Historias junto al fuego.
Mirándolo un día, una pregunta se asomo a mi curiosa naturaleza. Esa historia que había leído en aquel cuaderno rojo y que él mismo me había contado, siempre se me hizo divertido la parte de como el pequeño hobbit partió con una mochila llena de cosas al azar, corriendo, saltando de colina en colina, apurado por el camino y senderos sin mirar o preocuparse de lo que quedaba atrás. Y así fue que la duda surgió ¿Por qué había decidido partir de su agujero hobbit para ir a una aventura suicida con trece enanos y un mago que apenas conoció la noche anterior? ¿Cuál era el motivo? ¿Qué fue el impulso que lo llevo a tal acto inesperado?
"Oh mi querida amiga, de todas las preguntas que pudiste haber preguntado sacas la que no es fácil de explicar pero tampoco es imposible de responder ¿Por qué? Pienso que no hay una sola palabra correcta para responderla sin que quede entre más dudas ¿Por qué los acompañe? ¿Por qué salí de mi confortable agujero a una incómoda aventura? La respuesta, como dije, no es sencilla pues yo mismo no comprendí el impulso que me llevo a dar un paso fuera de mi hogar y pensé que a final de mis días no descubriría la razón. Me atreví a irme sin sombrero, ni dinero, ni equipaje, ni pañuelo ¡Qué horror!
Culpe más de una vez a mi lado Tuk y a cierto mago que conoces muy bien "¡¿En qué estaba pensando?!" me pregunte miles de veces durante el viaje, quejándome internamente y a veces en voz alta. Mis compañeros de viaje me juzgaban por mis tantas quejas que ahora veo y siento realmente gran pena al recordar, era joven y tonto, no comprendí la verdad hasta llegar al final de mi viaje y puedo asegurarte que después de ello, a pesar del trágico final, yo no me arrepentí, jamás. Y siempre añore volver y contemplar Erebor en su vasta y restaurada gloria aunque los recuerdos dolorosos se asomaran en el proceso. Pero un pequeño y joven hobbit apareció en mi vida y pienso que tuve mucha suerte, pues me doy cuenta que fue otra magnifica aventura vivida con mi querido sobrino al criarlo como un hijo, me hubiera gustado darle más pero supongo que le di lo necesario…"
Era agradable oírle hablar de su sobrino, pero cuando empezaba jamás paraba, el amor y cariño que le tenía a Frodo era tan grande que solo preguntarle cómo era te llevaba a anécdotas de la niñez, graciosas y vergonzosas, me gustaría decir unas pero no en esta historia, las dejaré para otras ocasiones, se los prometo.
"…Creo que me he desviado, la vejes a veces puede ponerte sentimental y nostálgico" dijo dejando caer su mano sobre la mía, yo tome su mano de regreso y acaricie la ya arrugada piel de sus nudillos a modo de hacerle sentir que no me importaba sus desvíos pues siempre era un placer escucharle hablar sobre su amado sobrino "…No recuerdo precisamente que fue lo que me llevo a salir de mi confortable hogar ¿La emoción por la aventura? ¿Habría sido un simple impulso? ¿La soledad? ¿El corazón de un joven soñador?
Ah créeme que me ha costado saber la razón pero no es como si no lo supiera, no, solo me cuesta recordar. Si hubo una razón por la cual los acompañe y una buena, pero no fui capaz de decirles nada al respecto, creo que si les hubiera dicho tal vez las cosas habrían sido diferentes. Por ello he aprendido que es mejor hacer y decir las cosas antes de que sea demasiado tarde. Es mejor soltar lo que piensas antes de reprimirlas, más adelante puedes arrepentirte. Pero es mejor arrepentirte de lo que has hecho y no de lo que nunca hiciste"
Suspiro y una vez más su mirada se fijo en los árboles de uno de los tantos jardines en Rivendel, recordando.
"Sí, hubo una razón mi querida amiga, una muy buena. Tal vez sea eso, como dije, me cuesta recordar pero estoy seguro que fue esta, claro que la fue, la razón por la que decidí dejar mi hogar por ellos fue…"
.*.*.*.
––¡Aguarden!
Ahí iba, corriendo Bilbo Bolsón tras trece enanos y un mago quienes montaban ponis y caballo. Llegaba jadeante y resoplando a Delagua. Los enanos ya estaba a punto de partir seguros de que el Señor Bolsón no vendría y vaya que sorpresa se llevaron al verlo correr hacía ellos.
Ampliaron sus ojos a todo lo que daban sus parpados y unos sonreían al verlo aparecer. Thorin incluso volteo con los labios entre abiertos observando al hobbit acercarse con una sonrisa en el rostro.
––Ya lo firme ––confirmo Bilbo extendiendo el largo contrato a Balin.
El enano tomo entre sus manos el documento sacando su monóculo de doble lente mientras le lanzaba una mirada al jadeante y sonriente hobbit. Ante sus ojos todo estaba en orden y que cosa tan sorprendente era ver al mediano sonreír como si lo que estaba aceptando era ir a un festival. Pensaba que el pobre no tenía ni idea en lo que se había metido y no le convenía decirle nada por los momentos, era mejor no quitarle las ilusiones de lo que consistía su aventura, ya más adelante se enteraría y luego verían su reacción.
Mientras Bilbo esperando que el enano dijera algo, se quedo viendo al poni en el cual estaba Balin montado. No era de montar jamás y los hobbits preferirían tener mejor los pies clavados al suelo. Hace mucho que no estaba cerca de un animal así, la idea de que posiblemente tuviera que montar uno no le agradaba del todo.
––Parece que todo está en orden ––doblo el documento y se lo volvió a entregar al hobbit–– Bienvenido Señor Bolsón a la Compañía de Thorin Escudo de Roble.
Balin le guiño un ojo y hubo algunos que felicitaron desde lejos a Bilbo. Vaya que el Señor Bolsón estaba feliz y mucho más tranquilo, lo cual era agradable, pero solo duro segundos antes de que el líder de la compañía demandase que le dieran un poni.
Bilbo protesto e incluso saco una excusa con respecto a que no sería necesario y que podría seguirles el paso. Qué cosa tan absurda, seguir a los enanos por todo el camino solo con sus pies.
Fue cortado por dos enanos que iban en la retaguardia (Fíli y Kíli) quienes lo tomaron por los hombros y alzándolo lo ensillaron en un poni cercano y lo ayudaron a colocar sus cosas en el mismo poni junto a lo demás. Hubieran visto su expresión, sujetaba las riendas como si temiera que en algún momento el poni fuese hacer algún movimiento que lo mandase de bruces al suelo.
Unos pasos más adelante el enano atrás de Bilbo, el canoso con problemas de oído exigió a Nori, el enano de peinado particular, una paga por alguna cosa.
––¿Y eso qué fue? ––pregunto Bilbo a Gandalf quien cabalgaba en un hermoso caballo blanco a su lado.
––Ah que ellos apostaron ––respondió el mago sin darle mucha importancia–– si ibas a venir o no. La mayoría aposto a que no vendrías.
––¿Tu qué creías?
––Bueno ––una pausa después una bolsa tintineante fue lanzada al mago quien la atrapo sin problema alguno y sonriendo victorioso prosiguió–– mi querido amigo, yo nunca dude de ti.
Vio al mago guardar su premio en su cartera y no pudo evitar sonreír del gusto de que al menos había ahí quienes no lo subestimaban.
Con cierto asombro vio al enano de esponjosa barba pelirroja lanzar otra bolsa de monedas a más atrás de Bilbo y cuando volteó se encontró con el enano castaño con quien hablo la noche anterior admirando su premio en su mano mientras sonreía triunfante y saltaba la pequeña bolsa en su mano.
Cabalgando a su lado, su hermano contuvo la risa mientras este veía a su hermanito presumir de su apuesta ganada. Kíli pasó su mirada a Bilbo sonriéndole agradecido.
Quien lo diría, mocoso confiado.
Ya no tenía vuelta atrás, cuando se vino a dar cuenta estaba fuera de Hobbiton, miraba los arboles e interrumpiendo sus pensamientos un estornudo lo trajo de vuelta a la realidad. Saco su pañuelo, aquel que la viajera le tejió en una noche.
––Lindo pañuelo ––alago Gandalf percatándose del pedazo de tela delicada y preciosamente tejida.
––Gracias, fue un regalo, bueno más bien una compensación.
No pudo dejar de notar que el mago veía su pañuelo como si fuera algo curioso e interesante. No quiso preguntar e ignoro, al fin y al cabo entender los pensamientos de un mago era como intentar contar las estrellas del cielo nocturno, pudieses comenzar bien pero luego de unos minutos te perderías y tendrías que comenzar de nuevo. No, no era bueno.
El paso seguía siendo el mismo, salieron del extenso país de los hobbits encontrándose con posadas y gente simpática, uno que otro granjero o enano quien los saludaba cortes. Bilbo tuvo la casualidad de encontrarse con uno que otro conocido pero no le decía nada con detalle de porque rondaba tan lejos de Hobbiton.
Se encontraron entonces en tierras extrañas, las personas hablaban con otros acentos y las canciones que cantaban era diferentes, pero no desconocidas para el hobbit, le parecía haberlas escuchado en el pasado aun cuando no sabía dónde o cuando.
Llegaron a las Tierras Solitarias, dónde no podrían descansar en posadas y no había nadie a millas. El paisaje cada vez era más oscuro y las colinas eran ensombrecidas por los arboles, castillos abandonados y alrededor el paisaje se tornaba lúgubre. Los caminos se hacían más difíciles caminar, pero no era nada para ninguno de los viajeros, ni siquiera por el hogareño hobbit.
Su hogar había quedado atrás mas eso no le molestaba como él creía. Le agradaba de cierta manera, el aire era ligero y reconfortante aunque húmedo ya que se encontraban a comienzos de mayo, abril quedo atrás hace ya unos días y junio se acercaba sin prisa alguna.
Cuando lograban acampar se contaban historias y cantaban canciones a la caída del día. Esa noche acamparon en un lugar seco a pesar de la temporada, Glóin encendió el fuego con mucha insistencia pues el ambiente era húmedo y Bombur cocino aquella noche como todas las noches. Bilbo ya se había memorizado los nombres de los trece enanos en los tres días que llevaban de viaje.
Le agradaba mucho el cocinero de la compañía pues se esforzaba en hacer bien su trabajo y notaba que por alguna razón siempre le servía de primero y más de una vez se encontraba hablando con respecto al sazón de su sopa y los ingredientes usado pues también le gustaba cocinar y como hobbit era inevitable.
Y no podía ignorar a su hermano, el de sombrero extraño y bufanda tejida, Bofur. Simpático el enano, aunque algo raro en su modo de hablar, casi poético y a la vez irónico.
No podría decir que tenía mucho éxito con los enanos, sabía muy bien que todos eran desconfiados y no se esforzaba realmente en hablar con ellos. Intento hablar con el enano de mirada de roca pulida y tatuajes pero era tan difícil si quiera acercársele sin que le lanzara una mirada de "Piérdete". Si era intimidante pero a Bilbo no le creía de esa manera, no después de estar muriéndose por el sol de mayo al olvidarse por completo de cargar un sombrero.
Qué bien Bilbo, tanto empacaste y tu sombrero lo dejaste justo en el perchero ¡Genial! Voy a terminar con los ojos y la piel chamuscada.
Exageraba entre pensamientos y Dwalin paso a su lado rodando los ojos sin decir nada con respecto a que el hobbit se estaba quejando entre murmullos. Le prestó un sombrero extra que traía y siguió sin esperar a que el hobbit le diera las gracias.
Bilbo no pudo evitar sonreír y preguntarse hasta qué punto los enanos eras orgullosos. Esa noche ceno en silencio viendo a lo lejos las nubes recorrer el cielo. Comía en soledad en una roca, no era muy social con los enanos, no cuando lo evitaban y aunque Gandalf era buena compañía mientras cabalgaban, de noche el mago parecía sumirse en pensamientos lejanos y en su tabaco, el mismo que el hobbit fumaba.
A pesar de ser ignorado, no le molestaba, era raro (muchas cosas raras agregados a una larga lista) no le importaba realmente ser excluido pues le simpatizaba más escuchar a los enanos relatar historias y cantar canciones de los más ocurrentes que participar en sus conversaciones.
––Una vez más comiendo en soledad. Es una costumbre ya ¿verdad?
Bilbo giro y se encontró con una sonrisa radiante y joven. Kíli se encontraba de pie junto a él, el viento soplaba y removiendo sus oscuros cabellos en la noche.
––No es que sea costumbre ––contesto dándole un sorbo a su cuenco–– solo que me gusta así, no es para prestarle atención.
––Hump ––hizo una mueca con los labios e iba a decir algo cuando escucho a su hermano cerca de la fogata llamarle.
––Ve con tu hermano, no me prestes atención, estoy acostumbrado a comer solo. Realmente no me molesta.
No convencido le hizo caso, retrocediendo un paso y regresando con su hermano con pasos firmes. Bilbo, viendo a los enanos se percataba de muchas cosas, ya hace tiempo se dijo que no debía prestarle atención a esos presentimientos de haberlos visto en algún momento, era una tontería, jamás en su vida había visto enanos de las Montañas Azules, así que era inútil intentar buscar recuerdos dónde no hay nada.
A pesar de ellos, observándolos no le sorprendía las acciones y comportamiento de cada uno. Sus historias eran sorprendentes y se sumía en ellas. Era agradable todo el camino, pero fuera más agradable si pudiera comer a las horas de siempre. Se percato muy rápido que solo podrían comer tres o dos veces al día y era una tortura. Comparado a ellos, los hobbits comen siete veces por día, otra cosa más a lo que debía acostumbrarse.
Le era difícil para Bilbo dormir por las noches pues los enanos roncan como si en sus gargantas un trueno se alojara. Esa noche en particular no lograba alcanzar el sueño y los ronquidos no le ayudaban para nada.
Levantándose resignado, se puso de pie y estiro sus brazos al cielo y camino hasta los ponis dónde compartió una manzana con la yegua que lo había cargado en esos días y de quien se había encariñado.
La guardia de esa noche les tocaba a los dos hermanos, Gandalf fumaba apoyado en un árbol y la brisa soplaba removiendo las hojas de los árboles y los murmullos de los búhos y el río se mezclaban en el ambiente. La luna menguaba en el cielo dándole brillo a las gruesas nubes que rondaban y la neblina que rozaba las piedras.
Pero entre la calma, un gemido y aullido se hizo presente a lo lejos. Bilbo alzo la vista dejando de lado su amistosa charla con la yegua y volteando alarmado a los hermanos.
––¿Qué fue eso? ––pregunto señalando por dónde pensaba provenía el aullido, porque a pesar de todo, los hobbits tienen buen oído.
Orcos. Fue lo que contesto Kíli entre que limpiaba su pipa y Bilbo se acerco saltando sigilosamente ante el pánico pues no sabía que eran pero no le daba buena espina el nombre. Criaturas sanguinarias, explicaba Fíli mientras fumaba. Advirtió que habría más de docenas de ellos afuera, y que solo dejaban un camino de sangre y muerte.
Ahora Bilbo miraba a dónde provino el aullido con preocupación, fue la primera vez en el viaje que sentía angustia y pánico. Se repitió en voz baja sin que los otros fueran capaz de escucharlo el por qué habría salido de su reconfortante y seguro hogar.
––¿Creen que es gracioso?
A su espalda se encontraba Thorin, no se había percatado de que el rey se encontrase despierto y ahora miraba con reproche a sus queridos sobrinos quienes se habían reído al ver al hobbit tan preocupado. Bilbo no pudo evitar lanzarle una mirada a Kíli quien extrañamente se encogió y Fíli se mordió el labio avergonzado, pues solo había sido una broma pero su tío no se lo había tomado de esa manera.
––¿El ataque nocturnos de los orcos les parece un chiste?
Severo, sus ojos se tornaron oscuros, casi como la noche puesto sobre ellos. Los dos hermanos agacharon la cabeza arrepentidos y Thorin seguía reprendiéndoles mientras se alejaba y fijaba una mirada lejana al frente, distante y nostálgica, pero no había más que en sus ojos un recuerdo trágico y doloroso.
––Olvídalo jovencito, Thorin tiene todas las razones del mundo para odiar a los orcos ––ahí estaba Balin apoyándose en la roca donde los hermanos se encontraban.
––¿A qué te refieres? ––pregunto Bilbo llamando la atención de enano canoso.
––Bueno, es una larga historia ––respondió Balin.
––Sera una larga noche y no creo que pueda dormir con el resto roncando como trueno en la tempestad ––dijo sentándose en la roca más cercana al fuego esperando convencer al enano.
––Je, bueno, igual es bueno que lo sepas, al igual que ustedes dos ––señalo a ambos hermanos y Fíli miro al hobbit y luego a su tío preguntándose el mal que lo agobiaba pues siempre Thorin al mirar al este sus ojos se tornaban tristes y culposos, pareciéndole que cargaba con un gran peso, pero ni un día les hablo con detalle la historia que Balin estaba a punto de contar.
Comenzó a relatar.
Ustedes conocerán aquella historia, la batalla de Azanulbizar, aquella batalla en venganza por la muerte del Rey Thrór.
Sí, sangre y muerte se arrimaban durante la gran pelea por el dominio de Moria, Khazad-dûel, antiguo y ancestral hogar de los enanos abandonado por siglos.
Aún es recordada aquella trágica y triste historia, dónde el abuelo de Thorin, abandono Dunland lugar dónde el antiguo rey de los enanos encontró refugio para su pueblo en tanto se recuperaban del arrebato de sus tierras por Smaug el dorado.
Thrór ignoro las advertencias de los suyos para recuperar Khazad-dûel pues era su hogar y le eran suyas por derecho. Ahí, su pueblo podría crecer en paz hasta que un día el dragón descendiera, pero ese deseo iba más a la ambición del mismo rey, la perdida y la tragedia de su reino, la culpa y la locura se apoderaron de él como un manto oscuro sobre sus ojos, cegándolo ante los buenos concejos de su pueblo.
Solo fue acompañado por un sirviente, Nar, quien luego sirvió nada más que como un mensajero. Penosamente, avergonzado y obligado regreso a Dunland con un triste mensaje sobre el Rey Thrór quien murió a manos de un pálido Orco, decapitado y arrojado afuera de las puertas de Moria como si no fuera más que un saco inservible.
La guerra y las batallas comenzaron, años tardaron en expulsar a todos los orcos de los alrededores, seis años, hasta llegar al Valle de Azanulbizar, dónde descendieron furibundos a por la cabeza del orco quien mato al Rey. Los superaban en número y la derrota era inminente, tres días duro la feroz y tortuosa batalla, las perdidas eran imposibles de decir. La pena de ellas enloqueció y se llevo al rey Thráin hijo de Thrór.
Fue al tercer día cuando las tropas de las Colinas de Hierro aparecieron por el horizonte, al norte como una luz de esperanza. Pero el tercer día fue tan doloroso como el primero o el segundo. Incluso el primer año en que comenzó tan larga batalla.
Nain Señor de las Colinas de Hierro, lucho feroz y salvaje contra Azog el profanador, el pálido orco de Gundabad. Y así como Azog había hecho con el Rey Thrór, decapito con un hacha de un solo batir a Nain III.
Sus risas y exhibición no duro, pues Dain hijo de Nain III se acerco como un huracán bramido y feroz.
Lucharon uno a uno y Azog estaba por ganar. No obstante, Thorin apareció como un fuerte viento del este en auxilio de su primo. Ahora él luchaba contra Azog y una vez más el orco iba ganando, las esperanzas bajaban así como el número de enanos, pero Thorin no se rendiría, aún con su armadura desgastada y la fatiga encima, no iba a dejar que los orcos se hicieran con lo que le correspondía a su gente.
Fue cuando derribado en el suelo tomo una rama de roble como escudo y con ello, más una espada tomada entre muertos, hizo retroceder a Azog cortándole parte del brazo izquierdo.
Era el fin del pálido orco, retrocedió ante el enano y Dain lucho junto a Thorin para acabar de una vez por todas con el causante del mal de su pueblo, dejándolo tan herido que moriría en tan solo en segundos.
Era su fin, las esperanzas volvían e hicieron retroceder a los orcos. La venganza de los enanos estaba completa, pero el número de perdidas era mayor a lo prevista.
No hubo celebración, banquete o canciones aquella o ninguna noche. El Rey Thrór estaba muerto, Thráin desapareció en plena batalla y nadie supo más de él. Nain III, Señor de las Colinas de Hierro, también había muerto y muchos más, tanto descendientes de Durin como enanos valientes y honorables que sacrificaron sus vidas por la causa.
Pero ahí no termina la historia, pues Thorin, el príncipe de su raza ahora era el Rey y como si Durin hubiese querido mandarles una señal, en medio del campo gris el sol brillo sobre él y se extendió por las colinas y el suelo muerto.
––…Entonces yo pensé: Ahí está uno al que puedo seguir ––seguía relatando Balín con su mirada fija en el enano de cabellos ébanos–– Ahí está uno al que puedo llamar Rey.
El rey enano volteó al término de la historia para encontrarse con las miradas del resto de la compañía. Todos habían despertado y escuchaban absortos la historia, lo miraban como si vieran un faro de esperanza, como si sobre su cabeza brillase una corona de plata, como si al fin comprendieran más a su rey, reafirmando toda su lealtad a Thorin Escudo de Roble.
Bilbo también miraba a Thorin imaginándose todo el peso que el rey carga entres sus hombros. Vaya que si tenía que admitir que su actitud y temperamento tenía motivos.
Le dolía, una parte de él se rasgaba, Thorin prácticamente casi lo pierde todo y aún así tuvo la fuerza para superarlo y seguir guiando a su raza por todo el tormento en que los sucumbió Smaug y la batalla de Azanulbizar.
Que historia tan intensa fue la que se vino a sacar Balín ¿Cómo podría aguantar tanto? Estaba seguro que sí él hubiera pasado por todo ello, estuviera muerto por la pena o enloquecido, pero olvidaba que Thorin es un enano, un rey y debe ser fuerte, resistir ante sus emociones por el bien de su pueblo, a pesar que muy en el fondo lo que quisiera fuese quebrarse o dejar todo. Pero así no era él ¿Cómo lo sabía? No tenía idea, pero esa era una de las tantas cosas que sumaba a su lista de preguntas sin respuesta, aunque había una en esos momentos que si podría ser respondida, sí el enano se lo concedía.
––¿Y el orco? ––pregunto Bilbo pues no menciono Balín nada acerca del pálido orco, solo las heridas pero no la muerte.
Se fijo bien en la expresión del enano canoso, sus ojos se ensancharon y parecía querer decir algo, era más, abrió la boca para seguir contando pero de inmediato se arrepintió y la cerró.
––¿Qué le paso al final? ––insistió. Sospechaba y le parecía raro que le costara contestar pues él estuvo ahí.
––Se volvió a ocultar en el hoyo de dónde vino ––contesto Thorin caminando hacía ellos entre sus compañeros con una mirada de piedra en su rostro–– Ese reptil murió por sus heridas hace años.
Fue ahí cuando Bilbo lo noto, las miradas intercambiadas entre Gandalf y Balin lo inquietaron ¿Qué ocultaban esas miradas? ¿Por qué callaban? No era su deber preguntar, en su interior un presentimiento horrible se asomo y pensó lo peor. Borro aquellos oscuros pensamientos y volvió su vista a Balín llamando su atención con otra pregunta.
––¿Por qué no se quedaron en Moria? ¿Qué ocurrió?
Muy curioso estaba el Señor Bolsón, muy sumido en la historia y deseaba en su interior entender más a los enanos pues se estaba dando cuenta de todas las tragedias que habían vivido, además de la culpa y las responsabilidades que llevaba su rey. Quizás tendrían más razones por lo cual eran así, mas solo se conformaría con lo que le dijeran esa noche, al menos sería un avance.
Su respuesta fue respondida con una mirada al fuego, sombría y lejana. Balín menciono que Dain fue quien entró al hogar ancestral de los enanos y cuando salió, estaba más pálido de lo que ya era y miraba Moria con desdén. Anuncio a los demás que Khazad-dûel no podría ser recuperada, no por ahora, no por ellos y nadie pregunto más pues Dain no dijo nada más ¿Qué fue lo que vio? Hasta esos días de luna clara y cielo nublado no sabían.
El ahora Señor de las Colinas de Hierro, aconsejo a Thorin, el joven rey enano escucho atento a su sabio primo pues él no era como su abuelo y sabía que por algo se lo decía. Dain no era un enano al que pudieras intimidar tan fácilmente y fue así como se marcharon y se dispersaron. Thorin fue quien llevo a su pueblo a las Montañas azules dónde consiguieron vivir una vida prospera y abundante.
Esa noche Bilbo logro dormir a pesar de los ronquidos. Antes, por un rato miro el cielo nocturno brillante por la luna, tan solo observaba sin pensar en absolutamente nada, desvió su mirada al rey enano apoyado en la roca. Notó como pasaba su mirada por el campamento y luego a través de la montaña, justo al Este y en sus ojos azules cual zafiros encontró un brillo intenso y decidido. Tal vez el enano recordaba la montaña y el añoro se le escapo en su mirada jurando que nadie lo observaba.
Se quedo unos instantes admirando al enano. Mechones de su grueso cabello cual ébano ondulando con ligereza en el viento frío. Sus ojos intensos, resplandeciendo en plata ante la luna menguante. Su perfil era sereno, que maravillosa aura cargaba Thorin aquella noche. Bilbo no comprendió lo que hacía hasta mucho después, detallaba la expresión del rey enano, sus hombros relajados y sus suspiros ante los recuerdos.
Quien sabe cuando se quedo dormido, solo supo que se quedo viendo el cuadro entre Thorin y el cielo nocturno, con el sonido de las ramas consumiéndose en las llamas y los animales susurrando a la distancia.
Un día de cabalgata en poni y ya Bilbo empezaba a odiar el montar. Unos metros después, se adentraron en caminos de arboles, un sendero grisáceo. Los arboles se extendían hacía el cielo abriendo el suficiente espacio para ver una nube gris colándose en el azul cielo.
La humedad aumentaba y el olor al roció era más fuerte cada vez. Fue en aquella tarde cuando comenzaron las lluvias.
Las primeras gotas, de lo que sería una largo aguacero, cayeron en advertencia. Empezaron a sacar sus sacos para la lluvia y el hobbit recordó haber empacado un saco con capucha que Kaírel le había hecho hace días atrás.
Arrimo el bolso y ahí la encontró perfectamente doblada, pero no advirtió al desdoblarla que estaba la daga que la joven le obsequio como promesa.
¿Cuándo fue que la empaqué?
Lo único que recordaba era que esa noche estaba tan distraído moviéndose solo por inercia que al estar empacando no se dio cuenta de que tomo la daga y la oculto dentro del saco doblado.
"…no le mostrara a nadie lo que lleva y no hablara de su existencia ¿De acuerdo?" le dijo antes de marcharse.
Con mucho cuidado y disimulando, la guardo en el bolsillo interno del saco y así extrajo la prenda sin que nadie notara lo que ocultaba. Una vez que se la puso la lluvia comenzaba a caer golpeando la tierra bajo ellos. Cada vez se hacía más y más intensa, pronto la tierra en el sendero se volvió lodo. Las hojas y el pasto eran bañadas por las gotas de agua y en el camino los charcos se empezaron a formar. Los animales corrían en refugio.
Que útil.
Impresionantemente lo cubría completamente. La lluvia no era capaz de mojar su ropa, la tela por fuera era de un material diferente a su interior el cual era suave y cómodo, espantaba el frío. Se sentía feliz y agradable, la lluvia no le desagradable, en días así una taza de té y un buen libro frente a la chimenea, sentado en su sillón era lo ideal. Cerró sus ojos e imagino estando en su hogar haciendo todo lo que le gustaría hacer en ese clima.
Unas galletas quizás fuese lo mejor o algo caliente. Extraño mi sillón y mis libros, aunque la vista no esta tan mal y con el saco no atraparé ningún refriado. Espero alguna vez volver a disfrutar de una hora del té-
––Hermoso saco ¿Dónde la obtuvo?
Capto al enano a su lado sacándolo de sus pensamientos sobre su hogar. Bilbo observo al enano, cabellos grises tejidos alrededor en fuertes trenzas, una trenza en su barba uniendo cada cabello atado en un grueso broche. Lo cubría un saco impermeable negro.
––A-ah ¿Esto? ––señalo tomando la punta de la capucha con sus dedos–– Una conocida me lo obsequio, no es la gran cosa, tengo muchos de estos en mi casa pero este fue el que logre empacar.
––Pues está bien hecha, las costuras lucen firmes a simple vista y debo agregar que el color es precioso ¿De dónde ha sacado la tela?
Qué cosa tan particular, Dori uno de los enanos a los cuales lo evadía ahora se encontraba hablando con él por algo tan simple como era su saco. Un enano interesado en el color y el tipo de tela que se uso en una capucha para la lluvia.
––No lo sé realmente, ella compró la tela en el mercado de Hobbiton ––recordó frunciendo el seño, recordaba pero jamás la vio comprar la tela que uso para el impermeable–– no sabía que a los enanos les gustara la costura, creía que les interesaban más el metal y joyas, digo es solo un pensamientos.
Dori se encogió de hombros e hizo una mueca con los labios para luego lanzarle una mirada de soslayo a Bilbo.
––Generalmente es cierto, descuide es un pensamiento común. Pero no todos los enanos se dedican fuertemente al metal, la mayoría si se podría decir que sí, incluso yo.
––¿Entonces usted también sabe de costuras y metal? He oído que los enanos son buenos en la creación. Es curioso.
––¿Qué es curioso? ––pregunto Dori ceñudo.
––Nada, solo pensamientos tontos de mi parte. Que puedan dedicarse al delicado arte de la costura me hace… me parece interesante, pues entonces es capaz de ver los pequeños detalles que otros no pueden ver. Ah me disculpo, he hablado de más y debo estar molestándolo, ignóreme si lo desea ––expreso rápidamente agitando su mano rápidamente como si quisiera borrar sus palabras del viento.
El enano le dedico una mirada de soslayo, una curvatura en la comisura derecha se hizo presente y Bilbo pudo ver una especie de brillo en esos ojos verdes claros que le recordaban al lago cerca de la cuaderna del Oeste, un verde agua que a la lluvia se veían oscuros.
––No se preocupe, fui yo quien comenzó con la conversación. Tiene razón en algunas cosas, pero no debe subestimar las habilidades o lo que es capaz un enano.
––Lo sé ––agrego–– Supongo que es mejor no juzgar una piedra sin antes examinar su interior ¿No lo cree?
El enano esta vez fijo directamente sus ojos en el hobbit por largo rato. Parpadeo un par de veces antes de dejar escapar un soplido. Bilbo giro a ver al enano aunque el ancho de la capucha no lo dejase ver con claridad pero pudo jurar ver a Dori con una curvatura amplia en sus labios. Era inesperado, el que el enano le hablase tan casual y sobre un tema como ese, por lo general se pasaba con sus dos hermanos, con Nori y Ori, rara vez lo veía alejarse de ese par e incluso casi no le dedicaba miradas pero ahora se sentía extrañamente familiar.
––Si no le molesta contestarme esta pregunta ––comenzó Bilbo viendo como Dori pasaba una mirada fugas a su espalda para ver a sus dos hermanos hablar entre sí–– Usted que se dedica a la costura ¿Qué clase de prendas usted fabrica?
El enano se quedo unos momentos en silencio fijándose en las gotas de lluvia que caían al frente y como los charcos cada vez eran más grandes y el camino más pantanoso.
––Bueno ––dijo encogiéndose de hombros y agradando sus ojos ante el pensamiento–– puedo decir que la fabricación de armaduras es mi especialidad, remendar las cotas de malla.
Bilbo no debía sorprenderle la respuesta y aún así lo hizo. El orgulloso enano regreso a su puesto atrás junto a sus hermanos y siguieron cabalgando. La lluvia no paro ni en una hora ni en dos y prácticamente el cielo se estaba cayendo encima de ellos.
––¡Oiga Señor Gandalf! ¡¿No podría hacer que pare este aguacero?! ––grito Dori después de un rato ya cuando los truenos se hicieron presentes entre la lluvia.
––Está lloviendo mi señor enano y va a seguir lloviendo hasta que haya terminado de llover ––contesto el mago sin siquiera voltear–– si quiere cambiar el clima del mundo tendrá que buscarse a otro mago.
Bilbo pudo escuchar un gruñido de parte del enano y se contuvo para no reír. Luego miro a Gandalf y una pregunta más se sumo a su larga lista, esperaba que al preguntarla el mago no respondiera con enigmas. Con la lluvia en aumento y el saco a penas soportando que no se mojase sus ropas pero sus pies estaban helados ante el viento de la misma tormenta.
––¿Hay otros? ––pregunto Bilbo.
––¿Qué?
––¿Otros magos? ––especifico notando que el mago se encontraba en una parte de sus pensamientos.
Gandalf le explico a Bilbo sobre los cinco magos, incluyéndose a él. El mago blanco Saruman, el más importante de su concilio. Los dos magos azules los cuales siempre sus nombres eran olvidados por el descuidado mago y el quinto Radagast.
––…Radagast el pardo.
––¿Es un gran mago o es… parecido a ti? ––pregunto sin que quisiese sonar ofensivo, pues para él todavía Gandalf no había demostrado de lo que era capaz pero tampoco lo consideraba tan malo.
Era intimidante, se le fue demostrado en su hogar cuando calló a los enanos con tan solo levantarse y una sombra negra se extendió por su casa casi desapareciendo la luz de las llamas que alumbraban los pasillos.
Sin embargo, Gandalf volteó parpadeando varias veces deteniendo su respuesta por segundos y el hobbit alzo una ceja intentando adivinar que pensaba el mago gris.
––Yo creo que es un mago extraordinario ––comenzó a decir–– a su manera. Es un ser caritativo que prefiere la compañía de los animales a la de los demás. Siempre vigila lo que sucede en los vastos bosques que se están en el lejano Oeste ¡Y yo me alegro! Porque la maldad siempre está buscando apoderarse de este mundo.
Cuánta razón tenía Gandalf, muchos podrían subestimar al mago pardo, el ermitaño de los bosques del oeste, pero ¿Por qué? Radagast siempre ha sido un mago gentil y brutalmente honesto; valiente y generoso, que se preocupa por lo más pequeño sin darse mayor cuenta de lo grande que son. Si quitamos algunas cosas, como su tendencia a desviarse del tema o que se distrae con facilidad, además de siempre andar en su propio mundo y ser un poco asocial o que tiende a olvidar las cosas en los momentos importantes; ciertamente Radagast es un gran mago a su manera, nadie esperaría que tomara un papel importante en esta historia. Tontos que son.
––Muy curiosa esa capucha que cargas ¿De dónde la has sacado? ––pregunto el mago percatándose del Señor Bolsón cabalgar a su lado.
¿Qué era lo particular de su capucha que al parecer los demás se sentían atraídos? La veía cómoda y reconfortadle, además de que optaría en usarla en las noches como manta para espantar el frío.
––Una conocida me la regalo sin yo pedírselo, hace ya bastante tiempo y nunca creí que la usaría ––miro por sobre su capucha, tal vez debía escuchar más a los viajeros errantes y aceptar sus obsequios, eran muy útiles después de todo–– creo que me he equivocado, espero agradecerle un día el gesto.
––Sí, fue muy amable seguro que sí ––dijo el mago con sospecha.
Lo que sea que insinuaba no era como si Bilbo pudiera entenderle, pues un mago era un acertijo muy difícil de resolver, básicamente su existencia lo era.
La tarde estaba a punto de caer y la tormenta seso en cuanto salieron del sendero del bosque. Se detuvieron en una amplia colina de rocas y bastante vegetación y unas estribaciones de las rocas más adelante extendiéndose en el lugar. Los restos de una casa se hacían visible no muy lejos, a penas y solo quedaban los pilares y el techo que tentaba a derrumbarse, lo que antes fue una cocina parecía haber sido golpeada por gigantescas manos. La tierra a su alrededor había sido arrebatado del verde, tan solo esa zona estaba de esa manera.
––Pasaremos aquí la noche ––declaro el líder de la compañía.
Mientras designaba las tareas de cada uno, como dejar a sus sobrinos a cargo de los ponis y a Gloin y Oín a cargo de la fogata; Gandalf pasó su mirada intuitiva por alrededor de la casa que alguna vez fue habitada por un campesino con su familia.
––Yo creo que sería prudente abandonar este lugar…
El mago y el rey enano se ubicaron dentro de la "casa" llevando su conversación lejos del grupo. Discutían con respecto a lo que sería prudente hacer o no hacer en aquellas circunstancias pues el lugar se veía terrible y Gandalf no traía buenos presentimientos, sus ojos de azul grisáceo no paraban de darle vuelta a lo que una vez fue un hogar acogedor, tomando en cuenta que no hace mucho lo fue.
La conversación se fue tornando cada vez menos amistosa, la terquedad del enano estaba haciendo sacando a Gandalf de sus casillas. Tan solo sacar el tema de los elfos fue lo que basto para que Thorin se pusiera a la defensiva, haciéndose completamente inflexible; recordando el pasado cuando los elfos no los ayudaron tras la desgracia que el dragón les trajo.
Lo que el mago tan solo quería o deseaba es poder hacerle ver al enano la opción más recomendada si quería obtener un lugar verdaderamente seguro y descifrar el mapa que seguía desafiando el intelecto del mago.
Una cosa que jamás se cansara uno de mencionar es lo terco y obstinado que pueden llegar hacer los enanos cuando toman una decisión o cuando le toman rencor a alguien. Tan duros como la roca de dónde nacieron y son incapaces de dejar el pasado atrás, con un genio que lo único que hace es preguntarse uno mentalmente si valía la pena ser amable y comprensivo con ellos.
Los enanos son una verdadera prueba de la paciencia, eran suertudos en tener a Gandalf en su compañía, no había nadie más instruido en el arte de la paciencia que el mago gris.
Bilbo conversaba con Balin de cosas triviales cuando sus ojos enfocaron a Thorin y Gandalf "conversar" dentro de la casa destruida. Ya no escuchaba al enano canoso, miraba las expresiones y los gestos de ambos intentando adivinar de lo que pudieran estar discutiendo. No tardo en darse cuenta por la mirada ensombrecida del mago, como si retuviera el impulso de convertir a su compañero en algo desagradable, que las cosas no iban bien.
El mago tomo su bastón con fuerza y dándole la espalda a Thorin, pisaba el suelo con fuerza mientras mascullaba en lo bajo.
––¿Todo bien allá? ¿Gandalf? ¿A dónde vas?
––A buscar la compañía de la única persona que tiene sentido común ––dijo pasándole por alado sin molestarse en dedicarle una mirada.
––¿Y quién es? ––pregunto inocente preocupándole el tono golpeado del mago.
––¡Pues yo Señor Bolsón! Ya tuve suficiente de los enanos por un día ––declaro alejándose de la compañía, bajando la colina.
Se quedo viendo al mago preguntándose lo que pudo haber sido el causante de su mal humor. No había visto al mago tan frustrado, debió ser algo bastante malo.
––Deprisa Bombur tenemos hambre ––ordeno Thorin cejijunto sin apartar la vista del mago.
De inmediato Bilbo volteo a ver al enano de cabellos ébanos y no pudo evitar en lanzarle una mirada ceñuda pues claro que era el causante de que el mago estuviese tan molesto. Rodo los ojos cuando el enano pasó su vista en él y no le importo que pudiera decirle o pensar de él, estaba realmente preocupado por su compañero que yacía lejos.
Tenía presente que hablar con Thorin no era para nada fácil y que a veces tenías que conjurar toda su paciencia. Bilbo no mostraba un gran interés de hablarle o si quiera intentarlo, no cuando el enano siempre le dedicaba miradas de desaprobación o solo lo ignoraba, a veces no veía nada en sus ojos cuando lo observaba y no le importaba para nada. Al menos eso quería creerse, porque cuando el enano lo observaba no podía evitar sentir que su pecho era presionado por alguna fuerza desconocida.
Perdió a Gandalf de su vista y soltó un fuerte suspiro. Ayudo a los enanos a bajar algunas cosas de los sacos que cargaban los ponis antes de que los llevaran a unos metros para liarlos y dejarlos a cargo de Fíli y Kíli como había ordenado su "altísima majestad" como Bilbo lo llamaba mentalmente con burla.
Cayó la noche por detrás de las colinas, las nubes se pintaban del atardecer, amarillo y naranja eran mezclados con un pincel junto al azul. Por obra de magia, Gloin y Oin fueron capaces de encender una fogata. Los enanos pueden ser bastante insistentes, ya hasta Bilbo juraba que esa noche no habría fuego que los calentara ante tanta humedad y fue extraño que no lloviera a pesar de lo tentativo que se veía las gruesas y grises nubes sobre ellos, pero no más que unas pocas gotas cayeron, tan solo fue una brisa que paso tan rápido como llego.
Lo único que brillaba entre la noche oscura era la fogata que sirvió para preparar el cuenco. Bilbo ya había comido mientras miraba por dónde el mago se encamino y ya llevaba horas lejos. Bombur tuvo que acercarse antes para darle su plato. Bilbo agradeció al grueso enano.
––No se preocupe Señor Bolsón, estoy seguro que volverá ––le había dicho el pelirrojo enano.
No muy seguro y con el estomago rugiéndole acepto sus palabras despreocupadas, nadie se veía realmente inquieto por la desaparición del mago. Por lo tanto se despejo unos momentos para poder comer en paz ¿De qué se preocupaba? Gandalf sabía cuidarse solo, así que no tendría el por qué sentirse nervioso solo porque el mago se había ido hecho una furia, capaz solo necesitaba unos momentos a sola para pensar y calmar su frustración del enano que lo provoco. No le culparía, aunque la preocupación quizás se debía a que estaba solo con los enanos y si algo pasaba ¿Qué haría? Se sentía más seguro con el mago alrededor.
––Hey Maestro Bolsón ––lo llamo Bofur sirviendo sopa en un par de cuencos–– Deje de estar pensando tanto, el Maestro Gandalf es un mago y sabe cuidarse perfectamente bien. Hace siempre lo que le venga en gana y no podemos impedírselo. Deje de andar preocupándose por eso y hágame el favor de llevarle estos dos a Fíli y Kíli. Esos chicos deben estar muriéndose de hambre mientras cuidan los ponis ¡Ya comiste suficiente Bombur, deja eso! ––regaño a lo último a su hermano después de entregar ambos tazones a Bilbo.
Era como la quinta vez que Bombur se servía y Bilbo solo había comido como dos veces gracias a Bombur y Bofur que le entregaron un tazón uno y luego el otro sin darse cuenta el último de que ya había comido. Y como buen hobbit, no pudo rechazar el segundo plato pues el hambre le era insoportable.
Acepto llevarles los cuencos a los niños e inmediatamente se encamino a donde los dos hermanos se encontraban, oyendo entre que se alejaba, a los enanos bromear sobre la comida, no es que estuviera mala, para nada; alagaban a Bombur por su buena estofado y que era una fortuna ––a palabras de Ori–– que Dori no fuera el encargado de preparar la comida. El comentario a la lejos se le hizo divertido a Bilbo agradeciendo que el enano no le estuviera viendo.
Llego al sitio donde antes se suponía que debió haber cercas y un poso. Se encontró con los dos hermanos murmurando entre ellos. Curioso, Bilbo con una ceja levantada se acerco a ellos.
––¿Estás seguro? ¿Los contaste bien?
––Me asegure bien, estamos en-
––¿Qué les pasa? ––pregunto Bilbo extendiendo los tazones a los hermanos.
Tanto Fíli como Kíli no habían reparado en su presencia y cuando se acerco fue realmente una sorpresa. Ambos hermanos se dieron un respingo y voltearon como uno al hobbit.
––Heeey mira, nuestro querido saqueador ¿Qué tal? Nos ha traído nuestra cena, gracias muy amable de tu parte ––dijo Fíli tomando ambos cuencos.
––Tan amable, gracias, ya puedes regresar con los otros. Estaremos bien no se preocupe ––añadió Kíli tomando su tazón de su hermano y sonriendo ampliamente.
Ambos estaban muy juntos y parecían ocultar algo a sus espaldas. Bilbo levanto una ceja ante el sospechoso comportamiento de esos dos. Se cruzo de brazos y levanto la mirada para poder ver mejor lo que los hermanos pretendían ocultar, no tuvo mucho éxito, maldijo para su adentro lo alto que eran los más jóvenes del grupo.
––De acuerdo ¿No desean nada más? ¿Seguros que están bien? ––pregunto cruzándose de brazos a nivel del pecho.
––Claro, por supuesto, estamos excelente ––contesto rápido Fíli y Kíli tan solo sonreía como si nada.
––Aja ––no convencido dio un paso a su derecha a la idea de rodear a los hermanos pero entonces se detuvo al ver como ambos le seguían inquietos con la mirada–– Bien, suficiente ¿Qué es lo que les pasa a los dos? ¿Qué hicieron?
––¿Qué?
––¿Cómo dice?
––¿Por qué piensa que hicimos algo?
––Nos ofende enormemente Maestro Bolsón.
––Increíble que nuestro saqueador desconfié de nosotros.
Y mientras los hermanos protestaban dramáticamente, mostrándose gravemente ofendidos, Bilbo inclinando ligeramente su cabeza hacia abajo manteniendo en ellos una mirada que de repente ambos sintieron algo parecido a cuando su madre los miraba después de que espantaran a su ultimo niñero, quien ––agregare porque siempre será divertido el recuerdo––no le volvió a crecer pelo en el pecho, e intentaron lucir como si no hubieran hecho nada. Recordaron que en esa ocasión ni su tío había sido capaz de interceder por ellos, es más, no tuvo ni la oportunidad de defenderlos.
––Bien, bien, debíamos vigilar a los ponis ––comenzó a decir Kíli intentando no mirar directamente a los ojos esmeralda de Bilbo e intentando buscar apoyo de su hermano.
––…Solo que tenemos un ligero problema… ––continuo Fíli haciendo el esfuerzo de no desviar la mirada y mostrándose más sereno ante los ojos severos del saqueador, sin embargo su voz queda no le ayudaba mucho.
––Ay no me digan que perdieron a unos ––Bilbo amplio los ojos y dio un paso al frente a lo que los enanos le dejaron el paso libre para que observara con sus propios ojos.
Fugazmente pasó sus ojos por cada poni encontrándose con la certeza de que faltaban y lo que era peor, se encontró con un árbol derribado cerca de dónde habían amarrado a unos ponis.
––Daisy y Bongo no están ––declaro Kíli pasando por entre los ponis.
––Ya me di cuenta ––dijo el hobbit intentando no poner los ojos en blanco y sonar tan severo–– ¿Qué rayos hacían que perdieron a dos ponis?
––Eso no importa ahora ––respondió Fíli haciendo un gesto desdeñosa con la mano–– Hay que averiguar a dónde se fueron.
A lo que podía observar el hobbit, no solo había un árbol arrancado sino huellas de pisadas rodeando el sendero y siguiendo recto, enormes y deformes huellas. Las ramas, plantas alrededor fueron pisadas y apartadas sin cuidado alguno y árboles inclinados ligeramente ante algo que paso. A parte que Bilbo detectaba un olor agrio y nauseabundo, como si un troll hubiese pasado por ahí.
¡Un troll!
