40. Buenos Aires, AR
Durante su viaje por Argentina, pararon en algunas ciudades a descansar por las noches: Comodoro Rivadavia, Trelew, Bahía Blanca. Pasaban la mayor parte del viaje volando, sin embargo. Era el primer país del Magic World Tour que realmente no estaban disfrutando. Y eso no se debía a que no fuera un país bonito, sino a que estaban constantemente pensando en Riddle y en que los iría a buscar en cualquier momento.
Mientras cruzaban los cielos en escoba voladora, por encima del campo y la llanura pampeana, sentían que una bomba caería en cualquier momento en sus cabezas. Aun no recibían respuesta de Ron y Jose, lo que estaba poniendo nervioso a Harry, que empezó a preocuparse también por todas sus amistades y familia, temiendo que Riddle fuera por ellos, planeando una continuación de su venganza matándolos.
Quería encontrarlo antes de eso. Quería encontrar a Riddle y pelear. Por momentos se enfurecía tanto pensando en eso. ¿Por qué lo hacía esperar tanto? ¿Por qué no iba para acabarlo, para dar el golpe final, como había dicho?
La zona bajo ellos dejó de ser rural. Ahora había un pronunciado silencio entre ellos dos. Un ambiente amargo los abrazó cuando el paisaje de diminutos pueblos bajo ellos, que volaban tan alto como un avión, dio lugar a una extensa y enorme ciudad.
Habían llegado a Buenos Aires.
El mes de abril estaba ya por la mitad, y ellos tomaban un tradicional mate argentino sentados en un banco de ciudad que había a un lado de la calle Carlos Pellegrini, que era algo así como la colectora, o calle lindera de la avenida 9 de Julio, principal arteria urbana de la ciudad, donde, a pocos metros de ellos, estaba el monumento característico de la ciudad, el Obelisco de Buenos Aires.
-Dicen que es la avenida más ancha del mundo -comentó Hermione, mientras cebaba un mate a Harry. Este tomó el recipiente cilíndrico, con bombilla de metal y yerba dentro, que era como un té, pero en lugar de estar en un saquito estaba suelto en el interior del recipiente, y empezó a beber la caliente bebida.
-No es cierto -dijo Harry, mirando a los autos pasar ante ellos. Los muggles caminaban de derecha a izquierda y de izquierda a derecha ante ellos. Uno se les acercó para pedirles unas monedas, y Harry le dio un knut. El muggle se quedó mirando la extraña moneda con curiosidad, miró a Harry con cara de pocos amigos y siguió de largo. -La calle más ancha del mundo es el Eje Monumental, en Brasilia. Lo leí en internet hace un rato.
-Es discutible. El Eje Monumental no presenta las características de una avenida. Yo creo que esta sí lo es.
Harry no estaba de humor para discutir con Hermione cuál era la avenida más ancha del mundo, así que bebió su mate y le devolvió la bebida a su novia, quien se cebó otro para ella.
-¿Vamos a recorrer? -preguntó ella-. Podemos ir al barrio de Palermo, o a Recoleta. Me figuran como los principales lugares turísticos. También podemos ir a caminar por Puerto Madero, que en verdad no funciona como puerto, sino que es más bien un lugar turístico.
-Sí, claro.
Sin mucho humor, Harry ayudó a Hermione a guardar las cosas del mate y se levantaron del banco, dirigieron una última mirada al Obelisco y se internaron calle adentro en dirección a Puerto Madero, caminando.
Esa noche, estaban en un hotel viejo y barato, en el barrio de San Telmo. Habían alquilado la habitación más barata, y Hermione dormía envuelta en sábanas y una frazada. Había un poco de humedad en la pared, y tanto Tymicus como Hedwig ya no estaban allí con ellos.
Harry estaba sentado en una silla junto a la ventana, mirando hacia la calle del otro lado. Algunos autos pasaban, así como algunas personas. Un hombre revolvía la basura, al tiempo que un grupito de chicas vestidas como si estuvieran yendo a un bar o baile pasaban junto a él riendo y hablando en español animadamente. Harry no entendía el idioma, y tampoco le gustaba mucho el barrio en el que habían terminado pasando la noche. En verdad, últimamente estaban usando su oro de gringotts para pagar el cien por ciento de los gastos del viaje, pero Hermione insistía en ahorrar y no desperdiciarlo. Harry se dio cuenta de que no tenía la menor idea de cuánto oro le quedaba en gringotts; era tan probable que fuera una gran pila de oro, como había sido la última vez que lo vio, como un manojo de unas cuantas monedas, con todo lo que habían gastado.
No le importaba, de cualquier forma. Se dio cuenta de que eso ya lo tenía sin cuidado.
Sin decir nada, sin hacer un solo ruido, Harry abandonó el cuarto de hotel y salió al exterior. La fría noche de abril lo recibió con humos en el aire y una espesa neblina. Mientras caminaba por el camino de adoquines, atravesó contenedores de basura y bolsas de residuos amontonadas en las veredas, con basura saliendo de ellas y esparcidas en la calle, donde los perros callejeros la revolvían, hurgando en busca de comida.
Un hombre estaba tendido sobre unas cajas de cartón rotas, durmiendo en la acera. Harry le pasó por al lado y siguió caminando, mirando hacia adelante, donde un brillante semáforo marcaba la intersección de aquella calle con una avenida más importante.
Luego de caminar un poco más, se sintió cansado. Se sentó en el escalón de entrada a una casa, apoyó el mentón en las dos manos y se quedó mirando la oscura calle y los escasos autos que pasaban.
Su madre explotó en pedazos ante él, los pedazos de su cuerpo saltando por todos lados, pedazos de carne humana volando por los aires empapados en sangre, los órganos de su cuerpo desparramados por el suelo de blanco hielo, la sangre roja salpicando y chorreando entre las grietas del hielo, resbalando por esa superficie brillante y blanca, tiñéndola de rojo, estallando como un saco de sangre con un explosivo dentro.
Su mirada pasó de esa escena de vuelta a los contenedores de basura y los perros que ahora pasaban delante de él, olfateando el suelo y doblando la esquina, perdiéndose de vista.
Recordó cuando se había enterado que su padre era un golpeador. Su opinión de él había cambiado completamente, otra vez. Igual que en quinto año, cuando supo que le hacía bullying a Snape, James había vuelto a caer del pedestal al descubrir que engañaba y golpeaba a Lily. A su mamá.
Pero no había sido así. Fue todo un engaño de Riddle. Él ya estaba muerto cuando Harry creyó que acababa de conocer una nueva faceta de su padre. Y Lily, de hecho, ya estaba muerta entonces también. Ambos estaban ya muertos, sus cadáveres reanimados actuando una obra de teatro ante sus ojos y los de los demás. Lily había muerto muchos meses antes de explotar en mil pedazos en el hielo, ante sus ojos.
Harry se apartó el cabello de la frente, con ambas manos. Una lágrima cayó por su mejilla y rodó por su cara, perdiéndose en su poblada barba. Se arremangó el abrigo que llevaba por encima del codo, en el brazo derecho. La palabra "HERMIONE" aparecía y desaparecía, la tinta negra bajando y subiendo, de a una letra por vez, a veces aclarándose y oscureciéndose, o quedándose inmóvil unos segundos.
-¡AVADA KEDAVRA! -bramó Voldemort, su rostro sin nariz, su cabeza calva, blanca, los ojos rojos y endemoniados, apuntando hacia adelante, mientras un hechizo de color verde intenso golpeaba a Hermione y la lanzaba por detrás, por encima de la torre de astronomía…
Harry sacudió la cabeza, tratando de espabilarse. ¿Por qué le pasaba eso? ¿Por qué soñaba despierto con esas cosas? Voldemort no había vuelto. No con ese aspecto, al menos. El mago contra el que tendría que pelear era el antiguo Tom Riddle. Aún tenía nariz, aún tenía cabello, y sus ojos no eran rojos. Y no había lanzado a Hermione sobre la torre de astronomía. Porque, de hecho, Hogwarts ya no existía. Había sido reducido a polvo. Igual que el Universo 5.
-Ya, vamos, despídanse de todos, que se hace tarde -Hermione señaló con la cabeza a los demás magos que habían ido allí con ellos.
Harry y Ron se acercaron a sus familiares para despedirse de ellos, aun sin haber terminado de comprender por completo por qué tenían que hacerlo.
-Pues, nos vemos luego, supongo -dijo Harry a Lily, que lo miraba con una sonrisita-. Deduzco por tu cara que Hermione te había contado que nos iríamos hoy.
-Sí, ya lo sabía, cariño -Lily se acercó a Harry y le dio un abrazo afectuoso-. Cuídate mucho, ¿quieres? Que tengas un excelente año, corazón.
La mirada de Harry se apartó de aquel soleado aeropuerto muggle donde, cerca de un año atrás, se había despedido de su madre de su misma edad, Lily, antes de caminar hacia la puerta de embarque catorce, desde donde partiría su vuelo a Francia, ciudad donde comenzaría con sus dos mejores amigos de toda la vida el mítico Magic World Tour.
Sus dos mejores amigos de toda la vida que en verdad eran de otros universos, porque los dos verdaderos estaban muertos y hechos polvo en los humeantes restos carbonizados del Universo 5.
Y el mítico torneo que en verdad había sido creado por el pasado de Lord Voldemort para vengarse de él por haberlo matado en el pasado de otros universos. ¿O de aquel universo también? Ya ni sabía. Era todo demasiado rebuscado. Ese universo en el que estaba ni siquiera era el suyo. El suyo estaba completamente destruido.
Qué cruel. Ahora que sabía como viajar entre los universos, una posibilidad que en el verano anterior no habían conocido, y que podría haberlo ayudado a volver a su hogar a visitarlo, aunque fuera una última vez, ese hogar ya no existía. Riddle lo había destruido.
-Gracias, mamá de mi misma edad -Harry abrazó a Lily con fuerza, luego se separó de ella y se quedó sonriéndole. Junto a él, Ron saludaba a sus hermanos y padres, que también habían ido allí a despedirlos.
Harry se despidió de ellos también. Luego de eso, dio media vuelta y se dirigió a Lily una vez más, sonriente.
La última vez que la vería creyendo que ella seguía con vida.
-Te escribiré -le dijo, sin saber que más decir. Ella le sonrió y lo saludó con una mano.
-Vamos, chicos -los apuró Hermione-. ¡Se hace la hora!
Harry y Ron saludaron por última vez a los demás con un ademán y apuraron el paso hacia su amiga, porque Hermione ya había empezado a caminar en dirección a unas escaleras mecánicas.
-Hermione, ¿alguna vez nos contarás tus planes? -le gritó Harry, riendo.
Las risas de los tres se desvanecieron, en aquel aeropuerto olvidado meses atrás. Harry estaba de regreso en una oscura y deprimente calle argentina, con un frío mortal y una depresión que se olía en el aire.
Con su barba mojada por las lágrimas.
Algo vibró en su bolsillo.
Harry sacó su celular y se lo quedó mirando. Había recibido un whatsapp. Abrió la aplicación y se fijó de quién era. La persona en cuestión estaba agendada como "Evangelina George". Decía: "Hola, Harry. Estás en Argentina? Porque estoy visitando a mi familia en Buenos Aires. Escríbeme, así nos encontramos. Todos están preocupados por ti".
Miró alrededor. La calle estaba oscura y desierta, no había un alma. Harry empezó a escribir una respuesta: "Sí, aquí estoy. Si quieres dime dónde es, e iré". Pensó que ella no le contestaría hasta el día siguiente o algo así, pero casi de inmediato apareció en línea y le escribió la dirección de la casa. A continuación, le puso: "Si quieres venir ahora, hazlo". Harry buscó la dirección en Google Maps, y vio que era a menos de cinco cuadras de donde él estaba. ¿Qué hacía?
Sin saber bien lo que hacía, empezó a caminar hacia allí. De pronto se sentía animado de que alguien familiar, alguien que le hacía recordar a todos los amigos que aún tenía vivos, que aún formaban parte de aquello que lo hacía feliz, estaban con vida, e incluso tan cerca de él.
Cuando llegó a la casa de la familia de Evangelina, golpeó la puerta y la chica abrió. Por algún extraño motivo, cuando Harry la vio, lo primero que le vino a la cabeza fue aquella vez en 1998 en la que la vio completamente desnuda teniendo sexo alocado con Oliver Wood, para luego descubrir que no era más que un holograma. ¿Por qué le venía eso a la cabeza? ¿Cuál era el problema con él?
-Hola, Harry -Evangelina avanzó hacia él y le dio un abrazo, que lo tomó totalmente por sorpresa.
-Hola -dijo él, torpemente. ¿Sería muy obvio que había estado llorando?
Diez minutos después, estaba sentado en el sofá de la sala, y la chica calentaba la pava en el fuego, para un mate con bizcochos. A pesar de que eran las dos de la mañana.
-Es normal esto aquí -dijo ella, en referencia a la situación, apagando el fuego de la hornalla y vertiendo el contenido de la pava en un termo-. Tomar mate a la madrugada. Estar despierto a la madrugada. Buenos Aires es la ciudad que nunca duerme.
Harry no dijo nada. Se llevó un bizcocho a la boca, y se quedó mirando a Evangelina.
-¿Cómo estás?
-Cansado -dijo él, simplemente.
-Me imagino -ella llenó un recipiente de mate con yerba y empezó a hecharle agua de a poco, con mucho cuidado, como si no fuera correcto echar toda el agua de golpe para llenarlo. Le pasó a Harry un mate que tenía una pinta mucho más agradable que la de aquel que había hecho Hermione, que sin dudas no tenía idea de cómo hacer un mate, siendo inglesa.
-Está bueno -dijo, luego de probarlo. De hecho, le había gustado mucho.
-Imagino que estás cansado, luego de haber recorrido todo el mundo -dijo ella, retomando la conversación-. ¿Por dónde anduvieron?
-Pues en Europa estuvimos en Austria, en Portugal, en España… -dijo Harry, tratando de recordar todos los lugares-. También en el norte, en Finlandia, Dinamarca… En los países del este… En Francia, donde empezamos… En Suiza. Luego bajamos a África -dijo Harry hablando mal, e hizo un ademán con la mano, como si hubieran bajado a algún lado, si bien en verdad lo que habían hecho había sido ir al sur-. Estuvimos por los países desérticos del norte, como Marruecos, luego fuimos a Egipto. Luego yo fui por mi cuenta a los países del centro, como República Centroafricana, Camerún… Y muchos más. De ahí bajé a Angola. Luego seguí hasta Mozambique. Allí me dispararon en la cabeza -hizo un ademán con dos dedos, como disparándose, a lo que la joven abrió mucho los ojos, sorprendida-. Luego de eso fuimos a Sudáfrica. Subimos hasta Dubái. En el medio conocí Socotra, una isla en Yemen. Malfoy casi me mata a maleficios allí. Luego de Dubái conocimos el resto de los Emiratos Árabes, luego fuimos para el lado de Israel, luego subimos hasta Rusia, de allí tomamos un tren hasta Japón…
-¿Japón?
-Sí, era un tren muy largo. Luego de Japón volvimos para el lado del centro del continente -hizo un ademán como si luego de atravesar algo muy largo volvieran hacia atrás-. China, India, Sudeste Asiático… Tailandia, Laos… Fue por allí que Malfoy casi nos mata de nuevo. Ron quedó internado en Australia. Seguí con Hermione a Nueva Zelanda, todas las islas de Oceanía. De allí bajamos a Antártida. Recorrimos todo Antártida de este a oeste, en la Península Antártica casi nos mata Voldemort, o más bien lo hizo, nos mató la mitad de nuestra vida a cada uno, y luego de eso vine aquí, por la Patagonia.
Harry finalizó el discurso y se terminó el mate, mirando a Evangelina antes de devolvérselo.
-Claro -dijo ella, mirando alrededor apretando los labios-. Y me preguntaba por qué estabas cansado.
-No pudimos ir a Chile, sin embargo -dijo Harry-. Estaba a trasmano, porque estamos yendo hacia el norte… Me hubiera gustado conocer Chile.
-Quizás en algún otro viaje alrededor del mundo -dijo ella, irónicamente-. ¿Verdad?
-Sí, cierto.
Harry contaba todo eso como si no fuera nada emocionante, y con amargura en la voz. Evangelina le contó que de vez en cuando iba a Argentina a visitar a su familia, que vivía en gran parte en Buenos Aires (tenía una familia grande, y otra parte vivía en otras ciudades del país) y que a veces George iba con ella, pero aquella vez se había quedado en Inglaterra con el resto de los Weasley.
-¿Cómo están ellos?
-Están todos bien, no te preocupes por ellos, Harry -dijo Evangelina, tomando un mate-. Fue un duro golpe para ellos, la transmisión en vivo. Pero todos sabemos que tú eres el que está viviendo el verdadero horror.
-¿Ron y Jose están bien? Les enviamos una carta, que jamás respondieron.
-Recuerda que Hedwig está tardando mucho en entregar los pedidos. Cuando escribíamos a los otros universos, tardaba años… Creo que todo el viaje multiversal podría estar afectándola. Si bien tu carta habrá sido de este mismo universo para este mismo universo, ten en cuenta que enviaste a la pobre lechuza a cruzar el Atlántico de sur a norte para entregar la carta… Ellos están bien. Ambos se preocuparon también al ver esa transmisión. Pero están bien. Ron ya está curado, creo yo. No deja de decir que quiere volver contigo. Los sanadores no recomiendan que lo haga, pero él dice que se siente perfecto, como nuevo.
-¿Y cómo se lo tomaron Steve, Sirius y Lupin, todo lo de la transmisión? -preguntó Harry-. Me refiero a enterarse que su amigo James no era quien creían. Que era una criatura que ya llevaba muerta muchos meses.
-Harry, ninguno de ellos se hablaba con él, hacía meses -dijo Evangelina.
-¿Cómo no?
-¿Creíste que le seguirían hablando luego de que se supo que golpeaba a su mujer? No, Harry, Sirius se enfadó y dejó de hablarle, casi enseguida. Lupin le dijo que se alejara de su vista, que jamás lo había creído capaz de algo así. Le dijeron que no volviera a Golden Hill, y no lo hizo.
Harry se quedó pensativo.
-Pensé que todos serían machistas como él. Que seguirían siendo sus amigos. Que lo perdonarían.
-Te equivocaste.
-Así que no respaldaban una actitud como esa… Claro, el verdadero James no era un golpeador de mujeres tampoco. Solo el superi creado por Riddle.
-Así que, cuando se supo lo que él y Lily eran en verdad, tampoco les sorprendió tanto. Sirius incluso admitió que tenía sus sospechas, porque el verdadero James no hubiera sido capaz de algo así.
-Sirius conocía bien a papá.
-Sí, Harry. Tu padre es un buen hombre. O lo era…
-Ahora está muerto -dijo Harry, aceptando otro mate y bebiendo un sorbo-. Otra vez. Ya me los mataron dos veces, como si una no fuera suficiente. Y la misma persona.
-Tranquilo -Evangelina quiso sonreírle, pero no le salió demasiado bien. No era tan buena para animar a alguien, notó Harry. Aún así, se sentía mejor, por saber algo sobre su mundo, sobre las personas que quería.
-Mañana abordaré mi traslador de regreso a Golden Hill -dijo la chica-. Si quieres, pueden venir…
-Evangelina, escúchame -dijo Harry, dejando el mate en la mesita ante él y reclinándose hacia adelante-. Debes prometerme que les dirás a todos que están en grave peligro, ¿me entiendes?
Ella se sorprendió un poco por el repentino cambio de voz y actitud de Harry, pero asintió.
-Debes decirles que toman medidas de prevención extra, que apliquen encantamientos protectores por todos lados, que alerten al Ministerio. Riddle quiere vengarse de mí, y dijo que sabía que mi mayor miedo sería que toque a aquellos que amo, a mis amigos y familia. Así que no podemos descartar que esté yendo por ellos.
Ella pareció asustada, pero asintió igualmente, tratando de mostrar seguridad.
-Ninguna precaución está de más -dijo Harry, mortalmente serio-. Hagan todo lo que sea necesario. Deben pensar, cada minuto de sus vidas, que Lord Voldemort está yendo a buscarlos. Diles eso. Él ha vuelto, y está yendo por todos nosotros. Y créeme, tarde o temprano va a llegar.
