21. El Cairo, EG
El brillante e intenso sol del mediodía golpeaba contra las paredes color marrón, gris y amarillo de la ciudad de El Cairo. Personas con chales, carteles con inscripciones en árabe, mezquitas de todos los tamaños y el sonido de las personas rezando varias veces al día, llamados por los almuecines, eran el paisaje que los envolvía.
Malfoy caminaba a pasos largos, mirando alrededor con el ceño fruncido y una expresión de algo parecido a asco. Llevaba puesta una túnica negra larga, y se había hecho un extraño corte de cabello esa mañana, él mismo, al parecer, más corto de lo normal y en vez de engominado hacia atrás como era usual en él tenía el corto cabello rubio parado y corto a los lados. Lo hacía ver un poco menos viejo, ya que con las profundas entradas que había adquirido con los años, el engominado hacia atrás ya no lo favorecía.
Ron caminaba junto a Harry, a poca distancia de él, sumidos en una conversación sobre quidditch que Harry sin lugar a dudas había extrañado. Como esa mañana habían visto en televisión, en un bar muggle, un partido de quidditch de la liga inglesa nacional, ya que ahora los muggles se habían empezado a interiorizar en este deporte; de pronto habían recordado que el quidditch existía y que eran fanáticos del deporte, por lo que se pusieron al día rápidamente de todo lo que habían oído de los últimos partidos de la liga europea.
Luna iba a una distancia menor de ellos dos, hablando con Jose sobre la ciudad de El Cairo, que al parecer le había gustado mucho a ambas. Ese día, habían decidido dedicarse a disfrutar, para poder recuperarse de lo extenuante que había sido el desierto, y recorrer, ir a bares y lugares turísticos y disfrutar del día.
Hermione se había quedado en el hotel. No había querido ir con ellos. Y eso le había sentado muy mal a Harry, que no sabía si ir a hablar con ella o qué hacer. Pero se le hacía muy hipócrita de su parte acercarse a decirle nada, porque ella ya se había enterado de que él "ahora andaba con Luna", ya que Luna se lo había dicho a todos en el desayuno y parecía estar muy contenta con todo el tema. Y claro, habiendo pasado solo unas horas después de que Hermione le dijera a Harry que no podían estar juntos, era una movida que hacía quedar muy mal a Harry. ¿Qué podía decirle a Hermione? No podía decirle nada.
Esa tarde, hubo fotos de Harry y Luna sonriendo juntos ante las pirámides de Giza, otras con la parejita fingiendo que las pirámides cabían dentro de sus manos, haciendo mímica ante la cámara a la distancia, otras con ambos poniendo cara de sorpresa mientras en el fondo se veía la pirámide escalonada de Zoser, e incluso hubo una serie de fotos tomadas con el celular de Jose donde Ron también estaba con ellos dos, frente a la pirámide de Unis, y los tres ponían sus manos torcidas en la pose típica de los faraones egipcios conocida por jeroglíficos.
Para cuando se hizo de noche, la diversión pareció llegar a su fin y todos regresaron al hotel. Comieron en el restaurante, y mientras estaban sentados a la mesa los cinco de ellos, conocieron un grupo de magos de Inglaterra que estaban en ese hotel también, y se pusieron a hablar con ellos. Eran todos de entre veinte y treinta años, y resultó que estaban de viaje también realizando el Magic World Tour.
-Tenemos siete pepitas de oro -les dijo uno de ellos, un joven que Harry estaba seguro haber visto en Hogwarts alguna vez, pero era difícil de decir porque ahora debía tener veinte años más que en ese entonces, cuando Harry lo habría visto con once o doce años. -Conseguimos varias aquí en África.
-Nuestro viaje empezó aquí, de hecho -dijo una chica que se llamaba Scarlet Alchin, que tenía diecinueve años y había estudiado en Hogwarts pocos años atrás, por lo que Harry jamás la había visto antes-. Después de dejar Inglaterra, nos vinimos directo a África.
La charla continuó un rato más, y finalmente todos se fueron a dormir. Harry no vio a Hermione durante todo ese día, hasta ir a dormir inclusive, pero supo que seguía en el hotel porque preguntó en la recepción y no tenían registrado que se hubiera ido. Decidieron cambiar habitaciones, para no molestar a Hermione. Ron y Jose mantuvieron la suya, Luna se fue de la habitación que antes debía haber compartido con Hermione, y se pasó a la de Harry, que debía haber compartido con Malfoy. Malfoy se fue de la habitación y, como no tenía donde dormir, le dijeron que se fuera a un sofá de una salita de descanso que había fuera de las habitaciones, con sofás y mesitas.
-Yo pagué este hotel -protestó él, ante Harry, Luna, Jose y Ron.
-Lo siento, amigo -dijo Luna, mirándolo con expresión de pena-. Quizás te puedan reservar otra habitación en la recepción.
-Dicen que no hay, que está todo lleno, ya pregunté -dijo él.
-Estoy seguro de que aquel sofá de allí es bastante cómodo -Ron señaló la zona de los sofás-. ¡Buenas noches!
Él y Jose desaparecieron tras una de las puertas. Luego, Harry y Luna se despidieron de Malfoy también, se metieron a su dormitorio y cerraron la puerta tras ellos.
-¿No estamos siendo muy malvados con él? -preguntó Luna, entre risas, mirando a Harry mientras iba hacia la cama, y este se encogió de hombros.
Harry se sintió algo nervioso luego de eso. Era su primera noche desde que "estaba de novio con Luna". Ni siquiera se sentía así, porque ese día no era como que hubieran andado a los besos por todos lados ni nada así. De hecho, su forma de llevarse había sido igual a cualquier otro día.
Ella pareció sentirse igual, porque se la veía muy nerviosa mientras abría su mochila extendida y buscaba con su varita en el interior, sacando su pijama.
Harry se dio cuenta de que Luna estaba haciendo tiempo, fingiendo que buscaba algo allí dentro. No sabía si se debía a que le daba vergüenza la situación en sí, o quizás no quería cambiarse delante de él. Así que, para aflojar la tensión, Harry tomó su cepillo de dientes y se fue hacia el baño. Quizás, de esa forma, la chica no tendría que verse obligada a vestirse delante de él.
Estando ya en el baño, con el cepillo de dientes en la boca, Harry se miró a sí mismo en el espejo y vio el rostro de un joven de veinte años que parecía de una edad un poco mayor a esa. ¿Se debería esto a que ahora vivía en una época donde él debería haber tenido cuarenta años en lugar de veinte?
Empezó a preguntarse cómo seguir con aquello. ¿Volvía a la habitación y se acostaba en la misma cama con Luna? No se sentía natural. Ahora que ella no estaba ebria y él no estaba despachado por el abandono de Hermione, no parecía tener mucho sentido su unión. Sabía que Luna debía sentirse igual. Ni siquiera estaba seguro de que él le gustara. Quizás la mujer solo había querido acostarse con él por la borrachera, y ahora ya no sabía tampoco cómo continuar la relación.
Entonces, mientras se miraba al espejo y pensaba todo aquello, se dio cuenta de que era ridículo hacerse todos esos planteos él solo ante el espejo, escondido allí. Debía hablarlo con ella. Ir a la cama y hablarlo con Luna, entre ambos. Tenían confianza, se conocían hacía muchos años, y estaba seguro de que era mejor hablarlo entre ambos que él solo ante sí mismo en el baño.
Harry respiró hondo, guardó el cepillo de dientes en su contenedor plástico y salió del cuarto con decisión.
Su rostro de sorpresa y susto fue indisimulable, sin embargo, cuando al salir de vuelta al cuarto se encontró ante no solo Luna, sino también Ron y Jose, que estaban sentados al borde de la cama de la chica.
-¿Qué hacen ustedes aquí? -preguntó Harry, desconcertado.
-Ah, estábamos hablando de Malfoy -dijo Jose, alzando la mirada hacia Harry.
-Lo siento -Ron pasó su mirada entre Luna y Harry-. Le dije a Jose que no debíamos interrumpirlos. Es su segunda noche juntos. Quizás… Ustedes dos… Querían…
Se notaba que no sabía cómo acabar la frase. Ruborizado, Ron miró a Luna y luego a Harry, dubitativo.
-No hay problema -dijo Luna entonces, que no lucía menos nerviosa que antes-. Pensé que quizás ustedes dos estarían en medio de algo.
-¿Nosotros? -Jose lanzó una carcajada, miró a Ron y rio aún más fuerte.
-¿De qué te ríes? -le lanzó Ron, molesto.
Jose se apartó el cabello de la cara, muy sonriente.
-Ron y yo estamos juntos hace meses ya -dijo la chica, muy divertida-. Lo único que pasa en nuestra cama es que Ron se tira pedos y yo lo golpeo.
-¡Oye! -protestó él, furioso-. ¡Tú también te tiras pedos!
Harry lanzó una carcajada. Se sentía mucho menos nervioso con ellos dos allí, y agradecía por dentro que hubieran aparecido en el cuarto, en vez de haber tenido que tener toda una charla con Luna sobre su incipiente relación.
-Sí, hemos envejecido tan rápido -dijo Jose entonces, mirando a Luna con más seriedad-. Realmente fue un envejecimiento total de la relación en solo unas semanas. Ya parece como si lleváramos años de casados.
-Es cierto -coincidió Ron-. Ya no nos toleramos mutuamente.
-Lo detesto -dijo Jose, mirando a Ron con cara de desprecio fingida, y luego sonrió-. Maldito pelirrojo horrible.
-Maldita muggle -le dijo Ron, fingiendo desprecio hacia ella también. Pero entonces ambos se sonrieron mutuamente y se acercaron para darse un beso en los labios.
Harry sintió una calidez por dentro que no sentía hace un tiempo. Era tan extraño ver a Ron, a ese Ron en particular, siendo feliz con una chica nueva en sus vidas, y darse cuenta de que estaba muy feliz por él. Harry cruzó una mirada rápida con Luna, que de pronto se ruborizó. Aquella Luna, de treinta años y ligeramente más madura que la que habían conocido ellos anteriormente, también le caía bien. Eran, sin lugar a dudas, la mejor compañía que podía haber pedido en una noche como aquella, en Egipto.
-¿Y qué hablaban de Malfoy? -preguntó Harry, sentándose al borde de la cama de Luna también.
-Ron tiene una teoría -dijo Jose.
-Sí, la tengo -Ron miró a Harry, con seriedad, y algo extraño en la mirada que Harry no supo descifrar. ¿Miedo?
-¿Cuál? -preguntó Harry.
Luna y Jose miraron a Ron, con atención.
-Miren, sé muy bien cuál es mi papel en nuestra historia -dijo Ron, poniéndose serio.
-¿De qué hablas? -preguntó Harry.
-No finjas que no sabes de qué hablo -dijo Ron-. Sé que eres muy modesto y todo, te conozco ya mejor que a nadie más, Harry, después de tantos años -Ron respiró hondo-. Tú eres siempre el que acaba teniendo razón, y yo el que se equivoca.
-No es cierto -quiso contradecirlo Harry.
-Sí lo es, y todos lo saben -dijo Ron.
-Sí, es verdad -dijo Jose, asintiendo. Luego rio y se puso seria otra vez. -Lo siento. Continúa.
-Miren, puedo probarlo tranquilamente -dijo Ron-. En primer año, yo tenía la teoría de que Snape era el malo, y resultó estar salvándonos.
-Eso no es justo, todos teníamos esa teoría de Snape -dijo Harry.
-Sí, solo porque ustedes aun eran muy jóvenes, pero déjame continuar. En segundo año, yo creía ciegamente que Malfoy era el heredero de Slytherin, lo que resultó ser falso.
-Todos los creímos.
-Pero yo incluso quise convencer a Hermione de que el diario de Riddle no era más que un viejo diario que alguien le regaló a Riddle para navidad y él no se molestó en llenar.
-No recordaba eso.
-Siempre he sido el que niega las teorías que resultan ser ciertas, el que no cree en las ocurrencias de Hermione y tú…
-¿Sabías que hay una teoría que dice que tú siempre has sido un mortífago? -preguntó Luna, mirando a Ron con seriedad.
Todos hicieron silencio y se quedaron mirando a Luna.
-Cuando dices, "hay una teoría"… -empezó Harry.
-Tú sabes, ustedes son famosos -explicó la mujer-. La gente los conoce, y algunos han elaborado teorías sobre su famosa historia. Voldemort y todo.
-Sonaba como si te refirieras a fans, y nosotros fuéramos personajes de una película, o libro, o algo así -dijo Jose.
-En verdad, es una teoría fascinante -Luna cruzó las piernas arriba de la cama y las rodeó con sus brazos. Parecía fascinada de poder contar su nuevo delirio. -La teoría dice que Ron siempre ha sido un mortífago que pasaba información de Harry a Lord Voldemort, y por eso este ha tenido siempre mucha información sobre Harry. Sobre todo, un punto central de la teoría es que responde a la pregunta casi imposible de cómo hizo Ron para abrir la Cámara Secreta hablando en pársel solamente habiendo oído a Harry hablar dormido, lo que no tiene sentido.
Todos hicieron silencio nuevamente, mirando a Luna estupefactos.
-¿Esas cosas son de conocimiento común? -preguntó Harry, indignado-. ¿La gente, en general, sabe esos detalles de nuestras vidas?
-Como decía -continuó Ron, notoriamente decidido a ignorar a Luna-, en tercer año pasó lo mismo. Yo defendía a Scabbers a muerte. Estaba seguro de que el villano era Crookshanks…
-¿Qué pasó con ese gato? -preguntó Luna, con curiosidad-. Jamás lo volví a ver.
-No tengo idea -dijo Harry-. Creo que lo vi hace uno o dos años, en algún lado.
-Quizás no sobrevivió a la Guerra de los Universos -dijo Jose, pensativa.
-Quizás ahora tiene cuarenta años, como Malfoy -dijo Luna.
-No creo que Dumbledore haya creado un universo específicamente para traer a la batalla a un gato -dijo Jose.
-Como decía -repitió Ron, con fastidio-, me equivoqué de nuevo, ese año. Resultó que tenía al villano de la historia conmigo, todo el tiempo, en forma de mi mascota. Una vez más, todo estaba bajo mis narices y yo no tenía idea.
-Lo que demuestra la teoría -dijo Luna, abriendo grandes sus ojos azules-, de que eres un mortífago.
-Puedo seguir toda la noche -dijo Ron, ignorándola-. Siempre ha sido así. Yo jamás estuve sobre la pista correcta, en nada de todo lo que nos ha pasado.
-Y les han pasado muchas cosas -completó Jose.
-¿Qué me dices de en cuarto año? -preguntó Luna.
-Pues no sé si alguna vez se los dije, pero yo estaba convencido de que Krum era quien había metido a Harry al torneo -dijo Ron.
-Vaya novedad -Jose revoleó los ojos-. Seguro que fue porque era el interés romántico de tu adorada Hermione.
-Sí, supongo que sí -reconoció Ron, encogiéndose de hombros-. De nuevo, nunca hubiera pensado que Moody fuera el culpable.
-No entiendo a qué quieres llegar con esto -dijo Harry, un poco agobiado por esa conversación-. Ni Hermione ni yo tampoco teníamos la más remota idea de eso.
-Pero es diferente -dijo él, levantando un dedo, para marcar un punto importante-. Ustedes nunca sabían exactamente qué era lo que estaba pasando, porque siempre era algo muy secreto y muy oculto que nadie habría imaginado. Pero ustedes siempre elaboraban teorías, teorías que estaban mucho más cerca de la realidad de lo que yo podría pensar. Yo siempre fui el que negaba esas teorías, el que descreía de ellas, y los alejaba de la verdadera pista. A eso quiero llegar.
-¿Y por qué sales con todo esto? -preguntó Harry.
-En sexto, tú desconfiaste de Malfoy -dijo Ron-. Y nadie te creía. Todos pensaban que solo creías que fuera un mortífago porque te caía mal. Pero resultó que tenías razón, en cada detalle.
-Habrá sido la primera vez que estuve en lo cierto con lo que pasaba -Harry se encogió de hombros.
-No, no lo fue -dijo Ron, señalando su punto-. Tú eras capaz de proponer teorías que resultaron ser ciertas. Yo jamás estuve en lo cierto, en nada. Mi única teoría fue que Dumbledore había vuelto a la vida, cuando buscábamos los horcruxes, y que él te había convocado con ese patronus en el bosque. Al final había sido Snape.
-Quizás viste demasiado El Señor de los Anillos -sugirió Jose-. Y por eso creíste que Dumbledore no había muerto.
-¿El Señor de los Anillos? ¿Qué es eso? -preguntó Harry.
-Algo muggle -dijo ella-. No puedo creer que los magos no sepan qué es eso, pero sí sepan qué es Babbitty Rabbity y su Cepa Carcajeante.
-Entonces, recapitulando -Harry se cruzó de brazos-, lo que estás tratando de decir, Ron, deduzco, es que tienes una teoría, pero piensas que nadie te va a tomar en serio porque anteriormente crees no haber acertado con nada.
-Exacto.
-Pues dinos la teoría -dijo Harry-. ¿Cuál es? Sí vamos a tomarte en serio. De hecho, yo no tengo ninguna teoría sobre la situación en la que estamos actualmente. No sé si mi cerebro sufrió algún daño durante la Guerra de los Universos o qué, o quizás ya son tantas cosas que nos pasan año tras año que ya no tengo neuronas para pensar ninguna teoría más.
-Pues yo sí pensé en una -dijo él, de pronto entusiasmado.
-Ha sido la introducción más larga que nadie haya dado nunca para decir una teoría -dijo Luna-. Ya dila.
-De acuerdo, de acuerdo -Ron se aclaró la garganta, algo nervioso-. Bien, esta es mi teoría. Aquí va:
