemania.

-Oigan -dijo Neville-. Muy lindo todo, lo del torneo, lo de pasear por el mundo, lo de las pepitas, pero… -rebuscaba en su billetera, como si algo se le hubiera perdido-. Diablos, cuando decidí hacer el MWT no me di cuenta que necesitaría dinero para hacerlo. Creo que ya me quedé sin nada. Lo último se me fue en estas hamburguesas.

-¿En serio, Neville? -Luna se volvió hacia él-. Yo tampoco tenía mucho dinero, pero estoy administrándolo…

-Rayos -se quejó él-. Tendré que abandonar el torneo. Le escribiré a mi roommate para que me habilite un traslador.

-Claro que no, Neville -dijo Harry-. No te preocupes por eso. Nosotros te prestamos dinero.

-No, de ninguna manera…

-Ninguno de nosotros vino con mucho dinero -dijo Hermione entonces-. Sabemos que no nos alcanzará para muchos más días. Empezamos quedándonos en hostels y comiendo en restaurantes porque podíamos permitírnoslo, al principio. Pero tendremos que cambiar la modalidad del viaje a partir de cierto punto. O no vamos a durar un mes.

-Bien, tendremos que hacer algunos trabajos, tipo changas, también -dijo Jose entonces-. Puedo ayudarlos con eso.

-¿De verdad? -Ron se volvió hacia ella.

-Claro, soy empleada de un aeropuerto, conozco gente en todos los aeropuertos del mundo. No de forma directa, claro, más que nada los conozco por haberme mensajeado con ellos, por llamadas telefónicas y mails. Pero tengo varios contactos que pueden darnos una mano…

Dos días después, en el aeropuerto de Salzburgo, Ron estaba vestido con un mameluco de cuerpo entero azul brillante, un gorro del mismo color haciendo juego, y tenía una escoba enorme en la mano y un set de baldes y productos de limpieza junto a él.

-Me quiero morir -protestó, mientras Hermione le acomodaba el gorro.

-Te ves hermoso, querido -dijo Jose, acercándose a él y dándole un beso en los labios-. Ahora apúrate, que ese tipo suizo enorme y gordo que había entrado al cubículo tres ya se fue. ¡Y huele terrible!

Empezó a desternillarse de la risa, mientras Ron, de mala gana, empujaba el carro de limpieza hacia el interior del baño de hombres y se dirigía a ese cubículo para limpiar el inodoro.

-¡Oh, diablos! -se oyó a lo lejos el grito de Ron, horrorizado por su hallazgo allí. Todos empezaron a reír fuera del baño.

Ron no fue el único. Jose le consiguió a Neville un puesto cargando maletas en las bodegas de los aviones de ese mismo aeropuerto. Y a Harry un trabajo temporal también, en su caso vendiendo perfumes en el duty free.

-¿Por qué Harry tiene un trabajo con un lindo uniforme, hablando con la gente y mostrándoles ricos perfumes, y yo tengo que limpiar inodoros llenos de caca? -protestó Ron un día, a Jose.

-Lo siento, lindo, es lo que conseguí -le explicó ella-. Como Harry es famoso también entre los muggles, estaban más dispuestos a darle un trabajo de atención al público a él…

Ron estaba a punto de partir su escoba por la mitad de la ira.

Luego de una semana de esos empleos en el aeropuerto, durante la cual Hermione y Luna, que no consiguieron empleo, hacían tareas domésticas como cocinarle a los demás para ahorrar dinero en comida; finalmente consiguieron una base de dinero suficiente para aguantar más tiempo.

-Tendremos que administrar mejor el dinero -dijo Jose, cuando todos reunieron sus ganancias y las pusieron en un fondo en común, que sería administrado por la persona más responsable del grupo, es decir, Hermione-. A partir de ahora nada de hostels ni restaurantes.

-¿Y dónde dormimos? -preguntó Ron.

-Pues podríamos comprar carpas -sugirió ella.

-¡Por supuesto que no! -se quejó Ron de inmediato-. No volveré a viajar en carpa. No después de la última vez.

-La trae malos recuerdos -le explicó Harry a Jose-. Durante la búsqueda de los horcruxes, viajamos en carpa por todo el Reino Unido y pasamos muy malos momentos, sin saber si nuestros familiares estaban vivos o muertos, huyendo y escondiéndonos…

-Sí, pero eso no era lo peor -dijo Ron, explicándose-. Lo peor era la inmunda comida que nos hacía Hermione. Realmente, me quería morir.

-¡Vete a la mierda! -le espetó Hermione, furiosa-. Si no fueras tan machista, podrías darte cuenta de que un hombre tiene la misma capacidad para cocinar que una mujer, que no somos tus malditas sirvientas, y aprenderías a cocinarte tú mismo.

-No estoy segura de que sea la mejor idea -dijo Jose entonces-. Él está muy acostumbrado a los cuidados de su mamá. Pobrecito. No puede valerse solo.

-¡Oigan! -Ron fulminó a ambas con la mirada-. ¿Acaso tienen algún complot contra mí, ustedes dos? ¡Como si no fuera suficiente con una sola!

Jose rio. Al parecer todo se le hacía muy gracioso, sobre todo las exageradas necesidades de Ron que no toleraban la falta de comodidades.

-Es que eres tan mimado -dijo la chica en un tono cariñoso, como hablándole a un niño, mientras apretaba la mejilla de Ron. Este le quitó la mano, molesto.

-Déjame -le dijo, malhumorado.

-Bien, entonces la carpa queda descartada -dijo Neville, pensativo-. Pues no se me ocurren otras opciones a mí. No hay nada más barato que un hostel y distinto a una carpa.

-En verdad sí lo hay -dijo Luna entonces, y todos se volvieron hacia ella-. ¿No han oído de esta nueva app, Worldhosts? Es para intercambios de alojamiento. No se debe pagar nada. Una persona te aloja en su casa, en un sofá o una cama extra, y luego tú alojas en tu casa a alguien también. No hay dinero de por medio, solo intercambio entre viajeros.

-Genial, solo que no tenemos casa para alojar a nadie -dijo Harry-. A menos que le diga a Lily que se encargue ella de recibir a los huéspedes en mi casa de Inglaterra.

-No, no es necesario -explicó Luna-. No hay una obligación de hospedar a alguien. Podemos simplemente ir a casas de personas en los distintos puntos de nuestro viaje. Sin necesidad de que alojemos a alguien nosotros.

-¿No sería algo deshonesto? -preguntó Hermione-. Si se trata de intercambios…

-No, en verdad no pasa nada -Luna miraba su teléfono-. Nadie te obliga a alojar. Como te digo, es solo si quieres.

Se encogió de hombros.

-Pues genial -dijo Neville-. Tenemos el alojamiento solucionado, entonces. Solo hay que resolver el tema de la comida.

-Yo no seguiré cocinando -objetó Hermione-. Odio cocinar.

-Yo lo hago -dijo entonces alguien.

Por un momento, Harry tuvo que buscar con la mirada entre sus amigos, a ver quién había hablado. Es decir, había distinguido la voz, pero le resultaba increíble que fuera cierto…

Pero sí. Era cierto. Ron era quien había dicho aquello.

Al parecer, todos los demás se tomaron varios segundos en identificar al que habló, igual que Harry. Nadie daba crédito a sus oídos.

Jose empezó a reír de pronto, sin motivo alguno. Ron la ignoró.

-Les demostraré que puedo hacerlo perfectamente -dijo Ron, decidido-. Que no soy ningún machista y que no pienso que una mujer deba ser la que limpie y cocine. Ya les demostré que puedo limpiar perfectamente, durante mi tiempo sirviendo en el aeropuerto…

-Solo fue una semana -lo interrumpió Jose-. Y me dijeron que eras bastante malo, de hecho. Mi contacto dijo que no conseguías quitar las manchas de caca de los bordes de los inodoros. Siempre quedaban en las esquinas…

Harry no podía contener la risa ante los comentarios de Jose. A veces le resultaban geniales.

-Y ahora voy a aprender a cocinar -continuó Ron, ignorándola por completo-. Y seré el mejor.

Hermione lo miró con admiración y sorpresa.

-Pues bien -Neville aplaudió-. Entonces, si Ron puede cocinar con ingredientes baratos, o aprende a dominar la cocina mágica, que es muy barata por convocar los ingredientes directo de la naturaleza, será un ahorro de dinero enorme.

-Haré mi mejor esfuerzo -dijo Ron, asintiendo.

-Primero dijiste que serías el mejor, ahora dices que harás tu mejor esfuerzo -dijo Jose-. Luego dirás que no prometes nada, ¿verdad?

-Cállate -le espetó él.

-Bueno, es hora de dejar Austria -anunció Harry entonces. Afirmó su larguísima escoba alquilada bajo el brazo y su maleta con la otra mano. -¿A dónde ahora?

-Eso ya lo tenemos resuelto -dijo Hermione entonces-. Tengo unos pasajes low cost en avión a Roma.

-¡¿En avión?! -Ron abrió grandes los ojos-. ¡No! ¡Claro que no! ¡No volveré a subirme a una de esas cosas!

-Me los dejaron casi regalados -le dijo Jose-. Mi contacto. Ya los compramos. Lo siento, amor.

-¿Por qué? -dijo él, horrorizado-. ¿Por qué no vamos en escoba?

-De hecho, el alquiler de la escoba costó una fortuna y no nos dimos cuenta -Neville se acercó a Harry y le quitó la escoba de un tirón-. ¿Quién lo hubiera dicho? Pero es carísimo. Voy ya mismo a devolverlas. Hay una tienda de esa empresa de alquiler de escobas aquí en el aeropuerto.

Harry se quedó con el brazo extendido ahí, atónito, ya sin su escoba.

-Adiós, Austria -dijo Luna, saludando al aire, como si hubiera alguien invisible allí-. Te extrañaremos.

Y, entonces, todos partieron lejos de allí, hacia un nuevo país y una nueva aventura.