36. Hermione y Harry, NZ
Luego de eso, y de unas idas y vueltas que habían llevado meses y más meses, Harry y Hermione se pusieron de novios oficialmente. Para cellar su unión, tuvieron la gran idea de hacerse tatuajes mágicos permanentes con el nombre del otro en Auckland, Nueva Zelanda, su siguiente destino.
Concurrieron a la famosa isla de magos de la ciudad, Wahitiki Island, que estaba entre la isla Waiheke y Bucklands Beach, oculta. Para acceder, había que ir en bote hasta un punto determinado en el mar, que se localizaba haciendo un hechizo homenum revelio y dejando el bote en el punto donde más presencia humana sentía el hechizo. Una vez allí, había que saltar del bote. Ocurría allí lo más extraño: al atravesar la superficie del agua hacia abajo, en lugar de sumergirse dentro del agua, lo que ocurrió fue que los chicos salieron del otro lado como si acabaran de salir de debajo del agua, en cambio, y estuvieran saliendo flotando a la superficie. Harry sintió como si el mundo anterior hubiera estado cabeza abajo, y ahora saliera a la superficie con el mundo dado vuelta. Totalmente extraño. Y en cuanto su cabeza emergió del agua de esa extraña forma, ante él había una isla que antes no estaba: Wahitiki Island, donde había toda clase de animales fantásticos del mundo mágico andando libremente ante ellos.
También había magos y brujas de todas partes del mundo, visitando el lugar, y algunos muggles, que desde hacía unos años eran bienvenidos en casi todas las ciudades y lugares de magos del mundo. Allí se hicieron sus tatuajes mágicos, que la tatuadora les hizo usando su varita, remojando la punta en tinta y haciendo hechizos sobre su piel con ella. No dolía en absoluto, a diferencia de los tatuajes muggle. El resultado fue la palabra "HERMIONE" en su bíceps derecho, sobre el codo, adelante, en letras que se movían, cambiaban de forma y por momentos desaparecían, para aparecer nuevamente más arriba del bíceps e ir bajando, cruzando el doblez del codo hacia el antebrazo y luego desapareciendo de nuevo.
Hermione, cuyo cabello castaño de toda la vida ya caía nuevamente un poco por debajo de sus hombros, habiendo crecido esos meses, y que tenía aun su tatuaje acuarela de un micrófono de muchos colores que se movía y de pronto se destruía, estallando, para luego formarse otra vez con los pedazos; ahora tenía un nuevo tatuaje en el mismo lugar que Harry, en el brazo, en el cual se leía "HARRY".
Cuando Harry se contempló a sí mismo en el espejo para ver cómo le quedaba, le devolvió la mirada un muchacho de veinte años que hacía ya dos años que no usaba más lentes, cuya cicatriz en forma de rayo era una más dentro de un pequeño puñado que adornaban su cara (si bien eran más suaves ahora, desde que había empezado a usar una crema de magos que las iba volviendo más pequeñas y disimuladas), y cuyos impresionantes músculos seguían allí, si bien habían adelgazado levemente por la falta de entrenamiento el último años. Y ahora con la palabra "HERMIONE" navegando por su musculoso brazo.
-Me encanta -le dijo a Hermione, que estaba de pie en el alto espejo, a su lado, semidesnuda también, con sus tatuajes en movimiento-. Ahora tengo huellas de las dos mejores mujeres que haya conocido en mi vida en mi cuerpo.
-¿Cuál es la otra? -preguntó ella, de pronto furiosa.
-Mis ojos verde esmeralda -dijo Harry, apuntándolos con un dedo.
Hermione sonrió. Entonces, su sonrisa se borró.
-Oye, Jose tiene unos ojos casi idénticos a los tuyos -dijo-. No te referirás a ella, ¿verdad?
-¡Claro que no! Hablaba de mi madre.
-Bien, eso espero.
-Pero si es la novia de Ron.
-Yo también lo era, y aquí me tienes.
Hermione se acercó a él y empezó a besarlo. Ambos retrocedieron hacia la cara y se dejaron caer en ella, donde pasaron horas y horas haciendo el amor.
El recorrido por la isla norte de Nueva Zelanda continuó en zonas salvajes, playas, volcanes y lugares verdes. Muy verdes.
Lo curioso de las playas de Nueva Zelanda era el equipamiento: Hermione llevaba bikini, Harry gorro para el sol, ambos bloqueador solar, y ambos abrigos. Así es. Por eso lo llamaban el país de las cuatro estaciones en un día. Llovía y salía el sol, hacía frío y luego calor, todo en un día.
Conocieron un grupo de chicas que habían viajado allí desde Sudamérica para trabajar en granjas y viñedos, y haciendo picking de frutas. Hicieron con ellas un Kiwi-rail, que son trenes turísticos que recorren paisajes escénicos. Todos los paisajes que veían, montañas, playas y naturaleza virgen parecían salidos de películas.
Luego Harry, Hermione, Tymicus y Hedwig cruzaron en ferry hacia la isla Sur, donde descubrieron que los paisajes espectaculares solo acababan de empezar. El mismo cruce en ferry ofreció una vista fantástica, y una vez en la isla Sur viajaron durante días por unas montañas verdes hundidas en un océano azul llamadas Milford Sound, donde la naturaleza se adueñó de ellos y los hizo experimentar un amor por el mundo de forma renovada.
Armaron días tras día la tienda en toda clase de escenarios naturales, con animales salvajes andando junto a ellos, ante cascadas que caían a muchos metros de altura por las montañas y sobre el mar. Hicieron algunas Great Walks, como se denominaba a los trekking entre la naturaleza. Vieron animales como el kiwi, el kea, el tui, el weta y el delfín de cabeza blanca. Por la noche, acamparon entre la naturaleza e hicieron el amor en la tienda, en la cama que ahora compartían, separada por un panel de la cama de Tymicus, y Hermione gimió y sudó mientras Harry la penetraba y besaba sus pezones, metiendo y sacando el pene de su interior y probando el dulce sabor de su lengua continuamente, apretando sus glúteos con la mano y chorreando semen por fuera de su clítoris y hacia la cama.
Queenstown les ofreció más paisajes naturales y escénicos, y probaron algunas actividades que aun no habían hecho en su viaje por el mundo, como saltar en parapente de una montaña. Actividades muggle que para una pareja de magos acostumbrados a volar en escoba no eran nada fuera de lo común, pero que aun así destacaban por la belleza del paisaje ante sus ojos al hacerlo.
Exploraron Paparoa National Park, Christchurch, Kaikoura, Puponga, la hermosa playa de Kaiteriteri y Marahau, donde hicieron ellos solos otro Great Walk, cruzando puentes colgantes, playas y vegetación; y, sobre todo, haciendo el amor en todos lados, incluso en plena playa durante el día. No había nadie más allí, y mientras Hermione pasaba bloqueador solar a Harry por la espalda, de pronto su mano terminó metiéndose por debajo de su traje de baño y ambos se quitaron toda la ropa, se revolcaron en la arena, que quedó pegada por todos sus cuerpos, y tuvieron sexo salvajemente en medio de la playa, gritando de placer mientras se movían rítmicamente, las tetas de Hermione bailando hacia arriba y abajo con el movimiento de la penetración de Harry. Tymicus, que estaba más lejos, en la zona de los árboles, con un gorro de lana y una bufanda; se tapaba los ojos con horror, temblando de miedo y sin comprender.
Farewell Spit y Wharariki Beach fueron otros dos puntos donde la arena se mezclaba con el mar en espuma y montañas emergían desde lo profundo. Otra cosa que emergió fue el pene de Harry luego de penetrar a Hermione encima de una roca en medio del océano. Realmente estaban teniendo sexo por todos lados, día y noche. Tenían más sexo que comidas al día. Tymicus huía cada vez que lo veía venir, traumado de por vida.
El viaje por Nueva Zelanda acabó de forma lenta, pausada, luego de haberlo disfrutado al máximo; sin apuros, sin prisas, disfrutando cada momento y gozándolo tanto como era posible. Exactamente igual que como Harry acabó dentro de Hermione en medio de la jungla en Paparoa National Park, mientras tenían sexo de pie contra una palmera, Hermione de espaldas sujetando el grueso tronco, Harry tras ella sujetándola de la cintura y bombeándola continuamente, los pájaros volando y cantando todo alrededor, el agua fluyendo en el río a su lado como Harry hacía fluir los líquidos en Hermione.
Luego de eso, al llegar al extremo sur del país, empacaron sus cosas en sus mochilas extensibles, montaron sus escobas y cruzaron el cielo por arriba del océano Pacífico y hacia el sur. Luego de horas de vuelo, cruzaron el límite sur donde el océano Pacífico da paso al océano Antártico, y continuaron volando hasta finalmente llegar al continente blanco.
