32. 中国
Mientras viajaban en tractor por una calle sin nombre (en Japón, las calles no tienen nombre) en Fukushima, Kurashiki, prefectura de Okayama; Harry conducía de forma muggle con lentes para el sol oscuros, barba muy crecida y una camisa blanca abierta hasta más de la mitad, exhibiendo todo su pecho depilado. Iba serio y muy concentrado, aunque uno podía suponer que en verdad estaba dormido.
-Creo que volvió a su antigua persona -murmuró Ron a Jose en la parte trasera del vehículo, que iba dando saltos y vibrando muy fuerte-. El Macho del año pasado. ¿No lo crees?
-No lo sé, jamás lo conocí, pero me gusta -dijo Jose-. Es mucho más divertido. ¿Por qué estamos en un tractor conduciendo por una calle normal muggle?
-No lo sé, fue idea suya -susurró Ron, lanzando una mirada furtiva a Harry, que iba muy serio y en silencio conduciendo con una mano por el carril izquierdo, su cabello que había crecido hasta los hombros ya por los meses sin cortarlo ondeando hacia atrás con el viento. -Creo que esas chicas le hicieron algo. Lo habrán drogado, no lo sé.
Pasaron los días, y luego de recorrer Hiroshima y un museo de magos donde descubrieron que la bomba atómica había acabado con una pequeña parte del mundo mágico japonés décadas atrás, porque en esa precisa ciudad funcionaba el Ministerio de la Magia de Japón, que quedó destruido en el evento en el cual murió tanto el primer ministro de la magia como el rey de la magia de Japón, que estaba allí (tenían un rey en esa época), y los principales jefes de departamentos; Harry, Ron y Jose decidieron que era hora de finalizar el viaje por ese país y cruzar el mar hacia Corea del Sur.
-Porque no podemos ir a Corea del Norte… ¿Verdad? -preguntó Jose.
-No tengo idea -dijo Ron.
-Según Google -dijo Harry-. La comunidad de magos en Corea del Norte es muy avanzada, moderna y desarrollada. Pero están en permanente disputa con el pueblo muggle, que es totalmente opuesto. Aquí dice que incluso años después de la caída del Estatuto del Secreto, el líder muggle Kim Jong-un niega que existan magos en su país y que él alguna vez haya tenido contacto con ellos; si bien hay innumerables pruebas de que el líder de la magia en el país ha tenido históricas reuniones con él y sus predecesores igual que en Inglaterra el ministro muggle y el mago, que siempre tenían contacto, incluso cuando los magos vivían en secreto. Los magos allí son continuamente amenazados por los muggles, y tienen que vivir escondidos incluso ahora que no existe el Estatuto del Secreto.
-Interesante -comentó Ron, aunque parecía aburrido-. ¿Vamos a Corea del Sur entonces?
Mientras preparaban todo para ir a Corea del Sur, ocurrió algo. La noche previa al viaje, en la carpa, Harry estaba acostado, todos a punto de quedarse dormidos, y buscaba cosas con su celular. De pronto, abrió los ojos y pegó un salto que hizo que Ron y Jose sacaran sus varitas y saltaran de sus camas, pensando que había un enemigo allí.
-¡Lo tengo! -gritó Harry, mirándolos con emoción.
-Voy a matarte -protestó Ron, sujetándose el pecho.
-Lo tengo -Harry se puso a buscar en su mochila un pergamino, el cual sacó a toda velocidad mientras aun sostenía su celular en la otra mano-. ¿Recuerdan hace unos días, en Kurashiki, que visitamos el Museo de Arte Ohara?
Jose adoptó una expresión de desconcierto.
-Sí… ¿Y eso que…?
-Espera -dijo Ron, sujetando el brazo de su novia-. Mira, esta es la mejor parte. Cuando Harry te revela un gran misterio que acaba de resolver luego de semanas dándole vueltas, su cara se pone de las formas más graciosas de todas -le señaló la cara de Harry, que no lo escuchaba y en cambio fruncía el ceño con la mirada en el suelo, sumido en pensamientos. Parecía a punto de gritar otra vez.
-Vaya, sí, ya veo -Jose asintió, muy divertida.
-"Corazones en Japón" -dijo Harry, que no los oía-. Esa maqueta… Me quedó dando vueltas. Yo sabía que era por algo. ¿La recuerdan? ¿La maqueta que estaba en una larga mesa, en ese museo, que tenía corazones blancos con puntos rojos en medio, como la bandera del país, pero en forma de corazones?
-Ah, sí, era muy bonita -dijo Jose-. Le saqué muchas fotos. ¿Simulaba una ciudad en miniatura, en la maqueta, verdad?
-Es algo muy tradicional de la cultura japonesa -dijo Harry-. Representan paisajes de la naturaleza en miniatura. Esa maqueta representaba una ciudad, con su parque, y su bosque, en miniatura, todo lleno de corazones con la bandera de Japón. Yo había presentido algo extraño en esa maqueta. Algo me había llamado mucho la atención. Y entonces fue que descubrí, recién, mientras navegaba por internet, que el nombre del creador de la maqueta es Hideto Hayashi.
Se hizo un silencio, durante el cual Ron y Jose miraban sin entender nada, y de pronto Jose abrió los ojos muy grandes, comprendiendo.
-Wow -dijo, sorprendida-. ¿No es ese el youtuber que murió?
-No… No sé de qué hablas -Harry la ignoró-. Es un artista japonés, un mago. Es el que hizo esa maqueta. ¿Lo ven? Ahora la pista tiene sentido: "Esta pista les permitirá encontrar la pepita del país del Este". Eso es Japón. "Está escondida en el bosque, allí donde todos mueren". ¡Pero no habla de un bosque real! Habla de una miniatura de bosque, hecha en una maqueta. ¡Esa maqueta! Porque aquí en Japón reducen los espacios y representan toda la naturaleza en miniatura, así que la pista hace referencia a ese aspecto de la cultura japonesa. Y miren: "Dentro del árbol donde Hideto dejó su corazón". No tiene nada que ver con el bosque de los suicidios, como pensamos, ni con un amor pasado del tal Hideto, ni nada. ¡Se refiere a esas banderitas con forma de corazón con la bandera de Japón que tenía esa maqueta en el museo! ¡Debe haber una de esas banderitas clavadas en la parte de la maqueta que representa el bosque, y ahí está la pepita! "No es fácil, es una de las pistas más difíciles de encontrar. Pero si buscas en tu corazón, la hallarás". Ahí de nuevo. Se refiere al corazón de esa maqueta. ¡Tenemos que volver a ese museo!
-Vaya, increíble -exclamó Ron, asombrado-. Esta vez te pasaste, Harry.
Armaron la carpa, deshicieron los hechizos protectores, volaron lejos de allí y regresaron en ese mismo momento al museo en cuestión, al que irrumpieron por una ventana en la noche. Fueron hasta la maqueta, y vieron que una parte representaba al famoso bosque de los suicidios, pero en miniatura; y allí había una única banderita de Japón en forma de corazón, clavada allí. Al principio no encontraron nada en ella, pero a Ron se le ocurrió mirar bajo la mesa, para lo que tuvieron que meterse por debajo de una tela que la rodeaba; y al hacerlo vio que en esa parte de la maqueta, bajo la mesa, estaba escondida la pepita de oro de Japón.
El viaje a Corea del Sur fue en escoba, y los ánimos estaban optimistas luego de ese último descubrimiento.
-¡Son en total 194 pepitas, una por cada país del mundo! -gritaba Ron, emocionado, en su escoba-. ¡Ya tenemos quince de ellas! ¡Estamos entre los grupos con más pepitas! El que más tiene, consiguió dieciocho. Le sigue uno con diecisiete, dos con dieciséis, ¡y luego estamos nosotros!
-Y la gran mayoría de inscriptos tiene una o dos, y solo unos pocos más de seis -dijo Jose, mirando su nuevo celular-. Solo quedan veinte pepitas que aún no fueron encontradas, y serán las que acaben de definir quién es el ganador.
-Podemos hacerlo -dijo Harry, agitando el puño en el aire-. ¿Han encontrado la de Corea del Sur?
-Sí -dijo Ron, mirando la app del torneo también-. Aquí dice que ya fue encontrada por ese grupito de ingleses que estaba en África, ¿recuerdan? Que nos encontramos en El Cairo. En el que estaba esa chica, Scarlet.
-Ah, sí, sí.
-La que falta encontrar por aquí es…
-¿Cuál? ¿Por qué te quedas en silencio, Ron?
-China.
-Ah, claro, ahora entiendo tu silencio.
-No busquemos esa -dijo Jose-. ¡China es enorme! Será imposible.
-No. Vamos -dijo Ron-. Me siento optimista. Yo ya estuve en China. Vayamos directo hacia allí.
-¿No hay un país más pequeño?
-También falta la de India -dijo Ron-. La de Tailandia, la de Lagos, la de Vietnam… Ya han encontrado las de Pakistán, Mongolia, Uzbekistán y Kazajistán. El grupo que va ganando el torneo anduvo por toda esa zona y consiguió casi todas. Son unos magos estadounidenses, de Nueva York.
-Malditos bastardos.
-Y el segundo grupo ganador, el que tiene diecisiete, son unas chicas alemanas que encontraron montones de pepitas por todo África.
-¡Con razón nosotros no encontrábamos nada allí! ¡Las tenían ya todas ellas!
-Entonces ya sabemos qué hacer -dijo Harry-. Veamos si conseguimos alguna pista en China, pero no perdamos todo nuestro tiempo allí. Tratemos de ir a India, Tailandia, Vietnam y Lagos. Solo necesitamos tres pepitas más para alcanzarlos. ¡Y el premio podría ser nuestro!
El viaje por China resultó divertido y al mismo tiempo complicado. Mientras disfrutaban de conocer y recorrer las ciudades, había muchos lugares en cuarentena por la epidemia del coronavirus. No pudieron ingresar en Wuhan, y tuvieron problemas para ingresar a otras ciudades.
Febrero transcurrió deprisa, recorriendo todo China. Ron parecía ser el guía de los tres amigos, porque como ya había estado allí y había viajado con poco presupuesto también, sabía bastante sobre cómo moverse por el país y en qué lugares convenía quedarse. Atravesaron todo el país desde Shanghái hasta Wuhan, de allí hasta Zhengzhou, Shijiazhuang, Báoding, y Beijing. No pudieron seguir la pista de las pepitas, esta vez sin iluminaciones de parte de Harry que los hicieran atar cabos y conseguirla. Después de la capital, avanzaron hacia la región de Mongolia Interior y luego hacia el Sur y hacia el Oeste. Para mediados de febrero, llegaron al Tíbet, región que Ron se había quedado con ganas de conocer en su viaje anterior. Atravesaron la región en escoba voladora hacia el sur, e ingresaron a Nepal por el norte.
Luego de Nepal, vino el norte de India. En un golpe de suerte, ya que era el lugar más obvio, pero aún así que había logrado mantener su secreto durante todos los meses que llevaba activo el Magic World Tour, consiguieron la pepita de oro de India que estaba ubicada adentro del Taj Mahal. Con ella, tenían ya dieciséis, y estaban empatados con otros dos grupos, compartiendo todos el tercer puesto del torneo.
-Vamos por ustedes, alemanas -murmuró Ron, mirando la app en su teléfono, en referencia al grupo de chicas que ocupaban el segundo puesto.
Lo malo de esa fiebre renovada por encontrar pepitas lo más rápido posible, es que habiendo encontrado ya la de India no sentían deseos de conocer el resto del país, que estaba repleto de cosas para conocer turísticamente, y en cambio decidieron avanzar hacia otro país que tuviera pepitas disponibles.
De esa forma, hacia el veinte de febrero pisaron tierras de Bangladesh. Y, desde allí, el viaje se orientó hacia el sudeste, finalizando de esa forma el viaje por el continente en una última región de Asia:
