Hola a todos! Esta vez no hay trailer. La quinta y última parte del fic será lanzada capítulo por capítulo, como ocurrió con la primera.
Esta es la última parte del fic, y también la última parte de la trilogía y de la saga. Aquí se termina la serie "Harry Potter y la Cacería de Brujas / la Guerra de los Universos / el Magic World Tour". Con la Parte 5 de este fic, "América". Los últimos capítulos serán publicados estos días, uno por uno, hasta llegar al gran final.
Y ellos serán:
39. Ushuaia, AR
40. Buenos Aires, AR
41. Río de Janeiro, BR
42. Iquitos, PE
43. Cali, CO
44. Caracas, VE
45. Santo Domingo, DO
46. Bayamo, CU
47. San Salvador, SV
48. Monterrey, MX
49. Dallas, TX
50. Los Ángeles, CA
Los dejo entonces con el primero de ellos, y espero que disfruten de la lectura. Un saludo!
PARTE 5. AMÉRICA
39. Ushuaia, AR
-No soy yo el que debe esconderse y tener miedo -fue lo que dijo Harry, para justificar su decisión de cruzar el océano en un buque hacia Argentina, el país más cercano de allí-. Es él.
-Él te venció -dijo Hermione, intentando convencerlo de lo contrario-. Vamos, Harry, vamos a refugiarnos con Mikel, o a otra parte si quieres, pero donde haya magia blanca, donde él no pueda hacerte daño.
-Si no puede hacerme daño, destruirá todo el universo hasta las cenizas como hizo con mi universo, el Universo 5, donde los masacró a todos. Lo conozco. No va a descansar. Es lo mismo si estamos en Antártida, en Inglaterra, o en China. La única forma de detenerlo es ir por él, y matarlo.
-O podría ser la forma de que él pueda finalizar su venganza, matándote.
-Ya te robó la mitad de tu vida, Hermione. Te robó algo que era tuyo por derecho, por ser una persona, un ser humano. La libertad de vivir y envejecer hasta la edad en la que las personas mueren naturalmente. Por culpa de él, no podrás vivir hasta más de los cuarenta o cincuenta años de edad, como mucho. Te quitó la mitad de tu tiempo.
-Y la del tuyo. Tú también tendrás una vida la mitad de larga de lo normal, por haberme salvado a mí.
-No me hubiera importado darte todo mi tiempo -dijo Harry-. Pero alguien tiene que matar a Voldemort de una vez, o todos morirán en mucho menos tiempo que eso. Y por eso es que no puedo esconderme. No importa cuánto tiempo voy a vivir. Lo que importa es que ese tiempo sea suficiente para encontrarlo y matarlo a él. Lo que quiero, de hecho, es que él me encuentre, para tener una segunda batalla contra él. Esta vez, sí voy a ganar. Es la única forma de acabarlo de una vez por todas.
"Lo hicimos el año pasado, Hermione. Luchamos y ganamos la batalla, destruyendo muchas fuerzas del mal casi al mismo tiempo. Esta vez no hay siete fuerzas del mal, de distintos universos, atacándonos a la vez. Solo hay una, una que no tuvimos en cuenta, una que no sabíamos que había quedado existiendo en un universo desconocido.
-Pero que está dentro de un ser desquiciado cuyo único fin en su existencia es hacerte sufrir tanto como sea posible, vengarse de ti y asesinarte.
-Es la única forma, Hermione. Voy a ir al lugar más obvio, al lugar donde él sepa que puede encontrarme. Es decir, América. Es decir, continuando el torneo. No importa que sea él quien lo inventó, que parezca no tener sentido continuar. Es mi movimiento más obvio, el más predecible, donde podrá encontrarme más fácil. Él mismo lo dijo. Dijo que descubrió mi debilidad, y que eran mis amigos. Si no voy a su encuentro, matará a todos. Si voy a Inglaterra, empezará a matar a todos nuestros familiares y amigos. O los que quedan, al menos…
El horror aún los acompañaba en cada minuto de sus vidas, por lo que habían vivido. Harry se había negado a ir con el séquito de cincuenta aurores, esta vez reales, venidos de todas partes del mundo a la península Antártica luego de haber visto lo que se vio en televisión mundial. Ellos le insistieron que tenía que dejar que lo protegieran, que dejara a los aurores buscar a Riddle y hacer justicia por lo que este había hecho. Pero Harry se negó. Sabía, dentro suyo, que él debía matar a Riddle.
Aunque, esta vez, ninguna profecía se lo dijera. Lo sabía muy bien de todas formas.
Mientras el buque avanzaba hacia Argentina, Harry miraba el océano, con las dos manos apoyadas en la baranda tras la cual se extendía el horizonte de agua y cielo nocturno. Un brillante manto de estrellas se extendía sobre él.
-Te dije que te fueras, Hermione -dijo Harry, girando la cabeza a un lado. Su novia apareció a su lado y lo sujetó de un brazo.
-No voy a irme, Harry.
-Corres peligro conmigo.
-No voy a dejarte.
Harry volvió a clavar la vista en el mar. Por más que lo intentara, no conseguía que Hermione entendiera.
-Voy a irme -le dijo-. Y no te diré dónde. No tendrás más opción que entender que no puedes…
-¡Tú eres el que debe entender! -gritó ella, tirando de su brazo para que quedaran enfrentados, mirándose a los ojos-. ¿Por qué no puedo ir contigo? ¿Acaso se supone que debo entender muy pacientemente que vas a ir a pelear con el ser más malvado en todos los universos, tú solo, y que yo debo irme a otro sitio a protegerme mientras lo haces?
Harry no dijo nada. Buscó las palabras adecuadas para decir, básicamente, que sí, que así era.
-¡Eres tan egoísta! -chilló ella entonces.
-¿Lo crees? -Harry estuvo a punto de recordarle que acababa de reducir su tiempo de vida a la mitad por ella, pero Hermione lo interrumpió antes de que pudiera decir nada:
-¡Sí, sí lo eres! Crees que debes ir a la batalla tú solo, que yo debo esconderme para que no me pase nada. ¿Acaso piensas que yo no sirvo, que no tengo poder para pelear también? ¿Quién fue la que derrotó a la última fuerza oscura, a Jean, el año pasado? ¡Yo fui!
-Bueno, técnicamente no. Fue la Hermione del Universo 2…
-¡Es lo mismo! ¡Fui yo! Así que mejor será para ti que yo sea quien vaya a luchar, para protegerte a ti. ¿Está claro?
Se quedó estupefacto. No supo qué decir contra eso. Luego de pensarlo mucho, se dio cuenta de que Hermione tenía razón. Estaba siendo egoísta, o quizás machista. Si bien él siempre había sido el héroe de la historia, el que derrotara al villano años tras año, lo cierto es que el año anterior había sido ella quien se llevara la gloria por haberlo hecho. Ella había sido la heroína, y había demostrado tener el poder y la fuerza para hacerlo.
-De acuerdo -asintió Harry-. Tienes razón, Hermione. Tú eres, quizás, más poderosa que yo. Y tienes quizás más posibilidades de acabar con él.
Ella quedó muy sorprendida de que él lo hubiera entendido.
-Solo me tomó por sorpresa en Antártida -dijo ella-. No pude defenderme, me tomó por sorpresa. No pasará de nuevo. Juntos, Harry, lo venceremos.
Harry asintió. Aunque, por dentro, aquello lo dejaba muy intranquilo. No le daba miedo enfrentar a Riddle él solo, porque sabía que era lo único que podía hacer. Pero sí le daba miedo que Hermione lo hiciera.
…
Llegaron a Ushuaia, en la parte más al sur de Argentina y del continente americano. Se quedaron unos días en la ciudad, en un ambiente frío y cargado de tensiones. Por la mañana, Harry se entrenaba, haciendo flexiones de brazos, abdominales, levantando pesas conjuradas con su varita y haciendo dominadas. Luego de eso, salía a orillas del canal Beagle a practicar hechizos, destrozar troncos de madera con encantamientos, astillándolos y haciéndolos volar por los aires hacia el canal, donde se hundían en el agua. Los muggles lo miraban con curiosidad.
Durante las noches, Harry no conseguía dormir. Pensaba que Riddle se aparecería en cualquier momento para acabarlo, pero eso parecía no pasar nunca. Hermione tampoco parecía estar descansando.
Con el tiempo, empezaron a preguntarse por qué Riddle no aparecía. Mientras Harry veía las montañas detrás de la ciudad, la hilera de los edificios oscura ante el canal, llegó a la conclusión de que aquello era otra estrategia suya para vengarse de él.
Mirando a lo lejos, a las luces de los edificios y a las montañas, le pareció ver la sombra de Voldemort, de pie a metros de distancia. El contorno del malvado mago, el asesino que había asesinado a sus padres cuando Harry tenía un año de edad, para luego regresar años después a asesinarlos otra vez, transformarlos en marionetas y despedazarlos ante él, apareció ante él. Era solo su mente, pero lo veía con total claridad. Riddle buscaba retrasar el momento. Era la forma perfecta de hacerlo sufrir, esperando eternamente el momento del duelo, y al mismo tiempo de tomarlo por sorpresa, cuando finalmente lo fuera a buscar, y poder acabarlo más fácilmente.
-¿Harry? -Hermione apareció a su lado. Estaban a orillas del canal, cerca de la plaza Islas Malvinas.
-Sí -dijo él, volviéndose hacia ella. La noche caía profundo ante ellos. -¿Qué ocurre, amor?
Ella lo tomó por los hombros con ambas manos, y Harry vio sus ojos resplandecer en la oscuridad mientras se clavaban en los de él. Hermione era simplemente tan hermosa. Su rostro perfecto estaba hipnotizado mientras se miraban en la parcial oscuridad, irrumpida por las luces de la ciudad tras ellos. El murmullo del agua les llegaba desde el otro lado de la costanera, y las estrellas brillaban sobre ellos.
-Escribí a Ron y Jose -le dijo Harry-. Envié a Hedwig. Para decirles que estamos bien. Espero no hayan visto esa transmisión en vivo…
-Todo el mundo vio eso. Seguro que estarán preocupados. Pero lo importante es que estén a salvo.
-Solos somos nosotros dos, ahora…
Se acercaron y se besaron en los labios. Un dulce beso donde sus labios se conectaron y la calidez de la piel de Hermione, una pequeña criatura en sus brazos, lo hizo tragar una vez más el remordimiento de que ella estuviera allí. Sintió deseos de reiniciar la discusión de que ella no debía acompañarlo en aquella peligrosa aventura. En vez de eso, decidió iniciar otra conversación, diferente.
-¿Ha vuelto Tymicus?
-No -dijo Hermione-. Jamás volvió.
Tymicus había desaparecido durante la batalla en la Península Antártica. No habían vuelto a saber de él. Harry no recordaba haberlo visto desaparecer, pero habían pasado tantas cosas a la vez que era imposible saber qué había pasado con él en verdad. Como no apareció su cuerpo en ningún sitio, dieron por hecho que se había desaparecido para huir de allí, quizás por miedo.
-¿Aún crees en su inocencia?
Harry tenía una nueva teoría, una que Hermione se rehusaba a creer.
-Tymicus no estaba complotado con Malfoy, Harry.
-Es difícil encontrarle sentido a las cosas si no aceptas eso -dijo él-. Malfoy no actuaba solo, como creíamos. Trabajaba para Voldemort, o Riddle, no sé cómo llamarlo, me da igual. Quizás por primera vez en su vida, cumplió un trabajo para él como mortífago, de forma efectiva. Lo ayudó a hacer toda esta venganza. De hecho, creo que Malfoy fue quien ejecutaba todos los planes de Riddle. Él simplemente debió estar sentado en algún lado esperando a que yo enloqueciera lo suficiente con todo lo que Malfoy hacía, con el trabajo sucio, para luego aparecer y mostrarse ante mí en el momento más oportuno.
-Pero Tymicus…
-Tymicus me mintió, Hermione -dijo Harry-. Nos mintió a ambos. De hecho, lo hizo muy bien. Ni siquiera sospechamos del hecho de que hablara tan rápido y tan fácilmente, ¿te das cuenta? Nos hemos creído todo eso de que Malfoy lo envió por los universos a buscar elementos químicos o no se qué para crear a impostores de otras personas, como Luna. Ahora sabemos que era todo mentira. Fue Riddle el que creó a esas criaturas, que llama superis, y no son lo que Tymicus dijo que eran, sino cadáveres reanimados, como los inferi. Si Tymicus mintió así, y luego desapareció en el preciso momento en que Riddle pensó que finalmente me mataría, solo puede significar una cosa…
-No, no es así, Harry. Pudo ser otra cosa. Él simplemente pudo huir de allí por miedo, recuerda que era muy miedoso. Y lo que nos dijo en la casa de Malfoy fue simplemente lo que él vivió: lo enviaron por universos a buscar cosas, y él creyó que eran elementos para que Malfoy creara esas criaturas, que él, que es solo un elfo doméstico, no acabó de comprender qué eran en verdad. Y por supuesto que Malfoy no le confesó a su elfo doméstico que trabajaba para Lord Voldemort, porque eso no es algo que le cuentas a tu elfo. Simplemente le habrá dicho que era él quien estaba creando a las criaturas esas. Pero ahora sabemos que era Voldemort.
Harry no dijo nada. Se quedó mirando el oscuro océano ante él. El canal Beagle conectaba el océano Atlántico con el Pacífico. Allí en Ushuaia, la gente solía decir que aquella era la ciudad "del fin del mundo". Ciertamente, Harry se sentía en el fin del mundo allí.
De su mundo.
-Lo de Tymicus no es lo más increíble, de cualquier forma -dijo, volviéndose para mirar la plaza tras él, donde se podía ver, a lo lejos, el monumento con un mapa de las Islas Malvinas, donde Argentina había peleado una sangrienta guerra contra Gran Bretaña, su país natal-. Lo más increíble es que esas criaturas fueran tan convincentes. Los superis. No solo Luna. Mi madre, Hermione, mi propia madre…
Empezó a negar con la cabeza, sin poder creerlo aún.
-Te juro que pensé que era ella. No tiene sentido. Tiene que haber sido ella…
Harry recordaba todas las veces que habló con Lily en el verano. Incluso, cuando ella habló con él por medio de legeremancia en África. No tenía el menor sentido. ¿Cómo pudo ser un superi todo ese tiempo? ¿Cómo pudo un superi hacer legeremancia? ¿Ahora eso era una magia que hasta esas criaturas oscuras reanimadas con magia negra podían hacer? No tenía el menor sentido…
Pero, de acuerdo a Riddle, y de acuerdo a la Lily que vio allí sobre el hielo, inerte, inexpresiva, como un muerto, la que vio con sus propios ojos; jamás había sido ella realmente, sino una marioneta, un cuerpo reanimado con magia negra, la que había interactuado con él todo ese tiempo.
Si aquella Lily no había sido real, entonces no podía confiar en absolutamente nadie. Cualquier persona ante él, por más real que se viera, por más convincente que fuera, cualquiera podía ser uno de esos superis. Hasta Hermione, a la que Harry miró, mientras la acariciaba, mientras la abrazaba y respiraba su dulce aroma, mientras colocaba una mano en su cabello.
Todo en ella se veía tan vivo, tan real. Era totalmente imposible que se tratara de un cadáver con vida propia, ¿verdad?
Pero su madre también había parecido real. También se había sentido real, cuando entró en su cuarto y lo abrazó en el verano mientras él lloraba, porque extrañaba a Negro.
Si en algún momento Harry quedó verdaderamente al borde de la locura, fue en aquel momento. Porque el recordar aquello, el haber visto a su madre explotar en pedazos, llenando el hielo con sangre, todo eso junto, era un desequilibrio mental total.
Era la venganza de Riddle. La más cruel venganza jamás hecha por nadie. Realmente debía odiar muchísimo a Harry…
Siguió abrazando a Hermione, porque sabía que no era un superi. No iba a dejar que Riddle ganara, que lo hiciera pensar que incluso su novia era un superi. Él la había visto morir y le había dado la mitad de su vida para revivirla. Eso no podía ser algo que se pudiera vivir con un superi.
Aunque su madre apareciendo en África con legeramancia para hablar con él, para darle fuerzas para continuar en su viaje, tampoco podía ser algo propio de un superi.
Y lo había sido.
Harry negó con la cabeza, tratando de evitar el desmoronamiento de su mente. Creyó escuchar la macabra risa de Riddle en sus oídos, llegando a él desde el océano, o quizás desde lo alto de las montañas.
Siguió negando con la cabeza, viendo todo borroso, ya sin saber qué era real y qué no.
-Tú puedes, amor -susurró Hermione, en su oído. ¿Cómo sabía lo que pasaba por su mente? -Tú puedes -repitió la chica-. Eres más fuerte que él. Sé que puedes.
Harry no dijo nada, mientras la abrazaba fuertemente, tiritando por el frío.
No iba a decírselo a Hermione, pero lo cierto era que no.
No podía.
