23. Lalibela, Simien y Dallol, ET
Por algún motivo, Harry pensó que Draco también se habría ido. Pero no. Resultó que se había quedado dormido en uno de los sofás en el pasillo fuera de las habitaciones, y no se había enterado de nada. Harry les explicó a todos que Hermione los había dejado, y les mostró la carta.
Al día siguiente dejaron El Cairo. Fue una partida triste, sombría. Sin Hermione, sentían que cada vez eran menos transitando ese viaje. Por supuesto que no era lo mismo que con Neville, ya que sabían que Hermione estaba bien y tenían la tranquilidad de que estaba haciendo el viaje también, por su cuenta, tratando de alcanzar un objetivo personal y no perdida e inclusive con la posibilidad de estar en una dimensión alterna infernal como en el caso de Neville. Pero Harry no podía evitar sentirse triste y vacío sin Hermione.
Inclusive con Luna ahora actuando al cien por ciento como su novia, abrazándolo y besándolo efusivamente cada vez que tenía la posibilidad, no podía llenar el vacío que lo invadía por dentro.
Ese día tomaron sus escobas y volaron alto, lejos de Egipto y hacia el sur. Sobrevolaron Sudán a toda velocidad, siempre rumbo al sur. Esta vez se sentían mucho mejor al hacer largas distancias en escoba, porque estaban bien alimentados y descansados. De hecho, de no ser por lo de Hermione, Harry habría disfrutado bastante los increíbles paisajes que iban pasando en el camino. Primero todo era desierto, al norte, y a medida que avanzaban hacia el sur el desierto dio paso a una región semiárida, y luego a una región de servas tropicales.
De esa forma, pudieron conocer en una misma tarde la gran transición de contrastes del continente africano: desierto al norte, selva profunda en el centro del país.
Finalmente llegaron a su destino: Etiopía. No tenían pensado conocer Somalía, lamentablemente, porque les advirtieron en el hotel que, si bien tenía verdaderas maravillas naturales para conocer, era bastante inseguro, incluso para magos.
Cuando llegaron a la frontera al norte de Etiopía, unos magos les hicieron señas desde el suelo, con lo que tuvieron que bajar de sus escobas.
-Rayos, nuestra buena suerte de cruzar fronteras en escoba sin que nos detengan se terminó -murmuró Jose.
Los muggles abajo, que tenían armas, les pidieron sus pasaportes haciéndoles señas y hablándoles en un inglés con acento a otra lengua que no conocían.
-No tenemos, somos magos -dijo Ron, que lucía algo molesto.
-Déjame hablar -dijo Jose-. Hola, buenas tardes. Somos magos, aquí tienen nuestras varitas.
Le tendió la varita suya, y todos hicieron lo mismo tras ella. Los muggles armados tomaron las varitas y empezaron a examinarlas, mirándose entre sí. Harry no se sentía muy cómodo entregando su principal arma de defensa, pero luego de recorrer dos continentes ya se había enterado que la varita de un mago cumplía el papel de los pasaportes muggles para cruzar fronteras, así que les pasó la suya también.
Los muggles armados empezaron a hablar entre sí en una lengua que Harry no reconoció. Ron, que buscaba algo en su teléfono, le mostró la pantalla de su celular, y Harry vio que había buscado, con el micrófono, qué lengua era aquella en internet, y decía "amárico".
Finalmente, luego de mirar las cinco varitas desde todos los ángulos posibles, y hablar un rato con Jose preguntando de dónde venían y hacia dónde iban, los dejaron pasar. Los cinco amigos cruzaron la frontera e ingresaron con sus escobas y sus varitas de regreso en territorio etíope.
Fue una tarde turística: Ya que estaban en el norte, donde estaban los principales atractivos que querían conocer, fueron directo a Lalibela, el lugar que más ganas tenía de conocer Jose. Y resultó ser genial: Una roca enorme con forma de cruz hundida en el suelo marcaba el lugar perfecto para una fotografía en Etiopía. Los cinco posaron ante el impactante monumento y sonrieron a la cámara del celular de Luna, que flotaba en el aire mediante magia ante ellos, mientras Harry sacaba la foto a la distancia accionando el botón con su varita.
-No me había dado cuenta -dijo Jose-, pero el poder hacer levitar los celulares y accionar sus botones con la varita es casi como tener un drone.
-¿Lo ves? -le dijo Ron-. Los magos tenemos mejor tecnología, si lo piensas.
Como se hizo tarde, buscaron un lugar donde dormir. La búsqueda se orientó a alguien que los hospedara con Worldhosts, ya que no podían gastarle todo el dinero a Malfoy en hoteles continuamente. Sorprendentemente, una familia de magos que tenía ocho hijos los recibió en su casa de una aldea cercana, con alegría. Los reconocieron, incluso en esa parte del mundo, y los ocho niños de entre cinco y diez años corrieron alegres alrededor de ellos saltando y festejando que unos magos famosos como ellos los visitaran. Ese fue el mejor momento del día, ya que la alegría de los niños era muy contagiosa.
A la mañana siguiente, Harry despertó primero, en aquella aldea al mismísimo amanecer. Estaban rodeados de algunas casitas rústicas con techo de paja y forma cilíndrica. Alrededor todo era un campo que se extendía en la distancia, hasta el horizonte donde se extendía el rojizo amanecer.
Solo, Harry anduvo varios pasos hasta el borde de la aldea y se quedó observando una colina que bajaba y se perdía a lo lejos. Una brisa de viento le alborotó el cabello y su cicatriz en forma de rayo fue visible mientras sus ojos se perdían en el amanecer y el horizonte, que eran bellísimos.
Hermione vino a su mente.
La noche anterior, había dormido abrazado con Luna. La mujer que, ahora sabía, tenía cuarenta y cuatro años, lo abrazaba y besaba cada vez que podía, y parecía que siempre hubiera gustado de él o hubiera estado esperando que ese momento llegaba.
Era una lástima que Harry no se sintiera igual. Quizás podrían haber hecho una linda pareja.
No sabía cómo iba a hacerlo, pero estaba decidido a terminar esa relación de inmediato. En cuanto la mujer despertara, le diría que ya no podían estar juntos. Si había tenido las fuerzas y la voluntad para matar magos tenebrosos, enfrentar dragones, y pelear una épica batalla multiversal, tenía las fuerzas para decírselo.
Mientras caminaba y se alejaba de la aldea, andando solo, algo empezó a despertar dentro de Harry. Su mente, normalmente agobiada de pensamientos y emociones, saturada de todas las cientos de cosas que no dejaban de pasarles cada día, de pronto estaba teniendo un momento de lucidez, de despeje, quizás motivado por ese precioso amanecer africano.
A medida que Harry caminaba más lejos de la aldea y de sus amigos, perdiéndose en las tierras etíopes en que estaban, mejor se sentía. Algo dentro suyo, una idea que iba aún más lejos que la de terminar con Luna, empezó a despertar.
-Quiero ir al parque nacional de Simien -dijo Ron, que buscaba en Google con su teléfono, mientras desayunaban unos tés que les prepararon personas de la aldea-. Tiene unas montañas espectaculares, e increíbles animales. Solo hay que mirar las fotos. Se ve genial.
-Yo quiero ir a Dallol -dijo Jose-. Es un cráter volcánico impresionante. Todo el suelo tiene colores verdes y amarillos surreales. Definitivamente hay que ir.
-¡Qué bello, amor! -Luna se aferró de un brazo de Harry y le sonrió, mirándolo de cerca.
-Ten cuidado, empieza a recordarme a Lavender -le susurró Ron a Harry al oído, sin que nadie oyera.
Ese día, hicieron ambas cosas. Fueron primero al parque nacional Simien, donde había una formación montañosa que creaba un paisaje inimaginable, vasto y que jamás habían visto en ningún sitio. Luego fueron a Dallol, un lugar aun más impresionante. Sus tierras de colores exóticos no parecían naturales. Estaban formadas de azufre, sulfuro y sal, según les dijo su guía local, una persona que conocieron en la aldea y los llevó a la travesía para mostrarles todo. Parecía un lugar más inhóspito inclusive que el mismísimo desierto del Sahara, y a la vez un paisaje extraterrestre.
Harry estuvo feliz de haber llegado hasta esa parte del viaje con sus amigos, porque realmente valió la pena, y pasó a convertirse en el mejor lugar en el que hubiera estado en todo ese año, y eso incluía todo Europa y norte de África.
-Hace muchísimo calor -dijo Luna, que parecía no poder terminar esa excursión, agotada.
-Este es uno de los dos lugares más calientes en la faz de la Tierra -dijo su guía, en ese acento de inglés que tenía la gente de allí.
-¿Cuál es el otro? -preguntó Malfoy, que siempre estaba particularmente callado.
-El Valle de la Muerte, en California.
-Oh, me gustaría ir allí también -dijo el muchacho.
-Mejor no -Luna se limpió el sudor de la cara, mientras caminaban.
Todos estaban tratando de hacerlo partícipe del viaje a pesar de todas sus sospechas de él, pero por momentos no le hablaban demasiado, y estaba empezando a notarse.
El resto de ese día conocieron las bellezas del salar, los pozos con ácido y la comunidad Afar, un pueblo local que por más increíble que resultara vivían en aquella zona en medio del desierto y vivían en chozas y trabajando la sal. Les advirtieron que no les gustaba ser fotografiados y que no tenían idea de que existiera el mundo mágico, ya que estaban aislados y no había magos por esas zonas. Así que los cinco escondieron sus varitas en una de sus mochilas y actuaron como muggles cuando pasaron por allí.
Esa noche volvieron a su aldea y durmieron nuevamente allí. El plan era, al día siguiente, volar hacia Adís Abeba, la capital del país.
-Ven aquí, lindo -dijo Luna, acercándose a Harry en la oscuridad del pequeño cuarto que estaban compartiendo. La mujer empezó a besarlo y trató de quitarle el pantalón con una mano, impulsivamente.
En ese momento, Harry finalmente reaccionó. Se apartó de ella y casi sale de la cama. Luna se lo quedó mirando algo asustada y frustrada.
"Lindo", le había dicho. Quizás eso fue lo que más lo sobresaltó. Ya lo habían llamado así antes.
-Lo siento.
Harry había estado pensando que iba a darle todo un discurso a Luna sobre por qué no quería estar con ella. Que charlarían y tendrían toda una conversación al respecto.
Pero no pudo cumplir sus planes. La realidad fue más cruda. Harry simplemente tomó su mochila y salió del cuarto, caminando lejos de allí.
Y, mientras su corazón latía a gran velocidad, continuó avanzando, saliendo de la casita y caminando por el verde fuera de la aldea, hacia los mismos terrenos en donde había tenido esas reflexiones la mañana anterior.
Y a medida que caminaba más y más lejos, se sentía mejor. Cuanto más se alejaba del grupo, de esas casas, más libre estaba, y mejor estaba su alma.
Sin saber cuándo había tomado la decisión de dejarlos a todos, ni por qué no le dijo nada a nadie, guiado únicamente por esa sensación dentro suyo que quería apartarlo y alejarlo, sumergiéndolo en lo desconocido de las tierras etíopes en las que estaban, Harry caminó lejos de todos y desapareció, solo.
La noche había caído profundo, y la luna y las estrellas brillaban en lo alto. En medio de un paisaje desolado de vegetación interminable, Harry anduvo por una calle que salía de la aldea y se perdía en la naturaleza.
Solo iba él con su mochila, caminando por la calle de tierra. En ningún momento giró la cabeza. En ningún momento apareció nadie más allí.
Las horas pasaron, y él seguía caminando por aquella calle. Finalmente, cuando estaba por amanecer, se detuvo y se sentó en un costado del camino. Abrió su mochila y miró el interior. Allí estaba su escoba, una de las que les había dado Malfoy. También había algunas provisiones de agua y comida. Y lo que buscaba: pergamino y tinta. Rápidamente, se puso a escribir:
"Queridos amigos…"
Sí, ese parecía un buen comienzo. "Queridos amigos" era el comienzo que había elegido ella también. Prosiguió:
Queridos amigos,
Mi hora llegó. Abandonaré el grupo también. Les pido disculpas por marcharme así, en medio de la noche. Pero la necesidad me llamó. Cuando pasa así, dentro tuyo, no hay otra forma de hacerlo.
Solo ahora, que estoy solo en el camino, el camino que se extiende ante mí, me siento con la consciencia para explicarlo.
También necesitaba irme. Seguir solo. Es una necesidad, no un deseo. Mi cabeza ya no podía más con todo lo que nos ha pasado. Con toda la vida que tuvimos, ustedes saben. Y ahora llegará la parte del viaje de verdadero redescubrimiento personal. Como Hermione. No se preocupen por nosotros. Sé que estaré bien. Sé que ella también. Y ustedes.
Nos veremos de nuevo pronto. Más pronto de lo que creemos, estoy seguro. Mucha suerte en el viaje.
Harry.
