PARTE 4. OCEANÍA / ANTÁRTIDA
34. La emancipación
Harry, Ron y Jose aterrizaron en la puerta de un hospital que Harry recordaba haber visto en fotografías. Luego de su accidente en África, Harry había visitado unos sitios web dedicados a participantes del MWT donde les mostraban fotografías de lugares de emergencia donde podían aparecerse en caso de necesidad. Uno de ellos fue un hospital de magos de Sídney, Australia.
-Aguanta, Ron -le dijo a su amigo, que seguía inconsciente, cargándolo en brazos e ingresando al hospital, donde varios enfermeros se lo llevaron corriendo a la sala de urgencias.
-Su situación es complicada -les dijo uno de los sanadores, una hora después. Harry y Jose estaban en la sala de espera, sus rostros demacrados y con ojeras. Saltaron a la vez al ver al sanador acercarse.
-¿Se pondrá bien? -preguntó Jose, con ambas manos unidas en su pecho.
-Recibió un tremendo golpe en la cabeza, pero eso no es lo grave -explicó el sanador-. Podemos reconvertir un cráneo partido por un golpe normal. Pero el suyo se rompió con magia, no con el golpe. El golpe ocasionó severos daños en su cuerpo, con la caída que sufrió, pero ya hemos trabajado sobre esos daños y están estables, no son graves. Lo que nos ayudaría mucho, y aquí quisiera pedir la colaboración de ustedes, es que nos digan exactamente qué hechizo fue el que recibió. Me refiero al que lo lanzó volando por los aires, el momento en que sufrió la lesión en la cabeza.
Jose giró la cabeza hacia Harry, desesperada.
-No lo sé -Harry negó con la cabeza. Quiso pensar, quiso saber cuál había sido, pero era imposible.
Sorprendentemente, Jose rio.
-Lo siento -se disculpó-. Son los nervios. ¿Cómo que no sabes?
-No, no lo recuerdo -Harry se pasó una mano por el cabello, nervioso también.
Jose quedó seria, y le empezó a temblar el labio.
-Tú lo hiciste -dijo, con algo nuevo en la mirada, algo que Harry no conocía demasiado bien en ella aún: rabia-. Tú hiciste el hechizo que lo lanzó por el aire.
-No sé cuál fue, ¿de acuerdo? Fue como algo que brotó dentro de mí. No lo sé. Ni siquiera lo hice con una varita. Yo…
-Está bien -los interrumpió el sanador-. Seguiremos probando hasta dar con el contrahechizo. En este momento él está estable. La buena noticia es que podemos mantenerlo así mientras hacemos más estudios y buscamos la magia apropiada para curarlo.
-Entonces, ¿se pondrá bien? -repitió Jose, ya histérica.
-No voy a mentirles. Puede ser tanto que logremos curarlo en una hora, como en una semana, como en un año. O podría ser que muera. Sus lesiones son graves -el sanador los miró con seriedad-. Todos esos escenarios son igual de probables en este momento. Pero haremos lo mejor que podamos para curar a Ron, y en cuanto tengamos nuevas noticias volveremos con ustedes.
Cuando el sanador se retiró, Harry y Jose se quedaron con la mirada clavada en el suelo, ambos, y con brillos extraños en los ojos. "O podría ser que muera", había dicho el sanador.
Jose giró la cabeza hacia Harry, y le dirigió esos ojos verdes abiertos como platos. Eran, de hecho, parecidos a los suyos.
-Tú le hiciste esto -dijo, el labio temblando y una lágrima cayéndole por la mejilla.
Harry no dijo nada.
-¡Tú lo hiciste! -gritó, ahora fuera de sí.
-Cálmate, Jose. Yo…
-¡TÚ NADA! -la chica gritó tan fuerte que todos los rostros de la sala de espera se volvieron hacia ellos. -¡MALDITO EGOÍSTA! ¡YA DÍ CUÁL FUE EL MALDITO HECHIZO QUE LE LANZASTE!
Harry se puso de pie, decidido a no soportar esa situación, y se alejó de ella y de allí. Caminó a toda velocidad hacia la salida del hospital, y no se detuvo hasta llegar a la calle. Cuando lo hizo, sintió que una mano lo tomaba del hombro. Se volvió para ver que Jose lo había seguido hasta allí. Estaba hecha un manojo de nervios y su mirada era desquiciada.
-¡YA DIME QUE CARAJOS LE LANZASTE! -repitió.
-¡NO LO SÉ! -bramó Harry-. ¿QUÉ TE PASA? ¿CREES QUE NO QUIERO CURARLO TANTO COMO TÚ?
-¡PARECIERA QUE NO!
-¡PUES NO SABES NADA! -gritó Harry, perdiendo la cordura en ese preciso instante-. ¡NADA! ¡NO TIENES IDEA! ¡CONOZCO A RON HACE DIEZ AÑOS MÁS QUE TÚ! -puso un dedo en el pecho de Jose, mirándola con rabia-. ¡SOY SU MEJOR AMIGO DE TODA LA VIDA! ¡CRÉEME QUE NO QUISE HACERLE DAÑO! ¡FUE UN ACCIDENTE!
Compartieron otra mirada de ira, y entonces ella resopló y se tapó los ojos con una mano, su cuerpo sacudiéndose por el llanto.
Harry, que no sabía qué hacer, sacó su varita y se la quedó mirando. Le dio una sacudida, realizando de forma muda el hechizo para ver cuál había sido el último hechizo utilizado por la varita, con la misma varita.
Vulnera Sanentur había sido el último hechizo. Lo había utilizado para curar a Ron justo antes de aparecerlos a Jose y a él frente al hospital. No podía saber cuáles hechizos había realizado previamente a eso.
Harry le lanzó una última mirada a Jose, que se había dado la vuelta, cruzada de brazos, mirando para otro lado.
-¿Tú necesitas atención médica?
Ella hizo un gesto con la mano como toda respuesta. Parecía estar llorando, pero dada vuelta para que él no la viera.
-¿Necesitas algo…?
Volvió a hacer el mismo gesto, indicando que no.
-Bien. Iré a dar una vuelta. Necesito aire. Cualquier cosa… Puedes mandarme un whatsapp.
-Sí, claro -dijo ella, con la voz extraña. Harry asintió, aunque ella no podía verlo, y empezó a caminar lejos de allí.
Mientras andaba por las soleadas calles del barrio de magos de Happy Side, cerca de Bondi Beach, se sentía extraño estando allí. Parecía un lugar muy feliz, como indicaba el nombre del barrio, con magos y brujas de entre veinte y treinta años disfrutando de la mañana mientras bebían helado (allí era verano), comían golosinas mágicas, o incluso bebían cervezas de manteca en sillas fuera de los bares que poblaban cada rincón. Otros paseaban yendo y viniendo por tiendas de artículos mágicos, donde vendían desde lechuzas hasta artículos hogareños, como relojes que indican dónde está tu familia u otros que Harry nunca había visto, como bibliotecas con estanterías que subían y bajaban dejando los objetos que uno quisiera tomar siempre al alcance de la mano y haciendo levitar más arriba a los menos deseados.
Harry salió del barrio mágico por un momento y se puso a caminar por los lugares muggle. No sabía bien por qué. Pero no quería pensar en nada, solo andar. Caminó por el puente del puerto, quizás el lugar más famoso junto con el Ópera House, por el que también pasó.
Cuando estaba por la zona del Ópera House, Harry sintió algo extraño. Se sentó en un banco, descansando las piernas, mientras miraba la arquitectura del famosos edificio ante él, rodeado de agua. Una chica que pasaba por allí se sentó en el banco, junto a él.
-Es tan extraño -dijo Harry, sin mirarla, los ojos puestos en el edificio-. Tú y yo estuvimos de viaje aquí, ¿lo sabías?
-¿De verdad?
-Así me dijo Ron.
-¿Y quién le dijo a él?
-Hermione. La del Universo 2 -explicó Harry, cruzándose brazos y aun mirando el Ópera House-. Ella y, bueno… Y yo… O, mejor dicho, ella y el Harry del Universo 2 vinieron aquí a pasar la navidad de hace 2 años… O, mejor dicho, la navidad de 1998. En la época en que estaban con lo del Cazador de Brujas.
-Ajam.
-Me resulta extraño estar ahora aquí contigo, en el mismo lugar -Harry se volvió y le dirigió una suerte de sonrisa a Hermione. Ella, sentada a su lado, le devolvió una mirada algo triste y melancólica.
-Hola, Harry.
Ambos se acercaron y se abrazaron, con fuerza. Esta vez, Hermione era corpórea y real. Estaba allí realmente.
Se apartaron y se quedaron mirando a los ojos.
-¿Cómo me encontraste? -Harry recorrió ahora su cuerpo con la mirada, como para cerciorarse de que estaba bien, sin heridas.
-Estoy bien -dijo ella, adivinando sus pensamientos-. ¿Y tú?
-También.
-Te encontré usando legeremancia -explicó ella, sencillamente.
-Claro -Harry frunció el ceño-. Pensé que ya había aprendido a cerrar mi mente.
-Pues sí, no creo que se trate de ello -Hermione clavó sus ojos castaños en él-. Es curioso, pero no me fue difícil encontrarte. Tampoco sé si verdaderamente ingresé en tu mente. De alguna forma, supe el camino.
-Hermione, Ron…
-¿Qué pasa con él? -dijo ella, de pronto transformando su expresión a una de preocupación.
Harry le contó todo lo que había pasado. Decidió no omitir detalles, y le confesó que fue su propio hechizo el que lo dejó en el estado en que se encontraba ahora.
-No te culpes a ti mismo, Harry…
-Sabía que dirías eso -la interrumpió él-. Jose no opina igual. Deberías preguntarle lo que opina ella.
-Jose debe estar muy afligida, Harry. Solo imagina que su novio, por el que dejó todo, por el que se fue dejando todo atrás, y a quien ama, está en este estado. Entiendo lo que te debe pasar a ti, igualmente, Harry. Ron es nuestro amigo, y siempre lo fue, y es terrible lo que le pasó. Debes estar sufriendo aún más que ella. Pero se pondrá bien, de seguro. Tiene que ponerse bien…
-Te dije que esto pasaría -Harry levantó la mirada-. El caos vuelve. Corremos peligro nuevamente. Y ahora Ron y tú han estado al borde de la muerte.
-Yo estoy bien -dijo ella. Se le quebró un poco la voz. -Fue horrible, pero…
-Sé lo que te hizo -dijo Harry-. Hermione, voy a matarlo.
-No, Harry. Creo que…
-¿De verdad? ¿Vas a defenderlo ahora? ¿Luego de lo que te hizo, no quieres matarlo tú también?
-Bueno, tampoco fue tan grave, Harry…
-¿Qué? ¿Cómo puedes…? ¿De verdad dices esto?
-¿Qué te pasa?
-Malfoy me dijo lo que te hizo.
Hermione puso cara de confusión.
-Lo que me hizo -dijo, remarcando cada palabra-. Fue lanzarme un par de hechizos, cuando descubrí lo que se traía entre manos. Luego de eso, luchamos unos… ¿cinco minutos, tal vez? Mientras tanto, él me reveló que iría a por ti. Y entonces, cuando vi que no podía vencerlo, me desaparecí, yéndome de allí. Luego utilicé la legeremancia para advertirte.
-Me dijo que te había encerrado en una jaula -dijo Harry, y ella puso la cara de confusión más exagerada que le hubiera visto-. Que te violó.
-¿Quéééééééééééééé? -Hermione abrió grandes los ojos, y de pronto, inesperadamente, rompió a reír. Harry no podía creer su reacción. -Harry, estás demente.
-¡El me lo dijo!
-Qué enfermo -volvió a poner una expresión de seriedad, dejando el efecto sorpresa detrás-. ¿Por qué te dijo eso?
-Porque es un demente -concluyó Harry-. Al menos no fue verdad. Me alegra saber eso.
-No, no fue verdad. ¿Dijo que me violó? Qué locura, jamás he tenido nada con él, ni siquiera cuando estuvimos viajando juntos. Solo se encontró conmigo en Afganistán, y hemos recorrido una o dos semanas juntos, pero no pasó nada entre nosotros.
Hubo un ligero silencio, mientras Harry pensaba.
-¿Y no sospechaste nada entonces? ¿De qué él había planeado todo?
Harry volvió a quedarse mirando el edificio ante él.
-No -Hermione miró el edificio también-. ¿Sabías que es en verdad un edificio de magos?
-¿De verdad? -preguntó Harry, sin apartar la mirada de allí-. No lo sabía.
-Sí… -Hermione jugó con su cabello-. El Ópera House es un edificio de magos encubierto para que parezca de muggles. Pero, en verdad, al pronunciar un conjuro las hojas del techo se pliegan, solo visible para magos, y dan acceso a un teatro con famosas obras de magos.
-Vaya, increíble -dijo Harry.
Aunque ninguno de ellos dos lo sabían, ese exacto mismo diálogo había tenido lugar en 1998 entre Hermione y Harry del Universo 2, durante su viaje a Australia en la era de la Cacería de Brujas.
Hermione retomó el tema principal:
-No sospeché nada, Harry. Parecíamos solo dos amigos viajando, como antes. Yo quería ir sola, como les dije en mi carta. Y lo hice, durante todo África. Viajé sola por la selva, por las playas, por el interior de muchos países, hasta el sur. Cuando decidí que ya había pasado mucho tiempo en ese contente, estaba en Botsuana entonces, y me fui a Pretoria, la ciudad más cercana donde pude conseguir un traslador hacia Dubái.
-Nosotros también fuimos allí.
-Sí, es que son una de las pocas rutas de trasladores que se consiguen fácilmente por esa zona. Luego continué por Irán, Afganistán, y allí me encontré a Malfoy, que me fue a buscar.
-Por legeremancia.
-Eso parece.
-Porque son gemelos en la magia.
-Eso me dijo -Hermione se encogió de hombros-. Pero ahora yo pude encontrarte a ti, Harry. He leído al respecto, y no estoy segura de que exista tal cosa como los gemelos en la magia.
-¿Cómo que no?
-Es una creencia -se encogió de hombros de nuevo, escéptica-. Es la clase de cosas sobre la que le encantaría escribir a Rita Skeeter, Harry. O a Corazón de Bruja. No sé si estarías interesado en posar para alguna foto allí, con el titular "Harry Potter, gemelo en la magia de…" y alguna modelo famosa.
-Cierra la boca -Harry sonrió.
-Me suena tan falso como el horóscopo, eso de los gemelos en la magia -Hermione, una vez más, demostró su escepticismo característico-. Es una creencia antigua de magos muy similar al horóscopo, de hecho. Es como cuando los muggles dicen que Aries es compatible con Capricornio. Pura mierda.
-Aries no es compatible con Capricornio -dijo Harry, arrugando la cara.
-¡Qué va! ¿Vas a decirme que también crees en el horóscopo? Pensé que te conocía, Harry.
Ambos rieron, y de pronto Harry sintió que su vida regresaba un poco a la normalidad.
-Yo creo que puedes localizar a cualquier persona con la que compartas un vínculo, con la magia de la legeremancia -dijo Hermione-. Es una magia de la que aún falta mucho que estudiar y aprender. Los magos no saben exactamente qué tanto puede hacerse con la legeremancia.
-Muchas cosas -dijo Harry-. A mí me han curado por medio de eso. Recibí un disparo en la cabeza.
-¿QUÉ?
Pasaron la siguiente media hablando y poniéndose al día con todo. Llegado cierto punto de la conversación, decidieron ir a comer a un lugar cercano de allí, se pidieron unas hamburguesas y continuaron la charla en una mesita en la vereda, en una calle muggle atiborrada de gente.
-Así que así fue como sospechaste de Malfoy -dijo Harry.
-Sí -confirmó ella-. Sabía que si él podía hacer legeremancia, yo también tenía que poder. Es muy hábil, Harry. Me costó mucho entrar en su mente. Pero en un momento de debilidad pude hacerlo, solo un poco. Muy poco. Pero suficiente.
-¿Qué viste?
-Lo único que pude ver fue lo que él estaba pensando en ese momento. Y estaba pensando en su plan: Matarnos a nosotros. A ti, a Ron y a mí. Y luego de eso, crecer más en la magia negra, para dominar el mundo.
-Qué disparate -dijo Harry-. Malfoy, queriendo dominar el mundo…
-Supongo que siempre hubo algo oscuro en él.
-Yo pensaba que no -reveló Harry-. Es decir, nos odiábamos, y todo. Pero yo pensaba que era bueno en el fondo. Bajó la varita ante Dumbledore, después de todo, y al final de todo parecía que no era mala persona, en el fondo.
-No lo sé, quizás nunca acabas de conocer a la gente…
-Deberíamos detenerlo, ¿no crees?
-Pues claro. Pero yo quise hacerlo y no pude, te lo digo. Nos batimos a duelo y él fue más poderoso que yo. Pero no me violó, ni me puso en una jaula, ni nada parecido. Eso es una absoluta mentira, jamás me ha tocado un pelo.
Luego de un silencio, Hermione dijo:
-¿Y qué ocurrió con Luna?
-Oh, eso fue… terrible -Harry se puso muy nervioso de pronto-. La verdad es que estábamos, bueno… Tengo que decirlo, por más terrible que sea. Estábamos saliendo. Incluso creo que he disfrutado algunos momentos por ella. Fue tan desquiciado que resultara ser esa criatura horrible. No era el Lethifold, Hermione, era otra cosa. Estuve buscando por si encontraba la respuesta, pero la verdad es que no la encuentro. No sé qué criatura era esa, jamás escuché de nada así, realmente personificó a Luna en un 100%. Sabía los recuerdos de ella, hablaba como ella, te miraba como ella, tenía sus gestos, todo. Era prácticamente ella misma. Solo que no lo era. La verdadera Luna, con la que hablamos luego por el celular, estaba sana y salvo en Inglaterra y no tenía la menor idea de que hubiera alguien más igual a ella viajando por el Magic World Tour.
-Es una locura total -coincidió Hermione-. Yo tampoco he oído nunca de una criatura así -frunció el entrecejo, con una expresión muy consternada-. No hay nada tan poderoso en el mundo de la magia.
-Pues ahora sabemos que sí, porque lo he visto con mis propios ojos.
-Mucho más poderoso que una poción multijugos, o que un boggart, o que un animago, que un cambiaformas, o que cualquier hechizo o poción para la transformación. Había oído de criaturas que podían tomar el aspecto de una persona para confundirte, pero jamás que pudieran hacerlo durante meses de forma convincente, con los recuerdos, pensamientos, y todo lo que dices, de la persona a la que suplantan. Esto es algo nuevo. Incluso me atrevo a pensar que esto podría haber venido de otro universo, porque jamás oí de nada similar en este.
-No lo creo. Olvida los otros universos, Hermione. Están todos bien cerrados e inaccesibles, tal como creíamos. No hay dimensión infernal, no hay Voldemort volviendo de alguno de ellos ni nada así. Todo fue una trampa de Malfoy.
-Sí, lo sé, pero aún así, no podemos cerrarnos totalmente a esa posibilidad. Hedwig viaja entre ellos, de alguna forma, y ni siquiera sabemos cuál es esa forma. Y si te lo pones a pensar, Harry, ella fue de hecho quien te trajo la carta en la que Neville decía que estaba atrapado en una dimensión infernal.
-Sí, lo he pensado. ¿Sugieres que Hedwig también es una criatura de esas, que está suplantando a mi ave, para que nos traiga esas cartas y así engañarnos aún más? Porque si lo sugieres, Hermione, te creo. Ya no confío en nada ni en nadie.
-Esa teoría, por muy buena que sea, indicaría que entonces no existe ninguna conexión de ningún tipo entre los universos y que todo, todo, fue una gran mentira. De Malfoy solo, o quizás con algún cómplice. Porque no podemos descartar que haya algún cómplice. De todas maneras, Harry, me dijiste que enviaste cartas a personas de otros universos, y que les han respondido.
-Cartas que pudieran ser falsas. Ya no creo en nada, como te digo. Si existe conexión entre los universos, entonces puede ser que esa criatura venga de algún otro. Que Malfoy la haya traído. La verdad ya no sé. Creo que la única forma de encontrarle sentido a todo es ir a buscar a Malfoy, vencerlo, y sacar la verdad de él.
-Quizás… Aunque también pensé en algo más.
-¿Qué cosa?
-Harry, hemos estado pensando en este misterio todos estos meses, mientras viajamos por el mundo. Pero, aun así, jamás hemos hecho lo primero que tendríamos que haber hecho para buscar respuestas.
-¿Qué cosa?
-Pues, registrar la casa de Malfoy.
-¿Cómo dices?
-Es simple. Es lo primero que hacen los aurores cuando sospechan de alguien, ¿no es así?
-Sí, claro.
-Pues bueno, deberíamos hacerlo. Claro que sería más correcto ir a buscar a los aurores y decirles que vayan ellos mismos, pero sería más rápido y nos ayudaría más ir nosotros mismos. Tenemos que registrar toda su casa de Suiza, Harry, podríamos encontrar alguna respuesta allí.
Harry sonrió.
-Cada vez eres menos como la antigua Hermione. La que respetaba las reglas y todo. Si no fuera porque a lo largo de tu vida has ido cambiando y te has ido haciendo cada vez más rebelde, diría que eres una de esas criaturas.
-No, no lo soy -Hermione y Harry se miraron fijamente-. ¡De verdad no lo soy! Soy la auténtica.
-Puede ser -Harry fingió que lo dudaba-. Aunque ya te dije que no confío en nadie ahora. Así que jamás estaré 100% seguro.
Hermione puso los ojos en blanco y extendió su mano hacia él. Harry se quedó mirando la mano de la chica, y luego volvió a mirarla a los ojos.
-Para aparecernos -explicó ella, arqueando las cejas.
-¡Ah! Claro, claro -Harry se ruborizó, y tomó su mano. Hermione giró en el lugar, y ambos desaparecieron de allí.
Cuando reaparecieron, estaban ante la enorme casa de Malfoy, en Suiza. Si bien la distancia era grande para aparecerse, Hermione era una excelente bruja y tenía una visión clara del lugar, por lo que llegaron en una pieza.
-Alohomora -susurró Hermione, apuntando con su varita a la puerta. Esta se abrió con un "clic" y se entornó varios centímetros. Con sus varitas en alto, ambos entraron a la casa y empezaron a recorrerla lentamente, con precaución. Luego de un rato caminando por las habitaciones y lugares, descubrieron que no había nadie allí.
Más tranquilos por esa certeza, empezaron a registrar todo. Abrieron cada cajón, cada armario, en busca de pistas o de algo que les sirviera para aportar algo a lo que ya sabían.
-Nada -dijo Harry una hora después, reuniéndose con Hermione en la sala principal de la casa donde habían estado todos meses atrás, hospedándose durante su viaje por Europa.
-Pensé que encontraríamos algo -dijo Hermione, desilusionada-. Alguna pista…
-Solo es una casa de magos normal. No hay documentos, no hay información, nada que diga lo que estuvo tramando, ni nada. Tenemos que tener en cuenta, Hermione, que Malfoy no es ningún imbécil. De alguna forma, se las ingenió para hacernos creer que había llamado aurores, y hubo dos personas aquí que creímos que eran aurores haciéndonos preguntas sobre la desaparición de Neville. Y todo fue falso, fue armado por él. No eran aurores reales. No sé si eran cómplices suyos, o qué, pero no es ningún idiota. Así que, de tener algo escondido aquí, no lo tendrá en un cajón. Lo tendrá en algún lugar donde no lo hallaremos fácilmente.
Hermione se mordió el labio.
-Tienes razón…
A continuación, Hermione hizo toda clase de hechizos para revelar objetos ocultos, rastros de magia negra, etc. Harry se le unió, con algunos hechizos que se había aprendido en la Academia. No consiguieron nada. No había rastros de magia negra visibles, no había lugares alterados para esconder algo, al menos nada que sus hechizos pudieran detectar.
Se dieron por vencidos. Estaban ya tomándose de la mano para regresar a Australia, cuando algo los hizo llevarse un susto de muerte: De la nada, algo se apareció ante ellos, materializándose en el aire. Sus dedos, que solo se habían rozado, se separaron bruscamente al tiempo que los dos magos buscaban sus varitas y las sacaban de sus bolsillos, apuntándolas al recién llegado.
-¡No disparen! -gritó este, una pequeña figura que giraba en el lugar allí donde acababa de aparecer-. ¡No disparen, por favor!
Hermione extendió una mano hacia Harry, bajándole la varita, por instinto, para que no disparara.
Había un elfo doméstico ante ellos. Lo reconocieron enseguida: Era Tymicus, el elfo de Malfoy.
Harry y Hermione se miraron entre sí, y sus ojos se encendieron de pronto con un brillo extraño: la esperanza.
-Hola, Tymicus -dijo Hermione, acercándose al elfo y extendiéndole una mano para saludarlo. El elfo se quedó mirando la mano con terror en los ojos. -Lo sentimos mucho, no quisimos asustarte. ¿Cómo estás?
-¡Deben irse de la casa del amo! -chilló el elfo, aterrado-. ¡No pueden estar aquí dentro!
-Lo sentimos -dijo Harry, acercándose al elfo también-. ¿Sabes quiénes somos?
-¡Claro que sí! ¡Harry Potter y Hermione Granger! Estuvieron aquí hace unos meses. ¡Váyanse de aquí!
-No es nuestra intención entrar a la casa de tu amo sin permiso -le dijo Hermione-. Lo que ocurre es que…
Harry pensó que requeriría un gran trabajo de psicología, engaño o entrar en confianza con el elfo para que pudiera revelarles algo sobre su amo. Incluso, empezó a pensar que el elfo no traicionaría a su amo jamás, y que si querían sacarle información tendrían que pasar horas, días, o meses yendo a verlo y tratando de ganar su confianza. Pero resultó que, en ese preciso momento, el elfo dijo:
-¡Deben irse de aquí, porque el amo Malfoy es peligroso, y los está buscando a ustedes!
Hermione abrió grandes los ojos.
-¿Ah, sí? -ella, muy sorprendida también de lo fácil que había hablado el elfo, quedó sin palabras.
-¡Sí, para matarlos! -chilló el elfo. Harry y Hermione se miraron otra vez, sorprendidos. -¡Quiere matarlos y luego convertirse en el amo del mundo!
El elfo resultó no ser excelente en guardar secretos de su amo.
-¿Quiere ser el amo del mundo? -preguntó Harry.
-¡Síííí! -chilló el pequeño elfo, asustado y mordiéndose las uñas. Hermione no pudo más con su amor por la criatura, se acercó y lo abrazó, acto que casi hace al elfo morir del susto. -¡AUXILIO! -chilló el elfo-. ¡ME ABRAZA LA HIJA DE MUGGLES! ¡AUXILIO!
-Maldito Malfoy -dijo Harry, entre dientes-. Oye, elfo, no tiene nada de malo ser hijo de muggles.
-Olvídalo, Harry -dijo Hermione, recuperando la compostura y dejando al elfo-. Lo siento, Tymicus. ¿Puedes decirnos algún detalle que nos permita detener a Malfoy?
-¡AAHAHHH! -Tymicus agitó los brazos en el aire y empezó a correr en círculos por la sala. Estaba demente. -¡SOY UN TRAIDOR! ¡SOY UN TRAIDOR!
-No, Tymicus, no lo eres -dijo Harry-. Tranquilo…
Pero el elfo empezó a golpear su cabeza contra la pared, y cuando Hermione quiso detenerlo se desapareció, y reapareció en el techo, sobre una araña de cristal, de la cual saltó de cabeza, estampándose de cara contra el piso.
-¡Basta, Tymicus! -chilló Hermione-. ¡No te lastimes a ti mismo!
-¡Soy un mal elfo! ¡Estoy contándole los planes del amo Malfoy a la hija de muggles y al enemigo supremo!
-¿Enemigo supremo?
-¡Estoy contándoles todo! -dijo el elfo, dándose la cabeza contra una lámpara-. ¡Estoy contándoles que el amo Malfoy crio a las criaturas personificadoras en los sótanos secretos de esta mansión, criaturas únicas en el mundo capaces de suplantar completamente a un mago o bruja, y las creó con los poderes que obtuvo en sus estudios de la alquimia!
-Excelente, continúa, por favor -dijo Harry, tomando nota de todo con su celular.
-¡Harry! -protestó Hermione-. ¡No es bueno para su salud!
-Espera un poco, Hermione, está soltando todo -Harry le indició con una mano que no detuviera al elfo.
-¡ELFO MALO, LE ESTOY CONTANDO TODO AL ENEMIGO SUPREMOS, ¿QUÉ DIRÍA EL AMO DE MÍ?! -chilló Tymicus, dándose bofetadas en la cara a sí mismo-. ¡SOY UN TRAIDOR! ¡ESTOY CONTANDO TODO! ¡LES ESTOY REVELANDO QUE EL AMO MALFOY ME USÓ, EN SU UNIVERSO ORIGINAL, PARA AYUDARLO A CREAR ESAS CRIATURAS CON LOS PODERES DE LA ALQUIMIA! ¡ELFO MALO! ¡LES ESTOY DICIENDO TODOS LOS SECRETOS DEL AMO! ¡LES ESTOY DICIENDO QUE EL AMO ME ENVIÓ A VIAJAR POR TODOS LOS UNIVERSOS, BUSCANDO LOS INGREDIENTES Y ELEMENTOS QUÍMICOS QUE NO EXISTÍAN EN ESTE UNIVERSO PARA CREAR ESAS PODEROSAS CRIATURAS!
-¿En serio? -dijo Hermione, ya no intentando detenerlo. El elfo corrió chillando hacia la ventana, saltó contra ella y atravesó el vidrio, que estalló en pedazos. Luego apareció de nuevo sobre la araña del techo y saltó de cabeza al suelo otra vez. Hermione puso cara de horror y se tapó los ojos.
-¡SIIIIIII! -chilló el elfo-. ¡QUE MAL ELFO SOY! ¡ESTOY CONFESÁNDOLES QUE EL AMO ME ENVIÓ POR LOS UNIVERSOS, QUE ME ENVIA TODO EL TIEMPO PARA BUSCAR ESOS INGREDIENTES QUE NECESITA!
-Espera, ¿tú puedes viajar entre los universos? -preguntó Harry, mirando al elfo detenidamente.
-Sí, claro -dijo Tymicus, encogiéndose de hombros, como explicando una obviedad-. Soy un elfo.
Harry y Hermione abrieron los ojos como platos, estupefactos ante la sorpresa.
-¿Los elfos pueden viajar así sin más entre los universos?
-Pues claro, somos elfos -dijo Tymicus, que ahora hablaba como si ellos dos fueran idiotas y no entendieran que dos más dos es cuatro.
-Tymicus -Harry sintió que su corazón se aceleraba a velocidades vertiginosas-. Si yo tomo tu mano… o la de cualquier elfo doméstico… ¿pueden llevarme a otro universo?
Y entonces, lentamente, Tymicus empezó a asentir con la cabeza.
-Oh… -la boca de Hermione se abrió varios centímetros.
-¡RÁPIDO, VÁYANSE DE AQUÍ! -dijo Tymicus-. ¡ANTES DE QUE ÉL VENGA! ¡HUYAN!
-No -dijo Hermione-. Tymicus, no vamos a dejarte aquí.
-¡VÁYANSE!
Harry miró a Hermione y quiso decirle que sería mejor que se fueran de allí. Pero ella insistió.
-Tymicus, tu amo es malvado -dijo Hermione-. Y sé que tú no lo eres. Porque si no, no nos habrías confesado todo lo que sabes.
-¡AAHHHH! -esas palabras casi provocan que el elfo se abra el pellejo a sí mismo con sus propias manos, pero Hermione lo detuvo y le sujetó ambas manos, mirándolo a los ojos seriamente. Tymicus, boquiabierto y con los ojos abiertos en la expresión de horror y temor más exagerada del mundo, quedó petrificado, como paralizado por el shock de la situación, y sus ojitos lentamente giraron hasta mirar a Hermione.
-Ven con nosotros -dijo Hermione, y le dirigió una triste sonrisita-. Te protegeremos.
Una lágrima cayó del ojo del pequeñito elfo doméstico.
-¿De verdad?
-Te lo prometo -dijo Hermione.
Tymicus rompió en llantos, descontroladamente.
-No puedo hablar mal del amo Malfoy -dijo-. ¡PERO ES TERRIBLE! ¡ME TRATA TAN MAL! ¡MAL ELFO! ¡MAL ELFO!
Hermione volvió a sujetarlo con fuerza.
-¡No puedo irme! -chilló-. ¡Mi magia de elfo no me lo permite! ¡No si el amo no me libera!
-No necesitas que te libere -dijo Harry, dando un paso adelante-. Tymicus, debes entender que todo es un gran mito. No existe ninguna magia que controle la esclavitud, Tymicus. Voy a revelarte ahora yo a ti un gran secreto que los magos se han guardado por generaciones: No hay tal cosa como una magia de los elfos domésticos que les impida irse de lo de sus amos. Todo el tema de que les tienen que regalar un calcetín, o una prenda de ropa, es todo una mentira. Solo piénsalo, Tymicus, ¿por qué deberían regalarte ropa? ¿No es absurdo? ¿Qué sentido tiene eso? Ninguno. Y no existen magias que regulen la esclavitud, porque la esclavitud es algo que está mal. La verdad, Tymicus, es que tú y todos los elfos domésticos tienen el poder de irse de la casa de sus amos cuando quieran. No hay nada que se los impida, nada. Han nacido libres. Son criaturas libres. Solo que ellos no quieren que lo sepan.
Inspirado, Harry señaló a un lado, como si el amo del elfo estuviera allí.
-¡Ellos no quieren que lo sepan, pero ustedes ya nacieron libres! -gritó Harry, motivado-. ¡Puedes irte cuando quieras! ¿No lo ves? ¿Para qué necesitas que Malfoy te de ropa? Eso no es más que una estupidez, los magos lo inventaron para que ustedes se lo crean y de esa forma no se vayan. Así que dime, Tymicus, ¿serás tan ingenuo para creer eso? Solo haz el intento -Harry tendió su mano hacia el elfo-. Inténtalo. Verás como puedes irte de aquí sin problemas.
Hermione no dijo nada, pero estaba maravillada, y miraba a Harry con una admiración que lo hizo ruborizar.
Sorprendentemente, el elfo, que parecía a punto de desmayarse, tomó la mano de Harry. Al instante, Hermione se acercó, tomó la otra mano de Harry, giró sobre sí misma, y los tres huyeron de allí.
De regreso en Sídney, lo primero que hicieron fue tratar de tranquilizar al elfo, a quien mimaron todo lo posible, regalándole cosas, dándole una cama en la carpa de Harry y diciéndole que sería suya para siempre, para que se sienta más tranquilo. De a poco, el elfo empezó a entender realmente que era libre y que ellos eran sus amigos. Un rato después del caos, Tymicus se fue tranquilizando, y finalmente se quedó dormido sobre la cama que le habían dado, hecho un ovillo. Harry y Hermione, en la carpa con él, lo contemplaron dormir y respirar agitado mientras parecía aun temblar por los nervios de la situación, incluso dormido.
-Estuviste genial, Harry -dijo Hermione-. Fue tan conmovedor lo que le dijiste.
-Gracias -dijo Harry-. De verdad, no tengo idea de si lo que dije es cierto. Solo fue algo que se me ocurrió en el momento. Lo importante, pensé, era que él se lo creyera. Quizás, si él se lo cree, entonces se vuelva cierto.
Harry miró por la abertura de la carpa, que daba al pequeño parque donde habían armado campamento. El sol del atardecer ya empezaba a desaparecer. Se hacía de noche. Harry hizo dos cafés, y le sirvió uno a Hermione en la mesa. Ella se sentó y se pusieron a beber, mirándose a los ojos.
-Esto lo cambia todo -dijo Harry.
-Lo sé.
-Ahora sabemos cómo viajar entre los universos.
-Sí…
Harry miró a Hermione con una expresión amarga, por algún motivo.
-Puedes volver a tu universo si lo deseas.
-Y tú al tuyo.
-Deberíamos decírselo a todos. A todos los que están aquí, pero que pertenecen a otro universo en verdad.
-Sí, quizás… -Hermione se quedó pensativa.
-¿Qué piensas?
-No sé si sea buena idea. Solo piénsalo, Harry. Malfoy quizás sea el único que sabe esto. Y ya puedes ver lo que ha hecho, con el poder que se obtiene viajando entre los universos. Ha utilizado sus conocimientos de la alquimia para crear, con elementos químicos que solo existen en algunos universos, y que envió a Tymicus a buscar, esa criatura que a ti te engañó por completo. Y ahora quiere dominar el mundo. Quizás también quiere dominar los universos. Si todo el mundo sabe de esto, podrían surgir otros como Malfoy, que intenten cosas similares también.
-Es cierto… Será mejor guardar el secreto.
-Tenemos que hacerlo. Que nadie lo sepa. Y tenemos que detener a Malfoy ahora mismo, Harry.
-Estoy de acuerdo.
Se hizo un breve silencio.
-Ha sido un día largo -Hermione sonrió con amargura y se puso de pie-. Deberíamos ir a buscar a Jose al hospital, ver cómo está Ron.
-Sí, vamos allá. Tymicus estará bien, te lo prometo. Podemos dejarlo solo un rato.
Hermione miró a Harry y, lentamente, se acercó a él. Este sintió un nudo en el estómago.
-Te extrañé, Harry…
Hermione se acercó a él, mirándolo a los ojos. Cuando estaba a centímetros de distancia, la chica cerró los ojos y empezó a acercar sus labios a los de él.
Sin embargo, jamás llegó a tocarlos.
Hermione abrió los ojos, y vio que Harry la estaba deteniendo, colocando una mano en su hombro para impedirle avanzar.
-¿Qué ocurre?
-Lo siento, Hermione -dijo Harry. La miró a los ojos, serio. -No puedo hacerlo.
-¿No puedes?
-No puedo besarte.
-¿Por qué no? -Hermione pareció sentir algo gigantesco por dentro, ya que puso una mirada de profundo dolor.
-Lo siento -repitió él-. Tymicus no será el único emancipado esta noche.
-¿A qué te refieres?
-He tomado una decisión -dijo Harry-. He decidido no salir contigo.
-¿Por qué no? -repitió ella-. Dijiste… Nos besamos, el Europa. Y en el Magreb, siempre estuviste tratando… Lo siento, Harry. Al principio me asusté. Pensé que vería mucho de Guerrero en ti, y no quise. Ahora… Ahora pasó un tiempo, estuve sola, pude despejar mi mente. Pude ver lo que quiero realmente. Y me di cuenta de que puedo hacerlo, puedo quererte a ti. Puedo estar contigo. De verdad.
-Pero yo no quiero estar contigo -dijo Harry, y supo que acababa de clavarle un puñal en el corazón, pero aun así siguió-: Lo lamento. Yo creía que te quería a ti, que quería estar contigo por siempre, enamorarme, quizás estar muchos años juntos… Pero luego me di cuenta que no. El viaje también me cambió. He estado solo, he estado con otras mujeres. Lo siento, pero descubrí que lo que realmente quiero… -Harry lanzó una rápida mirada a la cama de Tymicus-. Lo que realmente quiero es ser libre. Eso fue lo que descubrí, con el viaje. No quiero ataduras. No quiero una relación. Quiero ser libre, disfrutar mi vida todo lo posible. Si fuera a estar con alguien, quisiera que fueras tú, Hermione. Eres la mejor chica del mundo, te lo aseguro. Cualquier hombre sería el más afortunado de los universos si te tuviera a ti. Pero tendría que ser un hombre que desea eso. Que desea estar en una relación. Ese no soy yo ahora.
Hermione cambió su expresión y pareció dolida pero algo ofendida también.
-No quieres una relación -dijo, quizás algo enfadada-. Lo entiendo… Prefieres estar de fiesta entonces.
-No, no es eso. No se trata de una fiesta. Se trata de libertad.
Harry señaló a Tymicus.
-Quiero ser libre. No voy a volver a estar en una relación. No por muchos años, al menos. He pasado por tanto, sentimentalmente. Me hice gay, me enamoré de Ron. Lo perdí. Luego me gustaste tú. Finalmente, me doy cuenta que todas esas experiencias me hicieron abrir mi mente completamente hacia lo que son las relaciones, lo que es el amor. Y lo que realmente quiero, es no sentir amor por un tiempo. Por años, décadas quizás. Voy a disfrutar mi vida. A estar solo. A ser libre. Eso es lo que quiero.
Hermione aflojó la dureza en su rostro un poco. Entonces se apartó el cabello de la cara y asintió.
-De acuerdo, lo entiendo -dijo. Luego de eso, hubo un silencio incomodísimo, durante el que solo se oía el sonido de la respiración de Tymicus. -Bien… No hay nada que hablar, entonces. ¿Amigos?
-Amigos -Harry sonrió y le estrechó la mano, con firmeza, y decidido.
-¿Vamos al hospital?
-Sí, vamos.
Y entonces, dicho eso, ambos salieron de la carpa y fueron hacia el hospital.
A pesar de lo incómodo de la situación, y de lo sorpresivo que sabía que había sido para Hermione, no se arrepentí de una sola palabra. Estaba seguro de lo que le estaba diciendo. Ya lo había decidido antes de que Hermione lo encontrara en aquel banco, frente al Ópera House. Lo había decidido ya, no sabía cuándo, pero en ese momento ya no le quedaba ninguna duda.
Ya había tenido suficiente de relaciones y amor. A partir de ese momento, un nuevo Harry libre del amor había nacido. Y su único objetivo en cuanto a relaciones y amor sería ser feliz y disfrutar de una cómoda y placentera soltería por al menos los siguientes diez años.
35. Bora Bora, PF
-Dicen que estará bien -dijo Jose, en la sala de espera del hospital de magos. Ya habían hecho las paces con Harry. -Aun no despierta, pero me aseguraron que va a hacerlo en poco tiempo. Quizás unos días. Debe permanecer aquí. Incluso después de despertar, tendrá que estar unos días más internado.
-De acuerdo, permaneceremos aquí, en Sídney, hasta entonces -dijo Harry-. El tiempo que sea necesario. Podemos alquilar algún lugar por un tiempo más prolongado, para no estar tantos días en carpa.
-Averiguaré -dijo Hermione-. Quizás hay departamentos con alquileres semanales, por ejemplo.
Más tarde, consiguieron uno. Lo alquilaron por una semana y dejaron sus cosas allí, a pocas cuadras del hospital. Era lindo tener un lugar donde estar asentados, en vez de viajando constantemente, aunque solo fuera por unos días. Estuvieron compartiendo el departamento los tres, junto a Tymicus y Hedwig. Se turnaban para ir al hospital a oír los reportes de los sanadores, todos los días. También para hacer compras, cocinar y limpiar. Le dijeron a Tymicus que tenía prohibido hacer ninguna de esas cosas, porque él era un elfo libre ahora. La actitud de la criatura se fue relajando día tras día, hasta que ya no parecía tener más un miedo mortal, y su terror, si bien siguió estando, pasó a ser menos mortal.
Finalmente, Ron despertó. No estaba del todo lúcido, pero abría los ojos y pudo reconocerlos y llamarlos por sus nombres. Jose no dejaba de llorar, si bien todos estaban tristes por la situación de su amigo. Los sanadores les dieron esperanzas, diciéndoles que estaban convencidos de que no tendría ninguna secuela, y era solo cuestión de tiempo para que acabara de recuperarse y fuera el de siempre.
-Eso sí, tendrá que abandonar este torneo -dijo un día uno de los sanadores, hablando con ellos en una sala del hospital-. No es bueno para su salud estar viajando por todos lados en un estado tan delicado. Lo ideal es que regrese a su casa, donde pueda descansar, en su país, en lo posible, para que se relaje. Tardará varios meses en recuperarse por completo, y no puede pasarlos viajando.
Eso los entristeció, pero lo entendieron. Cuando finalmente pudieron hablar con él, no le dijeron nada de eso, para no ponerlo nervioso, y en cambio le hablaron de trivialidades y cosas sin importancia.
Una semana después, le dieron el alta. Con un vendaje aun en su cabeza, Ron salió caminando del hospital, ayudado con un bastón. Cuando pisó la vereda, afuera, respiró hondo, disfrutando estar fuera del hospital finalmente.
-Me siento bien -dijo, sonriendo a sus amigos-. Ya no aguantaba más allí dentro.
Para ese momento, ya le habían dicho que tendría que dejar el torneo. Jose dijo que iría con él a Inglaterra. Hablaron por whatsapp con el resto de los Weasley, que prepararon una habitación en su casa para ellos dos.
-Lo siento mucho, amigo -dijo Harry, por enésima vez-. Por mi culpa debes dejar el torneo.
-No es tu culpa, Harry -dijo Ron, guiñándole un ojo, con cierta dificultad-. Es culpa de Malfoy. Pero, ¿saben qué? Me siento tan bien por haber tenido razón, por primera vez en nuestras tantas aventuras, que pasan año tras año, que no me importa tener que dejar el torneo.
-Eso sí que es una actitud testaruda -dijo Hermione, riendo.
-No, no lo es -la contradijo-. No es solo el hecho de que finalmente yo tuve razón. También me siento bien porque Neville y Luna están bien, y porque Voldemort no va a regresar. Solo hay que detener al imbécil de Malfoy, y ya. No es para tanto.
-Es poderoso -dijo Harry, serio-. No pude con él, y Hermione tampoco. No hay que subestimarlo. Tiene muchos poderes que adquirió en su universo, con todo lo de la alquimia, y es más fuerte que nunca.
Tymicus, que estaba junto a ellos, se mordió las uñas, muy nervioso.
-Bien, pero sé que ustedes podrán derrotarlo -dijo Ron-. Lamento no poder ayudarlos mucho esta vez. Pero si pudieron con Voldemort, con el Cazador de Brujas, con la malvada Hermione psicópata destruye universos, y todo… Vamos, tienen que poder con Malfoy, no me jodan.
Todos rieron, si bien Harry no estaba tan seguro como Ron. Pero no iba a insistir, por supuesto, siendo que Ron necesitaba tranquilidad. Se despidieron todos de él, y Harry le dio un fuerte abrazo.
-Te extrañaré, amigo.
-¿Nos vemos en el verano, cuando acabe el torneo? -preguntó Ron.
-Por supuesto -dijo Harry, asintiendo-. Acabaremos con Malfoy, ganaremos la pepita que nos falta para ser primeros, luego desempataremos con los yanquis y ganaremos el torneo. Cuando me veas nuevamente, estaré allí con Malfoy derrotado y con el dinero del premio.
Ron lanzó una carcajada.
-Así se habla.
Como no podía aparecerse ni tampoco estaba en condiciones de viajar en traslador, Ron tuvo que movilizarse hasta Inglaterra en aviones muggle. Jose y él partieron en un taxi hasta el aeropuerto, donde tomarían un vuelo con escala en Singapur, con duración total de 25 horas hasta llegar a Londres.
Mientras veían al taxi alejarse con sus dos amigos en él, Harry y Hermione comprendieron que ya no verían a Ron y Jose nuevamente por el resto de ese año y del torneo, lo cual dejó a Harry sintiéndose con una extraña sensación de vacío por dentro.
-Es tan triste -dijo Tymicus, limpiándose una lágrima y de pronto lanzando un grito de pánico por un sonido producido por Hedwig, que estaba ululando en el hombro de Harry.
Tampoco sabían dónde encontrar a Malfoy, así que la única decisión coherente por el momento era continuar el torneo, hasta que oyeran algo o tuvieran alguna novedad de él. Por supuesto, mientras avanzaban lejos de Sídney, elaboraban teorías sobre lo que habían descubierto y cómo podían usar eso a su favor. Sabían que con Tymicus podían viajar a otros universos, pero la realidad es que ninguno quería hacer eso nuevamente, luego de todo lo del año anterior, y tampoco pensaban que fuera a servir de nada. Era ese universo el que estaba amenazando Malfoy.
Llegaron a Melbourne, y luego continuaron viajando por Victoria. En ese momento, grandes incendios asolaban toda esa parte del país, y el paisaje era bastante triste. Días después, dejaron Australia y viajaron por otras islas de Oceanía. Fuero en escoba, con el elfo gritando a todo pulmón detrás de Harry, hasta Efate, una isla del continente más cercana a Australia. Allí, descansaron en las hermosas playas paradisíacas, antes de avanzar más hacia el Este, hacia Fiyi. Y luego de Fiyi, siguieron hacia Upolu, otro punto turístico en medio del océano.
Llegado ese punto, estaban muy cerca de la línea internacional de cambio de fecha, el punto más oriental del mundo, que al ser cruzado cambia el día en que uno se encuentra y pasa a estar en el punto más occidental del mundo, al oeste de América. Ese lugar lo alcanzaron al llegar a la isla Caroline, que ostenta el título del lugar más oriental del mundo. Allí, es donde se puede decir, de acuerdo a las convenciones internacionales, que el día comienza primero, y el primer lugar alcanzado por los rayos del sol, donde comienza primero un día del año. Dejando de lado esa curiosidad, era un lugar exótico lleno de especies de peces y con una playa de arena blanca y agua transparente, donde no había prácticamente gente.
El recorrido por las islas de Oceanía paradisíacas continuó en la Polinesia Francesa, ya del otro lado de dicha línea, donde conocieron Bora Bora, quizás el lugar más turístico para los muggles. Era difícil preocuparse por Malfoy en un bungalow de madera que parecía flotar sobre el océano azul con otra hilera de bungalows al lado, todos conectados bajo un cielo azul intenso, con la playa de arena blanca al final del camino y el sol radiante sobre ellos.
Harry y Hermione bebían unos tragos tropicales sentados en la escalera de madera que bajaba desde su bungalow hasta el agua, con las piernas colgando sobre el océano y los pies en el agua transparente, los peces de colores nadando bajo ellos. Tymicus se había puesto un pequeño traje de baño que solía ser de Harry y tocaba el agua con la punta del dedo del pie, aterrorizado y con los ojos desorbitados. Siempre parecía que estaba por darle un ataque cardíaco. Hedwig, en cambio volaba en círculos sobre ellos, feliz.
-Harry, ¿cómo demonios pagaste esto? -preguntó Hermione, bajando sus lentes de sol y mirando a Harry.
-Quizás no volvamos a venir para esta parte del mundo -dijo él-. No me molesta utilizar un pequeño montoncito de mi oro de gringotts si realmente lo vale.
-No creo que pueda pagarte mi parte aunque trabaje cinco años -se lamentó ella-. Muchas gracias, Harry…
-De nada -dijo él.
Esa noche, la única que Harry había pagado en aquel costoso hospedaje, Tymicus dormía plácidamente en su cama y Harry y Hermione estaban mirando el océano nocturno por la ventana, y la luna brillando sobre ellos. Hermione llevaba puesto un camisón bordó y Harry una camiseta sin mangas y un pantalón corto para dormir.
-No hay pepitas para buscar aquí -dijo ella, haciendo conversación-. Es territorio francés. Esa pepita ya fue encontrada. Fue la primera.
-Da igual -dijo Harry-. No estamos aquí por la pepita. Estamos para disfrutar un poco.
Habían puesto música con el celular de Hermione. De pronto, empezó a sonar una canción de Nick Cave, "O'Children".
-Esta canción… Se me hace familiar -dijo Hermione, frunciendo el ceño.
Harry, que estaba mirando por la ventana, se volvió hacia ella. Ambos se quedaron mirando mutuamente varios instantes. Harry entornó los ojos, confundido. Y ella miró el suelo, rascándose detrás de la oreja.
Mientras la canción sonaba, Harry recordó dónde la había oído antes. El descubrimiento de aquello lo hizo sentir que su corazón latía más rápido, y su sangre fluía más deprisa por sus venas.
De pronto, impulsado por no sabía qué, Harry se acercó a Hermione. La miró y extendió una mano hacia ella.
Ella miró su mano con extrañeza, como si se preguntara qué estaba haciendo. Pero lo tomó de la mano, y el la condujo hacia el centro del bungalow.
Se tomaron de ambas manos, sin decir una palabra. Había un brillo en los ojos de Hermione. Harry supo que ella no tenía idea de qué haría él. Y él tampoco.
De pronto, Harry empezó a moverse. Aquello era un baile. Hermione lanzó una sonrisita. Harry movía exageradamente los hombros, y hacía algunos movimientos torpes con las piernas, mientras la invitaba a bailar con él.
O'Children era la canción que ambos habían bailado años atrás en la vieja carpa con la que habían recorrido Inglaterra, luego de que Ron los abandonara en su búsqueda de horcruxes. Era la canción que había sonado en la vieja radio cuando ambos estaban solos. Aquella vez, Harry había invitado a Hermione a bailar, y luego de compartir ese momento ella se había alejado de él y habían continuado en silencio.
Ahora, siguieron bailando, mirándose a los ojos. Harry le dio una vuelta, y ella rio. Luego ella le dio una vuelta a él. Era difícil decir cuál de los dos era peor bailando.
Luego de una vuelta, quedaron tomados de las manos y mirándose a los ojos, muy cerca el uno del otro. La canción acababa de terminar.
Al mismo tiempo, los dos se movieron hacia adelante y empezaron a besarse.
Harry tomó a Hermione de la cintura con una mano, y de detrás de la cabeza con otra. Compartieron un beso larguísimo, con los ojos cerrados, un beso romántico y placentero. Duró muchos minutos, durante los cuales Harry se sintió por primera vez en un paraíso, a pesar de que hacía días estaban recorriendo esas playas vírgenes de arena blanca, cielos azules y aguas transparentes.
Finalmente, se separaron. Ambos quedaron mirándose a los ojos por un instante eterno.
-¿No era que querías ser soltero, al menos por una década? -preguntó ella, sin aliento, con apenas un hilo de voz, un susurro.
-He cambiado mucho de planes en muy poco tiempo, últimamente -dijo él, torpemente, algo boquiabierto y con los ojos mirándola con algo parecido a temor en ellos. -Quizás no lo pensé bien.
-No pienses más -Hermione puso ambas manos en su cara, volvió a acercarse y lo besó otra vez. Ahora Harry la tomó de la cintura con ambas manos. Los dos se movieron hacia atrás, y cayeron juntos sobre la cama de Hermione.
Ella le quitó la camiseta, y empezó a besarle el cuello y el musculoso pecho. Luego subió a sus labios nuevamente.
Harry acarició el cuerpo de Hermione por encima del camisón bordón. La tela era suave y muy delgada. El camisón se corría hacia arriba mientras Harry acariciaba sus piernas y muslos.
Sus lenguas se encontraron y el sudor apareció mientras Hermione atinaba torpemente a bajar el pantalón corto del chico un poco. El se lo quitó, mientras la besaba, y levantó su camisón hasta por arriba del ombligo.
Harry se colocó sobre ella y se movió hacia arriba y abajo mientras la abrazaba con fuerza, con ambas manos, por la espalda, y no dejaban de besarse por un segundo, sus lenguas acariciándose y las puntas de sus narices tocándose.
Se quitaron toda la ropa, quedando desnudos. Harry besó sus pechos. Ella le arañó la espalda. Él acarició sus muslos, justo junto a sus genitales. Ella colocó su glande en sus labios, y le pasó la lengua. Él besó sus glúteos. Introdujo su pene en ella y acarició su mejilla mientras la miraba a sus ojos castaños, que estaban perdidos en un océano sin retorno.
La sangre fluía por el cuello de Hermione. Harry lo besaba. Su cuerpo estaba caliente. La sangre bajaba en Harry. Ambos corazones latían a toda prisa. Se movían juntos en la cama, abrazados, arriba y abajo. Arriba y abajo…
Se miraron a los ojos, juntos, en el momento en que ambos llegaron al éxtasis y una parálisis recorrió sus cuerpos, fluyendo juntos, sus labios rozándose entre sí, sus ojos mirando el alma del otro, perdidos en la química, encontrados como jamás habían estado. Se quedaron allí, sudando, abrazados, dándose besos una y otra vez, sin poder separarse.
Porque estaban destinados a estar juntos.
