Las dos escobas se movían hacia adelante, rápidamente, y sus cabellos, igual de largos, ondeaban tras ellos con el poder del fuerte viento. En una de las escobas viajaba Harry, con unas manos sujetándolo de la cintura. En la otra escoba, junto a él, iba Hermione. Solos, ellos tres. Ante ellos, a lo lejos, se veía una línea de horizonte donde solo había océano. Y de pronto, una fina línea blanca empezó a surgir allí.
Era la Antártida.
Harry y Ron se dieron un fuerte abrazo, y al separarse compartieron una mirada en la que estaba implícita toda su amistad, y todo lo que la vida los había hecho compartir durante todos esos años, esos diez años de amistad. La mitad de su vida, Harry la había pasado con él.
-Te extrañaré, amigo.
Las lágrimas cayeron por el rostro de Jose. Hermione la tomaba de la mano.
-Acabaremos con Malfoy, lo prometo -Harry tenía el rostro duro, el dolor trepando por dentro.
Todos se abrazaron, despidiéndose de su amigo para siempre.
El cruce en ferry les ofreció una vista fantástica, y las montañas verdes se hundieron en un océano azul, la vegetación y los animales cubriendo cada parte de la escena. Descubrieron un lugar llamado Milford Sound, donde la naturaleza se adueñó de ellos y los hizo experimentar un amor por el mundo de una forma renovada.
Cuando Harry se contempló a sí mismo en el espejo para ver cómo le quedaba su nuevo tatuaje, le devolvió la mirada un muchacho de veinte años que hacía ya dos años que no usaba más lentes, cuya cicatriz en forma de rayo era una más dentro de un pequeño puñado que adornaban su cara, y cuyos impresionantes músculos seguían allí, si bien habían adelgazado levemente por la falta de entrenamiento el último año. Y ahora con la palabra "RON" tatuada en su bíceps derecho, justo arriba del codo.
-Esta canción… Se me hace familiar -dijo Hermione, frunciendo el ceño.
De pronto, Harry empezó a moverse. Aquello era un baile. Hermione esbozó una sonrisita triste. Harry movía exageradamente los hombros, y hacía algunos movimientos torpes con las piernas, mientras la invitaba a bailar con él.
O'Children era la canción que ambos habían bailado años atrás en la vieja carpa con la que habían recorrido Inglaterra, luego de que Ron los abandonara en su búsqueda de horcruxes. Era la canción que había sonado en la vieja radio cuando ambos estaban solos. Aquella vez, Harry había invitado a Hermione a bailar, y luego de compartir ese momento ella se había alejado de él y habían continuado en silencio.
Ahora, siguieron bailando, mirándose a los ojos. Harry le dio una vuelta, y ella hasta consiguió reír. Luego, ella le dio una vuelta a él. Era difícil decir cuál de los dos era peor bailando.
Luego de otra vuelta, ambos quedaron tomados de las manos y mirándose a los ojos, muy cerca el uno del otro. La canción acababa de terminar.
-Lo siento, Hermione -dijo Harry. Y bajó su mirada. -No puedo hacerlo.
-¿No puedes?
-No puedo besarte.
-¿Por qué no? -Hermione pareció sentir algo gigantesco por dentro, ya que puso una mirada de profundo dolor.
-Lo siento -repitió él-. Él no será el único emancipado esta noche.
-¿A qué te refieres?
-He tomado una decisión.
La escena cambió, y una criatura apareció corriendo a lo largo de un corredor, en una enorme casa, lanzando objetos al suelo y destruyendo toda una sala mientras chillaba y saltaba por los rincones.
-¡Deben irse de aquí! ¡RÁPIDO! ¡Él llegará en cualquier momento! Y los está buscando a ustedes…
Hermione abrió grandes los ojos.
-¿Qué quiere de nosotros?
-Matarlos.
Harry se arrastró por una superficie nevada, sus dedos clavándose en el hielo seco, unas gigantescas montañas blancas y nevadas ante él, hielo y frío intenso carcomiendo su cuerpo. Su rostro pálido ya no podía avanzar más. Iba a morir allí, en los hielos de la Antártida, en un paisaje vasto, gigante, abandonado y sin un alma, donde solo él quedaba.
Y donde pronto iba a morir, él también.
…
Harry Potter y el Magic World Tour
Parte 4: Oceanía / Antártida
Lanzamiento de todos los capítulos en simultáneo, en pocos días:
34. La emancipación
35. Bora Bora, PF
36. Hermione y Harry, NZ
37. Magia blanca
38. La batalla de la Península Antártica
