38. La batalla de la Península Antártica (fin de la Parte 4)

Harry y Hermione volaban en sus escobas en medio de una suave nevada. El cielo sobre ellos era gris, y Tymicus chillaba por el susto que le provocaba la empinada subida por las montañas. Si bien ellos habían estado en montañas antes, nunca en unas tan desoladas, desérticas y rodeadas de nieve y hielo. Las montañas Transantárticas eran una de las cadenas montañosas más largas del mundo, extendiéndose por más de tres mil kilómetros y separando la Antártida Oriental de la Occidental. Su pico más alto, el monte Kirkpatrick, parecía ser el lugar al que los llevaba la varita, que tenía aquella especie de geolocalización activada y giraba y vibraba hacia los lugares por donde tenían que ir.

Harry arqueó la espalda e inclinó el frente de su escoba hacia arriba, alzando vuelo sobre la ladera de la montaña y trepando más y más. La altura se les empezó a hacer vertiginosa, mientras el suelo tras ellos, cubierto en hielo, quedaba más distante, y el cielo más cerca. Era curioso, sin embargo, que, si bien gran parte de las montañas eran de tierra y no de hielo, parecían estar hundidas en una bruma de hielo que era el suelo donde habían caminado antes de subir por ellas. Este parecía un océano en el que estaban sumergidas las montañas, solo que congelado.

-¿Sabías que hace poco un grupo de mujeres británticas muggles fueron las primeras en cruzar la Antártida? -le gritó Hermione a Harry, desde su escoba-. ¡Y escalaron estas montañas! ¡A pie!

-Increíble -exclamó él, impresionado-. ¡Y yo aquí quejándome con magia, con escoba y siendo hombre!

-Son unas genias -dijo Hermione-. ¡Yo estoy que muero!

El furioso viento golpeaba fuerte en sus camperas térmicas, que tenían sobre sus capas de viaje. Era difícil saber cuándo era de día y cuando de tarde, con esos cielos grises y extraños horarios de amanecer y atardecer, cuya brecha se iba acortando notoriamente con cada día que pasaba y con cada nuevo amanecer que se acercara más al invierno y sus noches eternas. Pero, en un determinado momento de ese día cruzando las montañas en rápido y complicado vuelo, entre el viento y la nieve, y el frío, la varita finalmente vibró como loca, indicando que habían llegado. Estaban en la cima del monte Kirkpatrick, el cielo se había despejado un poco y el atardecer pálido les ofrecía una impresionante vista de la altura y los hielos debajo en 360 grados en la caída de la montaña en torno a ellos. Si ese no era el lugar más inhóspito del planeta, Harry no sabía cuál podía ser.

-Aquí no hay nada -dijo Harry, apuntando en un círculo en torno a ellos con su varita-. Esta es la cima. La varita indica que es aquí. Pero no hay ninguna pepita.

-La nieve -dijo Hermione, apuntando bajo ellos-. Estas capas de nieve se renuevan a cada minuto. Tiene que estar sepultada. ¡Accio pepita!

El hechizo quizás no habría sido tan poderoso de no ser por la magia blanca, que incrementaba su poder y hacía que el hechizo fuera mucho más intenso que en otra parte del mundo. Una vibración surgió del suelo bajo ellos. Se apartaron de allí justo cuando la nieve se quebraba y una especie de erupción rompía el pico de la montaña. Una pepita de oro saltó por los aires, despedida, y voló a metros de altura por encima del pico de la montaña, y cayendo por un lado de esta hacia el vertiginoso vacío detrás.

-¡Voy por ella!

Luego de gritar eso, Harry tomó su escoba, corrió y pegó un salto desde el mismísimo borde del pico de la montaña, volando por los aires y cayendo desde una altura de 4500 metros de altura. Con la escoba aferrada a su mano, Harry extendió los brazos por encima de la cabeza y su cabeza avanzó por delante, cayendo en un clavado como si estuviera saltando a una piscina, de cabeza. Su velocidad de caída aumentó, acercándolo más a la pepita, que caía y giraba, destellando en dorado mientras caía al precipicio blanco.

Harry sintió la violenta nevada golpearlo, el atroz viento sacudirlo, y la ladera de la montaña bajo él amenazando con un golpe mortal que podía suceder en cualquier segundo. Se trepó a su escoba, finalmente, pasando una pierna por encima de ella, y aceleró, cayendo más rápido y a toda velocidad.

Alcanzó la caída de la pepita. Con sus reflejos de buscador, y sintiendo que estaba en el partido de quidditch más desolado y salvaje del mundo, extendió un brazo hacia adelante, y atrapó la pepita en pleno vuelo, cuando faltaban escasos metros para golpear contra una ladera rocosa de la montaña.

Luego de atraparla, Harry tuvo que pegar una voltereta en la escoba, para frenar la caída y no golpear contra la roca. Luego de esa voltereta y espectacular giro en el lugar, la escoba salió propulsada hacia arriba nuevamente, y hacia la cima de la montaña donde había quedado Hermione.

Al día siguiente, ambos caminaban con gruesas botas por el hielo, en medio del continente, del otro lado de la cadena montañosa. Mientras buscaban donde acampar (todos los lugares parecían ser iguales, pero había que asegurarse de que no hubiera peligros climáticos o del terreno), leían la pista que habían encontrado dentro de la pepita.

-Oh, mira -dijo Harry, señalándole el pergamino a Hermione-. Creo que ya descifré. Esta pista debe referirse a la pepita de oro de Australia, ¿no lo crees?

Hermione volvió a leer el pergamino, ahora con más atención.

-Tienes razón -coincidió-. Qué lástima. No pudimos encontrar esa. Pero ahora estamos moviéndonos para el lado opuesto, así que no nos sirve. Sabemos que no hay otra pepita en Antártida, y estamos yendo en dirección a Sudamérica.

-Sí, hubiera sido mejor una pista que ayudara con la pepita de Argentina o de Chile.

-Exacto.

-Bueno, da igual. Estamos primeros, empatados con el grupo de chicos de Estados Unidos. Quedan unas diez pepitas en el mundo aún dando vueltas, y algunas están en América. Si conseguimos una más…

Mientras Harry miraba su teléfono, para tratar de usar la app del torneo y saber qué países de América tenían pepitas disponibles, comprobó una vez más que no había internet allí. Tenía señal, sin embargo.

En ese preciso momento, su teléfono empezó a sonar.

-¿Hola? -contestó Harry, confundido por haber recibido una llamada, y ante la cara atónita de Hermione.

-¡Hola! -lo saludó una voz alegre y femenina del otro lado-. Soy Amanda, secretaria de presidencia del Magic World Tour. Queríamos informarte que tu grupo está empatado en el primer puesto, como los mejores del torneo. Como faltan pocos meses para finalizar, y quedan pocas pepitas para encontrar, estamos preparando una entrevista especial que queremos realizarle a los dos grupos que van a la cabeza del torneo. ¿Quisieran participar?

-Un segundo.

Harry puso una mano en el teléfono, tapando el sonido, y le dirigió una mirada a Hermione.

-Los organizadores del torneo -le explicó-. Quieren hacer una entrevista a los que van ganando… ¿Te interesa?

Hermione frunció el ceño y se quedó pensativa. Luego se encogió de hombros.

-De acuerdo -dijo Harry, al teléfono.

-Muy bien -dijo la mujer que se llamaba Amanda-. ¿En qué parte del mundo se encuentran? Podemos ir a hacer la entrevista allí.

-En Antártida.

Hubo un silencio por parte de la mujer.

-Oh -se escuchó que decía-. Impresionante. Un segundito, por favor.

Harry oyó que hablaba con otra persona, y él podía oír partes de la conversación por el teléfono. Identificó las frases: "¿Podemos filmar en Antártida?" y "¿El director querrá ir allí?" Luego de eso, la mujer volvió a hablar con Harry.

-De acuerdo -le dijo-. ¿En qué parte se encuentran?

-Estamos… -Harry miró alrededor, como si de esa forma pudiera identificar donde estaban. Pero alrededor solo había kilómetros de puro hielo todo a la redonda. -Estamos por llegar al Macizo de Vinston, en Antártida Occidental. Pasando los montes Transantárticos. Estamos yendo hacia la Península Antártica, desde donde cruzaremos a Sudamérica.

-Vaya, eso es increíble -dijo la mujer. Tras eso, volvió a hablar con otra persona. Harry empezó a molestarse de que le hiciera eso. -Muy bien. Quizás podamos hacer la entrevista cuando lleguen a la Península Antártica. Los llamaremos nuevamente. El director del torneo, el señor Thomas Crug, está muy ansioso de conocerlos y entrevistarlos personalmente.

-De acuerdo -asintió Harry-. Esperaremos su llamada entonces.

-¡Buena suerte con el resto del torneo! -los saludó Amanda, muy simpática, antes de colgar la llamada.

-Genial -dijo Harry, mientras guardaba el teléfono-. Escuché que dijo que habrá cámaras.

-Lo que necesitas, Harry, más fama -bromeó Hermione.

-Ah, no, tú serás la que hable -bromeó él-. Yo ya tuve suficiente fama para toda una vida. Mira, creo que podemos armar la carpa aquí.

Días después, y tras muchas horas de vuelo por encima de hielo, hielo y más hielo, llegaron a la Península Antártica, luego de dejar atrás la Tierra de Ellsworth. Estuvieron recorriendo hacia el norte por el lugar, que era el más habitado de todo el continente, con la mayor cantidad de bases científicas muggle. Esto se debía a que era ligeramente menos inhóspito que el resto del continente, al estar en una latitud más alejada del polo de inaccesibilidad del continente; que sería el punto central de Antártida, que ya habían dejado atrás, donde era más inaccesible y con las peores condiciones.

Ahora, la temperatura y clima en general era ligeramente más favorable, mientras se movían por la península pasando la meseta Dyer y volando rápidamente días tras día hacia el norte, hasta la punta de la península.

Finalmente, llegaron a Costa Palmer, entre el cabo Sterneck y el cabo Kjellman. No era exactamente la punta de la península, pero era un lugar desde el cual, si querían, podían ya emprender vuelo hacia Sudamérica.

-Personalmente, me harté del frío -coincidió Harry una noche, en la tienda, hablando con su novia. Si bien tenían la calefacción mágica puesta, igual llevaban abrigos gruesos. -No me molestaría salir volando para Sudamérica ahora mismo.

-Solo imagina las playas de Brasil -dijo Hermione, soñadoramente, mientras terminaban de beber una sopa.

-Sí, vayamos cuanto antes.

-¡Síííí! -chilló Tymicus, tiritando de frío-. ¡Huyamos de aquí!

-Aunque debo admitir que extrañaré la magia blanca -dijo Harry, haciendo un hechizo ante Hermione que materializó una torta de chocolate ante ellos, de la nada misma-. Cómo me gusta poder violar las Excepciones Principales a la Ley de Gamp sobre Transformaciones Elementales.

Los tres quedaron sonriendo, sin embargo, ante la perspectiva de dejar Antártida atrás, y recorrer playas y lugares con climas más agradables otra vez.

Mientras soñaban despiertos con eso, el teléfono de Harry volvió a sonar. Harry atendió, y volvió a oír la voz de esa mujer organizadora del torneo, Amanda. Se había casi olvidado del tema de la entrevista. O más bien no lo había olvidado, pero había estado deseando irse de allí antes de que lo contactaran, y que la entrevista no ocurriera. Sin embargo, Amanda fue más rápida y lo terminó convenciendo en cinco minutos de hacer la entrevista al día siguiente, allí mismo donde estaban. De esa forma, tuvieron que retrasar un día su plan de abandonar Antártida. En vez de partir de allí al día siguiente, como habían dicho, tendrían que hacerlo un día después.

La Costa Palmer era una costa, como la palabra lo indicaba, pero totalmente glaciar. El océano se extendía ante ellos azul oscuro en la distancia, y el hielo rompía en él en forma de acantilado, para deshacerse en bloques de hielo que seguían más allá, dentro del océano. Allí mismo, la tarde siguiente, una oscura tarde de principios de abril, varios magos y brujas aparecieron salidos de la nada, quizás mediante aparición o traslador; no lo sabían, puesto que cuando salieron de su carpa, donde habían estado almorzando, ya los encontraron allí a todos, del otro lado, montando cámaras y preparando micrófonos y equipos de filmación mágicos, que funcionaban sin ningún tipo de cables ni tecnología muggle. También habían armados varias tiendas propias de ellos, que lucían más profesionales y grandes que la de ellos, donde se metían y salían a cada rato.

-¡Buenas tardes! -los saludó un grupo de magos y brujas, que se acercaron a tenderles la mano, sonrientes-. Somos Amanda, Craig, Luke y Jeremy. Organizadores del Magic World Tour. Ustedes hablaron conmigo por teléfono -se presentó Amanda-. ¿Cómo se encuentran?

-Bien -dijeron ellos dos, tendiéndoles la mano. Tymicus miraba tras ellos, semi escondido, espiando con miedo.

-¿Dónde saldrá la entrevista? -preguntó Harry, señalando las cámaras.

-Oh, tranquilos, no es tan masiva -dijo Amanda, haciendo un ademán y sonriendo. Estaba exageradamente maquillada, lo que hizo que Harry y Hermione se sintieran nerviosos de sus aspectos harapientos y desaliñados luego de meses dando vueltas por el mundo con bajos recursos. -Solo saldrá en unas pantallas en lugares como el Callejón Diagon, o el nuevo pueblo mágico que se construyó en el antiguo Hogsmeade. Y en otros puntos principales de magos alrededor del mundo, traducido automáticamente a sus idiomas. Ah, y en la televisión muggle.

-Creo que conseguimos la emisión en todos los canales de la televisión muggle internacional -dijo el mago llamado Craig. Harry y Hermione se miraron entre sí, nerviosos. Esa mujer le recordaba a Harry a Rita Skeeter, lo cual no era una buena sensación.

-¡Espero que estén emocionados! -dijo Amanda, con una sonrisa exagerada-. Conocerán a Thomas Crug, el creador, fundador, y actual director del Magic World Tour. Él llegará en unos instantes aquí. ¿Vamos haciendo el maquillaje?

Los hicieron pasar por una tienda donde una maquilladora les puso solo un poco de maquillaje a cada uno. Querían que se vieran auténticos, para que la audiencia viera lo crudo que había sido viajar por lugares desiertos y lejanos a ellos durante casi un año. Les encantaba que Harry, que ya era conocido entre la audiencia global, fuera a aparecer con barba larga y cabello largo, indicando el tiempo que había estado sin arreglar su aspecto durante todo el viaje. A Harry todo eso lo puso muy incómodo, y no dejaba de desear que ese día terminara de una vez, que le hicieran la maldita entrevista y pudiera continuar viajando, para desempatar el primer puesto con los americanos y ganar el premio.

-Bien, vamos a empezar -dijeron una hora más tarde. Harry y Hermione ya estaban listos y sentados en unas sillas ante un enorme set de cámaras y micrófonos. Todo estaba colocado arriba del hielo, incluso las sillas, para que el público pudiera ver que estaban en un lugar remoto de la Antártida, y se viera tanto como fuera posible del paisaje.

-Empezaremos con unas preguntas básicas -les indicó Craig-. Serán solo unas cuantas preguntas de lo que ya se imaginan. Cómo se enteraron de la existencia del torneo, por qué se anotaron, como fueron estos meses, qué fue lo mejor y lo peor… ¿Creen que puedan hacerlo?

-Sí, claro -dijo Hermione, mirando alrededor, tan incómoda como Harry.

-Genial -Craig levantó el puño, para que se lo chocaran. Harry, un poco luchando contra la incomodidad que llevaba dentro, y los nervios, le chocó el puño, al igual que Hermione, y Craig les sonrió, con entusiasmo. -¡Muy bien! Primero vendrá el señor Thomas Crug, fundador del torneo, se presentará, y él les hará las preguntas. No se pongan nerviosos, no durará mucho. Bien. ¡Vamos a empezar en seguida! ¡Suerte, chicos!

Aun no habían conocido al tal Thomas Crug, que para colmo todo parecía indicar que estaba llegando tarde y no se presentaría con ellos hasta haber empezado la transmisión. Vieron que los magos iban y venían, hablando entre sí, mientras ellos dos esperaban sentados allí ante las cámaras apagadas.

-¿Ya está listo Crug? -escuchó que decía un mago, a otro que acababa de aparecer caminando deprisa. Este asintió con la cabeza y levantó un pulgar. -De acuerdo, empecemos.

Encendieron todas las luces, y apareció una cuenta regresiva en una pantalla ante ellos. A Harry se le hizo un nudo en el estómago.

10… 9… 8… 7… 6… 5… 4…

Sintió que se ponía pálido.

3… 2… 1…

"AL AIRE", se leyó en la pantalla.

-¡Hola a todos! -empezó a hablar un presentador que había salido de una tienda pocos minutos atrás, al que no habían visto antes, vistiendo una túnica de gala muy elegante-. ¡Los saluda Chris Megan, aquí en nada más y nada menos que la Antártida…!

Hubo unos segundos de presentación donde el presentador hablaba a las cámaras, que solo lo enfocaban a él. El muchacho explicó al público que Harry y Hermione iban empatados en el primer lugar del torneo, y que estaban en ese momento terminando de recorrer la Antártida. Finalmente, los presentó al público:

-¡Pero mejor dejemos que ellos se presenten solos! Con ustedes… ¡Harry Potter y Hermione Granger!

En ese momento, todas las cámaras que apuntaban hacia ellos encendieron una luz roja, que indicaba claramente que estaban siendo grabados. Harry y Hermione esbozaron una suerte de sonrisitas nerviosas, y saludaron a las cámaras con muchísima timidez.

-¡Es un placer conocerlos, muchachos! -dijo el tal Chris, estrechando la mano a cada uno de ellos, y mirando a las cámaras con una sonrisa típica de presentador de televisión-. ¡Pero no seré yo quien haga las preguntas, no, señor! ¡Es hora de darle la bienvenida al creador, fundador y actual director del Magic World Tour! ¡Con ustedes, el señor Thomas Crug!

En el momento en que Thomas Crug salió de la carpa en que había estado metido, maquillándose, Harry tuvo una terrible impresión de él. Una impresión muy, muy mala. El mago parecía un desconocido igual que cualquier otro, un tipo de cabello castaño peinado hacia atrás, atractivo, con una sonrisa impecable de dientes blancos y una expresión que indicaba que era una persona importante. Llevaba también una túnica de gala azul oscuro, en su caso, muy elegante. Pero era otra cosa lo que a Harry le hacía ruido en su cabeza. No sabía explicarlo, pero sentía que su presencia lo ponía mucho más nervioso de lo que ya había estado al ser apuntado con las cámaras.

-¡Hola a todos! -exclamó Crug, saludando a las cámaras y posicionándose junto a Chris, sonriente-. ¡Pero no exageremos, Chris! -dijo, en tono humilde-. No soy el creador del torneo. El Magic World Tour se inició hace muchísimo tiempo, algunos dicen que apenas poco después de que se creara el Torneo de los Tres Magos por primera vez. Estamos hablando de épocas muy pasadas. Yo solo retomé la tradición, fundando el nuevo Magic World Tour, que empezó en Inglaterra en el año 2007. Haremos una introducción muy corta para nuestros televidentes que no conozcan la historia: Yo era un alumno de Hogwarts, la escuela de magos de Inglaterra, y fue en ese año que me egresé. Quería realizar un tour global con mis amigos, así que lo hicimos. El Ministerio de la Magia nos dio la posibilidad de brindarnos apoyo, soporte y asistencia durante el viaje, los pilares básicos del Magic World Tour. Todos nuestros participantes gozan de asistencia ante cualquier eventualidad…

Mientras escuchaba esas palabras, Harry recordó que había recibido un disparo en la cabeza, y ninguno de esos magos vestidos con túnicas de gala apareció en África para ayudarlo. ¿De qué tipo de asistencia hablaba ese tipo? Él había tenido que ir a un hospital de magos que tuvo que buscar por su cuenta para recibir alguna ayuda. Lo único que habían hecho por ellos esas personas fue darles la pista verdadera de una pepita cuando Malfoy la había alterado y cambiado por otra.

-Y así fue como el Ministerio me acabó nombrado el director del torneo, y logramos expandirlo a nivel mundial, colocando la actual sede central en Alemania -finalizó Crug, con mucho carisma hacia la cámara. Harry no podía estar más nervioso por la presencia de ese hombre. ¿Por qué lo ponía tan nervioso? ¿Por qué el carisma en su mirada, aquella seducción que el hombre emitía hacia las cámaras, se le hacía tan conocida, como si ya la hubiera visto antes?

Las cámaras que apuntaban a Harry parecieron volver a encenderse, como mostrando un plano de ellos a la audiencia otra vez.

-¡Y ahora, a entrevistar a nuestros actuales competidores, un grupo de mi propia tierra, de Inglaterra, que va ganando en este momento! -dijo Crug, aplaudiendo-. ¡Harry! Tú no necesitas presentación, ¡la gente ya te conoce! Y Hermione, creo que también el mundo ha oído de ti, por supuesto. Uno de los grandes colaboradores de Harry Potter en sus aventuras que han sido tan famosas para la humanidad.

Harry y Hermione trataron de sonreír, notoriamente incómodos.

-¿Saben? ¡No me extraña que ustedes vayan a la cabeza del torneo! -dijo Crug, mirando a las cámaras, ahora de pie ante ellos dos, y luego mirándolos a ellos, mientras acercaba su micrófono a ellos y luego se lo volvía a colocar en la boca, para seguir hablando él-. ¡Harry Potter! Tú has ganado una edición del Torneo de los Tres Magos. ¡Y ahora aquí!

Harry pensó que aquello tenía que ser una broma de muy mal gusto, porque Crug puso el micrófono en su boca, para que hablara. ¿Qué podía decir ante eso?

-Pues… -dijo Harry, frunciendo el ceño-. Eso fue algo terrible, señor Crug…

-¡Oh, por favor! -dijo él, tomando el micrófono de nuevo y lanzando una risotada mientras sonreía a la cámara con exagerado carisma-. ¡No me digas señor Crug, Harry! ¡Llámame Tom!

Harry alzó la mirada hacia él, aun con el ceño fruncido. El hombre le puso el micrófono en la boca otra vez.

-De acuerdo… Tom -dijo Harry, sin dejar de mirarlo fijo a los ojos, mientras todo su cuerpo era invadido por un escalofrío atroz que parecía haber surgido de ninguna parte-. Decía que lo del Torneo de los Tres Magos fue terrible. No fue una competición… Fue una trampa de Lord Voldemort para…

-Oh, vaya, vaya, claro -Crug volvió a tomar la palabra, riendo-. Por supuesto, Harry. Eso fue terrible. Lord Voldemort… -de pronto el hombre se quedó en un silencio, mirando hacia arriba, sus ojos perdidos en el océano que se extendía ante ellos, como si estuviera recordando algo. Harry y Hermione compartieron una mirada nerviosa.

Todas las cámaras apuntaron hacia Crug, que de pronto pareció recordar que estaba al aire, en vivo y en directo en todos los televisores muggle y pantallas y lugares mágicos del mundo, y sonrió nuevamente, mostrando sus perfectos dientes blancos.

-Lord Voldemort… -repitió, entre medio de risas extrañas y siniestras-. ¿Sabes, Harry? Cuando decidí relanzar el Magic World Tour, allá por el 2007, hacía mucho tiempo que deseaba conocerte.

Harry se lo quedó mirando, sin pronunciar palabra.

-No sabía que tú no estabas aquí -dijo-. Es decir, que no existías en aquella época -lanzó una carcajada que pareció mucho más extraña a las anteriores-. Pronto me enteré que te habías saltado esos años -rio de nuevo, ahora de una forma algo psicótica-. ¿Cómo hace uno para saltarse veinte años del mundo? Pues tú lo hiciste, Harry. Te saltaste del 1999 al 2019 como si nada -rio aún más, y ya no quedaron dudas de que había algo muy oscuro en ese hombre-. Así que no podría conocerte. No hasta que aparecieras de vuelta, cosa que hiciste el año pasado, en 2019. Fueron unos años en los que realmente hubiera deseado tenerte aquí. Fue divertido, crear este torneo, esperar a que llegaras…

Harry abrió grandes los ojos y llevó una mano a su bolsillo, donde estaba su varita.

-Cuando apareciste, finalmente, supe que lograría que te inscribas -continuó él-. No fue difícil. No con mis marionetas. Verás, Harry, muchas de las personas que has conocido en este universo y en esta época no son quien tú crees que son.

Entonces, Crug miró hacia un lado, e hizo señas con la mano. El hombre que instantes atrás había sido tan amable con ellos, Craig, abrió la entrada a una de las tiendas que habían instalado allí, e hizo señas con la mano. Tres figuras emergieron de allí y empezaron a caminar hacia adelante.

Eran Fred Weasley, Lily y James Potter. Los tres caminaron hacia adelante, sonriendo y mirando a Harry con una especie de malicia en la mirada. Harry se puso de pie de golpe, su corazón latiendo a toda velocidad. ¿Qué rayos estaba pasando allí?

-Estas personas, que tú crees que son amigos y familiares, en realidad han tenido la misión, durante el verano pasado, de lograr que te inscribas a este torneo, colocando publicidades en televisores -dijo Crug, mirando a Hermione-. Y luego hablando del tema delante de tu otro amigo, Ron… Me apena la ausencia de Ron, por cierto. Me hubiera gustado tener el set completo del trío aquí.

Harry miró al mago con la varita lista y expresión desafiante.

-¿Quién eres? -le preguntó, con el pecho a punto de explotar.

Crug rio de una forma macabra, una risa siniestra que Harry ya había oído anteriormente, en un par de las peores situaciones de su vida.

-¿Qué quién soy? -dijo él, ahora mirando a Harry con unos ojos que parecían reflejar maldad pura-. Soy yo, Harry… Soy yo, que he vuelto.

Ahora su mirada era totalmente desquiciada, macabra y malvada. Hermione se tapó la boca con una mano, también de pie, junto a Harry, mirándolo con horror.

-Eres… ¿Voldemort? -preguntó la chica, aterrada.

Crug la miró con psicosis.

-Voldemort… -dijo, otra vez pronunciando el nombre como si se tratara de algo muy querido pero distante, perdiéndose y quedándose en silencio ante ese nombre-. No, Voldemort ha muerto -dijo, señalando a Harry-. Tú lo mataste.

Harry apretaba su varita con fuerza. Todas las cámaras los apuntaban. Fred, Lily y James, de pie tras Crug, parecían poseídos, distantes, como títeres.

-Voldemort es algo así como mi futuro -dijo Crug, y alzó su varita al aire-. Algo así como mi pasado y futuro, todo a la vez.

El mago escribió una frase en el aire, con letras brillantes. Una frase que quedó trazada ante todos ellos, flotando en el aire en letras grandes:

"MAGIC WORLD TOUR".

Y, entonces, el mago empezó a agitar su varita, para que las letras cambiaran de posición. Mientras las letras se movían en el aire, invirtiendo sus lugares y cambiando de posición, la "W" de "World" se colocó boca abajo, formando en cambio una "M". Las demás letras fueron moviéndose, y el corazón de Harry latía tan rápido que iba a estallar en cualquier momento.

-Cómo me encanta este jueguito de las letras -bromeó Crug, riendo de forma siniestra mientras cambiaba las letras de lugar en el aire ante la vista de todo el mundo. Y allí donde antes se había leído "Magic World Tour", ahora las letras se invirtieron formando una nueva frase:

"I AM LORD TOM CRUG".

Harry alzó la varita hacia él, apuntándolo, sus ojos como platos. En ese momento, una luz surgió de la cara de Crug, y el mago empezó a mutar de aspecto. Tal como había pasado con Luna, su cabello cayó al suelo, su piel también, y nuevo cabello, piel y músculos surgieron en el lugar donde había estado él de pie. Horrorizado, Harry contempló como alguien nuevo aparecía debajo. Esta vez, en vez de un bicho extraño y monstruoso, allí donde antes estaba Crug apareció alguien conocido:

El joven Tom Riddle. El mismo que Harry había visto en el viejo diario, y en el pensadero. No era el Voldemort adulto y transformado, sino que parecía un Tom Riddle con su aspecto de joven, aunque algo mayor.

-Finalmente, decidí hacer caso a Dumbledore -dijo él, entre risas-. Él siempre decía que debía llamarme Tom, ¿recuerdas, Harry? -parecía psicópata, enfermo, trastornado-. Tom. Así es como me llamo ahora. Pero no Riddle, ese apellido es terrible e impuro. No, en cambio, me inventé uno nuevo. Crug es una palabra galesa que significa algo así como montículos de piedras -explicó-. Muy usada para los montículos de piedras de un sepulcro. Aquel como en el que me colocaron luego de que mataste a mi versión futura, Harry. O aquel sepulcro como en el que yacen todos mis enemigos. Porque, tarde o temprano, todos reciben lo que merecen.

Empezó a sonreírle a Harry, sus ojos abiertos de par en par, su lengua relamiendo sus labios.

-Así que puedes llamarme Lord Tom Crug ahora -explicó-. Ya no soy Lord Voldemort. Esa personalidad perdió, fue derrotada por ti. No puedo negar eso, Harry. No puedo negar el fracaso de Lord Voldemort. Yo soy otra versión suya. Verás, Harry, seguro recuerdas que el año pasado, desde este mismo universo y ya en 2019, destruiste junto a tus amigos todas las fuerzas oscuras que quedaban en los universos. O eso pensaste. Pensaste que las tenías bien contadas. Pensaste que eran seis, y que todas se acababan de unir ante la malvada versión de Hermione poseída por una de ellas.

"Pues te equivocaste. Poco antes de la destrucción del Universo 3, y antes de que tú cambiaras esa historia regresando al pasado, las poderosas fuerzas del Universo 3, que tenían ya el poder y la energía para crear universos, habían creado un universo nuevo, uno que tú jamás conociste. Lo llamo el Universo Lord Tom Crug. Allí, la fuerza oscura tenía intensidad, y no la colocaron en algún inútil Snape o algún otro mago inservible. Tuvieron la inteligencia, aquella vez, de depositar esa fuerza del mal en una versión del pasado de mí, de Tom Riddle. En el pasado de ese universo, la fuerza del mal creció en mí, una vez más. Y yo no fui tan idiota para dejar que mi esencia, mi fuerza del mal, fuera al encuentro de la poseída Hermione cuando ella las convocó a todas con su hechizo, para que quedaran dentro de su cuerpo. Claro que no, yo me imaginaba que tú te saldrías con la tuya. Porque, si habías destruido a Voldemort, claro que podrías con ello.

"Así que esa fuerza oscura siguió viviendo en ese universo, un universo que nadie conocía. Tú y Dumbledore creyeron que habían ganado, que habían eliminado a todas las fuerzas oscuras. Pero no. Yo crecí allí, en poder y fuerza. Y en venganza. Una venganza que sabía que iba a cometer, finalmente, contra ti, Potter.

"Nadie osa asesinarme y salirse con la suya, Potter. Por eso planifiqué que obtengas lo que mereces. Hoy, en televisión pública y masiva a todo este detestable universo, vamos a contemplar finalmente la tan merecida muerte de Harry Potter.

Rio como un enfermo hacia las cámaras, de forma demente, sacando la lengua y cerrando los ojos mientras reía, para luego abrirlos otra vez y aullar con aquella risa macabra.

-Primero, voy a decirte, Potter, en qué consistió mi venganza. Primero descubrí la magia de los elfos domésticos, que permiten viajar entre los universos. Oh, vaya. Voldemort siempre fue tan ciego, ahora puedo ver, al no tener en cuenta a las pequeñas criaturas de los universos, ¿no lo crees, Harry? Pero yo, Lord Tom Crug, soy alguien nuevo, una nueva versión mía, un nuevo futuro, y mi mente es más amplia y abierta. Yo puedo ver a esas pequeñas criaturas -se pasó la lengua por los labios otra vez-. Y puedo sentir lo valioso de su magia… -sus ojos se posaron en Tymicus, que chillaba de miedo en un rincón-. Utilicé elfos domésticos para viajar a otros universos, luego de haber destruido el Universo Lord Tom Crug por completo. ¿Sabes a qué universo viajé? Al tuyo, Potter. Al Universo 5. No sabes cómo me divertí…

Harry empezó a temblar, sus ojos de pronto brillando por unas lágrimas que estaban a punto de brotar de él, y que no eran de tristeza, sino más bien de ira.

-Ginny, oh, Ginny… -continuó-. No sabes cómo gritaba, Potter. Gritaba tu nombre, pidiendo ayuda. Pero tú ya no estabas allí para ayudarla. Los maté a todos, y experimenté con sus cadáveres. Me di cuenta, finalmente, qué es lo que a ti te duele, lo que te duele de verdad: tus amigos. La Luna Lovegood que conociste hace unos meses, por ejemplo, es en verdad un cadáver del Universo 5, ¿sabes? ¿Te preguntabas cómo hice para que tenga todos sus recuerdos, para que tenga su aspecto exacto, su misma forma de hablar, y todo? Porque es una especie de inferi, pero mejorado. Los creé yo mismo, Potter, en mi universo. Los llamo "superis", ya que son muy superiores a los inferi. Son cadáveres reanimados, pero que lucen y actúan igual que cuando estaban vivos si quieres, solo que controlados por mí.

"Luego de destruir tu Universo 5 por completo hasta las cenizas, matando a todos los que conoces, vine aquí y aterricé en otro tiempo, allá por el 2007, donde fundé este torneo. Porque supe que sería la mejor forma de hacerte sufrir cuando vinieras. Pero lo verdaderamente bueno vino el año pasado, cuando tú y tus amigos aparecieron aquí. Primero maté a tus padres. Torturé a Lily, cuyo cadáver tienes aquí presente -señaló a la inerte e inexpresiva Lily que estaba pálidamente de pie tras él, junto a James-. Fue divertido, tengo una grabación que filmé con mi celular, si quieres te la muestro luego -empezó a reír con unas oscuras carcajadas que más que risa parecían chillidos siniestros-. Se retorcía y chillaba, la muy perra, mientras cortaba todos sus tendones internos, uno por uno, con magia. Le removí los órganos por dentro. No quería alterar mucho su exterior, necesitaba que el cadáver luciera convincente, para que no tuvieras sospechas. Realicé un superi con ella y otro con James. A veces se volvían criaturas extrañas con cabello largo, o patas de cabra, pero con un ligero ajuste podía transformarlos de vuelta en quienes eran. Como decía, junté a Lily y James, y ellos te hicieron toda una obra de teatro en la que se separaban, y James la golpeaba, bla, bla, bla. No sé si fue mi mejor dramatización, soy nuevo en esto. Luego hice que este cadáver de Fred Weasley, a quien maté para que todos sufran otra vez, con su segunda muerte, engañara a Hermione poniendo videos del Magic World Tour en su televisor en el lugar donde estaba internada contra las drogas, para empezar a germinar la idea en sus cabecitas de que se anotaran a mi torneo. Pobre Hermy Perra, espero que no hayas tenido una recaída.

Mientras Riddle reía a carcajadas, mirando a Hermione y escupiendo mientras reía como psicópata, fue evidente que esa era una versión de Voldemort aun más cruel, si eso era posible. Parecía que la rabia que le producía que Harry lo hubiera matado cuando era Voldemort había hecho que aquella persona nueva venida del pasado de otro universo, a la que llamaba Lord Tom Crug, fuera aun más desquiciada, violenta y enferma de ira y rabia. No podía mantener una apariencia de cordura. Más que el frío y calculador Voldemort, este parecía un frenético e impulsivo demente.

-Luego Lily habló con Ron y terminó de convencerlo de que les sugiriera a ustedes anotarse al torneo -siguió Tom-. De esa forma, Potter, mi plan fue vengarme de ti todo lo posible, antes de tu muerte, aquí este día. Te volví loco, con mis superis, has hecho actos asquerosos e inmundos con el superi que envié contigo. Qué tan repulsivo te habrás sentido de saber que la que creías tu novia era en verdad el cadáver de una amiga tuya -rio con los ojos muy abiertos y sin rastros de risa verdadera en esa cruel carcajada-. ¡Qué imbécil te habrás sentido de buscar a un amigo tuyo que en verdad no estaba desparecido! ¡Qué idiota habrás pensado que eras por confiar en Draco Malfoy, quien en verdad siempre fue un mortífago mío y trabajó para mí todo el año, volviéndote loco, actuando para que creyeras en su inocencia y luego en su culpabilidad! ¡Te hemos engañado tanto como quisimos, jugando contigo todo el tiempo! ¡JA, JA, JA, JA, JA!

Harry respiraba rencor y rabia. Sus ojos miraban a Riddle con veneno.

-Ahora tus papis y el buen Freddy bailan para mí, Pottercito -con un movimiento del brazo, Riddle provocó, con un simple hechizo, que los tres cadáveres tras él empezaran a bailar. Harry observó la más cruel y oscura escena de su vida al ver a sus padres y a Fred, todos muertos pero controlados por Riddle, bailar en el hielo.

El volumen de su risa siguió aumentando, cada vez más.

-¡DIME QUÉ SE SIENTE, POTTER! -gritó Riddle, sus ojos encendidos en llamas, la ira presente en cada célula de su cuerpo-. ¡¿PUEDES SENTIRLO?! ¡¿LO ESTÁS EXPERIMENTANDO, AQUÍ, EN MEDIO DE MI GRAN VENGANZA?! ¡ERES MIERDA, POTTER! ¡BASURA INSIGNIFICANTE QUE SOLO PUDO VENCERME POR CASUALIDADES, SUERTE Y AYUDA DE OTROS! ¡AHORA PUEDES VIVIR EN CARNE PROPIA CÓMO SE SIENTE! ¡PUEDES VIVIR CÓMO SE SIENTE CUANDO TU ALMA ES DESGARRADA EN PEDAZOS! ¡CUANDO TU ALMA SE PARTE COMPLETAMENTE EN PEDAZOS! ¡SIÉNTELO, POTTER!

Riddle agitó violentamente su varita hacia atrás, y los tres cuerpos de Lily, James y Fred estallaron en pedazos, con sangre derramándose por todo el hielo, mientras Hermione chillaba y lanzaba alaridos de terror, y los pedazos de sus cuerpos resbalaban por el hielo.

-¡SIÉNTELO! -repitió Riddle, con una cólera que estallaba en sus ojos, que resplandecieron en rojo-. ¡VAS A SENTIRLO MÁS DE SIETE VECES, ANTES DE MORIR! ¡YA TE HICE SENTIRLO AL MENOS SEIS, ¿NO ES ASÍ?! ¡AQUÍ VA LA SÉPTIMA!

Y entonces, en un acto que Harry no pudo evitar, Riddle acuchilló el aire con su varita en dirección a Hermione y gritó:

-¡AVADA KEDABRA!

Harry quedó congelado, paralizado. Ni siquiera todo el hielo de la Antártida quedó tan congelado como su cuerpo en horror cuando el rayo de luz verde golpeó a Hermione, sorprendida y tomada por sorpresa, y la chica voló hacia atrás como un muñeco de trapo, para caer muerta sobre el hielo a varios metros de distancia.

-¡JA, JA, JA, JA, JA, JA! -rio Riddle a más no poder, en vivo y en directo para todo el mundo, con todas las cámaras que eran manipuladas por su equipo de magos, todos cómplices suyos, apuntando a todo lo que pasaba y transmitiéndolo al mundo-. ¡JA, JA, JA, JA, JA!

La visión se empañó para Harry. Supo que Hermione acababa de morir. Aquello no podía ser real. Pero lo era. Estaba pasando realmente. Y él no tenía fuerzas para hacer más nada ahora. Era demasiado tarde.

Y en ese momento, quién sabe por qué motivo, Harry hizo algo que jamás había hecho antes, algo que ni siquiera sabía que existía o que se pudiera hacer: extendió un brazo hacia adelante, y con un poder que brotaba de su cerebro atrajo a una persona hacia allí, hacia él. La persona en cuestión estaba en verdad a miles de kilómetros de distancia, pero con el poder de la legeremancia Harry la llevó hasta allí e hizo que esa persona quedara de pie a su lado.

-¿Cómo lo hizo? -fue todo lo que le preguntó, mirándolo con desesperación en los ojos, que no podían dar crédito a nada.

Era Mikel, el mago de cabello largo que habían conocido del otro lado de la Antártida, en esa comunidad de magos olvidada. El hombre, confundido, miraba alrededor sin entender cómo estaba ni cómo había llegado allí. Pero pronto pareció comprender que algo muy malo pasaba, que algo muy malo acababa de ocurrirle a Harry, y que necesitaba de su ayuda.

-¿Cómo hizo para usar un Avada Kedabra, existiendo aquí la magia blanca?

Mikel miró alrededor, comprendió la pregunta de Harry, y entonces miró al horizonte y señaló el frío sol del atardecer, que estaba desapareciendo a lo lejos, tras el océano, casi imperceptible por su baja intensidad allí.

-Aquí en la península Antártica, la magia blanca funciona distinto -explicó, mirando a Harry aun confundido, pero obedeciendo-. Estamos en otras latitudes, más al norte, más cerca del Círculo Polar Antártico. Podríamos decir que el efecto de la magia blanca es menor. Si sigues más al norte, este fenómeno ya no existe.

Harry respiraba agitado y lo miraba con desesperación y horror, comprendiendo.

-La magia blanca aun existe aquí -dijo Mikel, mirando de nuevo el horizonte-. Pero, en este lugar, este singular fenómeno solo ocurre luego del atardecer, y hasta el amanecer. Por eso no está funcionando ahora… -miró al hielo y vio los trozos de cuerpos, y el cadáver de Hermione, horrorizado y comprendiendo el por qué de la pregunta de Harry mientras adoptaba expresiones de sorpresa y pena.

Riddle reía más que nunca, y parecía que había perdido cualquier rastro de cordura en su rostro enfermo.

-¿Y, Potter? -preguntó, mirando a Harry-. ¿Ahora está tu alma en pedazos? ¿Estás ya listo para morir?

Harry volvió a mirar el cuerpo de Hermione. Toda la tristeza que sentía y que le impedía respirar empezó a dar lugar a una nueva sensación. Mientras sus dedos rozaban su propia varita, Harry sintió un extraño calor trepar por su espalda y adueñarse de sus sentidos. Unos últimos rayos de sol quedaban aun en el horizonte, y de pronto la ira más furiosa y bestial que hubiera experimentado en toda su vida hizo un clic en su cerebro que provocó a su vez que todos sus músculos se tensionaran y su mano aferrara su varita firmemente y con la magia fluyendo por sus venas como agua hirviendo, por su sangre y hasta sus dedos, para activar ahora su propia y personal venganza.

-Vas a desear no haber vuelto, Riddle -dijo, sus labios temblando por la rabia, su mirada volviéndose peligrosa-. Vas a desear no haber hecho lo que hiciste.

Riddle sonrió, al parecer fascinado por la nueva expresión en el rostro de Harry.

-Voy a matarte, Potter -le dijo, alzando la varita con cuidado y calculando sus siguientes movimientos, apuntándola a su enemigo-. Y finalizaré mi venganza. Y luego de eso, voy a destruirte en todos los demás universos. Mataré a todos y cada uno de tus amigos y familiares, y bailaré en la sangre de ellos, de los cientos de ellos y cada una de sus sucias copias que plagan los universos como insectos.

-Lo intentarás -dijo Harry.

Con un grito de guerra, Harry empezó a sacudir su varita hacia él a toda velocidad, y la gran mayoría de los hechizos que le lanzó a su enemigo mortal fueron en verdad maleficios imperdonables.

Se desató una batalla a todo color y luces encima del hielo blanco, donde los hechizos fluyeron desde ambas partes y los rayos con los maleficios imperdonables y las maldiciones de todo tipo, que brotaban de cada uno de los dos con el más intenso rencor y la ira más fuerte, golpearon todo alrededor, rompiendo el hielo bajo ellos y perdiéndose en la distancia, entre el hielo y el océano.

Con un rugido que mezclaba profunda rabia e intenso dolor, Harry desató una explosión de encantamientos que destrozó todas y cada una de las cámaras y micrófonos que había allí, y que lanzó a todas las demás personas que habían ido allí con Riddle volando hacia atrás, por los aires. Algunos cayeron tras el acantilado de hielo y hacia el mar, gritando.

La transmisión en vivo de aquello finalizó allí.

Riddle contraatacó con un arsenal completo de maleficios oscuros que provocaron océanos de lava brotando del mar, abriendo sus fauces y estallando contra Harry, que con su varita alzó una cortina de agua tras él, proveniente del océano, para protegerse del fuego. Era una batalla mucho más similar a la que había mantenido Voldemort con Dumbledore en quinto año, y donde Harry demostró el enorme crecimiento en sus habilidades mágicas que había tenido luego de esos años.

En medio de todos los hechizos que iban y venían, pronto resultó obvio que todos los magos y brujas que antes filmaban o manipulaban las cámaras, tanto Craig como Chris como todos, habían muerto antes los miles de maleficios asesinos lanzados tanto por Voldemort como por Harry hacia todos lados, con tremenda ira y furia atroz.

En cierto momento de la batalla, Harry creyó que sus hechizos, que lanzaba con su varita uno tras otro a toda velocidad, tenían posibilidades contra los de su oponente.

Pero pronto resultó que estaba equivocado: En un segundo y con un hechizo de Riddle que pasó entre los suyos y logró sortearlos hasta llegar hacia él, Harry fue golpeado con un encantamiento de desarme que Riddle había lanzado encubierto entre medios de varios Avada Kedabra, para que llegara desapercibido hacia Harry y consiguiera darle.

La varita de Harry voló por los aires y se perdió entre el hielo, fuera de vista, al tiempo que Harry cayó hacia atrás, boca arriba, sus ojos clavados en el oscuro cielo del anochecer.

Había perdido.

Sintió el duro y seco hielo bajo él. Escuchó las temibles risas de Riddle, que se acercaba a él lentamente, seguramente apuntándolo con su varita y contemplando el golpe final.

Harry se dio la vuelta y quiso incorporarse, pero recibió un cruciatus que le dio en la espalda y lo lanzó gritando de dolor al hielo otra vez, boca abajo.

Sintiendo un dolor en cada centímetro de su cuerpo, Harry clavó las uñas en el hielo y se arrastró hacia adelante, tratando de alejarse de Riddle. Este, riendo a carcajadas, lanzó otro cruciatus que hizo que Harry sintiera un dolor más intenso que la tortura más terrible imaginable. Era como si le clavaran alfileres en los ojos, le rompieran los huesos de los brazos y piernas con una máquina y les arrancaran la piel a tirones, todo a la vez. En ese momento, por algún extraño motivo, recordó a los padres de Neville y sintió más pena que nunca por ellos, por haber recibido ese maleficio contra ellos innumerables veces, hasta la locura.

Moribundo, Harry se arrastró por esa superficie, sus dedos clavándose en el hielo seco, el océano oscuro con el sol que casi desaparecía ante él, el hielo y frío intenso carcomiendo su cuerpo. Su rostro pálido ya no podía arrastrarse más. Iba a morir allí, en los hielos de la Antártida, en un paisaje vasto, gigante, abandonado y sin un alma, donde solo él quedaba vivo, luego de la muerte de Hermione y todos los demás.

Y donde pronto iba a morir, él también.

Riddle se acercó, y de una patada dio vuelta a Harry, dejándolo boca arriba.

-Muere como la rata inmunda que eres, Potter -dijo Riddle, mirándolo a los ojos, antes del golpe final. Levantó su varita y la apuntó hacia Harry en el preciso instante en que el último y débil rayo de sol desaparecía tras el horizonte, dejando el cielo en penumbras.

Riddle abrió la boca para pronunciar el golpe letal.

-¡AVADA KEDABRA!

Harry cerró los ojos con fuerza. El mundo entero pareció detenerse. Esperó a que la muerte llegara a él, finalmente derrotado y asesinado por Tom Riddle, por Voldemort, de una vez por todas y sin posibilidad de salvación, sin horcruxes, sin Reliquias de la Muerte, sin nada que lo salvara.

Pero no murió.

Harry abrió los ojos. Riddle estaba aun ante él, aun apuntándolo. Al parecer estaba tan sorprendido como Harry, y tan quieto como Harry, como esperando a que algo pasara.

Harry no había muerto.

-¡AVADA KEDABRA! -aulló de nuevo, apuntándolo con furia. Pero ningún hechizo ni luz verde salió de su varita.

Respirando agitado, Harry volvió a girar la cabeza hacia el horizonte, ahora oscuro, ya sin luz solar.

-Perdiste, Riddle -dijo Harry, clavando los ojos en Riddle-. Durante la noche… Habrá magia blanca -dijo jadeando, un hilo de sangre cayendo de su boca abierta-. Durante la magia blanca… El mal no puede hacerse… Ningún hechizo malvado puede funcionar. Solo las buenas intenciones podrán realizarse…

Riddle parecía a punto de estallar de un ataque de ira y rabia.

-Otra magia blanca, antigua como la existencia misma del mundo, que te detiene, Riddle -dijo Harry, furioso.

Riddle lanzó un aullido de rabia, sujetó su propia varita con ambas manos y la partió a la mitad de la ira.

-¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! -vociferó con una ira sobrehumana-. ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!

Harry corrió a toda velocidad, se lanzó al hielo patinando, deslizándose por él, y alcanzó su varita nuevamente. En ese instante, Riddle se acercó corriendo, tomó a Harry de la garganta y lo ahorcó con una mano, y lo levantó en el aire. Harry quedó suspendido allí, siendo ahorcado por Riddle, con los pies ligeramente alzados en el aire. Riddle tenía fuerza, pero Harry tenía una varita. Y como la defensa propia era parte de la bondad que existía con la magia blanca, empezó a girar su varita hacia él, y Riddle comprendió que no podría ganar.

-Quizás ganaste la batalla, Potter -le dijo, los ojos inyectados en rabia, antes de que Harry pudiera atacarlo-. Pero es solo cuestión de tiempo. Pronto te encontraré, para finalizar esto. Solo me falta el golpe mortal hacia ti para terminar mi venganza. En cuanto esta nueva patética magia que te protege esta vez se termine, voy a venir por ti. Si te metes en algún lugar donde esa magia no desaparezca nunca, te mataré de forma muggle, igualmente. Vas a morir de una forma u otra, Potter, y nada puedes hacer por evitarlo. Tú ya estás muerto.

Dicho esto, Riddle giró sobre sí mismo y desapareció.

Harry cayó sobre el hielo con fuerza y empezó a gemir y jadear mientras luchaba por recuperar el aire.

-Hermione -dijo Harry, con un hilo de voz, sus ojos inyectados en sangre y arrastrándose por el hielo hacia el cuerpo sin vida de su novia-. Hermione…

Finalmente, Harry llegó a su lado. Y rompió a llorar sobre su cuerpo. Hermione tenía los ojos abiertos, aun con sorpresa, pero sin vida. Le tomó el pulso, pero no había pulso. La apuntó con su varita, pero no había magia que pudiera ayudarla. Ya había muerto, y su cuerpo más blanco que nunca se confundía con el hielo bajo ella.

Hermione estaba muerta.

Harry lloró y lloró, a viva voz. Empezó a dar puñetazos al hielo, con furia, y sus nudillos se rompieron y empezaron a sangrar. Harry aulló y gritó de dolor, las lágrimas cayendo por su mejilla una tras otra.

Sintió que alguien caminaba hacia él, por detrás. Era Mikel, que aun estaba allí. No allí realmente, pero su imagen seguía allí, traída a ese lugar por Harry mediante legeremancia.

-Harry… -dijo el mago lentamente, con mucho tacto, impresionado por todo lo que había visto-. Harry… usa la magia blanca…

Harry giró la cabeza hacia él, roja por las lágrimas.

-¿A qué te refieres?

-La magia blanca… Podrá hacerlo -dijo Mikel, muy serio, señalando lentamente a Hermione.

Harry giró la cabeza hacia ella. El cuerpo de Hermione seguía tendido bajo él, inerte.

Se puso de rodillas ante ella, la levantó levemente por la espalda con una mano, y con la otra le acarició una mejilla.

-Vuelve, Hermione -pidió Harry, sin usar ninguna varita, solo mirándola a los ojos y pidiéndole al cielo, al continente, a todo lo que lo rodeaba, a la magia blanca, que devolviera a Hermione a la vida-. Por favor, vuelve…

Las lágrimas seguían cayendo. Harry llevó su mano libre al pecho de Hermione, donde ningún corazón latía.

-Por favor -pidió nuevamente, deseándolo con su alma entera y con todo su corazón-. Magia blanca, hazla volver… Te daré mi vida a cambio. Te ofrezco mi alma…

En cuanto dijo eso, un brillo surgió de la palma de la mano de Harry. Algo extraño ocurría: Su mano pronto empezó a emitir una luz blanca sobre el pecho del cuerpo de Hermione.

-Mi alma a cambio de la de ella -pidió Harry, al ver la luz, con un renovado deseo y con más fuerza.

-Ofrece una parte de tu vida -dijo Mikel, totalmente serio, de pie ya junto a Harry-. La mitad. La magia blanca puede traerla de vuelta, devolverle su alma, por la mitad de tiempo. Lo que deberás ofrecerle es la mitad del tuyo. De tu tiempo. De tu vida.

-Hazlo -dijo Harry, sin dudarlo un segundo, hablándole a su mano, sin saber qué otra cosa hacer. La luz creció en intensidad, penetró en el pecho de Hermione, y entonces…

Hermione pestañeó.

Harry sintió que su corazón daba un brinco. Hermione movió la cabeza, pestañeó varias veces, y se quedó mirando a Harry. La luz blanca desapareció.

-Harry… -dijo.

Se sentó en el hielo, y entonces Harry rompió en llantos otra vez y la abrazó. Ella miró alrededor, confundida, mientras le devolvía el abrazo.

Luego de eso, ambos se miraron a los ojos, se acariciaron el rostro, y se besaron profundamente en medio de los hielos del fin de la Antártida.