Capítulo 16. El Alquimista
-La verdad, Ron tiene razón, el viaje no va de ganar el premio -dijo Harry, reflexivo-. Todos nosotros venimos de años duros, complicadísimos. Creo que este viaje se trata de otra cosa, siempre fue así. Se trata de conocer y, por más extraño que suene, de autodescubrirnos. Además, Ron ya ha estado en China y puede servirnos de guía, además de cocinero.
-Entonces votas por nuestro plan -dijo Ron, con satisfacción-. Seguiremos rumbo al Este.
-Pero… -dijo Harry, y todos lo miraron nuevamente-, la idea de Hermione no es tan mala, puesto que, si de verdad se hallan las pepitas, el premio puede ser muy útil...
-Tenemos varias ya -dijo Neville-. No somos el grupo con más pepitas, según la app, pero es un viaje largo y podríamos cambiar eso.
-No entiendo -dijo Luna-. ¿Por qué votas entonces, Harry?
-Da la impresión de que está votando por nuestra idea -dijo Ron, llevándose un dedo a los labios.
-Peeeeeero -dijo Harry una vez más, y todos lo miraron exasperados. Ron ya parecía querer golpearlo. -Estamos en 2019… -siguió Harry, masticando su salchicha-. Y por más que sea el mundo mágico, sabemos que las cosas están medio jodidas en Oriente Medio…
-¿Me estás cargando? -dijo Jose-. ¡La otra opción es ir a África!
-…Por lo que voto por la idea de Hermione -finalizó Harry, sin prestarle atención.
Ron, Jose y Luna lo miraron con resentimiento.
-Bien, es un empate entonces -dijo Neville, con satisfacción.
-Lo importante es que nos mantengamos unidos -dijo Hermione-. Si vamos a separarnos por esto, entonces no tiene sentido.
-No, claro que no nos separaremos -dijo Neville-. Es lo mismo, si lo piensan, es el Magic World Tour. Tarde o temprano tenemos que recorrer todos estos lugares. Solo cambia el orden en que lo hagamos.
-Pero es un empate, no nos ganaron ustedes -dijo Ron, cruzado de brazos-. Aun hay que desempatar para que se decida.
-Y creo que podríamos diseñar un mecanismo interesante para el desempate -empezó a sugerir Luna, soñadoramente-. Quizás podemos hacer un torneo de juegos de varias características, que mezcle partidas de ajedrez mágico con adivinanzas, dígalo con mímica y partidas de snap explosivo, donde el mejor de tres partidas se bata a un duelo de varitas con el segundo mejor, y luego…
-Arroja una moneda, Neville -dijo Hermione, con expresión aburrida, y le pasó un sickle a su amigo.
-Cara es la idea de Ron, cruz la tuya -le dijo Neville, arrojando la moneda al aire-. Salió cruz. Quiere decir que haremos la idea de Hermione. Suiza, España, y luego África. Vamos allá.
Se pusieron todos en marcha, y dejaron a Luna allí, con cara de no comprender qué acababa de pasar.
Ese día siguieron rumbo hacia el Este, ya que aún no habían decidido cómo harían para llegar hasta Suiza sin gastar mucho dinero en transportes para un viaje medianamente largo como ese, desde Finlandia, casi en la frontera con Rusia, hasta allá. Finalmente pararon a dormir en la ciudad de Kotka, a 50 km de la frontera con Rusia. Allí, averiguaron en una taberna de magos, y les recomendaron que viajaran con un mago llamado Alfie, que tenía avionetas alteradas por magia con capacidad para muchos magos y altas velocidades.
-Puede llevarlos por un galleon hasta Suiza -les dijo el cantinero.
-Suena justo -Ron miró a los demás, que asintieron.
-Son demasiados -dijo entonces un viejo mago con larguísima barba y cabello canoso, saliendo de atrás del cantinero y observándolos con una pipa en su boca y expresión nerviosa-. No creo que quepan en la avioneta que tengo disponible ahora, incluso siendo extendida mediante magia. Máximo seis pasajeros, siete contándome a mí.
-Pues somos seis -Ron frunció el ceño.
El mago llamado Alfie entrecerró los ojos con mucha atención. Levantó un dedo torcido y arrugado y empezó a contarlos, uno por uno.
-Ah… -dijo, luego de contar-. Pues sí son seis… Bien, entonces sí caben -añadió con amargura y expresión de pocos amigos.
Unas horas después, estaban todos arriba de la avioneta destartalada de Alfie, que por momentos empezaba a caer en picada, sin potencia, a punto de estrellarse contra las montañas de Noruega. Todos empezaban a gritar y aullar con terror, abrazándose y sintiendo que morirían; y entonces el viejo Alfie empezaba a apretar todas las palancas y botones que tenía la nave hasta que esta corregía el vuelo y se alzaba otra vez, al parecer impulsada por nada más que magia, ya que cualquier tipo de motor que pudiera haber tenido la avioneta alguna vez lucía completamente fuera de funcionamiento y dañado de forma permanente.
Finalmente, luego de que Hermione se desmayara en una caída que sí pareció ser la que definitivamente marcara el final de las vidas de todos ellos, y tuvieran que reanimarla con un hechizo conjurado por Harry, llegaron a Suiza.
Neville bajó corriendo de la avioneta, pisó tierra firme, se sujetó el pecho y empezó a vomitar.
-Muchas gracias por traernos -le decía Harry al viejo, mientras se oían las arcadas de Neville lanzando toda la comida de los últimos dos días al suelo tras ellos.
El viejo hizo un chasquido con la lengua como toda respuesta y se llevó su pipa a los labios.
Todos se alejaron de la avioneta y del viejo, luego de despedirse, y empezaron a caminar pálidos por los campos verdes y desolados en que los había dejado, en medio de la nada misma, bajo un cielo cubierto de nubes grises y espesas.
-¿Dónde creen que estemos? -logró articular Hermione, que parecía enferma. Harry la ayudaba a caminar sosteniéndola por los hombros.
-Según Google Maps, estamos en Trogen, al noreste de Suiza -dijo Ron-. De hecho, nos dejó en la otra punta del país. No podíamos estar más lejos del largo en que murió Sisi que aquí. Es casi la frontera con Austria al este, y Alemania al norte. El lago es al suroeste, en Ginebra.
-Mejor así -dijo Hermione-. No hubiera aguantado diez minutos más de ese vuelo. Prefiero atravesar todo Suiza a pie.
Alrededor de ellos, el verde prado ondulaba en subidas y bajadas en la distancia, y apenas se divisaba alguna que otra casita entre medio de unos árboles en la distancia. Parecía aproximarse una tormenta.
-Luna, ¿buscas algún lugar donde quedarnos con worldhosts? -le dijo Harry, mientras andaban en medio del campo, sin rumbo-. Deberíamos comer algo y descansar. Ya ha sido mucho por hoy. Mañana podemos seguir viaje.
-Me quedé sin batería -dijo Luna, alzando su celular-. Lo siento, la avioneta no tenía puerto USB, y ya tenía poca antes del vuelo.
-Sí, yo también me quedé sin batería -dijo Neville.
-Y yo -dijo Jose.
-Sí, yo también -dijo Hermione.
-Bueno, entonces tú, Ron -dijo Harry-. Tú estabas usando Google Maps recién.
-Sí, yo tengo algo de batería aún -dijo Ron.
-Genial.
-Lo que no tengo es señal ni internet -dijo el chico, mirando su celular de cerca-. El GPS estaba funcionando, pero sin internet.
-Somos magos -se quejó Harry-. ¿Los celulares de magos no funcionan sin internet?
-De hecho, no -dijo Jose-. Es nuestra tecnología muggle la que hace el 99% del trabajo. Los magos solo inventaron un par de apps para mejorar sus vidas, pero usando nuestras tecnologías.
-Enfrentémoslo, Jose tiene razón -dijo Hermione-. La tecnología de los magos quedó anclada en el Siglo XIX. Harán falta años y años para que se adapten a todos los avances muggle.
-Es decir, que si no tenemos internet, no tenemos forma de usar la app de worldhosts -dijo Harry-. Qué fastidio. ¿A dónde iremos a parar?
-A un kiosco, a comprar un chip de alguna compañía telefónica de este país, para volver a tener internet -dijo Jose.
Antes usaban roaming, pero el costo se había disparado y ya era imposible pagarlo. Por eso estaban utilizando más que nada wifi, y de vez en cuando compraban SIMs de empresas nacionales para tener internet móvil.
-¿Ves algún kiosco por aquí? -Harry miró a su alrededor-. Yo solo veo césped y campo.
Hermione se dejó caer al pie de un árbol y se tapó la cara con ambas manos.
-No me siento bien -confesó-. Creo que me enfermé.
-Yo también -dijo Neville.
Harry miró a Ron y Jose.
-Yo tengo medicamentos -Jose buscó en su bolso-. Tengo todo tipo de pastillas.
-Mejor un hechizo -sugirió Luna-. Yo lo hago.
-¡No! -chilló Hermione, alzando una mano hacia ella, con miedo.
-¿Estás segura? Me sé uno muy bueno para acabar las jaquecas.
-Sí, estoy segura. Muchas gracias, Luna.
-La medicina mágica es mucho mejor que la muggle, Jose, por más que la tecnología no lo sea -dijo Neville-. Lo mejor será que les preparé una poción con hierbas naturales.
Neville miró alrededor, a los árboles y plantas que había en torno a ellos.
-¡Ajá! -dijo, victorioso-. ¡Miren! Allí hay unos hongos que creo que puedo usar… Si solo consigo algo de abono de estiércol de augurey…
Neville se alejó de ellos, sacó su varita y apuntó hacia unos hongos que crecían en el suelo.
-¡Humus! -dijo apuntando a ellos. Algo salió de su varita en forma de spray, rociando sobre estos.
Un rato después, Neville regresó con un frasco llenó de un líquido blancuzco que no lucía muy atractivo. Él mismo se lo tomó primero, y luego se lo pasó a Hermione, que confió en él y lo bebió.
-Yo ya me siento mejor -confesó Neville, sonriente.
-Sí, creo que yo también -dijo ella-. Gracias, Neville.
-De nada -dijo, muy satisfecho.
-Ahora solo debemos buscar un lugar donde dormir -dijo Ron.
-No pasa nada, ya hemos dormido en toda clase de lugares estos meses -dijo Harry-. No habrá problemas…
En ese momento, un rayo enorme atravesó el cielo de los campos suizos de lado a lado, con un estruendo que hizo que Luna lanzara un chillido, y un aguacero cayó sobre ellos con una velocidad asombrosa.
-¡Impervius! -Hermione giró su varita en un amplio círculo en torno a todos ellos, y de pronto dejaron de sentir el agua, a pesar de que esta caía sobre ellos. Sin embargo, era como si fueran impermeables, y no se mojaban con ella.
-Mierda -se quejó Ron-. Tenía que llover. ¿Verdad?
-Vamos a aparecernos -dijo Harry.
Los demás lo miraron boquiabiertos.
-¿Qué dices, Harry? -le gritó Neville, entre el agua-. ¡No podemos! ¡No se puede aparecer entre países! ¡Y para hacerlo dentro de un país, hay que tener una imagen muy clara del destino, o podríamos despartirnos!
-¡Confíen en mí! -Harry extendió su mano, y los demás se sujetaron entre sí formando una cadena, que finalizaba con la mano de Hermione sosteniendo la suya.
Harry miró a su amiga a los ojos entre medio del agua, asintió con la cabeza, para tranquilizarla, y entonces giró sobre sí mismo y todos desaparecieron.
Aparecieron de vuelta en un paisaje completamente distinto: Estaban adentro de un puente techado, de madera, con flores en los lados, y pinturas en el techo. El puente atravesaba un río, y se veía tras él una ciudad que se notaba hermosa y antigua.
Todos comprobaron que habían llegado allí en una pieza, y entonces miraron alrededor y vieron un montón de magos y muggles que sacaban fotografías junto a ellos.
-Junge Dame, sei vorsichtiger, wo es erscheint -le dijo a Luna un anciano que debía tener al menos setenta y cinco años. Al parecer Luna había chocado con él al aparecerse.
Todos se lo quedaron mirando confundidos, y de pronto Luna sonrió y dijo:
-Es tut mir leid, mein Freund hier brachte uns sehr grob.
Harry abrió grandes los ojos.
-¡Luna! ¿Hablas alemán?
-Jamás dijiste nada -Ron se quedó boquiabierto-. Ni siquiera en Austria.
-No conversamos con mucha gente allí -se explicó ella, encogiéndose de hombros-. Me gustan mucho estas culturas, por eso sabía lo de Sisi.
-¿Dónde estamos? -preguntó Hermione.
-En Kapellbrücke -explicó Harry, satisfecho con su trabajo.
-Ahh… -Hermione se quedó pensativa unos instantes-. ¿Dónde?
-Es un puente muy turístico de la ciudad de Lucerna -dijo Harry-. Pude aparecernos aquí porque había visto una fotografía de este puente en mi celular hace unos días, cuando no me podía dormir y me puse a buscar lugares donde ir en Google. Me acordaba bien del lugar.
-Lucerna -repitió Jose-. Centro de Suiza. Hemos acortado bastante la distancia, en nuestro objetivo de cruzar el país. Genial.
-Y no llueve aquí -corroboró Ron, contento-. Eso me agrada.
-Busquemos algún bar donde ir a tomar algo así cargamos nuestros celulares y compramos tarjetas SIM en el camino -dijo Ron, estirándose, como si el haberse aparecido allí equivaliera a un largo viaje y acabara de salir de un vehículo estirando sus brazos y piernas-. Luego podemos usar worldhosts para ir a descansar.
-De acuerdo -se pusieron todos en marcha.
-Luna, tú pregúntale a alguna de estas personas donde podemos ir -dijo Ron, mientras caminaban por el puente-. A partir de ahora, eres nuestra traductora.
-Suiza tiene cuatro idiomas -explicó Hermione-. El alemán dejará de servirnos cuando lleguemos al oeste del país.
-Entonces, yo seré nuestra traductora -Jose le guiñó un ojo-. Porque allí hablan francés.
-Tu lengua, mi amor -le dijo Ron, sonriéndole.
-Esta es mi lengua -Jose le sacó la lengua al chico, en burla. Entonces, Ron se acercó a ella y se la succionó con los labios, rápidamente, mientras todos avanzaban por el puente. Hermione puso una expresión de asco tal que Harry casi rompe en carcajadas.
Más tarde, pudieron finalmente cambiar dinero mágico y se sentaron a beber un café en un bar de la parte mágica de la ciudad, mientras cargaban sus celulares. Harry y Neville fueron a buscar un lugar donde vendieran tarjetas SIM y regresaron con seis de ellas, una para cada uno, con planes de datos móviles suficientes para el resto del tiempo en ese país.
Se hizo de noche, y los seis caminaban por las calles del barrio mágico de Magischestadt, un lugar escondido a orillas del Río Reuss y cerca de Hirsch Park. La app los había mandado a una casa antigua de magos, donde los alojaría un mago llamado "El Alquimista", de acuerdo a su perfil de usuario, que no tenía foto.
-No estoy segura de ir aquí -dijo Hermione, mientras se acercaban a la casa-. Es obvio que no es el verdadero nombre del dueño de la casa. Es un apodo. Eso ya me causa mala espina.
-Lo sé -dijo Ron, moviendo el dedo por la pantalla de su teléfono-. Pero no pude encontrar nada más. Mandé solicitudes a otros usuarios, pero no la aceptó nadie aún. No tenemos opción.
-Si resulta ser un psicópata, tú nos salvas, Harry -dijo Neville, con expresión afeminada de miedo.
-¿Por qué yo?
-Tú eres el héroe del grupo.
Llegaron, y golpearon la puerta. Harry también se sintió un poco nervioso, mientras esperaban a que el mago dueño de la casa abriera la puerta.
Y entonces, se oyeron pasos dentro. Poco después, la puerta se abrió con un enorme chirrido y Draco Malfoy apareció muy sonriente ante ellos.
-¡Hola, amigos! -saludó con alegría, extendiendo los brazos con una sonrisa de par en par.
Todos se quedaron petrificados, mirando hacia adelante sin poder creerlo.
-¿Malfoy? -dijo Ron, el único que pudo articular palabra-. ¿Qué demonios haces tú aquí?
-También me alegro de verlos -dijo él, muy contento-. ¿Van a pasar, o qué?
Se miraron los seis entre sí. Finalmente, asintieron y entraron a la casa. Muy divertido, Malfoy cerró la puerta tras ellos y los condujo por un pasillo hacia una sala de estar, donde los invitó a sentarse. Era Malfoy, indudablemente, pero se veía muy diferente: Tenía profundas entradas, asomando una calvicie incipiente en su rubio cabello platinado, que llevaba peinado hacia atrás, y había muchas más arrugas en su cara de lo que recordaban.
-¡Qué grata sorpresa! -dijo, de una forma que parecía totalmente fingida. Malfoy jamás era tan alegre. Y mucho menos tan simpático con ellos. Pero se notaba que estaba exagerándolo totalmente. -No podía creerlo cuando solicitaron alojarse en mi casa, por la app. Pero dije, ¿por qué no? La vida siempre parece querer unirnos de una forma u otra, ¿no lo creen? Así que dije, claro que pueden alojarse en mi casa.
-Sí, eso parece -Harry frunció el entrecejo-. ¿Qué demonios haces tú aquí?
-Dejen que les sirvamos algo de comer. Deben tener hambre. -Malfoy ignoraba completamente la pregunta que le habían hecho. -¡Tymicus! -aplaudió dos veces con fuerza, como llamando a algún sirviente suyo. Y entonces, se oyeron pasos apresurados y un elfo llegó corriendo a la sala, tropezándose con todo a su paso y arrojando un jarrón al suelo mientras trataba de llegar junto a su amo. Malfoy cerró los ojos con fuerza cuando se oyó el estruendo y miró al elfo con reproche.
-Lo si- Lo siento, amo Malfoy -dijo el elfo apresuradamente, tartamudeando y muy nervioso. Era un elfo pequeñito y harapiento y se puso enseguida a juntar los trozos de jarrón, torpemente. Hermione miraba cruzada de brazos y con expresión muy sombría.
-Prepáranos algo de comer, Tymicus -dijo Malfoy. Entonces miró a sus invitados y la amplia sonrisa volvió a formarse en su rostro.
-No quiero que me prepares nada a mí, Tymicus -le dijo Hermione al elfo, en tono frío-. Si es por mí, considérate un elfo libre y no le sirvas más a ningún amo.
-¡Qué locuras dice la bruja! -chilló el elfo, y salió corriendo disparado lejos de allí, tropezándose con el jarrón que acababa de reparar y arrojándolo al suelo de vuelta.
-Qué alegría verlos -repitió Malfoy, sin que se le borrara la sonrisa del rostro-. Siguen tal como los recuerdo.
-Igual tú -dijo Hermione fríamente, aun mirando al lugar por el que se había ido el elfo.
-Estás un poquito más entrado en edad, ¿verdad? -preguntó Luna, entornando los ojos.
-Tengo cuarenta y cinco -dijo él, exhibiendo sus perfectos dientes blancos, orgulloso de su edad.
-¿Cuarenta y cinco? -exclamó Harry, estupefacto.
-El tono de sorpresa me indica que me veo más joven -Malfoy le guiñó un ojo-. Así que gracias, Potter. Ahora que soy mucho más grande que tú, finalmente tendrás que respetarme.
-Pues no pareces haber madurado mucho, para ser honesto -dijo Ron en tono de burla, examinándolo como si buscara algo de madurez en él.
-Siempre tan amistosos -bromeó Malfoy, y sonrió aun más-. Bien, ¡cuéntenme! ¿Qué los trae por Suiza?
-El Magic World Tour -dijo Harry-. ¿A ti también?
-¡Ah, ese torneo! ¡Claro! -Malfoy dio un aplauso en el aire y rio, al parecer encontrando aquello de lo más divertido. Su elfo regresó al salón corriendo, tropezó con la pata de una mesita y salió despedido por los aires, cayendo sobre una alfombra que había en medio de la sala. -¡Solo aplaudí una vez, elfo tonto! -lo reprendió Malfoy-. ¡Se supone que solo vengas si aplaudo dos veces! ¿Tan difícil es de entenderlo? ¡Dos aplausos, no uno!
-Cierra el pico y deja en paz a ese elfo -dijo Hermione, fulminando a Malfoy con la mirada-. No puedo creer que tengas cuarenta y cinco años y seas igual de imbécil que siempre -la joven ya no pudo contenerse.
Como toda respuesta, Malfoy lanzó otra carcajada.
-Vámonos de aquí -Ron se puso de pie y le indicó con la cabeza a Jose que hiciera lo mismo-. Métete esa comida en el culo, Malfoy.
-¡Wow! -el hombre se puso de pie también, riendo-. ¡Qué lenguaje, Ron! Para que tú, justamente tú -lo señaló con un dedo-, rechace una deliciosa cena, ¡debes estar muy furioso!
Harry se puso de pie también, dispuesto a retirarse de allí.
-¡Esperen, esperen! -los detuvo Malfoy, haciéndoles gestos con ambos brazos-. Vamos, solo estoy bromeando. Pensé que nos llevábamos de esa forma. ¿No es así?
-No, en verdad creo que no nos llevamos de ninguna forma -le espetó Harry-. Simplemente no nos llevamos. A menos que me digas que en tu universo éramos grandes amigos.
-No, no realmente -dijo él, frunciendo el ceño-. Nos odiábamos. Pero Dumbledore se apareció en mi casa para decirme que tenía una fuerza del bien dentro mío y debía ir a pelear contra la malvada Hermione que se volvió loca, así que, si lo hizo, debe ser porque soy una buena persona.
-Quizás, muy en el fondo -dijo Hermione.
-Demasiado al fondo -Ron negó con la cabeza-. Tan al fondo que Dumbledore habrá tenido que buscar con una lupa mágica conjurada por la Varita de Saúco para encontrar algo. Dudo que se viera de otra forma.
-Ja-ja-ja -dijo Malfoy, sin reír en absoluto, y aplaudió nuevamente, como celebrando el chiste.
-Oh, no, el pobre elfo regresará -suspiró Hermione-. Te juro que si vuelves a levantarle la voz…
-Oigan, oigan, no se pongan tan a la defensiva -Malfoy se cruzó de brazos-. El elfo, aunque no lo crean, lo tengo porque fue un regalo de una persona muy especial para mí. No se trata de una cuestión de servidumbre.
-Te lo habrá regalado tu padre, para que lo maltrates a tu antojo -dijo Ron, continuando la pelea.
-Mi padre ha muerto -dijo Malfoy entonces, y se puso serio por primera vez.
A continuación, todos los demás quedaron en silencio, también serios.
-Bien, de acuerdo -Harry se encogió de hombros, quizás cambiando de idea solo por ese último comentario, que puso algo de humanidad en el rostro de su antiguo enemigo-. Quizás podemos quedarnos a comer. ¿Ustedes quieren, chicos?
Neville se encogió de hombros como toda respuesta.
-Es bueno verte de nuevo, amigo -Malfoy le tendió una mano a Neville, que dudó antes de estrechársela, con desconfianza-. Me encanta que ahora seas gay, como Harry. De verdad. Soy todo a favor de este tipo de cosas progresistas. Hasta estoy pensando en teñirme el pelo de azul, como tenía Hermione.
Neville se dio una palmada en la frente.
Un rato después, estaban sentados a una larga y lujosa mesa en la enorme casa de Malfoy, que parecía muy costosa y estaba llena de adornos y muebles de apariencia costosa. Sin embargo, tenía toda la pinta de que vivía solo allí.
-¿A qué te dedicas? -le preguntó Hermione-. En la app te haces llamar El Alquimista.
-Soy alquimista -explicó él, sencillamente.
-Ah -musitó Ron-. Eso tiene sentido. Qué historia tan interesante, te felicito.
Malfoy detectó el tono de ironía de Ron, pero lo ignoró y continuó hablando:
-Es una profesión fascinante. Es la que me trajo a Suiza, de hecho. En esta ciudad, en particular, hay una tradición bastante antigua de magos alquimistas. He aprendido mucho viviendo aquí estos años.
-¿Estos años? -preguntó Neville-. Pensé que habías llegado a este universo hace unos meses, cuando te trajo Dumbledore.
-Ah, eso fue solo un trámite -Malfoy se encogió de hombros-. El dominio de la alquimia abre tu mente, filosófica y espiritualmente. Así que, cuando Dumbledore me trajo aquí, no he tenido ningún tipo de problemas en adaptarme al cambio.
Harry lo escuchaba con atención, con los ojos entrecerrados. Él sí que estaba teniendo muchos problemas para adaptarse al cambio, y no sabía si el relato de Malfoy era creíble o solo otra de sus mentiras.
-Yo ya vivía en Suiza, hacía muchos años, en esta casa, que compré con el dinero que me heredó mi padre antes de que él y mamá murieran en un accidente automovilístico.
-¿Qué dices? -lanzó Ron-. ¿De verdad?
-¿Eso puede pasarle a los magos? -preguntó Jose.
-Es increíble cómo la gente, en especial los muggles, piensa que los magos somos inmortales a los accidentes muggle -dijo él-. Mamá y papá estaban en una ciudad muggle cuando chocaron con su auto extendido mediante magia. El chofer que los llevaba, que trabajaba para el Ministerio de Inglaterra, no vio al camión que venía de frente. Los tres quedaron gravemente heridos, y como no había ningún mago cerca que los curara con algún hechizo en el momento, en pocos segundos los tres perdieron la vida. Luego de eso no puedes hacer nada.
-Lo siento -le dijo Harry, cabizbajo.
-No hace falta que lo sientas, Potter -dijo él, en un tono que llenó a Harry de ira.
-Pero eso fue en el otro universo, del que vienes -dijo Hermione, ceñuda-. ¿Aquí están vivos?
-Aquí pasó igual -explicó él-. Cuando yo tenía veintiséis. En ambos universos fue igual.
-Qué curioso -dijo Luna.
-No sé que tiene de curioso -dijo él-. La realidad es prácticamente la misma en todos los universos. Las diferencias realmente son ínfimas. Lo curioso es, de hecho, que sean tan parecidos, y que no haya planteas y criaturas totalmente distintas en cada universo. La cuestión es que, cuando Dumbledore me trajo aquí, descubrí que el Draco de este universo murió durante la batalla. Y también tenía esta misma casa, en esta ciudad, y también era alquimista. Así que simplemente vine aquí, y continué su vida. De hecho, nadie notó la diferencia. Fingí ser el mismo Draco con los vecinos, y jamás sospecharon de nada hasta que les revelé la verdad unas semanas después. La vieja de acá al lado no podía creerlo.
El elfo apareció en ese momento cargado hasta por encima de la cabeza con platos humeantes llenos de comida. Hermione saltó de su asiento para ayudarlo.
-¿Y ustedes están haciendo el tour mágico ese, entonces?
-Sí, el Magic World Tour -dijo Luna.
-¿Cómo viene hasta ahora?
-Maravilloso -dijo Ron rápidamente. Malfoy rio, al darse cuenta del apuro de Ron por pretender que sus vidas eran mucho mejores que la de él.
-Siempre igual, Weasley -dijo, en tono de burla-. Aunque no tengas un knut y te arrastres por las calles buscando sickles, seguirás fingiendo ser superior.
-Ahora sí te rompo la cara -Ron se puso de pie y arremetió contra él, pero Harry tomó a su amigo de un brazo para detenerlo.
-Oye, tranquilo -le dijo Malfoy-. Solo estoy bromeando.
-Tus bromas me han cansado ya -le espetó Ron-. Vámonos a dormir a otro lado, chicos. No necesitamos de este idiota.
-Vamos, no sean tan sensibles -dijo Malfoy.
-¿Y vives solo? -le preguntó Neville, llevándose el puré de papas a la boca.
-Sí, vivo solo -dijo él.
-¿Nada de Astoria en este universo, entonces? -preguntó Harry.
-¿Astoria? ¿Nuestra compañera de escuela? No, estoy solo. La alquimia exige una dedicación completa. Las relaciones y vínculos íntimos solo te distraen.
-¿Estás buscando una nueva piedra filosofal, o algo así? -le preguntó Luna.
-No, claro que no -dijo él-. Haría falta un alquimista verdaderamente extraordinario y único para algo así. Quiero decir, no es que yo no lo sea, pero se imaginan que, si fuera suficiente con ser un gran mago como yo, entonces habría varias piedras filosofales en el mundo. No, yo me dedico más que nada a la transformación del plomo y la materia.
-O sea que vendes oro que fabricas tú mismo, probablemente en el mercado negro -dijo Ron rápidamente-. Claro, tanto lujo tenía que explicarse de alguna forma -señaló a las paredes, que tenían detalles dorados que brillaban como oro.
Malfoy lanzó una carcajada.
-La envidia Weasley, patético -musitó-. Te dije que heredé la fortuna de mis padres. Me encantaría decir que hice todo esto yo mismo -señaló alrededor-, pero no. Aún así me va bastante bien, debo decir. La alquimia tiene buenas recompensas.
-Bien, espero que tengas una buena cama, ya que según la app nos vas a hospedar en habitaciones amplias con camas para todos -dijo Ron, consultando su teléfono.
Malfoy rio de nuevo. Todo le causaba mucha gracia.
-Claro. Por supuesto.
-Estoy agotada -Hermione se puso de pie-. ¿Por dónde es la habitación?
Malfoy se limpió rápidamente con una servilleta y se puso de pie.
-De acuerdo. Vengan, por aquí. ¡Tymicus, limpia la mesa! -gritó, mientras los conducía escaleras arriba.
Hermione y Harry compartieron una mirada de disgusto hacia el hombre.
Cuando finalmente pudieron llegar a la habitación que Malfoy había preparado (o, más realísticamente, que Tymicus habría preparado) para ellos, vieron que la había armado con tres camas marineras una junto a la otra, para que los seis tuvieran lugar allí juntos.
Luego de despedirse de su molesto anfitrión, los seis se pusieron pijamas y se lavaron los dientes en un baño anexo al cuarto. Luego se recostaron y se desearon buenas noches entre sí antes de cerrar los ojos y prepararse para dormir.
Harry cerró los ojos. Estaba en una de las camas de abajo esa noche. A su izquierda dormía Ron, y a su derecha Hermione. Sobre él estaba Jose, en la cama de arriba.
-Oigan, ¿qué es ese olor? -dijo Neville de pronto-. ¡Ron! ¡¿Acaso te echaste un gas?!
-¡Claro que no! -dijo él, en un tono de voz tan exagerado que a Harry no le quedó duda alguna de que sí había sido él.
-¡Diablos! -protestó Hermione-. ¡Qué asco, Ron!
-¡Qué no fui yo! -insistió él, furioso-. Seguro que fue Luna.
-No, esta vez no fui yo -se defendió ella, desde la cama sobre la del chico-. Creo que ayer sí tenía muchos gases, pero ya se me pasó.
Cuando la conversación sobre los gases de Ron terminó, todos se fueron durmiendo uno a uno. Estaban realmente agotados después del largo viaje.
Harry cerró los ojos y empezó a sumirse en un sueño profundo e intranquilo. En él, iban todos en aquella avioneta destartalada, pero en su sueño todos empezaban a caer por los costados de ella, sin varita ni escoba, y caían más y más profundo hacia un mar escandinavo que fluía debajo…
El sueño cambió, y ahora Harry estaba nadando en un mar lleno de peces con la cara de Malfoy. Estos nadaban hacia él de pronto, todos juntos, y empezaban a picotearlo. De pronto tenían dientes enormes, como pirañas, y se le lanzaban todos encima…
El sueño cambió otra vez. Ahora Harry estaba sentado en un aula de Hogwarts y el profesor Snape estaba dando una clase. En el pizarrón, se podía ver que había una inscripción que decía "POTTER APESTA", y Snape la señalaba con la varita una y otra vez mientras explicaba algo a la clase, con su expresión parsimoniosa y antipática de siempre…
Harry entreabrió los ojos. Todavía estaba dormido, pero en medio de sus sueños entreabrió los ojos y su mirada se posó en la punta opuesta de la habitación.
Podía darse cuenta de que las tres camas marineras estaban allí. Él estaba en la del medio. No era un sueño. Estaba realmente viendo la oscura y lúgubre habitación en la que los seis dormían.
Había alguien más allí.
Alguien caminaba por un costado, una figura oscura y encorvada. Tenía cabello largo que caía por sobre su cara. Pero era toda negra. No podía distinguirse.
Todos los bellos de Harry se erizaron a la vez. Sintió un terror que no había experimentado en muchísimo tiempo. Un escalofrío le recorrió el cuerpo desde la nuca hasta la parte baja de la espalda.
La cabeza de la figura negra giró lentamente, hacia él. Incluso sin poder ver nada de su rostro, y estando todo borroso por estar Harry muy, muy dormido, supo que la figura le sonreía.
Harry cerró los ojos con fuerza, convenciéndose mentalmente de que eso era un sueño.
Tenía que serlo.
Y, entonces, abrió los ojos de par en par, esta vez despierto sin lugar a dudas.
Porque un aullido de terror había acuchillado la noche y resonado a kilómetros de distancia de aquella casa.
Un alarido de terror que provenía de una de las camas encima de Harry.
