PARTE 2. ÁFRICA


19. المغرب العربي


-Hola… mamá.

Harry abrió los ojos y el verde esmeralda brilló con el reflejo del centenar de estrellas que iluminaban el cielo nocturno del desierto sobre él. La sonrisa materna que le dirigió Lily fue reconfortante y le llenó el alma por unos instantes.

-¿Cómo estás?

-Bien -Harry le sonrió también-. Estamos en África ya.

-Parece que hubiera sido hace mil años que te fuiste -le dijo ella-. Me hubiera gustado pasar mucho más tiempo contigo antes de que te fueras… Pero supongo que la vida es así.

-Podremos pasar juntos todo el tiempo que queramos -le dijo él, en un tono de voz que intentaba convencerla-. Todo está bien. El mundo nos reunió de nuevo. Y nos dejará juntos. Claro que sí.

Por un segundo, pareció que trataba de convencerse a sí mismo de aquello en verdad. Las imágenes jamás vistas de un mundo de terror, similar a un infierno, con su amigo atrapado dentro y gritando pidiendo ayuda pasaron volando a toda velocidad por su mente de forma incontrolable.

El rostro de Neville aterrorizado e iluminado por un fuego imaginario creado por la cabeza de Harry resplandeció en un aullido de auxilio, de súplica.

¿Volvería el mundo a ser algo normal y tranquilo?

¿Había existido alguna vez, de hecho, algo así?

Lily parecía adivinar la perturbación en el rostro de Harry, y pareció estar a punto de decir algo, así que este inmediatamente le cambió el tema de forma inteligente.

-¿Cómo estás tú? -le preguntó-. ¿Ha vuelto él?

Se refería, por supuesto, a su padre. A James.

Ella se quedó en silencio, y negó con la cabeza.

-¿Estás bien? -repitió él.

-Sí, lo estoy -dijo ella, seria-. No te preocupes por mí, cariño. Tú eres lo único que necesito y que de verdad me importa. Siempre ha sido así. Desde que te tuve, Harry, y vi tu rostro por primera vez, siempre supe que tú serías lo único que no podría abandonar. Lo único por lo que pelearía hasta el final.

Hubo un momento en que sus ojos tan idénticos quedaron conectados, cada uno en su sitio, Harry en su entorno desértico plagado de estrellas, ella en la habitación en la que se encontraba, allí en Inglaterra.

De pronto, Harry oyó voces y movimientos detrás de él.

-Lo siento, debo irme -le susurró-. Nos veremos pronto, mamá.

-Claro que sí, cariño -le dijo ella-. Cuídate mucho.

Entonces, Lily desapareció del campo visual de Harry. Ahora, ante él solo había dunas oscuras que estaban rodeadas por la noche y la vasta extensión de arena azulada que se extendía kilómetros a la redonda.

-¿Harry? -preguntó Ron. Había salido de la tienda de campaña y miraba alrededor, probablemente buscando la fuente de las voces. Pero solo Harry estaba allí. El muchacho rápidamente guardó su varita en un bolsillo y se volvió a su amigo.

-¿No podías dormirte? -le preguntó Harry, haciéndose el desentendido y fingiendo que había salido allí para contemplar el paisaje.

-No -confesó Ron-. Tú sabes -señaló la tienda tras él-. Odio estas cosas.

Harry asintió, caminó por la arena hasta llegar junto a su amigo, y se metieron en la tienda otra vez.

La primera parte de su viaje por África consistió en el Magreb. Durante semanas, Harry, Ron, Hermione, Draco, Luna y Joselié anduvieron por zonas desérticas y con aire árabe. El mes de noviembre transcurrió con un clima cambiante en el grupo, que por momentos estaba anímicamente tan vacío como los amplios valles de dunas de arena en el sur de Libia por los que pasaron, luego de haber andado por Argelia y Marruecos.

El viaje por esa parte del mundo comenzó en verdad en Marruecos, luego de haber cruzado en una pequeña embarcación el Estrecho de Gibraltar. Pasando Málaga, los chicos se habían dirigido hacia el Parque Natural del Estrecho, luego a la Isla de las Palomas, y desde allí, en el punto más al sur de Europa, se sacaron fotos en la costa isleña con sus celulares, para conmemorar su visita al punto más al sur del continente donde habían nacido y vivido todas sus vidas; para luego descubrir que el ferry que debían tomar no salía de allí sino del muelle del Puerto de La Rada, más al norte, por lo que tuvieron que volver sobre sus pasos.

Una hora después, llegaron a Port de Tanger Ville, en Tánger. Llegados a ese punto, empezaron a ver inscripciones en idioma árabe y escuchado dialectos extraños en la calle.

-No entiendo qué es lo que ves tan distinto -decía Hermione a Ron, mientras viajaban todos en una camioneta por la ruta A1 hacia Marrakech-. Tampoco entendías español, si vamos al caso. Ni portugués.

-Pero sabía de la existencia de esos idiomas, aunque no los entendiera -explicó Ron.

En Marrakech, se hospedaron en casa de unos magos que vivían allí, que fueron muy amables con ellos y les ofrecieron camas y les invitaron comida también. Conocieron varias mezquitas, el Palacio de la Bahía y el Jardín Majorelle, un vello jardín con plantas exóticas. Luego fueron a la parte de la ciudad donde antiguamente se escondían los magos, en secreto, y la encontraron casi igual al resto, con mismos idiomas, cultura y todo; solo que allí había vasijas enormes para preparar pociones en medio de la calle empedrada, tiendas con chales de colores donde brujas meditaban desde que salía el sol, y había grupos de jóvenes magos y brujas que hacían un baile en la calle que parecía no terminar jamás, cantando y tocando antiguos instrumentos mágicos, como tambores que sonaban solos y pequeñas guitarras con formas extrañas que levitaban; en el cual invitaban a las personas que pasaban por allí a sumarse y bailar con ellos.

Luego de Marruecos, vino Argelia. Este país era mucho más grande, y eso se notaba al recorrer sus distancias por tierra. Como incluso Malfoy ahora se estaba quedando sin dinero, habiendo gastado todas las monedas que había llevado para ese viaje (el resto de su fortuna estaba en bóvedas de bancos de magos suizos) en hoteles lujosos, para ostentar, según Ron; ahora ya estaban nuevamente en la situación de no tener recursos para viajar ni para comer u hospedarse. Empezaron a dormir en tienda de campaña, para horror de Ron, y pasaron semanas enteras en el desierto, cruzando la frontera con Libia y continuando el viaje por el desierto allí. Allí fue cuando la cosa se puso complicada de verdad.

De vez en cuando cruzaban pequeñas civilizaciones, pero sobre todo el paisaje era siempre inhóspito y desértico. La falta de dinero se convirtió en un problema grave, y pronto la falta de agua y comida se convirtió en un tema que afrontar diariamente, que los golpeó duro y ni siquiera la magia pudo ayudarlos.

-Fue un error viajar por el sur -decía Hermione, mientras los seis caminaban sedientos por gigantescas dunas de arena interminables del Sahara en Libia, a punto de morir deshidratados.

-Lo siento, amigos -se disculpó Jose, que había sido la de la idea de tomar esa ruta, cayendo de rodillas en la arena y mirando el horizonte, donde el sol se escondía tras gigantescas e interminables extensiones de arena-. Si morimos aquí, quiero que sepan que… son los mejores amigos que he tenido… -entrecerró los ojos, mirando el lejano horizonte donde solo se veía arena y más arena-… en los últimos tres meses -completó.

-Bueno, será mejor que usemos las escobas -dijo Malfoy entonces, chasqueando la lengua, como haciendo un comentario de resignación de quien admite una derrota. Metió la mano en su mochila, y el brazo pareció bajar mucho más de lo físicamente posible: Estaba extendida mediante magia.

-¿Qué… qué has dicho? -preguntó Ron, sin comprender, mientras Malfoy hurgaba en el fondo de su mochila extendida y, de pronto, empezaba a sacar, una tras otra, un set completo de escobas de quidditch nuevísimas y brillantes, con las colas recortadas prolijamente y hasta barnizadas, deslumbrantes y listas para volar a toda marcha.

Harry se quedó boquiabierto, igual que Ron.

-¿Me estás tomando el pelo? -dijo-. ¿Todo este tiempo tenías todas estas escobas contigo, y no dijiste nada?

-Lo siento, no lo recordaba -Malfoy se encogió de hombros.

-Oh, rayos -Hermione puso los ojos en blanco y se cruzó de brazos, al ver lo que se avecinaba.

-¿Qué no lo recordabas? -Ron estaba fuera de sí, colérico-. ¡Estuvimos semanas vagando por el desierto sin transporte! ¡Durmiendo en esa tienda inmunda que tuvimos que comprar con el poco dinero que tenemos! ¡Buscando agua con nuestras varitas, como si fueran brújulas, y andando en camionetas muggle oxidadas por una ruta tras-Sahara en estado deplorable!

Todos miraron a Ron, que estaba parado en medio del desierto con los ojos enrojecidos abiertos como platos, clavados en Malfoy, y perdiendo la cabeza.

-¡Casi hemos muerto de sed! ¡Hemos pasado hambre! ¡Días con calores infernales y noches con fríos polares! ¡Todo para atravesar este desierto hacia el Oeste! ¡¿Y ahora nos dices que…?!

-Dije que lo siento -Malfoy se puso de mal humor-. No recordaba que había empacado esto. Tengo muchas cosas en la mochila. ¿Van a tomarlas o qué?

Le pasó una escoba a cada uno, de mala gana. Harry tomó la suya y miró a Ron, que tenía sudor rodando por su enrojecido rostro. De verdad hacía mucho calor y hubiera sido muy atractivo que Malfoy les dijera antes que tenía un set completo de escobas con las que podrían haber volado con el vientito en la cara a hermosas velocidades para dejar más rápidamente el desierto atrás. Sin la posibilidad de alquilar una allí en medio de la nada, ni de aparecerse o viajar en traslador entre los países, hubiera sido muy beneficioso saber eso.

-Para colmo en estos países no hay trasladores -dijo Luna, tomando su escoba-. Parece que tienen varios conflictos entre los gobiernos de magos. Algunos países ni siquiera tienen gobiernos de magos. Así que nos tenemos que olvidar de esa opción.

-Si, lo sabemos -dijo Hermione, que se sumó a la conversación de Luna para desviar el tema y tratar de evitar la inminente pelea entre Ron y Malfoy-. Aparecerse tampoco es una opción. El riesgo de despartición en este continente es del 80%.

-¿Por qué tan alto? -preguntó Jose.

-Son pocos los lugares de los que puedes hacerte una imagen clara y precisa, porque en general domina la naturaleza y las amplias extensiones de tierras, como este desierto… Imagina que piensas en un desierto y quieres aparecerte allí. Es tan amplio, que en verdad no estás pensando en un lugar específico, como si pensaras en la puerta del banco de Gringotts, o lo que sea… No es un lugar concreto. Tu cuerpo podría intentar dividirse entre distintas partes de esa amplia extensión de tierras, y acabarían pedacitos tuyos por todo el terreno.

-Qué terrible -Jose hizo una mueca-. No vayan a intentar eso, por favor.

-Ya vámonos -Ron se subió a su escoba y fulminó a Malfoy con la mirada-. Quizás Malfoy hizo una reserva en algún resort cinco estrellas en medio del Sahara y aun no nos dijo. No querremos llegar tarde.

-Cierra el pico, Weasley -Malfoy se enojó-. Estoy aguantando que me ataques continuamente, ¿sabes? Pero no sé cuánto más…

-¡Entonces no lo aguantes! -soltó Ron de pronto, bajando de su escoba y caminando hacia él.

Rápidamente, Harry se abalanzó hacia adelante y se puso entre los dos.

-Muchachos, esperen… Cálmense…

Pero ambos habían saltado hacia el otro y parecían estar a punto de batirse a duelo.

-¡No! -chilló Hermione-. ¡Basta! ¡Sepárense!

Con la ayuda de Jose, Harry retuvo a Ron por los hombros y el brazo para que no pudiera sacar su varita. Hermione y Luna detuvieron a Malfoy.

-¡Ya! ¡Vamos! ¡Pelea, cobarde! -le gritó Ron, fuera de sí.

-¡¿Tanto te molesta que te salve el trasero, verdad?! -le gritó Malfoy-. ¡Pero no te quejas luego cuando es hora de ir al hotel cinco estrellas! ¡Bien que te metes y te comes toda la comida del restaurante!

-¡CIERRA LA MALDITA BOCA!

-¡YA CÁLMENSE! -aulló Harry, con un tono de voz tan alto que resonó entre las dunas de arena gigantes tras ellos, y todos hicieron silencio y se calmaron. Ron dejó de forcejear. Ahora Harry parecía estar más enojado que todos. -¡¿Por qué tienen que pelear tanto?! -los reprendió, mirándolos a ambos-. Draco, ya tienes como cuarenta y cinco años. ¿Por qué no maduras? Y tú, Ron, acepta de una vez que Draco es parte del grupo, y si tiene unas escobas y no se dio cuenta de decirlo antes, pues, ya está. Lo importante es que las tenemos ahora y podemos usarlas. Veamos el lado positivo. ¿No lo crees?

Ron miró a Harry con resentimiento, luego a Malfoy. Luego se soltó de un tirón y se acomodó la ropa.

-De acuerdo -dijo, de mala gana-. Me calmaré. Si él también lo hace.

Malfoy levantó las manos, en forma defensiva, pero no dijo nada. Cuando finalmente todo pareció haberse calmado entre ellos, todos se pusieron finalmente en posición sobre sus escobas, en medio del tenso ambiente, para marcharse de allí.

-¿Alguien tiene aún un celular con batería? -preguntó Hermione.

-Sí, yo -dijo Jose, sacando su celular-. Le hice una de esas cargas con la varita mágica que aprendimos.

-Bien -Hermione asintió-. ¿Puedes buscar cuán lejos estamos de la frontera con Egipto?

Jose se puso a buscar con su teléfono.

-Si fuéramos a seguir en vehículo, la mejor opción sería dejar este camino del sur, ir hacia el norte del país y cruzar la frontera hacia alguna ciudad del oeste egipcio, son unas veintisiete horas con suerte. No tiene sentido continuar por el sur, a menos que quisiéramos morir de sed. Pero, como ahora estamos en escoba, deja que cambie la opción de transporte en Google a escoba voladora…

Se puso a modificar la opción en su teléfono, y finalmente dijo:

-De esa forma, el tiempo se reduce a dos horas de vuelo, y podemos hacerlo desde aquí, en estas tierras al este de Tmassah, en línea recta hacia Siwa, por ejemplo, que es de las primeras ciudades egipcias al este, cerca de la frontera con Libia.

-Bien. Hagámoslo -dijo Harry-. Volemos hacia allí. Sé que estamos cansados, con sed y con hambre. Pero hagamos un último esfuerzo por llegar allí lo más rápido posible, y cuando estemos nuevamente en la civilización, podemos buscar agua y comida, y un lugar donde dormir.

Todos asintieron, de acuerdo.

-Quizás podamos parar en alguna otra ciudad antes también, sin necesidad de llegar hasta Egipto -Jose buscó en su mapa-. La zona de Jalu y Awjila no se ve tan mal. Según las fotos que hay aquí. Es antes de Egipto.

-Bien, hagamos eso -dijo Ron, y finalmente subió a su escoba-. Vamos tan rápido como podamos. En marcha.

Le dio una patada al suelo, notoriamente aun enojado, y su escoba se elevó en el aire. Como no había exactamente una escoba para cada uno, Harry compartió una con Hermione, que se sentó tras él.

-Odio volar -escuchó que la chica decía en un susurro para sí misma, mientras Harry pateaba el suelo y hacía que ambos se elevaran en el aire, varios metros encima de la superficie de arena lisa y perfecta perfilada contra el intenso sol africano de la tarde.

-Tranquila -le dijo Harry, mirando sobre el hombro a la chica y tratando de transmitirle una sonrisa-. Pronto estaremos en un lugar mejor.

El grupito de escobas salió volando a toda potencia, atravesando juntos las amplias extensiones del desierto del Sahara, los valles de rocas rojizas y arena interminables, los mares de dunas de arena que parecían salidos de una película, y en poco tiempo el intenso atardecer africano empezó a dibujarse en el horizonte, al tiempo que el calor descendía abruptamente y el clima se volvía más agradable.

Hermione se desprendió de una capa con capucha que había llevado puesta todo el tiempo, protegiéndose el cuerpo entero del sol, y la guardó en su bolso tratando de moverse lo menos posible, temerosa, ya que estaban a una distancia considerable del suelo.

Al final siguieron el trayecto directo hasta cruzar la frontera con Egipto, y un par de horas después ya habían dejado Libia atrás.

-¿Cómo se sienten? -preguntó Harry, a los gritos, acercándose a las escobas de adelante.

Todos alzaron un pulgar arriba. Al parecer, el sentir el viento en sus rostros, el atravesar ese crudo desierto de una pincelada contra el cielo, veloz, en vez de lenta y arduamente por tierra, era algo que los había animado de tal manera que ya nadie sentía ni hambre, ni sed ni calor pegado al cuerpo. Se sentían vivos y animados de pronto.

-Bien entonces -Harry sonrió al grupo, levantando el pulgar también-. ¿Qué les parece entonces si seguimos viaje un poco más?

Los demás asintieron, de acuerdo.

-¡Genial! -gritó Harry-. ¡Directo a El Cairo, entonces!

Las escobas se perfilaron contra el cielo como oscuras manchas en un atardecer hermoso, con un sol que brillaba en amarillo intenso desde el horizonte, bañando todo en dorado.

Horas después, y sintiéndose increíblemente bien por poder hacerlo, todos ellos comieron de forma abundante, bebieron todo lo que quisieron y se relajaron. Malfoy había estacionado su escoba ante un banco de magos en El Cairo, había ido directo al mostrador y arreglado una transferencia de dinero desde su cuenta en Suiza. Momentos después, había salido del banco con una bolsita repleta de unas monedas extrañas con jeroglíficos, que usaban los magos egipcios.

Esa noche, todos se encontraron a sí mismos en un hotel muy bonito de la zona de magos de El Cairo, donde prácticamente no había nadie más que ellos, pero que resultó inmensamente reconfortante luego de la extenuante travesía por el desierto que habían enfrentado las semanas anteriores.

-Esto fue, definitivamente, el viaje más duro que haya hecho en mi vida -dijo Hermione, riendo sola, mientras hablaba con Harry en la habitación. Harry, que en verdad compartía cuarto con Malfoy, había ido al dormitorio de las chicas a visitarla antes de dormir. Luna no estaba allí, sin embargo, porque se había quedado con Ron y Jose un rato más en el bar, bebiendo algo. Como había dicho Malfoy cuando ambos subían, la sed que habían pasado era tal que sus amigos se beberían incluso todo el alcohol del hotel, probablemente, antes de ir a dormir.

-Lo sé, también el mío -admitió Harry-. El desierto es duro. He aprendido esa lección.

Hermione sonrió. Realmente estaban muy felices de estar cómodamente relajados en un hotel. El cambio era abismal, en cuanto a las necesidades que habían estado pasando.

En medio de ese momento de placer y goce, Harry se acercó a Hermione, que estaba sentada en su cama, la rodeó con un brazo e intentó besarla. Pero ella corrió la cara, y no pudo hacerlo. Avergonzado, Harry acabó besando su mejilla.

-No, Harry -dijo ella entonces, muy seria de pronto.

Harry se sintió ruborizarse.

-No entiendo -dijo él, finalmente-. Nos besamos. Ese día, en el hostel de Portugal.

-Lo sé -dijo ella, sencillamente, con la mirada en una pared opuesta del cuarto, buscando alejar su mirada de él.

-¿Y por qué luego te has pasado a comportar así?

-No creo que sea un buen momento…

-¿Ah no? -dijo él entonces, y se corrió hacia adelante, obligándola a mirarlo-. ¿Cuándo lo será entonces? Me evitaste todas estas semanas que pasaron. Desde que pasó eso. ¿Por qué? No encuentro sentido. Fuiste tú la que dijo que no debíamos separarnos. Yo te dije que no quería perderte a ti también, pero entonces tú dijiste que eras feliz conmigo. Y me besaste. Y luego llegamos a África, y ya no quisiste saber nada del tema. Creo que merezco una explicación. Ahora estamos aquí, en El Cairo. Estamos bien, no estamos más en una situación vulnerable. Ya cruzamos el desierto entero. ¿Cuándo obtendré una explicación?

-Mira -Hermione lo miró a los ojos-. Sí quería estar contigo, ¿de acuerdo? Pero cambié de opinión.

-¿Por qué?

-Lo siento -se disculpó ella, y Harry sintió un retorcijón en las tripas-. No eres el único que extraña a alguien, ¿sabes?

-¿Hablas de Negro?

-Exacto -dijo ella-. Yo también extraño a Guerrero. Creo que te vi a ti en él… Es decir, es inevitable.

Harry hizo silencio. En su egoísmo, siempre pensando en su propia pérdida, por un momento había olvidado que todos habían perdido a un ser amado en esa batalla. Inclusive Hermione.

Hermione lo miró a los ojos, y Harry se sintió culpable al comprobar en su mirada que ella sabía lo que él estaba pensando, y que había estado ignorando ese importante hecho.

-Pero tú no eres Guerrero -finalizó ella entonces, con esas cinco palabras que fueron como cinco puñaladas directo al abdomen. Un dolor que se extendió por el estómago de Harry y subió a su pecho, hasta penetrar directo en el corazón. -Son distintos universos, me di cuenta luego -ella negó con la cabeza, abstraída, con la mirada perdida en algún lugar que Harry no podía ver-. Has cambiado mucho. Desde el año pasado a este. Cambiaste tanto, pero tanto, que ya no te reconocí. No vi más a Macho. Vi a Harry. A algún Harry, más parecido al de siempre. Y me gustaba ese Harry. Creo que siempre me gustó, en cierta forma. Pero no eres Guerrero, lo siento. Yo me enamoré de otro Harry, uno que ya no está.

Harry se quedó en silencio, pensativo.

-Mira a Ron -siguió ella-. Al principio, cuando estábamos viviendo juntos, los tres, con tu madre y tu padre, con nuestros hijos, diablos, creí que Ron me miraba de esa forma. Supongo que vio en mí a la Hermione que él perdió, también. A la del Universo 2. Pero creo que finalmente se dio cuenta de que yo soy otra persona. Y es que lo soy. Por eso ahora está con Jose.

-Yo también me di cuenta de eso -dijo Harry entonces, hablando por fin-. Al principio miraba a Ron… Y buscaba a Negro en él, supongo. Pero cambié. Como dices, cambié mucho. Y decidí seguir adelante. Todos somos personas diferentes. En este universo, somos estos. Somos los que quedaron, nos guste o no. Con todo lo que eso implica. Con las diferencias y las similitudes. Con los gustos y con lo que sea que nos pasa por la cabeza a lo largo del tiempo… Y ahora me gustas tú. Me gustas tú, Hermione. La Hermione que eres, esta de aquí… La que eres tú aquí y ahora, sea de donde sea que vengas…

-Lo siento -ella se alejó un poco de él, y él volvió a sentir la puñalada en el pecho-. Lo siento por haberte ilusionado. No sabía esto. No sabía que yo te gustaba. Pero ahora que descubrí mi verdad… No puedo estar con otro Harry. No lo siento bien. No es lo correcto. No puedo estar contigo. Lo siento, pero seguiré adelante -se había puesto a negar con la cabeza frenéticamente, y se puso de pie muy nerviosa, alejándose más de él, hacia la puerta del dormitorio-. Seguiré adelante y buscaré algo más. A alguien más. Lo lamento, Harry… Tú deberías hacer lo mismo. Lo siento, debo irme.

Dicho esto, Hermione abrió la puerta del dormitorio y se marchó. Cerró con más fuerza de lo normal, dejando a Harry solo sentado en la cama de la chica.

Apenado, pero no del todo sorprendido por la conversación, Harry se quedó allí, mirando el suelo.

No sabía qué pensar. Tampoco estaba seguro de que hubiera algo que reflexionar. Simplemente, entendía a Hermione y sabía lo que debía pasar por la cabeza de la chica. De hecho, coincidía con ella en que quizás lo mejor para ella fuera seguir adelante y buscar otro chico, en vez de salir con él, lo que sin dudas la haría pensar en su relación con Guerrero continuamente, que quizás no fuera algo muy sano.

Mientras pensaba en todo eso, Harry quedó a oscuras en el cuarto. La electricidad funcionaba con una tarjeta que iba en la pared, y se ve que Hermione la había sacado de allí al marcharse, por lo que pasados unos segundos todo el cuarto quedó a oscuras. Harry se dejó caer en la cama, más cómodo en la oscuridad, donde el agotamiento que llevaba encima más rápidamente lo haría entrar en un sueño profundo que lo alejaría, por suerte, de todos esos pensamientos amargos.

Claro que primero debía conseguir las fuerzas para marcharse a su cuarto, no podía dormir en la cama de Hermione…

Pero tenía tanto, tanto sueño…

Empezó a quedarse dormido, lentamente. La imagen del desierto oscuro e interminable, cruel, estaba grabada en su retina.

Escuchó un ruido, pero lo ignoró.

Sería un sueño tan profundo y placentero. Esa noche, obtendría un merecido descanso.

Lo bueno de África es que nada extraño había vuelto a pasar desde que estaban allí. No había habido noticias, ni cosas extrañas sucediendo, solo un viaje normal como debía ser…

Escuchó otro ruido.

Mientras entraba en su sueño, Harry empezó a adquirir consciencia de que había algo con él en ese cuarto, en la oscuridad.

La forma oscura había regresado.

Cuando una suave carcajada de ultratumba sonó como un lúgubre susurro cerca suyo, Harry abrió los ojos de par en par, se incorporó en un segundo y aferró su varita con fuerza.

-¡LUMOS! -gritó, apuntando su varita por todo el dormitorio.

No había nada.

Empezó a respirar agitado. Un escalofrío le recorrió toda la espalda. Apuntaba con la varita en cada rincón, esperando ver la figura negra, los ojos rojos. Pero no había nada.

Si de verdad había estado allí, y no había sido un sueño, entonces se había marchado.


20. El engaño


-Hermione no va a volver, se fue a dormir con Malfoy, creo -dijo Luna, sin parar de reír.

Habían pasado unas horas, y Luna había regresado al cuarto totalmente ebria. Al parecer, sí se habían bebido todo el alcohol del hotel. Harry se había quedado allí, esperando por si aquella cosa aparecía de nuevo, pero nada había pasado.

-¿Con Malfoy? -preguntó entonces, sin dar crédito a sus oídos. ¿Tan rápido iba a dar vuelta la página Hermione? ¿Y con Malfoy?

-Ay, Harry, necesitas a otra chica -dijo Luna, con una sonrisa de oreja a oreja. Nunca la había visto tan ebria en la vida. Nunca la había visto ebria, de hecho. Si ya era tan alocada estando sobria…

-¿Cómo quién? -preguntó Harry, tratando de adivinar las intenciones en el rostro de su amiga, que parecía incapaz de dejar de sonreír.

-Como yo, tontito -Luna se acercó peligrosamente a él, sonriéndole de una forma que debió pensar que era atractiva, aunque en verdad parecía algo siniestra. Al llegar a él, lanzó sus dos brazos sobre sus hombros para abrazarlo. Harry temió que le vomitara encima.

-Luna, estás ebria.

-No estoy ebria -dijo ella, y lanzó un hipido-. De acuerdo, sí estoy ebria. Pero piénsalo, Harry. Tú y yo.

-No lo creo -él negó con la cabeza, tratando de quitar las manos de la chica de su cuello con la mayor delicadeza posible-. Deberías dormir, Luna. Ambos deberíamos…

-Harry, relájate -dijo Luna, y entonces se acercó a él muy rápidamente y empezó a besarlo.

Sin saber qué hacer, Harry le tomó los hombros y la apartó de él suavemente. Se había ruborizado por completo.

Entonces, recordó que Hermione estaba durmiendo con Malfoy. Y la indignación que le causó aquello fue suficiente para hacerlo replantearse toda aquella situación.

Luna era, después de todo, la única otra compañera de viaje que había allí. Si Hermione empezaba a salir con Malfoy, y él tenía que presenciar aquello a diario, no habría una mejor arma para contraatacar que estar él con Luna…

De pronto, toda aquella situación que en otro momento le hubiera parecido imposible y hubiera rechazado completamente, en ese momento adquirió perfecto sentido ante sus ojos de una forma increíble.

Luna ya se había dado por vencida, y estaba pidiéndole disculpas mientras trataba de llegar a los tropezones a su cama, aunque la verdad es que no podía distinguir siquiera donde estaban las dos camas, de lo ebria que estaba. Y entonces, Harry se acercó a ella, la giró hacia sí y la empezó a besar.

Luna respondió el beso con entusiasmo, y ambos se besaron de una forma bastante torpe. Harry pensó que Luna realmente no tenía idea de cómo besar. Era como si le hubieran explicado que bastaba con meter la lengua en la boca del compañero y empezar a moverla frenéticamente para todos lados una vez dentro, porque eso era precisamente lo que la chica estaba haciendo.

Harry la tomó de la cintura y la acercó hacia sí. Ella le rodeó el cuello con los brazos nuevamente. Se besaron un buen rato, Harry reprimiendo el asco por el aliento a alcohol que desprendía la chica, pero obligándose a continuar por el bien de su causa. Aunque por dentro una voz le decía que estaba mal utilizar a Luna para dar celos a Hermione, otra voz en su cabeza le recordaba que Hermione estaba con Malfoy en ese momento, y cuando aquella voz hablaba Harry atraía más a Luna hacia sí y la besaba con más pasión.

Llegó un punto en el que Harry supo que Luna no iba a moverse de allí. Parecía incapaz de tomar cualquier tipo de iniciativa, ya sea girar un poco la cara para evitar que se les entumecieran las lenguas, o mover su mano, o nada. Su única iniciativa fue el primer beso inicial, y todo quedó ahí. Si Harry no tomaba control de la situación, tendrían que seguir besándose de esa misma forma extraña el resto de la noche.

Así fue que Harry dio unos pasos hacia la cama, y llevó a Luna con él. La empujó suavemente sobre las sábanas, y se posicionó con cuidado encima de ella. Volvió a besarla, ambos acostados ahora, él arriba.

Los ojos azules de Luna le devolvieron la mirada, un poco entrecerrados por la borrachera, mientras él le apartaba el rubio cabello de la cara para probar nuevamente esos labios que, una vez que uno dejaba atrás la sensación que producía el intenso sabor y olor a alcohol, eran de hecho unos labios bastante agradables y suaves, que se sentía muy bien besar. Su lengua tampoco estaba mal, aunque se moviera de forma tan frenética por toda su boca, como tratando de abarcar cada rincón de la dentadura y encías de Harry, todo a la vez. Dejando eso de lado, tenía un sabor dulce y que se antojaba agradable.

Harry empezó a desvestirla, sin pedir permiso. Si iba a hacer eso, lo haría bien y de forma completa.

Luna respondió ayudándolo a quitarse la ropa. Se quitó la túnica azul pálido que llevaba puesta, y quedó en ropa interior. Harry se quitó su propia túnica también, quedando en bóxer. Acarició las piernas pálidas y desnudas de Luna, pasando rápidamente la mirada por los calzones color celeste que tenía puestos la chica, ya que le pareció ver por el rabillo del ojo que tenían dibujos de algo parecido a bowtruckles, aunque no estaba seguro.

La besó nuevamente, y empezó a frotar la pelvis con la de ella. Sintió una erección potente, y le empezó a acariciar los pequeños pechos.

-Ay, Harry -susurró Luna, entre medio de una risita nerviosa y aun muy ebria-. Eres todo un loquillo.

Harry le quitó el sostén y se quedó mirando sus pechos. Es que le llamó poderosamente la atención que la chica tuviera un tatuaje a la altura de las costillas superiores que decía "El Snorkack de cuernos arrugados existe", con las letras en movimiento subiendo y bajando, como dando saltitos.

-¿Cuándo te hiciste esto? -le preguntó, curioso.

-En mi expedición a Suecia, con papá -respondió ella, afirmando a Harry con fuerza contra sí-. Aunque nunca encontramos al Snorkack, sabíamos que existía. Así que nos tatuamos esto.

-¿Él también?

-Sí, en la espalda. Y como ves, sí existía. Porque luego papá me regaló el cuerno de uno.

Harry recordó el cuerno que Luna afirmaba era de un Snorkack de cuernos arrugados, a pesar de que Hermione les advirtió que era un cuerno de Erumpent en realidad, que era peligroso y que podía explotar. Ese mismo día, el cuerno había explotado y destruido parte de la casa de los Lovegood. Así y todo, Luna y su padre habían seguido afirmando, posteriormente, que el cuerno siempre había sido de un Snorkack de cuernos arrugados.

Harry apretó la pelvis contra la de la chica, y entonces empezó a quitarle el calzón con una mano. Finalmente, ambos quedaron desnudos.

-Espera -dijo Luna, deteniéndolo de pronto y poniendo una mano en su pecho. Harry vio que lo miraba de pronto con miedo. -Nunca he hecho esto.

-¿Qué? -dijo Harry, atónito-. ¿De verdad que no? ¿Ni una sola vez?

Ella negó rápidamente con la cabeza.

-Pero tienes como treinta años.

-Pues sí, lo sé.

Harry se puso a pensar a toda velocidad.

-Quizás no sea lo mejor que lo hagas por primera vez así… ¿No lo crees? Es decir. Estás ebria, y quizás ni lo recuerdes.

-No, así es mejor -le aseguró ella-. Quiero que sea así. No quiero recordarlo.

-¿Y por qué me detienes entonces?

-Quería preguntarte si tienes protección.

-No necesito protección, soy mago -Harry frunció el ceño-. Verás… Se hace un hechizo, una sola vez, que impide cualquier tipo de embarazo o transmisión de enfermedades… Yo ya me lo hice, hace tiempo. Así que no hay riesgos. Si algún día quiero tener hijos, solo remuevo el hechizo y ya.

-Lo sé, no hablaba de ese tipo de protección.

-¿Y de cuál hablabas?

-Harry, la transmisión sexual de binkyvuz oblicua es un tema muy serio -dijo ella, borrando toda sonrisa de su rostro y poniéndose seria-. Es una bacteria que puede causar jaquecas y si no recibe tratamiento prematuro puede causar pérdida de la capacidad de hacer hechizos como el Lumos, invocaciones, y también el Wingardium Leviosa.

-Es Leviosá -la corrigió Harry.

-¿Cómo dices?

-Dijiste Leviósa. Es Leviosá. Solo digo.

-De cualquier forma, no quiero que se me pegue eso. Son hechizos muy útiles.

-De acuerdo -Harry decidió seguirle el juego, si bien estaba seguro que solo era uno de los muchos delirios y creencias absurdas de la chica-. ¿Cómo se hace para… tú sabes… hacerlo, sin que exista ese riesgo?

-No existe forma -dijo ella, y sonrió de nuevo-. Por eso no hay que tener sexo. Es mejor no hacerlo.

-Pero dijiste que había una protección.

-No. Te pregunté si tenías protección. Porque existen unos pocos magos que aseguran haber encontrado una protección contra el binkyvuz oblicua. Pero jamás revelaron cual es. Y como tú eres un gran mago, Harry, pensé que quizás la habías encontrado.

Se lo quedó mirando a los ojos, y Harry se quedó unos instantes inmóvil y en silencio. Lentamente, recorrió con la mirada el cuerpo desnudo de Luna. Ambos estaban desnudos, él sobre ella, sus cuerpos pegados el uno al otro, candentes. Sus corazones palpitando rápido. Sintiendo el calor en su piel. No podía simplemente abandonar la situación llegado a ese punto…

Tratando de callar la voz de su consciencia que le gritaba que todo aquello estaba terriblemente mal, Harry dijo:

-¿Sabes qué, Luna? No quise decirlo, para no presumir. Pero sí. Sí la he encontrado. Encontré la protección para el binkyvuz oblicua.

Luna abrió grandes los ojos.

-¿De verdad? ¿Cuál es?

-No puedo decirlo -Harry sonrió-. Los pocos magos que la sabemos, no podemos decirla.

-¿Por qué no?

-No hay explicación -dijo él, ya sin ideas.

Luna pareció dudarlo un poco, pero estaba muy borracha para poder entender nada.

-De acuerdo -asintió con la cabeza-. Sigamos entonces.

Harry y Luna volvieron a besarse con frenesí, ella girando la lengua en círculos a toda velocidad en la boca de Harry como si fuera una competencia de velocidad donde la lengua más rápida ganaría, y Harry le recorrió el cuerpo con las manos, sintiendo la piel por todo el cuerpo de la chica, y finalmente empezó a penetrarla lentamente.

Sintió su pene erecto entrando por los labios vaginales de la chica, que claramente jamás había hecho eso antes, porque la cuestión estaba costando un poco, y se notaba que cada pequeño milímetro que ingresaba en ella le causaba dolor. Fue un proceso largo y difícil, hasta que finalmente Harry alcanzó un ritmo normal.

Empezaron a moverse, juntos, ella con expresión de dolor, pero también de goce. Harry empezó a disfrutar del momento, empezó a sentir placer, cuando de pronto oyó:

-¡OHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!

El gemido de Luna fue brutal y tan audible que Harry se llevó un sobresalto. No recordaba que hubieran lanzado un encantamiento muffliato en el cuarto. Rápidamente, se apresuró en hacerlo.

-¿Estás bien? -le preguntó.

-Sí -dijo Luna, sonriendo ampliamente-. Creo que me vine, Harry. Y mucho. Fue muy rico.

-Genial -dijo él, un tanto nervioso-. No han pasado ni cinco minutos, pero…

-¡OH! -la chica volvió a gemir, y Harry agradeció haber hecho ese hechizo-. ¡Ahí va de vuelta! ¡Rápido, sigue!

Harry obedeció y la penetró una y otra vez, abrazándola y sintiendo el sudor correr por la piel de ambos mientras se miraban a los ojos, a centímetros uno del otro, y él la penetraba continuamente. Luna cerró los ojos con fuerza y abrió la boca exageradamente.

-¡OOOOOHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH! -gritó, con placer.

-¿Otra vez? -preguntó Harry, sin poder creerlo.

Ella asintió.

-¡No frenes! -gritó Luna. Y entonces, sus ojos se abrieron, y Harry vio algo nuevo en ellos, que no creyó ver en Luna nunca: furia. -Dije que no frenes, hijo de puta.

Luna empezó a mover la cadera hacia arriba, presionando a Harry contra ella con violencia. De pronto, Harry sintió miedo. Parecía que Luna acababa de ser poseída por un demonio. O un binkyvuz oblicua, quién sabe.

-¡MÁS FUEEEEERTEEEEEEEEEEE! -gritó la chica, con un alarido que casi lo deja sordo.

Harry se movió más fuerte, obediente.

-¡SÍ! -aulló Luna, frenética-. ¡SÍ! ¡SÍ! ¡ASÍ! ¡MÁS RÁPIDO! ¡MÁS DURO! ¡OH, QUÉ PLACER! ¡NO SABÍA LO RICO QUE ERA ESTO! ¡AAAAYYYY!

Su boca quedó abierta unos veinte segundos mientras un espasmo recorría todo el cuerpo de la chica, que quedó paralizada y con los ojos cerrados, claramente teniendo otro orgasmo más. Harry se dio cuenta entonces que la chica era muy sensible a los orgasmos y que estaba teniendo uno tras otro, de forma incontrolable.

Sin animarse a detenerse, por miedo a que lo golpeara o le lanzara un maleficio, Harry continuó moviéndose más y más, con más rapidez, obedeciendo a las demandas de Luna, que se estaba alocando más allá de los límites que él había conocido en ella antes.

-¡AHORA PÉGAME, HARRY, PÉGAME! -gritó, luego del sexto orgasmo.

-¡No voy a pegarte! -dijo él, asustado, moviéndose a toda velocidad encima de ella, muy agitado y exhausto.

-¡PÉGAME, MALDITO PEDAZO DE MIERDA, O TE ARRANCO EL PENE!

Aterrado, Harry le dio una suave palmada a Luna en un glúteo.

-¡COMO HOMBRE, IMBÉCIL!

Harry le pegó un poco más fuerte, y le chica empezó a golpearse ella misma en los glúteos, dándose cachetazos muy fuertes que le dejaron la piel marcada de rojo.

Harry estaba aterrado y quería finalizar aquello, pero no sabía cómo. Luna parecía no querer parar nunca, y si era por ella seguramente seguirían así hasta el orgasmo número cien.

Entonces, tuvo una idea. Harry se concentró, aceleró el ritmo, la besó, tratando de gozar de aquello todo lo posible, y finalmente, sintió como él mismo tenía un orgasmo, mientras la penetraba. Sintió cómo su cuerpo se estremecía y también el de Luna, que llegó con él, al mismo tiempo.

Luego de acabar, Harry se apartó de ella y la miró, deseando con todo su ser que no le pidiera seguir.

-He acabado -le dijo, exhausto-. Estuvo muy bien, Luna.

Ella pareció dudarlo. Parecía que le pediría continuar, pero lo pensó dos veces, mientras él se hacía el distraído y se acomodaba en la cama.

-Si, fue genial -dijo la chica entonces, un poco más tranquila.

Y entonces, de la nada, la cabeza de Luna cayó para atrás y la chica se quedó profundamente dormida, roncando sonoramente con la boca abierta.

Harry respiró agitado y se sujetó el pecho.

Aquella no había sido la noche que había imaginado.

A la mañana siguiente, cuando despertó, Harry vio que un dorado cabello de Luna brillaba con la luz del sol encima de su cara, visible muy de cerca a sus ojos.

Aquello no estaba bien.

Con un dolor de cabeza que no sabía de dónde había salido, ya que el no se había emborrachado como ella, se giró lentamente y vio que la chica dormía y roncaba profundamente junto a él, en la cama. Ambos seguían desnudos y ella tenía sus piernas entrelazadas con las suyas.

Harry se sintió aterrado. ¿Cómo había pasado aquello?

Es decir, sí, recordaba cómo había pasado. ¿Pero por qué? No se sentía bien consigo mismo. Sentía que había engañado a Luna para tener sexo. Él no era así. Le había mentido. Le había hecho entender que él estaba interesado en ella, o que quizás siempre lo había estado, lo que claramente era mentira; para tener sexo con ella y poner celosa a Hermione. ¿Desde cuándo él era así?

Bueno, el año anterior se había vuelto un alcohólico sin remedio que casi arruina todos sus planes por su adicción a la bebida, pero sin contar eso, no parecía ser la clase de cosas que él haría.

No contento con haberle hecho creer aquello para utilizarla, Harry luego le había mentido explícitamente al decirle que había encontrado la cura para el binkyvuz oblicua, lo que evitaría que la chica contraiga una enfermedad de transmisión sexual que le impidiera realizar correctamente un Wingardium Leviosa. Aquello, sin embargo, era una mentira blanda. Es decir, él estaba 100% seguro de que no existía nada como aquello y que era todo un delirio de Luna, así que no corrían riesgo alguno de algo tan absurdo.

Pero su cabeza empezó a partirse del dolor, y la culpa trepó a ella y a su garganta. Había sido la primera vez de Luna, encima de todo.

¿Qué había hecho? Pobre Luna. Tan inocente, tan dulce y tierna siempre.

No merecía que la utilizaran y le engañen así. Se sentía una basura. Se sentía la peor persona del mundo.

-Harry… -dijo Luna, abriendo los ojos y sonriéndole-. Oh, Harry, no fue un sueño.

-No -dijo él-. No lo fue. Dormimos juntos. Tú y yo.

-Oh, qué bueno Harry. Siempre quise que terminemos juntos tú y yo, un día…

Se acercó para besarlo en los labios, y él la detuvo con suavidad.

¿Cómo hacía para dejar de sentirse así de culpable?

-Luna, lo siento -dijo, porque ya no podía más con la culpa-. Creo que te utilicé… Lo lamento tanto. Creo que solo quería poner celosa a Hermione, y tú no mereces eso…

-Lo sé -dijo ella, rápidamente.

-¿Lo sabes?

-Sí, Harry, fue mi plan -explicó ella, sonriendo más.

-¿Cómo que tu plan?

-Lo siento, Harry -ahora ella puso expresión de culpa-. Te mentí. No debí hacerlo. Hermione jamás se fue con Malfoy, ni nada parecido. Fue todo una mentira mía para llevarte a la cama. Lo siento tanto.

Harry se quedó en silencio, estupefacto.

-¿Me mentiste?

-Pero es que estaba borracha, Harry, debes entenderme -dijo ella, en una extraña mezcla entre culpa y diversión por cómo lo había engañado-. En verdad, Hermione se había ido a llorar a unos baños abajo, y creo que pasó allí toda la noche, llorando. No lo sé. No me importa tampoco -se encogió de hombros-. Ya sabes cómo es ella. Siempre anda por los rincones llorando.

Harry abrió la mandíbula de par en par, sin poder creer lo que oía.

-No debí mentirte al decirte que era virgen.

-¿Eso también fue mentira?

-Y debiste ver tu cara cuando inventé aquello de los binkyvuz oblicua -Luna empezó a reírse despiadadamente, y Harry sintió deseos de pegarse un tiro en la sien-. Ay, Harry, ya no tengo quince años, ahora tengo treinta. No soy ninguna tonta. ¿Y cómo iba a ser virgen con treinta años? Y tú realmente me creías todo. Lo siento, es que estaba muy borracha, sino yo no soy así. No sé qué me pasa cuando me pongo ebria, de pronto me pongo a tomar de idiotas a todos. ¡Pero fue tan gracioso!

Luna reía más y más, y de pronto se ponía seria y trataba de mantenerse así, pero aún tenía parte del efecto del alcohol, y se reía de nuevo sin poder contenerse.

-¡Lo siento! -dijo de nuevo.

Harry exhaló un suspiro y se quedó acostado en la cama, mirando el techo.

¿Cómo era que siempre, cuando se trataba de mujeres, él acababa siendo el imbécil?