26. Gemelos en la magia, parte 2
En su camino hacia el sur, Harry pasó por dos lugares llamados Vilanculos y el archipiélago de Bazaruto, que eran sencillamente espectaculares. Playas vírgenes de kilómetros de ancho con increíble color y belleza, animales marinos asombrosos y paisajes que jamás había visto ni en fotografías aparecieron ante sus ojos.
Por esos días, Harry andaba algo confundido, mientras volaba hacia el sur. El viaje había tenido un cambio de ciento ochenta grados, ahora yendo invisible a cualquier lado que pisara, temeroso y sin hablar con nadie. Su mente parecía aun afectada, porque notaba que no podía pensar con claridad. Estaba haciendo el camino hacia Maputo, la capital, donde supo que había un hospital de magos que era el mejor de la zona.
No se entretuvo demasiado en el camino allí. Se lamentó de no poder pasar más tiempo en Bazaruto, que se notaba era un lugar turístico con gran belleza natural. No pudo contener el deseo, igualmente, de sobrevolar un poco el océano Índico con su escoba para ver, a través de sus transparentes aguas, los tiburones ballena, dugongos y tortugas. Había arrecifes de coral con peces de colores llamativos, en el agua azul transparente. Hubiera deseado zambullirse en las aguas y bucear por allí, pero sabía que era peligroso sumergir su cabeza en agua, con la presión, al menos hasta que pudiera ver a un médico primero.
Por momentos, la blanca arena y el mar parecían tener manchas de algo rojo, similar a sangre, pero luego notaba que solo era una ilusión, un fantasma que había quedado en su mente.
Habiendo llegado a Maputo, Harry fue al hospital de magos. Le hicieron toda clase de estudios en la cabeza, sobre todo, y algunas comprobaciones con varitas en la zona de la cadera y en la pierna que se había roto. Por suerte, su visita no duró más de tres horas.
-Estás bien -le dijo el sanador-. Me impresiona lo bien que te has recuperado luego de un disparo en la cabeza. La mayoría de las personas hubiera necesitado estar varios días en terapia luego de eso. ¿Quién dices que te curó?
-Un mago, amigo mío -dijo Harry, torpemente-. No tengo idea de qué me hizo, pero es un gran mago. Él solo… Solo apoyó sus manos sobre mi cabeza, y empezó a recitar hechizos.
-No cualquier mago puede curar algo así… ¿Y sin una varita? -le preguntó el sanador, asombrado. Harry asintió. -Pues ese amigo tuyo es muy habilidoso. No tienes ninguna secuela, muchacho. La bala, por fortuna, no dañó ningún tejido que no pueda recuperarse. Gracias a tu amigo, no ha habido daños irreparables, él salvó todo el tejido y detuvo las heridas que podían ocasionar infecciones o daños mayores. Sí tendremos que darte una poción para regenerar el tejido cerebral que fue dañado.
-¿He perdido tejido cerebral?
El sanador asintió.
-Sí -le dijo, con seriedad-. En este momento, muchacho, te falta una pequeña parte del cerebro. No te preocupes, no es ninguna que sea trascendental. Puedes llevar una vida normal. Quizás te sientas mareado por momentos, o confundido. Hasta puede ser que tengas alguna que otra alucinación de vez en cuando. Pero si sigues estrictamente las tomas de esta poción, tres veces por día durante un mes, confío en que se regenerará por completo.
Harry se marchó de allí con varios frascos llenos de la poción para regenerar su cerebro, y caminó por las calles de Maputo, totalmente invisible, buscando algún parque o lugar con amplio espacio para armar su carpa.
Cuando estuvo dentro de su carpa, en su cama, habiendo bebido la poción, comido y descansado, miró la hora y vio que eran las doce de la noche en punto. Fue en ese momento cuando se dio cuenta de que era Año Nuevo. Acababa de comenzar el año 2020. Y él ni se había percatado de ello hasta ese momento.
…
Al día siguiente, Harry cruzó la frontera con Sudáfrica, cerca de Maputo, rumbo a Nelspruit. Sudáfrica era el último país que recorrería en su travesía por el continente africano.
Por un lado, su reciente experiencia cercana a la muerte lo hacía estar agradecido de salir de Mozambique, el país en el que había vivido su peor pesadilla en ese viaje. Por otro lado, sabía que en verdad el país era un lugar hermoso, sobre todo el sur hubiera sido un lugar que podría haber disfrutado mucho más si hubiera escuchado los consejos que le dieron y no hubiera insistido en viajar por el norte, donde, según aprendió por las malas, había algunos grupos terroristas y guerrillas.
Su cabeza empezó a sentirse mejor a medida que tomaba la poción, religiosamente tres veces por día. Los mareos no eran ya tan frecuentes, y se sentía un poco menos confundido. Una noche casi no había podido dormir por un dolor intenso que había sentido en la cabeza, similar a una migraña, localizado justo en la zona del impacto de la bala. Pero a la mañana siguiente, por suerte, el dolor amainó y esa otra noche pudo dormir mejor.
Tratando de recuperar el espíritu viajero y disfrutar de sus entornos en lugar de temerles, Harry se propuso conocer a fondo el Kruger National Park. Principal destino turístico de safari en África, parecía ser un lugar muy turístico para ver animales que él ya había visto a lo largo del continente, pero en un ambiente más relajado y con turistas de todas partes del mundo. Sudáfrica era el país más desarrollado del continente, así que supuso que era un buen destino para pasar sus últimos días en África luego de lo que le había pasado, sintiéndose un poco más en contacto con el mundo occidental al que estaba acostumbrado.
Armó su capa en localizaciones naturales salvajes rodeadas de elefantes, búfalos, leones, leopardos y rinocerontes (los "Big 5", como los llamaban ahí). Hasta el cuatro de enero, conoció el parque y disfrutó sobre todo de las especies animales que vivían allí, algunos que todavía no había visto en su travesía africana.
Una noche, luego de comer y beber su poción, salió afuera y dio una caminata nocturna por el parque. Con el ruido de la naturaleza en los oídos, anduvo por la pradera llena de arbustos de forma visible, sin encantamientos ni protecciones, sobre todo como una forma terapéutica de superar el miedo que le había quedado, y recuperarse de la idea psicológica de que si daba cinco pasos fuera de su área segura donde armaba la carpa recibiría otro disparo.
Llegó a una zona donde corría un río, por entre el pastizal, y se sentó a orillas de este para contemplar la distancia. Había una extensión de pastizal con arbustos y árboles que se alejaba más allá, hasta donde daba la vista, y se perdía en la lejanía. Sabía que podía haber animales salvajes como leones o leopardos allí, y debía tener precauciones. Aunque estaba haciendo aquello como parte de un proceso de recuperación psicológica, tratando de sentirse a salvo en espacios abiertos otra vez, tenía su varita lista en la mano por cualquier cosa que fuera necesaria.
Cerró los ojos y se puso a meditar. Cruzó las piernas y relajó los hombros. Trató de que su mente flotara, libre de todo lo que lo atormentaba.
Ahora que podía intentar la legeremancia otra vez, ya que el sanador le había dicho que no corría peligros al hacerlo, decidió probar si era capaz de conseguirla una segunda vez.
Harry extendió su consciencia más allá de su cuerpo. Sintió cómo su mente se alejaba de su cuerpo, flotando por el aire, encima suyo. Incluso teniendo los ojos cerrados, pudo ver todo lo que lo rodeaba. Estaba en el aire, flotando en lo alto, y veía su propio cuerpo bajo él, con las piernas cruzadas, sentado a orillas de aquel río con los ojos cerrados, meditando. Más allá, había un leopardo que pasaba caminando sin hacer ruido por entre los arbustos. El animal giró su cabeza, miró a Harry, y luego volvió a mirar hacia adelante y siguió de largo.
También pudo ver, con su consciencia extendida, búhos en los árboles, con sus ojos brillando a la luz de las estrellas. Había un animal también que sabía se llamaba ñu azul, un antílope de África que ya había visto en otro país, recostado en el suelo a unos metros de distancia.
Decidió ir más lejos de allí. Extendió su consciencia más y más, hacia el cielo y hacia otros lugares. La dejó flotar y vagar, alejarse de allí. La sensación era como si hubiera abandonado por completo su cuerpo y enviado a su espíritu a otra parte volando, desapareciendo del lugar.
Intentó encontrar a su gemelo en la magia. O a su gemela. Muy en el fondo, dentro suyo, ese era su nuevo deseo. Quería saber quién era. Lo necesitaba.
Así que envió a su espíritu en busca de su gemelo en la magia. Sabía que podía hacerlo. Como le había dicho Jheni, la conexión que tuviera con su gemelo en la magia significaba que sería más fácil contactar con él o ella que con cualquier otra persona por medio de la legeremancia.
¿Dónde estaba? ¿Quién era?
Su espíritu pareció vagar por todos los cielos nocturnos, por las nubes, por las estrellas, en la búsqueda.
Todo giraba y giraba, como en una espiral, un alma que había abandonado el cuerpo en el que residía para buscar otra alma. Otra alma a la que pertenecía.
En medio de la espiral, del vuelo, del viaje, la consciencia de Harry se perdió totalmente. Ya no estaba más en el mismo sitio. Ya no estaba en ningún sitio. No sabía dónde estaba, y tampoco parecía importar.
"Muéstrame a mi gemelo en la magia", pensó, concentrándose. "Necesito a mi gemelo en la magia".
Y entonces, un rostro apareció.
Y otro.
Y otro más.
De pronto, había muchos rostros delante de él.
¿Qué estaba viendo?
Tuvo que pensar y buscar en su cerebro para identificar los rostros de aquellos que tenía ante él. Cuando dejaron de ser figurar borrosas, y se formaron nítidamente, pudo identificarlos: Luna, Ron, Malfoy y Joselié estaban ante él. ¿Eran ellos sus gemelos en la magia? No podía ser. Tenía que ser solo uno…
Los vio a los cuatro nítidamente, y poco a poco también vio sus entornos. Los cuatro chicos estaban en ese momento en una playa. Se veía el océano nocturno, la arena, y árboles más allá. Era un lugar muy natural, una playa enorme.
Había una hoguera que parecían haber hecho allí mismo, en la arena.
Entonces, Malfoy se alejaba del grupo, yendo hacia otra parte.
Harry fue tras él. Lo siguió, andando tras sus pasos. Fue más o menos en ese momento que se dio cuenta de que no había estado buscando a su gemelo en la magia. Su mente ahora funcionaba de formas extrañas, porque mientras él pensaba una cosa, su mente parecía hacer otra. Como si estuviera desconectada de él, llegando a un punto donde actuaba por cuenta propia.
No había ido allí para ver a su gemelo en la magia. Había ido allí para ver a Malfoy, supo. Quizás, finalmente, descubriría qué se traía el chico entre manos…
Siguió a Malfoy por entre unos árboles, donde el chico se internó, solo.
Harry lo siguió de cerca, y entonces se metió de súbito dentro de su mente.
Y pudo ver. Pudo ver muchas cosas.
Sin embargo, nada de lo que vio en la mente de Malfoy fue lo que él esperaba.
No vio planes malvados, no vio engaños o mentiras, ni siquiera traición hacia el resto de los chicos que habían quedado atrás, en la hoguera. Lo que vio fue algo totalmente inesperado: Malfoy estaba, sorprendentemente, buscando también a su gemelo en la magia.
De una forma extraña, el espíritu de Harry unió dos deseos distintos en uno solo: En vez de flotar hacia el gemelo en la magia de Harry, flotó hacia la mente de Malfoy, que en ese preciso momento estaba realizando un esfuerzo mental similar al de Harry por encontrar, también, a su gemelo en la magia.
Y vio, dentro de la mente del chico, que Malfoy también estaba entrenado en la legeremancia. Y no solo eso, sino también en la oclumancia. Y por eso mismo, no podía ver nada más allá en su mente. Estaba bloqueada. Jamás sabría si el chico tenía alguna intención oscura dentro suyo.
Pero había más. Porque ahora Malfoy, caminando en ese bosque, estaba aislando su cabeza de absolutamente todo, entrando en un trance. Entrando en un estado mental idéntico a aquel en el que Harry estaba en ese momento.
Un repentino miedo apareció en Harry. ¿Y si Malfoy descubría que Harry estaba en su mente? ¿Y si volaba hacia él, para contactarlo también? ¿Cómo le explicaría qué era lo que estaba haciendo allí, en su mente?
Pero eso no ocurrió. Malfoy no descubrió a Harry. Estaba contactando a alguien. A su gemelo en la magia. Lo estaba llamando. Harry pudo ver sus pensamientos, su conexión, y supo que el chico estaba contactando a la persona con la que compartía el vínculo más intenso de todos, con la que compartía la mismísima esencia mágica.
¿Quién era el gemelo en la magia de Malfoy?
Harry observó con atención, al bosque ante el hombre. Allí, alguien estaba acercándose, caminando entre los árboles. Alguien que no estaba realmente allí, pero que Malfoy había convocado con su mente.
La persona apareció poco a poco, y empezó a dibujarse ante Harry también. La gemela en la magia de Malfoy estaba allí, delante del hombre, yendo a su encuentro. Y era nada más y nada menos que Hermione.
Harry sintió que todo su cuerpo empezaba a temblar. Aquello no podía ser real.
Hermione y Malfoy se encontraron. Se miraron a los ojos. Malfoy la había llamado, pero Harry no podía ver sus intenciones. Ahora estaban hablando, pero no podía oír lo que decían. La extensión mental de Harry se estaba rompiendo, porque un dolor había surgido dentro suyo que le impedía seguir viendo aquello.
Harry abrió los ojos. Estaba a orillas del rio, nuevamente. Se había roto el trance. Ya no podría volver a conseguirlo, no esa noche, al menos. Su descubrimiento lo había dejado tan sorprendido y dolido que no había podido continuar.
Hermione no era su gemela en la magia. Era la de Malfoy.
