30. Una batalla inesperada

Harry aterrizó sobre un suelo arenoso y empezó a rodar. Se golpeó la cabeza contra algo rocoso y todo su campo visual vibró, al tiempo que el aullido de la bestia ocupaba sus oídos.

La escena ante él se puso un poco más nítida, y alcanzó a ver aquella figura horrenda y gigante estirando sus patas delanteras al aire, sacando pecho, un pecho escamoso y lleno de protuberancias, mientras chillaba, reposando el gigantesco cuerpo en las patas de cabra negras.

De entre las ruinas de la tienda, que estaba destrozada, dos figuras aparecieron. Una empezó a atacar de inmediato. Eran Ron y Joselié.

Harry corrió hacia allí, alzó su varita y empezó a disparar también.

Los hechizos volaban hacia la bestia. Rayos rojos, azules y morados golpearon el enorme bicho, pero sin hacerle daño. Este lanzó una especie de aros de color azul eléctrico que parecían conjuros de algún tipo, que profería sin varita alguna. Estos se expandieron a su alrededor, y Harry saltó unos dos metros en el aire, de lado, para esquivarlos.

-¡Expelliarmus! -bramó Ron, disparando a la bestia.

-¡No le harás daño con eso, Ron! -gritó Harry, corriendo hacia su amigo y protegiendo a Jose de un hechizo lanzado por la bestia desde una de sus patas, un poderoso rayo verdoso que casi la golpea y Harry desvió justo a tiempo-. ¡No tiene varita!

-Cierto -masculló Ron, apuntando con su varita a la cara del monstruo-. Estoy un poco fuera de práctica. ¡EXPULSO!

Consiguió que el monstruo resbalara hacia atrás, aunque rápidamente recuperó el control de la lucha.

Harry lanzó una serie de hechizos que dieron en el caparazón y patas de la bestia, sin ocasionarle ningún daño.

La bestia contraatacó con un peligroso hechizo que hizo que varios y largos pinches como rocas filosas brotaran del piso, aparentemente como extensiones de su propio cuerpo que emergían del interior de la tierra, y salieron a peligrosos centímetros de cada uno de ellos.

Harry disparó varios encantamientos mudos hacia el monstruo, en simultáneo, pero este los repelió todos sin usar varita alguna.

-¡Hay que darle en el pecho o la cara! -gritó Ron, poniéndose delante de Jose para protegerla y atacando.

La bestia lanzó un bramido y varios hechizos hacia ellos, que salieron de sus patas nuevamente. Harry y Ron los repelieron y contraatacaron.

-¡REDUCIO! -gritó Ron.

Esta vez, el hechizo de Ron dio en la cara de la criatura y consiguió que esta redujera su tamaño, quedando nuevamente del mismo porte que un ser humano.

En ese momento, la bestia cambió de forma. Así de rápido como había pasado de ser Luna Lovegood a ser aquel bicho horrible, ahora empezó a mutar, metiéndose las patas de cabra dentro del caparazón, encogiéndose sus hombros y hundiéndose la cabeza, hasta transformarse en una bola negra sin forma que flotaba ante ellos.

-¡¿QUÉ RAYOS ES ESO?! -gritó Jose, enloquecida y frenética.

La bola negra siguió transformándose, hasta que se convirtió en algo que Harry ya había visto antes, en un par de ocasiones:

Se transformó en la figura negra con ojos rojos que supuestamente se había llevado a Neville. La misma que Harry había visto en la noche, encorvada y con cabello largo que caía sobre su cara. Era completamente negra, igual que había sido aquel monstruo, y luego la bola sin forma. Y sonreía, igual que como Harry recordaba que había sonreído en su rostro que prácticamente no era un rostro, solo un par de bolas rojas brillando donde debían estar los ojos y algo parecido a una boca que se curvaba debajo, casi como una línea.

Era real. Era lo que él había visto. Y ahora estaba ante él.

-¡REDUCTO! -bramó Harry, y le atinó con el hechizo en el pecho. Al recibir el impacto, la figura profirió un aullido que esta vez sonó a dolor, y enseguida estalló en mil pedazos, haciéndose polvo.

Harry, Ron y Jose contemplaron como la temible forma negra que los había atacado, con sus ojos rojos y cabello largo, se convertía en cenizas, que se fueron con el viento, dejando absolutamente nada allí donde instantes atrás había estado.

Los ojos de Harry estaban abiertos por el terror y fuera de sus órbitas.

-Mierda -dijo Jose, aturdida, aferrando el brazo de Ron con fuerza.

Ya era de noche. El desierto era oscuro y silencioso, más silencioso que ningún otro lugar en el que hubieran estado antes. Habían conseguido reparar la mayor parte de la tienda, y esta ahora estaba emplazada en mitad de un paraje con montañas de roca y valles de arena.

Esa tarde habían hablado con Luna, por medio de una videollamada. La verdadera Luna. Consiguieron su número por medio de la familia Weasley, que lo consiguió y se lo pasó a Ron por whatsapp. La verdadera Luna, al parecer, siempre había estado en Londres también, tenía treinta años y venía de otro universo. Les aseguró que se encontraba bien, que jamás se había inscripto al Magic World Tour, y que los ayudaría en lo que pudiera, ante lo que había pasado.

-No puedo creerlo -masculló Harry, con la mirada oscura y perdida. Estaba sentado en una silla, y podía ver las estrellas sobre él por medio de un agujero que había en el techo de la tienda. Si bien habían tenido toda la tarde para conversar al respecto de lo que había ocurrido, aun nadie podía creer lo que había pasado.

-Es tan… -Ron alzó la mirada del suelo y la dirigió a Harry, con quien compartió una breve mirada. Jose estaba tras ellos, con el cabello sucio de haber estado limpiando escombros y polvo en la tienda, y se lo había sujetado en un rodete. Ahora la muchacha hacía un té para los tres.

-Estás pensando lo mismo que yo -dijo Harry, mirando a Ron-. Lo sé. Dilo. Tuve sexo con ella.

Harry se tapó la cara con ambas manos, sintiendo como si todo dentro de él se revolviera.

-Extraño -dijo Ron-. Eso iba a decir. Es extraño.

-Tuve sexo con esa cosa negra -dijo Harry, sacando las manos de su cara para ver que Jose le estaba tendiendo un té, que él recibió y apoyó en la mesa ante él-. Gracias.

-No sabemos qué era esa cosa -dijo Jose, dejándose caer en otra silla y mirando a Harry con seriedad.

-Pero fui su novio varias semanas -Harry arqueó las cejas-. Ninguno de ustedes fue su novio.

-Lo sabemos -dijo Ron, con tacto.

-No lo saben -insistió él, de mal humor-. Ninguno de ustedes compartió la cama desde Ciudad del Cabo hasta aquí, cada noche, con esa cosa negra. Ni tampoco en El Cairo…

Otra vez, sentía que se volvería loco.

-Quizás no sea lo mejor estar pensando en el sexo que tuviste con la cosa negra -dijo Jose, tratando de cambiar el tema-. Quizás deberíamos enfocarnos en qué era eso… Quién lo envió, porque no creo que todo lo haya tramado por sí solita. No lo sé, no parece el caso.

-Sé todo lo que hay que saber sobre eso -dijo Harry, revolviendo su té, sin tomarlo, testarudo y con cara de superioridad-. No hay nada que hablar sobre eso. Está claro que alguien lo mandó detrás de mí.

-¿Por qué? -preguntó Ron, en un susurro.

-Para molestarme -Harry alzó la mirada hacia su amigo, y luego hacia Jose-. ¿No lo ven? Es todo un juego. No sé de quién. Pero, ¿por qué más sino? Estuvimos meses, meses enteros -empezó a subir el tono de voz-, creyendo que Neville estaba atrapado en una dimensión infernal. Y Neville no estaba en peligro siquiera, ni tampoco raptado por Malfoy, el chico ni siquiera estaba desaparecido. Estaba en su casa, en Londres. ¿Cómo es que la gente del Magic World Tour no averiguó eso? Hablaste con ellos -señaló a Ron-, les mandaste mails. ¿No te escribieron nada, para avisarte que Neville estaba a salvo en casa?

-No, no les escribimos sobre Neville a ellos -lo contradijo Ron-. Les escribimos sobre el mensaje en la pepita, del que no averiguaron nada. Y lo de Neville se lo dijimos a los aurores que fueron de Malfoy. Y ellos jamás nos informaron nada.

-¿No es eso extraño? No puede ser tan difícil de averiguar que una persona está a salvo y no desaparecida, como nosotros reportamos a esos aurores de Suiza. Deberíamos ponernos en contacto con ellos. Me pregunto qué tienen para decirnos al respecto.

-Sí, tienes razón -Ron sacó su teléfono y empezó a deslizar los dedos por la pantalla.

-¿Qué haces?

-A menos que quieras viajar a Suiza… Les escribo un mail. El ministerio de la magia suizo tiene mail, como la mayoría estos días. No tiene sentido esperar el largo viaje de una lechuza.

-Y todo el tiempo -continuó Harry, avanzando al siguiente tema de discusión-. Desde Países Bajos en adelante, hemos viajado con dos impostores que no eran quienes dijeron ser. Y nos lo creímos a la perfección. Porque nadie tuvo dudas de que fueran ellos. ¿No es así?

-No lo sé, yo no los conocía de antes, no me mires -dijo Jose, poniéndole mala cara a Harry, que parecía hablar con enojo y sarcasmo o indignación, todo a la vez. Se lo veía muy afectado.

-Eran ellos -Harry continuó, su cara pálida y con los ojos bien abiertos-. Eran ellos. Hablaban igual. Actuaban igual. No era una maldita poción multijugos. Era un monstruo negro extraño capaz de transformarse en alguien que conoces, de imitar cada detalle de su personalidad, de sus actitudes, incluso de conocer las cosas que ellos conocían, de hablar de temas que tenían que ver con un pasado que no debería haber conocido siendo un impostor, pero que conocían. ¿Qué rayos es esa clase de magia? ¿Por qué jamás hemos sabido nada de ella al respecto hasta ahora? ¿Acaso es alguna criatura extraña y altamente peligrosa creada durante los 2000 o 2010?

-No lo sé, no lo sé -Ron dejó el teléfono sobre la mesa con un golpe y se tapó la cara con las manos también, hastiado-. Esto es demasiado. No sé como encontrar las respuestas a todo.

-Necesitamos a Hermione -lanzó Harry entonces. Alzó la mirada hacia Ron, a ver su reacción, pero su amigo continuó tapándose la cara. -Necesitamos alguien capaz de resolver esto. Ninguno de nosotros podemos. No sabemos que es esta magia. No tenemos idea de qué nos están haciendo.

-Pensé que habías dicho que sabías todo lo que había que saber sobre esto -dijo Jose, avivando el fuego mientras se llevaba la taza de té a los labios y miraba a Harry de una forma algo provocativa. La chica no parecía tener la clase de tacto que impedía que Harry estallara en situaciones así, sino todo lo contrario. Harry sintió un repentino calor hacia ella, en forma de ira.

-Tú estabas hablando de qué era eso y quién lo envió -le espetó-. Sé todo sobre eso. Era una cosa negra, que no sé qué es, que fue enviada por alguien, que no sé quién es tampoco. Pero sí sé para qué lo enviaron, como te dije: Para molestarme, agobiarme, y jugar conmigo. No hay otra razón. Quien sea que lo envió, no quería matarme. Podría haberlo hecho cualquier noche, mientras esa cosa dormía a mi lado. Lo que quería era jugar conmigo y volverme loco.

-¿Quién podría querer algo así? -preguntó Jose-. ¿Quién podría odiarte tanto para querer hacerte enloquecer enviando a dos criaturas a tomar el lugar de dos amigos tuyos solo para luego crear falsos secuestros, poner falsos mensajes en las pepitas, aparecer por las noches en tu habitación y luego hacerte ver que estuviste de novio con la misma criatura oscura que temías tanto?

Ron miró a Jose y luego a Harry, alarmado.

-Lord Voldemort -Harry se puso de pie y la miró fijamente-. No sé cómo. No sé cuándo. Pero todo apunta a él. Las cartas lo mencionan a él. Si consiguió regresar a la vida, de alguna forma, querrá vengarse de mí por haberlo matado. Y su nivel de odio hacia mí será tan alto, que no le alcanzará con matarme. Querrá que sufra tanto como sea posible, que sufra hasta enloquecer.

Harry asentía lentamente con la cabeza, la mirada trastornada, luciendo un poco tal como describía.

-Podría ser un seguidor suyo -opinó Ron-. Malfoy, por ejemplo.

-Tu teoría sobre Malfoy era buena -Harry señaló a Ron con el bueno-. No te sientas mal si no resulta ser así, Ron. Nadie de nosotros pudo imaginar que Luna era quien estaba detrás de todo esto, ¿verdad?

-Siempre pasa -Ron se encogió de hombros-. Ustedes nunca saben lo que ocurre, exactamente. Pero yo soy el tonto que los lleva en la dirección opuesta mientras tanto. ¿No se los dije? Es lo que pasa siempre, y volvió a pasar.

-Pero todo apunta a Voldemort. Minutos antes de revelarse como lo que era, Luna… Mejor dicho, esa cosa, haciéndose pasar por Luna, me dijo que una tal Delphi Riddle, hija de Voldemort, había traído mortífagos a la vida y que estaban asolando Gran Bretaña en este momento. Resultó ser mentira, como pudimos comprobar al hablar con tu familia, Ron, que nos dijeron que todo está bien allí y nada de eso era cierto. Y, para colmo, lo que ella dijo coincidía con el mensaje en esta última pepita. Fue todo un engaño producto de un esfuerzo combinado, no sé si solo de la cosa negra, o de alguien más también. Si yo no hubiera entablado conexión con el verdadero Neville, quizás esa cosa habría llevado el engaño más allá, esa historia de que estaban asolando Gran Bretaña. Creo que decidió revelarse como lo que era solo porque se dio cuenta que yo ya la había descubierto, al hablar con Neville.

-Aun no entiendo cómo fue que pudiste ver a esa figura negra en tu habitación, todas esas veces -dijo Jose-. Si estabas durmiendo con Luna a la vez.

-Error -Harry tomó finalmente la taza de té y se la llevó a los labios-. Noche uno: Yo estaba quedándome dormido, en la casa de Malfoy. Luna dormía en una de las literas de arriba, igual que Neville. Yo me sumía en un sueño profundo, y entonces pude ver, entreabriendo los ojos, a la criatura negra allí en el cuarto. Era Luna, que sencillamente cambió de forma, se bajó de su cama y anduvo ante mí, con el único propósito de que yo la viera, mientras Neville, que no sabemos si era otra de esas cosas, se iba de allí.

-Eran dos -dijo Ron-. Quizás fue un trabajo de equipo. Me dijiste que la segunda noche que viste esa forma estabas con Hermione y Luna. Los tres estaban juntos en una habitación, y de pronto Hermione señaló con el dedo detrás de ti, y esa cosa estaba allí. Si fueron dos, trabajando en equipo, eso explicaría por qué Luna estaba en su cama aquella vez.

-O tal vez no -dijo Harry-. Recuerdo que Luna estaba en su cama aquella noche. Pero cuando Hermione apuntó hacia atrás, y vimos la cosa esa, ni Hermione ni yo le estábamos prestando atención a Luna. Quizás ya no estaba en su cama, no lo sé. Y luego le lanzamos hechizos, pero la criatura desapareció. Y no fue sino hasta después que la criatura desapareció que recuerdo haber visto a Luna levantarse de la cama y preguntar qué había ocurrido… Quizás fue ella sola todo ese tiempo, cambiando de forma.

-Si fueron dos, deberíamos tener cuidado -dijo Jose-. La segunda cosa de esas aun podría estar por aquí, siguiéndonos, haciéndose pasar por alguien más.

En ese instante, los tres se miraron entre sí, muy nerviosos.

-No -Harry sacudió la cabeza-. No podemos estar desconfiando de nosotros mismos. Es lo que Voldemort querría.

-Podría no ser Voldemort -dijo Ron, determinado a descartar esa posibilidad-. No nos adelantemos tanto.

-Tercera noche -siguió Harry, ignorándolo-. El Cairo. No sé si les conté de esta. No estaba seguro de que hubiera sido cierto o solo un sueño. No fue tan precisa como las anteriores. Yo estaba en la cama del hotel, en el cuarto que Hermione y Luna compartían… -hizo un breve silencio, en un momento en que su mente voló hacia otro sitio, pero regresando instantes después-. Como decía, estaba solo allí. Casi me quedo dormido de nuevo, y creí ver, o quizás solo sentir, la presencia de esa cosa. Allí en el cuarto, otra vez. Escuché su carcajada, se reía. Cuando encendí mi varita y apunté al cuarto, no había nada. Segundos después, golpearon la puerta de mi habitación… Y Luna estaba allí -Harry hizo otro silencio antes de continuar-. Luna, otra vez. Esa fue la primera noche… que estuvimos juntos.

Ron hizo una mueca de asco.

-Qué horror…

-Quizás ella puso los mensajes en las pepitas también -sugirió Jose-. Este último… Luna me señaló en dirección a esa columna, la que yo después toqué y resultó estar la pepita allí.

-¿De verdad?

-Y quizás la anterior también la colocó ella allí. De alguna forma…

-Esa tuvo que ser Malfoy -dijo Ron, convencido.

Harry no dijo nada, pero ya no tenía dudas de que Ron estaba equivocado. Malfoy no había tenido nada que ver con eso. Luna debió haber puesto el mensaje alterado en la otra pepita también. Y también había sido ella quien envió la carta del supuesto Neville diciendo que estaba en una dimensión infernal. No sabía tampoco como había logrado utilizar a Hedwig para eso, pero tuvo que ser ella. Era todo un plan siniestro para enloquecerlo a él.

-Hay otros momentos que ahora vienen a mi mente -siguió Harry-. Hubo una noche en que me llamó "lindo". Eso me hizo sentir raro. No me parecía la clase de cosa que Luna diría…

-¿Dices que hubo una falla, por así decirlo, en su actuación? -Jose se llevó un dedo a los labios.

-Así lo creo, sí -asintió Harry-. No fue una personificación perfecta, ahora que lo pienso. Fui tan estúpido…

-Era Hermione -dijo Ron entonces, y Harry se dio cuenta de que tenía la mirada clavada en él.

-¿Cómo dices?

-Hermione era quien te decía "lindo" -continuó Ron-. No a ti, por supuesto, sino al otro Harry, cuando estuvo saliendo con él. Y no esta Hermione, sino la del Universo 2, antes de morir. Lo sé porque también me llamaba así a mí. Y seguramente al Harry de mi universo, cuando estuvieron juntos.

Jose frunció el ceño, muy confundida. Harry también lucía confundido, y se sentía muy extraño.

-Alguien está jugando muy mal conmigo -dijo, sonándose los dedos de ambas manos-. Jugando demasiado. Y no me gusta nada.

-No solo lo de Neville fue mentira -dijo Jose-. Llegados a este punto, podemos suponer que todas esas cartas fueron mentira. Quizás también los mails de los organizadores del torneo. Quizás los aurores en casa de Malfoy. Eso explicaría que nunca nos hayan avisado que Neville estaba bien. Parece que lo único en lo que podemos confiar, Harry, es en tu nueva habilidad de contactar personas con la mente. Piénsalo: Te llevó directo hacia el verdadero Neville, sin dejar dudas de eso. Cuando tratamos de saber de él por otros medios, todo falló. Solo hay que pensar más allá de esto, ¿ninguno de nosotros habló por whatsapp con nuestros conocidos en Londres, y les contamos de la desaparición de Neville? ¿Por qué no nos dijeron ellos que Neville estaba bien?

Harry y Ron se miraron de nuevo.

-Yo no se lo dije a nadie -admitió Harry-. Supongo que no quise preocuparlos. Cuando vi a Lily, no le dije nada al respecto, solo le transmití que estábamos bien, para que no se preocupara…

-También yo -dijo Ron-. Con mi familia. No les dije lo que había pasado.

-Quizás deberíamos empezar a comunicar más las cosas -dijo Jose-. Tenemos que tener bien en claro, a partir de ahora, que nos están engañando. Están jugando con nosotros. Saben dónde estamos. Saben el recorrido que hacemos. Supieron incluso en qué hostel nos estábamos quedando. ¿Cómo supieron todo eso?

-Yo se cómo -entonces, Harry hizo algo inesperado: tomó su teléfono y lo lanzó contra el suelo, destruyéndolo.

-¡Harry! -protestó Ron-. ¡Esos teléfonos son caros! ¿Por qué lo hiciste?

-Google -dijo Harry, que llegado a ese punto parecía un demente-. ¿No han oído de Google?

-Pues sí, es una empresa que… -empezó Jose.

-No, no hablo de eso. Hablo de los rastreos de Google, para ser exactos. Google no solo te da herramientas que te ayudan a hospedarte con extraños que te ofrecen su casa, saber qué restaurante está mejor valorado y qué ruta de viaje es más corta. Para proporcionarte esa información, Google recopila datos tuyos. Durante todo nuestro viaje, hemos tenido servicios de ubicación activados en los celulares. Hemos tenido micrófonos que recopilan todo lo que decimos y lo pueden transmitir por internet. Creo que fue con nuestros celulares que nos espiaron, y supieron dónde estábamos.

Se hizo un silencio marcado por lo impresionante de aquellas revelaciones.

-¿Dices que Google trabaja con Lord Voldemort? -Jose quedó boquiabierta-. Vaya, eso es impresionante.

-No, no digo eso, Jose. Lo que digo es que la magia puede corromper fácilmente la tecnología muggle. Si Voldemort pudo meter un pedazo de su alma dentro de una copa, ¿crees que no puede acceder a la base de datos de Google y robar nuestra ubicación de allí?

-¿O sea que Voldemort se ha hecho hacker? -dijo Ron.

-¡No! Ha usado magia, eso digo. No sé qué magia. Pero si los magos pueden extender un auto por dentro y hacer que quepan veinte personas en él, de seguro pueden meterse en una base de datos.

-Tiene sentido -dijo Ron-. En estos momentos, me doy cuenta de que no pertenecemos a esta época. No hubiéramos tenido esta clase de problemas en 1999.

-Destrúyanlos -dijo Harry, señalando sus teléfonos-. Vamos, háganlo ahora.

-No, espera -Jose levantó una mano, cuando Ron estaba por destruir su móvil con la varita-. ¿No sería mejor venderlos? No nos vendría nada mal el dinero.

-Bueno, supongo que no hay problemas con eso -Ron miró a Harry-. ¿Tú que dices? Usamos internet para una última cosa: vender los teléfonos. Y juntamos algo de dinero de paso.

-Sí, háganlo -dijo Harry, con un ademán de desinterés-. Bien, con eso tenemos un problema menos entonces. Avísame si te responden ese mail, Ron, antes de que vendas el celular.

-Ya no podremos usar worldhosts -se lamentó Jose.

-La carpa servirá -dijo Harry. Jose se quedó mirando el agujero del techo. -Puedo reparar eso. Solo necesito comprar una extensión de lona. Y el baño quedó destrozado, pero, por suerte para nosotros, estuve siguiendo un canal de youtube que enseña plomería para magos antes de romper el celular.

-Genial.

-Bueno, ya vámonos a dormir -dijo Ron-. Es tarde. Oye, Harry, ¿crees que deberíamos… hacer guardia? Tú sabes, por si la segunda de esas cosas vuelve. O no sé…

-¿Voldemort? -dijo Jose.

-¿Cómo en los viejos tiempos? -Harry sonrió quizás por primera vez en ese día-. No lo sé. Quizás no sea mala idea.

-Yo haré la primera guardia -dijo Ron, tomando su varita y una frazada, ya que estaba muy fresco. Besó a Jose en los labios y caminó hacia la entrada de la tienda, para sentarse en la parte exterior.

Harry entonces miró a Jose y se terminó el té.

-No soy otra de esas cosas negras -dijo Jose de inmediato, cruzándose de brazos.

-Jamás dije que lo fueras.

-Puedo verlo en tu cara -espetó ella-. Como te pasó a ti eso con Luna, crees que ahora a Ron le pasará conmigo.

-Jamás lo dije -insistió él-. De cualquier forma, creo que, si puede personificar a cualquier persona del mundo, no se haría pasar por alguien nuevo, que no conocemos. Se transformaría en Hermione, o alguien conocido. De hecho, creo que eres la persona de más confianza que tenemos, por el solo hecho de ser nueva en el grupo.

Harry le sonrió, y la chica le devolvió la sonrisa.

-Eso espero.