Capítulo 17. Ginebra, CH / Barcelona, ES
Hubo un revuelo durante el cual los ocupantes de las cinco camas se incorporaron, arrojaron sus sábanas a un lado y buscaron sus varitas en la oscuridad, dispuestos a pelear. Los años de batallas y guerras mágicas los habían endurecido al punto que, por más que estuvieran profundamente dormidos, todos saltaron como resortes a la vez listos para pelear. Tardaron unos segundos en comprender que nada malo pasaba. No había ningún mago oscuro allí. No había enemigo al que disparar ningún hechizo. Pero todos estaban seguros de haber oído los gritos de terror. Fue entonces cuando se dieron cuenta de que alguien faltaba.
La cama de Neville estaba vacía y no había rastros de él.
Al día siguiente, un sol atroz cayó sobre los rostros de todos ellos. Estaban en la sala de estar de la enorme casa de Malfoy, y había un agente del Ministerio de la Magia de Suiza allí, que sabía inglés.
-¿A qué hora piensan que sucedió? -les preguntó el hombre, un mago canoso con bigote blanco muy amable, con mucho tacto para hablar.
-Habrá sido cerca de las tres de la mañana -dijo Luna.
-O dos -dijo Jose-. Dos y media.
El mago asintió con la cabeza y tomó unas notas en su cuaderno mientras se apartaba del grupo y se iba caminando escaleras arriba para hacer otra inspección de la casa.
Draco estaba frente a ellos con una frazada por los hombros y una taza de café sostenida con ambas manos, humeante, a la que miraba con el rostro pálido y de apariencia enfermo, su cabello rubio todo despeinado en vez de prolijamente peinado hacia atrás como era usual.
-¿Por qué demonios luces así de afectado? -le lanzó Ron entonces, enojado-. Ni siquiera te cae bien Neville. ¿Crees que no nos damos cuenta del teatro que haces?
-No sé de qué hablas -dijo él, con voz ronca y distante, la mirada perdida-. Estoy muy afectado. No puedo creer que un invitado haya desaparecido en mi propia casa, sin dejar ningún rastro.
Ron chasqueó la lengua y miró para otro lado. Se notaba que no le creía una palabra.
-Si quisiera hacerle algo malo a Neville, no lo habría hecho tan evidente -dijo Malfoy, adivinando sus pensamientos-. En mi propia casa. ¿No lo crees? De cualquier forma, no tengo ningún interés en hacerle daño ni a Neville ni a ninguno de ustedes. O no los habría invitado a mi casa en primer lugar.
-A menos que nos invitaras justamente para hacerlo -le dijo Ron, mirándolo con los ojos entrecerrados.
Malfoy puso los ojos en blanco y se llevó la taza a los labios, dándose por vencido.
-Vi una figura en el cuarto -dijo Harry entonces, de forma lenta y sombría-. Pensé que era un sueño, o no. No estaba seguro. No se parecía en nada a Malfoy. Era una especie de criatura de cabello largo, encorvada…
Todos lo miraron con mucha atención.
-¿Nadie más lo vio?
Todos negaron con la cabeza.
-Díselo al mago del Ministerio, Harry -lo instó Hermione, preocupada-. Es información muy importante.
Todos hicieron un silencio marcado por la seriedad que ameritaba la situación. Las horas pasaron de forma lenta y extraña, en medio de aquello tan extraño que había sucedido. La investigación, incluso con el relato de Harry sobre aquella figura que vio, quedó en suspenso ya que no había, por lo que les dijeron, ninguna pista que indicara a dónde había ido a parar Neville. No había rastros de que lo hubieran llevado a otro sitio, ni de forma muggle ni de forma mágica. No había residuos de polvos mágicos en el aire, nada. Los aurores suizos al parecer quedaron desconcertados, sin pistas.
Y no volvieron a ver a Neville.
-No sé qué hacer -confesó Harry, más tarde, cuando el mago se retiró y los seis quedaron sentados a la mesa del comedor de Malfoy, habiendo comido un delicioso almuerzo preparado por Tymicus-. ¿Deberíamos abandonar el torneo?
-Quizás, pero no veo el punto en volver a Inglaterra -dijo Hermione-. Deberíamos quedarnos aquí. Buscar a Neville.
-No hay qué hacer para buscar a Neville -dijo Malfoy-. No hay pistas. ¿Dónde buscar?
-Pareces querer enterrar el asunto demasiado rápido -dijo Ron, mirándolo con desconfianza.
-¿Cómo hago que te entre en la cabeza, Weasley? -dijo él, poniéndose serio-. ¡No tengo motivos para hacerle nada a Neville!
-Sigamos con el torneo -dijo Luna-. Los aurores buscarán a Neville. Ellos nos harán saber si se sabe algo.
-¿Así como así? -preguntó Harry-. ¿Continuar como si nada?
-No, no como si nada -acotó Jose-. Pero estoy de acuerdo con Luna. ¿De qué servirá que nos quedemos aquí? No sabemos qué pasó, no tenemos ni una pista. No podemos hacer nada aquí. Si surge algo, si Neville aparece en algún sitio o se sabe algo, los aurores nos lo harán saber.
Hicieron una breve pausa, tras la cual Hermione asintió.
-De acuerdo -dijo, no del todo convencida-. Continuemos el torneo.
-Hablando de eso -Malfoy se aclaró la garganta y sonrió de forma nerviosa-. Esto es un tanto embarazoso, no sé como decirlo, pero quería preguntarles…
-Quieres venir al torneo con nosotros, ¿verdad? -le dijo Harry, mirándolo cruzado de brazos.
-Ni lo sueñes -le espetó Ron.
-Pues, estoy de vacaciones en este momento -Malfoy se encogió de hombros-. Por unos meses, no estaré trabajando…
-Ni de broma -siguió Ron.
-Y seguramente no tienes amigos, y cuando viste que enviamos una solicitud para quedarnos en tu casa pensaste que era una buena oportunidad de unirte a un grupo de magos conocidos para no estar tan solo, ¿verdad? -dijo Hermione.
-Bueno, tampoco es tan así, pero más o menos, sí -dijo él, nervioso.
-No va a pasar -dijo Ron.
-Debes prometer que liberarás a Tymicus -dijo Hermione, seria.
-¿De verdad me harán negociar eso para unirme? Qué bajo -Malfoy negó con la cabeza-. No puedo, Hermione. Tymicus fue un regalo muy especial…
-Es un ser vivo, no un objeto para regalar -protestó ella.
-Pero le diré que cuide la casa y que disfrute, que se maneje libremente…
-Ya es algo -dijo Harry, mirando a Hermione.
-No entiendo de qué hablan aquí -Ron miró a sus compañeros de viaje-. Por un momento, me da la imposible sensación de que de verdad consideran que se una a nosotros.
-De acuerdo -dijo Hermione, ignorando a Ron-. Ordénale al pobre elfo que viva contento y feliz en tu ausencia, que no tiene obligación de limpiar ni mantener la casa ni nada así, y te dejaremos unirte al grupo.
-¿Qué? -dijo Ron, atónito.
-Gracias, en verdad quería unirme al torneo cuando empezó, pero jamás me inscribí -dijo él-. Ahora que ya empezó, no hay forma de inscribirse si no es uniéndose a un grupo que ya esté formado…
-Vamos, Malfoy, sabemos que solo quieres venir para tener amigos otra vez -dijo Luna, sonriente-. Está bien. No tiene que darte vergüenza. Todos queremos tener amigos.
-Que alguien me lance un avada kedavra, por favor -dijo Ron.
-Bien, ¿cuál es la próxima parada? -preguntó Malfoy, entusiasmado, haciendo una serie de movimientos con su varita que empacaron todas sus cosas en una maleta en solo un segundo, listo para el viaje.
-Vamos a Ginebra, a buscar una pepita de oro -dijo Jose-. Pero no tenemos una imagen clara del lugar como para aparecernos allí.
-Yo sí -dijo él-. He estado allí varias veces. ¿En qué parte de Ginebra está?
-No lo sabemos -dijo Harry-. Algún lugar a orillas del Lago Leman. No sabemos dónde exactamente. Podría ser en cualquier lado, es un lago enorme…
-Sí lo es, pero estamos de suerte -dijo él, sonriente-. Porque la parte del lago que corresponde a Ginebra, geográficamente, es muy pequeña. Son solo unas cuantas cuadras. Podemos recorrer toda la orilla de punta a punta en solo una hora caminando.
-Que alguien me rompa una pierna, por favor -protestó Ron.
-Tomen mi mano -Malfoy extendió una mano, y Jose se la tomó. Formaron una cadena, a la que Ron se agregó a regañadientes.
Malfoy giró en el lugar, y todos desaparecieron.
El mismo sol radiante los recibió destellando en las cristalinas aguas del Lago Lemán, que estaba enmarcado por una ciudad y de donde salía una fuente en forma de chorro de agua que tenía 145 metros de altura.
-Impresionante -exclamó Luna, observando el chorro.
Aunque la mayoría tenían un humor apagado por lo sucedido con Neville, y no se recuperarían rápidamente, Harry pensó que era un lugar muy bello para estar. Esa tarde, luego de comer y asentarse en un hotel financiado por Malfoy (insistió en pagarles a todos un hotel bastante lujoso esa noche como "regalo" por unirse al viaje), hicieron una caminata alrededor del lago que disfrutaron bastante, a pesar de todo. Sin embargo, no encontraron ninguna pepita de oro. Harry y Malfoy la buscaron en las aguas, Ron bajo los bancos que apuntaban al lago en la rambla de cemento que bordeaba las orillas del lago, Hermione buscó con unos binoculares mágicos que se había comprado en Europa del Este por si veía algún destello dorado en la distancia, Jose revisó entre los arbustos y Luna se desinteresó completamente por las pepitas de oro y de pronto la vieron buscando en el lago Plimpys de agua dulce.
Esa noche, no habiendo tenido éxito con la pepita de oro, los seis estaban en el hotel disfrutando de un muy confortable jacuzzi, los seis sentados contra las paredes circulares del mismo sintiendo los chorros de agua caliente en la espalda. Pero con la desaparición de Neville sumada al fracaso por encontrar la pepita de oro, los humores no estaban como para disfrutar tanto de aquello.
-Según la app, la pepita de Suiza aún no fue encontrada -dijo Ron, consultando su teléfono-. Significa que está ahí, en alguna parte. Aunque no la hayamos encontrado.
-Y tiene que estar en este lago, porque nuestra pista decía eso -reflexionó Hermione.
-¿Alguien tuvo noticias de Neville? -preguntó Harry, cortando la conversación con un cuchillo, serio.
Todos hicieron silencio, algunos negaron con la cabeza. Los aurores no se habían comunicado con ellos.
A la mañana siguiente, estaban por marcharse de allí, convencidos de que no podrían encontrar la dichosa pepita. Pero, a último momento, Malfoy tuvo una iluminación:
-Deberíamos buscar en el chorro -dijo, mientras miraban la hermosa vista del lago por última vez.
Acto seguido, Malfoy sacó una escoba voladora de su bolso, que parecía estar extendido mediante magia por dentro, surcó los aires volando sobre decenas de cabezas de muggles que lo observaban y señalaban, y llegó a la fuente del altísimo chorro de agua. Se bajó de su escoba, empezó a buscar por los alrededores, y de pronto oyeron desde la distancia un grito de triunfo.
Harry no podía creerlo cuando vio que Malfoy regresaba a ellos volando con el puño en alto y algo dorado brillando dentro…
-¡Genial! -dijo Luna, entusiasmada-. ¡Busca la pista en el interior!
Malfoy, satisfecho con su descubrimiento, buscó en los poros de la pepita dorada, muy similar a las anteriores que habían encontrado, hasta que dio con un pergamino enrollado en el interior.
-Bien, leeré lo que dice -dijo el hombre de cuarenta y cinco años, sonriente. Pero entonces, mientras miraba el pergamino, su sonrisa se borró de golpe. -No tengo idea de lo que dice.
-¿A ver? Dame acá -Hermione le quitó el pergamino y lo examinó con atención-. Está en francés. Podría traducirlo, pero creo que tú lo harás más rápido que yo.
Se lo pasó a Jose, que lo tomó y lo ojeó rápidamente.
-Bien, dice esto -la chica se aclaró la garganta-: "Ningún ser vivo ha estado aquí. Ríos de oscuridad fluyen en esta tierra de tinieblas. La sangre…" -se detuvo, frunciendo el ceño. Pudieron ver, por su expresión, que no esperaba que el mensaje dijera algo como aquello. Luego de compartir una mirada con los demás, la chica continuó la lectura: -"La sangre de los impuros baña la roca de nuestros suelos malditos…"
Jose se detuvo. Todos tenían el ceño fruncido y esperaban que terminara la lectura.
-¿Qué ocurre? -preguntó Hermione, notablemente asustada, en un susurro-. ¿Por qué detienes la lectura?
-La última frase no está escrita en francés -dijo ella, mirando el trozo de pergamino desde varios ángulos, como buscando un mensaje oculto-. No sé qué idioma sea este.
Harry tomó el pergamino. Luego de las inscripciones en francés, que Jose había traducido, había una última frase escrita en otro dialecto. No parecían ser letras de ningún alfabeto que Harry conociera o hubiera visto antes. No parecían símbolos de lenguas asiáticas, ni árabes, ni occidentales. Eran rayas rectas con puntos y círculos.
-Esto es alguna lengua de magos -dijo Hermione, mirando con atención-. Estoy segura. Pero no sé cuál.
-Este mensaje es… -Luna se rascó la cabeza rubia-. Es un poco distinto a los otros. ¿No creen?
Hicieron todos un breve silencio. Todos estaban de acuerdo con Luna. Harry sentía los latidos de su corazón palpitar con fuerza y una serie de pensamientos oscuros invadieron su mente.
Ron acercó su celular al mensaje y le sacó una fotografía.
-¿Qué haces? -preguntó Malfoy. Ron lo miró ceñudo.
-¿Y a ti qué? ¿Te importa?
-Claro que no, solo pregunto -dijo Malfoy, pero Ron lo miró con sospechas.
-Mando un mail a los organizadores del torneo -explicó Ron, y Harry miró a su amigo con admiración, porque a él no se le había ocurrido eso primero-. Les preguntaré si esto es una pista oficial de las pepitas del torneo, o alguien alteró el mensaje intencionalmente.
-Excelente idea, Ron -dijo Hermione, asombrada.
-Siempre el tonito de sorpresa… -dijo Ron por lo bajo, mientras escribía su mail con el teléfono, concentrado.
Ahora que Malfoy estaba facilitando las cosas financiando varias partes del viaje, su próximo destino no fue difícil de encarar. Los seis chicos se despidieron de Suiza, y tomaron un traslador que los dejaría directamente en su siguiente destino:
Esa misma tarde, Barcelona los recibió con un ambiente que no podía ser más distinto. De pronto, estaban en medio de una ciudad llena de fiesta, alegría y gente disfrutando la soleada tarde de otoño por las calles, tanto mágicas como muggles.
-¡Vivan los magos, compadres! -les dijo un grupo de muggles que pasaba por allí, en español, señalando al grupo y enseñándoles pulgares arriba. Luna chocó los cinco a uno de los muggles y les enseñó unos trucos con su varita.
-¡Qué lo pasen bien, lindos muggles! -los saludó, en inglés, al despedirse de ellos y continuar la caminata por la calle.
Uno de ellos, que sabía inglés, le dijo al otro qué era lo que Luna les había dicho. Entonces, el otro regresó corriendo para pasarle en un trozo de papel su número de teléfono a Luna.
-¡Escríbeme luego! -le dijo el chico, sonriente-. ¡Tú también eres linda!
-No tengo idea de lo que me está diciendo -dijo Luna, que no entendía español, a sus amigos-. Pero creo que me ha pasado un mensaje en código -se puso a mirar el número escrito en el trozo de papel, mientras se alejaban-. Quizás es una pista para encontrar una pepita de oro, o el código oculto de la conspiración del gobierno español contra la rebelión de Nargles que amenaza al mundo hispánico.
Harry y Ron se miraron y compartieron una sonrisita.
Esa noche, trataron de aliviar las tensiones metiéndose en medio de una fiesta de magos. Para acceder, según les dijeron en el hotel, tenían que caminar a las doce de la noche por el Paseo Marítimo de la Barceloneta. En cierto punto de la rambla, donde había una palmera tras ellos más ancha que el resto y con forma de "T", tenían que lanzarse al agua de cabeza.
-Esto es una locura -dijo Jose, mirando su reflejo en el agua al borde de la rambla-. Si resulta que este no es el lugar, acabaremos todos…
-Mojados -finalizó Malfoy.
-Saltemos -dijo Harry, y todos se pusieron uno junto al otro al borde de la rambla, de cara al agua negra iluminada por las farolas ante ellos-. A la cuenta de tres.
-Uno… -dijo Hermione.
-Dos… -siguió Ron.
-¡Tres! -gritó Luna.
Todos saltaron a la vez hacia adelante.
Por arte de magia, cuando cayeron sobre la superficie del agua, la atravesaron como si fuera una cortina de tela, sin mojarse en absoluto, y cayeron sobre un suelo metálico en medio de un ambiente que no parecía en nada a lo que suponía que debía ser, es decir un ambiente acuático.
En vez de eso, estaban de pie ante la fiesta más alocada que hubieran visto en sus vidas.
Los recibió el griterío de cientos de magos bailando al ritmo de una música electrónica, papeles de colores flotando en el aire por todos lados, espuma saliendo a chorros de las paredes, antifaces, anteojos, sombreros y todo tipo de accesorios de colores en las caras de todo el mundo, y alcohol por todas partes.
-¡Oh, sí, nena! -gritó Malfoy, agitando los brazos en el aire, y saltó hacia adelante al medio de la pista de baile, poniéndose una máscara de duende que recogió del suelo y abriendo un par de botones de su camisa para exhibir el pecho mientras bailaba con emoción.
-Tiene cuarenta y cinco años -comentó Harry, mientras lo señalaba con hastío-. ¿Por qué se comporta como un niño?
Estuvieron un rato disfrutando de la fiesta, bailando y haciendo bromas. Harry no se sentía para nada en el humor para esa clase de cosas, pero siguió la corriente. Supuso que había una necesidad de cambiar los ánimos y distraerse un rato.
Llegó un punto, sin embargo, en que la música le taladraba demasiado los oídos y ya no quería estar ahí. Delante de él, bajo una lluvia de chispas mágicas de colores que llovían del cielo, Draco, Luna y Jose bailaban con emoción y agitaban los brazos en el aire. Hermione y Ron, sin embargo, estaban junto a Harry en un rincón y de pronto los tres compartieron una mirada que, aunque no podían hablar porque no se oía nada, dejó el mensaje bien en claro: ¿Por qué no irse de allí y esperar a los demás arriba, fuera de la fiesta?
Estando de acuerdo entre sí en forma muda, los tres se pusieron en marcha. Hermione se acercó a Luna para avisarle que los esperarían arriba, en la rambla, ella asintió y siguió bailando. Los tres amigos entonces se marcharon de allí y volvieron arriba, al paseo muggle a orillas del mar.
-Qué alivio sentir un poco de aire fresco -dijo Hermione, respirando aliviada mientras se dejaban caer en un banco y observaban los muggles pasar ante ellos y la noche sobre el mar.
-Sí, no se podía ni respirar ahí abajo -dijo Harry-. ¿Vieron a Malfoy? ¿Qué le pasa? Está como loco de felicidad, bailando y todo.
-Estoy seguro de que él es el culpable de que Neville desapareciera -dijo Ron inmediatamente, sin dudarlo por un segundo. Hermione lo miró con el ceño fruncido.
-No lo sé -dijo.
-Quizás Ron tiene razón -dijo Harry, reflexivo-. En la Academia, dijeron que el sospechoso más obvio es el culpable en el 90% de los casos.
-Hablas de la Academia que jamás terminaste -dijo Hermione-, y de la que solo cursaste un año.
-Creo que, con mi experiencia en atrapar magos oscuros, no es necesario mucho más que eso -dijo Harry, en respuesta-. De cualquier forma, puedo continuar mis estudios cuando quiera. Eso no es lo que importa.
-Sí, yo también estudié allí, y con mi experiencia creo que Harry está en lo cierto -dijo Ron-. Malfoy hizo desaparecer a Neville. La única pregunta es por qué.
Se quedó pensativo, con la mano en el mentón.
-Malfoy está bailando y disfrutando porque no tenía amigos -dijo Hermione-. Estaba solo y aislado en su casa, quien sabe hace cuántos años. Es evidente que ya no se habla con Goyle, porque no dijo palabra de él, y sus padres murieron. No parece tener amigos. Debe estar contento de estar con gente, poder salir y bailar, por eso mismo tenía tantas ganas de que nos quedemos en su casa.
-Quería que nos quedemos para hacerle algo a Neville -dijo Ron, testarudo-. No sabemos incluso si está vivo, o muerto. Quizás lo quería para alguno de sus experimentos con la alquimia, y nosotros aquí bailando con él…
-Si fuera así, no habría venido al viaje con nosotros, estaría en su casa -dijo Hermione-. Acéptalo, Ron, Malfoy estaba solitario y, a diferencia de ti, como ya tiene cuarenta y cinco años, ya no le importa esa vieja rivalidad con nosotros que tú no puedes dejar ir. El ya siguió adelante, quiere amigos, y vio la oportunidad de tener eso con nosotros. Sé que no puedes aceptarlo, pero esa es la verdad.
Ron tenía una expresión que indicaba claramente que no podía aceptarlo y se rehusaba a creer aquello.
Harry, sin embargo, no sabía si estaba tan de acuerdo con Hermione. La verdad es que era difícil no sospechar de Malfoy, en especial habiendo ocurrido aquello en su propia casa. Lo único que podía poner en la balanza a favor del hombre era que él creyó ver a alguien en la habitación esa noche. Y no se parecía en nada a Malfoy: Era una figura mucho más aterradora, con cabello largo y encorvada… ¿Habría sido un sueño?
Esa noche, Harry no podía dormir. Malfoy, en un excesivo gasto de dinero que no pareció importarle en absoluto, aunque todos le dijeran que no era necesario, alquiló varias habitaciones de otro lujoso hotel: Una para Jose y Ron, que a regañadientes la aceptó y seguramente estarían teniendo una noche romántica muy interesante allí dentro, con Joselié estando bastante alcoholizada; otra para Luna, Hermione y Harry; y otra para él solo.
Harry miraba el techo y luego a los costados. De pronto tenía miedo a aquella figura que creyó ver en la casa de Malfoy. Por las noches, lo que le pasaba ahora es que le daba miedo cerrar los ojos. Se sentía un estúpido. Él siempre había sido alguien valiente, no tenía miedo a la oscuridad ni nada así. Pero ahora, de pronto, un temor irracional surgía en él cada noche.
Escuchando los ronquidos de Luna, en la cama de al lado, Harry cerró finalmente los ojos y se trató de dormir. Empezó a contar ovejas. Luego se puso a contar escobas de quidditch, que las imaginó pasando volando ante él una tras otra. Hacía tanto tiempo que no jugaba un partido de quidditch…
Trató de pensar en el quidditch y de forzarse a no abrir más los ojos, hasta dormirse. Finalmente, un poco de sueño vino a él. Empezó a quedarse dormido imaginando que jugaba en la selección nacional de Inglaterra, aquella a la que no había podido entrar…
Y, de pronto, sintió cómo una mano se apoyaba en su brazo.
Abrió grandes los ojos, con todos los bellos del cuerpo erizados por el terror. Vio una figura con cabello largo justo encima suyo, y su corazón dio un salto.
Sobresaltado y asustado, Harry pegó un salto y se puso a buscar su varita en la oscuridad.
-¡Tranquilo! ¡Soy yo! -susurró una voz.
Harry entornó los ojos y, cuando logró acostumbrarse a la oscuridad, vio que era Hermione quien lo había tomado del brazo y sentado al borde de su cama.
-Dios mío -Harry se sujetó el pecho. Su corazón latía a toda prisa. -Hermione. Casi me matas del susto.
-¡Lo siento! -se disculpó la chica, dándose cuenta de que había metido la pata-. ¡Lo siento, Harry, no quería asustarte!
Se sintió un idiota. Claramente, Hermione acababa de comprobar lo asustadizo que Harry se había vuelto últimamente. Sintiendo una vergüenza indisimulable, dejó la varita sobre la mesita de luz y se sentó en la cama.
-Perdón, estoy un poco nervioso -le confesó-. Desde, bueno… Desde lo de Neville.
-¿Es por aquella persona que creíste ver en el dormitorio? -preguntó ella, acariciándole el hombro con una mano, como tratando de calmarlo.
-Estoy bien, gracias. Disculpa -dijo él, torpemente. -Sí, bueno. Persona, o criatura. No sé qué era.
-Creí que no sabías si lo habías soñado.
-No lo sé. En verdad, Hermione, cada vez creo más que no fue un sueño. Pero tampoco sé qué o quién pudo ser.
Se quedaron los dos en silencio unos instantes.
-También me siento rara -le dijo ella-. Desde que pasó eso, creo que el viaje cambió.
-Sí, lo sé. Claro. ¿Cómo podría seguir todo igual, sin él? No sabemos qué le pasó. No sabemos dónde está. Si necesita ayuda…
-Pero es que tampoco podemos hacer nada, si no tenemos ninguna pista ni sabemos nada.
-Pero haber seguido adelante con el torneo. No lo sé… No es un poco… ¿Acaso está bien?
-Lo sé. No sé si esté bien. Tampoco sé qué más hacer.
En ese momento, oyeron un ruido proveniente de la cama de Luna. Un sonido inconfundible en medio de los ronquidos de su amiga: La chica se había echado un gas.
-Oh, Dios -Hermione se tapó la nariz con la sábana de Harry, y entonces Harry empezó a reír, saliendo de aquella situación de seriedad en que estaban. Hermione también rio, tapándose la cara con la sábana de Harry. Sintieron que la tensión aflojaba un poco, y ambos se miraron en la oscuridad sonriendo.
Mientras la miraba a los ojos, Harry sintió algo en el estómago. De pronto, una nueva sensación lo embargaba, algo que no era ni miedo ni tristeza, ni nada parecido. Últimamente, había sentido cambiar todo dentro suyo, sus sentimientos y emociones. No solo había cambiado él, sino también las cosas que lo hacían sentir como se sentía en ese momento.
Hermione pareció percibir algo de eso, porque se acercó un poco a él, sentada en la cama, y su mirada cambió mientras lo miraba a los ojos en la oscuridad, y de pronto su mirada bajaba a sus labios.
-Harry… -dijo la chica lentamente, acercándose a él. Harry tragó saliva y sintió que el corazón le latía deprisa, esta vez sin que tuviera nada que ver con el miedo.
Harry empezó a acercar su mano a la de Hermione por sobre la sábana, y ella acercó la suya a la de él. Sus dedos se rozaron unos instantes, los dos chicos cada vez más cerca uno del otro.
Y entonces, Hermione se quedó quieta.
Harry continuó mirándola, y acercó más su mano hasta apoyarla sobre la de ella. Pero ella la quitó de pronto.
Algo avergonzado, Harry se dio cuenta de que algo en ese momento que estaban compartiendo había cambiado. Hermione ya no se acercaba a él. El sentimiento que había empezado a fluir entre ellos se había cortado. ¿Por qué?
Vio que Hermione ya no lo miraba a él, sino que miraba por encima de él, por encima de su hombro. Sus ojos ahora no tenían la expresión de rendición que habían tenido segundos atrás, sino que estaban mucho más abiertos y parecían mostrar… ¿temor?
La mano que Harry había rozado instantes atrás, en un momento claramente romántico entre ellos, ahora se alzaba en el aire y apuntaba con el dedo índice detrás de Harry, mientras los labios de la chica temblaban con miedo.
Y Harry entendió lo que pasaba.
Lentamente, Harry giró su cabeza para ver qué o quién estaba detrás de él, y estaba causando esa expresión de terror en el rostro de Hermione.
Cuando Harry acabó de darse la vuelta, lentamente, vio que detrás de ellos, contra la pared opuesta del cuarto, sumida en tinieblas, estaba la figura encorvada de cabello largo.
Esta vez, se veían claramente dos ojos rojos brillando en la oscuridad mientras la criatura los miraba con malicia. Y se distinguía claramente una macabra sonrisa en un desfigurado y demoníaco rostro que brillaba aterradoramente a la luz de la luna que filtraba por la ventana.
